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sábado, 28 de febrero de 2026
POR FIN DE VUELTA
Se viene posteo largo, en parte para compensar los muchos días que hace que no subo reseñas al blog.
Terminé de leer todo el material de historieta argentina publicado en 2025 que me interesó como para capturarlo en formato físico. El último libro fue un cuasi-clásico ochentoso, Husmeante, una obra de Carlos Trillo y Cacho Mandrafina menor en el contexto de la bibliografía compartida por ambos próceres, pero no carente de un cierto encanto. Cuando la descubrí de pibe me encantaron los guiones, pero ahora me quedo definitivamente con los dibujos de Mandrafina como principal atractivo de Husmeante. Acá se ve a un dibujante muy comprometido con las historias, que seguramente se divertía un montón a la hora de traducir en líneas y manchas las ideas y los textos de su compañero. El maestro Ariel Avilez proponía imaginar que Husmeante transcurre en el mismo universo que Morgan, otra historieta dibujada por Cacho en los ´80 (aunque sobre el final de la década), con clima detectivesco/ hard boiled y ambientada en un futuro no tan lejano, donde además de una tremenda desigualdad social tenemos mutaciones físicas grotescas en buena parte de las personas que habitan estas mega-urbes. Me cerró totalmente la idea, aunque en la comparación con Husmeante, los dibujos de Morgan casi dan lástima. Evidentemente, aquella serie escrita por Robin Wood generaba menos entusiasmo en Mandrafina, o se realizó a un ritmo que no le permitía ponerle la dedicación, la imaginación y la jerarquía que puede verse en estas páginas.
Los mejores guiones de Trillo en esta serie merecen una ovación especial, porque son historias planteadas y resueltas en solo cinco páginas, lo cual es casi imposible. Ya vimos (por ejemplo) en Buscavidas y Las Puertitas del Señor López que a Trillo el tema de los espacios acotados no lo condicionaba para nada a la hora de despachar buenas historias, y acá, en varios de los nueve relatos que componen la serie (originalmente realizada entre 1982 y 1983) vamos a tener tramas sólidas, vueltas de tuerca impredecibles y resoluciones muy satisfactorias. Y en otros (por suerte no muchos) historias intrascendentes, ideas remanidas o chistes bobos estirados para que duren cinco páginas. Para bien y para mal, Husmeante es una serie a la que se le nota mucho la fecha de nacimiento: varios de los guiones de Trillo giran en torno a los dos temas que recién en 1982 se podían explorar en la historieta sin miedo a ir en cana (o algo peor), que son la política y el sexo. Husmeante está realizada al calor del destape post-guerra de Malvinas, cuando la dictadura militar ya no tenía resto para perseguir ni reprimir a nadie y la serie aprovecha a pleno ese nuevo aire de libertad. No quiero decir con esto que los resultados de intensificar las dosis de sexo y política sean geniales, para nada. Varias de las mejores historias del tomo son hard boiled clásico, sin un peso real de estos elementos, pero sin dudas son temas que a Trillo siempre le interesaron y que acá están puestos sin tapujos arriba de la mesa, siempre vistos a través de ese prisma sarcástico tan típico del guionista.
Para completar 64 páginas y no quedar muy raquítico, el tomito de Historieteca tiene un montón de extras, entre los que se destaca la gloriosa "Los Héroes Están Cansados", emblemática historieta que Carlos y Cacho aportaron al nº1 de SuperHum® y que ya se había incluido también en la recopilación de Peter Kampf lo Sabía, otro clásico notable de la dupla. En síntesis, Husmeante es un trabajo quintaesencialmente ochentoso, que conserva aún hoy algo de su atractivo, y que los fans de Trillo y Mandrafina seguramente querrán tener en sus bibliotecas, ahora que vuelve a circular en una edición cuidada y accesible.
El verdadero culpable de los muchos días que tardé en volver a postear en el blog es el maestro Timothy Truman. Estuve miles de horas enfrascado en la lectura de Wilderness: The True Story of Simon Girty, the Renegade, un librazo que recopila dos novelas gráficas realizadas por Truman en los albores de los años ´90. Se trata de un comic histórico, con muchísimo texto, en el que Truman demuestra haber investigado a fondo no solo la vida de Simon Girty, sino también la época en la que vivió (1741-1818). Yo nunca le había dado mucha bola a esa etapa de la historia de Estados Unidos, siempre fui más fan de la Guerra de Secesión, pero contada por Truman, me resultó una época fascinante, repleta de emociones fuertes. No me quiero poner a explicar todo el contexto histórico de la novela, porque es el núcleo mismo del laburazo que se mandó Truman. Simplemente contar que Simon Girty fue una figura clave para un proceso que en EEUU se desarrolló varias décadas antes que en Sudamérica, que es el embate de los descendientes de europeos contra los pueblos originarios para apoderarse de sus tierras en nombre del progreso. En EEUU esta guerra no fue menos salvaje que en Argentina, por ejemplo, pero sí mucho más temprana, al punto que varios de los combates más zarpados contra los aborígenes se libraron cuando los yankis todavía no se habían sacado de encima a los realistas, es decir, a los ejércitos que intentaban restaurar el dominio colonial de la corona británica sobre estos territorios.
O sea que tenemos dos bandos de "caras pálidas" (ingleses y yankis) enfrentados entre sí y a su vez con los indios, en un complejo equilibrio de alianzas y traiciones que Truman explica a la perfección, con sus marchas y contramarchas a lo largo de varias décadas. Y sí, Wilderness tiene mucho texto, tira mucha data (otra vez aparece -como en From Hell- la obsesión del historietista que estudió demasiado a fondo un tema y lo quiere demostrar), pero no se hace aburrida porque está escrita a un ritmo intenso, atrapante, porque lo que cuenta es interesante, y porque Truman te destroza en mil pedazos con los dibujos, que son una gloria, sobre todo en la segunda mitad, cuando las tramas mecánicas le disputan el protagonismo a las manchas negras. Como siempre, el dibujo de Truman evidencia algunas fallas cuando enfoca muy de cerca los rostros de los personajes, y cuando los toma muy de lejos, y los define con poquísimos trazos, también hay anatomías que hacen un poquito de ruido. Pero los planos medios, las viñetas resueltas con cuerpos enteros, o las viñetas en las que no hay personajes sino paisajes, son de una belleza indescriptible. Sin hablar del trabajo monumental en la documentación histórica, que reproduce con rigor lugares, armas, vestimentas, carruajes y un largo etcétera.
En un momento, la historia de Simon Girty intersecta incluso con la de Tecumseh, que (como vimos acá el 22/02/22) también apasiona al creador de Grimjack y Scout. Un motivo más para considerar a Wilderness una pieza clave en la bibliografía de Truman. Como las novelas gráficas de temática histórica de -por ejemplo- Lautaro Fiszman, Wilderness narra sucesos de una violencia y una crueldad que hoy nos resultan inadmisibles, pero en aquella época eran moneda corriente. Y Truman acierta al no juzgar a estos hombres atrapados por esta vorágine de violencia y agresión permanente, que en su mayoría terminan cagados a tiros o arruinados por el alcoholismo. Sin dudas, si te interesa la historieta como un vehículo válido para estudiar Historia, este libro te va a volar la peluca, o a hacharte el cuero cabelludo con un tomahawk.
Y tengo leído un tercer librito, pero mejor lo dejo para la próxima, así no aburro con tanta sanata. Gracias por el aguante y no dejen de visitar el canal de YouTube de Comiqueando, que este miércoles estrenamos programa nuevo, como parte de los festejos de los 10 años en esa plataforma. Como dicen los profesores mala onda del secundario, "nos vemos en Marzo".
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miércoles, 18 de febrero de 2026
¿LÚRCOLES O MIERNES?
Me cuesta definir qué día es hoy, porque el finde extra-large me desarmó por completo los horarios, las rutinas y la vida misma. Pero dentro del frenesí, algo pude leer y es hora de reseñar esas historietas.
En los últimos meses de 2025 en Argentina aparecieron nuevas ediciones de un clásico de Alberto Breccia (El Dorado), un clásico de Carlos Trillo (El Husmeante) y un clásico de Alberto Breccia y Carlos Trillo, que es el que quiero comentar hoy. Viajero de Gris (conocida en España como "Los Ojos y la Mente") es una serie breve que Carlos y el Viejo realizaron entre 1978 y 1980, de manera muy esporádica, mientras hacían otro montón de cosas. Son apenas seis episodios, de los cuales uno solo tiene 14 páginas y los restantes, 12. Originalmente aparecida en las revistas de Ediciones Record, nunca había tenido una recopilación en nuestro país, y ahora Black Cat y Utopía se hicieron cargo de propiciar este reencuentro entre la obra y los lectores.
La idea de que Viajero de Gris sea una serie es medio un engaña-pichanga. Cada episodio cuenta una historia totalmente distinta, ambientada en distinta época y distinto lugar, y cada una se resuelve de manera perfectamente autoconclusiva. Para que haya un factor común (no un hilo conductor) a los autores se les ocurre que Cornelius Dark, un tipo que está preso supuestamente hace mucho tiempo, tenga el "superpoder" de viajar con la mente a estos escenarios temporal y geográficamente lejanos, y materializarse fuera de la cárcel para formar parte (generalmente en roles menores) de estas breves aventuras. Las historias no se parecen nada entre sí. Algunas son épicas, otras son muy chiquitas, casi íntimas. Algunas son tragedias y la última, por ejemplo, es una comedia. Creo que la que más me gustó es la que protagoniza Vincent Van Gogh, porque soy fan del pintor y porque cuando estuve en Francia (en 2023) tuve la suerte de visitar la ciudad de Arles, que es donde transcurre la historia.
No es que Alberto se esfuerce demasiado por recrear visualmente la ciudad con algún grado de realismo. Ni a palos. Acá el Viejo trabaja con mucha libertad y, si bien no es un dibujo 100% experimental, hace cosas que en las otras historietas que publicaba Record en 1980 no se veían ni en sueños. Breccia pela un claroscuro extremo (con imágenes que Frank Miller se afanaría a mano armada años después, en That Yellow Bastard) y lo hace convivir con viñetas en las que las tonalidades de gris tienen un peso enorme, con texturas imposibles, con collage, con fotos retocadas, con figuras resueltas con una línea de pincel finísima, con aguadas... Una diversidad de recursos gráficos absolutamente demoledora, todos empleados de manera magistral por el Más Grande para lograr climas opresivos, momentos emotivos, momentos en los que la acción se vuelve vertiginosa (en contraste con las secuencias en las que solo vemos presos encerrados en sus celdas) y hasta para mostrar mujeres bellas y sensuales, algo infrecuente en la obra de Alberto.
