el blog de reseñas de Andrés Accorsi
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martes, 4 de junio de 2024

LA SOLDADERA

Tremendo. Desolador. Un mazazo al estómago, otro a la cabeza, uno a cada rodilla, para asegurarnos de que termines en el piso, hecho mierda. Un librazo con 280 páginas de historieta, imposible de leer en una sola sentada. Hacen falta varios días para terminar La Soldadera, y me imagino que varias semanas para terminar de procesarlo. Esta es una historieta de 1995-96, que Walter Slavich y Enrique Breccia realizaron para la revista italiana Lancio Story, y que nunca se había publicado en Argentina, porque justo coincidió con el momento en que cerró la edición local de Skorpio. Ahora la tenemos en nuestro idioma, toda junta, los 20 episodios uno atrás de otro, y si bien la calidad de la impresión no es óptima, uno sabe que a una editorial como Deux no le puede pedir más que esto. Fuera de alguna página que se ve un poco empastada, no hay problemas notorios en la realización técnica del libro, y eso lo hace atípico dentro de la producción de una editorial (probablemente la única en el mundo) que lanza unos 40 títulos al año pero no tiene empleados. Estoy tratando de hacer memoria, a ver si recuerdo alguna otra serie de Slavich que me haya gustado más que La Soldadera. Me parece que no, que acá está más afilado que nunca en la construcción de esta ambiciosa novela episódica, compuesta de historias que, leídas de a una, fuera del contexto de la serie, también son -en su mayoria- brillantes. Todos los episodios tienen acción, en todos progresa el desarrollo de los personajes principales, en todos hay agudas pinceladas de crítica a un sistema injusto y violento, en todos hay unos bloques de texto hermosos, en todos pasa algo que no te imaginabas que podía pasar, en todos avanza (aunque sea un poquito) la trama principal... que además pega un volantazo totalmente sorpresivo a la altura del 11º episodio. En los últimos cinco capítulos, la estructura de los relatos cambia bastante, porque Slavich desplaza el foco hacia el principal villano de la serie, que adquiere una profundidad y una tridimensionalidad increíbles, mientras que pasa a ser prácticamente el protagonista del último tramo. El contexto histórico de la Revolución Mexicana le permite a Slavich hablar de pobreza, explotación, atraso, gente de mierda enquistada en el poder, y sobre todo de violencia y muerte. Cada capítulo de La Soldadera te impacta con su dosis descomunal de sangre, crueldad y desprecio absoluto por la vida humana. Es casi inverosímil cómo los autores logran dotar de un vuelo poético maravilloso a una historia tan cruda, tan manchada de mala leche y horror. Todo el tiempo ves gente que mata gente, ni siquiera los "buenos" tienen reparos en matar, porque hay una guerra de por medio, y acá el que no mata, es boleta seguro. Por momentos, en algunas situaciones, sobre todo las más irónicas, me pareció estar leyendo un guion de Carlos Trillo al que -no tengo ninguna duda- le hubiese encantado escribir La Soldadera. Hay muchos elementos que a Carlos le atraían, desde una mujer en el rol principal, hasta ese grupito que se arma a su alrededor, la historia de amor/ odio que se teje por atrás de un matrimonio por conveniencia, la posibilidad de que los oligarcas y (sus súbditos de siempre) los militares sean los malos, el personaje que busca por todos los medios un postergado encuentro con la muerte... Definitivamente, el fan de Trillo se va a sentir muy a gusto en el mundo atroz y despiadado que desarrolla Slavich en La Soldadera. En cuanto al dibujo de Enrique... esto está muy bien, en el contexto de la producción "por kilo" que hacía en aquella época para las antologías de la Eura. No está al nivel de los clásicos de los ´70 (Alvar Mayor, El Peregrino de las Estrellas), tampoco se lo ve tan suelto como en El Sueñero, ni deja la vida como en sus trabajos para Francia (Les Sentinelles) o para el álbum a color de Tex que realizó para Bonelli, ni mucho menos como en su Lope de Aguirre o en su libro para la colección del Quinto Centenario. Este es el Breccia que resuelve casi todo con primeros planos de rostros (¡pero qué rostros!), algún plano detalle y muy de vez en cuando alguna toma panorámica, donde le pone todo a los paisajes. La ambientación cuasi-desértica y los pueblitos pequeños que recorren Martina y sus compañeros le permiten a Enrique dibujar pocos fondos, pero cuando tiene que dibujarlos, la rompe con unas texturas y unas iluminaciones que te ponen los pelos de punta. Lo que casi no hay (como a lo largo de toda esta década de producción para Eura) son cuerpos en movimiento. Rara vez se ve a los personajes de cuerpo entero, ni siquiera en las escenas de acción donde se supone que tienen que correr o saltar. Y lo mejor de todo: Slavich mete unos cuantos cuadros por página y bastante texto en las primeras 12 páginas de cada episodio, pero cada uno tiene 14. En general, la anteúltima página tiene apenas dos cuadros y la última uno solo, y son secuencias casi siempre mudas, pensadas para el lucimiento del dibujo. Acá es donde Breccia manda a dormir al obrero del lápiz y despierta al poeta, al genio, a la bestia desmesurada que genera en esas viñetas finales estallidos de belleza, imágenes potentes, majestuosas, que a veces funcionan como alegorías de lo que sucede en las historias y a veces (como la poesía) no tienen más intención que transmitir sensaciones que nos conmuevan desde lo estético, no necesariamente desde lo narrativo. Ahí hay páginas que funcionan tranquilamente como cuadros que se podrían enmarcar y exhibir en cualquier museo. A casi 30 años de su creación, poder disfrutar finalmente de La Soldadera en nuestro idioma y en una edición que no te falta el respeto con la calidad ni te decapita con el precio, es un verdadero privilegio. Es un laburo de una intensidad arrolladora, ideal para comprobar que Breccia es un dibujante genial hasta cuando va a menos y sobre todo para sacar a relucir uno de los grandes trabajos de Slavich, un guionista extraordinario, nunca valorado en toda su dimensión, por lo menos en Argentina. Nos reencontramos ni bien tenga más libros leídos, acá en el blog.

sábado, 30 de diciembre de 2023

FIN DE AÑO CLÁSICO

Bueno, no me alcanzaron los días del 2023 para leer todas las publicaciones que salieron este año acá en Argentina. Pero bajó bastante el pilón de los pendientes. Estos son los dos últimos libros que logré leer. Empiezo por Planeta Rojo, un compilado de Deux que trae los cinco episodios de esta serie publicados en Skorpio en 1979, junto a tres historias unitarias de ciencia ficción de la misma dupla autoral, que está integrada por Alfredo Grassi en guiones y Lucho Olivera en dibujos. Me acuerdo que cuando empecé a laburar en Skorpio y a interiorizarme en ese universo, Planeta Rojo era (como La Maga) una serie emblemática de la era de oro de la mítica revista, uno de esos picos que había alcanzado años atrás y a fines de los ´80 ya quedaban medio lejos. O por lo menos así te la vendían. Ahora que finalmente la leo toda de un saque, la verdad que la encontré bastante inconsistente. Primero porque no es una serie episódica clásica: los personajes no se repiten de un episodio a otro. Lo único que los engloba es que siempre hay personajes terrestres envueltos en tramas que transcurren en Marte. Y son tramas que -leídas hoy- no suenan muy originales. Hay dos bastante atractivas ("Corrosión" y "Primer Contacto"), pero si ya leíste The Martian Chronicles de Ray Bradbury, o el manga 2001 Nights de Yukinobu Hoshino, no te van a sorprender ni el desarrollo ni el tono que elige Grassi para narrarlas. Por si faltara algo, acá Grassi escribe como si fuera un clon de segunda marca de Robin Wood, con bloques de texto que imitan alevosamente el estilo del ídolo paraguayo. El quinto y último episodio trae la novedad de que no está escrito por Grassi, sino por Ricardo Barreiro, y se nota muchísimo el cambio estilístico. Barreiro impone su prosa adusta (mucho más terrenal, sin ínfulas poéticas) y su crudeza característica para abordar los relatos bélicos. "Los Clones" es un típico unitario de Barreiro, con trágicas batallas entre máquinas y soldados futuristas, de esos que solía dibujar el maestro Juan Giménez. Finalmente, de las tres historias cortas de Grassi y Olivera, la única que rescato es "Amigos", cuyo guion está brutalmente estirado para que ocupe 12 páginas, cuando podría haberse contado tranquilamente en cuatro o seis, a lo sumo. ¿Por qué tiene sentido este libro? Porque el dibujo de Lucho es superlativo, brillante, glorioso, insuperable. Esto está, sin ninguna duda, al nivel de los mejores trabajos del inolvidable dibujante correntino. No tiene altibajos de los que a menudo se veían en sus historietas para Columba, no tiene tiradas a chanta, no tiene fallas en la narrativa, acá hay sólo magia y belleza, imaginación y delirio. Por ahí te jode que en los primeros planos Lucho use fotos de actores yankis como referencia para las caras de los personajes, pero la verdad que es un detalle muy menor. Visualmente, Planeta Rojo es una aplanadora, un festival de talento que brota de la pluma de Lucho de un modo inexplicable e indefinible. Por suerte, la reproducción es bastante decente y no se pierde la sutileza de la línea del ídolo. El moco grosero (en un libro de Deux rara vez nos privamos de estos lujos) está en la solapa donde aparece la foto de Alfredo Grassi, seguida de la biografía de Ray Collins. Sí, en serio. A ese nivel llegan los errores de esta editorial bochornosa hasta cuando rescata clásicos importantes como este. De todos modos, si sos fan de Lucho no queda más opción que poner el culito y dejarte vacunar, porque son casi 100 páginas en las que lo vas a ver perforar su propio techo y alcanzar unas cotas de calidad impensadas para una historieta de corte industrial realizada hace 45 años.
La reedición de los primeros 15 episodios de Khrysé, en cambio, está mucho más cuidada. Tiene algún error menor en el prólogo de Ricardo de Luca ("Franck" Spillane, Grace "Henrisen"...) pero la historieta está muy bien reproducida, con un rotulado nuevo muy competente y sin los horrendos colores que le pusieron en Columba cuando la serializaron en la revista D´Artagnan a partir de 1991. Al igual que Planeta Rojo, en Khrysé también destaco al dibujo como su principal atractivo. Acá el que la rompe toda es el maestro Alfredo Falugi, en una etapa en la que su trazo era una amalgama perfecta entre Cacho Mandrafina y Lito Fernández, con lo mejor de ambos próceres. Por momentos, Falugi tira algunas magias que me recordaron también a Enrique Breccia, Jorge Zaffino o incluso a Alex Toth. Su manejo del claroscuro arranca muy arriba y se afianza con el correr de los episodios. Las páginas están armadas con una grilla que rara vez se altera (cuatro tiras de dos cuadros, al estilo Hugo Pratt) y Falugi no sólo se las ingenia para narrar de modo ágil y entretenido dentro de ese esquema tan rígido, sino que alguna que otra vez se caga en el esquema y ofrece puestas más impactantes, donde el dibujo (y sobre todo la acción, que abunda en las aventuras de Khrysé) se luce mucho más. Si nunca te enganchaste con el dibujo de Falugi, acá te vas a enamorar de su estilo... y en un par de años (para 1993-94) lo vamos a ver pegar nuevos saltos de calidad hasta convertirse en un verdadero monstruo que además producía una cantidad ingente de páginas sin bajar nunca la vara. En cuanto a los guiones de Manuel Morini, me encontré con buenas ideas, aventuras sólidas, dinámicas, bastante poco obvias y sobre todo con un personaje (la protagonista) muy bien trabajado. Me la bajó un poco descubrir que aburren los bloques de texto en los que (cómo no) Morini intenta sin éxito reproducir la prosa florida y cautivante de Robin Wood. Por suerte esto se publicó a principios de los ´90, cuando las historietas de Columba ya empezaban a desembarazarse de esa tradición de los masacotes de texto extensos y pretenciosos (o totalmente innecesarios, como el globo de pensamiento del sexto cuadro de la página 70) y a apostar por una narrativa más ágil, menos sobrecargada. El balance general de Khrysé es bueno, por encima de lo que esperaba cuando compré el libro. Y si pensamos que es una historieta realizada para Columba a principios de los ´90 (ya lejos del período de esplendor de la editorial), los logros de Morini y Falugi cobran todavía más dimensión. Ojalá la editorial Duma ofrezca pronto un segundo tomo de esta serie que -sin ser un clásico definitivo de la historieta argentina- me brindó un rato de entretenimiento que disfruté y me enganchó bastante. Nada más por este año. Mil gracias a los que ya pasaron por https://comiqueandoshop.blogspot.com/ a descargar la nueva Comiqueando Digital, y los que todavía no lo hicieron, anímense que no se van a arrepentir. Feliz 2024 (en la medida de lo posible) y nos reencontramos pronto con nuevas reseñas, acá en el blog, que -gracias al aguante de ustedes- en cualquier momento arranca su decimoquinta temporada.

