Mostrando entradas con la etiqueta Igor Baranko. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Igor Baranko. Mostrar todas las entradas
lunes, 28 de agosto de 2023
NOCHE HORROROSA
Hace un frío atroz y el cielo está más oscuro que el corazón de Mephisto. Una noche inmunda, que sólo se puede soportar leyendo comics. O reseñas de comics, en una de esas...
Empiezo con el tercer y último tomo de La Danza del Tiempo, de Igor Baranko, una obra de la primera década del milenio que le valió al autor ucraniano un éxito enorme a nivel global. La verdad que la labor de Barank en la faz gráfica lo justifica ampliamente, porque acá se lo ve en un nivel espléndido, como ya dijimos en las reseñas de los tomos anteriores. Acá hay un poquito de Moebius, un poquito de Druillet, mucho Milo Manara, mucho Sergio Toppi, algo del primer Bilal, algo de Durañona, algo de Hugo Pratt... hasta algo de Andrea Pazienza, si me apuran. La narrativa es dinámica, variada, sorprendente, el color es hermoso, las secuencias están armadas con gran criterio... hasta esa página con nueve cuadros chiquitos repletos de texto llama la atención por la calidad del dibujo y la variedad de los enfoques.
El guion está muy bien, aunque me parece que en un punto se le fue de las manos al autor y, cuando se dio cuenta, ya estaba muy cerca de las últimas páginas y tuvo que pegar un volantazo para resolver la trama central de un modo que -me parece- no era el que había planificado en un principio. Nunca vemos el reencuentro entre Luna-entre-las-Nubes y Cuatro-Vientos, éste nunca cruza el Océano Atlántico para llegar a las tierras de los blancos y el ritual para cerrar la brecha del Tiempo nunca se llega a concretar. Son demasiadas las diferencias entre las cosas que los personajes enuncian como parte de sus objetivos y lo que realmente sucede, con lo cual uno sospecha que el final real era otro, y Baranko no llegó a mostrarlo, porque se colgó con otras historias dentro de la historia, o le dio bola a otros aspectos de la trama que le comieron mucho espacio. En este tomo, por ejemplo, entre que Luna-entre-las-Nubes llega al país de los iroqueses tras la pista de su ex-marido y que decide seguir viaje tras conocer su paradero, pasan 30 páginas. Que están bárbaras, pero en el contexto de un álbum de 48, donde además quedaban por resolver puntas argumentales de dos álbumes previos, es mucho.
El resto está muy bien. Baranko juega fuerte con el misticismo propio de las culturas originarias de América del Norte, pero no cae en la tentación de hacer "la Gran Jodorowsky" y aprovechar los elementos sobrenaturales para no explicar nada y dejar medio en bolas al lector. Acá hay un elemento sobrenatural importante, pero tiene peso sólo sobre el final y no es un deus ex machina para resolver cabos sueltos, sino que es un desafío más en el derrotero de Cuatro-Vientos.
Es probable que por el tono de la saga, ésta requiriera un final más épico, más definitivo, en lugar de deshilacharse hacia un desenlace donde a Baranko le quedan varias cosas por definir. Pero el viaje se disfruta a pleno, no faltan la acción, la intriga palaciega, la rosca, la contradicción a veces irónica entre las creencias de estos pueblos y lo que realmente le sucedió a América en el Siglo XVI, y hay muchos personajes de los que uno se enamora y quiere volver a ver en infinitas secuelas. Así que La Danza del Tiempo es, por lo menos para mi gusto, una trilogía de álbumes sumamente recomendable.
Vamos a Estados Unidos, año 2014, la época en la que Astro City era un título mensual en la línea Vertigo, siempre a cargo de Kurt Busiek y Brent Anderson, pero con la posibilidad de sumar a algún otro dibujante para garantizar la periodicidad mensual. Así es como en este tomo, Private Lives (vendría a ser el Vol.11 en la colección de TPBs), tenemos un unitario dibujado por Graham Nolan, siempre lejos de mi lista de favoritos, pero en un nivel bastante aceptable. Anderson, en los otros cinco episodios, está sólido como siempre, sin cancherear, sin que le sobre demasiado, pero muy en sintonía con los guiones de Busiek (que a veces se van un poquito a la mierda en cantidad de texto) y con el trabajo de los coloristas.
