el blog de reseñas de Andrés Accorsi
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lunes, 28 de diciembre de 2015

28/12: PRECIOSA OSCURIDAD

Este es un álbum autoconclusivo de 2009, publicado en nuestro idioma en 2013 por el sello Spaceman. Es una obra increíble del prolífico guionista Fabien Vehlmann (para muchos el Goscinny del Siglo XXI) y de la dupla de dibujantes conocida como Kerascoët.
Tiene un gran problema: no se puede contar nada de la trama. Si me pongo a explicar quiénes son los personajes, cagamos. Digamos que casi todo lo que sucede se desencadena a raíz de la muerte de una nena de unos nueve o diez años. Pero el eje del relato no está puesto ahí. Lo que le importa a Vehlmann no es explicar la muerte de la nena, es otra cosa en la que conviene no ahondar.
La reseña me va a quedar muy corta, como siempre que trato de no ahondar en la trama. Pero de verdad, todo lo que cuente va en contra del disfrute de la obra. Hay un poquito de acción, hay personajes interesantes, hay algo así como un misterio, un suspenso, y lo más interesante: un juego muy atractivo entre dos planos de realidad. La gran, gran idea de Vehlmann le permite apoyar un relato largo (90 páginas) en un recurso muy sencilla, asombrosamente sencillo. Y hasta ahí llego.
Eso que yo mencionaba (y en lo que me niego a ahondar) de los dos niveles de realidad le permite a los Kerascoët dibujar en dos estilos distintos: uno muy realista, generosísimo en detalles, en texturas e iluminaciones. Arboles, animales y objetos aparecen en estas páginas perfectamente retratados por dos artistas que nunca habían incursionado en el estilo realista. Sin embargo, buena parte del peso dramático de Preciosa Oscuridad recae en personajes… a los que no les sienta bien ese estilo. Felizmente los Kerascoët lo entienden y recrean este otro nivel de realidad en un segundo estilo, más similar al que vimos (por ejemplo) en las reseñas del 08 y el 22/04/13. Pero hasta ahí nomás. Quizás porque ya no está el gran Hubert para colorearlos, pero acá los Kerascoët no quedan tan pegados a la impronta gráfica de Christophe Blain y Joann Sfar. Juegan al contraste entre los personajes y los fondos, enfatizan desde el color las diferencias entre los propios personajes y además estos están dibujados básicamente en un estilo funny… pero con variaciones que van desde la clásica ilustración de cuentos infantiles al manga.
Entre tanto prodigio visual, los Kerascoët arman un festival alucinante, pensado para conmover a nuestros sentidos. Y aportan muchísimo a la principal genialidad de Preciosa Oscuridad, que consiste en ese doble juego entre la tragedia más horrenda y la comedia aventurera light. El resultado no sólo es brillante, también es sumamente perturbador. Vehlmann no deja que te olvides nunca de que el verdadero marco de este relato lleno de ritmo, color y personajes arquetípicos, es un marco espantoso. Es como armar una obra de títeres que narre un maravilloso cuento de hadas, pero en vez de usar un teatro de marionetas, hacerla arriba de un féretro abierto, con el fiambre ahí, a la vista.
Perdón por no explayarme un poco más, pero no te quiero cagar las sorpresas. Esta novela gráfica tiene de todo, de verdad. Es una emoción atrás de otra. Si no conseguís la edición española y no leés francés, hay una edición yanki a cargo de Drawn & Quarterly. Pero buscala, que es una joya.