miércoles, 27 de diciembre de 2023

TIEMPOS IMPOSIBLES

Se me cae la cara de vergüenza de la cantidad de días que tardé en leer dos libritos, pero bueno, ahora sí, estoy dándole los toques finales al nº8 de Comiqueando Digital y eso se comió absolutamente todas las horas en las que no estoy trabajando en el sitio web o en compañía de amig@s y familiares. Finalmente encontré el momento para reseñar dos obras que me gustaron mucho. Empiezo por la reciente edición en papel de Xira, una saga que se había dado a conocer hace unos años en soporte digital y que sólo existía en físico en Estados Unidos. Me pareció un poco excesivo por parte de la editorial Black Cat armar un libro de 96 páginas donde sólo 72 son de historieta, pero la calidad de la edición es realmente excelente. Y la historieta me atrapó, me emocionó, me impactó y me estremeció. Mauro Mantella, sé que leés este blog, así que te lo digo en la cara: sos un hijo de puta. No podés ser tan cruel y desalmado. Me hiciste sufrir como un gil con todo lo que le pasa a la pobre Xira y su hijito. Cada escena de violencia es más truculenta que la anterior, y a los que nos gustan los simios nos estrujaste el alma sin piedad a lo largo de un montón de escenas de un nivel de atrocidad imperdonable. Y también sos un capo, porque lograste que en poquísimas páginas conociéramos a Xira y la amáramos, y la quisiéramos ver libre y feliz junto a su hijo. Y encima te calentaste para que los personajes que la rodean no sean meros decorados, ni estereotipos trillados, sino personas creíbles... no diría humanas porque cometen crímenes inhumanos, pero casi reales. Con la sensibilidad que me queda mancillada y cagada a palos por las guachadas que Mantella le hace hacer a los villanos de este comic, me enfrento a los dibujos de Diego Giribaldi, que es otro animal. No tiene un estilo super original, pero sí un trazo preciso, realista, potente, muy expresivo y muy dinámico. Por ahí sobran algunas splash-pages, que quedarían mejor si esa viñeta en la que Giribaldi deja todo estuviera integrada a una página con otras viñetas de menor impacto. Pero el dibujo es muy bueno, contribuye muchísimo a transmitir todas las emociones que el diabólico Mantella pretende infligirnos a los lectores. El color de Ramón Bunge también, tremendo, de una solidez y una contundencia devastadoras. La única cagada de Xira es que (entre las páginas que no tienen historieta, las páginas de historieta que tienen un sólo cuadro y las secuencias mudas) te queda un libro de casi 100 páginas que se lee en 15 minutos, con buena voluntad. Una historieta tan zarpada debería durar más. Y no sé si hay más, no sé si Xira volverá para una secuela, o si Mantella y Giribaldi se reunirán para detonarnos la vida con algún otro proyecto. Esto así como está, es breve y es memorable por muchos motivos, casi todos buenos.
Flashback alucinante a 1990, cuando me enteré que existían dos señores argentinos llamados Mario Rulloni y Pablo Zweig, que habían creado un típico álbum europeo para una editorial de Alemania y buscaban quién lo publicara en Argentina. De ahí salió Tigre Hotel y hoy la editorial Comic.ar la reedita como había que hacerlo: a todo color, en tamaño normal (acá había salido muy chiquito) y encima con un montón de historias cortas complementarias, pequeñas secuencias en las que vemos otras facetas de la tumultuosa vida de Livingstone. Difícil contar una gran historia en una o dos páginas, pero las mini-tramas a veces se resuelven por el lado del humor y le aportan frescura y transgresión al conjunto. Y además nos permiten ver a Zweig tirar malabares imposibles en la puesta en página, donde pruebe con viñetas más grandes, con viñetas microscópicas, con secuencias mudas basadas en unas pantomimas hipnóticas, hay color, hay blanco y negro, hay momentos en que la línea se hace más geométrica... Un hermoso laboratorio de experimentación para un autor que estaba en pleno proceso de afianzar su estilo. La aventura principal, la que da título al libro, consta de apenas 44 páginas, que parecen más por lo mucho que sucede en ellas. Rulloni no escatima giros impredecibles en la trama, revelaciones shockeantes, traiciones, ni mucho menos acción. Llega un punto en que ya es casi irónica la cantidad de veces que Livingstone zafa de peligros imposibles, pero Rulloni lo hace a propósito, a manera de guiño a la forma en que los típicos relatos de espías onda James Bond se animan a romper el verosímil. Los diálogos son atractivos, filosos, pero la dupla también se prodiga en secuencias mudas muy bien narradas. Parece mentira que esta sea la primera historieta más o menos extensa de un Zweig que acá ya está muy, pero muy maduro como dibujante y como narrador gráfico. De hecho, leías Tigre Hotel en 1990 y era una marcianada, bastante adelantada a su tiempo. Era como si Daniel Torres se volviera más sintético, más caricaturesco y decidiera contra historias entre serias y jocosas con un ritmo intenso y un estilo fresco, descontracturado. Eso nunca sucedió y por eso la onda de Livingstone nunca se pudo reproducir. No aparecieron (por lo menos en Argentina) autores que intentaran algo parecido, y también un poco por eso, Tigre Hotel quedó ahí, en las márgenes, lejos de lo demás, y hasta lejos de la historia oficial de la historieta nacional. Por suerte este magnífico rescate nos permite volver a conectar con la obra de Zweig y Rulloni, descubrir cómo era a color, flashear con las historias cortas... Un lujo increíble. Posta, si leés historieta argentina hace poco y sospechás que una obra realizada hace 35 años te va a resultar anticuada, deshacete de ese prejuicio choto y adentrate en el mundo de Livingstone. Estoy seguro de que la vas a pasar bomba. Con esta entrada llego a las 100 en 2023, lo cual me parece un montón. Si logro colar una más antes del 31, joya. Y si no, me doy por hecho. Nada más. Atenti a la tienda virtual de Comiqueando (https://comiqueandoshop.blogspot.com) que en cualquier momento de mañana o pasado puede salir a la venta un nº8 de la Digital para alquilar balcones. Gracias y hasta pronto.

