el blog de reseñas de Andrés Accorsi
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miércoles, 17 de enero de 2024

NOCHE DE MIERCOLES

Hoy sólo dos reseñas, pero bueno, algo es algo. Empiezo en Italia, año 1996, cuando se publica un Almanacco Lupo Alberto dedicado al mejor personaje secundario surgido en la famosa historieta de Silver: Enrico La Talpe, un topo jodido como enema de chimichurri que comparte con Alberto y el resto de los bichos antropomorfos el entorno de esa granja sin seres humanos. El libro recopila varias planchas de Lupo Alberto en las que el protagonismo (o por lo menos los roles destacados) recaen en Enrico, su esposa Cesira y Silvietta, la joven pajarita a la que el topo se quiere voltear. Acá descubrí al Silver de los ´80, que dibujaba mucho más que en los ´90. Yo lo conocí en esa década, cuando su estilo ya había logrado un punto de síntesis que lo emparentaba con Massimo Mattioli y con Charles Schulz, capos totales de una línea finita y poco generosa en materia de detalles, aunque muy expresiva. El Silver anterior, al que nunca había visto, hace gala de un trazo más cargado, casi para el lado de Walt Kelly, Robert Crumb o el mejor Angeli. Una bestia fuera de control, que además maneja muy bien el tempo narrativo de la tira y la aplicación de los grises. Además de esas páginas de Silver, el libro ofrece varias historietas protagonizadas por Enrico La Talpe (algunas se publicaban por primera vez en el Almanacco) a cargo de otros autores. Casi todos los guiones son de Francesco Artibani y el dibujante con más presencia es Giacomo Michelon, que se parece muchísimo al Silver de los ´80, aunque más dotado para meter muchos más elementos en cada viñeta, incluso en las más pequeñas. Ni hace falta aclarar que se trata de historietas cómicas, con gags pasados de rosca en materia de violencia, a veces con una ironía muy filosa, otras con un humor más para el lado de la clásica tira de los diarios norteamericanos y otras un poco más resueltas por el absurdo. Nada, rarezas que uno lee para explorar, y que si bien en Italia son populares, fuera de la península son menos que una nota al pie. Pero me re-gustó, eh? Me reí bastante y los dibujos me parecieron maravillosos.
Pero vamos a lo grosso. Me liquidé en dos sentadas las 376 páginas de Walicho, el nuevo libro de Sole Otero, recientemente publicado por Salamandra. Me encontré con un comic sencillamente brillante, de lo mejor que se publicó en 2023 a nivel global. Una verdadera cátedra de una autora que pega saltos exponenciales entre un trabajo y el siguiente y no permite avizorar un techo para su crecimiento. En esta verdadera obra maestra, Sole arma una trama compleja de misterio sobrenatural que abarca varias generaciones, y la trae a Buenos Aires, a algún lugar del conurbano. Los personajes hablan un argento perfecto, hay una sintonía finísima en los diálogos, sobre todo de los personajes jóvenes. Después, en el fragmento en el que se habla castellano clásico (con "vosotros" y esas cosas) aparecen algunas pifias, pero en todo el tramo que transcurre en el presente es asombroso el nivel de los diálogos. Hay, además, muy buena construcción de personajes, una decisión muy acertada (y bancada a lo largo de todo el libro) de insertar los elementos fantásticos en un contexto de costumbrismo que muchas veces nos hace verlos (y tratar de entenderlos) desde una óptica más cercana a la comedia que al drama... aunque Walicho no deja nunca de ser una historia dramática. Rápidamente te cae la ficha de que esos elementos que se repiten en las distintas historias no son casualidad: es Sole contando una única historia, pero segmentada para poder abordar la trama desde ópticas distintas y en momentos distintos de la historia de los personajes. Un andamiaje narrativo complejo y cautivante, como se ve en las grandes obras de la literatura. Como en toda obra de semejante cantidad de páginas, hay escenas estiradas, y hasta escenas que podrían no estar. Pero la verdad que gráficamente está todo tan bien presentado que mejor no sintetizar, ni sacar nada de lo que hay. Otero experimenta con la puesta en página, con el color, tiene páginas sin zanjas y otras con, secuencias enteras basadas en el manejo del lenguaje icónico (no verbal) que sólo existe en la historieta y encuentra distintas formas gráficas de meterte en la cabeza de los personajes y en el núcleo de la trama. Como en Naftalina, tenemos esas figuras grandotas con las cabezas chiquitas, que ya son una marca registrada de Sole, pero en Walicho todo es más plástico, más dinámico. En algún momento del libro, uno de los personajes menciona a Mariana Enríquez, y me cerró muchísimo, porque algo del clima de Walicho se vive también en los cuentos y novelas de esta increíble escritora argentina. El tema de traer al barrio el misterio y la oscuridad, esos detalles de la realidad cotidiana que hacen más creíble a la ficción, están presentes también en la obra de Otero y le aportan a Walicho parte del encanto que lo hace irresistible. De verdad, entré a este libro con expectativas muy altas y me topé con un relato magistral, muy por encima de lo que yo esperaba. No alcanzan las palabras para recomendarlo. Y nada más, por hoy. Si todavía no pasaste por https://comiqueandoshop.blogspot.com/ a descargar la Comiqueando Digital, no seas ortiva y contribuí con unos pesitos a que sigamos generando contenidos gratuitos y de calidad. Si ya la descargaste, mil gracias. Nos reencontramos pronto, acá en el blog.

