el blog de reseñas de Andrés Accorsi
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lunes, 27 de agosto de 2018

HOY, TODO ARGENTINO

Justo se dio la casualidad de que en mi pilón de “álbumes europeos” el de arriba de todo es una obra de un autor que vive en España hace mil años, pero que no se puede sacar del DNI el “nacido en Mendoza, República Argentina”.
Me refiero al maestro Juan Giménez, autor de la trilogía Yo, Dragón, cuyo tercer y último tomo me leí en una terminal de micros el otro día. El Vol.2 de esta saga lo leí el 29/04/14, con lo cual me acordaba bastante poco de la trama. Así es como la primera mitad de este álbum me resultó un poco ardua, un poco confusa. Influye también el criterio de Giménez para clavar los flashbacks (ninguno demasiado importante) en momento que no sé si eran los ideales, y por supuesto me complicó la vida el hecho de que este tramo final entrelazara los destinos de tantos personajes. Ya en la reseña del Vol.2 me habían hecho ruido los flashbacks y la forma en la que el elenco se expandía más allá de los requerimientos de la trama y en este tramo final eso se sufre un poco más.
De nuevo (como en el Vol.2), la segunda mitad del álbum se me hizo mucho más llevadera, y me pude conectar mejor con los personajes. De todos modos, siento que con un elenco más acotado, Giménez podría haberles dado más profundidad, más sustancia a cada protagonista. El tema de que haya un par de mujeres con el poder de transformarse en dragones no está del todo aprovechado, al igual que el personaje de Monseñor Fabián, que pintaba para villano grosso y termina por cumplir un rol bastante prescindible.
Entre toda esta madeja de venganzas, premoniciones, filiaciones sorprendentes, intrigas palaciegas y viejas facturas vencidas que se cobran con cuantiosos intereses, brilla con fulgor incandescente el dibujo de Juan Giménez. Bello, potente, elaborado, funcional al relato, con un color glorioso y un trabajo brutal en fondos y vestimenta, todo lo que surge del lápiz y los pinceles del maestro mendocino está pensado para cautivar al lector y premiarlo con unas maravillas gráficas que muy pocos historietistas le pueden ofrecer. Yo, Dragón no califica para obra maestra por esos altibajos en el guión, pero a nivel visual es un testimonio más que elocuente de la vigencia sempiterna de este genio del dibujo y la ilustración llamado Juan Giménez.
Otra obra de autores argentinos publicada en 2017 que me había quedado en el tintero es Alud, una novela gráfica de Cristian Blasco y Pablo Burman, los autores de Infestado, aquel librito de historias cortas reseñado el 11/12/16. A lo largo de 58 páginas, el guionista cordobés y el dibujante porteño abordan dos tópicos muy frecuentes en la historieta de aventuras: una sociedad distópica (tema que está muy de moda, por cierto) y un pibe común, que no tiene idea de nada, y un día descubre que su padre fue un muuuuy grosso… algo, y se convence de seguir sus pasos e incluso de llevar más allá la cruzada de su padre en pos de… algo. El famoso viaje iniciático tomará la forma de una quijotada épica en la que Charlie, como Chiquito Romero contra Holanda, se va a convertir en héroe.
Contado así, el argumento parece adolecer de una cierta falta de originalidad, pero a) no es tan así y b) Blasco ya demostró que incluso partiendo de premisas ya bastante transitadas puede llegar a resultados atractivos y sorprendentes. Me parece que el logro más notable de Alud es cuándo y cómo elige Blasco revelarnos la verdadera historia del padre de Charlie. El desarrollo en sí, el devenir de la aventura, es atrapante, convincente, pero el vuelo, la estocada de genialidad está (para mi gusto) en ese pase mágico con el que el guionista revela todo ese pasado oculto, que persiste en la memoria de pocos pero que le puede cambiar el futuro a muchos.
Y el dibujo de Burman… me sigue pareciendo muy raro. Impactante, muy original, y a la vez muy retorcido, muy idiosincrático, sin la voluntad de hacer ningún tipo de concesión para con el lector que quiere que le cuenten la historia de un modo cristalino, fácil de decodificar. Es una estética muy elaborada, muy sobrecargada, con una mezcla de técnicas de entintado de la que pocos dibujantes salen bien parados, y a la vez con mucha atención por los climas, por apuntalar desde lo visual las sensaciones que transmite el guión. Los personajes rara vez conservan los mismos rasgos faciales de una secuencia a otra, y la corrección anatómica no es ni a palos una prioridad para el dibujante. Me imagino esta historia en manos de otro dibujante y creo que podría haber funcionado mucho mejor con otra estética, con un dibujante que -por ejemplo- trace líneas rectas cuando aparecen carteles electrónicos en la ciudad futurista… Pero por otro lado creo que los excesos gráficos de Burman constituyen un ejercicio de sana libertad, de ganas de hacer las cosas distinto, de no ceñirse a modelos preexistentes, y además no llegan nunca a convertirse en un obstáculo para el disfrute de la trama. Si los saltos al vacío de este virtuoso pero extraño dibujante no te ahuyentan, estoy seguro de que Alud te va a resultar una muy rica lectura.
Gracias a todos los que se acercaron a saludarme en la Pergamino Comicon, y nos reencontramos pronto con nuevas reseñas, acá en el blog.

