el blog de reseñas de Andrés Accorsi
Mostrando entradas con la etiqueta Matthias Schultheiss. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Matthias Schultheiss. Mostrar todas las entradas

jueves, 9 de marzo de 2023

JUEVES A PLENO SOL

Alucinante tarde de verano en Buenos Aires, y yo acá, sentadito en el escritorio, con un par de libros para reseñar antes de clavarme una siesta abajo del ventilador de techo... Empiezo con un libro que me dio varias sorpresas. La primera: en la tapa no aclara que se trata del Vol.2 de una serie. Ese dato está chiquitito en el lomo del libro. Efectivamente, Lagos Connection es el segundo álbum de El Sueño del Tiburón, una serie que el maestro alemán Matthias Schultheiss inició en 1986, cerró en 1989 (cuando salió el Vol.3) y (segunda sorpresa) ¡retomó en 2013! Hasta ahora hay seis álbumes, de los cuales el último es de 2021. O sea que caí en el medio de una primera trilogía, de una serie que continúa aún hoy. Medio que me importa un carajo porque a) lo que me atrajo para comprar el libro (además del precio) es el dibujo de Schultheiss y b) este tramo de la saga se entiende sin problemas sin haber leído el Vol.1. Incluso si nunca leo el Vol.3 (bastante puteado por los fans de la serie), me puedo quedar con este final, que no es el que uno espera, porque el álbum termina con el protagonista hecho mierda, muerto o al borde de la muerte. ¿De qué va la historia? De una guerra entre mafias en el delta de Lagos, una ciudad de Nigeria emplazada sobre la costa del Océano Atlántico, plagada de piratas, corrupción policial y todo tipo de malvivientes. Allí vemos crecer a un francés, Lambert, un tipo adicto a la violencia, el crimen y los beneficios y el poder que se acumulan cuando uno es un criminal exitoso en un entorno corrupto. El comic narra básicamente el ascenso de Lambert, a fuerza de golpes osados y de una crueldad desmedida para con los enemigos a los que derrota y los atrevidos que osan traicionarlo. Violencia y crueldad son las claves de un relato plagado de acción, con mucha sangre, muertes horribles, violaciones, racismo explícito y total impunidad. En la segunda mitad del álbum, Schultheiss va a intentar humanizar un poco a Lambert a través de su relación sexafectiva con Sarah, pero las consecuencias de bajar la guardia van a ser funestas para el duro jefe de los piratas. En España nunca se publicaron más álbumes después de este, así que si me quiero enterar cómo carajo sigue la historia me tengo que pasar a la edición francesa. No sé si haré el esfuerzo, porque la verdad que la aventura en sí no me pareció gran cosa. Me impactó el nivel de mala leche y violencia, y me parece bien que el autor intente darle más carnadura al protagonista. Pero la estrella es claramente el dibujo. De hecho hay un par de momentos en los que la narrativa se hace confusa, porque Schultheiss dibuja a todos los africanos muy parecidos entre sí, o porque la composición de las viñetas no es muy clara, o porque