martes, 19 de diciembre de 2023

DOS LECTURAS MÁS

Sigo con poco tiempo para leer comics y escribir reseñas, pero bueno, tengo dos libritos ya leídos y los quería comentar. Empiezo con el Vol.1 de Agus, la Chica Fantasía, un comic escrito, dibujado y editado por el maestro Enri Santana. Se trata de una especie de shonen, protagonizado por una adolescente con talento para el dibujo, que debe combatir contra otro chico que la rompe con el lápiz. Toda la parte en la que los dibujantes "pelean" es un delirio, no tiene más lógica que la de Santana pasándola bárbaro, con la posibilidad de dibujar lo que tiene ganas y -ya que estamos- tirar algunos tips sobre el trabajo de dibujante a los chicos y chicas a los que obviamente está apuntado Agus. Porque hay que aclarar desde el vamos que se trata de un comic juvenil, pensado para cautivar al público sobre todo adolescente. Y yo ya estoy medio lejos de ese target, pero me parece que lo logra, porque hay mucha acción, diálogos graciosos y personajes con los que los pibes y pibas se pueden identificar sin mayor problema. Se nota que Santana estudió mucho la estructura del shonen clásico y la tiene muy incorporada. Y si -como a mí- no te interesa en lo más mínimo el shonen, Agus te puede cautivar tranquilamente por el lado del dibujo, que es una aplanadora. Santana ya era muy bueno cuando hacía Rip Van Hellsing, pero esto es mucho mejor. Imaginate a un Solano López moderno, que leyó manga, que leyó superhéroes, que sintetizó un poco el trazo y se anima a irse al carajo con la puesta en página. Por ahí va el trabajo de Santana, y con esas claves encuentra un nivel apabullante. Los textos... y bue, falta un editor que corrija algún error de tipeo o de ortografía, y así como hay diálogos copados, hay otros que suenan muy forzados. Los personajes se tratan de tú, pero cada tanto se cuela una expresión muy porteña... qué sé yo... se nota la inexperiencia del autor en este rubro. Pero de última se compensa con el carisma de los personajes, con guiños para la gente del palo del comic (como la aparición del Profesor Juangel, un personaje con los rasgos faciales de Juan Ángel Szama, integrante de la organización de Crack Bang Boom) y sobre todo con el despliegue de talento e imaginación que se ve en los dibujos. Dale un ejemplar de Agus, la Chica Fantasía a cualquier pibe o piba de 11 ó 12 años y tenés un soldado más en el ejército del comic, de por vida. Y eso es un mérito enorme por parte de Enri Santana.
Pero vamos con uno de los que seguramente está entre los mejores libros del año, no sólo de autores argentinos, sino a nivel mundial: El Animador, la más reciente novela gráfica de Juanungo, que este año apareció en Francia y en nuestro país, prácticamente en simultáneo. 244 páginas dibujadas a lápiz, sin entintar, en las que el autor nos cuenta los últimos días de Nazareno (alias Neno), un capo de la animación al que el cáncer se lo está comiendo crudo y necesita la asistencia permanente de un enfermero, mientras intenta terminar un último corto publicitario con su habitual equipo de colaboradores. El núcleo de la trama pasa por el vínculo que se entabla entre Neno y el enfermero (cuyo nombre no sabemos), dos personas (me niego a decirles "personajes") totalmente distintas entre sí: una 100% abocada a ayudar al otro, a ponerse al servicio del otro; y una 100% cínica, jodida, a la que le va a costar apreciar el esfuerzo y la buena voluntad de este muchacho sencillo y tranquilo, al que considera un pelotudo casi más insoportable que los dolores que le producen los tumores. De ese contrapunto salen los momentos más notables de El Animador, pero hay muchísimas secuencias brillantes y muchísimos diálogos increíbles (por la profundidad, por la autenticidad) entre todos los personajes que pueblan la novela. El guion es realmente conmovedor, por lo cercano, por lo real, por cómo nos pega a quienes estuvimos cerca de un ser querido que tuvo que sufrir mucho antes de morirse... y por si faltara algo, Juanungo nos revela que todo esto no es fruto de su imaginación, sino que es una versión con algunos toques de ficción de lo que fueron los últimos meses de la vida de su papá, el gran animador Rodolfo Sáenz Valiente, alias Rufo. O sea que mucho de lo que nos cuenta en la historieta, Juanungo lo vio de cerca, lo sufrió en carne propia, cuando le tocó acompañar a su padre enfermo, quien falleciera en 2006. Y si bien no se pone a sí mismo en la novela (nunca se menciona que Neno tuviera hijos), se anima a recrear con total honestidad una situación traumática, que seguramente lo afectó muchísimo, y exponerla con lujo de detalles, con situaciones que tienen que ver con una familia que no es exactamente la suya, pero que se nutre de lo que le tocó vivir a él. Y por si faltara algo más, Juanungo hace que Neno le explique al enfermero (y por elevación, a los lectores) en qué consiste el trabajo de un director de animación, cómo era ser profesional en este rubro 15 ó 20 años atrás. O sea que además de emocionarte, de ofrecerte una historia con la que te enganchás, te identificás y hasta sufrís, El Animador te tira data muy valiosa sobre un ámbito artístico bastante poco común. ¿Y hay más? Sí, claro: el dibujo de Juanungo, acoplado de un modo perfecto a la narración, sintético, expresivo, fresco, potente, con la asombrosa capacidad de convertir a esas pocas líneas casi sin sombras ni volúmenes en "la realidad". Si creías que este autor nunca iba a poder superar ese hito que es La Sudestada, te cuento que acá, con un grafismo bastante distinto, de nuevo alcanza unas cotas de perfección que uno no asocia con "dibujo sintético, realizado a lápiz y sin entintar". Sin acción, sin siquiera una cachetada, sin sexo, sin villanos, sin golpes bajos, sin nada que sacuda la rutina triste y crepuscular de una vida que se apaga de a poquito, El Animador es un comic emotivo, picante, incómodo, demasiado real para no ser un documental y demasiado genial para ser real. Y hasta acá llegamos. Espero poder avanzar pronto con nuevas lecturas para reseñarlas acá en el blog. Gracias y hasta entonces.

miércoles, 6 de diciembre de 2023

TIEMPO PARA RETOMAR

Finalmente encontré el huequito para leer un par de libros más, y es hora de reseñarlos. Empiezo por Mundus, el nuevo trabajo de Mauro Mantella, una vez más editado por Rabdomantes. Se trata de la historia de un grupo de personas que intentan sobrevivir en un mundo muy extremo y alucinante al que aparentemente llega sólo gente que murió, y que en vida le cagó la existencia a alguno de sus semejantes. Estos hombres y mujeres están perdidos, a la deriva en un lugar que no terminan de entender qué carajo es (parecido a Lost, que -aclaro- nunca vi, pero me contaron de qué se trataba). Hay mucho desarrollo de personajes, muy buenos diálogos, momentos en los que cada uno de los protagonistas tiene la oportunidad de contar algo de su pasado como para que entendamos por qué corno cayeron ahí... todo muy lindo hasta que llegás a la última viñeta y te enterás de que lo que compraste no es una historia completa, sino "el volumen 1". No hay ninguna advertencia ni en la portada, ni el lomo del libro, ni en ningún lado. Te cortan la aventura, así, en seco, sin avisar, y esto sin dudas es una mierda. Hay que ser muy perverso para 1) no explicitar que lo que estás comprando no es una obra completa sino una primera parte de una serie, 2) ponerle punto final a la narración en un momento tenso, picante, que te deja con toda la leche, y 3) no comunicar por ningún medio ni red social cuándo va a estar a la venta el Vol.2. Lo bueno es que mientras leía Mundus me enganché y la pasé muy bien. Y lo mejor (lo que casi me hace perdonar tanta maldad) es que está todo dibujado como los dioses por Mauro Lirussi, un autor al que conocí cuando era adolescente y que -en los más de 20 años transcurridos- pasó de ser un animal a ser un crack absoluto. Lirussi ya era obscenamente bueno cuando era muy pibe, y a lo sumo mi "miedo" era que no agarrara el training que hace falta para aprender a poner el dibujo (¿qué digo "dibujo"? ¡recontra-dibujazo!) al servicio del relato. Bueno, acá la narrativa es impecable y vemos a Mauro bancarse todo, hasta esas páginas repletas de texto en las que Mantella les hace decir a los personajes unos choclos de texto dignos de un monólogo de Enrique Pinti. El trazo de Lirussi es complejo, generoso, frondoso... siempre dentro de esa línea realista y oscura que por ahí identificamos con Leonardo Manco, Salvador Sanz, con rostros expresivos, fondos imponentes, monstruos aterradores y un manejo sobernio de todas las técnicas vinculadas al dibujo en blanco y negro que se te puedan ocurrir. Espero lo que haga falta por otras 75 páginas dibujadas por Lirussi a este nivel... aunque temo que para cuando se publique un segundo libro de Mundus no me voy a acordar nada de la trama.
Y me queda el Vol.15 de Historieta Revólver, la antología de historietas autoconclusivas que aparece una vez por año en formato libro, muy bien impreso, con material a color y en blanco y negro de autores y autoras (básicamente) de nuestro país. Lo primero que me llamó la atención es que dos de las historietas más interesantes ya las tengo en otras antologías: la de Rodolfo Santullo y Guillermo Hansz la vimos el 05/08/23 y la de Ezequiel Rosingana, el 15/03/19. Una pena. Pero me encontré con otras dos historietas que me gustaría destacar. Creo que la mejor es la de Fabián Slongo, cautivante desde el dibujo y muy sólida desde el guion. Me encantó también la del maestro brazuca Wander Antunes, casi un continuador de las malignas historias cortas que hacía Oswal con Sánchez Abulí. Ahí ya hay cuatro muy buenas. Y después, lo de siempre: buenos dibujantes a los que le faltan mejores guiones... Julio Azamor, con ese trazo vigoroso, impactante, lo quiero ver dibujar mejores historias. Juan Bobillo, un monstruo de una versatilidad asombrosa, acá también, se escribe él un guion que tiene momentos graciosos, pero que no le hace justicia al dibujo. La de Sergio Ibáñez tiene un guion de Marcelo Pulido... en el que no hay conflicto. Es gente que habla, o que se queda en silencio, pero nunca se llega a esbozar un conflicto, algo que hay que resolver. Me impactó también el dibujo de Diego Pogonza, realmente exquisito, con un gran manejo de la anatomía, las expresiones faciales y la iluminación... pero el guion se me hizo largo al pedo (y el rotulado, casi ilegible). La de Dolores Alcatena tiene una idea ingeniosa y muy buenos diálogos, pero el dibujo parece hecho así nomás, sin demasiado esfuerzo (aunque el color lo levanta bastante). Y después hay otros dibujantes que ofrecen trabajos correctos, como Santiago Miret, Fernando Papino, Migue Ramírez, Daniel Mendoza... pero ninguno descolla ni genera mayor entusiasmo. Ni siquiera Walther Taborda que también, parece poner lo justo como para que la historieta se vea bien, pero sin onda, ni pasión, ni ganas de inventar nada. Como siempre digo, me encanta leer historias autoconclusivas de distintos géneros, me copa que Historieta Revólver mezcle a autores de mucha trayectoria con chicos y chicos menos publicados, y técnicamente el libro está muy bien hecho. Falta ajustar un poco la calidad de los dibujos, y sobre todo la de los guiones, para subir la vara y que esto parezca más una selección que un rejunte. Nada más, por hoy. Me vuelvo a sumergir en la Comiqueando Digital nº8 (se viene un numerazo de la hostia) y prometo volver a postear por acá ni bien logre bajar un poco más la pila de las lecturas pendientes. Gracias y hasta pronto.

