el blog de reseñas de Andrés Accorsi
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viernes, 31 de julio de 2015

31/07: THE WORLD OF GINGER FOX

Esta es una rareza ochentosa, una novela gráfica que pasó demasiado desapercibida, quizás porque la editó Comico, un sello que hizo de todo para jugar en Primera pero jamás lo logró.
El guionista es Mike Baron, el mismo de Nexus y de la primera etapa de la revista de Flash protagonizada por Wally West. Pero es una referencia anecdótica, casi caprichosa, porque The World of Ginger Fox no tiene nada que ver con ese tipo de historias. Esta es una creación que va claramente para otro lado, ambientada en el mundo real (o casi, porque todo transcurre en Hollywood) y protagonizada por minas y tipos 100% normales, con problemas, ambiciones, adicciones, alegrías, amores y fracasos como cualquiera de nosotros.
La historia arranca cuando Ginger Fox, una joven ejecutiva, acepta ponerse al frente de una gran productora cinematográfica que, después de varias décadas de gloria, se está por ir al descenso. Ginger tiene que lograr sacar a flote a la empresa, lograr que se terminen y se estrenen las películas que pueden llegar a ser un éxito y frenar las que huelen a fiambre antes de que den más pérdidas. La aventura está ahí, en ese vértigo de toma de decisiones, y obviamente en las presiones que va a recibir Ginger de todas partes, porque es obvio que se largó a nadar en un océano infestado de tiburones con menos pruritos que los economistas del PRO.
Baron se las ingenia para conservar un clima de comedia, distendido, repleto de diálogos ingeniosos, y a la vez introduce elementos románticos, rosca política entre empresarios y varias escenas de acción. Todo esto, sumado a la cantidad de data que maneja el guionista acerca de quién, cómo y por qué toma las decisiones en las grandes productoras de cine, arman un combo que te entretiene muchísimo a lo largo de 62 páginas en las que el ritmo jamás decae. ¿Ni siquiera cuando se discuten cláusulas contractuales y presupuestos? Creeme que no, que Baron logra que esas conversaciones también sean muy interesantes.
El dibujo está a cargo de Mitch O´Connell, un artista muy notable que tuvo su mini-momento de chapa en los comics de mediados de los ´80, pero rápidamente se volcó a la ilustración editorial, donde hoy es un referente a nivel mundial. Una lástima que O´Connell no haya seguido su carrera como historietista, porque la verdad que, además de la belleza y la frescura de su trazo, tenía un inmenso talento para la narrativa gráfica. En esta novela hay unas puestas en página muy atractivas, en las que O´Connell probaba variantes que en 1986-87 no eran para nada frecuentes. El juego de la espacialidad, la ornamentación en los fondos (incluso cuando no dibuja los fondos), el dinamismo en los enfoques… acá hay mucho para descubrir y aprender.
La línea en sí es preciosa, es una especie de Steve Rude sin las masas de negro, con primeros planos de las chicas que parecen de comics románticos de los ´60 y un clima de sofisticación medio irónica perfectamente logrado. Además el dibujante la rompe cuando tiene que jugar a las resemblanzas y mostrarnos (a veces en los fondos, o en escenas en las que aparecen 350 personajes) a actores reales, a los que uno reconoce de inmediato (Clint Eastwood, Jack Nicholson, Meryl Streep, Don Johnson, etc.). Estamos frente a un trabajo gráficamente precioso y narrativamente adelantado a su época.
Repito: esto pasó bastante desapercibido, lo cual significa que quizás nunca se haya publicado en castellano y que –también quizás- la edición original yanki todavía se consiga por monedas. Si sos fan de Mike Baron, si venís del palo de la ilustración y venerás a Mitch O´Connell, o si simplemente querés descubrir una muy buena historia que se nutre del backstage del Hollywood de los ´80, el mundo de Ginger Fox te va a resultar un lugar sumamente placentero.