martes, 29 de abril de 2014

29/ 04: YO, DRAGON Vol.2

Segunda parte de esta serie cuyo primer tomo comentamos allá por el 27/03/12 y cuyo tercer y último tomo muy probablemente no salga nunca, porque Juan Giménez tuvo un conflicto con la editorial y abandonó este proyecto para dedicarse a otros. Ese dato no es menor, porque hoy en día, para gastarse la guita que valen estos álbumes, lo menos que uno puede pedir es que terminen las historias que empiezan. Comprar Yo, Dragón sabiendo que quedará inconclusa es un acto de militancia extrema, sólo para talibanes de Juan Giménez movidos por el afán cuasi-fetichista de tener TODAS las obras del maestro mendocino. Pero bueno, quién te dice que un día de estos se apaciguan las aguas y Giménez termina el tercer tomo, si no en la editorial donde empezó la serie, en otra.
El guión me gustó un poco menos que el de la primera parte, que me había resultado muy ganchero. Las primeras 24 páginas están plagadas de flashbacks, sobran los flashbacks, como si a Giménez se le hubiese ocurrido que –de pronto- saber todo sobre el pasado de los personajes era fundamental para poder entender la trama. Es cierto: ya desde el título, el autor sugiere que tendrá mucho peso el “libro de hierro” y, si bien no recuerdo que en el primer tomo lo nombraran, este libro tuvo un rol importante en secuencias del pasado que conviene graficar. Pero, ¿todas juntas, una atrás de otra? ¿Hacía falta? ¿No se podía dosificar esa misma información de otra manera? Por supuesto, tampoco facilita las cosas el hecho de que haya tantos personajes. Me parece que en el primer tomo estaba más claro quiénes eran los protagonistas, quiénes los secundarios, y a quiénes Giménez planeaba hacer crecer en protagonismo a lo largo de la serie. Ahora está todo más mezclado y pareciera haber siete u ocho protagonistas, mientras que ninguno de los “tapados” del Vol.1 parece crecer o aspirar a roles más destacados. ¿No se podía simplificar un poco el elenco, suprimir algunos personajes que no aportan prácticamente nada? Me parece que sí, y que eso le hubiese sumado claridad y dinamismo a este segundo tomo.
Pero claro, pasada la página 24, Giménez hace exactamente eso: la historia cobra un cauce más claro, los conflictos centrales concentran toda nuestra atención, se termina de explicitar quiénes son los malos, quiénes son los buenos, de qué juegan los dragones, y en el último tercio se viene la eliminación (inteligente, con sorpresas, sin obviedades) de varios personajes. O sea que, superado ese bajón inicial, nos esperan 32 páginas en las que la epopeya, la intriga palaciega y la acción bélica se despliegan con la fuerza que uno espera de este tipo de relatos. Para el final, uno ya se olvidó de lo mucho que le costó arrancar a este tomo y ya está de nuevo enganchadísimo, viendo a quién carajo rezarle para que alguna vez salga el Vol.3.
El dibujo de Giménez brilla con el fulgor de siempre, ahora potenciado por el hecho de que los dragones entran en acción y protagonizan secuencias espectaculares, de enorme impacto visual. La narrativa es muy sólida y resiste sin inconvenientes los embates de las doble splash-pages por un lado y de las páginas con muchísimo texto por el otro. Giménez sabe que hay mucho para explicar y que la rosca y el chamuyo tienen mucho peso en la trama, por eso opta siempre por grillas de ocho viñetas o menos, que le permiten meter en cada una de estas un montón de diálogos y bloques de texto, sin comprometer las composiciones y sin eclipsar al dibujo, que es (en esencia) lo que uno viene a buscar cuando se compra un libro del ídolo.
Mi consejo es que estés alerta: si alguna vez sale el Vol.3 de Yo, Dragón, hay que comprarlo, de una. Y completar la trilogía. Si no, si queda inconclusa, entrale a esta serie sólo si delirás MAL con Juan Giménez y necesitás una dosis periódica de los majestuosos dibujos del mendocino devenido catalán.