martes, 28 de noviembre de 2023

MARTES DARK

Ahora sí, tengo otros dos libritos listos para reseñar en este espacio que sigue firme junto al pueblo hace casi 14 años. El sello Vendetta lanzó este año la tercera edición de Dossier Macabro, una antología de relatos de terror a cargo de autores argentinos (y autoras, claro). Nunca había visto los dos libritos anteriores, pero por suerte las historias son autoconclusivas y no requieren ningún tipo de lectura previa. La primera historia nos presenta un guion bastante digno de Emilio Balcarce, junto a un dibujante (Julián Zacaríaz) que no me convenció. Tampoco tuve suerte con los dibujos de la segunda historia (a cargo de Grendel Belarrousse), que trabaja sobre un guion también bastante piola, y con un buen manejo del armado de las secuencias. Entre lo mejorcito de la antología destaco la tercera historia, "El Conjuro", muy buen guion de Federico Rodríguez, dibujado como la hiper-concha de Dios por Omar Hirsig. Gran laburo. Además de coordinar el proyecto, Leo Figueroa aporta un guion ("Cacería") que está bien, cumple con la consigna de generar tensión en el lector y rematar par el lado que uno menos se imagina, incluso cuando parte de una premisa bastante trillada. Lo acompañan los dibujos (muy correctos) de Cecilia Desiata. Me quedan por destacar el trabajo de Luisina Módica en una historieta de 11 páginas que también sube al podio de este Dossier Macabro. También el dibujo de Dante Ginevra, sugestivo y efectivo en partes iguales, en una historia cuyo guion (obra de Antonio Sachs) es apenas una idea que no se llega a desarrollar. La historieta de Guido Barsi y Alfredo Retamar entra también al grupo de contenidos más que dignos, y también al de las premisas que el fan de los comics de terror ya sabe desde el principio para dónde van a ir. Y me gustaron también los diálogos de Jorge Carrión en las dos historietas que escribe, especialmente en "Los guardianes del hermano Inaro", cuya idea es bastante ganchera y su dibujante (Manel) bastante competente. La antología cierra con una ilustración de Nahuel Greco realmente escalofriante, hermosa, de altísimo impacto. Me pregunto si no hubiese estado bueno usarla como portada, o como contratapa, y por supuesto me encantaría ver a este dibujante al frente de una historieta, en lo posible con buen guion. Dossier Macabro es un producto bien logrado, que sirve para descubrir a algunos artistas que por ahí uno no tiene en el mapa, para constatar la evolución de otros y otras, y (en el mejor de los casos) para enganchar con la historieta argentina a gente que consume cine y literatura de terror pero -por los motivos que sean- todavía no se hizo adicta a las viñetas. Falta un poco, hay tuercas para ajustar (sobre todo en la elección de los dibujantes), pero el camino es el correcto.
Vamos para atrás en el tiempo, al año 2010, cuando se empieza a serializar en la Skorpio italiana una historieta felizmente recuperada por Historieteca para nuestro mercado: Los Malditos, una saga creada por Eduardo Mazzitelli, originalmente pensada para ser dibujada por Lucho Olivera. Pero Lucho falleció antes de empezarla, y se activó el Plan B, que fue Sergio Ibáñez. Para mi gusto, el trabajo que hace Ibáñez en esta historieta es muy, muy bueno, sin nada para envidiarle al Lucho de la última época. Lo único que no me terminó de gustar son los primeros planos de las mujeres, pero aparecen muy pocas mujeres en las 72 páginas que tiene la obra, y hay varias que ni siquiera hablan. El resto de la faz gráfica me cerró por todos lados: los climas, los paisajes, los fondos, las escenas de acción, los detalles en trajes y armas. Ibáñez creó un mundo de fantasía oscura en el que se mueve con mucha solvencia, un mundo ominoso, adusto, duro, ideal para poblarlo con los personajes extremos y por momentos atroces que crea Mazzitelli. Es un trabajo parejo de punta a punta, con algunas páginas realmente consagratorias en las que Ibáñez deja la vida y más. Mazzitelli pergeña una aventura con dosis moderadas de machaca, bastante intriga palaciega y mucho espacio para la reflexión. Se supone que vamos a ver al príncipe Iwan regresar al reino que gobernara su padre Gwenneg, pelear por el trono y tomar el lugar que le corresponde en la línea sucesoria. Pero a medida que avanza la historia, Mazzitelli nos revela detalles oscuros del reinado de Gwenneg, caracterizado por los excesos, la ambición desmedida y un talento escabroso para faltar a su palabra. Todo esto en "historias dentro de la historia" que sirven para darles carnadura a los personajes que deciden secundar a Iwan en su gesta, por motivos que al principio nos son esquivos y que el guion dejará en claro a su debido momento. El mandato familiar, el honor, la amistad, la justicia, el poder... todos temas que aborda el mítico guionista en Los Malditos y que enriquecen a la trama y la despegan de las clásicas convenciones del género de la epopeya fantástica con ambientación medieval, espadas y hechicería. El resultado es sumamente satisfactorio y además nos gratifica a los fans de Mazzitelli que queremos ver recopilados más trabajos suyos, no sólo los realizados en dupla con Quique Alcatena. De hecho este año salió en Argentina otra obra de Mazzitelli e Ibáñez (Duncan) pero no la tengo. La voy a leer en digital para la votación de los Premios Cinder y si está al nivel de Los Malditos, no voy a dudar en comprarla, porque acá pude disfrutar de un equipo realmente afianzado y de una aventura que tiene -además de buenas ideas- muy buen ritmo, altas dosis de emoción y momentos que nos invitan a pensar y a ponernos en el lugar del otro. No es poco. Y nada más, por ahora. Ni bien logre avanzar un poco más con la pila de lecturas pendientes, nos vamos a reencontrar con nuevas reseñas, acá en el blog. Mañana a las 22:30 hago un vivo en el canal de YouTube de Comiqueando. Si algun@ se quiere sumar, nos vemos ahí.

jueves, 23 de noviembre de 2023

MAS MATERIAL ARGENTINO

Sigo con la misión imposible de ponerme al día antes de fin de año con todo el material que se publicó durante 2023 en Argentina, que por suerte es un montón. Desde la ciudad de Rosario llega el nº1 de Avalancha, una antología que reúne distintas historietas todas escritas por Gastón Flores, algunas de las cuales ya se habían publicado en la revista Términus (otra antología gestada en Rosario). La verdad, no me emocionó el contenido de este primer número. La portada me parece directamente fea, y ninguno de los guiones de las distintas historias autoconclusivas me partió la cabeza ni me sorprendió demasiado. Hay varios que están bien, que cumplen, pero ninguno de esos que te hacen levantar las cejas y decir "no puedo creer lo que estoy leyendo". El desempeño de los dibujantes en general es muy bueno, la única historia que no me gusta cómo está dibujada es "El Dios Serpiente", a cargo de un Gonzalo Martínez que no es el prócer chileno. Despues hay otro trabajo mejor logrado por el propio Martínez, aportes muy dignos de Pablo De Bonis y Sergio Tarquini, seis páginas de Juan Manuel Frigeri a un muy buen nivel, y apenas cinco del mejor dibujante que alguna vez trabajó con Flores: el monstruo entrerriano Lisandro Estherren, hoy consagrado en EEUU. Desde lo visual, más allá de la portada, Avalancha es un producto bastante convincente. Pero es una antología creada y curada por un guionista, entonces lo que define son los guiones y -repito- ninguno me movió el amperímetro. Hay buenas intenciones, buenas ideas, pero sospecho que Flores es de los guionistas a los que el formato de historia corta (las más largas tienen ocho páginas) no les resulta demasiado cómodo. Veremos con qué nos encontramos cuando se publique el nº2 (supongo que en Enero, porque el nº1 salió en Julio y dice "publicación semestral").
Otra editorial con sede en Rosario y bastante actividad en esta última década es Rabdomantes, que ahora nos ofrece Ceferino Namuncurá y el Valle Perdido, una novela gráfica de 68 páginas escritas por Roberto Barreiro (amigo de hace mil años y colaborador de Comiqueando) y dibujadas por Javier Oliver, a quien ya me había cruzado en alguna antología. Vamos a decirlo rápido y sin medias tintas: no me gusta el dibujo de Oliver, me parece del montón, poco imaginativo, poco original, no le encuentro mayor atractivo. La narrativa está muy bien, el color me pareció muy correcto, pero el dibujo en sí, el trazo, la forma de plasmar la acción, las expresiones faciales, los fondos, la composición de la viñeta y hasta la ubicación de algunos globos de diálogo me parece que no están a la altura, ni del guion de Barreiro ni de la calidad de la edición. Una pena, porque el guion me pareció ingenioso y entretenido. Barreiro imagina una ucronía en la que la nación mapuche se independizó de Argentina y de Chile y superó su origen de tribu aborigen de la Patagonia para convertirse en una potencia continental con vastos recursos naturales. La historia se sitúa a principios del Siglo XX y reserva roles importantes a figuras del mundo real como Julio Argentino Roca o el Coronel Enrique Mosconi (y el propio Ceferino, obviamente), y un rol menor a Hipólito Yrigoyen. No sé si por sugerencia de Barreiro o por decisión de Oliver, varios de los mapuches tienen rasgos que al toque remiten a los de Patoruzú, Upa y la Chacha, un guiño que realmente no sé cuántos lectores llegarán a captar, porque no creo que esto esté pensado para los fans de los clásicos personajes de Dante Quinterno. La trama incluye acción, espionaje, sutiles pinceladas de comedia y una puntita romántica atractiva que no se llega a desarrollar, todo en un clima de aventura e intriga, con un buen equilibrio entre tensión dramática y clima de entretenimiento y diversión. Por momentos me pareció estar leyendo un guion de Maurice Tillieux para Gil Jourdan, aunque claro, Tillieux no debe haber tenido ni la menor idea de qué era un mapuche. No quiero spoilear lo que sucede, pero sí señalar que está todo bien planteado y bien resuelto, con textos ágiles y personajes con los que uno se quiere reencontrar. Ceferino Namuncurá y el Valle Perdido nos lleva a una realidad paralela (un What If...) muy interesante, para vivir una aventura que te engancha a fuerza de sorpresas, roscas y acción. Con la faz gráfica a cargo de un dibujante mejor calificado, podría ser uno de los grandes títulos del 2023. Así como está, divierte y cumple, pero renguea un poco porque, por lo menos para mi gusto, no hay un correlato de calidad entre la labor de Oliver y la de Barreiro. Esto es todo por hoy. Nos reencontramos pronto con nuevas reseñas, acá en el blog.

