el blog de reseñas de Andrés Accorsi
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viernes, 22 de septiembre de 2023

MAÑANA OTOÑAL

Empezó la primavera, pero se ve que todavía no le llegó la notificación para presentarse a laburar, por lo menos acá en Buenos Aires. Todo bien, la esperamos un par de días más. Vamos con las reseñas, que a eso vinimos. El 30/04 de este año me tocó hablar del Vol.6 de The Amazing Adventures of the Escapist, esa antología en formato prestige que publicaba Dark Horse allá por 2004-2005. Y bueno, ahora voy un toque para atrás, para reseñar el Vol.5. Un tomito de 80 páginas que por ahí no deslumbra tanto con el listado de autores que participan, pero me dejó bastante satisfecho. La primera historia tiene un guion sugestivo, en el que Kevin McCarthy lleva a otro nivel el concepto de "escapar hacia la libertad". Es una estructura muy clásica, casi predecible, pero está claro que el foco no está puesto en la aventura en sí, sino en el mensaje. Y el dibujo de Shawn Martinbrough la rompe en mil pedazos. Después llega el maestro Paul Grist, con una historia breve, mucho menos sustanciosa, apoyada casi exclusivamente en el encanto mágico de su dibujo y su puesta en página. Howard Chaykin dice "presente" una vez más, ahora como guionista de una historia bastante bien dibujada por David Hahn, un tipo que generalmente me produce bostezos. El guion es una especie de sátira a los comics de DC de la Silver Age, y por ese lado funciona bien. Jeffrey Brown nos propone la versión "comic indie" del personaje creado (en la ficción que inventó Michael Chabon) por Cavalier y Klay, en una anécdota menor que se hace larga al pedo. Y para terminar, una muy linda historieta, con resonancias intencionales a aquel famoso primer team-up entre Green Lantern y Green Arrow, en la que The Escapist demuestra que también está para ayudar a un viejo afroamericano que está en las últimas. Esto está escrito por Jason Hall y dibujado por Eric Wight, que es una especie de Steve Yeowell bueno. Y una vez más, me encuentro con unos textos brillantes, en los que especialistas en la historia del comic (entre ellos nada menos que el mítico Roy Thomas) aportan artículos en los que nos retroinjertan en la continuidad (o sea, en la historia del medio) a The Escapist, sus autores y las editoriales que publicaron sus historietas a lo largo de las décadas. Esto está tan bien hecho que si no sabés la historia de The Escapist, de la novela The Amazing Adventures of Cavalier and Klay y demás, te podés comer tranquilamente el verso de que estamos hablando de un superhéroe posta aparecido en la Golden Age y continuado por distintos autores hasta los años ´70. Creo que me falta un sólo librito para completar todas las entregas de esta antología, así que sigo atento, a ver si aparece, porque hasta ahora, todas las entregas tienen unas cuantas cositas recomendables, ya sea en los guiones, los dibujos o los artículos. Y además soy muy fan de la novela de Michael Chabon, así que cualquier cosa que conecte con ese universo, me ceba.
Me vengo a Argentina, año 2023, cuando se recopilan en libro las 270 tiras de León Rey, originalmente publicadas con periodicidad diaria por J.J. Rovella en sus redes sociales. Lo más impactante de esta obra es eso: Rovella hizo cada una de estas tiras en un día. Son tiras que en algunos casos tienen hasta cinco o seis viñetas, con un nivel de dibujo que ya no se ve en las tiras de los diarios. Fondos muy laburados, grises aplicados con gran criterio, mucha variedad de enfoques (no son todas cabecitas que hablan), gran atención a detalles de iluminación, texturas... La verdad que lo que dibuja acá Rovella es demasiado para una historieta realizada con periodicidad diaria y pensada para publicarse de manera gratuita en la web. El argumento de la tira le da a Rovella la oportunidad de dibujar no sólo seres humanos, sino también un amplísimo abanico de animales, algunos antropomorfos y otros no, y todos están perfectamente retratados. Visualmente estamos ante una historieta fascinante, sin ningún tipo de fisuras ni titubeos. El guion de León Rey es un toque más extraño. La historieta mezcla dos cosas: por un lado, la clásica tira diaria más o menos costumbrista, que busca cerrar cada entrega con un remate si no humorístico, por lo menos ingenioso. A veces es un chiste más tradicional, a veces un juego de palabras, pero va por ahí. Y por el otro lado, muchas de las tiras se concentran en el aspecto más aventurero de la obra y están armadas sobre un cierto andamiaje dramático, con finales jodidos en forma de cliffhangers y una tensión que Rovella hace crecer entrega a entrega. Esa tensión entre las dos formas de plantear la tira hace que la lectura sea rara, que uno diga "pará, ¿qué carajo está pasando acá?, ¿qué me quiere contar este tipo?"... hasta que ya para la segunda mitad del libro, la trama aventurera gana la pulseada y León Rey empieza a avanzar en una única dirección. Y ahí nos encontramos con un relato también extraño, que ofrece explicaciones bizarras al estilo Twilight Zone para todo lo que vimos a lo largo de la tira, incluso cosas que parecían puestas ahí para generar un efecto humorístico, como el hecho de que León vea a los humanos con cabezas de animales. Nada es lo que parece ser, y a medida que caen los velos, Rovella blanquea quiénes son los malos, quiénes los buenos, cuáles son los planes de cada uno y cómo funciona este cruce entre realidades, cuya complejidad no tiene nada que ver con las tramas típicas de las tiras costumbristas onda El Loco Chávez o El Negro Blanco. Es increíble cómo en un formato tan restrictivo como el de la tira, Rovella logra contar una historia tan ambiciosa, en la que pasan tantas cosas zarpadas en espacios tan reducidos. Si sos fan de Rovella, si todavía no lo descubriste, o si te interesa ver a un dibujante completísimo explorar los límites de lo que se puede hacer en el formato (y la periodicidad) de la tira diaria, entrale a lo bestia a León Rey. Una animalada, posta. Nada más, por hoy. Nos leemos pronto por acá, o nos vemos en el canal de YouTube de Comiqueando, o nos escuchamos en el Podcast de Comiqueando o en Distinguida Competencia. O nos encontramos en vivo, en Santiago de Chile, en apenas siete días.

