el blog de reseñas de Andrés Accorsi
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sábado, 23 de julio de 2011

23/ 07: EL EXTRANJERO


“Standing on a beach with a gun in my hand,
Staring at the sea, staring at the sand,
Staring down the barrel at the arab on the ground,
See his open mouth but hear no sound.
I'm alive, I'm dead,
I'm the stranger… killing an arab!”
Y sí, si alguna vez escuchaste ese hitazo de The Cure llamado “Killing an Arab”, ya sabés de qué se trata la famosísima novela de Albert Camus, escrita en 1942 y ahora convertida en historieta por Juan Carlos Kreimer y Julián Arón. Básicamente es la historia de un tipo llamado Mersault al que le importa poco que se muera su madre, le importa poco que una mina se enamore de él, le importa poco matar a un desconocido y le importa poco ir en cana y ser condenado a muerte por el homicidio del árabe de la canción de The Cure. Podríamos estar ante una especie de psicópata inescrupuloso, pero Mersault no es uno de esos. Es más bien un discapacitado emocional, un tipo al que no le sale fingir las emociones que no siente. Se muere tu vieja y justo ese día no tenés ganas de llorar, ni en el velorio ni en el entierro. ¿Eso te convierte en una mala persona? Camus nos invita a pensarlo. Matás a un tipo medio por accidente y medio porque se te cantó, y no sentís el menor remordimiento. ¿Eso te convierte en un villano irredimible, tipo el Joker o Bullseye, o en un pobre tipo? ¿O en un grosso que, pudiendo caretear el arrepentimiento y zafar, prefiere decir la verdad, aunque eso le cueste una condena? Se pone interesante, no?
El Extranjero no es una novela fácil de adaptar, porque buena parte de la “acción” se da en la mente de Mersault. Acción física propiamente dicha hay un par de garches y la escena en la playa, en la que los amigos del protagonista tienen la pelea con los árabes. Y listo, eso es todo. El resto son trámites, escenas pachorras, burocráticas, a tono con la cero emoción que le pone Mersault a la vida. Charlas, paseos, un velorio, un juicio, un tipo encerrado en un calabozo que pasa días enteros mirando las paredes… Y sin embargo la historieta en ningún momento te aburre, ni siquiera si la leés sabiendo todo lo que va a pasar, como fue mi caso. Juan Carlos Kreimer logra convertir el texto de Camus en un guión ágil, filoso, que respeta esa onda fría y distante del protagonista, pero que te incluye, te atrapa, te invita a ser vos también parte de ese jurado que decidirá si Mersault es o no un psicópata hijo de puta.
La planificación de las secuencias está muy bien lograda, y no sé si es obra del guionista o del dibujante. Pero hay momentos re-Will Eisner, con hermosos planteos gráficos, como los de las páginas 25 y 63. Y a lo largo de todo el libro hay muchos y muy buenos recursos narrativos. Arón inventa, por ejemplo, una forma distinta de mostrar las escenas cuando las narran los testigos durante el juicio, otra forma de distinta de plasmar las secuencias que transcurren en la mente de Mersault, y así. Como dibujante, Arón no es un genio, pero sí muy competente. Su estructura es clásica, con un trazo académico, correcto (aunque con los personajes un poquito cabezones), seguramente heredado de su maestro, el recordado Alberto Salinas. Pero se permite pegar saltos al vacío y meter toques más salvajes, más expresionistas, o incluso más de comic underground. Y además se va al carajo con las texturas y los sombreados, que mete mediante distintas técnicas, algunas digitales y otras de cross-hatching a plumín, tinta china y pulso totalmente zarpadas. Este manejo de tramas y texturas lo obliga a balancear con mayor cuidado los valores de blanco, negro y gris en cada página y ahí Arón no falla nunca. También sale muy bien parado cuando combina sus dibujos con referencias fotográficas, a las que labura a full para integrarlas a la imagen y que no desentonen dentro de la estética que propone a lo largo de la novela gráfica.
No pondría a El Extranjero entre las obras imprescindibles de la historieta argentina actual, pero la verdad es que, como adaptación de una obra literaria dura, difícil, jugada, es un trabajo de asombrosa solidez, que no cae en ninguna de las trampas en las que podría haber caído. Y de paso, nos pone a Julián Arón (a quien vi una sóla vez en persona, pero no conocía ninguno de sus trabajos) entre los dibujantes realmente capaces, dueños de un importante arsenal de recursos para sacar adelante cualquier tipo de historia. No es poco, me parece…