viernes, 10 de febrero de 2023

NAFTALINA

Hace un par de semanas, a fines de Enero, se habló muchísimo de esta novela gráfica de Sole Otero (autora argentina que reside hace varios años en Francia), ya que el público del Festival Internacional de Historieta de Angouleme (el más importante de Europa) votó a Naftalina como Obra Favorita del 2022. La novela fue escrita y dibujada en 2020, y tuvo su edición en castellano en 2021. Yo, como siempre, llego tarde y la reseño ahora. Lo primero que quiero destacar es que Naftalina está escrita 100% en argentino. Es obvio que Sole pensaba publicarla en España y Francia (veremos si se suman más mercados, ojalá que sí), pero no hace concesiones en cuanto a la jerga que manejan los personajes. La historia transcurre en el Gran Buenos Aires y los personajes hablan como hablamos acá. Incluso, como el argumento recorre prácticamente todo el Siglo XX, Sole usa términos muy rioplatenses de décadas pasadas para ambientarnos mejor en cada una de las épocas que visita. La edición española (que es básicamente igual a la argentina) tiene llamaditas que explican algunos términos lunfardos o de nuestra habla informal, como para que el lector no familiarizado no quede tan afuera. Y me parece perfecto. Básicamente lo que cuenta Sole en estas 320 páginas es la historia de su familia, centrada sobre todo en la figura de su abuela Vilma, un personaje maravillosamente jodido y tóxico, pero además sumamente tridimensional. Vilma jode, critica y psicopatea a todo su entorno, pero no se considera una villana, sino una víctima incomprendida. Y Naftalina cuenta un poco eso: cómo Vilma se va quedando sola, y cómo su aura de mala leche se impregna de algún modo en la casa que habitaba, a tal punto que una vez que muere, su nieta no resiste demasiado tiempo viviendo ahí. La idea de la casa como espacio de la familia, y de la memoria genealógica y emotiva que vincula a los miembros de la familia, no es algo muy novedoso. La explora Paco Roca en La Casa, por poner un ejemplo cercano. Pero Otero le encuentra otra vuelta, sobre todo por el lado del dibujo, y la convierte en una especie de laberinto en el que Rocío (la protagonista, y probablemente también la autora) se tiene que buscar a sí misma, reflexionar y replantearse cosas típicas de los 18 años, mientras revive (o descubre) aspectos muy densos de la vida de su abuela. Si bien todo pasa por Vilma, el resto de los personajes también están muy bien tratados. La autora se pone en el lugar de ellos, trata de entender por qué hacen lo que hacen, por qué aguantan lo que aguantan, y no los juzga. Ni siquiera juzga a Vilma, que es claramente un sorete de persona. Enorme paso adelante respecto de Poncho Fue, donde había buenos y malos definidos de modo demasiado alevoso. Naftalina es un comic muy honesto, muy jugado, donde no quedan secretos ocultos por jodidos que sean. Lo único que no está muy aprovechado es el vínculo entre algunos personajes y la política argentina del Siglo XX, que es un manantial inagotable de conflictos y desencuentros. Se ve que a Sole le interesaba más la vida de estas personas que la sociedad en la que vivieron. Recién al final, aparece un conflicto político (el estallido de fines de 2001) que una chica de 18 puede entender sin mayor dificultad y ahí sí, Rocío se termina de alejar de la senda de Vilma (militante fanática del "no te metás") y decide involucrarse. Me gusta mucho cómo, si bien en 2020 la autora tenía casi 20 años más que Rocío, no se olvida de cómo era ella a los 18 años. A todos estos hallazgos hay que sumarle el plus del dibujo y el color. Para este trabajo, Otero deja de lado el estilo que desarrolló en Intensa y Poncho Fue y crea uno nuevo, totalmente distinto, basado en colores planos, figuras bien definidas y muy estilizadas, y un protagonismo enorme para los fondos. Lo único que queda del estilo anterior de Sole es la expresividad de los personajes. Todo lo demás, hasta la forma de moverse en el espacio de las viñetas (y de esas páginas que parecen escenarios de teatro) es novedoso. Y excelente. Es un estilo muy llamativo, que tiene la particularidad de no aburrir, de no cansar. Cuantas más cosas demuestra Sole que puede contar en ese estilo, más te cautiva. Esta vez... ¡dibuja las zanjas entre las viñetas!. No en las secuencias ambientadas en 2001, pero sí en las que nos llevan a distintos momentos del pasado. Los flashbacks tienen su propia paleta de colores y hasta su propia forma de armar la página y vincular a las viñetas entre sí, y eso también es un golazo. La única contra que tiene Naftalina es que se trata de una historia íntima, puertas adentro. ¿Qué me estás contando? ¿La historia de una familia que viene de Italia y se establece en el conurbano? ¿Y donde una de las abuelas de la protagonista es una mina intratable que le hace la vida imposible a casi todos los que la quieren? Y bueno, como esa historia hay miles. En un punto, es mi historia, también. Mi abuelo Beto también venía de una familia italiana del conurbano, su papá también trabajaba en el ferrocarril, también era hincha de Racing, también se casó con una mina que lo psicopateaba y lo tenía cagando... O sea que es entendible que algo tan personal no le llegue a todos los lectores por igual. Pero como historieta está muy, pero muy bien hecha. Es profunda, es entretenida, es valiente, es emotiva, te permite identificarte con distintos personajes en distintos momentos de la obra, y encima está dibujada de un modo originalísimo y genial. No sé qué porcentaje de ficción hay en la obra (no sé, por ejemplo, si en su vida real Sole se mudó a la casa que era de su abuela y se agarró pulgas) pero la forma en que la autora toma todos estos elementos (reales y ficticios) y los combina para armar esta novela gráfica, es sencillamente magistral. La hiper-recomiendo. Me queda una reseña más "de las de antes" y después ya volvemos a la normalidad, o algo así. Gracias y hasta pronto.