Viajero de Gris está en el medio: no es tan pochoclera como Nadie ni tan ambiciosa como Buscavidas. Es un libro que te ofrece (ni más ni menos) seis muy buenos relatos cortos, con la mirada aguda y picante de Trillo y el estallido casi pictórico de un Viejo Breccia que le ponía belleza incluso a lo grotesco y lo atroz. Muy recomendable.
Me voy a Francia, año 2022, cuando se publica en álbum La Porte de l´Univers, una obra del maestro Daniel Goossens, bestial historietista poco traducido al habla hispana. Goossens es una mezcla entre François Boucq y Blutch, un mago absoluto que puede modificar su trazo cuando quiere para meter homenajes a Moebius, a Hugo Pratt, a Philippe Druillet, a Lucky Luke, a Tintin, o para adoptar un estilo absolutamente humorístico. Por momentos me hizo acordar al Juan Sáenz Valiente de La Sudestada, por la forma en la que -sin sacarle el culo a la jeringa del realismo- logra incorporar personajes con rasgos muy caricaturescos que no desentonan para nada con los que parecen más basados en fotos, o en personas reales.
Con una narrativa muy ágil, Goossens nos cuenta la historia de Robert Cognard, un señor de unos 70-75 años que supo ser uno de los grandes actores cómicos de su generación, de la época en la que la gente se reía de otras cosas. Pero ahora el humor de Cognard resulta desubicado y a medida que su viabilidad comercial como artista disminuye, crece en él un resentimiento que lo va a consumir. Como aquel querido Patito Saubón de Carlos Nine, Cognard se va a volver un enajenado, que se subleva a su condición de "ex-famoso" y se vuelve un tipo intratable, que no para de bajar línea, de confrontar y de exigir la atención que el público ya no le brinda. Hasta ahí, esto parece una tragicomedia. Pero hay más.
Bizarros volantazos del guion llevarán a Robert a estar recluido en una base militar de Estados Unidos y más tarde a tripular un cohete que lo llevará a "la puerta del universo" (de ahí el título del álbum) donde tendrá la oportunidad de volver al éxito como actor cómico, pero sobre todo de dialogar con Dios, en la mejor secuencia del libro. Esas siete páginas de la conversación entre Cognard y Dios son (además de un delirio) una genialidad. Además del gastado debate acerca de los límites del humor, de cómo el concepto de "lo gracioso" cambia según las épocas y demás, Goossens se anima a incursionar en debates más filosóficos, más profundos, sin dejar de hacerse cargo de lo disparatado de las situaciones que nos presenta. Y probablemente ese sea el mayor mérito de La Porte de l´Univers. Goossens tiene una larga trayectoria y una cantidad zarpada de álbumes, así que ni bien vea algún otro, intentaré capturarlo.
Y hasta acá llegamos, por hoy. Mil gracias por el aguante y nos reencontramos pronto con nuevas reseñas, acá en el blog.
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domingo, 4 de enero de 2026
LECTURAS DE DOMINGO
Acá estamos, con un par de libros más para reseñar.
En 2025 se recopiló en Argentina una serie menor de Carlos Trillo, llamada Historia de la Vida de Arcabuz, que había aparecido en las antologías italianas en 1995, y en una revista de Columba, en esa misma época y a todo color. Los dibujos están a cargo de un correcto Fabián Slongo, un dibujante versátil, de gran precisión a la hora de dibujar edificios (no me sorprendería que fuera arquitecto), y cuyos personajes se inscriben en la estética de Alberto Dose, o del Eduardo Risso pre-Frank Miller, el de Caín y Fulú. A eso, Slongo le agrega una buena dosis de detalles, logrados con una rotring bien finita, al estilo de los mejores trabajos de Milo Manara. Ojo, no estoy diciendo que esto esté al nivel de un comic de Manara, Risso, o Dose, simplemente quiero trazar la "genealogía" del estilo en el que trabaja Slongo en estas páginas. La narrativa está muy bien, con buenas secuencias mudas y recursos idóneos para que no nos aburramos en las páginas en las que solo hay gente que habla (y a veces habla mucho).
Y considero a Arcabuz una "serie menor" no por el desempeño de Slongo, sino por su corta duración (70 páginas) y por la escasa ambición de los guiones de Trillo. Esto está pensado como un mero divertimento, como producción comercial para llenar páginas de las revistas italianas sin mayores pretensiones. No está mal, no es una berretada, pero todos sabemos que Trillo podía escribir cosas mucho mejores. Acá se dedica a replicar la onda de los relatos picarescos tan típicos de la literatura española de los Siglos XVI y XVII, a través de un personaje cuyas motivaciones son vivir de arriba, comer y tomar contacto carnal con una piba que le hace zumbar la entrepierna (y ya que estamos, con un par más). Las historias de Arcabuz tienen un componente sexual (por momentos sexópata) bastante marcado, que no sé si habrá pasado los controles de Columba, o si alguien en la extinta editorial se habrá encargado de censurar las escenas más picantes. En general, las obras que hace 30 años buscaban hacer reir o sonreir al lector apelando a la temática sexual, hoy huelen a naftalina, a rancio. Historia de la Vida de Arcabuz no es para nada la excepción, y por suerte tiene otros atractivos además de ver cómo el protagonista hace lo imposible por voltearse a la joven Gregoria.
A grandes rasgos, tenemos una comedia entretenida, que saca buen provecho de su ambientación histórica (todo transcurre en Perú, en la época en que era colonia española) y que no pierde la oportunidad de bajar línea contra los aristócratas garcas, los curas chantas y demás figuras de autoridad de aquel entonces. Pero no te vas a encontrar con nada realmente impactante, que haga imprescindible sumar este libro a tu biblioteca. Si sos fan termo y/o completista de la obra de Trillo, obviamente no lo dejes pasar. Y si no, la verdad que no creo que te aporte más que media horita/ 40 minutos de diversión pasatista.
Me voy a Estados Unidos, año 2021, cuando Image recopila en tapa blanda la serie The Fade Out, magnífica colaboración entre los maestros Ed Brubaker y Sean Phillips. Esto es una bomba, de verdad. 400 páginas sin desperdicio, sin relleno, con una trama compleja, que se nutre de su entorno y su época (Hollywood, año 1948) de una manera brillante y que está poblada de personajes tridimensionales (algunos tomados de la vida real) a los que vemos desarrollarse y ganar relieve a medida que avanza la serie.
En ese "entretiempo" entre la Segunda Guerra Mundial y la Guerra Fría, Brubaker encuentra la forma de que ambos sucesos jueguen a su favor: tenemos a un protagonista todavía traumado por lo que vio (e hizo) cuando le tocó ir a pelear a Alemania, y ya está activo el FBI de J. Edgar Hoover, buscando comunistas para ponerlos en la lista negra y que no trabajen nunca más. Y estamos en Hollywood, así que tenemos también actores, actrices, directores, guionistas y otra vertiente de los aristócratas garcas: los dueños de los estudios cinematográficos, con el poder y la impunidad para abusar -en todos los sentidos imaginables- de sus empleados. Entre borracheras, jazz, cigarrillos y orgías, aparece un crimen y cuando esto sucede, la búsqueda de la verdad se convierte en un peligro. De eso se trata The Fade Out: de buscar la verdad en un submundo que vive de vender ilusiones, fantasías... mentiras. Brubaker demuestra un conocimiento profundo de lo que era la industria del cine en aquella época y no deja sin explotar ninguna de las posibilidades dramáticas que esta le ofrece. Así urde una historia amarga, violenta, teñida de sexo, sangre, ambición y persecución ideológica, y a la vez llena de data, como si fuera un documental sobre el Hollywood de fines de los ´40.
Por supuesto, esto se ve y se siente real gracias al enorme trabajo de Sean Phillips a la hora de reproducir hasta los más mínimos detalles de aquella época. Secundado por una inspiradísima Elizabeth Breitweiser en el color, Phillips ensaya varios cambios de estilo: por momentos adopta un realismo casi fotográfico (como vemos en la portada del libro), por momentos se va hacia un registro más pictórico, más "Bill Sienkiewicz de los ´80", y casi toda la obra está dibujada en su estilo más reconocible, el que aparece en sus otros trabajos en colaboración con Brubaker. Esa sensación de amargura, de dramatismo, de acumulación de golpes e injusticias, aparece con fuerza en los dibujos del británico, superpuesta al rigor documental y al brillo y el glamour que asociamos a las estrellas de Hollywood de los años ´40. Además, Phillips encuentra rasgos distintivos y únicos para los... 15 o 16 personajes con peso en la trama, un logro no menor, que ayuda a que el lector se enganche con el relato.
Ya está, no quiero sanatear más. Quiero que tod@s l@s que leyeron esta reseña corran a leer (o releer) The Fade Out, porque realmente es un comic para adultos de una calidad infrecuente.
Y hablando de calidad infrecuente, para aquellos que quieren leer más, saber más y entender mejor el mundo de los comics, tenemos en https://comiqueandoshop.blogspot.com/ un nuevo número de la Comiqueando Digital, que se puede descargar por muy poquita plata y disfrutar desde cualquier dispositivo con la sola condición de entender castellano. Un laburo monumental, del que estamos sumamente orgullosos.
Ahora sí, nada más. Gracias y hasta pronto.
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sábado, 9 de agosto de 2025
NOCHE DE SÁBADO
Ya palpitando la previa del viaje a Rosario para la Crack Bang Boom, tengo un par de libros para reseñar. Quería hacerlo ayer, pero bueno, se dio hoy.
Entre fines de 2021 y principios de 2022, resignadísimo a no tener nunca una edición en castellano de Chicanos, me puse a coleccionar una edición italiana, de la que llegué a reseñar varios tomos (creo que el último fue un 13/01/22). Pero claro, no estaba completa, o por lo menos yo nunca la conseguí completa. El sueño de la edición integral en castellano de este clásico de Carlos Trillo y Eduardo Risso nos lo cumplieron Historieteca y Puro Comic a fines de 2024, cuando editaron la serie completa, los 32 episodios de 12 páginas, en un masacote de casi 400 páginas que es una bomba atómica. Los libritos italianos que tuve (todavía los tengo, si alguien los quiere se los regalo) llegaban hasta el episodio 22, así que para completar la lectura me faltaban los diez últimos, que son los que me devoré en estos días.