viernes, 10 de febrero de 2023

NAFTALINA

Hace un par de semanas, a fines de Enero, se habló muchísimo de esta novela gráfica de Sole Otero (autora argentina que reside hace varios años en Francia), ya que el público del Festival Internacional de Historieta de Angouleme (el más importante de Europa) votó a Naftalina como Obra Favorita del 2022. La novela fue escrita y dibujada en 2020, y tuvo su edición en castellano en 2021. Yo, como siempre, llego tarde y la reseño ahora. Lo primero que quiero destacar es que Naftalina está escrita 100% en argentino. Es obvio que Sole pensaba publicarla en España y Francia (veremos si se suman más mercados, ojalá que sí), pero no hace concesiones en cuanto a la jerga que manejan los personajes. La historia transcurre en el Gran Buenos Aires y los personajes hablan como hablamos acá. Incluso, como el argumento recorre prácticamente todo el Siglo XX, Sole usa términos muy rioplatenses de décadas pasadas para ambientarnos mejor en cada una de las épocas que visita. La edición española (que es básicamente igual a la argentina) tiene llamaditas que explican algunos términos lunfardos o de nuestra habla informal, como para que el lector no familiarizado no quede tan afuera. Y me parece perfecto. Básicamente lo que cuenta Sole en estas 320 páginas es la historia de su familia, centrada sobre todo en la figura de su abuela Vilma, un personaje maravillosamente jodido y tóxico, pero además sumamente tridimensional. Vilma jode, critica y psicopatea a todo su entorno, pero no se considera una villana, sino una víctima incomprendida. Y Naftalina cuenta un poco eso: cómo Vilma se va quedando sola, y cómo su aura de mala leche se impregna de algún modo en la casa que habitaba, a tal punto que una vez que muere, su nieta no resiste demasiado tiempo viviendo ahí. La idea de la casa como espacio de la familia, y de la memoria genealógica y emotiva que vincula a los miembros de la familia, no es algo muy novedoso. La explora Paco Roca en La Casa, por poner un ejemplo cercano. Pero Otero le encuentra otra vuelta, sobre todo por el lado del dibujo, y la convierte en una especie de laberinto en el que Rocío (la protagonista, y probablemente también la autora) se tiene que buscar a sí misma, reflexionar y replantearse cosas típicas de los 18 años, mientras revive (o descubre) aspectos muy densos de la vida de su abuela. Si bien todo pasa por Vilma, el resto de los personajes también están muy bien tratados. La autora se pone en el lugar de ellos, trata de entender por qué hacen lo que hacen, por qué aguantan lo que aguantan, y no los juzga. Ni siquiera juzga a Vilma, que es claramente un sorete de persona. Enorme paso adelante respecto de Poncho Fue, donde había buenos y malos definidos de modo demasiado alevoso. Naftalina es un comic muy honesto, muy jugado, donde no quedan secretos ocultos por jodidos que sean. Lo único que no está muy aprovechado es el vínculo entre algunos personajes y la política argentina