viernes, 14 de octubre de 2022

TRES LIBRITOS APAISADOS

Qué loco cómo en Argentina se siguen editando libros en el formato apaisado que popularizaron en décadas pretéritas publicaciones como Mafalda, Patoruzú o las de la editorial Frontera. Algo que en el resto del planeta es rarísimo, acá está totalmente naturalizado. Pero lo que importan son los contenidos, más que los formatos, así que vamos a leer tres libritos de más o menos reciente aparición. Sobre fines de 2021 salió el Vol.1 de Ultra Zombies, Humor Descerebrado, una creación de Pablo Henríquez, con dibujos de J.J. Rovella. El librito empieza con la presentación de ocho personajes y de un conflicto que los va a englobar a ellos y a sus enemigos, y te genera la ilusión de que vas a leer una gran aventura, una batalla épica entre los Ultra Zombies y este grupito bizarro donde hay un zombie-Drácula, un zombi-Frankenstein, un zombie-momia y demás variantes. Yo dije "bueno, una versión más violenta de Escuela de Monstruos... puede andar". Pero no. Cada página de Ultra Zombies es un chiste autoconclusivo que se remata en no más de seis viñetas, y ni siquiera son chistes graciosos. Alguno capaz te saca una sonrisa, pero en general son chistes viejos, que hasta los chicos a los que apunta esta historieta seguro ya leyeron alguna vez en otro lado. El conflicto global, que en principio daba para algo interesante, está bastante desaprovechado: todo queda en una gran excusa para meter chistes de monstruos y zombies sin arriesgar nunca en lo más mínimo. Esto es totalmente prescindible y no lo salva ni la buena tarea de Rovella al frente del dibujo y el color.
También a fines de 2021 se editó Salchiaventuras, un nuevo recopilatorio de historietas de ¡Corré, Wachín!, de las que Nahuel Sagárnaga suele producir para subir a las redes sociales. Este librito incluye cinco aventuras que el carismático perrito salchicha co-protagoniza junto a varios perros más. Rodear a Wachín de una pandilla de amigos es una buena idea, pero a veces (como en la última historia del libro) Sagárnaga la lleva a un extremo en el que no se sostiene. Creo que las historias que más me gustaron fueron las dos primeras, que son las que mejor combinan humor con una aventura más o menos verosímil, siempre con la limitación de que es un material apuntado a un público muy amplio, que incluye a niñ@s y a gente que habitualmente no lee comics. A todas las historias les veo el mismo problema: están narradas a un ritmo muy brutal, como si fueran comics de superhéroes. Las transiciones entre viñetas, los ángulos que elige Nahuel, dónde mete los primeros planos, dónde mete las líneas cinéticas, cómo organiza las secuencias de acción... Hay un contraste muy fuerte entre el formato de dos tiras por página y ese timing desenfrenado, que todo el tiempo busca maximizar el impacto de lo que pasa... cuando lo que pasa es que un perrito huele un sorete, o sale corriendo porque se asustó de algo. Incluso en los diálogos entre los humanos, Sagárnaga exagera el énfasis y la tensión con recursos que seguramente aprendió de Akira Toriyama, pero que van mejor en otro tipo de narraciones. Me parece que las historias de Wachín deberían estar menos jugadas a la acción, sin buscar la epopeya en lo cotidiano, sobre todo para no deformarlo más allá de cualquier umbral de verosimilitud. Que los perros hablen entre ellos uno ya lo tiene normalizado. Pero cuando empiezan a actuar como humanos con cabeza de perro, a agarrar objetos con las manitos como si tuvieran pulgares reversibles y cosas así... no te digo que esté mal, pero se pierde sentido el contexto de la tira, en el que estos bichos son mascotas de los seres humanos, que necesitan que les den de comer, que los lleven a pasear, etc. Obviamente los más chicos no van a hacer estas salvedades y seguro disfrutarán a full de las aventuras de Wachín y del dibujo de Nahuel, que es MUY bueno.
Y ahora sí, tengo para comentar un comic argentino publicado en 2022. Tardé una bestialidad, pero acá estamos. Y lo mejor de todo es que es un comic MUY bueno. Gala y Gibbs, de Matías Di Stéfano y Marcos Vergara, plantea una aventura apta para todo público con un montón de elementos tribuneros (naves espaciales, dinosaurios, samurais alienígenas, simios que la van de Flash Gordon, acción, romance, etc.), narrada con talento. El trabajo de Vergara es excelente: tanto el dibujo como el color y el armado de las secuencias son impecables. Por ahí alguna escena se podría haber visto beneficiada con una puesta en página más jugada, o más impactante, pero incluso dentro de los confines de las dos tiras por página, la acción se disfruta muchísimo. Como es su costumbre, Di Stéfano se luce muchísimo en los diálogos, que son su especialidad. Acá hay bastante margen para la comedia, pero nunca se pierde el foco dramático: todo el tiempo pasan cosas grossas que sacuden a los personajes y a su mundo. Por ahí el primer acto es muy largo, en comparación con el segundo y sobre todo con el tercero, que es notoriamente breve. Pero me doy cuenta de que para los más chicos podría ser medio un embole si se estiraba mucho la parte que a mí más me gustó, que es la de los protagonistas en el planeta selvático. Recomiendo mucho Gala y Gibbs, porque es una historieta bastante original, bien escrita, entretenida, sin mayores pretensiones, con unos dibujos muy expresivos, muy potentes, color precioso, una tipografía lindísima para los globos y un ritmo pensado para enganchar a grandes y chicos por igual. Y nada más por hoy. Nos vemos este finde en Dibujadxs y nos reencontramos la semana que viene con nuevas reseñas, acá en el blog.