Repito algo que ya dije: de las tres series largas que Trillo y Risso producen para la Eura en los ´90, Chicanos es -lejos- la mejor dibujada de las tres. Acá lo tenemos al León de Leones en un nivel demoledor, por momentos incluso mejor que en 100 Bullets, porque se puede zarpar más en el diseño de los personajes y hacerlos más grotescos, más caricaturescos, no tan realistas como el mangum opus de Brian Azzarello. Esos personajes hiper-expresivos, sumados a una ciudad magistralmente retratada, a unas secuencias demasiado bien planificadas y a un claroscuro extremo, ejecutado con maestría, dan como resultado unas páginas increíbles, que justifican por sí solas la compra del libro.
En cuanto a los guiones, en general me gusta más reirme de gente que se cree muy poronga que de gente vulnerable. Acá lo tenemos a Trillo ensayando uno y mil artilugios para que nos riamos de las desgracias de una piba pobre, feucha, con un cuerpo para nada hegemónico, a la que le pasan todas. Alejandrina le pone garra, se esfuerza, se arriesga, pero sus raptos de valentía o de ingenio rara vez dan los frutos que ella espera (y en un punto, merece). No es exactamente una heroína, pero es un personaje con el que el lector empatiza sin ninguna dificultad, básicamente para sufrir con ella, porque las derrotas y las humillaciones que acumula no parecen tener fin. O sea que hay que tener mucha mala leche para que se te ocurran estos guiones y bastante mala leche para disfrutarlos. ¿Es, en realidad, una denuncia muy elaborada y muy elíptica acerca de lo mal que lo pasan los latinos en Estados Unidos? Puede ser. ¿Está todo exagerado para subrayar ese discurso de manera humorística? Ponele.
Más allá de pedirle o no rigor testimonial a las desventuras de Alejandrina Jalisco en esa New York inclemente y despiadada, lo más destacable es lo bien que funciona este humor tragicómico de Trillo. En este último tramo, la comedia costumbrista le roba un poquito de protagonismo a los casos más o menos policiales, y Carlos y Eduardo encuentran un nuevo equilibrio entre ambos componentes que le hace muy bien a Chicanos. La serie llega a un final con 32 episodios a cuestas sin decaer nunca. No se termina porque los autores ya no saben qué inventar. La cortan ellos por decisión propia, en un momento en que la serie atravesaba una etapa de verdadera excelencia y claramente podrían haberla seguido durante años. Por suerte está disponible este librazo, para que todos podamos acceder a la obra, leerla, si hace falta discutirla, y sobre todo atesorarla.
Durante mi viaje a Francia en 2023, un amigo me regaló Pistouvi, una novela gráfica infanto-juvenil escrita por Merwan y dibujada por Bertrand Gatignol, quien ilustró uno de los álbumes que me faltan de Donjon: Monsters. Me aburrí bastante durante la lectura, porque en casi 190 páginas pasan muy pocas cosas. La gran mayoría de la obra es más descriptiva que narrativa. Merwan imaginó personajes atractivos, los colocó en un mundo de fantasía muy lindo, medio Hayao Miyazaki, con criaturas raras y demás... y básicamente el libro es presentarnos a Pistouvi, Jeanne, un par de personajes más y el campo fantástico en el que viven. Cuando aparece el conflicto, ya falta muy poco para que termine la obra y la resolución es más metafórica que dramática. Por ahí es todo un gran simbolismo que yo, como un pelotudo, no entendí... pero no creo, porque se supone que Pistouvi es una historieta para chicos... ¿O no?
El hecho de que se publique en blanco y negro me hace dudar. Justo los franceses, que son capos en esto de leer los distintos segmentos del mercado, no se van a mandar la cagada de tratar de venderle a los chicos historietas en blanco y negro, no? La verdad que no lo sé.
Me quedo con lo que realmente me encantó, que es el dibujo de Gatignol. Me hizo acordar al de Dolo Okecki (vimos su trabajo el 02/06/19), pero más suelto, con más plasticidad y más expresivo. Muy linda la puesta en página, precioso el trabajo de aplicación de grises, personajes con mucha onda... Visualmente, Pistouvi me pareció una delicia. Y me dejó con más ganas de capturar ese Donjon: Monsters que me falta.
No sanateo más. La cortamos acá, y nos reencontramos con nuevas reseñas ni bien tenga más material leído. Si querés leer más, ya sabés: entrás a https://comiqueandoshop.blogspot.com/ y te bajás los números que te falten de la Comiqueando Digital. Valen chauchas y están llenos de artículos bien a fondo, a cargo de enormes especialistas de toda el habla hispana. Gracias y hasta pronto.
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lunes, 26 de mayo de 2025
TARDE PERO DE A TRES
Después de muchos días sin postear, en los que leí toneladas de comics, pero investigando para artículos de la Comiqueando Digital, vuelvo a la carga con tres reseñas.
Empiezo con el libro que recopila Oro Blanco y otros trabajos de la inmensa dupla integrada por Carlos Trillo y Enrique Breccia que, por motivos que desconozco, nunca se habían reeditado. Hay dos historias unitarias de las cuales una es correcta y la otra (Ejército de Locos) es casi sobresaliente, y tres episodios de una serie que nunca prosperó, llamada El Buen Dios. Los dos primeros son magníficos, tanto en el guion de Carlos como en la propuesta gráfica de Enrique, que tiene más que ver con aquellos unitarios de los ´70 en los que mostraba un estilo más duro, más adusto, más cercano al grabado que a la ilustración. Y el tercero, si bien el dibujo zafa, se nota que está hecho muchos años después, y sin las ganas del arranque. El guion es genérico y el dibujo se queda a medio camino, no va al límite como en los primeros episodios. No es un espanto ni mucho menos, pero es un pasito atrás respecto de un inicio tremendo, para una serie que no despegó.
Y por supuesto tenemos los siete episodios de Oro Blanco, todos de apenas ocho páginas, realizados por la dupla en 1980, cuando eran verdaderas máquinas de imaginar y producir obras maestras, perfectamente ensambladas. Oro Blanco es una historieta triste, desesperada, ambientada en la América profunda. La historia de Diego y su búsqueda frenética de María es desgarradora, teñida por una trama funesta de injusticias, tragedias y la clásica mala leche de Trillo. Todo lo que puede salir mal, saldrá mal y amplificará el volumen de la ordalía de este personaje que nos da una pena enorme. Imposible no conmoverse, no indignarse, no apasionarse con esta aventura más allá de la locura.
Y el dibujo de Breccia acá es demoledor. En las secuencias del "presente" dibuja en un estilo similar al de Alvar Mayor, pero con más preponderancia de la mancha negra. Y en el racconto, en la narración que hace Diego de los sucesos pasados, por el contrario: la mancha negra casi desaparece para dejar su lugar a unas texturas imposibles, exuberantes como las selvas que recorren los personajes. Los efectos de iluminación se reducen al mínimo y la línea precisa y filosa de Enrique gana un protagonismo alucinante. Esto hay que verlo para creerlo, porque es realmente fascinante.
Había leído Oro Negro en la Skorpio, hace mil años, y me la acordaba más breve y menos emocionante. Me encantó redescubrirla, y me encanta ahora atesorarla en la biblioteca.
La aventura desquiciada del protagonista de Oro Blanco, que lo lleva a atravesar pesares e infiernos imposibles por amor, se hizo carne en mí (como la indómita luz) cuando le entré a Cromwell Stone, por el hecho de ser fan de Andreas. Ay, Andreas, lo caro que me lo cobraste...
Lo que hace el alemán en estas páginas no tiene explicación. Por el lado del dibujo, esto es una maravilla que te quita el aliento en la primera página y no te lo devuelve nunca más. Es el preciosismo más extremo, más perfecto, una combinación mágica de todos los recursos que te puede ofrecer el blanco y negro, donde se nota en cada viñeta el mismo tiempo de trabajo que cualquier otro autor le pone a una página completa... o más. Cromwell Stone ofrece 46 páginas repletas de imágenes shockeantes, vibrantes, pregnantes, una sucesión bestial de viñetas que te atraviesan los ojos y se te clavan en la mente con una fuerza expresiva y una belleza gráfica indescriptibles.
El tema es lo que Andreas tiene para contar, y cómo lo cuenta. La trama es la nada misma: quiere evocar el misterio perturbador de un relato de H.P. Lovecraft pero apenas logra confundir al lector. No hay un énfasis en los momentos más dramáticos, pasan cosas que no se entienden, de las que (a veces) te enterás por los diálogos, entran y salen de escena personajes que no se llegan a explicar... Un despelote, mal organizado y mal resuelto, en el que la intriga en vez de generar tensión genera hastío, porque está mal planteada. Y para complicarla más, Andreas nos bombardea a lo largo de toda la obra con una variedad interminable de grillas atípicas, muy arriesgadas, algunas de las cuales potencian ciertos momentos de la narración y otras simplemente le añaden caos y confusión a una trama que de por sí no tiene sentido. Visualmente quedan muy lindas esas puestas locas con viñetas de formas y tamaños raros, pero muchas veces esto le patea en contra al flujo de una narración que ya de por sí viene enroscada en las bizarras contorsiones de un argumento entre críptico y trasnochado.
Cromwell Stone es un álbum para volverse loco con los dibujos, para ponerlo a Andreas muy arriba en el Olimpo de los maestros del plumín, pero como lectura es muy frustrante, porque casi nada de todo ese majestuoso despliegue visual contribuye a contar una historia sólida, o por lo menos eficaz. Una pena.
Sigo sumando especiales de 100 páginas que festejan los 80 años de los personajes más icónicos de DC Comics, y así llego a esta antología con nueve historias cortas protagonizadas por Wonder Woman, en sus distintas iteraciones. A la hora de este festejo, valen todas las versiones de Diana, más allá de los (no pocos) reboots que sufrió la historia "canónica" de la mítica superheroína. Veamos quiénes se sumaron a la celebración.
La primera historieta está bien, es un guion de Michael Conrad y Becky Cloonan situado en un momento en el que Diana estaba muerta, y Steve y Etta se juntaban para recordarla. Tiene momentos emotivos, buenos diálogos y dibujos correctos de Jim Cheung. La segunda es medio un delito: un breve prólogo a una novela gráfica para lectores infanto-juveniles, de esas que se venden en librerías, a cargo de Jordie Bellaire (la consagrada colorista) y Paulina Ganuchau, que dibuja en un estilo más cercano al de Steven Universe y otros dibujos animados contemporáneos. La tercera está escrita y dibujada por la gran Amy Reeder, que aprovecha estas ocho páginas para regalarnos los mejores dibujos de toda su carrera. El guion es livianito, tranqui, pero las pilas de Reeder están puestas en esa narración fluida, hiper-dinámica, ganchera, graciosa, hipnótica. Una delicia.