En cuanto a las historias, acá tenemos cuatro episodios unitarios y uno de dos partes, que además es el mejor. Como lo sugiere el título del TPB, son historias chiquitas, que atañen a las vidas privadas de los personajes. No busques la hiper-epopeya en la que está en juego el universo entero, porque acá no la vas a encontrar. En el primer unitario, Busiek nos cuenta cómo es la vida de la secretaria de una especie de "hechicera suprema", que no es Stephen Strange pero es obvio que funciona como analogía del Tordo en esta realidad. Después tenemos la historia de un villano de la B que adoptó distintas identidades a lo largo de las décadas porque nunca pudo dejar la adrenalina que le genera cometer delitos. La tercera es una especia de ejercicio formal en la que los autores eligen contar una historia en desorden, con secuencias intercaladas de modo casi aleatorio, sin respetar la diégesis. Es un experimento complicado porque además hay dos tramas: una más romántica y una más... metafísica, porque trata de la aparición en Astro City de una entidad más cercana a un dios que a los humanos.
El libro cierra con un gran unitario protagonizado por Starbright, un superhéroe joven, bastante en la línea del primer Firestorm, que transiciona de varón a mujer. Y la historia en dos partes juega con un tema que aparece en miles de comics de superhéroes, pero nunca se había encarado desde esta óptica: los robots asesinos. ¿Cuántas veces viste a un superhéroe desactivar o destruir robots asesinos? ¿Y alguna vez te preguntaste qué pasa con ellos una vez terminada la batalla? ¿Alguien pasa a levantarlos, alguien trata de reconstruirlos, alguien estudia esa tecnología para aplicarla a otras cosas? Busiek propone una respuesta que te va a asombrar, y a la vez te va a cerrar por todos lados.
Como suele suceder en las historias de Astro City, por encima de la aventura se luce el desarrollo de personajes, que en general son hombres y mujeres bastante más normales que el superhéroe o supervillano promedio. En ese contraste entre un universo poblado de super-seres y personajes muy humanos y muy reales, Busiek encuentra hace casi 30 años la materia prima con la que construye estas historias, casi siempre conmovedoras y a veces muy impactantes. La idea básica siempre es mostrar el lado más terrenal de los universos superheroicos, la vida en las calles (o puertas adentro) de la gente como nosotros que vive en un mundo en el que existen desde siempre versiones mínimamente camufladas de los icónicos justicieros de DC y Marvel. Y es una idea tan bien llevada a cabo, que hoy Astro City es, más que una serie recomendable, una serie indispensable. Tengo otro tomo sin leer en el pilón de los pendientes, así que pronto volveremos a visitar a esta gran creación de Busiek, Anderson y Alex Ross.
Nada más, por hoy. Gracias por tanto, perdón por tan poco, y si el miércoles a las 22:30 están al pedo, vengan al canal de YouTube de Comiqueando, que vamos a estar charlando de comics, cine, literatura, política, deportes, amor, sexo, religión, morfi, viajes... sin restricciones de ningún tipo, en vivo y gratis para toda el habla hispana en una nueva emisión de Agenda Abierta. Nos vemos por ahí.
Etiquetas:
Astro City,
Brent Anderson,
Igor Baranko,
Kurt Busiek
miércoles, 16 de agosto de 2023
HOY, TRES RESEÑAS
Hacía bastante que no clavaba tres reseñas en una misma entrada, pero esta vez hay dos que me quedaron un toque más cortas que las habituales.
Allá por el 01/10/18 me tocó reseñar el Vol.1 de La Danza del Tiempo, obra del maestro ucraniano Igor Baranko para el mercado francés, publicada en nuestro idioma por Planeta-DeAgostini. Tarde pero seguro conseguí los dos álbumes restantes, y la verdad que el Vol.2 es bien del medio. No resuelve la trama (porque eso lo va a hacer Baranko -supongo- en el vol.3), no explica demasiado lo que ya contó en el Vol.1 (por eso no recomiendo la pelotudez que hice yo de dejar pasar cinco años entre un tomo y otro), y en todo caso lo que hay es una depuración del elenco, en la segunda mitad del tomo.