del Siglo XX, que es un manantial inagotable de conflictos y desencuentros. Se ve que a Sole le interesaba más la vida de estas personas que la sociedad en la que vivieron. Recién al final, aparece un conflicto político (el estallido de fines de 2001) que una chica de 18 puede entender sin mayor dificultad y ahí sí, Rocío se termina de alejar de la senda de Vilma (militante fanática del "no te metás") y decide involucrarse. Me gusta mucho cómo, si bien en 2020 la autora tenía casi 20 años más que Rocío, no se olvida de cómo era ella a los 18 años. A todos estos hallazgos hay que sumarle el plus del dibujo y el color. Para este trabajo, Otero deja de lado el estilo que desarrolló en Intensa y Poncho Fue y crea uno nuevo, totalmente distinto, basado en colores planos, figuras bien definidas y muy estilizadas, y un protagonismo enorme para los fondos. Lo único que queda del estilo anterior de Sole es la expresividad de los personajes. Todo lo demás, hasta la forma de moverse en el espacio de las viñetas (y de esas páginas que parecen escenarios de teatro) es novedoso. Y excelente. Es un estilo muy llamativo, que tiene la particularidad de no aburrir, de no cansar. Cuantas más cosas demuestra Sole que puede contar en ese estilo, más te cautiva. Esta vez... ¡dibuja las zanjas entre las viñetas!. No en las secuencias ambientadas en 2001, pero sí en las que nos llevan a distintos momentos del pasado. Los flashbacks tienen su propia paleta de colores y hasta su propia forma de armar la página y vincular a las viñetas entre sí, y eso también es un golazo. La única contra que tiene Naftalina es que se trata de una historia íntima, puertas adentro. ¿Qué me estás contando? ¿La historia de una familia que viene de Italia y se establece en el conurbano? ¿Y donde una de las abuelas de la protagonista es una mina intratable que le hace la vida imposible a casi todos los que la quieren? Y bueno, como esa historia hay miles. En un punto, es mi historia, también. Mi abuelo Beto también venía de una familia italiana del conurbano, su papá también trabajaba en el ferrocarril, también era hincha de Racing, también se casó con una mina que lo psicopateaba y lo tenía cagando... O sea que es entendible que algo tan personal no le llegue a todos los lectores por igual. Pero como historieta está muy, pero muy bien hecha. Es profunda, es entretenida, es valiente, es emotiva, te permite identificarte con distintos personajes en distintos momentos de la obra, y encima está dibujada de un modo originalísimo y genial. No sé qué porcentaje de ficción hay en la obra (no sé, por ejemplo, si en su vida real Sole se mudó a la casa que era de su abuela y se agarró pulgas) pero la forma en que la autora toma todos estos elementos (reales y ficticios) y los combina para armar esta novela gráfica, es sencillamente magistral. La hiper-recomiendo. Me queda una reseña más "de las de antes" y después ya volvemos a la normalidad, o algo así. Gracias y hasta pronto.