los efectos del color opacan algún elemento visual importante para entender un cuadrito... y a nadie le importa, porque estamos todos flasheando con el estilo gráfico del alemán, con su tratamiento de la figura humana, de las expresiones corporales, del color... Visualmente, esto es un kilombo fascinante, por momentos estridente, con un despliegue de recursos por parte de Schultheiss que realmente te hiela la sangre. Eso es lo que hace irresistible a El Sueño del Tiburón. El resto, podría ser tranquilamente una serie menor en una antología tipo Skorpio o Lancio Story.
Allá por el 12/11/19 me tocó reseñar un muy buen comic argentino llamado Los Prodigios, que presentaba un nuevo universo superheroico desarrollado en nuestro país. En 2022 apareció un segundo libro ambientado en ese mismo universo: Los Desechables, con guion de Fede Sartori y dibujos de Facundo Moyano (otro Facundo Moyano, no el ex-diputado nacional). Mientras que Los Prodigios jugaba a contar una "versión argenta" del origen de una especie de Justice League, Los Desechables hace algo parecido, pero más cercano al Suicide Squad. De hecho, una vez presentados los protagonistas, el núcleo de la trama consiste en una misión suicida, encubierta, a cargo de personajes que tranquilamente pueden morir sin que nadie reclame nada. El dibujo de Moyano, si bien no es horrible ni tiene grandes pifias, me dejó un poco frío. Me resultó algo del montón, falto de identidad, de riesgo. El color sí, me parece que está buenísimo. Y el guion es muy entretenido: tiene muy buenos diálogos, los flashbacks están donde tienen que estar, la amenaza es creíble, hay giros que no te ves venir, y está todo muy bien integrado con lo que otro guionista (Gastón Flores) nos había contado en Los Prodigios. O sea que la idea de un universo consistente, compartido por varios autores y explorado en distintos títulos, no es una quimera, sino algo que se puede hacer realidad aquí y ahora. Tengo entendido que hay un tercer libro en camino, donde la historia del Prócer va a llegar a un final. Ojalá no sea un final para todo este universo, porque tanto Flores como Sartori se han esforzado por poblarlo con personajes interesantes y conflictos originales. Lo único que le podría criticar a Los Desechables es que, para ser un comic apuntado al fan de los superhéroes, la machaca tarda un poco en llegar. Hasta que empiezan a correr de lo lindo las trompadas, las patadas, los superpoderes y la sangre, ya van casi 40 páginas en las que lo principal es el diálogo entre personajes que apenas se mueven. Y eso puede desalentar o aburrir a algún lector desprevenido que crea que va a leer una saga del Suicide Squad, X-Force o cualquier otro grupo comando de tipos y minas con poderes. Fuera de eso, Los Desechables es una lectura muy disfrutable, que otra vez pone a Fede Sartori en la lista de los guionistas a los que conviene seguir de cerca. Nada más, por hoy. Nos reencontramos pronto, con nuevas reseñas acá en el blog.