Como ya conté en la reseña del Vol.1 esto es una especie de Romeo y Julieta atravesado por Back to the Future, con protagonistas que vienen de distintas tribus de los pueblos originarios de Norteamérica. En esta segunda parte, la historia de amor se tensiona, la tragedia insinuada en los sueños proféticos de Luna-entre-las-nubes se lleva. a unos cuantos personajes y la incursión de los pieles rojas al territorio de los aztecas termina bastante para el orto. Vamos a ver en el Vol.3 (que prometo leer pronto) a ver cómo resuelve Baranko todo lo que le queda pendiente.
Mientras tanto, tenemos majestuosas batallas con ejércitos precolombinos, un trabajo glorioso en trajes y armas, una narrativa clara y a la vez novedosa, y la influencia de los grandes dibujantes italianos: Hugo Pratt, Milo Manara y Sergio Toppi están todo el tiempo presentes en las páginas de Baranko, en sus composiciones y hasta en el trazo, que por momentos también coquetea con cositas de Jean Giraud. Visualmente, La Danza del Tiempo es una orgía de emociones, una obra con la que Baranko se puede sumar sin ningún pudor al Olimpo de los hiper-consagrados. Pronto nos vamos a enterar si el argumento se la banca hasta la última secuencia, o si nos comemos un derrape final que le impida ascender también al Olimpo de las obras maestras del comic europeo de este siglo.
Le puse mucha onda a Phonogram: Rue Britannia, porque venía muy bien recomendada. Pero me fue mal y lo mejor que tengo para decir es que por suerte conseguí muy barato el TPB. En esta obra de Kieron Gillen y Jamie McKelvie me encontré con un dibujo a media máquina, genérico, básico, sin sorpresas, ni magia, ni imaginación. Es un comic realizado en blanco, negro y grises, pero me parece que no levanta ni siquiera con un colorista top onda Dave Stewart o José Villarrubia. Una pena, y a la vez muy copado constatar que en trabajos posteriores de McKelvie queda atrás esta escacez de onda que lastra tanto a Phonogram.
El guion de Gillen tiene una idea brillante (los "phonomantes", tipos y minas capaces de obtener magia de la música) sepultada entre un montón de elementos que no me cerraron. Por ahí esa misma idea, puesta más en el centro de la trama, menos rodeada de todas esas referencias al brit-pop (que no me molestan, pero acá no aportan nada más que confusión), o con un protagonista más copado, y sobre todo en menos páginas, podría haber funcionado bien. No es el caso. Acá el guionista realmente se excede en la presentación del contexto, la ciudad, los músicos, los discos, anécdotas intrascendentes del pasado de David Kohl... y para cuando la historia más o menos arranca, uno ya quiere que se termine cuanto antes. Me imagino que para un erudito, o un crítico especializado en rock británico de los ´90, esto puede ser una sorpresa alucinante, porque de pronto todas esas bandas hoy semi-olvidadas (con las excepciones de Blur, Pulp y alguna otra) resultan importantes para una especie de aventura sobrenatural que -mejor escrita- podría haber aparecido en Vertigo. Para el comiquero muy curtido, las sorpresas del guion no son tales, y en todo caso se rescata un concepto atractivo (ya lo mencioné) y la calidad de los diálogos, muy adultos, realistas y en perfecta sintonía con la caracterización de los personajes. No mucho más, lamentablemente.
Y cierro con un comic de autores argentinos aparecido en 2022 que había leído en digital, pero no en físico: el Vol.1 de Distancia, escrito por Jonatan Catalano y dibujado por Daniel Roa. Bajo una hermosa portada de Salvador Sanz, me encuentro con un dibujante al que no conocía, bastante decoroso, con muchas influencias del manga pochoclero y del mainstream "bonito" del comic yanki noventoso. Un muchacho que maneja muy bien la narrativa, la expresividad de los personajes, los fondos... pero lo mejor que tiene la faz visual de Distancia, para mi gusto es la aplicación de los grises, que no está a cargo de Roa, sino de Catalano. Paradojas de la vida. Entre lo que no me gustó del trabajo de Roa destaco las caras de los personajes secundarios (sobre todo Sara y Giselle), cuyos rasgos cambian bastante de una viñeta a otra. Sentí como si estuviera viendo una película y cada vez que enfocan a un personaje apareciera la cara de una actriz distinta.