sábado, 28 de septiembre de 2019

SABADO DE CHICAS

Lindísima noche para salir a atorrantear por ahí, pero antes, las reseñas de los últimos libros que estuve leyendo en la semana.
Arranco con SHIELD´s Most Wanted, el primero de los dos libros que compilan la breve serie de Black Widow lanzada después de Secret Wars por los maestros Mark Waid y Chris Samnee. Sí, ya sé que dejé colgada en algún punto la serie de Daredevil de estos dos grossos. Prometo retomarla, en algún momento. Pero mientras tanto, tenemos este thriller violento, trepidante, casi perturbador. Un arco argumental zarpado, donde vamos a ver a Natasha matar gente a sangre fría, enfrentarse a un nuevo adversario (y a SHIELD) y revisitar episodios turbios de su pasado, de la época en la que el régimen stalinista de la ex-URSS la convirtió en la agente secreta más letal sobre la faz de la Tierra.
Esto está muy bien, el dibujo de Samnee es excelente, me dejó con muchísimas ganas de leer el Vol.2 (se viene pronto), pero también con algunas cosas para cuestionarme. Primero, ¿este Waid es el mismo de siempre? No parece. Acá no hay un sólo paso de comedia, hay oscuridad y sangre a raudales, los otros personajes de Marvel aparecen en roles prácticamente intrascendentes, en 120 páginas nos cuenta lo que se podría haber contado sin ningún problema en una graphic novel de 64… Todas cosas con las que uno no asocia ni ahí al guionista. Repito: no está mal, está bárbaro. Pero parece mucho más… Greg Rucka que Mark Waid.
Y segundo, algo que recién mencioné al pasar, que es la brutal descompresión del ritmo del relato. Me imagino a alguien leyendo esto de a 20 paginitas por mes y le quiero ir a dar un abrazo y ofrecerle mi hombro para que llore. Esta vez el truquito para estirar no son los diálogos, sino las extensas secuencias mudas, en las que sólo vemos acción al recontra-palo, muy bien llevada a la página por un Samnee que deja la vida. O sea que lo que perdemos en sustancia a nivel guión, lo ganamos en intensidad y despliegue visual. Cierra bastante, aunque yo prefería la graphic novel de 64 páginas. Si sos fan de Waid, de Samnee, o de Natasha, dudo que esta serie te defraude. Veremos qué onda el segundo tomo.
Me cuesta explicar lo bien que la pasé leyendo Intensa, la nueva novela gráfica de Sole Otero. Si una comedia de alto voltaje erótico te hace reir y te produce algún zumbido en la entrepierna, como que ya está, ya tiene el aplauso asegurado. Intensa fue mucho más allá: Sí, me cagué de risa y sí, me amotinó la carne (como diría el Más Grande), pero además me hizo pensar sobre las relaciones de pareja desde una óptica muy ingeniosa, y al final me tiró la fatality cuando Sole remata con un giro brillante la trama de ciencia-ficción, que hasta ahí parecía más bien una excusa para que pasaran las cosas disparatadas que pasan a lo largo de estas 174 páginas.
Intensa tiene una premisa hiper-ganchera, diálogos geniales, garches muuuuy explícitos, de esos que no veíamos desde la época en que leíamos (con una sola mano) la Kiss Comix, una mirada irónica sobre la vida de los porteños mitad intelectuales/mitad chetos que pululan por Palermo, sutiles guiños a los que leemos literatura argentina contemporánea, y sobre todo ese enfoque que se disfraza de didáctico pero en realidad es humorístico, con el que Otero analiza a fondo las complejas sutilezas y las grotescas obviedades de los vínculos afectivos, el amor, la pareja, la seducción, el deseo, el tira y afloje entre personas que casi siempre se atraen pero rara vez se entienden. Sin spoilear nada del argumento (porque quiero que todos la lean), Intensa me llevó de las situaciones cotidianas de birras y mensajitos de whatsapp hasta la limadura cósmica de razas alienígenas en guerra, de la mano de un humor muy eficaz, de alto vuelo. ¿Me gustó más que Poncho Fue? Muchísimo más. Poncho recontra-fue.
El dibujo y el color están al mismo y excelente nivel de las otras obras recientes de Sole, con el agregado de que la vemos dibujar cosas que nunca antes había dibujado. El problema que tengo con la faz visual del libro excede por completo a Sole y abarca a un montón de autores y autoras actuales: ¿qué es esa pelotudez de no dibujar las calles entre las viñetas, la reputa madre que los parió? ¿Por qué creen que la página va a quedar mejor si apoyan una viñeta sobre la otra, sin dejar espacio entre ellas? Visualmente no aporta NADA y a nivel narrativo agrega una complicación totalmente innecesaria. Una historieta sin las calles (o zanjas) es como un cuento o una novela sin puntos ni comas. Si te esforzás, por ahí lo entendés igual, pero eso te distrae de lo importante, que es seguir el hilo de la historia. No entiendo, realmente, de dónde viene este capricho absurdo de omitir las zanjas. ¿Cómo los editores no les paran el carro a los autores que vienen con las páginas sin zanjas? ¿No se dan cuenta lo choto que es leer historietas así?
Dentro de todo, en Intensa no se sufre taaaanto este desacierto. No fueron tantas las veces en las que me colgué inspeccionando los dibujos, en busca de esa frontera esquiva entre una viñeta y la siguiente. Tiene que ver con una buena planificación de las secuencias por parte de la autora. Pero me imagino esto con las zanjas y –sin dudas- sería infinitamente más lindo de leer.

Bueno, nada más. Aguante Black Widow, aguante Sole Otero y a la hoguera las historietas sin zanjas entre las viñetas. Grazie per tutti y nos reencontramos pronto, acá en el blog.

