el blog de reseñas de Andrés Accorsi
Mostrando entradas con la etiqueta Enki Bilal. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Enki Bilal. Mostrar todas las entradas

jueves, 13 de noviembre de 2014

13/11: MEMORIES

Durante aquel tórrido y fugaz romance entre Les Humanoides Associés y DC, uno de los autores que más obra publicó en EEUU fue el gran Enki Bilal. Le editaron todos los hitazos, los infaltables, y un libro que me sorprendió, por eso lo capturé: Memories, que es un compilado de los dos libros de historias cortas que habían salido en su momento en Francia. Uno de los dos libros, Memoires d´Outre-Space, ya lo tenía y es el que Norma editó en su momento como Doble Dimensión. El otro, Memoires d´Autres Temps, tiene muchísimo material que nunca había visto en libro, y además de épocas y temáticas más variadas.
Las primeras 48 páginas reúnen 8 historietas cortas, todas escritas por el propio Bilal, todas a color y todas de la segunda mitad de los ´70. Visualmente, esto se parece mucho al Bilal de las mejores colaboraciones con Pierre Christin, o sea que hay un nivel increíble. Y los guiones… bueno, son las típicas historias cortas de la Metal Hurlant, sin personajes recurrentes, con pocas páginas para desarrollar las ideas y con mucha libertad para delirar. A veces son gags largos y a veces la “trama” se diluye en una acumulación de sucesos bizarros, o de diálogos intencionalmente sobrecargados. No hay ninguna que vos digas “Ah, esto es una genialidad”, ni ninguna que vos digas “Nah, me estás faltando el respeto”. Pero hay cosas lindas, más allá del impacto de los dibujos.
Y hay más. 90 páginas más de historias cortas, muy interesantes, porque arrancan muy de atrás: acá hay historietas cortas realizadas por Bilal desde 1971, es decir desde los albores de su carrera. Y la verdad es que son trabajos que no se parecen en nada a las obras que lo consagraron. El dibujo era sucio, se notaba mucho la influencia de Philippe Druillet en las composiciones, los guiones parecían refritos de cuentos de H.P. Lovecraft… todo muy extraño. También hay gags, esas historietas muy cortitas que desembocan en un final sorpresivo y cómico, y algunas con guionistas, un poco más elaboradas. La que más me gustó de estas reliquias de principios de los ´70 es Ill-Gotten Gains, con guión de Linus, todavía dibujada (y coloreada) por un Bilal totalmente irreconocible.
También hay un par de historias escritas por Jean-Pierre Dionnet (con quien Bilal realizaría la zarpada Exterminateur 17), de las cuales una (The Omnibus to Vega) es muy graciosa. El estilo del prócer cambia mucho cuando empieza a experimentar en blanco y negro y se manda esas historietas recontra-sobrecargadas de detalles, viñetas auténticamente barrocas (cosa que en los ´70 también hacía Moebius), con unos cross-hatchings obsesivos y omnipresentes, y composiciones que ahora recuerdan más a los grabados de Gustave Doré que a las alucinaciones de Druillet. El tránsito de ese Bilal hiper-pasado de rosca al que termina de pelar su propia (y durante años definitiva) identidad visual se puede ver clarísimo en la muy reeditada Crux Universalis, una historieta con mucha impronta “moebiusera”, pero donde aparecen muchos rasgos típicos de Bilal.
Después nos quedan un puñado de historias cortas que abarcan la segunda mitad de los ´70 y principios de los ´80 (la más reciente es de 1981), una época en la que Bilal se vuelca definitivamente a las historias más extensas. En este tramo final del libro se ve el estilo más conocido del ídolo, con menos cuadros por página y con esa forma personal y majestuosa de incorporar el color. Pero además hay tres historietas muy cortas realizadas en blanco, negro y grises aplicados con tramas mecánicas, que nunca había visto y que me parecieron visualmente maravillosas. Una de ellas, Mondovision, me resultó brillante también en el guión, el rubro que quizás sea la pata más floja de esta antología.
Es obvio que si tenés que comprar UN libro de Bilal, no te vas a comprar uno de historias cortas, pudiendo elegir novelas gráficas de la calidad de la Trilogía Nikopol, o de las cosas que hizo con Pierre Christin. Pero si sos muy fan del ex-yugoslavo y lo querés ver limar en historias donde los guiones no importan demasiado, o seguir su evolución gráfica a lo largo de sus primeros 10-11 años de trabajo profesional, este es el libro de historias cortas que tenés que tener.