martes, 27 de marzo de 2012

27/ 03: YO, DRAGON Vol.1

Más de 800 días escribiendo un blog sobre comics y nunca había reseñado nada de Juan Giménez. Cuando alguno me vea por ahí, cágueme a latigazos, por favor...
La verdad es que el maestro mendocino no tenía un gran promedio en materia de obras en las que además de dibujar, escribió los guiones. Me acuerdo de Leo Roa, El Cuarto Poder, Elige tu Juego... todas historietas hermosas para mirar pero flojitas para leer. Acá, felizmente, pegó el salto. Este primer tomo de Yo, Dragón tiene todo lo necesario para seducir al lector exigente y dejarlo dispuesto a dar la vida por los dos tomos que faltan.
Lo que más me gustó es la ambientación medieval. Por ahí podrido de ser encasillado como “un maestro de la ciencia-ficción”, Giménez se tiró sin paracaídas a la epopeya medieval, con castillos, caballeros y –hasta ahora- un único elemento fantástico, que son (obvio) los dragones. El resto es todo muy real: señores feudales poderosos, caballeros valientes, cortesanos intrigantes, curas medio pasados de rosca, conspiraciones, destierros, enfermedades espantosas de esas que hoy reemplazamos con atrocidades similares tipo Radio 10, duelos, banquetes, sitios... No falta nada.
El primer tomo se toma el trabajo (bastante exhaustivo, por cierto) de presentar todo este entorno, y a un elenco protagónico compuesto por unos 9 ó 10 personajes, de los cuales tres no llegan enteros (lo cual no quiere decir que mueran) al final del tomo. Acá están casi todos los hallazgos de Giménez: en la construcción de los personajes (fuertes, bien definidos) y en la creación de situaciones que permitan la interacción entre ellos de modo razonable y creíble. Todavía no está 100% claro si algunos de los protagonistas son “buenos” o “malos” y tampoco qué rol jugarán los dragones, que hasta ahora aparecen poco y tienen poco peso en la trama. Se supone que en una saga llamada “Yo, Dragón”, su participación va a ser por lo menos relevante.
Además de presentar tooodos estos elementos, el ídolo mendocino hace avanzar un par de tramas: una tiene que ver con una pariente descastada del rey Fernando de Belmonth que quiere tomar el control del imponente castillo de Rosentall, y la otra va para el lado de un romance entre Silvia, la princesa del castillo, y el caballero Rob Bonn Magister, del cual hasta ahora sabemos bastante poco. No me extrañaría que este muchacho ocultara algún secreto heavy metal. Por supuesto hay más puntas a desarrollar, más cositas menores que pasan, o que uno intuye que están por pasar y todo está muy prolijo, muy claro, muy bien orquestado para crear un efecto dramático que capture la atención del lector.
Como sucede de vez en cuando, si Yo, Dragón en vez de un guión atractivo tuviera un mamarracho irredimible, escrito por un subnormal invertebrado que dejó su última neurona en una partida de Dungeons & Dragons allá por 1993, también habría que comprarlo. Hace más de 30 años que el dibujo de Juan Giménez justifica cualquier cosa y hace llevadero cualquier garrón que te tengas que comer a nivel guión. Acá “el Pelado” no baja ni medio cambio respecto de su trabajo más aucinante, la infinitamente grossa Casta de los Metabarones. La ambientación es otra, pero siguen ahí el laburo inhumano en espadas, armaduras, ejércitos, fondos, cuerpos y hasta vemos unas figuras humanas en acción con un dinamismo poco frecuente en las páginas de Giménez. Como siempre, el golpe letal, la fatality, nos la hace con su alucinante manejo del color, con esos engamados en los que predominan los colores fríos u opacos (marrón, gris, celeste, blanco) y cada tanto irrumpe un rojo furibundo o un amarillo descontrolado y explota la viñeta al carajo y más allá.
Hablando de viñetas, si bien este es el típico álbum francés (le pongo la etiqueta de “Argentina” de puro caradura) , no abundan las páginas de 183.000 viñetas microscópicas. Hay una de 10 viñetas y, fuera de eso, muy rara vez Giménez mete más de 7 cuadros por página. ¿Cómo hace para que en 54 páginas de no tantas viñetas pasen tantas cosas? Lo vas a tener que comprobar por vos mismo.
Yo me limito a ponerle una vela a San Jorge para que el Vol.3 salga pronto en Francia (parece que un conflicto entre la editorial y el autor lo está demorando) y para conseguir el Vol.2 (ya sea en castellano o en francés) a un precio razonable. Y a recomendar a pleno el Vol.1, obviamente.