miércoles, 3 de febrero de 2010

03/ 02: NEXUS: SPACE OPERA


¿Viste cuando te reencontrás con un amigo al que hacía mil que no veías, e instintivamente le tirás el famoso “Boludo, estás iguaaaal!”? En el 95% de los casos, le mentís descaradamente, porque el tipo está muy gordo, o consumido, o todo canoso, o pelado, y cuando sonríe, o le sobran arrugas o le faltan dientes… Los años pasan rápido y el deterioro al que nos someten es más despiadado que Darkseid en un mal día.
Por suerte esa ley no se aplica a los comics. Allá por 1997, algún cráneo de Dark Horse decidió que ya no era rentable encargarle nuevos episodios de Nexus a Mike Baron y Steve Rude, y la legendaria serie (vigente desde 1981) pasó al limbo de las ocasionales reediciones de sagas clásicas. Rude se la bancó a lo macho: se fue a Marvel, donde trabajó cinco años y levantó tanta guita, que en 2004 se puso su propia editorial. En 2006 arrancó, tranquilito y sin ningún apuro, la que se anunció como la saga final de Nexus y en 2009 Space Opera estaba terminada y recopilada en un hermoso TPB, editado por “The Dude”. Pasaron 12 años de la última vez que leí un comic de Nexus, y la verdad es que este viejo amigo está intacto.
Para evitar confusiones, siempre es importante aclarar que Nexus NO ES un comic de superhéroes. Hay un tipo enmascarado con poderes, pero hasta ahí llega la cosa. Nexus es un comic 100% político que trata de la utopía, de cómo se construye la sociedad ideal. Quién la gobierna, quién se encarga de que nadie vulnere los derechos del vecino, quién la financia. La Justicia es un tema importante, como lo es la Economía, o las Relaciones Internacionales (en este caso, interplanetarias). Y para hacerlo más interesante, está ambientado 500 años en el futuro, o sea, enrolado también en lo que conocemos como ciencia-ficción. Hay naves, increíbles razas alienígenas, chistes de Star Trek y miles de referencias a la cultura pop del Siglo XX, que parece haber llegado a los tiempos de Nexus un poco trastocada, como pasada por el filtro de alguien que se drogaba mucho.
Y además hay un montón de conflictos humanos. Casi todos giran en torno al protagonista, Horatio Hellpop, que en sus años de justiciero juntó tanta chapa, que ahora es el presidente del planeta Ylum (se pronuncia “ailum”), ese intento de utopía donde transcurre la serie. Claro que acá Horatio está más vulnerable que nunca: Ylum está al borde de la guerra civil y su mujer, Sundra, acaba de dar a luz a su hijito Harry, blanco fácil para todos los que quieren eliminar a Nexus por razones políticas, económicas, religiosas o simplemente en venganza porque éste les boleteó a algún familiar. Con esa consigna, Baron y Rude se adentran en las 93 páginas que cierran (al menos por ahora) la ilustre saga de Nexus. Por supuesto, están llenas de vértigo, emoción, runfla política, tiros, explosiones, conspiraciones y muerte. Los autores se cargan a varios personajes importantes, pero suman un par nuevos, que estaría buenísimo volver a ver.
Esto es clásico en todo sentido. No sólo porque Rude dibuja como los maestros del comic de aventuras de mediados del siglo pasado. También porque el ritmo narrativo es el de los ´80: en cada página pasan más cosas que en números completos de algunas series actuales, y el Dude se banca meter miles de viñetas en cada una, y dibujarlas todas como los dioses. Baron tiene la ventaja de que el lector conoce a los personajes y las situaciones hace décadas. No hace falta crear climas, ni presentar a todos esos bichos. A lo sumo, refrescar un poco algún dato, y después dedicarse a mechar todos esos diálogos fabulosamente inverosímiles, sutilmente paródicos, elegantemente desopilantes. Y cuando hay que hablar en serio, Baron demuestra que lo suyo ES la política y pela debates entre las facciones enfrentadas (muchas veces manipulados por una corporación mediática que responde a sus propios intereses) de una lucidez asombrosa para una obra de ficción.
Cierra el libro una historia corta acerca de la breve carrera de Sundra en la política de los EEUU, donde Baron da cátedra de mala leche y Rude pela su estilo más cercano a la ilustración, con resultados insuperables.
Bueno, che, un gustazo verte bien. Nos vemos pronto, dale? Que no se corte!