el blog de reseñas de Andrés Accorsi
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martes, 1 de mayo de 2018

OTRO TRIPLETE

Y otro feriado que aprovecho para ponerme al día con las reseñas…
Arranco en Francia, en 1996, cuando Thierry Cailleteau forma equipo con Denis Bajram para lanzar Cryozone, un comic de ciencia-ficción lanzado originalmente en dos álbumes de 46 páginas y editados en España en un único tomo por el sello 001. El argumento parte de una base muy interesante, que es la misma que vimos en 2016 en la película Passengers (esa en la que garchan Starlord y Mystique): una gigantesca nave terrestre que surca el espacio en un viaje de varios años luz rumbo a un nuevo planeta, llevando a miles de colonos criogenados, para que no mueran de viejos durante el viaje. Una falla técnica, gente que debería seguir dormida durante décadas pero se despierta de repente y un bolonki totalmente imprevisto. Hasta ahí, las similitudes entre este comic y la película que apareció 20 años después…
Cryozone tiene muchas más pretensiones de epopeya, y un clima mucho más de thriller. En buena medida porque los que despiertan de golpe, sin atravesar los procedimientos prescriptos para estos casos… se convierten en zombies. O sea que básicamente, tenemos un Apocalipsis zombie en un gran transbordador espacial lleno de gente. El planteo es interesante, hay una bajada de línea muy piola (“los malos” son una mega-empresa a la que la vida de esas miles de personas no puede importarle menos), el dibujo de Bajram cumple dignamente (sin ser un virtuoso, ni un distinto, ni un genio, ni nada), y el gran problema que tiene Cryozone es que Cailleteau se va al carajo con los diálogos.
Las viñetas se ven copadas por enormes globos de diálogo, donde leemos extensas explicaciones, debates, conjeturas… Un poquito está bien, pero en esas cantidades, lo que logra Cailleteau es que, ni bien te cae la ficha de por qué pasa lo que pasa, te empieces a saltear esos masacotes de texto, sin los cuales tambièn se entiende (y se disfruta) la historia. De hecho, cuando Cailleteau encuentra la forma de que sea la acción la que hace avanzar la trama, Cryozone muestra un muy buen ritmo, potenciado por escenas muy violentas, de un impacto infrecuente en el comic franco-belga. Al final, los autores deciden que tienen que ganar los buenos, y la trama pega una voltereta medio inconsistente, pero bueno… tampoco es un delirio, estamos hablando de una historia con zombies en el espacio exterior… Para pasar un rato, no está mal.
Salto acá cerca, a Chile, donde en 2011 aparece un libro muy voluminoso, que recopila todos los números de la revista Informe Meteoro (publicados entre 2005 y 2008), junto a bastante material inédito. El subtítulo del libro es “Crónicas del Reino de Chile” y ahí está su talón de Aquiles: las historietas son breves comedias, algunas muy bizarras, en general bastante ingeniosas, en las que un chileno común y corriente convive con dos alienígenas, y juntos comentan o se involucran en temas entroncados en la actualidad del país vecino, en los años en cuestión. O sea que todo el tiempo se suceden las referencias a la política, la sociedad, el deporte, la cultura y la farándula chilenos de 2005-2008, referencias que uno en su mayoría desconoce. Esto le resta mucha gracia a los chistes y hace que algunos episodios se vuelvan directamente crípticos.
Lo más interesante que tiene este libro es que funciona como catálogo de autores. Los creadores de Informe Meteoro, los que delinearon la historia básica de Aldo, Yelson y Lomax, son Esteban Chacón y Huicha. Pero hay muchísimas historietas en las que no participan ninguno de los dos, y todos los autores que meten mano aprovechan la posibilidad de dibujar a los personajes con total libertad, en estilos muy distintos. Así, la faz gráfica del libro resulta muy cambiante, con algunos momentos muy altos. Cada vez que dibuja Huicha, el nivel gráfico sube notablemente. Pobre flaco, se fuma guiones repletos de texto, que lo obligan a meter muchas viñetas chiquitas, sobrepasadas de globos. Pero ese trazo perfecto, con reminiscencias de Moebius, le permite salir airoso. Después aparece Nico Silva y destruye todo: este dibujante es un verdadero genio, con un trazo más cercano al de Robert Crumb y un talento narrativo descomunal. Y completa el podio Ítalo Ahumada, una bestia del estilo académico-realista, a quien ya nos cruzamos en varias publicaciones chilenas reseñadas en el blog. Otros dibujantes que me gustaron mucho son Gatón, Grotesco (una especie de Ernán Cirianni trasandino) y Traslaviña, un mash-up perfecto entre Jim Davis y Skip Williamson.
Y termino en Argentina, donde en 2017 se editó el segundo álbum de Max Hell, la galardonada creación de Guillermo Höhn y Pablo Tambuscio apuntada al público infantil. Hace poco más de un año (el 25/03/17) comentábamos el Vol.1, y la verdad es que es poco lo que hay para agregar. La trama avanza a un ritmo muy ganchero, sin tropiezos ni volantazos bizarros, y si hubo algo que me llamó la atención fue el diseño de personajes. Este era un rubro en el que Tambuscio me sorprendió muy gratamente cuando leí el Vol.1, y que esta vez mejora aún más, para alcanzar un nivel realmente superlativo. Una muy linda lectura para compartir con los más chicos, sean hijos, sobrinos, ahijados o mascotas bípedas.
Y hasta acá llegamos. Ni bien tenga más material leído, se vienen nuevas reseñas, acá en el blog. Por suerte ya tengo solucionado el problema de la computadora, con lo cual ya estamos subiendo contenidos tanto al sitio web de Comiqueando como a nuestro canal de YouTube. Gracias por el aguante y hasta pronto!