domingo, 18 de agosto de 2019

DOMINGO CON GUSTO A SABADO

Mientras se me reconstruye lentamente el culo después de la goleada que se comió ayer la Academia, avanzo con las reseñas de un par de libritos que leí en estos días.
Tenía colgada la serie central de Fables desde un lejano 06/11/16, cuando me tocó reseñar el Vol.19. Ahora, por fin, le entré al Vol.20, que me deja ahí, a un TPB y monedas del final de esta complejísima epopeya diseñada por Bill Willingham. El Vol.20 es un tomo voluminoso, con 10 episodios de la serie regular. No precisamente los mejores, pero bueno, tampoco es que acá Fables se va a la B o rifa la tremenda chapa acumulada en los años previos.
El TPB arranca con un episodio autoconclusivo muy menor, centrado en la familia de humanoides creados por Geppetto con la madera mágica, que ahora viven una vida absolutamente normal en una Fabletown que se reconstruye de a poco. Esto está dibujado con sobriedad por el siempre efectivo Barry Kitson. En el tramo final del libro, otro unitario (esta vez centrado en el mismísimo Geppetto, con algunas pistas de para dónde puede llegar a agarrar uno de los personajes más impredecibles de la serie) y un arquito de dos episodios, protagonizado por el Gato con Botas y los chicos de la banda de Boy Blue. Acá dibuja como puede Steve Leialoha (después de tanto entintar a Mark Buckingham ya casi le clona el estilo) y es una aventura sumamente estirada, pero que plantea algo que –supongo- Willingham va a utilizar para darle un final muy lógico a Fables.
Y el núcleo del libro, o sea, los seis episodios restantes, son un gigantesco epílogo a lo que sucedió en el tomo anterior. La reconstrucción de Fables, la resurrección de un personaje al que vimos morir, los intentos de los magos por revivir a otro al que vimos… convertirse en algo inerte (perdón por no especificar), y en el medio, un nuevo plan disparatado de Rose Red, que puede terminar en una nueva era de gloria o en otra catástrofe. Willingham aprovecha este “tomo de pretemporada” para hacer hablar mucho a los personajes, para que se replanteen un montón de cosas, para que aprendan y crezcan. Para esta altura, el autor ya tiene clarísimo cómo sacarle el mejor provecho al tema de la serie periódica sin límite de episodios y se da lujos muy notables en el timing del relato y en la cantidad de escenas que le dedica a la introspección o las charlas entre los personajes.
Por supuesto el mejor episodio es un interludio en el arco de Rose Red, que consiste en el encuentro entre tres personajes muertos, que se juntan en una especie de limbo, simplemente a conversar. Acá están los mejores diálogos del tomo, las secuencias más emotivas y las páginas mejor dibujadas por un Mark Buckingham notable. Y como siempre, por atrás y por los costados de historias largas y unitarios cortitos, avanzan unas cuantas runflas espesas, premoniciones ominosas, facturas impagas que se acumulan y personajes menores que esperan agazapados su momento para copar la parada y brillar. No tengo los dos tomos que me faltan para completar Fables (acepto donaciones), así que no sé cuándo podré leer y reseñar el final de esta increíble serie del sello Vertigo, al que todos los dioses tendrán en la gloria ahora que no existe más.
No me quiero ir sin recomendar Tirapia, un librito publicado este año por Ediciones de la Flor que reúne más de 180 tiras cómicas realizadas por J.J. Rovella y aparecidas originalmente en las redes sociales del autor.
Acá Rovella trabaja con total libertad para abordar los temas más diversos, sin tener que centrarse en personajes puntuales (aunque en varias tiras aparecen el Oficial Yuta, Brunella, Zebita, Don Pictórico y hasta Dante Elefante), con la posibilidad de jugar con el absurdo, con el humor negro, de tirar referencias a la cultura pop, de buscarle vueltas ingeniosas al lenguaje icónico de la historieta y hasta de clavar comentarios políticos que no tienen nada que envidiarle a los que leemos todos los días en Alegría. El resultado es muy satisfactorio, con unas cuantas tiras que me hicieron reir en voz alta, otras que me dejaron pensando, otras donde el dibujo brilla más que la idea que motoriza al “chiste”… Creo que las tiras más flojas son esas en las que Rovella juega al humor verbal, a tomar una frase y darla vuelta para tratar de generar un efecto cómico. Me divierte mucho más cuando el efecto cómico llega de la mano del dibujo, o del armado de la secuencia, o de una ingeniosa subversión de las normas que normalmente se aplican a la lectura de historietas o chistes gráficos. Obviamente quiero más libritos con tiras cómicas de este animalito que no deja recurso sin utilizar a la hora de arrancarnos una sonrisa, o de bajar una línea clara, potente y hasta urgente.

Nada más, por hoy. Ni bien tenga más material leído, se viene un nuevo post, acá en el blog.

lunes, 22 de octubre de 2018

LUNES CON PAPA FINA

Durante el finde me clavé dos libros realmente notables, que procedo a reseñar.
Empiezo en Japón, en la primera mitad de los ´70, aquel período de mágica fertilidad en la que el Dios del Manga, el maestro Osamu Tezuka, se sumerge en las profundidades del gekiga para regalarnos una cuasi-inagotable sucesión de obras de contenido adulto, a veces muy brutales, descarnadas, desbordadas de una mala leche que no aparecía ni siquiera insinuada en las historietas creadas por este genio en los ´50 y ´60.
Bárbara es una obra atípica dentro de esta etapa oscura y extraña del Manga no Kamisama, porque (creo que por primera vez) el autor juega a abrir interrogantes que no se resuelven nunca. La trama cobra visos de realismo mágico, con elementos que no tienen una explicación racional, o que tienen más de una, y Tezuka nunca nos dice cuál es la posta. La propia Bárbara (protagonista de la obra junto al escritor Yosuke Mikura) encarna el misterio, la ambigüedad, la ilógica. En un momento, Tezuka parece decidirse por una explicación muy copada: Debajo de su aspecto mugriento, su temperamento incontrolable y su desmedida afición por el escabio, la bella Bárbara es en realidad una de las musas que desde la época de los griegos inspira a los artistas. Después aparece una segunda explicación, que contradice a la primera y a la que Tezuka se aferra a lo largo de buena parte de la segunda mitad de la obra: Bárbara en realidad es una bruja, parte de un culto ancestral que adora a dioses oscuros y maneja fuerzas sobrenaturales.
De todos modos, esto es secundario, no es lo que hace atractiva a la obra. El gran gancho que tiene este manga es la dinámica entre Bárbara y Mikura, y cómo la obsesión de este último lo lleva a cometer un disparate tras otro, a veces poniendo en riesgo su vida y otras veces llevando violencia y muerte a las de los demás. La espiral descendente de este consagrado escritor hacia el oprobio es, sin dudas, el hilo conductor de la obra. Tezuka nos pavimenta esta senda con sexo, violencia, traiciones, mentiras, política, romance, misticismo y mucha data acerca de cómo funciona la industria de los best-sellers literarios.
Y claro, también hay que sumar a la ecuación el formidable trabajo del Manga no Kamisama en la faz gráfica. Por raro que sea el argumento, el dibujo del ídolo te mete en la historia, te hace sentir partícipe. Imbatible como siempre en el armado de las secuencias y la elección de los ángulos, Tezuka la rompe además en texturas, iluminaciones y en esos momentos más expresionistas, donde deforma intencionalmente cuerpos y perspectivas para enfatizar ciertos climas y ciertas emociones, sobre todo las violentas. Al que nunca leyó a Tezuka, no le recomiendo empezar por acá. Y al que viene siguiendo la gloriosa (e inagotable) producción del Dios del Manga, le recomiendo que no deje pasar por nada del mundo esta historia retorcida, jodida, en la que la intriga y la obsesión le ganan la pulseada a la aventura.
Salto mortal a Argentina, 2018, para comentar el Vol.5 de El Infante Dante Elefante, nuevo librito dedicado a las historietas mudas de J.J. Rovella. Se supone que es un material pensado para el público infantil, pero como suele suceder con Dante Elefante, acá sobran ideas, recursos y talento para seducir también al lector adulto de paladar negro. Ya hablamos en varias entregas anteriores de cómo estructura J.J. Rovella estos chistes, ya enumeramos su amplísimo repertorio de recursos humorísticos y sus “rupturas formales” que le permiten jugar con el “vocabulario” y hasta con la gramática misma de la historieta.
Lo que tenemos para agregar en este tomito son las historias más extensas, la variante que explora Rovella al dejar de lado (un ratito) el formato de la tira, e incluso del chiste desarrollado en una página, para aventurarse en relatos un poco más extensos, siempre sin palabras. De los que trae este libro, el que menos me sedujo fue el primero, una historieta de dos páginas que funciona como homenaje a Los Tres Chiflados. Pero después vienen esas cuatro páginas en las que Dante es un preso que se fuga de la cárcel, en una historia sencillamente perfecta. Las cuatro páginas de la casa embrujada reeditan muchos chistes que uno ya vio en miles de dibujos animados clásicos, pero el dibujo, el color y la narrativa son excelentes, así que también se destaca.
Y el tomo termina con una aventura de ¡20 páginas! en las que Rovella desarrolla ese homenaje a He-Man and the Masters of the Universe que se puede intuir en la portada. Nunca hubo una historia tan extensa de Dante Elefante y esta realmente es una sorpresa muy, pero muy grata, que engrosa el repertorio humorístico de la serie y que además nos muestra al autor volcado a una puesta en página y un ritmo narrativo más cercano al del comic de superhéroes, donde también obtiene magníficos resultados. Si nunca habias entrado en el fascinante mundo de Dante Elefante, este es el tomo indicado para darle una oportunidad y disfrutar de un J.J. Rovella afiladísimo.
Nada más por hoy. Ni bien tenga más libritos leídos, vuelvo a postear acá en el blog. ¡Gracias y hasta pronto!

