el blog de reseñas de Andrés Accorsi
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martes, 14 de octubre de 2014

14/ 10: THE LORDS OF MISRULE

¿Qué es esto? ¿Un flashback al 01/07/12? No, tranqui. Aquella vez yo me había cebado con la primera novela gráfica de Lords of Misrule y me proponía conseguir la secuela. Pero hete aquí que la editorial Radical reeditó en un sólo tomo TODO Lords of Misrule: la secuela, la novela gráfica y tres historias cortas, perdidas andá a saber en qué antología. Es un libro majestuoso, un hardcover de 264 páginas editado como los dioses, así que cuando lo vi a buen precio, me tiré de cabeza, aunque me quedara “repe” la primera parte.
No voy a reiterar los conceptos de la reseña que le dediqué hace unos años, pero sí subrayar dos cosas: 1) En el contexto global de la saga, es decir, a raíz de lo que sucede después, esa primera historia es bastante menor, tiene un peso… chiquito. 2) Aquellos horrores indecibles, aquellos vejámenes que sufrieron los dibujos de Gary Erskine bajo la inclemente e incompetente paleta de una colorista abyecta, fueron subsanados. Ahora la historia de Kieron Wallace aparece recoloreada por JM Ringuet, un dibujante, ilustrador y colorista francés que vive en China, conocido sobre todo por Transhuman, una serie que hizo en Image junto a Jonathan Hickman. Y ahora sí, la faz gráfica se ve sólida en todos sus rubros.
Pero vamos a la secuela, a esa saga de seis episodios en la que John Tomlinson comparte los guiones con Dan Abnett y se suma como dibujante nada menos que Peter Snejberg. Acá el argumento se hace más ambicioso, más complejo, se empieza a entender mejor qué carajo tienen que ver esas secuencias ambientadas en un mundo de fantasía épica onda Tolkien, y el foco se desplaza hacia Jack Goodfellow, un personaje al que los guionistas trabajarán a fondo. Pero se rompe un poquito el equilibrio entre thriller psicológico, misterio freak onda X-Files y terror puro y duro, con mucho gore, sangre y mutilaciones. Sin irse muy al carajo, y sin perder interés, la cosa derrapa para el lado del terror y por momentos este se hace muy gráfico, muy cabeza. Quizás, si la saga tuviera dos episodios menos, se podrían haber obviado algunas peripecias truculentas que en su momento impactan, pero que en el global de la historia no aportan demasiado.
Para cuando empezás a vislumbrar el final, cómo puede llegar a cerrar todo, son cuatro o cinco los personajes que cobraron peso en la trama. Y la resolución, sin ser hiper-original, está muy bien lograda. Pero claro, para esta instancia ya estamos inmersos claramente en “una de terror”, con criaturas abisales, machaca y ríos de sangre, muy lejos de ese tono gaimanesco que yo señalaba cuando leí la primera parte. Las historias cortas también van para ese lado, el de un terror que amaga con ser fino, psicológico, pero en un punto enfila hacia un tono más gráfico, más chocante, más cerca de la E.C. que del Vertigo de los ´90. Lo cual no significa que estén mal. Por el contrario, se disfrutan bastante incluso sin saber una chota acerca de Jack Goodfellow, su linaje y su conexión con el extraño pueblito de Callow.
Pero estoy dejando de lado lo más notable, que es el trabajo de Peter Snejberg en el dibujo. El gran danés produjo todas estas páginas a fines de los ´90, en blanco y negro, que es como las publicó Dark Horse en su momento. Es un laburo monumental de Snejberg, consagratorio por su manejo de las expresiones faciales, de los fondos, de la puesta en página, del jueguito (que ya había hecho Erskine) de dibujar en otro estilo las páginas en las que la narración coquetea con la fantasía épica… Y sospecho que Snejberg la habrá roto también con los climas y con el manejo del claroscuro, que es su técnica favorita. Sin embargo eso no se ve en esta edición, porque por encima del dibujo del gran danés tenemos el color de JM Ringuet, que hace un trabajo absolutamente genial, que casi eclipsa al del dibujante. Ringuet le pone al dibujo de Snejberg texturas, profundidad, volúmenes… tonalidades que no se ven habitualmente en el comic yanki, y que hacen que algunas páginas parezcan coloreadas por Enki Bilal o Miguelanxo Prado. Milagrosamente, el claroscuro de Snejberg se potencia muchísimo y se acerca todavía más a los mejores trabajos de Richard Corben, con quien –insisto- hay que emparentar cada vez más al capo de Copenhague.
Si sos fan de Peter Snejberg y lo querés ver rozar la gloria, no lo dudes. En Lords of Misrule, además de una buena historia de misterio, terror y mitos ancestrales, te espera la conjunción entre los excelentes dibujos del danés y una paleta de colores que lo reinventó y lo elevó a la estratósfera.