Los aciertos de Catalano no se limitan a la aplicación de los grises, sino que la rompe MAL en el rubro diálogos (realmente excelentes). La construcción de los personajes también está muy lograda, pero claro, hay una trampa: Catalno se toma 100 páginas para presentarnos a Franco (un goma total, estoy al borde de odiarlo), 175 páginas para presentarnos a Laura (personajón, mucho más rico y complejo) y recién en las 22 páginas finales de este potente Vol.1 se empieza a desarrollar realmente el conflicto central de la obra. Es lógico y hasta imprescindible que si le dedicás 275 paginas a presentar a los protagonistas, estos tengan relieve, profundidad y altas chances de cautivar al lector con sus conflictos y su personalidad.
Este Vol.1 de Distancia tiene un muy buen ritmo, se siente honesto, fresco, y capta a la perfección la ambientación porteña, sin hacer excesivo hincapié en que todo sucede en Buenos Aires. Me mató esa viñeta en la que aparecen las máscaras de Dr. Paradox, Caballero Rojo y Manta, y por supuesto el diálogo que establece Catalano entre la tragedia que azota a su Buenos Aires y la que vivimos unos años atrás con la famosa pandemia de COVID-19. La gran cagada que tiene este vol.1 de Distancia es que en 300 páginas apenas tenemos un esbozo de para dónde puede ir la trama, y no sabemos ni cuántos tomos van a necesitar Catalano y Roa para desarrollarla, ni cuándo estará disponible el Vol.2. Encarar un proyecto con este nivel de ambición, en Argentina y sin el respaldo de una editorial importante (Distancia está editada por sus propios autores) es una movida en la cornisa entre la patriada y el delirio, que puede salir muy bien o muy mal. Por ahora, las ventas fueron muy buenas y forzaron más de una reedición, pero claro, para el Vol.2 los autores van a tener que largar desde el vamos una tirada mucho más grande... y estar listos para volver a reeditar el Vol.1, sin el cual la saga no se va a entender. No es fácil, ojalá les salga bien. Y pronto, antes de que los lectores que se engancharon con el Vol.1 pierdan el entusiasmo.
Al final no vi la peli de Blue Beetle, pero queda para la semana que viene. En un rato salgo para Rosario, para asistir una vez más a la Crack Bang Boom, y a la vuelta seguro vendré con más libritos leídos que se convertirán en nuevas reseñas acá en el blog. Gracias y hasta entonces.
Etiquetas:
Daniel Roa,
Igor Baranko,
Jamie McKelvie,
Jonatan Catalano,
Kieron Gillen
lunes, 1 de octubre de 2018
LUNES CHOTO
Hay viento, hace frío, se murió Carlos Ezquerra, gobierna Cambiemos… Todo una mierda. Por suerte tengo unos libritos para reseñar, como para combatir la amargura.
Arranco con el Vol.1 de La Danza del Tiempo, una saga creada en 2008 por el ídolo ucraniano Igor Baranko. Se trata de una aventura con bastante vuelo poético, ciertos visos románticos, mucha acción y mucho misticismo, ambientada en el Siglo XIX y protagonizada por aborígenes de los pueblos originarios de los Estados Unidos. La trama se apoya, básicamente, en una idea: si se baila la danza sagrada de los espíritus en el sentido inverso al que se mueve el Sol, es posible volver atrás en el tiempo. Así es como Cuatro-Vientos, el altivo, impulsivo y cancherito príncipe de los Lakota va a poder intentar (varias veces) encauzar su historia de amor con Luna-entre-las-nubes, la hija del jefe de los Pawnee. Pero esta remake de Romeo y Julieta atravesada por Back to the Future difícilmente tenga un final feliz.