lunes, 1 de octubre de 2018

LUNES CHOTO

Hay viento, hace frío, se murió Carlos Ezquerra, gobierna Cambiemos… Todo una mierda. Por suerte tengo unos libritos para reseñar, como para combatir la amargura.
Arranco con el Vol.1 de La Danza del Tiempo, una saga creada en 2008 por el ídolo ucraniano Igor Baranko. Se trata de una aventura con bastante vuelo poético, ciertos visos románticos, mucha acción y mucho misticismo, ambientada en el Siglo XIX y protagonizada por aborígenes de los pueblos originarios de los Estados Unidos. La trama se apoya, básicamente, en una idea: si se baila la danza sagrada de los espíritus en el sentido inverso al que se mueve el Sol, es posible volver atrás en el tiempo. Así es como Cuatro-Vientos, el altivo, impulsivo y cancherito príncipe de los Lakota va a poder intentar (varias veces) encauzar su historia de amor con Luna-entre-las-nubes, la hija del jefe de los Pawnee. Pero esta remake de Romeo y Julieta atravesada por Back to the Future difícilmente tenga un final feliz.
En estas primeras 48 páginas, Baranko se dedica sobre todo a presentar a los personajes (con muchos hallazgos en la dupla de villanos) y a plantear como factible toda esta explicación mística para los viajes en el tiempo . Por supuesto, al haber caciques, príncipes y princesas, también hay una sana cuota de intriga palaciega y de rosca política entre estas tribus, eternamente enfrentadas entre sí, a pesar de profesar religiones similares y tener al monstruoso hombre blanco como enemigo en común. Veremos hacia dónde avanza la trama (o no, porque no tengo los tomos posteriores), pero lo que se ve hasta ahora promete mucho, sobre todo por un elemento que apenas se menciona en esta primera parte: la danza puede “rebootear” la realidad y volver a un status quo en el que los blancos nunca llegaron a América. Y en un momento, uno de los aborígenes habla de “las tribus del Sur”, así que probablemente la saga nos muestre una América Precolombina en pleno Siglo XIX, con aztecas y mayas a los que nunca invadieron los españoles. No hace falta ser un genio para sacar una buena historia de semejante consigna, así que le pongo muchas fichas a lo que puede hacer Baranko en los tomos que no tengo.
En cuanto al dibujo, el ucraniano hace gala de la profunda influencia que tienen sobre él los grandes autores italianos: Milo Manara, Hugo Pratt y Sergio Toppi se reencuentran en el trazo de Baranko, al que le queda perfecto ese color plano, sin degradés ni efectos de volumen. Visualmente esto tiene fuerza, expresividad y el grado ideal de realismo. Baranko combina páginas de muchas viñetas con momentos más épicos, o más oníricos, en los que nos detona las retinas con viñetas mucho más grandes, con un nivel de detalle y un vuelo dignos de Quique Alcatena. Y sí, como en casi todas las historias protagonizadas por aborígenes, La Danza del Tiempo tiene muchas secuencias mudas, en las que el croata demuestra una solvencia narrativa escalofriante. Quiero más álbumes de esta serie, cuanto antes mejor.
Este año el sello Historieteca lanzó su línea de humor y su primer título fue este librito dedicado a El Oficial Yuta, la longeva (y siempre fértil) creación de J.J. Rovella. Para divertirse con esta tira hay que pagar un peaje: tenés que estar convencido de que la policía es la institución más abyecta sobre la faz de la Tierra, el epítome de la corrupción, la violencia, la represión, la mala leche y la mugre más asquerosas. Si no comulgás con este credo, ni lo intentes, porque no vas a lograr sintonizar la onda de lo que Rovella quiere hacer con El Oficial Yuta.
Como en casi todas las obras de este prolífico autor, acá hay distintos tipos de humor: más físico, más verbal, basado en la “gramática” del comic, basado en parodias a cosas que todos conocemos… Rovella prueba de todo y lo único que no me termina de convencer es cuando arma esos juegos de palabras complejos, tipo “Algunos alegremente piden mano dura. Pero cuando se me va la mano, no les dura”. Después, hay varios momentos brillantes, a veces por la crueldad, a veces por el disparate, a veces por lo que hace Rovella desde el dibujo.
Y en este rubro es donde más recursos muestra el creador de Dante Elefante. Según le convenga, su trazo y su paleta mutan para transportarnos a una tira de Mafalda, un aviso publicitario de los ´70, un videojuego, un dibujo animado clásico o una pintura rupestre. Hasta las recetas de Blanca Cotta que aparecían en Anteojito reciben su parodia/homenaje de la mano de un Rovella que no deja estética sin explorar.
Y sí, muchas veces te reís para no llorar. Y sí, te podés hacer fan de un personaje irredimible, de una bestia bruta y extremadamente hija de puta. Y sí, seas o no fan de Rovella, te den asco o no las tropelías que cometen a diario los “agentes del orden”, te recomiendo enfáticamente este libro de El Oficial Yuta. No te digo que seguro se va a convertir en tu tira favorita, porque a Seguro se lo llevaron preso, y creo que el Oficial Yuta lo picaneó un toque de más…
Nos reencontramos pronto con nuevas reseñas, acá en el blog.