domingo, 6 de junio de 2021

31 de MAYO al 6 de JUNIO (parte 2)

Bueno, ahora sí, más reseñas de material que leí durante estos últimos días. Me gustó mucho Viaje con Bill, una extensa novela gráfica del maestro alemán Matthias Schultheiss que data de 2010. Esto es algo muy distinto a todas las obras en la muy diversa carrera del autor, que esta vez nos propone una road movie atravesada por un realismo mágico con ciertos tintes new age. Sostenida en dos personajes muy carismáticos y uno que es una especie de cero a la izquierda, Viaje con Bill no se preocupa demasiado por explicar todo lo que sucede, y por momentos hasta te hace sospechar si algunas de las cosas que suceden están ahí porque son importantes para la trama, o simplemente porque Schultheiss tenía ganas de dibujarlas. Pero siempre ganan la tensión dramática y la profundidad emocional que el autor le imbuye a la historia y a los protagonistas (por lo menos a Bill y a Tweety), con lo cual ni siquiera las escenas más limadas, o aparentemente más inconexas, alcanzan para desengancharnos del relato. Como toda road movie, Viaje con Bill propone un ritmo lento, con trayectos en los que no pasa demasiado y en los que la contemplación predomina por sobre la acción. Y de nuevo, eso tampoco le resta atractivo a la historia ni nos invita a desengancharnos ni a pasar más rápido las páginas del libro. Esto se debe en buena medida al maravilloso trabajo que realiza Schultheiss en el dibujo, en las composiciones, en la puesta en página, en los climas que logra con su inagotable paleta de colores. Acá tenemos un retrato de la Norteamérica actual, de sus rutas, sus pueblos, su gente, sus paisajes, realmente sublime. Te dan ganas de agarrar un auto y salir a hacer el mismo recorrido que hacen los personajes en el libro, para ver con tus propios ojos ese pedazo (extenso y variado) del mundo real que Schultheiss muestra a través de su particular estilo. La verdad, no se me ocurre nada para criticarle. Por ahí ese tramo medio new age, con el chamán y el barquito, pero está todo tan bien dibujado y a nivel narrativo etsá tan bien contado, que no tiene sentido cuestionar nada. Si no te provocan rechazo las historias en las que algunos elementos fantásticos se cuelan por la ventana de una trama realista, 100% verosímil y 100% humana, no tengo dudas de que Viaje con Bill tiene altas chances de conquistarte, como me conquistó a mí. Y si sos fan de Schultheiss y amás sus dibujos al punto de comprarle cualquier cosa sin importar la calidad de los guiones, obviamente esto no te lo podés perder por nada del mundo.
Ya muy cerca de terminar la pila de libros editados en Argentina durante 2020, me sumergí en Las Nuevas Aventuras de Dugong y Manatí, la novela gráfica realizada en solitario por Quique Alcatena, en la que retoma a los personajes que ya conocíamos de aquel librito reseñado el 01/07/14. Guarda, este no es el Alcatena que trabaja para Italia, sino el Alcatena que escribe, dibuja y colorea una aventura apta para todo público, en la que se otorga a sí mismo total libertad para jugar a un juego en el que está muy canchero. La novela gráfica está poblada de personajes tomados de otras mitologías (la de Popeye, la de Corto Maltés, la de Tintín, la de Moby Dick, la del Yellow Submarine de los Beatles, etc.) y de otros inventados por Quique, en la línea de los superhéroes de la Silver Age de DC, y que no desentonarían para nada en el universo de Dr. Paradox. Como las aventuras de Paradox, esta de Dugong y Manatí no exploran demasiado en la personalidad ni las motivaciones de los protagonistas, sino que se centran en una trama de suspenso y acción, que derivará en una gran pelea final en la que (lógicamente) ganarán los buenos. El poco desarrollo de personajes que hay, se lo llevan los secundarios, mientras que el dúo protagónico funciona más como un deus ex machina que como personajes con los que el lector se pueda identificar. De hecho, ni siquiera está muy justificado que sean dos. La historia se puede contar exactamente igual sólo con Dugong o sólo con Manatí, porque parte del chiste (que a mí particularmente no me parece gracioso) es que ambos sean casi imposibles de distinguir uno del otro. Básicamente esto es Alcatena apostando a lo seguro, a lo que conoce a la perfección y le sale de taquito. Y funciona, te entretiene, te arranca varias sonrisas, por momentos te atrapa en la intriga que urden los villanos, y además está todo muy bien dibujado. Extraño un poco esa galería infinita de palacios, criaturas y ejércitos tomados de las más diversas culturas o nacidos de la inagotable imaginación de este prócer del plumín, pero también entiendo que esta historieta en particular va para otro lado y se nutre de otra iconografía... que Quique también maneja con una maestría infinita. O sea que no hay mucho riesgo, pero hay garantía de diversión, de personajes atractivos, de una trama ganchera y, si venís muy acostumbrado al Alcatena que dibuja en blanco y negro esas historias más solemnes o más reflexivas, acá vas a encontrar algo muy distinto, que te puede servir como recreo, o para descubrir otra faceta de este autor fundamental del Noveno Arte. Y ahora sí, no hay más. Será hasta la semana que viene, y no dejen de pasar por https://comiqueandoshop.blogspot.com/ a descargar la Comiqueando Digital.