sábado, 31 de diciembre de 2022

TRES Y HASTA 2023

Y bueno, no llegué a bajarme todo el pilón de historieta argentina publicada en 2022 antes de fin de año, pero avancé muchísimo. Hoy cerramos este décimo tercer año del blog con tres reseñas más, y a partir del próximo posteo, volvemos al mix esquizofrénico con historietas de todos los países. Empiezo con la antología Kebondi!: ¡Somos Nosotros!, coordinada por Ricardo De Luca y Darío Brabo. Acá me encontré con unas cuantas historias cortas escritas por Sebastián Rizzo, con distintos dibujantes. El guion que más me impactó es el de una historieta que ya había leído la semana pasada en Historieta Revólver, y la mejor equilibrada entre guion y dibujo me pareció "9 Meses", donde Rizzo forma equipo con un inspiradísimo Maco Pacheco. También me gustó mucho el dibujo de Luciano Bradley en "Más allá de la memoria", el dibujo de Darío Reyes en "El Ratón" y el de Darío Brabo en "Límites". El prolífico Brabo también dibuja una historieta de Martín Sarlo que está entre las mejores del libro: "Nica" se mete con el tema del abuso intrafamiliar y si bien resuelve el conflicto por el lado de la machaca ultra-violenta entre buenos y malos, me resultó atrapante y satisfactoria. Después me encontré con mucho material bastante flojo, historias donde o bien los guiones o bien los dibujos o incluso ambas cosas me resultaron precarios o (en el mejor e los casos) no me llamaron para nada la atención. Lógica consecuencia (digo yo) de armar una antología de tantas páginas "a la gorra", con el material que los autores amigos tienen ya hecho y aportan de onda con tal de verlo publicado en un libro. Una curaduría más estricta del material seguramente dejaría afuera a varios de estos amigos/ colaboradores y bueno, De Luca y Brabo prefieren darle espacio a los amigos que laburan de onda, aunque eso signifique incluir en Kebondi! material que ya apareció en otras antologías, o que queda bastante por debajo de la media de lo que se ve normalmente cuando uno compra un libro de autores argentinos. Como diría Miguel Ángel Russo "son decisiones".
Después de recopilar en libros todo el material clásico de Mikilo, la editorial Comic.ar se lanzó a producir una saga 100% nueva del mítico personaje, escrita por su creador, el maestro Rafael Curci (argentino radicado en Brasil) y con dibujo y color de Marcelo Basile. A lo largo de 64 páginas, los autores traen de vuelta al antropólogo Adolfo Sosa (ahora unos 15-20 años más viejo que la última vez que lo vimos) y a su hermano, la criatura sobrenatural conocida como Mikilo, para una nueva aventura que los lleva al Valle de la Luna, en la provincia de San Juan. Se trata de un relato dinámico, que tarda en decantar para el lado de la machaca, en el que Curci se toma su tiempo para explorar y describir los elementos misteriosos que hacen necesaria la intervención de Mikilo. Sutilmente baja una línea ecologista, y algunos datos acerca de la fauna, la flora y la riquísima historia de esa región de nuestro país, pero sin caer en un tono didáctico. ¿Qué le falta al guion? Un poquito más de desarrollo de personajes: en casi toda la saga Mikilo y Adolfo son testigos de lo que pasa, sus acciones no modifican el curso de la acción, pero además se indaga poco en sus personalidades y sus motivaciones. Para la próxima yo reforzaría ese costado. Y sigo esperando esa aventura en la que el misterio sobrenatural que plantea Curci se resuelva al estilo Scooby-Doo: no era un monstruo, no era un fantasma, no era una criatura de la mitología criolla, era un tipo común, ambicioso e inescrupuloso, con un plan maestro para engañar giles en beneficio propio. En cuanto al apartado gráfico, esta es -lejos- la aventura mejor dibujada de toda la historia de Mikilo. No solo me lo encuentro a Basile afiladísimo en el dibujo y la narrativa, sino que además el agregado del color lo potencia al infinito y más allá. En general no resulta tan fácil colorear a los dibujantes que vienen del palo del claroscuro, pero Basile encontró la forma y nos ofrece un trabajo de coloreado realmente fabuloso. El Último Malón nos ofrece unos climas hermosos, una paleta sutil, variada, muy bien pensada para complementar al dibujo que se ve sólido, expresivo y 100% puesto en función del relato. Aunque no seas fan de Mikilo, o aunque no te cope esta aventura puntual del personaje, te recomiendo pegarle una mirada a este librito, porque el trabajo de Marcelo Basile seguro te va a impactar.
Y cierro con el libro que compila chistes y tiras de La Negra Gedienta, la tremenda creación de Majox. La única contra que tiene el libro es que las casi 90 páginas duran poco. Se leen a los santos pedos, porque son viñetas que ocupan toda una página y por ahí tienen un solo globo de diálogo, o son tiras de cuatro o cinco viñetas repartidas entre dos páginas. Esto hace que el dibujo se reproduzca a gran tamaño y se disfrute un montón, pero por ahí habría estado mejor publicar todo un poco más chico y condensarlo en menos páginas... o bancar el formato de 88 páginas y lanzar el libro cuando Majox tuviera más material. Fuera de este detalle, La Negra Gedienta garantiza risas a rolete con su humor grosero, transgresor, con cero tapujos y cero miedo a meterse con temas espinosos que tienen que ver con la vida social, afectiva y sexual de las mujeres, especialmente las mujeres heterosexuales de treinta y pico. Majox conoce bien el paño y sale a satirizarlo sin piedad, a través de personajes tan carismáticos como patéticos, con los que uno se encariña al toque. Obviamente no todos los chistes son igual de graciosos, pero todos tienen esa misma onda, que a mí particularmente me resulta muy atractiva, y además todo está muy bien dibujado. Con un trazo simple, personajes muy expresivos, un gran poder de observación y una buena dosis de imaginación, Majox resuelve de taquito la faz gráfica de estos chistes y tiras y demuestra un gran criterio a la hora de decidir cuándo matarse en los fondos y cuándo optar por una puesta en escena minimalista. Imaginate una Maitena un toque más guarra y con chistes orientados a un público más joven y vas a andar cerca de lo que hace que La Negra Gedienta sea un título más que destacado en el panorama del humor gráfico argentino actual. Y hasta acá llegamos. Gracias totales a tod@s l@s que me acompañaron este año desde el otro lado de la pantalla, a las editoriales que me hacen llegar sus libros para que yo los reseñe, y por supuesto a l@s autor@s, sin los cuales no habría historietas para reseñar. En cualquier momento arrancamos la decimocuarta temporada del blog. Gracias de nuevo y hasta entonces.

jueves, 22 de diciembre de 2022

HORA DE RETOMAR

Sigo jugadísimo en la recta final de la Comiqueando Digital nº6 (si todo sale bien, va a estar disponible el lunes), pero como ya terminó el Mundial, y ya vi todos los miles de videos de la Selección Argentina que necesitaba ver, y los goles, y los testimonios, y las reacciones y toda esa hiper-manija que generó uno de los mejores mundiales que recuerdo haber visto, ahora sí, me queda un ratito libre para dedicárselo a las reseñas. Empiezo con La Orden del Bes, un nuevo trabajo de la dupla integrada por Rodolfo Santullo y Horacio Lalia. Una aventura original, interesante, con buen equilibrio entre la machaca y la intriga política, con algunas peculiaridades que me llamaron la atención: Un final que no es muy final, porque no sabés si los protagonistas tuvieron éxito o no en su cruzada; un personaje femenino cuyo rol crece bastante en el segundo tramo de la obra pero de un modo que se siente bastante forzado, como si Santullo se hubiese impuesto a sí mismo incorporar a una mujer al elenco protagónico cueste lo que cueste; y algunas peripecias que están medio al pedo, como para que no falte acción, pero que en realidad no aportan mucho, más allá de ver cómo los protagonistas zafan de peligros extremos, en buena medida gracias a la pésima puntería de sus adversarios. Todo el tiempo repito "los protagonistas", porque no los quiero definir como "los buenos" ni como "los héroes". Eso le restaría capas de complejidad a la trama que urde Santullo y, sin dudas, parte del atractivo de La Orden del Bes pasa por ese dilema moral que enfrentan Rodya y Orel, y que resulta fundamental en el devenir de los acontecimientos. Son 96 páginas narradas a muy buen ritmo, con buenos diálogos, bastante desarrollo para los personajes centrales y buena construcción de un universo duro y opresivo, cuyas particularidades le dan más sentido a la epopeya que -tarde o temprano- se come cruda a la rosca política y a la onda más de espionaje con la que empieza la historia. El dibujo de Lalia es correcto, sin olvidar nunca que se trata del Lalia del Siglo XXI, no de aquel dibujante virtuoso y exuberante de los ´70 y ´80, ni de aquel dibujante espectacular y potente de los ´90. Acá el maestro se luce cuando dibuja casas, castillos, fortalezas y palacios, y flaquea un poco cuando le toca dibujar cuerpos en acción. El armado de la página tiene esos típicos momentos en los que Lalia desorienta un toque al lector con la ubicación de algunos cuadros y algunos globos, pero nada demasiado grosero. La Orden del Bes está lejos de entrar en la categoría de los imprescindibles, pero como aventura para entretenerse un rato, no está nada mal.
Y me liquidé también el Vol.14 de Historieta Revólver, una antología de más de 200 páginas repleta de historietas autoconclusivas de autores argentinos. No me gustó tanto como el anterior, principalmente porque no encontré una historieta que me volara la cabeza, que me conmoviera con su originalidad o con su belleza plástica. Dentro de ese panorama donde es más difícil destacar gemas del dibujo o genialidades del guion, encontré algunos trabajos que me gustaron bastante. El dibujo de Paula Andrade en la historieta llamada "Hypnos" me pareció excelente. Lástima que sean tan poquitas páginas. Santiago Miret dibuja dos historietas en la antología y hay mucha diferencia en la calidad. Muchísimo mejor en "Selección" que en "Más Allá", donde dibuja un muy lindo guion de Javi Hildebrandt. "El Llamado", de Fabián Slongo, probablemente sea la historieta más pareja, donde tanto guion como dibujo están a un gran nivel. Nunca había visto a Slongo dibujar en ese estilo, y me encantó. Me pareció brillante el guion de Walter Koza en la historieta "Los Negros de Nueva Esperanza". El dibujo también es bueno (a cargo de Loco Gonzales), pero al lado del guion queda chiquito. Más dibujantes que me impactaron con su trabajo: la gran Carina Altonaga y Carlos Vera, a quien no conocía, pero es un capo. Muy bueno el trabajo de Wander Antunes (un brazuca invitado de enorme trayectoria en Europa). Y por debajo de lo que yo esperaba la colaboración entre los míticos Robin Wood y Solano López. La de Walther Taborda tiene unos dibujos impresionantes en los edificios, calles, decorados de interiores, pero se desluce un poco cuando dibuja a todas las mujeres con cuerpos de vedette, como si fuera una historieta erótica. Tomás Coggiola me sorprendió con un giro interesante al clásico mito del hombre lobo. Sebastián Rizzo me atrapó con los excelentes diálogos en su historieta "San La Muerte". Y para terminar destaco la colaboración entre J.J. Rovella y Julio Azamor, ocho páginas con buen nivel tanto en guion como en dibujo. El resto, o no me llamó la atención o no me gustó. Pero por supuesto está bueno que cada tanto aparezcan estos masacotes en los que tienen cabida decenas de autores y autoras y donde se le da protagonismo a las historias cortas, sin personajes recurrentes, que es algo que corre el riesgo de desaparecer hoy que todo el mundo está tan pendiente de las las obras de gran extensión. Ni bien tenga un par de libritos leídos, nos reencontramos por acá. Aguante la Scaloneta y las Abuelas de Plaza Mayo, que encontraron al nieto nº 131. Será hasta pronto.