Después tenemos a los maestros Mark Waid y José Luis García López, con una no-aventura centrada en la interacción entre Diana y sus compañer@s de la Justice League of America, donde el esfuerzo está puesto en mostrarnos la chapa que tiene la amazona y cómo todos los demás superhéroes la toman como una referencia total en los distintos aspectos de sus vidas. Linda idea, hermosos dibujos, no mucho más. La quinta historia es mi favorita: Tom King y Evan "Doc" Shaner nos llevan a la era "Mod" en la que Diana no tenía poderes, para una comedia co-protagonizada junto a Superman y Lois Lane que no tiene desperdicio. Es una historia originalísima, afilada, con diálogos muy cómicos, situaciones brillantes y un dibujo realmente extraordinario.
Y de las cuatro historietas restantes, apenas puedo rescatar los dibujos. Isaac Goodhart me pareció bastante digno; Laura Braga también, aunque más dependiente del trabajo del colorista; lo mismo para Meghan Hetrick, también con páginas muy lindas y muy pensadas para que se luzca el color, más que el trazo; y un poquito más sólido lo vi a mi amigo brazuca (hincha de Racing) Marcio Takara. La verdad que con los cuatro últimos guiones no hacés uno mínimamente atractivo, pero estos cuatro laburantes del lápiz mal que mal los sacan a flote.
Hay otra antología de Wonder Woman, que celebra el nº 750, y creo que es anterior a esta. La tengo en la pila de los pendientes, así que eventualmente la vamos a ver por acá. Este especial, si bien no es todo grosso, tiene un nivel bastante aceptable y se le puede recomendar sin miedo a cualquier fan de la octogenaria princesa.
Vuelvo a internarme en la Comiqueando Digital, así que no sé cuándo voy a volver a postear por acá. Gracias por el aguante y si quieren venir, están invitad@s a sumarse este miércoles a las 22:30 a la transmisión en vivo de Agenda Abierta (como cada último miércoles del mes), en el canal de YouTube de Comiqueando. Nos vemos por ahí.
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martes, 13 de mayo de 2025
MARTES DE HISTORIAS CORTAS
Anoche me desperté tipo 5 AM y no me podía volver a dormir, así que prendí la luz y me puse a leer historietas. Así es como tengo estos dos libritos para reseñar hoy acá.
Mack & Tierra de Monstruos recopila en un único tomo dos series menores (por lo menos en cuanto a la repercusión que obtuvieron en su momento) de la dupla integrada por Carlos Trillo y Gustavo Trigo. Mack consta de cinco episodios, siempre con la misma protagonista, y es un clásico policial duro, con la novedad de que las mujeres actúan como normalmente lo harían los hombres, y viceversa. Los estereotipos se invierten y Mack es una especie de "Harry la Sucia", una caricatura de los policías/ detectives de las típicas series y películas de Hollywood. El trazo de Trigo enfatiza el grotesco de los guiones de Trillo. Este es el Trigo de la línea muy fluida, combinada con las manchas muy densas para lograr un estilo que le permitía al autor despachar muy rápido cada página. Se ve muy presente la influencia de José Muñoz en esa búsqueda de un claroscuro extremo y muy expresionista, y el propio Trigo se hace cargo al dedicarle uno de los episodios al dibujante de Alack Sinner.
Visualmente, esto es raro y bastante atractivo. Los guiones no son todos igual de buenos, pero dentro de todo, no hay ninguno que dé vergüenza ajena. Para pasarla bien simplemente hay que estar familiarizado con la vertiente satírica y mala leche de Trillo, y entrar a la aventura sin esperar ningún tipo de vuelo poético ni subtexto filosófico. Realizada a mediados de los ´80 (con Carlos en Buenos Aires y Gustavo en Roma), Mack nos ofrece tiros, violencia, sexo, corrupción, la clásica ironía de Trillo y no mucho más.
Inmediatamente después tenemos las seis historias cortas de Tierra de Monstruos, que me habían fascinado cuando las leí de pendejo en las páginas de la Creepy española. ¿Qué hacemos con los distintos, una vez que les pusimos el rótulo de "monstruos"? ¿Nos burlamos de ellos, les tememos, o los cagamos a palos? Trillo ensaya estas tres respuestas en las tres primeras historias autoconclusivas, de las cuales mi favorita es "Baile de Disfraces". Después sube la vara con otras tres: la gloriosa "Memorias de un Triunfador", acerca de un tipo que la rompe toda en el mundo de las revistas porno por fotografiar cadáveres de mujeres en poses eróticas, la escalofriante y perturbadora "El Señor Augusto", y la tremenda "Click". Estas tres últimas son verdaderas joyas de la abyección moral.
En Tierra de Monstruos vemos al Trigo que dibuja en un estilo más clásico, similar al de sus trabajos para las revistas de Record (vimos La Maga el 30/12/22). Acá hay un laburo descomunal en cada página, sumado a la habitual solvencia del autor para el armado de las secuencias. Al reproducirlas en un tamaño más chico que el de la Creepy, algunas de esas páginas con 10 viñetas se ven muy abigarradas, pero igual se disfruta muchísimo el dibujo de este talentoso maestro del blanco y negro.
En uno de los episodios de Tierra de Monstruos aparece un diálogo que se repite en dos viñetas consecutivas, pero me parece que es un error que esta edición arrastra de la publicación en Creepy, porque todos los diálogos de esta serie están escritos en castellano de España... lo cual, por supuesto, no me convence. No costaba un carajo re-rotular las historietas en las que aparecen expresiones como "sed buenas, tomad un caramelito"... que seguramente Trillo escribió en castellano rioplatense y alguien de la redacción de Creepy modificó para la edición española. Nada, un detalle muy menor en este necesario rescate de una gran serie como fue Tierra de Monstruos.
Sí, soy un caprichoso. En vez de leer 21st Century Boys, que está ahí, en el pilón de los pendientes, "pierdo el tiempo" con un recopilatorio de historias cortas de Naoki Urasawa, una especie de secuela, o coda, al tomo que vimos el 25/07/19. ¡Achís! recopila parte de la obra dispersa del ídolo, toda posterior a 1995, es decir, toda realizada en el estilo maduro del autor, el que tanto disfrutamos los que leímos Monster y 20th Century Boys, entre otras. Por si faltara algo, varias de estas historias están realizadas a todo color (un rubro en el que Urasawa se luce a niveles apabullantes) y casi todas... ¡tienen buenos guiones! Excepto esas anécdotas del mundo del rock, que resultan casi ilegibles por la tipografía de mierda que les puso Planeta cuando las editó en castellano, las demás historietas son realmente buenísimas. El tomo arranca con la genial "Damiyan!", una comedia grotesca y mala leche, que podría haber escrito tranquilamente Trillo. Pero después viene "¡Lanza apuntando a la luna!", que es incluso mejor. Y la de "Henry y Charles", que es un homenaje desopilante a los dibujos animados. "Reino de Kaiju" también me pareció divertidísima, con un planteo limado y personajes muy copados. Para el cierre, Urasawa se guardó una joyita a todo color: la breve pero fabulosa "Solo Mission", que está dibujada en el sentido de lectura occidental.
Nada, no quiero ahondar en las tramas, porque son todas historias breves, con argumentos bastante sencillos. Pero muy bien logradas, con situaciones imprevistas, buenos personajes (Demiyan, Lenny Zinnemann, el gordo francés fanático de los kaijus...), buenos diálogos y -como siempre- con esos dibujos fastuosos, potenciados por un color exquisito. Casualmente las historietas que no me atraparon (que por suerte fueron las menos) son las que están dibujadas con menos pilas, en un estilo más suelto, más rápido. Se ve que Urasawa entendió que algunos de los guiones tenían el potencial suficiente para convertirse en pequeñas obras maestras, y ahí no falló: puso todo y logró páginas realmente memorables. Una pena que Ivrea no publique los libros de historias cortas de Urasawa, porque acá hay papa muy fina, a años luz de las penurias que nos infligió el sensei al estirar hasta el infinito sus obras más extensas.
Nada más, por hoy. Sigo avanzando con el nº11 de la Comiqueando Digital y prometo volver ni bien tenga más libros leídos. Gracias y hasta entonces.
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jueves, 1 de mayo de 2025
FERIADÍSIMO
1º de Mayo, Día de l@s Trabajador@s, feriado global y encima esta noche tengo entradas para el concierto de Simple Minds, acá, a ocho cuadras de mi casa. Podría tranquilamente hacerme el boludo y no postear en el blog, dedicarle este rato a ver otro episodio de El Eternauta, o la adaptación de El Combate de los Jefes, o alguna otra gema de las que ofrece la querida Cuevana. Pero hoy en un mundo más justo estaría soplando las 82 velitas el inmortal Carlos Trillo, y justo ayer terminé de (re)leer una de sus obras más gloriosas, así que acá estamos.
Allá por 1981-82, cuando las historias de Buscavidas se publicaron originalmente en las páginas de SuperHum®, yo era muy pendejo y probablemente no me habrían interesado los guiones de Trillo, o me habrían ahuyentado los dibujos de Alberto Breccia. Yo soy de lo que flashearon fuerte con Buscavidas cuando Doedytores la recopiló en dos álbumes, allá por 1993-94. Hoy pude tirar a la mierda esos libritos finitos, impresos así nomás, porque felizmente hay una nueva edición de Buscavidas, en un solo tomo, mucho más cuidada, con un prólogo magnífico de Fernando Ariel García y con el agregado del episodio que no salió ni en SuperHum® ni en las recopilaciones de los ´90.
Para que nos ubiquemos fácilmente, en la continuidad de la obra de Trillo y Breccia esto viene justo después de las historias cortas que vimos acá el 22/05/14. Pero en Buscavidas la química entre los autores funciona mucho mejor. En vez de mezclar 170 técnicas distintas, Breccia se juega todo al claroscuro e instala todo el contexto visual de la serie en el terreno del grotesco más extremo, más granguiñolesco que podamos imaginar. No deja de ser vanguardia, no deja de experimentar, sorprende con el uso de tipografías y de recortes de publicidades de revistas antiguas, lleva al límite (y más allá) su impronta expresionista, y aún así se lo ve mucho más compenetrado con los guiones, más decidido a poner al dibujo al servicio del relato.
