
Los editores de Francia, esos que tienen al mercado bajo permanente análisis e investigan los fenómenos del comic a nivel molecular, descubrieron que hay un segmento del público juvenil en el que el consumo de historietas es particularmente bajo: los fans del rap y el hip-hop. Así es como Dargaud (nada menos) se aventuró a seducir a ese segmento “rebelde” con un libro en cuya trama tiene bastante peso Rim´K, el líder del grupo de hip-hop galo 113.
Rim´K participó del guión junto a Régis Hautiére, un guionista prolífico (acumuló más de 20 obras en seis años) y querido por los fans. Pero entre los dos se mandaron un cagadón: buena parte del peso dramático de la trama recae en un recurso maravilloso para el cine y muy complicado para la historieta: una persecución de autos. La persecución de autos en un medio sin sonido y (sobre todo) sin movimiento se hace muy, muy cuesta arriba. Por supuesto, hay metáforas visuales para sugerir el movimiento, pero no es lo mismo. En el cine ves y hasta sentís con mucha más intensidad lo cerquita que pasa un auto de otro, los sacudones que se dan dentro de la cabina en cada frenada o cada curva agarrada medio a lo salvaje, el verdadero vértigo de una persecución. En el comic, si extremás los recursos expresionistas para acentuar el vértigo, te despegás mucho de la imagen “real”, de cine, que es la que el lector tiene como referencia para la persecución de autos. Si la dibujás muy real, con fotos mínimamente retocadas, te queda algo estático, donde no se lucen ni la velocidad ni el vértigo.
El dibujante al que le tiraron este fardo no es otro que el argentino Walther Taborda, el “BD Maker”, uno de los artistas locales más curtidos en el tema de laburar con constancia para el mercado francés. Y la verdad es que Taborda pilotea el avión averiado con destreza y profesionalismo. Hay escenas en las que tanta foto de auto retocada te llena un poquito las bolas, pero el BD Maker trata de variar los ángulos y de mechar con tomas de adentro de los autos, donde los personajes aparecen dibujados en su estilo habitual, más suelto, menos acartonado. Ahí es donde Taborda hace la diferencia, cuando interactúan entre sí los cinco chicos protagonistas, e incluso los villanos. En esas secuencias, entre personajes con mucha onda y unos fondos laburadísimos, transcurren los mejores pasajes del álbum.
Por el lado de los guionistas, no todo está perdido. Sí, se mandan una que cualquier profesor de guión les recomienda a sus alumnos no hacer. Pero también hay aciertos: la trama de corrupción política descubierta casi sin querer por estos pibes del suburbio está muy bien llevada. Los chicos además son reales. Parecen de acá nomás, de cualquier barrio del conurbano bonaerense. Juegan al fulbito en el potrero, se ceban con la playstation, y coexisten con padres que no les dan ni bola y con malvivientes que los usan para algún laburito sucio, pero menor. Los diálogos están cuidados y el rol que Rim´K se reserva para sí mismo no es intrascendente, pero tampoco es el superhéroe omnipotente que resuelve todo solito y sin ensuciarse la capuchita. O sea que, a pesar de abusar de un recurso que en el comic cuesta un huevo hacer funcionar, la historia tiene onda, sustento y –sin ser nada del otro mundo- atractivo.
Y bueno, no sé si los fans del hip-hop acudieron masivamente a las librerías a comprar Ghetto Poursuite, pero me sirvió para ver a Taborda en un muy buen nivel, en una historieta de temática urbana, actual, dinámica, con un guión que no le exige 150 cuadros por página, y con un colorista que entendió el tema del claroscuro y desarrolló una paleta intencionalmente limitada, y a la vez muy bien ajustada al clima de la historia y al dibujo del BD Maker. Por ahí, y por la construcción de los personajes, pasan los logros de este álbum.