martes, 8 de diciembre de 2020

TURNO DE NOCHE

Hace poco estuve a punto de comprarme este libro, convencido de que no lo tenía. Por suerte me frené a tiempo, volví a mi casa, me fijé y sí, lo tenía. Pero no recordaba absolutamente nada acerca del argumento, ni siquiera del dibujo, así que lo puse en la pila del material pendiente para leer, convencido de que al leerlo me iba a acaordar de algunas cosas, que me iba a caer alguna ficha, onda “ah, sí, cierto que pasaba tal cosa con tal personaje”… Nada de eso sucedió. Lo leí de punta a punta y a cada página me fui convenciendo cada vez más de que nunca jamás, en mi puta vida, había leído esta obra de Matthias Schultheiss. ¿Por qué lo clavé en la biblioteca sin leerlo? No tengo la menor idea. Misterios de la vida. Tampoco descarto que en su momento lo haya leído y mi memoria lo haya deleteado por completo del disco rígido. No suele suceder, pero siempre hay una primera vez para todo y en la familia de mi viejo hubo muchos casos de adultos mayores con Alzheimer. Así que antes de terminar con el viejito protagonista de Arrugas, me interno en la reseña de esta breve novela gráfica. Es obvio que cualquier cosa con esa portada tiene que ser un éxito. Te muestran esa imagen y para no llevarte el libro tenés que tener un témpano en el alma o telarañas en los bolsillos y hambre de un par de días. Y adentro el dibujo baja un par de cambios respecto de la portada, pero es muy ganchero, muy hermoso. Schultheiss no improvisa, no manda fruta. Te dibuja unos personajes bien definidos, con mucha expresividad, te cuida todos los detalles en la ropa y los peinados, y te los larga a yirar por una ciudad (Hamburgo) a la que le sentís los ruidos, los olores, el ritmo. La narrativa es ajustada, tampoco se cuelga con boludeces, ni se desordena a la hora de la planificación de las secuencias. Podemos discutir si está bueno que arme algunas páginas con tres tiras (generalmente de dos viñetas iguales, es decir, la Gran Kirby) y otras con cuatro tiras. En general, cuando opta por las cuatro tiras, el alemán te clava una sola viñeta widescreen por tira, y le queda bárbaro. Me gusta bastante menos cuando rompe la página en cuatro tiras y a su vez subdivide cada tira en dos viñetas, pero por suerte no es algo que suceda muchas veces en las cincuenta y pico de páginas de Turno de Noche. En general, entonces, la faz gráfica está muy bien. El texto está bien repartido entre las viñetas, los climas apuntalan bien las sensaciones que quiere transmitir el guión, y por supuesto en todo lo que tiene que ver con anatomía, iluminación, color y volúmenes, estamos ante un monstruo, un tipo con un talento descomunal, con el aplomo como para jugarse a hacer lo que se le canta, convencido de que le va a salir de muy bien para arriba. El guión… bueno, más o menos. Hay un hallazgo muy notable, que no se debe pasar por alto, que es el trabajo en la protagonista (Leo, la taxista) y cómo Schultheiss va profundizando secuencia a secuencia sus vínculos con otros dos personajes. Sin embargo, para darle relieve, espesor, verosimilitud y hasta tensión dramática a la relación de Leo con Franki y Dusti, Schultheiss deja de lado la punta argumental que a mí más me enganchó: la de la cheta que desaparece en esa casa medio destruída no sin antes dejarse en el taxi de Leo ese amuleto que parece tener poderes sobrenaturales. El autor vuelve un par de veces sobre el tema del amuleto, los personajes piensan qué carajo hacer con él, pero lamentablemente, el conflicto que va a motorizar la trama no pasa por ahí, sino por las turbias movidas de Dusti para llevarse a Leo a la cama. Ese vínculo tóxico, obsesivo, por momentos muy violento, le roba protagonismo al elemento que a priori parecía más rico como sustento de la ficción que plantea Schultheiss y lleva a la trama en otra dirección, tal vez más asfixiante y menos aventurera. No digo que esa decisión esté mal tomada, pero sí que hace sentir un toque inconexa, un toque fuera de lugar, a la primera secuencia, que a mí particularmente me encantó y me hizo ponerle muchas fichas al desarrollo que me imaginé para la obra. Pero bueno, las historietas no son las que uno se imagina, sino las que los autores efectivamente escriben y dibujan. Tengo otro libro de Matthias Schultheiss en el pilón de los pendientes, y ese sí, estoy seguro de no haberlo leído nunca. Ya le llegará su turno (de noche o de día, todavía no lo sé). Muchas gracias por el aguante y nos reencontramos pronto, con nuevas reseñas acá en el blog.