En estas primeras 48 páginas, Baranko se dedica sobre todo a presentar a los personajes (con muchos hallazgos en la dupla de villanos) y a plantear como factible toda esta explicación mística para los viajes en el tiempo . Por supuesto, al haber caciques, príncipes y princesas, también hay una sana cuota de intriga palaciega y de rosca política entre estas tribus, eternamente enfrentadas entre sí, a pesar de profesar religiones similares y tener al monstruoso hombre blanco como enemigo en común. Veremos hacia dónde avanza la trama (o no, porque no tengo los tomos posteriores), pero lo que se ve hasta ahora promete mucho, sobre todo por un elemento que apenas se menciona en esta primera parte: la danza puede “rebootear” la realidad y volver a un status quo en el que los blancos nunca llegaron a América. Y en un momento, uno de los aborígenes habla de “las tribus del Sur”, así que probablemente la saga nos muestre una América Precolombina en pleno Siglo XIX, con aztecas y mayas a los que nunca invadieron los españoles. No hace falta ser un genio para sacar una buena historia de semejante consigna, así que le pongo muchas fichas a lo que puede hacer Baranko en los tomos que no tengo.
En cuanto al dibujo, el ucraniano hace gala de la profunda influencia que tienen sobre él los grandes autores italianos: Milo Manara, Hugo Pratt y Sergio Toppi se reencuentran en el trazo de Baranko, al que le queda perfecto ese color plano, sin degradés ni efectos de volumen. Visualmente esto tiene fuerza, expresividad y el grado ideal de realismo. Baranko combina páginas de muchas viñetas con momentos más épicos, o más oníricos, en los que nos detona las retinas con viñetas mucho más grandes, con un nivel de detalle y un vuelo dignos de Quique Alcatena. Y sí, como en casi todas las historias protagonizadas por aborígenes, La Danza del Tiempo tiene muchas secuencias mudas, en las que el croata demuestra una solvencia narrativa escalofriante. Quiero más álbumes de esta serie, cuanto antes mejor.
Este año el sello Historieteca lanzó su línea de humor y su primer título fue este librito dedicado a El Oficial Yuta, la longeva (y siempre fértil) creación de J.J. Rovella. Para divertirse con esta tira hay que pagar un peaje: tenés que estar convencido de que la policía es la institución más abyecta sobre la faz de la Tierra, el epítome de la corrupción, la violencia, la represión, la mala leche y la mugre más asquerosas. Si no comulgás con este credo, ni lo intentes, porque no vas a lograr sintonizar la onda de lo que Rovella quiere hacer con El Oficial Yuta.
Como en casi todas las obras de este prolífico autor, acá hay distintos tipos de humor: más físico, más verbal, basado en la “gramática” del comic, basado en parodias a cosas que todos conocemos… Rovella prueba de todo y lo único que no me termina de convencer es cuando arma esos juegos de palabras complejos, tipo “Algunos alegremente piden mano dura. Pero cuando se me va la mano, no les dura”. Después, hay varios momentos brillantes, a veces por la crueldad, a veces por el disparate, a veces por lo que hace Rovella desde el dibujo.
Y en este rubro es donde más recursos muestra el creador de Dante Elefante. Según le convenga, su trazo y su paleta mutan para transportarnos a una tira de Mafalda, un aviso publicitario de los ´70, un videojuego, un dibujo animado clásico o una pintura rupestre. Hasta las recetas de Blanca Cotta que aparecían en Anteojito reciben su parodia/homenaje de la mano de un Rovella que no deja estética sin explorar.
Y sí, muchas veces te reís para no llorar. Y sí, te podés hacer fan de un personaje irredimible, de una bestia bruta y extremadamente hija de puta. Y sí, seas o no fan de Rovella, te den asco o no las tropelías que cometen a diario los “agentes del orden”, te recomiendo enfáticamente este libro de El Oficial Yuta. No te digo que seguro se va a convertir en tu tira favorita, porque a Seguro se lo llevaron preso, y creo que el Oficial Yuta lo picaneó un toque de más…
Nos reencontramos pronto con nuevas reseñas, acá en el blog.
Arranco con el Vol.1 de La Danza del Tiempo, una saga creada en 2008 por el ídolo ucraniano Igor Baranko. Se trata de una aventura con bastante vuelo poético, ciertos visos románticos, mucha acción y mucho misticismo, ambientada en el Siglo XIX y protagonizada por aborígenes de los pueblos originarios de los Estados Unidos. La trama se apoya, básicamente, en una idea: si se baila la danza sagrada de los espíritus en el sentido inverso al que se mueve el Sol, es posible volver atrás en el tiempo. Así es como Cuatro-Vientos, el altivo, impulsivo y cancherito príncipe de los Lakota va a poder intentar (varias veces) encauzar su historia de amor con Luna-entre-las-nubes, la hija del jefe de los Pawnee. Pero esta remake de Romeo y Julieta atravesada por Back to the Future difícilmente tenga un final feliz.