Trillo sintoniza rápidamente la frecuencia en la que quiere trabajar el maestro, y responde con historias repletas de ironía, mala leche, reflexiones amargas y situaciones en las que los personajes descienden sin el menor reparo a las fosas sépticas de la depravación moral. Buscavidas no protagoniza las historias, sino que las escucha, las vampiriza y las remata con ácidos comentarios que cierran cada una de las entregas, todas totalmente autoconclusivas. Obviamente en un libro con 14 historietas no todas son igual de buenas, pero el nivel general es realmente superlativo. La línea que baja Trillo es sutil e implacable, como la forma en que nos invita a cuestionar ideas que tienen que ver con el éxito, el poder, la belleza, la moral, incluso la cordura. Valores que -en aquellos años oscuros- pocos autores se animaban a poner en tela de juicio, y menos a burlarse de ellos. Trillo y Breccia logran una caricatura grotesca y sumamente eficaz de la sociedad de esos años, cargada de miedos, silencios y prejuicios, y lo hacen en historias que -además- están buenísimas. ¡Y los diálogos! Trillo nunca le escapó al uso de los localismos e informalismos propios del Río de la Plata en sus historietas, pero probablemente Buscavidas sea su obra más arriesgada en ese sentido, la que más apela al lunfardo, y la que tiene diálogos que nos suenan más cercanos al oído de los porteños.
El resultado de todo esto es una auténtica belleza, la demostración contundente de que en ocho páginas se pueden contar historias de gran potencia, y además jugar a fondo desde lo visual. Si vas a leer una sola obra de Carlos y Alberto, tiene que ser Buscavidas.
Y hablando de genios del claroscuro, leí Rey Rosa, un trabajo muy breve del asombroso David B., publicado en 2009 en Francia y 2010 en España. Son apenas 44 páginas en las que el autor nos cuenta una historia muy simple, basada en una obra de Pierre Mac Orlan: básicamente, un barco pirata tripulado por esqueletos de bucaneros muertos hace décadas (o siglos) vaga por los mares en busca del descanso final. Están muertos, pero sus vidas continúan, y ellos quieren ponerle fin de una puta vez. En medio de esos viajes, siguen atacando barcos tripulados por gente viva, y en uno de esos abordajes encuentran a un bebé, al que adoptan y llevan al barco pirata. ¿Cómo vive y cómo crece un bebé en un navío tripulado por esqueletos de piratas muertos? Eso es lo que cuenta el álbum en las 18 páginas finales. Hasta ese punto, Rey Rosa es más una descripción que un relato.
El clima se acerca bastante al de un cuento de hadas, no hay mucha explicación de por qué los piratas siguen vivos, ni por qué este barco asoma solo de noche y de día navega por abajo del agua, ni por qué el bebé no se ahoga cuando el barco se sumerge... Es todo un delirio muy entretenido, con mucho humor y mucha imaginación. Y el final... bueno, es el típico de las historias en las que un nenito crece fuera de su ámbito natural, no muy distinto del de -por ejemplo- The Jungle Book de Rudyard Kipling. Lo bueno es que acá casi no importa el final, lo interesante es el viaje.
Y por supuesto, el dibujo y la puesta en página de un David B. inspiradísimo, que nos regala una verdadera salvajada visual repleta de hallazgos. Su trazo vigoroso le pone aún más onda y más expresividad a lo limado del planteo, y le sube el nivel de bizarreada y de encanto surreal. El propio David B. es el responsable de colorear estas páginas, y la verdad que el color es precioso, pero podría tranquilamente no estar, porque el trabajo de línea, mancha y texturas que realiza el autor es sublime. Lástima que es una obra muy cortita, porque tanto el tema como la estética de Rey Rosa resultan perfectos para una adaptación fílmica, ya sea en dibujos animados o en stop-motion. Me la re imagino con movimiento y sonido, sobre todo con stop-motion tipo Nightmare Before Christmas, y deliro de emoción. Así como está, en esta iteración de papel y tinta, lo único que no me copó de Rey Rosa es que se termina rápido. Me doy cuenta de que no había mucho más para contar, sobre todo por lo que señalaba acerca de que el relato propiamente dicho cobra rumbo recién cuando faltan 18 páginas para el final... pero verlo a David B. dibujar a este nivel siempre dan ganas de que las historias duren el doble, el triple, 10 veces más...
Y nada más, por hoy. Disfruten el feriado y nos reencontramos pronto con nuevas reseñas, acá en el blog.
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viernes, 28 de febrero de 2025
FINAL PARA FEBRERO
Cerramos un Febrero record, con 12 posteos en 28 días. Una locura... pero bueno, fui a ver dos películas basadas en comics y eso abultó la cantidad de reseñas. Veamos qué fue lo último que leí este mes.
Qué necesario era un libro como Los Enigmas del PAMI (y otras historietas en esa línea), que reuniera en un único tomo todo el material de Enrique Breccia dibujado en su estilo más humorístico. Resultó que se podía meter TODO en un libro de 136 páginas (cifra inflada por carátulas innecesarias, páginas en blanco y demás relleno del que suele encarecer los libros sin aportarle absolutamente nada al lector), lo cual hace menos verosímil que hayamos tenido que esperar hasta 2024 para que exista una cosa así. La tarea de reunir todo el material de Enrique en esta línea (breves trabajos con y sin guiones de Carlos Trillo) fue encarada por Mariano Buscaglia (sobrino de Enrique, nieto de Alberto, hijo de Cristina, etc.) con un criterio amplio y exhaustivo, y así es como el libro incluye historietas que la mayoría de los fans del maestro no conocíamos. Hay algunas que ya teníamos en otros libros, de otras editoriales, pero la posibilidad de reunir TODO en un solo tomo es irresistible.
Ya solo que se incluya El Reino Azul (a mi juicio, la mejor historia corta que escribió Trillo en toda su carrera) justifica comprar el libro, aunque todo el resto sea una garcha. Nunca me voy a poder olvidar de ese día en que tuve en mis manos los ocho originales de El Reino Azul, fue uno de los mayores nerdgasmos de mi vida como fan de los comics... y ahora la tengo en un libro cheto, la puedo releer sin ir a buscarla a la pila de números viejos de Fierro que se te hacen mierda cada vez que los abrís...
Nada, es muy difícil opinar objetivamente sobre este material, porque es parte de mi educación sentimental, de mi formación como lector de comics. Por fuera de El Reino Azul, no hay otros guiones demasiado geniales. Casi todo lo que ofrece el libro es producto del capricho, de las ganas de joder y de divertirse que tenían Enrique y Carlos. Las adaptaciones de Enrique son exquisitas, no solo porque se te tiene que ocurrir la idea de ponerle dibujos al tango Fea, o a La Leyenda del Mojón, sino por cómo resuelve el dibujo y la puesta en página. Es todo juego, es todo disfrute, pero también es todo originalidad y vuelo. Breccia juega entre lo grotesco y lo poético y hasta el rotulado es parte de ese juego, hipnótico y genial.
Probablemente la historieta que menos me gustó haya sido la última del libro, Espanto, un trabajo a color en el que el estilo de Enrique no se luce... al punto que parece una historieta de Alberto, su papá. La narrativa está bárbara, pero es básicamente un chiste largo.
Más allá de ese experimento, el promedio del libro es increíble, el trabajo que tiene cada página es increíble, el nivel de libertad y de desparpajo que tienen las historias es increíble... Seguramente cuando se habla del trabajo en conjunto entre Breccia y Trillo llama más la atención la larguísima epopeya de Alvar Mayor o la aventura fantástica de El Peregrino de las Estrellas, pero acá hay gemas tan raras como fundamentales en la carrera de ambos maestros, todas realizadas en esos primeros años ´80, en los que la dupla era una máquina de producir hitazos. 93 páginas de historieta en un libro de 136 para mi gusto es poco, aún cuando se las disfruta a pleno. Y esa es la única crítica que tengo para hacerle a una edición preciosa, muy cuidada, que le hace justicia al talento descomunal de dos genios como Enrique y Carlos.
Me voy a España, fines de los ´80, a leer un recopilatorio de historias muy cortitas (dos páginas cada una) de Johnny Roqueta, una serie que Rafael Vaquer y TP Bigart (pseudónimo de Joan Tharrats) realizaron durante unos cuantos años para el semanario El Jueves. Son historietas cortas (o chistes largos) de 10 ó 12 viñetas, que tienen como principal atractivo los majestuosos dibujos de TP Bigart, en los que predominan los personajes por sobre los (casi inexistentes) fondos. El foco está puesto en la expresividad de rostros y cuerpos, y en darle vértigo e intensidad incluso a las historias donde lo único que vemos son personajes que hablan entre ellos. Las composiciones de Bigart son tremendas, con un equilibrio perfecto entre espacios blancos, manchas negras y grises aplicados con tramas mecánicas. Imaginate una mezcla muy zarpada entre Frank Margerin, Oswal y Pasqual Ferry, y más o menos te vas a acercar a lo que hace Bigart en estas páginas.
Vaquer incursiona en el subgénero "jóvenes a la deriva", y cierra aún más el espectro para concentrarse en un grupete de varones de veintipocos, fans del rockabilly y las motos, que sobreviven como pueden en una gran ciudad de España de la segunda mitad de los ´80. La mirada del guionista es ambigua: a veces los muestra como unos piolas bárbaros, y otras (la mayoría) como una manga de inútiles, pajeros, borrachines, desubicados o ridículos que desperdician su vida tocando (para el orto) la guitarra y cuya única motivación es conseguir guita para los puchos y la birra. Dentro de este esquema, hay guiones mejores y peores, pero ninguno que te haga decir "Ah, esto es genial"... aunque me imagino que para aquellos lectores de El Jueves que en esa época tenían la misma edad de Johnny y sus amigos, esto debe haber funcionado como un espejo (deforme pero divertido) en el que verse reflejados.
Creo que a mí lo que más gracia me causó fue ver a Vaquer fracasar estrepitosamente en su intento de tener un personaje argentino que hable con nuestros modismos e informalismos. En vez de citar a Ronald Reagan, Héctor habla de Jorge Videla y hace chistes de golpes de estado... pero usa palabras que ningún argentino usaría jamás, como decirle "la primitiva" a la lotería, "cojones" a los huevos, "el carro" al auto, "trempera" a la erección, o "ahorita nomás". Todo esto potenciado por el abuso sistemático de "macanudo", "che", "pìbe" y "boludo"... en unas frases que por ahí a los españoles les causaban gracia, pero a nosotros nos hacen un ruido horrible porque el guionista muy rara vez acierta una.