viernes, 3 de mayo de 2013

03/ 05: TALK DIRTY

Al final, en American Virgin se hablaba mucho de coger pero –a la hora de los bifes- se cogía bastante poco. Así que hoy me tiro de cabeza a un comic bien porno, o en realidad, atípicamente porno.
Talk Dirty fue realizada por el alemán Matthias Schultheiss entre 1992 y 1993, justo en el momento en el que el ague de la historieta porno parecía poder salvar de la inanición y el olvido a un montón de grandes autores europeos, que veían con desazón cómo se caía a pedazos el otrora próspero circuito de las antologías de comic para adultos. Ahora los adultos esperaban el álbum y las revistas se llenaban con historietas de escaso atractivo artístico y altísimo voltaje erótico, apuntadas sobre todo a los pajeros y los chicos que, por su corta edad, no tenían acceso (en Europa, donde ese tipo de reglas se respetan) a las revistas con fotos de verdaderas minas en bolas y tipos garchando.
En ese contexto de bastante berretada, Talk Dirty brilla y se destaca gracias a su clima enrarecido, enigmático, al misterio que envuelve a esos dos garches a los que Schultheiss les dedica buena parte del libro. Sí, a pesar de estar centrada en los polvos (¿qué digo “polvos”? Recontrapolvazos!) entre el hombre y la mujer anónimos, Talk Dirty conserva una atmósfera de sensualidad y sofisticación muy marcada, que no le permite derrapar nunca (ni siquiera en la extensa secuencia del trío con Angela) hacia la cosa chabacana, soez, cabeza. De hecho el libro termina (acaba, en este caso) con una secuencia de siete páginas de infrecuente lirismo para una historieta de meta y ponga.
El objetivo principal de toda historieta porno, que es subirle la temperatura al lector, se cumple con creces. La obra tiene 80 páginas y es imposible pasar de la 36 ó la 37 sosteniendo el libro con las dos manos. El in crescendo en la tensión sexual entre los protagonistas llega a su climax en esas páginas, en la secuencia del polvo bajo la lluvia en la parte más alta de la grúa, en ese puerto abandonado y semi-devastado por una guerra de la que no sabemos nada. De hecho, la historieta podría terminar en la página 46, en el epílogo de ese garche, y estaría todo bien. O faltaría la secuencia poética del final, nomás.
De la página 47 a la 73 tenemos otra larguísima escena de sexo, esta vez de a tres, y con un plus de perversión interesante: Angela es travesti y se está por operar para ser 100% mujer. Pero en su función despedida, un conspicuo muñeco repartirá alegrías y dolores por todos los orificios, tanto del varón como de la mujer. O sea que Schultheiss se prodiga en poses y contorsiones muy variadas, en las que todos dan o reciben algo, y donde lo único que no se muestra gráficamente (aunque sí se las nombra todo el tiempo) son las eyaculaciones. Este tramo podría tranquilamente no estar y no cambiaría mucho el concepto acerca de la obra. Pero bueno, como vuelta de tuerca, y en el contexto del género porno, zafa.
Schultheiss se juega una carta brava al manener los textos (diálogos y relato en off) por afuera de las viñetas, como hizo tantas veces Kyle Baker. Por otro lado, rompe en muy pocas páginas una grilla de cuatro o cinco viñetas de igual tamaño, todas de formato horizontal (widescreen). Lo primero, dificulta un toquecito la narrativa, porque te colgás mirando los dibujos (para deducir qué pierna, lengua o verga corresponde a cada personaje) y cuando llegás al texto este se siente un tanto inconexo. Lo segundo enfatiza la sensación de estar viendo una película y suma mucho a la narrativa, al igual que la increíble variedad de ángulos desde los que el autor enfoca estas escenas. Sobre el final del libro, aparecen seis páginas a todo color, y un texto que nos cuenta que originalmente Schultheiss pensaba hacer todo el libro de esta manera. Finalmente se decidió (no se sabe si por voluntad propia, o se lo impuso algún editor) por esta versión en blanco y negro, con unos grises fastuosos y exhuberantes, logrados con un maravilloso trabajo de aguadas. Esas paginitas a color se ven tan, pero tan bien, que si hubiese bancado las 80 páginas con esa técnica, estaríamos hablando de la mejor historieta porno de la historia. En blanco, negro y grises está muy bien, pero a los fans de Schultheiss nos gusta –por sobre todas las cosas- la particular forma de colorear que tiene el alemán.
Por supuesto se me ocurren 1800 historietas mejores que esta para recomendar, pero si seguís la obra de Matthias Schultheiss, o si te habías propuesto encontrar historietas de fuerte impacto erótico que no insulten tu inteligencia y que no chorreen vulgaridad, Talk Dirty es sin dudas un título a tener en cuenta. Está editada en castellano, inglés, francés, alemán... así que a comerla. Digo, a buscarla.