En estas primeras 48 páginas, Baranko se dedica sobre todo a presentar a los personajes (con muchos hallazgos en la dupla de villanos) y a plantear como factible toda esta explicación mística para los viajes en el tiempo . Por supuesto, al haber caciques, príncipes y princesas, también hay una sana cuota de intriga palaciega y de rosca política entre estas tribus, eternamente enfrentadas entre sí, a pesar de profesar religiones similares y tener al monstruoso hombre blanco como enemigo en común. Veremos hacia dónde avanza la trama (o no, porque no tengo los tomos posteriores), pero lo que se ve hasta ahora promete mucho, sobre todo por un elemento que apenas se menciona en esta primera parte: la danza puede “rebootear” la realidad y volver a un status quo en el que los blancos nunca llegaron a América. Y en un momento, uno de los aborígenes habla de “las tribus del Sur”, así que probablemente la saga nos muestre una América Precolombina en pleno Siglo XIX, con aztecas y mayas a los que nunca invadieron los españoles. No hace falta ser un genio para sacar una buena historia de semejante consigna, así que le pongo muchas fichas a lo que puede hacer Baranko en los tomos que no tengo.
En cuanto al dibujo, el ucraniano hace gala de la profunda influencia que tienen sobre él los grandes autores italianos: Milo Manara, Hugo Pratt y Sergio Toppi se reencuentran en el trazo de Baranko, al que le queda perfecto ese color plano, sin degradés ni efectos de volumen. Visualmente esto tiene fuerza, expresividad y el grado ideal de realismo. Baranko combina páginas de muchas viñetas con momentos más épicos, o más oníricos, en los que nos detona las retinas con viñetas mucho más grandes, con un nivel de detalle y un vuelo dignos de Quique Alcatena. Y sí, como en casi todas las historias protagonizadas por aborígenes, La Danza del Tiempo tiene muchas secuencias mudas, en las que el croata demuestra una solvencia narrativa escalofriante. Quiero más álbumes de esta serie, cuanto antes mejor.
Este año el sello Historieteca lanzó su línea de humor y su primer título fue este librito dedicado a El Oficial Yuta, la longeva (y siempre fértil) creación de J.J. Rovella. Para divertirse con esta tira hay que pagar un peaje: tenés que estar convencido de que la policía es la institución más abyecta sobre la faz de la Tierra, el epítome de la corrupción, la violencia, la represión, la mala leche y la mugre más asquerosas. Si no comulgás con este credo, ni lo intentes, porque no vas a lograr sintonizar la onda de lo que Rovella quiere hacer con El Oficial Yuta.
Como en casi todas las obras de este prolífico autor, acá hay distintos tipos de humor: más físico, más verbal, basado en la “gramática” del comic, basado en parodias a cosas que todos conocemos… Rovella prueba de todo y lo único que no me termina de convencer es cuando arma esos juegos de palabras complejos, tipo “Algunos alegremente piden mano dura. Pero cuando se me va la mano, no les dura”. Después, hay varios momentos brillantes, a veces por la crueldad, a veces por el disparate, a veces por lo que hace Rovella desde el dibujo.
Y en este rubro es donde más recursos muestra el creador de Dante Elefante. Según le convenga, su trazo y su paleta mutan para transportarnos a una tira de Mafalda, un aviso publicitario de los ´70, un videojuego, un dibujo animado clásico o una pintura rupestre. Hasta las recetas de Blanca Cotta que aparecían en Anteojito reciben su parodia/homenaje de la mano de un Rovella que no deja estética sin explorar.