jueves, 8 de diciembre de 2022

DOS MAESTROS Y DOS OPERAS PRIMAS

Tengo otros tres libritos leídos, siempre dentro de la consigna de "material de autores argentinos publicado en 2022". Empiezo con Diarios Zombies, una obra que reúne a la dupla integrada por los consagrados Ricardo Ferrari y Horacio Lalia. Lo primero que me viene a la mente es que no puedo creer lo fea que es la portada. Falta que venga con un cartelito que te diga "por favor NO compres este libro". A mí además no me gustan los zombies, o sea que antes de empezar a leer el prólogo, ya estaba en -20. Adentro me encontré con un trabajo que tiene la intención de ser un buen comic. No es choreo, no es fan service, no es pochoclo. Ferrari demuestra que, incluso dentro de una temática tan trillada y remanida como la de los zombies, se puede ser original y sorprender al lector con ideas novedosas. Acá hay un guionista inteligente, que además de entender la lógica de la aventura entiende las implicancias científicas de lo que le hace hacer a los personajes y, si bien en los diálogos no me encontré con nada demasiado destacable, hay un muy buen nivel en los bloques de texto. Al dibujo de Lalia lo encontré un poco estático, con poca fluidez. Como siempre, las escenas más tétricas son las que mejor retrata la pluma del maestro, y también como ya es costumbre, a veces las viñetas están distribuidas en la página de tal modo que no sabés cuál viene a continuación de la que acabás de leer. La colocación de los textos ayuda un poco a sortear estos baches, pero hubo momentos en los que me encontré leyendo de derecha a izquierda, como si Diarios Zombies fuera un manga. Si fan incondicional de Ferrari, o de Lalia, o te interesa a full la temática de los zombies, no tengo dudas de que vas a pasarla muy bien con este libro. Si no, me imagino que te va a rendir más apostar por otro material.
Me voy a Córdoba, donde este año se publicó un trabajo de autores que no conocía: Matías Moretta y Simón Aiziczon. El comic se titula Dominus Dixit y es una gran oportunidad desaprovechada. ¿Por qué digo esto? Porque el argumento es muy interesante, el guion es buenísimo, hay diálogos excelentes, la línea que baja pega con todo, me vinculé emocionalmente con los personajes, encontré buenas ideas, imaginación, riesgo... pero el dibujo es tan precario que la historieta no tiene chances de llegar a buen puerto. Aiziczon combina torpemente un montón de técnicas en cada viñeta, y le queda una cosa desprolija, sucia, donde se nota demasiado que lo que vemos en la página NO es lo que el autor visualizó en su mente. Sobre el final, cuando empieza a manejar un poco mejor las aguadas, la faz gráfica pareciera encaminarse, pero para llegar hasta ahí hay que ser realmente muy valiente. Miro la biografía que acompaña al comic y descubro que Aiziczon nació en 2004, o sea que publicó este trabajo justo antes o justo después de cumplir 18 años. ¿Hace falta apurarse tanto? ¿No es mejor esperar, seguir adelante con los estudios, aprender, dominar bien las técnicas de dibujo y después publicar? ¿Ya no es más el fanzine el terreno para que los novatos pulan sus habilidades, adquieran las que les faltan y se fogueen antes de saltar a formatos más perdurables? La verdad que es una lástima. Entre los titubeos gráficos de Aiziczon y las más de 20 páginas que el libro le dedica a carátulas, textos y pin-ups, el balance de Dominus Dixit me da negativo... y eso que el guion me pareció muy, muy notable.
Y cierro con Urban Scissors, obra de otro autor al que no conocía, en este caso Martín Miranda. De nuevo, la lectura me deja un sabor agridulce. Acá me encontré con una bestia del dibujo, un pibe que la rompe en el diseño de personajes, que tiene un trazo potente, ganchero, super dinámico, personajes expresivos onda el Jamie Hewlett más ido al carajo, un talento descomunal para la aplicación de grises digno de los primeros trabajos de Sergio Bleda o Fernando de Felipe, páginas muy bien equilibradas entre espacios blancos y masas negras... Creo que toda la faz gráfica me pareció alucinante, hasta que traté de leer la historia. Ahí descubrí que la historia NO se entiende. Todas estas virtudes que vi en el dibujo de Miranda no se aplican a la función narrativa que debe cumplir el dibujo en una historieta. Nunca encontré la narración, se me perdió en un maremagnum adrenalínico de imágenes estridentes y flasheras. Creo que en todo el libro no hay una sola secuencia en la que se pueda distinguir de modo diáfano quiénes son los personajes y dónde están. Es todo un kilombo muy bien dibujado, pero tan pasado de rosca que no entendí nada. En medio de este océano revuelto, cada tanto sacan la cabeza para respirar unos diálogos muy graciosos, con mucha onda, pero que no me sirvieron para clarificar el relato, que es donde Urban Scissors se me cayó a pedazos. Por el contrario, los globos que usa Miranda para contener los diálogos son tan grandes que cobran mucho peso gráfico en la página y funcionan como un elemento más, como si hubiera pocos, lo cual magnifica la sensación de puesta en página caótica, poco planificada y -a la larga- anti-narrativa. Otra lástima. Este autor, con un guionista que le describa mínimamente qué poner y qué dejar afuera en cada viñeta para no marear al lector, podría ser un verdadero crack. Nada más, por hoy. Mañana por suerte vuelve el futbol. ¡Vamos Argentina!

jueves, 1 de diciembre de 2022

JUEVES FEMENINO

Hoy tengo para reseñar dos novelas gráficas publicadas en Argentina en 2022, y firmadas por señoritas. ¿Cuáles son los colores de la mañana? es la opera prima de Beibi Kebab, vecina de Villa Crespo, que en un texto con el que cierra el libro anticipa que su próximo trabajo va a ser un libro de cuentos. Y me parece bárbaro, porque de esta novela gráfica solo rescato los textos. Estuve medio libro tratando de darme cuenta por qué la pasaba tan mal, hasta que me di cuenta que el problema son los dibujos. Si leés ¿Cuáles son los colores de la mañana? como una pieza literaria, sin darle bola a la faz gráfica, te vas a encontrar con una historia interesante, algunas reflexiones copadas y algunos apuntes muy acertados acerca de la vida y el amor en tiempo de confinamiento. No pasa todo por la pandemia, claro, pero es algo que está muy presente, por lo mucho que afecta a la autora/narradora. El dibujo (y las. letras cuando Kebab las pone a mano) son pesadillescos. Muy, pero muy precarios. La forma en que reparte el texto entre las distintas viñetas es torpe, caprichosa, sin criterio estético ni narrativo. Lo único piola es que deja zanjas entre las viñetas. El resto, muy feo, muy descuidado, con una mezcla de técnicas totalmente innecesaria, a años luz del gran poder de observación y el vuelo cuasi-poético que pelan por momentos los textos. Nada, me quedo con los textos. Y recomiendo pasar totalmente por alto los dibujos, que no aportan nada.
Me voy con Turba, lo nuevo de Lauri Fernández, otra historieta que prescinde por completo del humor y de los elementos fantásticos. Turba nace de la inquietud de la autora por sacar a la luz ciertos temas vinculados a la Guerra de Malvinas, de los que no se suele hablar. Entre Mendoza, Buenos Aires y distintos lugares de Inglaterra, Lauri entrevista a ex-combatientes de ambos bandos y recoge unos testimonios valiosísimos, por momentos muy conmovedores. Y acá me pregunto de nuevo: ¿hacía falta que esto fuera una historieta? Podría haber sido tranquilamente un documental en soporte audiovisual, en el que nos muestren a Lauri charlando con los entrevistados, y lo complementen con imágenes de la guerra, o de lo que hoy son las Islas Malvinas. Y pasarlo en la TV Pública, o en Encuentro o cualquier canal de documentales. La columna vertebral de Turba, lo que sostiene toda la obra son estas conversaciones, que se traducen en páginas muy cargadas de texto. Salvo en una hermosa secuencia muda con la que abre el capítulo 4, Fernández pone al dibujo en el rol de acompañante, muy lejos de hacerse cargo de llevar adelante la narración. Pero, incluso en un rol bastante secundario dentro de la obra, el dibujo y el color de Lauri la descosen. Hay viñetas en las que parece estar poseída por la magia de Jill Thompson y muchas en las que el trazo y la paleta se acomodan para acompañar mejor lo que propone el guion. Del splash page a la página de 13 viñetas, la autora prueba de todo en materia de ritmo narrativo para que -si bien estamos leyendo/ viendo páginas y páginas de gente que habla- en ningún momento nos resulte agobiante o aburrido. El gran obstáculo para disfrutar o emocionarte con Turba puede ser que no te interese en lo más mínimo el tema de Malvinas, que sí, es 100% hegemónico de punta a punta en estas 130 páginas. Una vez sorteada esa barrera de peaje, Lauri Fernández ofrece un hermoso comic que documenta su búsqueda de respuestas y ofrece una reconstrucción de aquellos dramáticos sucesos muy rigurosa y a la vez muy humana. Lo recomiendo enfáticamente. Y nada más, por hoy. Nos leemos pronto, acá en el blog.