jueves, 30 de marzo de 2017

TARDE DE JUEVES

Es jueves a la tarde, tengo un rato al pedo y un par de libritos leídos, así que vamos a ver qué sale…
Finalmente me clavé el sexto y último tomo de Wonder Woman de Brian Azzarello, y sí, es lo mejor del New 52, por amplio margen. Por muchos motivos, principalmente porque es una historia jugada, rupturista, narrada en forma aislada del resto del universo, un verdadero comic de autor protagonizado por un personaje emblemático del mainstream. Algo que DC cada tanto le deja hacer a algún autor importante, pero no con un ícono de primera línea como es Wonder Woman. Por otro lado, Azzarello no deja de sorprender nunca. Cada giro argumental es menos predecible que el anterior… excepto el del hijito de Zola, que se veía venir desde el primer tomo. Pero pasan muchas cosas grossas, y pasan de modo orgánico, natural, no parecen manotazos de ahogado de un guionista que abrió muchas puntas y ahora las tiene que cerrar de golpe, sin saber bien cómo.
La entrada y salida de este amplísimo elenco de personajes es coherente, es prolija, obedece siempre a momentos cruciales en la trama. Los diálogos están afiladísimos, el villano tiene motivos para arriesgar todo lo que arriesga en la pelea final, la brutalidad de la machaca no nos distrae nunca de la magnitud de lo que está en juego en cada combate, y para el final uno quiere a Diana mucho más que al principio, la admira mucho más, la banca mucho más en cada decisión que toma.
El dibujo se mantiene a lo largo de todo el tomo en un nivel altísimo, gracias a los relevos entre Cliff Chiang y Goran Sudzuka, ambos comprometidísimos, dispuestos a no guardarse nada, y además muy potenciados por la labor del colorista Matt Wilson. Una vez terminada la epopeya final, el tomo ofrece las 12 páginas de esa especie de “año cero” que escribió Azzarello para un número de la revista Secret Origins, una comedia recontra-queer que termina con la llegada de Steve Trevor a Themiscyra. Para estas páginas, Matt Wilson acomoda su paleta para jugarse a colores más planos y más intensos, mientras que Sudzuka recrea con su trazo el estilo de las mejores historietas románticas de fines de los ´60, con vestigios de Mike Sekowski y Alex Toth. Una joyita en clave retro, pero transgresora hasta el final.
Por otro lado, en 2016 salió el Vol.2 de Brunella, que recopila otras 60 planchas de la historieta creada por J.J. Rovella para la revista Comic.ar. La verdad que es poco lo que puedo agregar respecto de la reseña del Vol.1 (23/07/14), así que recomiendo revisitarla.
Lo más importante es que a lo largo de estas 60 planchas, Rovella desarrolla hasta las últimas consecuencias ese núcleo argumental que se planteaba sobre el final del Vol.1. Este segundo tomito es básicamente la resolución de ese planteo, un largo y penoso tránsito hacia un final no feliz ni mucho menos, pero no tan desolador como el del primer tomo.
El resto, ya lo dije en su momento: buenísimo el dibujo, impresionante el manejo del autor de los recursos iconográficos que le permiten narrar todo esto sin palabras, tremendo el impacto que genera la combinación de un formato y una estética de tira humorística con una temática tan acuciante, tan desgarradora como la de una nena sumida en la miseria y la marginalidad.
Y el enigma que sigo sin descifrar, que es a qué público está apuntada esta historieta. De a poco me va cerrando la posibilidad de que Brunella sea un comic pensado principalmente para los talibanes de Rovella, los que lo tenemos allá arriba y le compramos cualquier cosa que lleve su firma. En el último tiempo, el personaje reapareció en “chistes” de una sóla viñeta, a color y con textos, que circulan con éxito en las redes sociales y en cualquier momento van a parar a un libro en una editorial más grande, más mainstream. Quizás entonces nos llegue la revancha a los “rovellistas” que sufrimos con las privaciones, la angustia, la sordidez que el autor nos mostró y nos hizo sentir con estas historietas tan extrañas y tan difíciiles de olvidar.
Vuelvo la semana que viene con nuevas reseñas. Si estás al pedo sábado o domingo, venite a Sismicomix, que la vamos a pasar bárbaro. Voy a estar ahí conduciendo algunas charlas con autores muy grossos, y con una mesa repleta de papa finísima a precios cuidados. La data completa del evento está acá: https://www.facebook.com/events/277068702721483/

domingo, 25 de octubre de 2015

25/10: EL INFANTE DANTE ELEFANTE Vol.3

Como me pasa cada vez que me encuentro con esta historieta de J.J. Rovella, mi capacidad crítica se hace a un lado para dejar que se expanda sin límites mi capacidad de disfrute. Dante Elefante es la infancia, es la alegría, pero también son las ideas, pequeñas rupturas que, puestas en una historieta para chicos que aparece en Billiken, tienen un efecto mucho mayor.
Por supuesto entre tanto material (hay varias páginas que traen tres tiras autoconclusivas cada una) tienen que aparecer chistes menos originales, gags que si viste mucho dibujo animado clásico (Looney Tunes, Tom & Jerry, Pink Panther, etc.) ya te sabés de memoria. Chistes de gordos en el subi-baja, a esta altura, uno ya vio todos. Chistes de giles que tratan de levantar pesas enormes y terminan con los brazos grotescamente estirados, también.
Pero, como ya dije, esta es una historieta repleta de ideas y Rovella siempre te sorprende con remates que nunca te viste venir. El chiste de los zancos y las muletas, por ejemplo, me hizo reir fuerte. El de la batalla con bombitas de agua también, me agarró totalmente desprevenido. El de los cuadros del rinoceronte es otra joya del ingenio.
Y no quiero seguir enumerando chistes, ni tampoco hacer la lista de la inmensa cantidad de recursos humorísticos y gráficos que despliega Rovella en estas páginas. Seguro que ya mencioné todo lo que valía la pena mencionar en las reseñas del 11/10/10, o en la del 12/01/14. Prefiero cerrar acá, no sin antes recomendar la compra de este librito, pensado para hacer reir (y en una de esas, reflexionar) a chicos de todas las edades. Un placer, de verdad.