Y sí, muchas veces te reís para no llorar. Y sí, te podés hacer fan de un personaje irredimible, de una bestia bruta y extremadamente hija de puta. Y sí, seas o no fan de Rovella, te den asco o no las tropelías que cometen a diario los “agentes del orden”, te recomiendo enfáticamente este libro de El Oficial Yuta. No te digo que seguro se va a convertir en tu tira favorita, porque a Seguro se lo llevaron preso, y creo que el Oficial Yuta lo picaneó un toque de más…
Nos reencontramos pronto con nuevas reseñas, acá en el blog.
domingo, 28 de abril de 2013
28/ 04: THE HORDE
Un día, se encontraron Hugo Pratt, Moebius, Philippe Druillet, Sergio Toppi, Enki Bilal, Grzegorz Rosinski y Andreas y como les faltaban cuatro para armar el equipo de once, se prendieron Katsuhiro Otomo, Alex Niño, Frank Miller y Walt Simonson. ¿Dónde se encontraron? En el estilo gráfico del ucraniano Igor Baranko, una de las luminarias del Noveno Arte aparecidas en este siglo. El caso de Baranko es raro, porque empezó a publicar recién a los 33 años, una edad bastante por encima de la del promedio de los historietistas. Y casualmente su opera prima fue L'Empereur Océan, una saga de tres álbumes, publicada en EEUU (país donde reside Baranko desde 1999) en un único tomo con el título de “The Horde” en 2004, cuando recién se terminaba de editar en Francia. Como pasa de vez en cuando, L'Empereur Océan no se ve ni se lee como una opera prima. Acá no hay traspiés, no hay dudas, no hay “palotes” de autor primerizo. Estamos ante una obra ambiciosa en su concepción, desmesurada en su planteo y magnífica en su resolución. Baranko debutó a lo campeón, con un guión complejo, impredecible, lleno de cosas raras (ahora las vamos a mencionar), y con un dibujo devastador, de impactante versatilidad, capaz de pasar de la sutileza al grotesco y de lo íntimo a lo cósmico sin olvidarse jamás de que lo importante es acompañar al guión, no pelar virtuosismos estériles.
No quiero contar la trama de L'Empereur Océan, primero porque es complicada y después porque está armada con varias sub-tramas que Baranko teje y trenza hasta convertirlas en una cosa sólida, coherente y contundente. Además de la perfecta resolución y el gran ritmo que tiene el guión, llama la atención la acumulación de elementos extraños, que a priori parecerieran no poder convivir bajo una misma trama. Acá tenemos una Rusia gobernada por un dictador histriónico, pelado, drogadicto y con unos anteojos bizarros. Es una especie de Spider Jersusalem, pero que en vez de periodista fue escritor de ciencia-ficción. También hay un último sobreviviente de la masacre que acabó con los chechenes, un tipo sin nada para perder y al que le cabe la idea de convertirse en uno de los seres más poderosos del planeta. También un milico que nació en Chernobyl y recibió habilidades paranormales, producto de la radiación de aquel famoso reactor que voló a la mierda en 1987. Tenemos clones de Abraham Lincoln y Isaac Newton, el fantasma de Lenin, el espíritu de Gengis Khan en busca de la reencarnación, una diosa ancestral, el cadáver de un lama que cobra vida, espías varios, una gitana, una bruja que se roba la novela cada vez que aparece, OVNIs que abducen gente... Desde la primera página está claro que el misticismo y el delirio le van a disputar el protagonismo al thriller político futurista y de esos dos mundos en aparente conflicto Baranko saca un sinfín de ideas de increíble originalidad.
Lo más loco es que todo se entiende, todo cierra, nada se queda en la fumanchereada, ni en el mero golpe de efecto. Las distintas épocas por las que transita el guión están perfectamente ambientadas, los personajes están bien construídos (con la dosis justa de grotesco y exageración para que el realismo no le quite ritmo a la trama), los misterios están bien llevados y las distintas puntas argumentales confluyen al final de modo armónico, para nada forzado. Seguramente se entiende y se disfruta más si conocés la historia de Ucrania, su relación con la ex-Unión Soviética, la tragedia de Chernobyl, su extraño rol de “bisagra” entre Asia y Europa, etc. Si no, Baranko igual se encarga de que te metas a fondo en esta historia violenta, contaminada por una ciencia-ficción pesimista, un profundo debate político y una onda mística que la acerca más a Jodorowsky que a Warren Ellis.