sábado, 9 de febrero de 2019

OTRA NOCHE DE SABADO

Sábado a la noche y mientras definimos a dónde nos vamos de joda, no está mal sentarse a escribir (o a leer) unas reseñitas.
Completé mi traspaso de comic-books a TPBs de The Invisibles, la serie que en 1994 lanzara Grant Morrison en el sello Vertigo. Para festejarlo, la pienso leer toda de nuevo, exceptuando por supuesto el Vol.7, que fue el que nunca completé en revistas y cuya reseña ya apareció acá en el blog el 20/05/13. Pero el Vol.7 es el final y hoy me toca hablar del principio.
Un principio duro, muy cuesta arriba. El primer arco tiene más de 100 páginas en las que pasa MUY poco. Acá Morrison presenta el planteo general de la serie, recién a cuatro páginas del final nos brinda un primer pantallazo del elenco completo con el que va a trabajar, y todo el resto está centrado en la iniciación de Dane McGowan, un chico rebelde y kilombero, elegido por los Invisibles para convertirse en Jack Frost. El encargado de convertir a este adolescente sublevado en un soldado de King Mob será Tom O´Bedlam y en la gran mayoría de las escenas sólo veremos la interacción entre Dane y Tom, que por momentos se hace MUY aburrida. Hay conceptos copados, hay diálogos ingeniosos y hay pequeñas chispas de acción. Pero en general, resulta denso, estirado, falto de dirección. Y encima el dibujante es Steve Yeowell, un mediocre sin alma, sin onda, sin talento, cuyo mejor trabajo vimos en la reseña del 28/05/13. Este probablemente sea de los peores trabajos de este dibujante británico al que (por motivos que no logro descifrar) Morrison siempre bancó a muerte.
El segundo tramo se titula “Arcadia” y acá tenemos una dibujante mucho más presentable: la hoy consagrada Jill Thompson, a la que acá le hacen un grotesco gang bang entre el entintador y el colorista, para que se luzca poco. Pero Jill resiste, y claro, al lado de Yeowell esto es la Capilla Sixtina. A nivel argumento, también hay más sustancia. Pasan muchas más cosas. De hecho, pasan demasiadas cosas. Morrison se va de mambo e introduce una cantidad de elementos narrativos totalmente excesiva para una saguita de 96 páginas. Arcadia tiene mucha acción, viajes en el tiempo, varias secuencias narradas en paralelo, una infinidad de referencias literarias, los primeros hallazgos en materia de interacción entre los protagonistas, bizarreadas geniales como la aparición de la cabeza de Juan el Bautista cantando un tema de Dead or Alive (el clásico “You Spin Me”), y toda una arista de perversiones sexuales mezcladas con violencia extrema, cortesía del legendario Marqués de Sade. Evidentemente, acá Morrison deja en claro que esta serie no era para cualquier tipo de lectores y nos advertía que de verdad, en estas páginas podía pasar cualquier cosa. De hecho, en 1994 yo no había visto nunca en comics de DC escenas de sexo con sangre y torturas como las que dibuja acá Jill Thompson, por supuesto desenfatizadas, casi borroneadas por el trabajo del colorista Daniel Vozzo, al que le deseo cáncer en un testículo. Leída hoy, esta aventura barroca y pretenciosa llamada Arcadia tampoco me resulta satisfactoria, pero bueno, me consta que para el Vol.2 esto mejora bastante.
Hace un año y una semana me tocó leer Poncho Fue (ver reseña del 02/02/18), la que hasta ahora es la obra más importante de Sole Otero. Ahora voy con un librito que recopila los chistes que Sole hacía para las redes sociales: Siempre la Misma Historia. Lo único que no me cerró del libro es que, en medio de decenas de chistes de Blancanieves, Caperucita, Pinocho y Ricitos de Oro, aparecen tres o cuatro chistes de Batman y Robin. ¿Por qué mezclar, de golpe, cuentos de hadas con superhéroes? ¿Y por qué un sólo superhéroe? En fin, vamos a lo importante, que es el talento de Sole para el humor gráfico, para condensar una pequeña situación humorística en una única imagen. Acá evidentemente garpa toda esa montaña de trabajos que realizó la autora en el campo de la ilustración. Pero además están buenas las ideas. Sole encara para el lado de la ucronía, de introducir en el contexto de los cuentos de hadas clásicos toda la temática de las redes sociales, los hipsters, la publicidad, el psicoanálisis, la inseguridad y la miseria que ganan los jubilados. De ese choque entre personajes y ambientación clásicos y problemáticas actuales, salen chispazos sumamente cómicos y bastante originales.
El estilo de dibujo se parece bastante al de Poncho Fue, con ese trazo muy suelto, muy expresivo, ideal para ser coloreado con acuarelas, y con la novedad de que acá en vez de bares y calles porteñas, Sole dibuja bosques y palacios de reinos lejanos. Incluso cuando recurre a la secuencia, y arma una pequeña historieta con varias viñetas chiquitas, el grafismo está cuidado y se pone al servicio de contar esas mini-historias sin la menor dificultad. Recomiendo mucho Siempre la Misma Historia a los fans del comic humorístico, de los cuentos de hadas, de Sole Otero, o a los que estén buscando algo copado para regalarle a gente que habitualmente no consume historietas.