viernes, 2 de octubre de 2015

02/ 10: D.E.S. PAREJA

Hoy muy breve, porque tengo poco tiempo.
En esta historieta nos encontramos al versátil J.J. Rovella en un rol nuevo: guionista que escribe para que otro dibujante dibuje sus historias. No es un gran debut. Las primeras 23 páginas de este librito están armadas con un montón de mini-historias de dos páginas, que plantean una idea y la resuelven en pocas viñetas. En todas pasa más o menos lo mismo: el protagonista (que extrañamente no tiene nombre) es un agente de una fuerza policial del futuro en el que todos trabajan en parejas. En cada mini-historia le asignan una pareja distinta y en todas termina mal, cagado a palos o prendido fuego, como Mortadelo y Filemón, pero con menos gracia.
En las 21 páginas restantes, Rovella se juega a un sólo relato más extenso y levanta un poco la puntería. La historia nunca cobra profundidad pero por lo menos cobra un lindo ritmo, se hace más ganchera y no hay un remate forzado cada 11 ó 12 viñetas. Aclaremos que se trata de una historia apuntada claramente al público infantil, con lo cual pedirle profundidad es medio un delirio mío. Pero bueno, Rovella ya demostró que sus trabajos para chicos pueden dejarnos pensando y hasta emocionarnos a los grandes, así que uno pide, de malcriado, nomás.
El dibujo de Javier Suppa (a quien habíamos visto como colorista de Great Pacific) está muy bien, muy prolijo, dinámico, con el grado justo de síntesis como para aprovechar la ambientación atípica (una mega-ciudad del futuro) sin saturar las viñetas con información visual que podría confundir o incluso ahuyentar a los pibes. No te lo quiero vender como la gloria, porque no es así. Pero cumple ampliamente, no está para nada mal.
Calculo que a un pibe de 7-8 años esto le parecerá divertido y capaz hasta fascinante. A mí las historias no me convencieron demasiado y rescato el ritmo, los diálogos (que no pecan de querer añadir la gracia que las aventuras no tienen) y el dibujo de Suppa, que se le re-bancó, sobre todo en las primeras páginas, donde se ve un esfuerzo muy loable por darle vida y onda a este universo ficticio. Suppa y Rovella son amigos hace mil años, así que no descarto que vuelvan a compartir nuevos proyectos; si eso sucede, ojalá suban un poquito el listón, para regalarnos alguna obra realmente grossa, como Dante Elefante, Niko & Miko o algún otro hitazo de Rovella, de esos que logran que los grandes nos cebemos como si fuéramos pibes…

viernes, 13 de marzo de 2015

13/ 03: CANDIDO

No es muy frecuente que un autor se sienta cómodo en dos registros tan distintos como son la tira cómica y la aventura realista, sucia, bien heavy y bien para adultos. Y menos si se trata de un autor incipiente, que está dando sus primeros pasos. Sin embargo, si vos leías el mítico fanzine Catzole en la segunda mitad de los ´90, te encontrabas con que un mismo autor, el prolífico J.J. Rovella, la rompía tanto en un estilo más limpito, más para el lado del humor gráfico, como en un estilo bien mugriento, bien dark, en historias más complejas y sobre todo más sórdidas. “Tenés que elegir, mi amor, todo no se puede tener”, cantaba el maestro Zambayonny, y finalmente Rovella se volcó por el lado del humor, para convertirse en un referente grosso de ese palo, sobre todo entre el público infantil al que apuntó buena parte de su vasta producción. Y el Rovella realista y oscuro quedó perdido en el tiempo, en alguna cosita corta para alguna antología, y por supuesto en el pilón de los viejos números de Catzole, hoy muy difíciles de encontrar.
Ahí es donde entra en juego la editorial Rabdomantes, que reedita en un hermoso librito los tres episodios de Cándido realizados por Rovella para Catzole, con unas paginitas agregadas que cierran de modo muy elegante una de las puntas argumentales que habían quedado abiertas. El material original consiste en tres historias autoconclusivas, dos de 20 páginas y una de 24. Cándido tiene la típica ambientación del western, pero la estructura narrativa es más abierta, pasan cosas que rara vez pasan en las clásicas aventuras de cowboys.
El primer episodio, sin ser choto, es el más flojo de los tres. Rovella nos narra el regreso de Cándido a su pueblo, repasa a modo de flashbacks escenas de su infancia (especialmente la muerte de su padre) y sobre el final, la historia pega un giro shockeante, muy jodido, que nos deja bien en claro que el protagonista es mucho más que un pobre tipo que no habla, tiene cara de nabo y observa todo como si no entendiera nada.
El segundo episodio (el de 24 páginas) es una obra maestra. Acá el autor toma prestada la estructura dramática del thriller de misterio, con un caso policial tremendo, todo un pueblo que busca al culpable, una investigación que se enrosca y se manipula y un final impactante, que difícilmente podrás predecir. Es una de esas historietas que parecen estar sustentadas en el oficio y el talento de un guionista grosso, con muchos años de laburo a cuestas, y sin embargo es obra de un dibujante que escribía sus propios guiones y que creo que todavía no tenía cumplidos los 25 años.
La tercera historia es la más rara, la más experimental. Arranca con un homenaje a Lucky Luke, sigue con una extensa secuencia muda que termina de definir al padre de Cándido (un personaje ausente, pero de enorme peso en esta saga) y termina con un salto a nuestros días, en el que Rovella convierte a los relatos anteriores en la base de una leyenda que trascendió el tiempo y las fronteras. El tramo del medio es, sin dudas, el más fuerte, el más memorable.
En el dibujo, este J.J. Rovella primerizo muestra algunas imperfecciones, pero son pocas. En general, se puede apreciar a un dibujante muy asentado en este estilo oscuro y sucio, ideal para contar historias sórdidas, de violencia y mala leche. Rovella maneja con muchísima solvencia la narrativa, se luce en las secuencias mudas y en la creación de climas. Dibuja muy bien los caballos, se mata en los fondos, es generoso en los detalles y hace gala de una técnica de entintado muy compleja, basada en los cross-hatchings agorafóbicos que brotan de un plumín muy afilado, muy criterioso. Para los flashbacks, Rovella prueba un equilibrio totalmente distinto entre negros y blancos (como hacía Enrique Breccia) y también logra imágenes muy atractivas. En las páginas añadidas para esta edición, se nota claramente la evolución del autor, cómo limpió la línea, cómo llegó a un equilibrio más prolijo y más plástico sin renunciar a su pasión por los detalles. Pero es el Rovella adulto, el que volvió (quizá sólo para esta ocasión) al estilo realista después de muchos años de cultivar su otra vertiente.
Adulto o principante, J.J. Rovella es, hace muchos años, un nombre que nos viene dando grandes satisfacciones a los fans de la historieta argentina. Si te copás con Dante Elefante, Zebita o Brunella y querés ver a este autor embarcado en historias de un tenor totalmente distinto, con un enfoque gráfico también a años luz de sus trabajos más conocidos, no tengo dudas de que con Cándido vas a pasar un gran momento y a convencerte aún más de la versatilidad y la calidad de un Rovella que –queda clarísimo- es mucho más que un notable exponente de la historieta infantil.