lunes, 6 de diciembre de 2010

06/ 12: LOS DUEÑOS DE LA TIERRA


Me hubiese gustado estar vivo en 1958, cuando se publicó originalmente esta novela de David Viñas, para ver qué repercusiones generó entre la intelectualidad de esa época. Me gusta imaginarme que habrá armado un lindo kilombo… Básicamente, Los Dueños de la Tierra nos muestra hasta qué punto los paladines del orden institucional y democrático (acá encarnados en la Unión Cívica Radical) fracasan estrepitosamente a la hora de mediar en el conflicto entre los abanderados del capitalismo salvaje (acá representados por los patrones de la producción lanera de Santa Cruz) y los trabajadores que un día se plantean su derecho a no ser explotados en forma voraz y despiadada. A veces, nos dice Viñas, jugar según el reglamento, respetando la letra chiquita del contrato, equivale a condenar al más débil a pagar con sangre cualquier intento por revertir su oprobiosa condición. A veces, agregamos todos los que vimos cómo gobierna la UCR, hay que poner un poco más de huevo.
Con este poderosísimo trasfondo sociopolítico, Los Dueños de la Tierra se puede leer también como una historia de amor difícil, de amor a pesar de todo (como dice un tema de Los Rodríguez) entre Yuda Singer, la anarquista rusa de origen judío, y Vicente Vera, el funcionario porteño enviado a Santa Cruz por el gobierno de Hipólito Yrigoyen para mediar en el conflicto entre estancieros y peones. Por las secuencias “románticas” del libro pasan los mejores diálogos y –lo más interesante- funcionan como refugio de lo impredecible. Porque en todo momento sabés (incluso sin haber leído la novela de Viñas) que la gestión de Vera no va a prosperar y que la rebelión de los laburantes va a terminar mal, con varios fiambres y más injusticia que la que había antes de empezar. No sé por qué, tal vez por el tono del relato, pero este desenlace trágico no sorprende en lo más mínimo. No lo marco como una falencia de Viñas (ni de Juan Carlos Kreimer, encargado de convertir la novela en un guión de historieta) porque probablemente la idea no fuera poner ahí la tensión del lector. Pero lo cierto es que uno nunca espera ningún final que no sea el peor final posible, y si pasan cosas sorprendentes e impredecibles, pasan en la relación entre Yuda y Vicente, no en otro lado.
La adaptación de la novela a la historieta está bien lograda. No hay una preponderancia asfixiante de los textos (como pasa muchas veces en las adaptaciones), sino que vemos un generoso despliegue de muchísimos recursos 100% historietísticos: onomatopeyas, globos de pensamiento, secuencias mudas, splash pages, grillas de 9 cuadros, un grafismo distinto para ilustrar los flashbacks, viñetas sin bordes... Si no sabés que originalmente era una novela, te comés mansito que esto fue pensado desde el vamos para ser una historieta. La labor de Kreimer en ese sentido es encomiable.
Pero claro, corrió con el caballo del comisario, porque el encargado de convertir esta novela y este guión en una novela GRAFICA, no fue otro que Dante Ginevra, uno de los mejores historietistas que tiene hoy nuestro país. Fino, preciso, infalible, Ginevra le entró a Los Dueños de la Tierra con los tapones de punta. Trabajó con un claroscuro fuerte, vigoroso, con manchas y trazos de gran expresividad, y después agregó grises, para enfatizar climas, iluminaciones, detalles, sensaciones. Además dejó la vida en cada decorado, en cada auto y vestido de los años ´20 y logró darle identidad y rasgos propios a un montón de personajes parecidos entre sí. Ginevra no necesitaba un trabajo consagratorio, porque ya estaba consagrado hacía años. Pero se dio cuenta de que Los Dueños de la Tierra va a ser leído por gente que no conoce su trabajo en la Fierro, ni en Historietas Reales, ni mucho menos en su época en La Productora, y de nuevo puso todo, de nuevo fue a rendir examen y de nuevo se sacó un 10. Grossísimo.
Los Dueños de la Tierra es una historia indispensable. En 1958, decía cosas como “Los diarios viven de los avisos que ponen los empresarios, por eso dan la información que a estos les conviene. Si el gobierno y los empresarios tienen distintos intereses, los diarios no dudarán en desprestigiar al gobierno”. Si (como yo) nunca leíste la novela, esta versión es una gran oportunidad para entrar en contacto con el desgarrador relato de Viñas. Un relato que hablaba del pasado, pero que (como El Eternauta, que se publicaba al mismo tiempo) resultó profético, porque en 1989 y 2001 también vimos a los paladines del orden institucional y democrático dando lástima a la hora de confrontar con los grandes grupos económicos para frenar el desangre y la miseria a la que estos decidieron someter a la mayoría de los argentinos.