Nada más, por hoy. Que tengan lindas lecturas y hasta pronto.

viernes, 2 de febrero de 2018

SE LARGO FEBRERO

Nuevo mes y nueva tandita de reseñas acá en el blog.
Arranco en España, en 2005, cuando se publica Claus & Simón: Los Reyes de la Evasión, que sería (si no me equivoco) la tercera aventura de la dupla creada por Santiago Arcas y Daniel Acuña, y la primera pensada como álbum para Francia, en formato grande y a todo color (las dos primeras las había editado La Cúpula en blanco y negro y formato mucho más humilde, en la colección Brut). La verdad es que los muchachos se tomaron muy en serio el upgrade que significaba pasar a laburar para una editorial francesa y realizaron 46 páginas que superan ampliamente a lo que habíamos visto en las anteriores aventuras de estos personajes.
Los Reyes de la Evasión conserva los rasgos identitarios de los primeros albumcitos de Claus & Simón, pero claro, al agregar el color, el dibujo de Daniel Acuña (hoy muy conocido por sus trabajos para Marvel) cobra otra dimensión. Y al trabajar en un formato más grande, con más cuadros por página, también vemos cambios en la narrativa. Pero está lo más importante, que es la onda: el clima bizarro, ese juego casi sin reglas en el que puede pasar cualquier cosa, y el tono de comedia atorranta. Es una aventura, okey. Y hay peligros, y hay villanos, y hay romance, todo bien. Pero ante todo esto es una comedia, una farsa en la que Claus y Simón (que básicamente son eso, farsantes) se van enroscando hasta llegar al famoso punto del “estamos hasta las manos”.
Esta vez, todo gira en torno a una ciudad fascinada por los espectáculos de escapismo, donde los clones de Houdini constituyen el entretenimiento más popular y más masivo. Pero claro, hay mucha guita de por medio y no faltan las asociaciones ilícitas dedicadas a amañar las competencias entre escapistas, sin importar que estos tipos y minas se estén jugando la vida en esas trampas imposibles. Ahí van a parar Claus y Simón, para deleitarnos con una historia lineal, muy divertida, con diálogos muy ingeniosos, que tiene como principales méritos los de no tomarse a sí misma muy en serio y no pretender mucho más que brindarnos un ratito de entretenimiento. Hoy que tanto Arcas como Acuña están absorbidos por el laburo para EEUU, está bueno revisitar este hermoso álbum que marcó su desembarco en el mercado francés.
También leí Poncho Fue, la extensa y muy celebrada novela gráfica de Sole Otero. Se trata de una lectura fuerte, intensa, imposible salir de esa novela de la misma forma en la que uno entró. Con una honestidad y una sensibilidad para nada frecuentes en el comic cuasi-autobiográfico, Sole te sacude la estantería, te obliga a repensar todas y cada una de las relaciones de pareja en las que alguna vez estuviste envuelto. La única cagada es que no te deja optar: no hay forma de que seas vos quien elige quién es la víctima y quién el victimario. Sole te presenta la historia de modo que no te pueda quedar la más mínima duda. De hecho, sólo falta que al final del libro aparezca impresa la moraleja: “Chicas, no sean boludas como Lu y si se les cruza un forro como Santi mándenlo a la mierda a la primera de cambio...Chicos, no sean hijos de puta como Santi y si se les cruza una insegura como Lu no la psicopateen...”.
Sole banca a lo largo de las más de 200 páginas un estilo gráfico simple, bonito, amistoso, no muy distinto del que usa para sus historietas humorísticas o sus ilustraciones para libros infantiles. El guión, en cambio, pendula entre las escenas románticas, idílicas, y un infierno retorcido y jodido que se pone cada vez más heavy. El contraste que logra la autora entre estas escenas violentas, depresivas, a veces desgarradoras y el estilo ”bonito” es otro de los puntos muy destacables que tiene Poncho Fue.
Conozco a Sole desde hace… casi 20 años, cuando era una adolescente que quería dibujar manga, y la verdad es que nunca me imaginé que iba a alcanzar tan rápido la madurez como artista. Poncho Fue está narrada y dibujada a un nivel altíismo, y además es una obra sumamente rica para el análisis, pensada para trascender la mera experiencia de lectura. Entre otras cosas, porque pasan cosas, algo que hoy es casi una anomalía en este rubro de comics autobiográficos “confesionales” que tanto terreno ha ganado en los últimos tiempos. Espero ansioso el próximo trabajo de Sole Otero.
Ya tengo leído un librito más, así que pronto tendremos nuevas reseñas, acá en el blog. Hasta entonces.