Johnny Roqueta es una comedia light, muy anclada en su época, apoyada en el carisma de los protagonistas, que se deja leer pero no te cambia la vida. Si alguna vez encontrás los libritos a buen precio, dale una oportunidad, sobre todo por los dibujos de esa bestia llamada TP Bigart.
Y nada más. Nos reencontramos el mes que viene, con nuevas reseñas (no sé si tantas como en Febrero) acá en el blog. Gracias y hasta pronto.
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lunes, 5 de junio de 2023
LINDO LUNES
Me está costando encontrar ratos para leer comics, porque estoy muy metido en la realización del nuevo número de la Comiqueando Digital. Pero bueno, algo, cada tanto, puedo postear.
Por primera vez me pasó algo muy loco, que es que no pude terminar un librito de 64. Claro, no es cualquier librito. Es Monolinguisti e altri esercizi di stile, la edición italiana de Monolinguistes & Psychanalyse, la recopilación de los primeros trabajos de Lewis Trondheim, de cuando era un autor underground de fines de los ´80. El librito reúne historietas realizadas entre 1988 y 1992, una época en la que el dibujo de Trondheim era crudísimo, muy, muy limitado. Y encima esto le jugaba a favor, porque eran historietas totalmente basadas en el diálogo (o monólogo), en la que toda la gracia residía en los juegos de palabras, en cómo estas se deforman para cambiar de sentido. Al final del libro, hay 44 tiras de "Il dormiglione", en las que TODAS las viñetas de TODAS las tiras muestran un único dibujo, que se repite siempre. Y obviamente, lo gracioso son los textos, que sí cambian en cada viñeta.
Y bueno, descubrí que mi nivel de italiano no alcanza para disfrutar de todos esos juegos de palabras. Me frustró mucho entender la mitad de los chistes, y encima el rotulado de esta edición me resultó confuso, difícil de decodificar. Entonces pegué varios saltos, reboté contra varios relatos en los que no me logré enganchar y terminé en ese sector final dedicado a las tiras, que disfruté bastante. La edición de Rasputín Libri tuvo tres traductores, que deben haber dejado la vida para cambiar los chistes verbales del francés por otros que funcionen en italiano, pero lamentablemente yo no pude sintonizarles la onda. A nivel narrativo, me gustó lo que proponía este Trondheim iniciático, así que cuando pueda conseguir Monolinguistes & Psychanalyse en francés, le voy a dar otra oportunidad.
Después de muchos años (seguro más de 25) volví a leer Cosecha Verde, el clásico de Carlos Trillo y Cacho Mandrafina. Y por primera vez le encontré un problema: la primera mitad es aburridísima. Lo que los autores cuentan en las primeras 60 páginas se podría contar tranquilamente en 24. Y encima la presentación de los personajes y los conflictos está lastrada por una cantidad grosera de estereotipos, de lugares comunes (¿acá también villanos nazis, en serio?), de obviedades muy remanidas tipo "los políticos y los militares son malos", "los marginales y las prostitutas son buenas"... Todo muy gastado, muy cansador. Tal vez no en 1989, cuando se empezó a serializar la obra, pero hoy, sin dudas. Esto se hace tolerable, primero por la calidad descomunal del dibujo de Mandrafina, y segundo porque Trillo pone en juego un recurso novedoso y eficaz: personajes que están lejos del centro de la acción interrumpen la misma para contar algo de lo que está pasando desde su propia óptica, o para agregar información acerca del pasado de algún personaje protagónico que puede (o no) ser relevante para la trama. Esas interrupciones, si bien no todas aportan algo, por lo menos le cambian el ritmo al relato para que no se haga tan denso.
Y la segunda mitad, ya con el Iguana en la cancha, levanta muchísimo. Todo se desarrolla de manera más ágil y menos evidente. Realmente no sabés cómo pueden terminar Malinche y Donaldo porque la situación se vuelve muy extrema, muy áspera. Hasta yo, que ya sabía cómo termina la obra, hubo un tramo en que me puse nervioso, porque la tensión crece hasta hacerse insostenible. En esas 60 páginas finales, Trillo realmente me hipnotizó y me hizo sentir en carne propia el rigor del suspenso más atroz. Y el dibujo de Cacho no baja nunca, y se luce como nunca lo había hecho hasta ese entonces, con momentos sublimes, sobre todo en los flashbacks, donde altera su trazo habitual para jugar con una estética más similar a la del grabado. Esto es Mandrafina en la cima absoluta.
La edición argentina (clon de la última que salió en Francia) incluye también El Iguana, que es bastante posterior a Cosecha Verde pero que nunca se había publicado en nuestro país. Acá tenemos lo contrario a Cosecha Verde: una historia con una premisa a priori poco interesante (una periodista yanki viaja a La Colonia a recabar información sobre un peligroso asesino ya muerto), que resulta en una historieta entretenida gracias a los aciertos de Trillo en el desarrollo.
El Iguana es más corta (80 páginas) y desde el principio incorpora con más naturalidad el humor grotesco (y a veces muy subido de tono) a una historia más "de denuncia", donde la verdad, la memoria y la justicia tienen roles centrales. Pareciera que en esta secuela nada se toma tan en serio como en Cosecha Verde, y seguramente esto le juega a favor. Lo más extraño es que Cosecha... está toda escrita en neutro, y en El Iguana vemos al protagonista utilizar todos los términos imaginables del castellano rioplatense en su vertiente más informal. Pajero, pelotudo, gil de goma... Incluso el Iguana trata a veces de tú y a veces de vos a los otros personajes. Raro que a Trillo se le haya escapado semejante inconsistencia, con lo cual sospecho que fue algo intencional.
El Iguana parece querer advertirnos acerca de las funestas consecuencias que genera la revisión del pasado, cuando este es reciente y terrorífico como el que narran los habitantes de La Colonia cuando recuerdan la vida del Iguana. De hecho, el personaje de Susan Ling, que es quien más se involucra en la investigación, claramente cambia para peor. El resto de la gente, la que padeció más de cerca y en tiempo real el sombrío gobierno del Gran Títere y su despiadado torturador, parece -en cambio- haber cambiado para mejor, y encontrado una vida en la que el miedo tiene menos peso en sus decisiones. Más o menos por ahí va la cosa, y por suerte la "moraleja" está decorada con un montón de situaciones bizarras, algunas casi cómicas, y otras realmente desgarradoras. Si sos fan de Trillo y Mandrafina pero nunca leíste El Iguana porque no conseguías la edición española, estas 80 páginas justifican lo que pagues por el libro que trae también Cosecha Verde... que sigue siendo un clásico, 35 años después de su primera aparición.
Gracias y por el aguante y ni bien pueda reaparezco con nuevas reseñas, acá en el blog.
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lunes, 24 de octubre de 2022
GENIOS EN BLANCO Y NEGRO
Hoy, tres obras en blanco y negro a cargo de un verdadero Olimpo de autores de historietas.
Empiezo con New York Blues, una reedición apócrifa de las historias cortas que habían hecho Carlos Trillo, Guillermo Saccomanno y Horacio Altuna para las revistas de Ediciones Record, allá por fines de los ´70, antes de concentrar lo mejor de su producción en las páginas de la revista SuperHum®. Este libro, publicado de manera ilegal por una runfla entre varios piratas bastante conocidos en nuestro medio, tuvo -lógicamente- varios problemas legales para circular en España, mientras que los pocos ejemplares que se distribuyeron en Argentina se vendieron rápido, por eso poca gente lo tiene. Y a pesar de sus casi 100 páginas a gran tamaño, trae apenas seis historietas, ninguna de las cuales supera las 14 páginas. O sea que hay muchas páginas despilfarradas en carátulas, prólogos, o simplemente dejadas en blanco.
Las primeras cuatro cuentan con guiones de Trillo, a pura ironía, con la mala leche a flor de piel. No son historias cómicas, para nada, pero aportan una mirada inusual, un Lado B cínico y desangelado al clásico género de mafias, policías y asesinos a sueldo en la gran ciudad. Los diálogos son breves, concisos, filosos. Y los finales, invariablemente desoladores. Los dos relatos de Saccomanno, en cambio, se ajustan un poco más a las convenciones del género, como si buscaran más respetarlas que subvertirlas. El primero (el único que "traiciona" a New York para llevar la acción a las afueras de Memphis) probablemente sea el mejor del libro, en parte porque Saccomanno se florea con unos bloques de texto impresionantes, con un nivel literario digno de la mejor época de H.G. Oesterheld o Robin Wood.
Y de punta a punta del libro, brilla en todo su esplendor el trazo de un Horacio Altuna inspiradísimo, bien jugado a una ilimunación extrema basada en las manchas negras, con un trabajo formidable en rostros, en decorados urbanos, en el armado de las secuencias (sobre todo las mudas), un Altuna realmente impactante. Me detonó la cabeza ese fragmento de la segunda historieta en la que Horacio reproduce yeites del maestro Sergio Toppi, en el trazo y sobre todo en la composición de las viñetas. Nunca me imaginé que iba a ver algo así.
Por el tamaño en el que están publicadas las historietas, llama mucho la atención el rotulado: los globos ocupan mucho espacio y las letras están enormes. Por eso también se nota mucho que las últimas historietas no están rotuladas por Altuna, sino por un letrista mucho menos ducho en esos menesteres. Ojalá algún día este material reaparezca en una edición mejor, más cuidada, en tamaño más chico, con menos páginas, o con más material. Porque -aunque parezca mentira- todavía hay historietas de Trillo y Altuna que nunca se recopilaron en libro.
En 2016 nos enteramos gracias a la editorial Planeta Cómic de España que en 2002 el inmortal Jiro Taniguchi había incursionado en la ciencia ficción. Una revelación tremenda, como si te dijeran que Ingmar Bergman filmó tres películas porno y una de Porcel y Olmedo. ¿Y cómo le fue a Taniguchi de visitante en los pagos de Yokinobu Hoshino, Keiko Takemiya o Masamune Shirow? Hasta ahora voy por la mitad de Crónicas de la Era Glacial, todavía me falta entrarle al Vol.2. Pero va muy bien, a pesar de que en 270 páginas no es tanto lo que sucede. Lo único que no me convence es la fórmula (ya muy gastada) de "el héroe a pesar suyo", el goma al que lo tienen que convencer a sopapos de que se haga cargo de las responsabilidades que tiene, le gusten o no. El resto está bárbaro. Hay una trama principal en la que la ambición desmedida de una empresa minera pone en riesgo la vida de muchísima gente, hay un mensaje admonitorio acerca del daño al medio ambiente que produce este modelo extractivista sin control, y sobre el final, la aventura se vuelve más compleja e impredecible gracias a la aparición de unos gigantes milenarios a los que uno de los pueblos del glaciar veneran como si fueran dioses. Ahí aparece, además, el choque de culturas y la contraposición entre miradas distintas a la realidad, presente y pasada, de este planeta que alguna vez fue verde y hermoso y hoy es un páramo cubierto de hielo y poblado por criaturas mutantes de extrema peligrosidad.
