el blog de reseñas de Andrés Accorsi
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domingo, 29 de junio de 2014

29/ 06: THE END, OH WELL

Esta es una extraña antología temática publicada en EEUU y capitaneada por Luis Echavarría, un dibujante colombiano que vive en Brooklyn. Además de Echavarría, otros 18 autores de EEUU y Latinoamérica aportan breves historietas sobre un tema que da para todo: el fin del mundo.
Arrancamos con dos historias muy lindas. La primera, de Derek Land, tiene una sóla página, pero alcanza para lucirse. Y le sigue Unhapy Meal, de Ian McGinty, que está claramente entre las mejores del libro. Lo de Tait Howard es más raro que bueno, pero no se puede decir que esté mal. Jeremy Nguyen aborda el tema con mucho humor y con un dibujo muy sólido, muy profesional. Un nombre a tener en cuenta.
Karla Castañeda (autora de la majestuosa ilustración que ocupa las retiraciones de tapa y contratapa) aporta una historieta intensa, divertida por momentos zarpada, pero le falta un toquecito al dibujo, que derrapa un poco entre las influencias de Tony Sandoval y los mangakas más comerciales del shonen. Theo Ellsworth, quizás el más conocido de los yankis que participan de la antología, sorprende con unos dibujos impresionantes, despliega una imaginería y unas ideas alucinantes, pero lamentablemente no le pone huevo a la narrativa, se conforma con mostrar lo bien que dibuja y mechar esas imágenes con textos muy ingeniosos.
Mrz dibuja bien, pero no entendí qué trataba de contar en sus cinco páginas. Xin, en cambio, dibuja tan mal que ni me dieron ganas de leer su historieta. Por suerte ocupa una sóla página. Inés Estrada no dibuja mucho mejor, pero por lo menos se le ocurre una idea narrativa más o menos ganchera como para bancar dos paginitas. El propio Echevarría pela una de las mejores ideas del tomo y la desarrolla bien, con un dibujo no muy virtuoso, pero sí efectivo.
Otra colombiana, Power Paola, cuenta su visión del fin del mundo en cinco páginas sin textos. Los errores de anatomía y perspectiva se hacen groseros sólo en la última página (una splash), así que casi está bien. La de David Duncan está bien dibujada, pero me costó entenderla. También es muda y está jugada a un truco narrativo fomal difícil de descifrar. Por ahí a color se entendía mejor. El peruano Jesús Cossio también elige contar sin textos, y elige una secuencia chiquita, que parece parte de algo más grande. Ese fragmentito de historia no tiene mucha fuerza, pero la salva el dibujo.
El argento-chileno Jorge Quién tiene ocho páginas para desarrollar una historia basada en un relato de Ray Bradbury y las aprovecha a full. Esta debe ser una de sus mejores historietas publicadas hasta hoy. El problema llega cuando Quién elige narrar CON textos y puebla los diálogos (en inglés, obvio) con algunos errores ortográficos y gramaticales. Una pena que alguien más canchero con la lengua de Shakespeare no le haya pegado una revisada. Emi Gennis tiene una buena idea para trabajar en sus seis páginas, pero le juega en contra el dibujo, bastante por debajo de lo que requería la historia. Lo de Garrido Barroso, resuelto en una página estéticamente interesante, tampoco llega a ser una historia: se queda en una idea, que daba para más.
La mejor historieta del tomo la aporta otro colombiano (anotá, Pekerman), habitué de las antologías: Joni B ofrece una verdadera joya, con sanas influencias de Dave McKean y David Mazzucchelli en la faz gráfica. Casi sobre el final, Maya Edelman dibuja muy bien pero se mete solita en un kilombo narrativo del cual no sabe salir. Y en el cierre aparece Alejandra Mejías, con un guión divertido y un dibujo un poquito crudo aunque bien encauzado. Si estudia y se esfuerza, esa chica puede ser una buena historietista, en una línea tipo Byan Lee O´Malley.
Al final, el mundo no se terminó ni en 2012, ni en 2013, ni ayer cuando Brasil casi queda afuera del Mundial. Aún así este libro ofrece varias visiones interesantes acerca de ese evento que, tarde o temprano, va a suceder. ¡Ojalá nos encuentre leyendo historietas!