A todos estos méritos hay que sumarle el extraordinario atractivo del dibujo de Baranko, con ese trazo recontra expresivo que pasa sin escalas de la línea clara preciosista al claroscuro más extremo; sus logros en materia de color, su narrativa ingeniosa, novedosa e impecable, y por supuesto el plus de la edición yanki, que nos permite leer la saga completa en un sólo tomo largo, en vez de fumarnos el continuará cada 46 páginas. De todos modos, no recomiendo bajarse todo este libro en una sóla sentada: en cada tramo de 46 páginas Baranko mete bastantes más cosas que en el álbum francés promedio, por lo cual las 138 páginas leídas al hilo pueden resultar una ordalía zarpada, una sobredosis capaz de dejarte al borde del ACV. Como sea, no dejes de descubrir a L'Empereur Océan, una historieta que además de jerarquizar a tu biblioteca, te va a dejar el bocho en ebullición, a fuerza de ideas e imágenes tan potentes como infrecuentes.
No quiero contar la trama de L'Empereur Océan, primero porque es complicada y después porque está armada con varias sub-tramas que Baranko teje y trenza hasta convertirlas en una cosa sólida, coherente y contundente. Además de la perfecta resolución y el gran ritmo que tiene el guión, llama la atención la acumulación de elementos extraños, que a priori parecerieran no poder convivir bajo una misma trama. Acá tenemos una Rusia gobernada por un dictador histriónico, pelado, drogadicto y con unos anteojos bizarros. Es una especie de Spider Jersusalem, pero que en vez de periodista fue escritor de ciencia-ficción. También hay un último sobreviviente de la masacre que acabó con los chechenes, un tipo sin nada para perder y al que le cabe la idea de convertirse en uno de los seres más poderosos del planeta. También un milico que nació en Chernobyl y recibió habilidades paranormales, producto de la radiación de aquel famoso reactor que voló a la mierda en 1987. Tenemos clones de Abraham Lincoln y Isaac Newton, el fantasma de Lenin, el espíritu de Gengis Khan en busca de la reencarnación, una diosa ancestral, el cadáver de un lama que cobra vida, espías varios, una gitana, una bruja que se roba la novela cada vez que aparece, OVNIs que abducen gente... Desde la primera página está claro que el misticismo y el delirio le van a disputar el protagonismo al thriller político futurista y de esos dos mundos en aparente conflicto Baranko saca un sinfín de ideas de increíble originalidad.
Lo más loco es que todo se entiende, todo cierra, nada se queda en la fumanchereada, ni en el mero golpe de efecto. Las distintas épocas por las que transita el guión están perfectamente ambientadas, los personajes están bien construídos (con la dosis justa de grotesco y exageración para que el realismo no le quite ritmo a la trama), los misterios están bien llevados y las distintas puntas argumentales confluyen al final de modo armónico, para nada forzado. Seguramente se entiende y se disfruta más si conocés la historia de Ucrania, su relación con la ex-Unión Soviética, la tragedia de Chernobyl, su extraño rol de “bisagra” entre Asia y Europa, etc. Si no, Baranko igual se encarga de que te metas a fondo en esta historia violenta, contaminada por una ciencia-ficción pesimista, un profundo debate político y una onda mística que la acerca más a Jodorowsky que a Warren Ellis.
A todos estos méritos hay que sumarle el extraordinario atractivo del dibujo de Baranko, con ese trazo recontra expresivo que pasa sin escalas de la línea clara preciosista al claroscuro más extremo; sus logros en materia de color, su narrativa ingeniosa, novedosa e impecable, y por supuesto el plus de la edición yanki, que nos permite leer la saga completa en un sólo tomo largo, en vez de fumarnos el continuará cada 46 páginas. De todos modos, no recomiendo bajarse todo este libro en una sóla sentada: en cada tramo de 46 páginas Baranko mete bastantes más cosas que en el álbum francés promedio, por lo cual las 138 páginas leídas al hilo pueden resultar una ordalía zarpada, una sobredosis capaz de dejarte al borde del ACV. Como sea, no dejes de descubrir a L'Empereur Océan, una historieta que además de jerarquizar a tu biblioteca, te va a dejar el bocho en ebullición, a fuerza de ideas e imágenes tan potentes como infrecuentes.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)