sábado, 25 de marzo de 2017

VAMOS CON OTRAS TRES

Como durante buena parte de 2016, esta vez se me acumularon tres libros para reseñar.
Arranco con Reptilia, uno de los mangas más antiguos de Kazuo Umezu, el maestro definitivo del manga de terror. Son tres historietas de distinta extensión, todas publicadas originalmente entre 1965 y 1966 y conectadas entre sí por la presencia de una misma criatura maligna: la mujer serpiente. Entre las tres historias suman más de 300 páginas… y la verdad que se hacen difíciles de digerir.
A ver, esto no es horrible. Es anticuado. Los argumentos son flojos, con recursos imposibles, los diálogos son paupérrimos, el dibujo está muy por debajo de lo que veremos en obras posteriores de Umezu… No me pareció desastroso por dos motivos: por un lado el excelente flujo narrativo que propone el autor, que de alguna manera logra que la historia te enganche; y por el otro el clima que logra conjurar, un clima ominoso, tortuoso, muy tenso a pesar de que por momentos es todo tan bizarro que no sabés si ponerte nervioso o cagarte de risa. A mí casi todo el tiempo me puso nervioso. Sin tramas mecánicas, sólo con el blanco y el negro de su pincel y su plumín, Umezu define un mundo muy enroscado (es lógico, son víboras), muy cerrado en sí mismo, donde no hay lugar para virtuosismos porque hasta el último trazo está puesto en función de lograr ese clima que destacaba yo recién y que es uno de los pocos elementos que rescatan a Reptilia del abismo de la intrascendencia. Por suerte tengo sin leer otras obras de Umezu, así que volveré a buscar revancha.
Me voy a Canadá a 2007, cuando Drawn & Quarterly publica Albert and the Others, que en pocos minutos se convirtió en mi obra favorita del gran Guy Delisle. Se trata de 26 historias cortas, de entre una y siete páginas, protagonizadas por señores de los que sólo conocemos el nombre de pila. Cada uno empieza con una letra: Albert, Bernard, Christophe… y así hasta llegar a Zoltan.
Las 26 historias son mudas y están todas estructuradas en una grilla de 15 viñetas muy chiquitas, no muy distinto a lo que planteaba Lewis Trondheim en Génesis Apocalípticos (ver reseña del 16/09/14). La grilla inamovible y el trazo de Delisle le dan homogeneidad a los 26 relatos, que no tienen ninguna conexión entre sí. Algunos son más limados, otros van hacia un humor de comedia física, algunos tienen un cierto trasfondo más social y otros (generalmente los de una sóla página) son más zarpados a nivel guarangada. Delisle no sólo la rompe en el control molecular de la narrativa: estas pequeñas pantomimas le permiten también demostrar su fenomenal manejo del lenguaje gestual y corporal de los personajes, asombrarnos con los giros impredecibles de los argumentos, y además demostrar que no necesita reflejar realidades socio-políticas de países remotos para narrar historias geniales. Acá hay un par de historias cortitas, sin textos, sin siquiera onomatopeyas, con un dibujo hiper-minimalista, y que son gemas, pequeñas piedras preciosas que ya querrían haber escrito los guionistas más grosos que te puedas imaginar. Si nunca leíste nada de Delisle, no saques pasaje a China, Israel o Birmania. Arrancá por acá y descubrí al canadiense en un nivel sencillamente inverosímil.
Y termino acá en Argentina, en 2016, con la primera aventura de Max Hell, que marca (creo) el debut como guionista de Guillermo Höhn, en equipo con Pablo Tambuscio, a quien conocimos en las antologías de la Liga del Mal. Este es un comic de poquísimas pretensiones: 50 páginas con pocas viñetas por página (hay sólo dos con más de siete cuadros, el resto siempre de 5 para abajo), un argumento simple, lineal, un esfuerzo del guionista por presentar correctamente a los personajes y sobre todo por transmitirnos la sensación de maravilla que experimentan Max y sus amigos al recorrer el planeta en el que transcurre casi toda la aventura. Una aventura muy ganchera para los chicos que miran los dibujos animados actuales de Cartoon Network o Disney XD, con buen ritmo, algunos diálogos ingeniosos y una puntita astutamente abierta para resolver en la entrega que viene, aparentemente este año.
El dibujo de Tambuscio es excelente, 100% puesto al servicio de la historia, con variedad de enfoques, de climas, unos fondos magníficos, un diseño de personajes exquisito y una paleta de colores que logra impactar sin caer en la estridencia. Se nota que este muchacho la tiene muy clara en materia de ilustración de libros infantiles y supo poner ese talento sobre el tablero a la hora de encarar una historieta más extensa que las que le habíamos visto hasta la fecha. Si tenés pibes menores de 10-11 años (pueden ser ahijados, sobrinos o mascotas bípedas), llevales Max Hell, quedá como un duque y de paso leelo y flasheá un rato vos también.
Gracias por el aguante y nos rencontramos ni bien tenga más libros leídos.