sábado, 18 de agosto de 2012

18/ 08: BELL´S THEOREM Vol.1

Claro, pero no. Me entero de que esto es un Vol.1 y no un tomo autoconclusivo cuando llego al final. Nadie me lo avisa ni en la portada, ni en ningún lado. Por suerte son tres tomos y los otros dos están editados en inglés, francés y hasta en idiomas que no leo ni leeré jamás como el alemán. Pero estaría bueno que avisaran: “Man, acá EMPIEZA una serie, no es un tomo único”, como para que uno decida si se engancha o no.
Hablando de alemanes, Bell´s Theorem es una serie creada en los ´80 por el alemán Matthias Schultheiss, con quien ya nos topamos en los albores de este blog, allá por Febrero de 2010. Si no te dicen que es el mismo autor de aquel tomo de adaptaciones de Bukowski, no tenés forma de darte cuenta. Esto y aquello no se parecen en lo más mínimo: uno es a color y el otro en blanco y negro, el estilo de dibujo y la narrativa cambian radicalmente, Schultheiss pasa de adaptar cuentos a crear una novela y el mundo en el que esta transcurre... y lo más bizarro es que Bell´s Theorem es apenas dos años posterior a las últimas adaptaciones de los cuentos de Bukowski.
Vamos a lo que importa: ¿está buena? Más o menos. Por ahí levanta cuando uno lee la obra completa, pero estas primeras 48 páginas dejan cierto gusto a poco. Las primeras... 32 páginas son un compendio de lugares comunes. En un futuro distópico y cercano, Shalby está encerrado en un presidio, condenado a cadena perpetua y eternamente en la mira de una horda de presos violentos que lo cagan a trompadas y sodomizan sin piedad a la mascota sexual del protagonista. Cuando le ofrecen la libertad a cambio de prestarse como conejito de indias para un proyecto científico, Shalby duda, pero agarra viaje. Eventualmente (y con la ayuda de un personaje que Schultheiss no explica ni desarrolla) logra escapar de sus captores, pero el daño ya está hecho: su cuerpo está lleno de horrendas cicatrices y su mente es un corso a contramano, un kilombo cósmico que sólo se aguanta a fuerza de drogas.
De alguna manera, Shalby gambetea a sus perseguidores y se recluye en las costas de Labrador, en Canadá, donde –último lugar común- se encuentra el cadáver, las anotaciones y una valija con mucha guita que pertenecieron a un científico alemán... que es idéntico a él. Cuando sus perseguidores lo ubican, Shalby adopta la identidad del científico muerto y vuelve a huir, de nuevo con la inexplicable ayuda de un personaje que no se sabe quién es ni de qué juega. Fin.
No pinta muy original, pero tampoco es irredimible. No descarto que Schultheiss se guarde un par de ases bajo la manga para los próximos tomos, que ya veré cómo carajo consigo. Lo que sí se destaca en esta primera entrega son los cambios de ritmo, el equilibrio muy logrado entre las escenas tranqui, pachorras, de descanso y contemplación, y las más trepidantes, en las que se impone el vértigo, la urgencia y una violencia por momentos bastante perturbadora. Lo más choto es que Shalby está solo en la mayoría de las secuencias y entonces habla en voz alta... para sí mismo! En realidad para los lectores, pero ¿y si le ponían globitos de pensamiento? ¿No era más coherente? Podemos zafar diciendo que el experimento lo dejó chapita... y puede ser, algo de eso nos sugiere Schultheiss sobre el final. Pero verlo monologar página tras página me hizo un poco de ruido.
El dibujo, por su parte, no está al nivel de los mejores trabajos del alemán. Probablemente este sea su debut en el manejo del color y eso explique algunas desprolijidades, que obviamente no se ven en sus obras posteriores. Acá hay algunos hallazgos dignos del mejor Schultheiss, pero también titubeos y escenas que parecen coloreadas por el Pepe Moreno de la peor época, el de Gene Kong y Generation Zero. El dibujo está todo resuelto con una línea finita, intencionalmente chunga, y a la vez muy expresiva. Acá el autor encuentra una síntesis con la que ni soñaba en aquellas páginas de Bukowski que explotaban en millones de rayitas y crosshatchings. El balance general de la faz gráfica sin duda es positivo, pero no esperes las maravillas que vimos en su obra en blanco y negro ni las que veremos en futuros trabajos a color.
Veremos si logro leer las secuelas y para dónde va la historia que acá recién empieza. Hasta ahora todo está muy manchado de misterio y de violencia y hay muchísimo por explicar. Como me gusta el clima que logra y la línea que baja (y estoy seguro de que el dibujo mejora grosso), le quiero dar una oportunidad más. Schultheiss se lo merece.