domingo, 1 de julio de 2012

01/ 07: THE LORDS OF MISRULE

Cuando uno está muy, muy hecho crosta por culpa de los comics, hay veces que no sólo compra un libro por el personaje, por el tema, por el guionista o por el dibujante. En los casos más extremos de la adicción, vale incluso comprar por la editorial. Alguna vez te podrás clavar, no lo dudo, pero algunos sellos editoriales tienen esa chapa, esa mística, ese “no sé qué” que te hace mirar con cariño cualquier cosa que hayan publicado. Así es como, boludeando por Lima Comics, me tiré de cabeza sobre este librito del que no sabía absolutamente nada, excepto que estaba a buen precio, la portada de Simon Bisley era irresistible y lo editaba Atomeka, aquel sello británico que durante los primeros años ´90 nos deleitó con unas cuantas de las mejores historietas jamás publicadas en el imperio de Su Conchuda Majestad.
Ya adentro del tomo, me encuentro con una mezcla entre thriller psicológico, misterio freak al estilo X-Files y una especie de historia paralela, bien enrolada en el género clásico de fantasía épica al estilo Tolkien. Todo esto sale de la mente de John Tomlinson, guionista inglés del que no recuerdo haber leído otras obras, quien acá emprende la dura labor de subirse a esa onda que Neil Gaiman le daba a los primeros arcos de Sandman, aquellos en los que la inolvidable epopeya de Morpheus coqueteaba bastante con el terror y no tenía mayor drama en sumergirse en las fosas del gore, la sangre y las mutilaciones. No sería justo decir que Tomlinson busca clonar a Gaiman, pero sí encontrar un tono parecido. Y la verdad es que, sin ser Sandman, The Lords of Misrule logra ese equilibrio entre lo impactante, lo intrigante y cierto aire de sofisticación, de “no en cualquier comic te cuentan estas cosas de esta manera”.
El personaje central, el ilustrador Kieron Wallace, está trabajado a full, con un grado de complejidad encomiable. La trama está bien llevada, no está estirada en lo más mínimo, los flashbacks calzan en los momentos justos, las secuencias de la “historia paralela” también, el final resuelve prácticamente todo (todo no, porque habrá una secuela) y el gore salpica, pero sin estropear las cualidades de la historia. No quiero contar mucho del argumento para no spoilear. Es difícil explicar de qué va la historia sin revelar lo que Tomlinson no quiere que sepas hasta que él mismo te lo cuenta. Pero creeme que está muy buena.
A cargo del dibujo tenemos a Gary Erskine, con quien ya nos encontramos varias veces, esta vez con un trabajo impresionante, de enorme calidad. Lo de Erskine es muy, muy bueno: sus secuencias de fantasía épica parecen una mezcla entre lo mejor de P. Craig Russell y Charles Vess, sus secuencias más dark son tremendas, tiene primeros planos laburados casi con tanto detalle como los de Brian Bolland y un repertorio de expresiones faciales variadísimas y llenas de detalles, que por momentos me recordaron a Richard Piers Rayner, el de The Road to Perdition. La narrativa está perfecta, siempre a tono con las sorpresas truculentas, bizarras o retorcidas que propone el guión y con el espacio suficiente para que Erskine descontrole en un puñado de viñetas enormes, de increíble potencia visual. La única cagada es que el color, a cargo de Sophie Heath, es cuasi-catastrófico. Decí que esto se editó en 1993, porque hoy, a una colorista que entrega un laburo así, le meten una patada en el orto que la dejan en órbita geoestacionaria junto al Intelsat V.
Y bueno, ahora a buscar la secuela, que según me bate Wikipedia salió en Dark Horse, con Dan Abnett como co-guionista, el gran Peter Snejberg como dibujante y en blanco y negro, como para zafar de los horrores perpetrados en este primer tomo por esa colorista que –en un mundo más justo- debería estar en cana. Me juego el izquierdo a que el Vol.2 se consigue en oferta por muy poquitos dólares...