
Retomo un rubro que este año venía medio pobretón, que es el de la historieta latinoamericana actual. Esta vez lo de “historieta” hay que tomarlo con muchas pinzas, porque lo que hace este monstruo no es exactamente historieta, sino más bien humor gráfico.
Alberto Montt, el increíble chileno del que estamos hablando, es un reconocido y cotizado ilustrador y dibujante, muy famoso en el mundo editorial de nuestro continente. Pero al tipo le gusta boludear, tirar chistes de todo tipo, y para eso inventó un blog (uy, mirá…) en el que empezó a publicar humor gráfico, primero un par de veces por semana, después todos los días, y ahora se hizo adicto y no lo puede dejar (¿a quién me hará acordar?). El blog se llama En Dosis Diarias, y así se titulan también las recopilaciones de sus libros cuando se publican en Chile. Pero de este lado de los Andes, Ediciones de la Flor decidió invitarlo a seleccionar él mismo sus mejores chistes y eliminó del título la referencia al blog.
La edición argentina salió esta semana, o sea que por lógica yo la tendría que leer en la segunda quincena de Julio. Pero no puedo: hoy a la tarde me toca moderar la charla entre Montt y Liniers, en la Feria del Libro, y no me da para caer sin haber leído el libro del autor que va a dar la charla. Así que le di prioridad y me lo bajé ni bien me lo entregaron.
Montt tiene un problema, muy parecido al problema que tiene Liniers: dibuja tan, pero tan bien, tiene un estilo tan personal y tan grosso, que por buenos que sean los chistes, siempre van a estar en segundo plano. Sencillito, sin estridencias, sin más herramientas que la línea, el color y algunas texturas, Montt desarrolla una identidad gráfica fascinante y la pone al servicio de un humor muy, muy amplio. En sus chistes de una sóla viñeta tenemos desde el juego de palabras boludo, hasta el absurdo, la sátira política, los chistes geeks (con jedis, vampiros, superhéroes y hasta con Mazinger), el humor negro, alguna chanchada muy light y –lo más interesante- una veta metafísica, en la que Montt recurre a las populares figuras de Dios y el Diablo para hablar (en joda, claro) de la creación del universo, de las leyes que lo gobiernan, de la fe y de la escencia misma del ser humano.
O sea que hay para todos los gustos. Incluso hay chistes que te arrancan carcajadas, al lado de otros que aspiran a la sonrisa sutil, casi imperceptible. No te los voy a contar, porque no tiene gracia, pero sí quiero hacer pública mi ovación a esta bestia del dibujo, que despliega un ingenio muy, muy certero, y por supuesto mi recomendación para que mucha gente lo compre, ahora que se consigue fácil en nuestro país. Como Liniers, Montt va mucho más allá del público estrictamente comiquero, así que es un buen regalo para quedar bárbaro con gente (sobre todo chicas) que no curte la religión de las viñetas.