miércoles, 23 de julio de 2014

23/ 07: BRUNELLA

Ultimo de los cuatro tomitos que salieron el año pasado recopilando material que originalmente había aparecido en la revista Comic.ar.
Esta es una historieta de J.J. Rovella realmente extraña. A lo largo de 60 planchas, el creador de Dante Elefante y Zebita nos muestra la penosa vida de Brunella, una nena de unos 9 o 10 años, que vive en una casucha misérrima, en un barrio de extrema pobreza al lado de un basural donde se acumulan los residuos y las amarguras. El formato es el de una tira humorística y de hecho Rovella despliega un montón de recursos típicos de la tira cómica, algunos de los cuales ya vimos en otros trabajos suyos reseñados acá en el blog. Y acá está la tensión que hace única a esta tira: Brunella tiene momentos de ternura, momentos de comicidad… pero el clima general es triste, dramático, porque todo gira en torno a las carencias que sufre la protagonista en materia de alimentación, de salud, de vivienda, de higiene, y ya ni hablemos de educación, porque se trata de personajes absolutamente excluidos del sistema.
Entonces, ¿cómo hacer para reirse? ¿Siquiera para esbozar una sonrisa? A veces, el ingenio descomunal de Rovella lo logra. Otras veces, es el propio autor el que nos tira un mazazo al corazón, con secuencias realmente desgarradoras. Lo más heavy es el final, o en realidad las últimas 11 planchas que ofrece este librito, porque no creo que Rovella haya planeado terminar así la historia. A diferencia del resto, estas 11 páginas están hilvanadas por un argumento que avanza plancha a plancha y que no te lo voy a contar, pero es de una sordidez y una crueldad devastadoras. Ahí, la historieta deja incluso de ser “apta para todo público” y ya ni me animo a suponer a qué público puede estar apuntada. Acá sí, ya no hay forma de ponerle onda, ya no queda ni una rendija por donde filtrar ni cinco centavos de esperanza.
El dibujo está muy bien, muy efectivo, muy expresivo, aunque recuerdo haber visto algunas de estas páginas a color y se veían realmente mucho mejor que en esta versión, de blancos, negros y grises (muy bien aplicados, eso sí). Lo más notable es cómo una vez más Rovella se da maña para narrarnos todo esto sin textos. Como en Dante Elefante, como en Niko & Miko, el autor resuelve cada una de estas secuencias sin apelar nunca a la palabra. Los globos de diálogo se rellenan con íconos (en una nueva demostración de impecable manejo del lenguaje del comic) y todo lo demás está explicado por el lenguaje gestual y corporal de los personajes.
Es una pena, pero no sé a quién recomendarle este librito. Si sos fan de Rovella por lo bien que dibuja, yo iría directo a Dante Elefante, donde el color levanta y complementa muy bien al dibujo. Si te copa ver cómo este autor resuelve secuencias complejas sin textos, de nuevo Dante Elefante o Niko & Miko tienen cosas más jugadas. Para disfrutar del humor de Rovella… la verdad que no da, porque por cada sonrisa te llevás una patada en la garganta, tipo el rodillazo de Neuer al Pipa Higuaín. Y para dársela a un pibe e incentivarlo en la lectura de historietas tampoco, porque se zarpa de sórdido y de bajonero. Me parece muy interesante que un autor apele a los recursos del comic humorístico para denunciar (por decirlo de algún modo) las injusticias sociales y los padeceres de los que menos tienen. El tema es que no se me ocurre a quién venderle un producto así. Menos mal que Rovella es un grosso con mucha obra a cuestas y seguro seremos unos cuantos los talibanes que le compramos prácticamente todo lo que publica…

domingo, 12 de enero de 2014

12/ 01: EL INFANTE DANTE ELEFANTE Vol.2

Más de uno va a suponer que hoy me tiré a chanta y no tuve tiempo o ganas de escribir una reseña. Lo cierto es que antes de empezar a redactar el texto de hoy, me tomé el laburito de releer lo que escribí cuando me tocó reseñar el Vol.1 de esta colección, un lejano (y binario) 11/10/10. Y la verdad es que todo lo expresado en esa oportunidad se aplica en esta.
Este libro combina historietas de una página con tiras que aparecen publicadas de a tres por página, y a lo largo de todo el material se observan exactamente las mismas características que ya enumeré en la reseña anterior. O sea que no tiene mucho sentido reiterar los conceptos ya vertidos. Que alcance con reiterar la recomendación para que te compres este Vol.2 de Dante Elefante, lo leas, lo disfrutes, y si te da cosita tener en tu biblioteca historietas de la Billiken, se lo regales a algún pibe, que seguramente va a flashear con las desopilantes pantomimas de este impredecible paquidermo creado por J.J. Rovella.
Mañana sí, una reseña posta.

viernes, 26 de julio de 2013

26/ 07: ZEBITA

Hoy de nuevo muy cortito.
Esta es una tira que sale en ese horror de la gráfica, esa tragedia para el periodismo conocida como el diario MUY, obviamente parte del oligopolio que controla el prócer inmaculado de la patria, el Señor Héctor Magnetto. Por suerte, entre tanta mentira, tanto amarillismo y tanta mierda, este medio (medio choto) le da espacio a J.J. Rovella para que todos los días juegue en el espacio de una tira, muy bien reeditada en libro por Comiks Debris.
El protagonista de la tira es un chico, pero no estoy muy seguro de que se trate de una historieta infantil. Me parece que Rovella apunta a un público más amplio. Como siempre, sus recursos a la hora del humor son muy, muy amplios. Puede jugar con el lenguaje de la historieta, con el slapstick, con la clásica comedia costumbrista, con el absurdo, con una mirada más social, con juegos de palabras, con el siempre fértil recurso de meterse con la imaginación de los chicos (y contraponerla con la chatura de los grandes)... Rovella no deja timbre sin tocar ni veta sin explorar a la hora de crear los chistes, y casi siempre logra el efecto deseado.
Hasta pasada la mitad del tomo, Zebita es una family strip bastante convencional, con ese vuelo extra que le da la vasta gama de recursos humorísticos que enumeraba recién, pero no muy disinta de cientos de otras. Ahora, cuando faltan seis páginas para el final, Rovella le pega un sacudón heavy al status quo de la tira: los pades de Zebita deciden separarse! Y se separan! Y hay CHISTES basados en eso, que encima SON GRACIOSOS! Eso sí, nunca se lo había visto hacer a ningún humorista y la verdad que acá está muy, muy bien manejada la situación. El autor la viene cocinando a fuego lento desde el principio y cuando detona, lo hace de una manera muy inteligente, muy bien pensada, sin restarle dramatismo (a pesar de ser presentada en el contexto de una tira cómica) y sin convertirla en un hecho trágico, imposible de sobrellevar. Un volantazo muy, muy notable, que despega a esta tira del pelotón, rápido y bien.
El dibujo de Rovella es prolijo, correcto, pensado para gustarle a un público lo más amplio posible. Casi siempre logra una síntesis, un dibujo que funciona con pocas líneas y casi sin fondos, y ese es –para mí- el mejor Rovella. El que no sobrecarga las viñetas con información. Cuanto más despojado sea su dibujo (o sea, cuanto más se acerque a lo que hace en Dante Elefante), más me gusta. El color está muy bien, muy sobrio, aunque yo le sacaría las tonalidades y los sombreados para utilizar sólo colores planos, como en las historietas más antiguas.
Si te jugás a comprar y leer el libro de Zebita, te vas a encontrar algunas genialidades. No muchas. No estamos hablando de Mafalda, ni de Calvin & Hobbes. Pero sí de una tira más que competente, donde se nota la mano de un tipo que conoce perfectamente el oficio y que -si bien hizo su debut en el mundo de la publicación diaria con esta historieta- se mueve con muchísima solvencia en un terreno muy complicado, como es el del humor en los diarios. Habrá más J.J. Rovella en los próximos meses, acá en el blog.