domingo, 30 de enero de 2011

30/ 01: LA CIUDAD QUE NUNCA EXISTIO


En general, cuando hablamos de Pierre Christin nos colgamos mucho de su hitazo, de su serie más importante, que es obviamente Valérian. Y cuando hablamos de Enki Bilal, caemos irremediablemente en la Trilogía Nikopol, o en esa cosa medio rara a la que se abocó en los últimos 10 ó 12 años. En el medio, medio perdidas entre el impacto de estos trabajos más visibles, quedan las obras que Christin y Bilal realizaron juntos en la revista Pilote entre 1975 y 1982. Con el título genérico (y no muy inspirado) de “Leyendas de Hoy”, estos dos próceres de la historieta francesa aunaron esfuerzos para cinco álbumes de temática básicamente socio-política en las que a veces se suma un elemento fantástico y en las que suele aparecer un tipo misterioso, sin nombre, del que no sabemos nada y que juega siempre un rol secundario.
De las cinco historias, hay tres perfectas: Partida de Caza, Las Falanges del Orden Negro y la que hoy nos ocupa. La Ciudad que Nunca Existió es, como aquel tomo de Groo que vimos el año pasado, un comic acerca del capitalismo salvaje y sus siniestras consecuencias en la sociedad. O en realidad arranca por ahí, para después desembocar en un dilema ético que hace temblar las convicciones de la militancia de izquierda: ¿Qué pasa si un día el capitalismo se vuelve humano y nos regala la utopía con la que siempre soñamos? Pero gratis de verdad, eh? Sin letra chiquita, sin revolución, sin derramamiento de sangre, sin nada. Equidad y justicia social, de la noche a la mañana y porque sí.
Este dilema divide a las bases de Jadencourt, un pueblo de obreros de clase baja que depende absoluta y excesivamente de un patrón. De pronto, el patrón muere y su heredera decide convertir al pueblo en la comunidad en la que los laburantes siempre quisieron vivir. Buenos salarios, educación, seguridad, salud, vivienda y dignidad para todos. ¿Dignidad? ¿Estás seguro? Georges cree que no, que si todo viene de arriba, que si la utopía te la regala la patronal, la dignidad no forma parte del combo. Su mujer, Marcelle, cree que la utopía vale la pena ser vivida, venga de quien venga. El resto parece seguir los pasos de Marcelle, hasta el final, en el que… no te puedo contar lo que pasa.
Christin se cansa de tirar argumentos que apoyan tanto a una postura como a la otra. No se queda en la bajada de línea, te invita a reflexionar sobre lo que está pasando y para eso te provee todos los datos que necesitás para evaluar razonablemente la situación. La mejor parte de la novela es la primera, la que describe los padeceres de estos humildes laburantes y la inclemencia de una patronal que se limpia el culo con ellos. El segundo tramo, convulsionado por el brutal cambio en el status quo, nos muestra a los garcas en pie de guerra, listos para activar el plan B al que siempre recurren: el sálvese quien pueda. Esta es la parte casi cómica del libro. Y el final, centrado en cómo Madelaine lleva adelante su plan, baja mucho el volúmen del conflicto, sin por eso perder ritmo ni atractivo ni tensión.
El dibujo de Bilal está lejos de su estilo actual. Trabaja con muchos más cuadros por página y con la influencia mucho más presente de Moebius. Pero definitivamente cumple con creces con lo que le pide Christin: los personajes son humanos, creíbles y reconocibles. Los paisajes son impresionantes, los climas conmueven ya sea cuando quieren transmitir el bajón de los oprimidos como cuando intentan maravillarnos con la explosión de esperanza que genera la movida de Madelaine. Ese contraste entre la gris mediocridad, entre las almas cansadas y descreídas, y el fastuoso esplendor de la nueva metrópolis es central para la trama y Bilal lo retrata a la perfección. Sin acción, ni piñas, ni sexo, ni nada, el ex-yugoslavo se banca mansito más de 50 páginas de gente que habla sin escatimar nada de su gran talento.
La Ciudad que Nunca Existió, existió. Fue uno de los tantos comics que en la segunda mitad de los ´70 cimentaron lo que hoy se conoce como Historieta para Adultos. Y además se puede leer y disfrutar perfectamente hoy, más de 30 años después, por la vigencia de los temas que toca y por el notable desempeño de dos indiscutibles que cuando trabajaban juntos ponían todo y más.