sábado, 27 de febrero de 2010

27/ 02: BUKOWSKI


Bienvenidos al mundo de Charles Bukowski, el famoso escritor nacido en Alemania y emigrado desde muy joven a los EEUU. Un mundo de putas, chorros, drogas, cucarachas, borrachos, laburos de mierda que pagan dos mangos, marginales, fracasados, resignados y sublevados. Bukowski trajo al Siglo XX la siempre vigente temática del lumpen, del croto inadaptado que se las rebusca para subsistir en las márgenes de un sistema que se limpia el culo con la gente.
Ya sea en las grandes ciudades o en la América profunda, el sistema funciona igual: siempre hay un patrón garca, siempre hay un empleado que se desloma por chaucha y palito y se la gasta en cerveza y putas baratas, siempre hay un futuro que queda demasiado lejos, siempre hay algún sueño listo para ser aplastado por el gatillo fácil de la policía, por algún buchón, o incluso por la propia fiaca, que siempre es más fácil quedarse en la cama que ponerse las pilas y hacer algo.
Este mundo sórdido y jodido llegó al Noveno Arte por la puerta grande: de la mano de las adaptaciones de Bukowski realizadas por otro genio nacido en Alemania, el increíble Matthias Schultheiss. Si alguna vez leíste El Víbora, o la Heavy Metal, o la gloriosa Comix Internacional, seguro asociás a Schultheiss con esos magníficos laburos a color, esas orgías expresionistas llenas de climas perturbadores, de ritmo y de poesía. Bueno, olvidate de todo eso. Acá Schultheiss prueba otra cosa totalmente distinta: primero, trabaja en blanco y negro. Un blanco y negro pasado de rosca, hiper-detallista, con un cross-hatching capaz de enfermar a los fans de Robert Crumb y Joe Sacco. Todos los cuadritos tienen, por lo menos, el mismo nivel de trabajo que las páginas más zarpadas de El Garaje Hermético de Moebius, y algunas mucho más. Casi sin manchas, pero con el despliegue de rayitas y puntitos más desmedido que puedas imaginar, Schultheiss crea climas, iluminaciones, volúmenes y texturas como sólo un dios del plumín puede hacerlo.
Y la otra gran diferencia está en la composición de las páginas. Sin ser tradicional, Schultheiss nunca se había caracterizado por pelar puestas innovadoras y mucho menos zarpadas. Acá tira el mundo por la ventana y nos gratifica con páginas que el mismo Will Eisner envidiaría. Hay planos, secuencias y páginas enteras totalmente novedosas, muchas, muchas cosas que no le habías visto hacer ni a Schultheiss ni a nadie. Nueva York por 95 Centavos, la historia de los tipos que laburan colocando afiches en los vagones del tren suburbano, tiene unos momentos en los que la puesta en página logra hacerte sentir vértigo de tan compleja y arriesgada. Realmente notable.
Otro logro importantísimo de Schultheiss tiene que ver con el trabajo de la adaptación literaria. Muchas veces vemos que, cuando un cuento o una novela se convierten en historieta, el autor opta por respetar a rajatabla el texto original y así lo vemos robarse el protagonismo, en enormes bloques de texto, farragosos e infinitos, que le restan dinamismo al relato gráfico. Schultheiss, en cambio, se las ingenia para que sea la imagen la que lleve adelante la narración, de modo que las historias puedan disfrutarse como historietas, incluso por quien no sabe que están basadas en los cuentos de Bukowski. La única donde proliferan los bloques de texto es la última del libro, Mi Madre Culona, que además es la menos narrativa de todas. Bukowski simplemente nos cuenta una historia muy chiquita, donde el 95% del tiempo el protagonista toma cerveza, lee el diario o tiene sexo con dos mujerzuelas. La verdad que la lectura del diario y la ingesta de cerveza no son imagenes muy interesantes para un relato en historieta, y el sexo con dos yiros baqueteados por ahí sí, pero ya sería un comic porno y habría que publicarlo de otra manera.
En sus incandescentes polaroids de locura ordinaria, Bukowski le cantó a la derrota, a la miseria, a la desidia y a la desesperanza. Matthias Schultheiss le dio imagen a ese mundo y lo convirtió en algo más sórdido y cautivante que el texto original. Lo convirtió en unas historietas de la San Puta, que además de a la mente y al corazón, te llegan a los ojos, le hacen el amor a tus pupilas y -como las putas que conocen bien su oficio- logran que quieras volver a visitarlas una y mil veces.