Como suele suceder, el nivel del dibujo de Taniguchi es tan bestial, tan glorioso, que el argumento podría no estar e igual habría que recomendar este manga, y todos los demás que dibujó. Crónicas de la Era Glacial no ofrece grandes sorpresas en este rubro para los que seguimos al ídolo hace décadas, pero siempre es un placer verlo dibujar (además de las clásicas escenas de alpinismo, o esos animales hermosos) cosas que habitualmente no dibuja, como por ejemplo, un hiper-complejo minero del futuro, enclavado a muchos kilómetros debajo de la superficie de un planeta helado. Uno asocia a Taniguchi mucho más con la naturaleza que con las máquinas, más con los puestitos callejeros de comida que con las naves espaciales. Y acá está a full mostrándonos que también la rompe cuando dibuja un futuro amargo, ominoso y jodido como el que se nos viene si el año que viene vuelve a ganar la derecha. Prometo entrarle pronto al Vol.2, que parece tener más acción y menos franela.
Y me quedo en 2016, año en el que el maestro italiano Gipi publica la fundamental La Tierra de los Hijos. ¿Su mejor obra hasta la fecha? Puede ser. Son casi 280 páginas dibujadas a un nivel sublime, monumental, demoledor. Como con Taniguchi, ni tiene sentido tratar de entender la magia que tira Gipi con su trazo. Pero además están los climas, los silencios, las miradas, todo eso que se oye cuando los personajes no hablan, aunque Gipi no use onomatopeyas. La Tierra de los Hijos es una historia desgarradora de supervivencia, un viaje iniciático centrado en dos hermanos y en un mundo devastado, convertido en un cúmulo de carencias, ausencias y peligros espeluznantes. También como Taniguchi, Gipi sale de su zona de confort y se arriesga a adentrarse en un terreno bastante aventurero para lo que es el resto de su bibliografía. El tramo final de La Tierra de los Hijos es una aventura hecha y derecha, con mucho ritmo y altas dosis de violencia de las que no abundan en las historietas de este autor.
Pero lo más tremendo de esta obra es la omnipresencia del dolor, físico y psíquico, del sufrimiento por el que pasan los personajes. Desde el hambre y las enfermedades a los golpes, las mutilaciones, los asesinatos, el maltrato y las humillaciones. Nadie se la lleva de arriba en esta historia en la que no existen los buenos. En algún momento, Gipi te trata de dar una tregua, de contarte escenas en las que -en una de esas- te despierta algún tipo de ternura hacia Lino y su hermano, pero ya los viste cometer tantas atrocidades, y van a cometer tantas más que, aunque queda claro que son tan víctimas como el resto de los personajes, no te podés terminar de identificar, ni de solidarizar con ellos. Los únicos personajes que no entran en la categoría de soretes, de escoria humana, son las dos mujeres: la bruja y la esclava. De los varones, no se redime ni uno solo.
Recomiendo a full La Tierra de los Hijos. La edición española de Salamandra es excelente y -por lo menos hace unos meses- se conseguía a un precio más que razonable en las librerías de Buenos Aires. No sé si es el punto ideal por donde ingresar al universo de Gipi, pero sin dudas bajo esa portada pecho frío te espera una obra descomunal, atrapante, tensa, profunda, pensada para cagarte a patadas en el alma y dibujada como la hiper-concha de Dios.
Nada más, por hoy. Me llevo un par de libros power metal para leer en el viaje a General Roca, así que seguro a la vuelta pintan reseñas, acá en el blog. Hasta pronto.
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miércoles, 27 de julio de 2022
MIERCOLES GRIS
Mediodía gris y lluvioso en Buenos Aires, pero no tan frío, por suerte. No está mal para sentarse a reseñar unos libritos.
Empiezo con la esperada edición argentina de Cuentos de Terror, un tomo que recopila las 11 historias cortas de este género creadas por Carlos Trillo y Eduardo Risso para la editorial italiana Eura en la década del ´90. Inexplicablemente, no todas estaban publicadas en castellano hasta que Historieteca y Puro Comic lanzaron este libro. Ahora, por suerte, lo único que queda inédito de la brutal producción de la dupla para la Eura es Chicanos, de la que solo se publicó un pedacito en Argentina.
Este tomo arranca con dos historias magníficas, sin elementos fantásticos. Los protagonistas son monstruos reales, posibles, tan reales y tan posibles que duele. Son cátedras de mala leche, escritas por un Trillo despiadado, que busca la revulsión y el asco en el lector, y lo logra con unos textos perfectos (felizmente escritos en argentino) y con un manejo del suspenso que hace que las historias se resuelvan en la última viñeta con giros magistrales e impredecibles. La tercera historia (ya con un fantasma involucrado) me interesó menos, la cuarta es buenísima pero sería mejor si fuera más corta, y la quinta también: su único atractivo está en el remate, lo que torna tedioso el desarrollo.
La sexta es brillante y la séptima es una idea que está tan buena que no dudo que Trillo debe haber barajado la posibilidad de convertirla en un álbum de 46 páginas... o incluso en una serie de varios álbumes. La octava es una de mis favoritas (por eso la publicamos en un número de Comiqueando, allá por 2005), una obra maestra de la crueldad. La novena es un chiste gracioso, pero estirado para que dure 14 páginas. Los bloques de texto son hermosos, pero la trama daba para mucho menos. La décima propone revisitar la historia clásica de Frankenstein y traerla al presente, con muy buen resultado. Y la última también, es una clásica historia de personajes abyectos, amorales y con pésima leche de las que tanto le gustaba escribir a Carlos.
El dibujo de Risso es glorioso en las 11 historias, no hay una sola tirada a chanta, nada que sugiera que esto fue dibujado a los santos pedos, o derivado a asistentes menos diestros que el león de Leones. Hay riesgo en la puesta en página, hay un claroscuro de alto impacto, fondos laburadísimos, personajes de enorme expresividad... Esto es un lujo, de verdad. Y como siempre, cuando un guionista juega al misterio, a esconder revelaciones para sorprender al final de la historia, necesita que el dibujante "mueva la cámara" con inteligencia y sutileza para no darle al lector información que le cague la sorpresa. Risso hace eso en todas las historias que requieren ocultar datos hasta el final, con verdadera maestría. Un libro realmente muy recomendable, con el que la vas a pasar muy bien, aunque no te interese demasiado el tema de las momias, fantasmas, vampiros y monstruos varios.
Por fin, después de muchos años, logré leer Empire en su totalidad. Esta saga creada por Mark Waid y Barry Kitson a fines de los ´90 había quedado trunca cuando la lanzó Image, y años más tarde fue publicada como corresponde (en TPB) por DC. Es muy loco que un comic de DC, sin el logo de Vertigo ni ningún otro, incluya garches, puteadas y violencia hiper-explícita, pero bueno, se dio así. Por supuesto esto es creator-owned, no está integrado a ningún tipo de continuidad... aunque no estará mal que pasara algo así en alguno de los universos tradicionales poblados de superhéroes y supervillanos...
El planteo de Empire es muy atractivo: hace 10 años, un supervillano con alto poderío intelectual y tecnológico (y ningún escrúpulo) llamado Golgoth emprendió la conquista del mundo, y ahora lo tiene bajo su yugo. Sometió a los gobiernos, eliminó al superhéroe que osó confrontarlo, se quedó con todo lo que quería poseer y más. ¿Y ahora? ¿Qué onda? ¿Es feliz? ¿Se puede relajar, o tomarse vacaciones? No. Ahora es un gobernante, y tiene que estar más alerta que nunca a las intrigas palaciegas y los intentos de desestabilización que cada tanto aparecen en algún país medio perdido en el mapamundi.
El guion está muy bien llevado. Lo que yo pensé que iba a ser el talón de Aquiles de Golgoth, lo que lo iba a empujar al abismo, no lo fue. El que creí que lo iba a traicionar no lo traicionó. Mezcla de Luthor y Dr. Doom, Golgoth es un personaje complejo, trágico, que sufre pérdidas enormes en su derrotero hacia una gloria que no parece disfrutar, sino más bien padecer. Waid lo rodea de un elenco de secundarios muy atractivo, con personajes atrevidos, astutos, y sobre todo corruptos, como debería ser cualquier villano que aspire a quedarse con el poder absoluto. Acá no hay dudas, nadie busca la redención, todos saben que el imperio de Golgoth se sostiene en su poderío militar, su manipulación de los medios masivos y su accionar implacable y despiadado contra cualquiera que se le subleve. Maquiavelo puro y duro, en un mundo donde alguna vez hubo superhéroes (y esperanza) y hoy hay solo desolación, autoritarismo y sordidez. La trama de Empire se parece poco a las otras obras de Waid que conozco, y amplía mi percepción de lo que el hábil guionista oriundo de Alabama puede hacer y crear en este medio. Con eso solo alcanzaría para recomendarlo, pero además es una muy buena historia, orquestada con clase, y obviamente con mala leche.
El dibujo de Barry Kitson acompaña muy bien al guion. Sus diseños de ciudades, vehículos, armas y trajes son excelentes, una especie de modernización de la estética que inventó Jack Kirby cuando tuvo que vestir y equipar a los New Gods. Los dos coloristas lo complementan muy bien y en la narrativa sabemos que Kitson no tambalea nunca, es un relojito.
Y nada más. La verdad que me voy contento, porque me tocaron dos librazos. Nos reencontramos pronto (espero) con nuevas reseñas, acá en el blog.
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martes, 22 de marzo de 2022
DOS MAS Y A LA PAUSA
Bueno, como ya comenté por acá, a partir del jueves voy a estar lejos de Buenos Aires durante unos 15 o 16 días. Hay alguna chance de que postee en el blog, ya sea desde Santiago de Chile o desde Los Angeles, pero no quiero prometer y después no cumplir. Así que, en principio, las reseñas volverán el 10 o el 11 de Abril. Por ahí hay sorpresas antes de esa fecha, por ahí no. Ya veremos.