lunes, 28 de noviembre de 2022

EL MUNDO MUNDIAL

Justo cuando estoy re manija con el Mundial, me pongo a leer dos libros que en su título dicen "el mundo". Dos libros de autores argentinos publicados en 2022, como para cumplir con la consigna que puse la otra vez. Empiezo con La Cárcel del Fin del Mundo, de Santiago Sánchez Kutika y Kundo Krunch. Esos son relatos basados en la investigación que realizara en 1933 el periodista Juan José de Soiza Reilly en la cárcel de Ushuaia, en la gélida Tierra del Fuego. Luego de un breve episodio que narra la llegada de Soiza Reilly al penal, lo que tenemos son relatos breves, centrados por lo general en los diálogos entre el periodista y distintos reclusos que cumplían su condena en el lúgubre establecimiento. Casi todos los relatos se apoyan mucho en los textos de Soiza Reilly, hay poca intervención de Sánchez Kutika, más allá de elegir qué momentos de los crímenes que narran los presos va a privilegiar. Esto hace que, a su vez, haya pocas secuencias en las que el dibujo tiene la responsabilidad de narrar las historias. Cada tanto se cuela alguna viñeta o incluso alguna secuencia sin texto, pero mayoritariamente es el texto el que narra y el dibujo el que acompaña. Y son textos un poco fríos, un poco distantes, porque son -ni más ni menos- crónicas periodísticas escritas 90 años atrás. Aún así, por la propia fuerza de los testimonios de los presos, algunas historias resultan muy impactantes y muy atractivas. La de Francisco Fumara me gustó mucho, la de Miguel Ernst me dio escalofríos y la de Hans Woll no está nada mal. El resto, me interesó menos. Sánchez Kutika tenía un problema serio a resolver: el Petiso Orejudo y Simón Radowitzky ya habían protagonizado otras novelas gráficas de autores argentinos publicadas de manera bastante reciente y había que encontrar la forma de no dejarlos afuera sin competir con esas otras obras. Con el Petiso, lo que hace Sánchez Kutika es básicamente sacárselo de encima rápido: en apenas seis páginas, se centra en una anécdota muy menor que sucede durante la reclusión del asesino serial, y chau, a otra cosa. Y con Radowitzky se luce mucho más: encuentra la manera de contar una parte de la historia que no está enfatizada en el libro de Agustín Comotto, centrada en un personaje secundario fascinante como es el pirata Pascualín. Son nueve páginas que te dejan con ganas de mucho más, de un libro entero dedicado a la vida de este personajón de la vida real. El dibujo de Kundo Krunch es tremendo de punta a punta, con unos claroscuros idos a la mierda, una síntesis magistral, un rigor implacable en decorados, vehículos y vestuarios, y una expresividad pasmosa en rostros y cuerpos de los personajes. Krunch te hace sentir la oscuridad, la sordidez, el desamparo, la resignación, el frío criminal, todas las sensaciones que viven los protagonistas de las historias. Un trabajo colosal del marplatense, que está en un nivel formidable.
Y un día volvió Rodrigo Terranova, el autor bonaerense radicado hace muchos años en San Luis. Y volvió con todo, con una novela gráfica titulada El Reino de este Mundo, que se inscribe en la tradición existencialista/ semi-autobiográfica (Diego Balza no es Rodrigo, pero tiene demasiados puntos en común con él) y que nos cuenta, sin chistes ni elementos fantásticos, momentos clave en la vida de un protagonista y un gran elenco de personajes secundarios muy, pero muy bien trabajados. El Reino de este Mundo es un comic sobre la vida de la gente común: anhelos, frustraciones, inspiración, vínculos, amores, incomprensión, solidaridad, casualidades, apuestas que salen mal... hay rock, judo, gastronomía, mucha poesía y un retrato muy hábil de la vida en una ciudad tranquila como San Luis y en un barrio heavy del conurbano como Isidro Casanova. Las anécdotas y los sucesos en "tiempo real" están perfectamente hilvanadas, no hay secuencias estiradas ni demasiado comprimidas, y además Terranova logra, ya desde la primera página, que no estemos pendientes de si la información que nos brindan los personajes va a ser crucial o no para el desarrollo de los conflictos. Un poco porque el énfasis no está puesto en los conflictos, sino en lo otro: los vínculos, las anécdotas, los recuerdos, el devenir de la vida misma, que casi sin que te des cuenta te lleva de la infancia a la adultez. A la hora de darle una identidad gráfica a todo esto, Terranova va más al límite que en La Divina Oquedad y Dos Estaciones: ahora se compromete más en los detalles, en los fondos, en la ropa y los peinados de los personajes, y recarga los rostros con unas rayitas, manchitas y líneas muy personales que quedan muy bien. Todo esto con una puesta en página absolutamente tradicional, con grillas muy sencillas, muy aptas para el lector que habitualmente no consume historietas. Lo extraño del dibujo está compensado con lo clásico de la puesta en página, con la forma asombrosamente natural en la que se desarrolla la narración. Si no te jode que no haya luchas entre malos y buenos, ni violencia de ningún tipo, ni nada que vaya mucho más allá de gente hablando en ambientaciones urbanas actuales, en El Reino de este Mundo vas a encontrar una historia entrañable, profunda, inspiradora y con la que seguro en algún punto te vas a sentir identificad@. La recomiendo mucho y ya tengo el pálpito de que el año que viene lo vamos a ver a Rodrigo Terranova levantar unos cuantos premios. Ah, por si faltara algo, el libro (una edición preciosa de Maten al Mensajero) tiene prólogo de José MunDios. ´Nuff said. Gracias por el aguante y ni bien pueda, vuelvo a postear acá en el blog.

miércoles, 23 de noviembre de 2022

CLÁSICOS Y MODERNOS

Entre los partidos del Mundial y que se me vino encima el momento de corregir y diseñar los artículos para el nº6 de Comiqueando Digital, me quedé casi sin tiempo para leer historietas. Encima estas son semanas de muchos compromisos sociales, sumados a los contenidos que habitualmente me toca generar, corregir o supervisar para el sitio web y el canal de YouTube, y se me complica encontrar huequitos para leer. Pero bueno, acá tengo dos libros leídos, ambas publicaciones editadas en Argentina en 2022, que es lo que mayoritariamente voy a leer de acá a fin de año. Empiezo con la recopilación de los 12 primeros episodios de Rocky Keegan que se mandó la editorial Duma. Estas son historietas originalmente aparecidas entre 1979 y 1980 en la revista Nippur Magnum, escritas por Ray Collins y dibujadas por Gerardo Canelo. Algo de esto yo lo leí en su momento, pero no me acordaba nada. Lo primero que me llamó la atención es la brutal desproporción entre texto e imagen que hay en cada página. Collins mete diálogos y bloques de texto en cantidades demenciales, y el dibujo no solo no encuentra espacio para contar la historia, sino que se ve reducido a estampillitas, mini-recuadritos en los que Canelo aporta lo que puede, entre esos masacotes de letras que predominan de modo contundente. En la segunda mitad del tomo, a partir del séptimo episodio, empiezan a aparecer páginas con menos viñetas. Ahora los cuadros son más grandes, y aunque Collins trate de llenarlos de texto, queda espacio para que Canelo dibuje un poco más. Ahí todo se hace un poco más llevadero, aunque la urgencia por probar cosas nuevas hace que a veces el dibujante meta cuadros que complican el orden de lectura de las secuencias. También acierta con unas viñetas widescreen muy lindas y -cuando puede- con un despliegue de cuerpos en acción muy atractivo. El dibujo de Canelo, en general, es muy bueno. Tiene la elegancia de los clásicos (un García López, ponele), pero además se nota que le gustaba mucho el Horacio Altuna de los ´70 y que lo seducía esa síntesis y esa pincelada más gruesa, más suelta, que asociamos con Alex Toth. Al sacarle el espantoso color típico de las revistas de Columba, Canelo se revela como un capo del claroscuro, hábil poseedor de un dibujo muy equilibrado, muy accesible, incluso en las ínfimas superficies que tiene para llenar en esas páginas repletas de texto. Y el texto también es muy bueno. De hecho, es mejor el guion que el argumento, que hoy se siente un poco antiguo, un poco lastrado por clichés que hace 40 años se bancaban y hoy no. En el reemplazo del rotulado mecánico de Columba por el rotulado digital se colaron algunos errores de tipeo que hubiese estado bueno detectar y corregir antes de mandar el libro a imprenta. Pero bueno, cuando el texto es tanto (y cuando el rotulado original es tan horrendo), se puede perdonar algún moquito. Rocky Keegan es una telenovela protagonizada por un boxeador en la New York corrupta de fines de los ´70. Si comprás el modelo del héroe perfecto, del tipo sencillo, solidario, altruista, respetuoso, afectuoso, incapaz de albergar el menor sentimiento negativo, temido por los hombres por su fuerza, amado por las mujeres por su porte atlético y su forma de ser tan copada, Rocky se puede convertir en tu ídolo. Pero guarda: lo vamos a ver pelear relativamente poco, por lo menos al principio. Lo que rige los destinos de la serie (por ahora) es el culebrón clásico, con romances, celos y esas cosas, por suerte condimentado con las posibilidades que brinda el submundo de los boxeadores y el contexto de una ciudad hostil y llena de gente muy hija de puta. Si bien esta vez Rocky Keegan no me emocionó tanto como cuando lo leía a los 11-12 años, me parece que tiene bien ganada la chapa de clásico. De hecho, estoy como para comprarme un Vol.2 ni bien salga.
Allá por el 01/09/19 me tocó reseñar la versión de Tomás Wortley y Franco Viglino de El Principito, el clásico de Antoine De Saint-Exúpery. Ahora la dupla reincide con otra adaptación de una obra fundamental de la literatura del Siglo XX, nada menos que Peter Pan y Wendy, de James Matthew Barrie. En poco más de 90 páginas, la dupla recrea la seminal obra de teatro, luego transplantada a todos los soportes de ficción imaginables, sin dejar nada afuera. La novela gráfica tiene acción, introspección, algo de romance, algo de humor... todo lo que puede llegar a entusiasmar a lectores de 9 a 12-13 años. El carisma de los personajes de Barrie se traslada a la perfección a la historieta: Wortley cuida mucho ese aspecto y logra que todo el elenco, buenos, malos y secundarios, nos resulten queribles. Al igual que la obra original, la novela gráfica está regida por la lógica de la fantasía y no tiene mucho sentido discutir ciertos baches o caprichos argumentales que orientan la trama para donde al autor le conviene llevarla. Lo importante es divertirse, emocionarse, maravillarse con lo imposible y vibrar con las aventuras que -para nenes y nenas de 9 años- pueden ser un poquito extremas. Viglino demuestra una vez más su enorme talento como dibujante y su gran solvencia como narrador gráfico. Tanto las escenas intimistas como las grandilocuentes están planificadas y ejecutadas con gran eficacia, y si lo importante (como decíamos recién) es divertirse y emocionarse, esto sucede en buena medida por el gran desempeño de Franco en estas páginas. Pero además se pone un desafío extra: rediseñar todo el mundo de Peter Pan para que los personajes, sin traicionar la esencia de la obra original, se parezcan lo menos posible a la adaptación más popular, más reconocible, que es la película de Walt Disney de los años ´50. Para eso echa mano a su notable manejo de la estética pseudo-ponja, hoy tan aceptada entre los pibes y pibas de las edades a las que apunta el libro. Y no, no es un manga, ni pretende serlo. Pero de alguna manera, ciertos rasgos de los shonen más populares aparecen en el diseño y la forma de moverse de estos personajes que, claramente, están en las antípodas históricas y geográficas respecto de un manga actual. Lo que más lo despega de la estética pseudo-ponja es el color, que es realmente excelente y aporta muchísimo. Comparás esto con muchas de las adaptaciones de clásicos de la literatura o la mitología que otras editoriales le tratan de vender a este mismo segmento etáreo, y la verdad que la diferencia es monstruosa en favor de Wortley y Viglino. Acá se nota que los autores ponen el corazón, no salen a chorear ni a sacar el trabajo con fritas. Lo recomiendo mucho, sobre todo para pegarle una leída y regalárselo a hij@s, sobrin@s, ahijad@s o mascotas bípedas. Y tengo otro trabajo de la dupla en la pila de los pendientes, que espero leer pronto. Gracias por el aguante de siempre, gracias a tod@s l@s que se acercaron a saludar y sacarse fotos conmigo en los últimos eventos en los que estuve (Pergamino, Concordia, San Luis, etc.) y ni bien pueda, vuelvo a postear nuevas reseñas acá en el blog.