lunes, 22 de abril de 2013

22/ 04: MISS DON´T TOUCH ME Vol.2

Bueno ahora sí, estoy en casa y no hay excusas.
Hora de reseñar la segunda mitad de esta excelente serie, que en Francia se publicó en cuatro tomos y en EEUU en dos, un poquito más chicos que los típicos álbumes europeos, pero muy lindos, muy accesibles y con una traducción impecable.
Una de las cosas que más me llamaba la atención del primer tomo es que la historia llegaba a un final bastante pronunciado. Quedaban algunas puntitas por resolver, pero la trama principal planteada por Hubert llegaba a una resolución muy coherente y además bastante definitiva. Faltaba la mitad de la obra. ¿Para dónde iba a disparar el guionista? Evidentemente tenía que pelar nuevas variantes, no podía plantearse 90 páginas de epílogo a lo que vimos al final del Vol.1. Y efectivamente, la historia mantiene intacto su trasfondo, el de las intrigas y los manejos sombríos de los que Blanche es testigo al vivir y trabajar en un prostíbulo, y además suma una nueva trama: la historia de un amor imposible entre la protagonista (la puta virgen, maravillosa contradicción que Hubert banca milagrosa y asombrosamente hasta el final) y Antoine, un chico lindo, rico y más bueno que el pan, con un sólo “defecto”: las mujeres no le interesan en lo más mínimo.
Entonces tenemos, por un lado, la trama sórdida del prostíbulo más finoli de París y su oscuro backstage, que le viene bien a Hubert para poner sobre el tapete la doble moral de los poderosos: en público, todos los “dueños de la manija” declaran indignados que el prostíbulo constituye un atentado a la moral y las buenas costumbres. En privado, se hacen flagelar por putas de lujo o sodomizar por un travesti tan glamoroso como bien dotado, uno de los grandes hallazgos de Hubert en materia de personajes secundarios. Y en paralelo, una historia de amor MUY al estilo de Carlos Trillo, entre Blanche y Antoine, en la que el guionista va a hacer crecer la figura de una nueva y escabrosa villana: la mamá de este chico descarriado, al que la sociedad de aquella época (década del ´30 del siglo pasado) consideraba un enfermo al que había que curar. Y de esta situación incómoda, que hoy nos resulta atroz pero hace 80 años era absolutamente natural, Hubert también sacará un jugo riquísimo.
Por si fuera poco con el chico que se enamoró de su profesor de piano, su madre y algún amiguito de Antoine que trata de hacerse el vivo con Blanche, este tramo de la obra suma a una wild card, un personaje fascinante que no es ni bueno ni malo, sino impredecible y catalizador de los kilombos más inesperados: la mamá de Blanche (y su difunta hermana), ausente de manera conspicua en la primera mitad, acá arrasa con todo y junto a su amigovio Hank cumplirá un rol importantísimo en la trama. El final queda bastante abierto y aún así es brillante. Realmente, un trabajo muy, muy notable de un autor consagrado como colorista, que demostró ser un capo absoluto también como guionista.
La labor de los Kerascöet una vez más es deslumbrante y una vez más nos remite de inmediato a Christophe Blain y Joann Sfar. Es lo que hay. Si les perdonamos la falta de originalidad, nos vamos a encontrar con muchas maravillas visuales y narrativas y un trabajo encomiable en todos los rubros, por supuesto potenciado por el propio Hubert desde el color, que también es glorioso.
Miss Don´t Touch Me (o Miss Pas Touche, como se llama en su país de origen) seduce, hechiza, sorprende, atrapa y satisface, como esas minas de las que cuesta olvidarse. Me animo a ponerla entre las obras más destacadas de la década pasada, por lo menos en lo que se refiere a historieta europea. No recomiendo la edición española porque me parece (si me equivoco, que alguien me corrija, por favor) que Planeta publicó sólo la primera mitad. De todos modos, cualquier esfuerzo que hagas por conseguirla en francés o en inglés valdrá ampliamente la pena.