Sigo adelante con la relectura (ahora en libro y con el color moderno) del Thor de Walt Simonson, y en el Vol.3 me encuentro con que, además de varios números de la serie central, acá se recopilan los cuatro episodios de la miniserie de Balder the Brave, con guion de Simonson y dibujos de Sal Buscema. Es un agregado piola, porque la mini engancha bastante con lo que estaba narrando Simonson en la revista de Thor. Eso sí: está estiradísima. Son cuatro episodios de 22 páginas para contar DOS hechos importantes. Todo el resto es relleno, hecho a base de peleas intrascendentes contra villanos a los que uno sabe que Balder va a derrotar sin dificultad. El dibujo de Buscema está bastante mejor que en el fill-in que aportó al Vol.2, pero igual no hay forma de justificar todas esas páginas para tan poco desarrollo argumental. A menos que seas MUY fan de Balder o de Karnilla, en cuyo caso esto te puede llegar a conmover.
En los números de Thor (todos dibujados a un nivel devastador por Simonson) pasan unas cuantas cosas interesantes. La bandera de "epopeya a todo o nada" flamea de principio a fin, hay buenas ideas para desarrollar a personajes como Loki, Enchantress, Frigga, Lorelei, Heimdall, Lady Sif y sobre todo al Executioner, y -por primera vez- Thor sale realmente malherido de un choque con Hela. Lo único medio flojito es esa aventura de Beta Ray Bill contra ese equipo de super-soldados rusos, que realmente no suma más que excusas para que Simonson dibuje acción al recontra-palo en su estilo explosivo y repleto de dinamismo. Otra vez, las onomatopeyas de John Workman hacen un notable aporte a que todo esto se vea definitivamente poderoso y majestuoso.
El último episodio del tomo es un crossover con la infausta Secret Wars II, y ni siquiera Simonson está exento de las complicaciones que traen los cruces entre tramas que vienen y van de una revista a otra sin mayor explicación. Dentro de todo, el bolonki es comprensible, sobre todo porque lo que no se resuelve en Thor se resuelve en Power Pack, una revista que en ese momento escribía Louise Simonson, la esposa de Walter, y se nota que todo está bien conversado y planificado para no confundir a los lectores que no seguían las dos colecciones. Eventualmente le entraré al Vol.4, ya cerca del final de la serie. Paciencia.
Leí también el Vol.2 de La Guerre des Magiciens, esa serie creada por Carlos Trillo, Roberto Dal Prá y Cacho Mandrafina, que lamentablemente quedó inconclusa. Al final de este álbum nos informan que el tercero es el último, pero jamás se publicó. La trama queda ahí, a mitad de camino, con la inmensa mayoría de las puntas argumentales sin resolver.
El segundo tomo apareció en 2013, bastante después de la muerte de Trillo, y está ambientado en Londres. Pasan menos cosas que en el Vol.1, porque los autores le dedican muchas páginas a flashbacks a cuando los protagonistas eran jóvenes, pero no está mal. Prefiero eso a que me rellenen el álbum con peripecias imposibles que no aportan nada al argumento global de la saga. Acá hay mucho desarrollo para los personajes, y hasta tenemos un par de escenas en las que la magia parece tener alguna relevancia en la trama. ¿Es magia, son ilusiones, qué onda? No está muy claro.
Lo que seguro es magia es lo que pela Mandrafina en la faz gráfica. A pesar de que dibujar a Londres de fines de los años ´30 es un embole, a pesar de que prácticamente no hay páginas de menos de ocho viñetas, a pesar de que algunas páginas tienen una cantidad de texto grotesca, que conspira contra el disfrute del dibujo... a pesar de todo, Cacho deja el alma en cada cuadrito y nos regala una página perfecta atrás de otra. El tratamiento del color, la forma de planificar las escenas de acción, las expresiones faciales, el cuidado por la exactitud de peinados, trajes y vehículos de la época... todo es fascinante. Sobre todo ver a un referente absoluto del claroscuro convertido en un maestro del color. Un trabajo realmente brillante del co-creador de Savarese, El Condenado y Cosecha Verde.
Pero no hay más guerra de los magos. La editorial Delcourt discontinuó la serie tras el Vol.2, y nunca le pregunté a Cacho si llegó a dibujar (o a leer) el guion del tercer y último álbum. No es la primera vez que un editor francés deja trunca una obra de autores argentinos (le pasó a Trillo y Horacio Domingues con La Marque du Pechée y a Gustavo Schimpp y Horacio Lalia con Belzarek), y aparentemente la chapa de Dal Prá y Mandrafina no alcanzó para sacar la serie a flote, ni siquiera como para terminarla y vendérsela a algún editor italiano, español o latinoamericano. Un bajón.
Bueno, nada más. Mañana miércoles hacemos un vivo en el Instagram de Comiqueando que va a estar muy bueno, el viernes estoy presentando ¿Quién quiere ser superhéroe? en el Espacio Shazam! de Santiago de Chile, y el sábado voy a participar de la presentación del tomo integral de El Brujo, también en Shazam!. Después tengo unos días de vacaciones y el 1, 2 y 3 de Abril voy a estar cubriendo la WonderCon en Anaheim, cerquita de Los Angeles y enfrente de Disneyland. Y seguro voy a recorrer comiquerías (y librerías y disquerías y antros nocturnos) en toda esa zona de California. A la vuelta les cuento qué onda. Gracias y hasta entonces.
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martes, 8 de marzo de 2022
DOS LIBRITOS MÁS
Antes de salir para San Nicolás, clavo reseñas de dos libritos que tengo leidos. También vi la peli nueva de Batman, pero me guardo la reseña unos días, así más gente la ve y me siento más impune a la hora de meter spoilers.
En Marzo de 2011, pocas semanas antes de la muerte de Carlos Trillo, se publicó el Vol.1 de La Guerre des Magiciens (La Guerra de los Magos), una creación conjunta de Trillo con su amigo italiano Roberto Dal Prá, que encontró en Cacho Mandrafina un dibujante ideal… pero muy lento. La serie tuvo muchísimos retrasos, al punto que la editorial decidió discontinuarla tras el Vol.2, que apareció bastante después de la muerte de Trillo.
Todavía no leí el Vol.2 y no sé qué tan inconclusa queda la historia, pero el Vol.1 me dejó muy en claro que los guionistas no tenían ningún apuro para hacer avanzar la trama hacia la resolución. En estas primeras 46 páginas, Trillo y Dal Prá presentan a los personajes, establecen el conflicto principal, resuelven un par de peripecias menores en esa Berlín de fines de los años ´30 bajo el yugo de los nazis (sí, otra vez los villanos son los nazis) y no mucho más. En ningún momento la narración se empantana ni se hace aburrida, en parte por el altísimo nivel de los diálogos, y en parte porque los guionistas le imprimen un buen ritmo incluso a secuencias que, en el contexto general de la trama, resultan bastante menores. Hasta ahora, la magia y los magos son elementos de poquísimo peso en la trama, prácticamente monopolizada por el clásico “judíos que intentan zafar de la opresión nazi en condiciones absolutamente desfavorables”. Veremos si en la segunda parte la fantasía dice presente.
El principal atractivo de La Guerre des Magiciens es, irónicamente, lo que más problemas le generó: el trabajo detallista, perfeccionista, con una entrega absoluta, de un Cacho Mandrafina que se animó a ponerle color él mismo a sus dibujos, siempre tan identificados con el claroscuro y el blanco y negro. El resultado es una maravilla, un álbum que visualmente te cautiva, te mete en la historia y te hace vibrar cuantas veces se lo propone. Cada locación y cada personaje están perfectamente plasmados en la página gracias a los pinceles mágicos de Mandrafina, que además mete un hermoso homenaje al inolvidable René Lavand. Las páginas en las que Cacho no se ve restringido por las cuatro tiras de viñetas (que son poquísimas) nos ofrecen unas imágenes de enorme fuerza expresiva, con un lucimiento increíble de un dibujante clásico que jamás pasa de moda ni deja de perfeccionarse. Prometo entrarle pronto al Vol.2.
Y me quedo en Francia, donde en 2019 se publicó Una Hermana, excelente novela gráfica de Bastien Vivés que en 2021 tuvo edición argentina a cargo de Hotel de las Ideas. La traducción de Giselle Prunes acierta al optar por el castellano rioplatense y la verdad es que son pocos los diálogos que no suenan 100% coherentes con la jerga porteña y nuestra manera de hablar.
Los diálogos y los silencios son importantísimos en una obra donde no hay acción ni aventuras, sino más bien una exploración de los vínculos que se generan entre los personajes. Antoine y Héléne son adolescentes retratados con una profundidad y una tridimensionalidad conmovedoras, y además de conducir la trama, generan la inmediata identificación y hasta el cariño de los lectores. Esta es una historieta rara, porque sin ser pornográfica, incluye un montón de momentos que pocas editoriales se animan a publicar, como sexo entre menores de edad, con primeros planos de genitales, eyaculaciones y demás. Pero repito: Vivés no muestra pijas y petes para que nos hagamos la paja, sino que es todo parte de esa experiencia, de ese rito iniciático que viven Antoine y Héléne y que (como suele suceder cuando uno es adolescente y se cree un guacho pistola que se las sabe todas) en un punto se les va de las manos.
El guion de Una Hermana es realmente sólido, está pensado para llegarte al alma, y sobre todo es ágil, dinámico, directo. Vivés no se cuelga en boludeces, no juzga a los personajes, sabe meter pinceladas de humor en momentos dramáticos y logra momentos de increíble tensión que llegaron a ponerme muy nervioso.
El dibujo es muy interesante. Vivés dibuja en un estilo sumamente realista, pero intencionalmente despojado. Es como si le dieran el guion a un virtuoso del estilo académico-realista y después alguien retocara sus dibujos para sacarle elementos, para simplificar la línea y eliminar trazos, texturas, detalles. La base está y es muy buena, pero Vivés busca la síntesis por sobre el despliegue visual, y reduce las viñetas a una combinación de formas muy estilizadas, y muy bien delimitadas por el blanco, el negro y los grises aplicados en el Photoshop. Por supuesto hay algunas viñetas más detalladas, sobre todo cuando elige primeros planos, pero en general se nota eso: un dibujante que quiere mostrar un mundo 100% real, al que le faltan intencionalmente casi todos los detalles que uno apreciaría en una fotografía. Muy recomendable, de verdad.
Y nada más, por hoy. El sábado y el domingo voy a estar con un All-Star Squadron de autores y especialistas participando de Tinta y Trazo, un evento de historieta y humor gráfico en la ciudad bonaerense de Mercedes, donde también habrá un espacio para presentar ¿Quién quiere ser superhéroe?. Si andan por la zona, dense una vuelta que va a estar buenísimo. Gracias y hasta pronto.
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