lunes, 11 de octubre de 2010

11/ 10: EL INFANTE DANTE ELEFANTE


Bueno, hoy sí: diversión, risas y buena onda garantizadas. Como decíamos la vez pasada, J.J. Rovella, que allá por sus años de militancia en el under pintaba para autor realista, sombrío y sórdido, encontró su mejor nivel cuando agarró para el otro lado y hoy es un referente fundamental de la historieta infantil en nuestro país.
Aunque claro, a nuestro país todo llega un poquito tarde. Las historietas que integran este libro (y el que editó Domus hace unos años) fueron hechas para el semanario Spirou (sí, ese que se edita en Bélgica hace más de 70 años) y los chicos de la europa francófona conocieron a Dante como Jean l´Elephant. Con el idioma nunca tuvieron problema porque, como Niko & Miko, Dante Elefante se abstiene por completo de usar palabras. Todos los chistes, tiras e historietas son mudos, o en realidad, están escritos en un lenguaje visual: el del comic, un lenguaje que Rovella maneja con un ingenio y un talento difíciles de explicar.
Entre los múltiples recursos con los que cuenta Rovella para hacernos reir (slapstick, absurdo, humor negro tranqui, etc.) los mejores son siempre los que tienen que ver con los globitos (aunque no haya palabras, los globitos están y tienen mucho peso), con las viñetas y con la secuencia en sí. Hay que tenerla muuuuy clara para joder con eso sin desorientar al lector (y más si pensamos que esto lo leen chicos, todavía no tan curtidos en el arte de decodificar el lenguaje icónico de la historieta) pero a Rovella le salen todas: caños, taquitos en el área, sombreritos… Y eso –me parece a mí- debe ser lo que hace que a los grandes también nos fascine Dante Elefante.
Eso, y el hecho de que es una tira sin límites, pensada para que pueda suceder cualquier cosa. Dante a veces parece un humano con aspecto de elefante (y sus amigos lo mismo, pero con tortugas o canarios) y otras no, otras está definido por su gran tamaño, su trompa y esas cosas inherentes al elefante. De ese juego ambiguo, Rovella también saca momentos espectaculares: en una tira Olegario Canario trabaja de mozo en un restaurant y cuando se acaba el pollo lo cocinan a él, por ejemplo. Y así un montón. No hay prácticamente situaciones en las que Dante no pueda aparecer: a lo largo de las 92 páginas de historietas que nos ofrece este libro lo vemos como astronauta, zombie, egipcio, estrella de cartoons de los años ´30, rey, soldado, alpinista… Todo vale para hacernos reir.
No quiero entrar en detalles ni contar los chistes (además no tengo la gracia que tienen los dibujos de Rovella), pero sí quiero subrayar que esto que parece historieta infantil, básica y sencillita, tiene atrás un laburo monumental, no sólo de dibujo (que es excelente), sino de ideas: de buscar una y mil vueltas de tuerca graciosas y de animarse a romper la barrera del lenguaje para que este sea un elemento más a la hora de la joda. Lo que hace Rovella da para un análisis sesudo y detallado (para una ponencia, dirían mis amigos académicos) porque hay sustancia, hay experimentación y hay mucho más manejo de la iconografía del comic que en casi cualquier comic apuntado al público adulto. Si todavía no descubriste a este animalito (a Rovella, no a Dante), entrale de una a este libro. Hasta lo podés comprar, leerlo, cagarte de risa un rato y después regalárselo a un niño y quedar como un duque, todo por el mismo precio.

lunes, 27 de septiembre de 2010

27/ 09: NIKO Y MIKO


Además de Torni Yo, la nueva colección Toing!, dedicada a la historieta infantil, salió al ruedo con Niko & Miko, una verdadera joya creada por J.J. Rovella.
Niko & Miko nos propone una lectura atípica: 44 páginas sin textos. Todo lo que sucede (que es mucho) se nos explica a través de los dibujos. Y no son chistes breves y/o limados, al estilo de lo que hace Rovella en Dante Elefante: acá hay una historia bastante compleja y ambiciosa, una verdadera novela gráfica apuntada a los más chicos, pero que no le falta el respeto en lo más mínimo a los grandes. Leída por un adulto, la aventura de este cosmonauta y su mono (como Buzz & Bell, de Sergio Aragonés) no resulta ni tan ambiciosa ni tan compleja, pero sí muy entretenida. Y el final nos puede parecer un tanto simplista, pero por lo menos no termina con que todo era un sueño, o algo así. De todos modos, no está traído de los pelos, ni mucho menos. Es muy notable cómo Rovella siembra a lo largo de 44 páginas como un novelista lo hace en 200 ó 300. Cada elemento que tendrá algún peso en la trama se presenta mucho antes de que eso suceda, de modo que todo cierra y tiene sentido, aunque el ingenio del autor hace que no veas venir cómo y por dónde van a reaparecer esos elementos.
Para narrar toda la historia sin palabras, Rovella despliega una increíble gama de recursos narrativos y ninguno falla ni tropeza. Todo está clarísimo y se lee de un tirón, porque además resulta muy atractivo. La secuencia de flashback, donde se nos explica el origen de la enemistad entre las razas cúbica y esférica es el punto más alto de este despliegue de ingenio. La idea de dibujarla en blanco y negro era casi obvia, pero además Rovella cambia el estilo y la dibuja con la estética de los años ´30, con reminiscencias a los primeros cortos de Disney, o las primeras historietas de Patoruzú. Maravilloso recurso, muy bien ejecutado.
Para el resto del libro, Rovella opta por su estilo “infantil”, más sintético, redondeado y limpito que su estilo “adulto”. Esto está a mitad de camino entre Dante Elefante (que es el trabajo más limpio y más cartoon de Rovella) y Ferreópolis, donde todavía había demasiada información en cada viñeta y demasiado laburo en los fondos, por tratarse de un comic para chicos. En Niko & Miko la información es la justa, la indispensable y además está condimentada con muchos más chistes que Ferreópolis.
Y bueno, sorpresas te da la vida. J.J. Rovella, un dibujante que cuando apareció en el under de los ´90 con sus historias sórdidas y realistas pintaba para ser el próximo Horacio Altuna, pegó un viraje alucinante y se convirtió en uno de los referentes fundamentales de la historieta infantil. Felices los niños, diría un cura pedófilo…