el blog de reseñas de Andrés Accorsi

martes, 8 de septiembre de 2026

COYOTE VS. ACME

El hecho (hoy felizmente menos que anecdótico) de que hubo un ejecutivo sorete de Warner que decidió que esta película (terminada en 2023) no se estrenara nunca para ahorrarse unos mangos de impuestos, pone sobre el tapete exactamente el tema del que habla la película: la relación compleja y a menudo conflictiva entre las mega-corporaciones y quienes consumimos sus productos. A la hora de analizar el film de David Green (que tuvo como productor nada menos que a James Gunn, hoy cerebro detrás de toda la familia audiovisual de DC Comics), se suele citar como antecedente directo a la gloriosa Who Framed Roger Rabbit?, película que allá por 1988 planteaba en términos tan asombrosos como originales la co-existencia entre seres humanos y dibujos animados, en el marco de la investigación de un crimen y con un combo irresistible entre drama y comedia. Todo esto está también en Coyote vs. ACME, por eso la referencia es acertada. Pero yo quiero sumar una segunda obra de 1988 que anticipa lo que ahora vimos en este film: The Coyote Gospel, la maravillosa historia de Grant Morrison publicada en el nº 5 de Animal Man, que nos invitaba a pensar en el contraste entre la lógica interna de los cortos animados del Coyote y el Road Runner y la de los comics de aventuras un poco más realistas, con superhéroes y supervillanos. Lo que Morrison traía al primer plano es exactamente lo que aparece en el núcleo mismo del guion de Samy Burch para esta peli: en el mundo de los dibujos animados la violencia funciona distinto, tiene otra presencia y -sobre todo- otras consecuencias. La mayoría de los Looney Tunes tienen roles pequeños pero muy graciosos a lo largo de estos 103 minutos y casi todos están ahí para mostrarnos los diferentes grados en los que los dibujos animados están integrados a la sociedad mayoritariamente humana. Foghorn Leghorn (el Gallo Claudio en Sudamérica) es capo de una mega-corporación, Elmer es senador nacional, y en el medio hay de todo, desde un Daffy Duck internado en una granja para pacientes psiquiátricos hasta un Bugs Bunny que opera en la clandestinidad. Por fuera de todo esto, aislados del mundo, en ese desierto en New Mexico que parece otro planeta, Wile E. Coyote y el Road Runner no solo no hablan: tampoco interactúan con el resto de esa comunidad, atrapados en la eterna persecución que se interrumpe de vez en cuando, cuando los productos ACME, su propia inoperancia o incluso el paisaje mismo le juegan una mala pasada al siempre famélico (y siempre fracasado) carnivorus vulgaris. La película también trata de eso: del micromundo que estos dos excluidos crearon para ellos, y de la lógica propia que solo funciona ahí, en la loma del Orto y entre ellos dos. Pero lo que más nutre a la película, lo que ofrece más y mejores momentos tanto a nivel drama como a nivel humor, es el otro tema que Coyote vs. ACME pone arriba de la mesa: la industria del juicio. Si viajaste por EEUU, seguro te cansaste de ver enormes afiches en las rutas con abogados que te ofrecen asesoramiento para hacerle juicio a cualquiera, por cualquier cosa. Es una industria tan grande, que cualquier abogado mediocre (como por ejemplo el protagonista humano, interpretado por Will Forte) vive fácilmente de eso. Y además, eso deriva en otra cosa de la que los yankis son fanáticos: el courtroom drama, esas épicas batallas discursivas entre abogados que involucran a jueces, jurados, testigos sorpresa, objeciones, declaraciones bajo juramento más tensas que una definición por penales y un largo etcétera... donde rara vez hay cabida para el humor. Acá, vos sabés que el juicio va a terminar en un disparate de violencia en el que nos vamos a mear de risa. Otro tema que está presente en la película es ¿qué hacemos con el obstinado que intenta una, y otra, y otra, y otra vez, y fracasa siempre pero nunca deja de intentarlo?. ¿Lo consideramos un capo por su resiliencia y su perseverancia, o un tarado que no se da cuenta de que tiene que soltar y dedicarse a otra cosa en la que, de vez en cuando, consiga UNA meta de las que se propone? Desde la primera vez que lo vimos en un corto animado, supimos que Wile E. Coyote no era un tarado, sino un genio. Y sí, es un depredador que se quiere morfar a un pájaro... que no tiene una pluma de boludo y que, lejos de estar indefenso frente a su perseguidor, tiene un superpoder (la velocidad) que el Coyote no tiene y que trata de compensar con su intelecto privilegiado y la tecnología marca ACME. También desde el primer día, los guionistas de los cortos animados nos hicieron amar al Coyote, entender que sin él, ese desierto es un embole insoportable, que no es de ninguna manera un "villano" (en los cortos clásicos de los Looney Tunes el concepto de héroes y villanos está, en general, muy desdibujado) y que cada tanto está bueno hinchar por el que pierde siempre (si sos hincha de Racing, no hace falta que te lo explique en detalle). Lo que hace la peli es romper la trampa de los cortos clásicos: al Coyote le cae la ficha de que sus infinitos fracasos no son culpa suya, sino de la pésima calidad de los productos ACME, y una vez que hace ese click, se abre todo un universo de posibilidades, que los guionistas exploran de manera más que satisfactoria. Sí, en la película hay un villano muy definido, y es la mega-corporación. Los efectos especiales (a años luz de los de Roger Rabbit) logran que humanos y dibujos animados convivan armónicamente en la pantalla, y que los actores participen de modo verosímil de esas escenas frenéticas, ultra-violentas y exageradas de las que asociamos con los dibujos. Las actuaciones son todas de buenas para arriba, la música está muy bien y la peli tiene muy buen ritmo. Se supone que es "para toda la familia", pero no sé cuántos de estos temas que aparecieron en la reseña conectarán con los más chicos, o con los no tan chicos, pero que nunca vivieron esas tardes frente a la tele, hipnotizados con los cortos de los Looney Tunes que emitían los canales de aire presentados por las Trillizas de Oro, el Pato Carret o Carozo y Narizota. La verdad que la pasé muy bien, me reí un montón y volví a hinchar por el Coyote como el primer día. Banco y recomiendo Coyote vs. ACME, y si la pueden ver en cines, mucho mejor.

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