lunes, 8 de abril de 2013

08/ 04: MISS DON´T TOUCH ME Vol.1

De nuevo me toca acompañar a una chica virgen a un prostíbulo de lujo. Esta vez la historieta se llama Miss Pas Touche, y salió originalmente entre 2006 y 2009, en cuatro tomos, editados en Francia por Dargaud. Por suerte en EEUU la editorial NBM tuvo el buen tino de editarla en sólo dos tomos, más voluminosos y muy accesibles.
El guionista es Hubert, legendario (y eximio) colorista, que por supuesto acá no desinstala el Photoshop para instalar el Word, sino que se hace cargo de ambas tareas. No sé cómo termina la historia, porque este Vol.1 trae sólo la mitad, pero lo que leí hasta ahora es increíblemente bueno. Parece un guión de Carlos Trillo, no de un colorista francés. La reconstrucción de época está perfecta (París, década del ´30), la construcción y el desarrollo de los personajes están bárbaros, los diálogos también, el misterio está llevado con talento y astucia, no falta la cuota de mala leche y sordidez y lo más importante: las escenas no se alargan al pedo, ni se cortan caprichosamente antes de que pase lo que tiene que pasar. Creo que entre todos los hallazgos de Hubert, ese es el más notable: el formidable manejo de los tiempos del relato, detrás del cual se nota una planificación milimétrica de cada escena, como sólo un guionista afiladísimo puede hacerlo.
La consigna (la chica virgen en un prostíbulo cheto) nos remite enseguida a Sakuran, el manga de Moyoco Anno que vimos el mes pasado, pero hasta ahí llegan las coincidencias. Blanche no llega al Pompadour como víctima de una red de trata, sino que se manda por su propia voluntad, convencida de que ahí va a encontrar pistas que le permitan esclarecer el brutal asesinato de su hermana. Así es como Hubert nos cuenta, por un lado, como vivían las putas de lujo en la París de los años ´30, y por el otro cómo se las ingenia Blanche para, con poquitas pistas, llegar a la verdad. Lo mejor es que se equivoca bastante, porque no es detective, es una chica que trabajó toda su vida de mucama en la casa de una señora bianuda y garca, que a la primera de cambio la rajó a la mierda. Por suerte, otros personajes que la tienen bastante más clara que Blanche se involucrarán en la investigación y la verdad terminará por salir a la luz, de modo bastante truculento.
Por otro lado, lo que también llama mucho la atención es cómo Blanche se mete en la boca del lobo, pero logra imponer sus propias reglas: ella no es prostituta y no permite que nadie la manosee ni mucho menos que la desvirguen. Vos estás todo el tiempo tenso, alerta, esperando el momento en el que algo salga mal y Blanche termine abierta de gambas, pero no. Hubert hace malabares, juega a full con el morbo y banca (por lo menos durante más de 90 páginas) la consigna de que la protagonista es una virgen intocable en el medio de un prostíbulo donde pasa de todo.
El dibujo de Kerascoët (que como ya conté en la reseña del 25/08/10 se trata de una dupla autoral integrada por Marie Pommepuy y Sébastien Cosset) peca un poquito de pegarse mucho a la estética de Joann Sfar. La faz gráfica de estos álbumes es muy similar en muchísimos aspectos a lo que vimos, por ejemplo, en El Gato del Rabino, o en Grand Vampire. Y está todo bien, porque son historietas magistralmente dibujadas, pero me queda claro que los Kerascoët pueden pelar imágenes y trazos menos tributarios de los trabajos del maestro Sfar. Fuera de la falta de originalidad, la dupla se cansa de acumular logros, de los cuales el más destacable es las pilas que le ponen a esas viñetitas microscópicas, a las que cualquier otro se sacaría de encima con dos pinceladas chotas, “total no se van a ver”. Miss Pas Touche tiene muchísimas páginas de más de 10 viñetas (unas cuantas de 14!) y en todas están plasmados al detalle los rasgos faciales, el vestuario, la decoración, los fondos, como si fueran splash pages. Pobre Hubert, se debe haber querido matar cuando tuvo que colorear todos esos detallitos minúsculos en cada una de esas estampillitas con globos de diálogo.
Esta es una historia muy zarpada, muy inteligente, con un equilibrio perfecto entre lo visceral y lo cerebral, entre la sofisticación y la salvajada. Hay asesinatos terribles, torturas, descuartizamientos, violaciones, sadomasoquismo, drogas, corrupción policial, altos mandatarios revolcados con putas y travas, y una heroína más valiente que brillante, dispuesta a consumar una venganza muy jodida, con muchas más posibilidades de ser boleta que de cumplir con su objetivo. No tengo idea de qué se guarda Hubert para la segunda mitad, porque acá resuelve muchísimas puntas argumentales, si no todas. Pronto me voy a enterar: este tomo me dejó tan cebado que dudo que aguante muchos días sin entrarle al Vol.2.