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domingo, 24 de noviembre de 2024
DOMINGO CAMPEÓN
Con la Copa Sudamericana ya en manos de la gloriosa Academia, le robo un rato más a la Comiqueando Digital para redactar las reseñas de los últimos libros que leí.
Este tomo de 2002 arranca con una revelación que no me esperaba. Allá por 1997, cuando todavía funcionaba la Línea Laberinto de Planeta-DeAgostini, varios autores se pusieron a trabajar en historias cortas para una antología que se iba a llamar Laberinto Presenta, pero que finalmente nunca vio la luz. Años más tarde, en este libro titulado Lo Mejor de Cada Casa, se reúnen las historias que ya estaban entregadas y que habían quedado inéditas tras el cierre de la Línea Laberinto. O sea que este libro es el epílogo, o la coda, a aquella recordada (en una de esas, por pocos) patriada que buscaba darle un espacio a nuevas voces del comic español. 22 años más tarde, muchas de esas voces ya no son nuevas, sino que algunos se consagraron y otros se dedicaron a otra cosa. Veamos.
La primera historieta ofrece un guion más que correcto de César Galiano, con excelentes dibujos de Pedro Espinosa. Es una aventura exótica con una sana dosis de mala leche, que le hubiera encantado escribir a Enrique Sánchez Abulí para que la dibujara Jordi Bernet. La segunda historieta nos lleva al mundo de Subterráneos, la creación de Montecarlo que ya había aparecido en su propio comic book dentro de la Línea Laberinto, de nuevo con un nivel muy alto en el dibujo y un surrealismo medio lírico, medio críptico en el guion. Después aparece otro capo de Laberinto, Oriol Roca, con una historieta rarísima, en la que combina una grilla muy clásica (la de nueve viñetas) con un argumento muy extraño, ambientado en el mundo del boxeo. El dibujo se juega con todo a la línea clara y el claroscuro bien power, una especie de cruza entre Santiago Sequeiros y Miguel Ángel Martín.
Después tenemos un unitario dibujado con muchas pilas por Sergio Sandoval (a quien hoy vemos habitualmente en distintos títulos de DC Comics), con un guion también bastante raro de Gonzalo Torné de la Guardia, que conecta un relato de asesinos tipos Pulp Fiction con la mitología griega. Otro dibujante totalmente consagrado en el mercado de EEUU, Marcos Martín, tiene a su cargo los dibujos de la mejor historieta del libro, Grupo Salvaje, una maravillosa bizarreada escrita por Mario Tarradas Espuña. Y le sigue una aventura ambientada en el Japón feudal medio flojita, muy sobrecargada de texto, obra de Roke González y Carles Roman.
Ya cerca del final, tenemos dos historietas dibujadas por el gran Enric Rebollo. La primera es medio un chiste largo, con un trazo muy suelto, idóneo para una trama basada en el humor. Y en la segunda tenemos otro guion de Roke González lastrado de algunos lugares comunes y giros obvios, pero el dibujo de Rebollo está mucho más elaborado y por momentos es realmente espectacular. El anteúltimo turno le corresponde al gran Quim Bou, que trae una historia de Bruno, el implacable asesino al que tiempo después veremos protagonizar historietas en la línea Brut de La Cúpula, siempre con un dibujo notable, en el que se destaca la aplicación de los grises. Y cierra una historia muy interesante escrita por Valentín Menéndez, dibujada por otro crack del Siglo XXI: Pepo Pérez, en un estilo que se parece poco al que luce en al actualidad. Este era un relato que, por su complejidad, necesitaba más de nueve páginas. Por eso quedó como apretado, con páginas muy sobrecargadas de viñetas y de información, que se podría haber repartido mejor en 12 ó 13 páginas. Pero las ideas, los personajes, los diálogos y los dibujos están muy bien. Conseguí este libro en oferta y fue una muy grata sorpresa. Si en los ´90 fuiste fan de la Línea Laberinto, buscalo y atesoralo.
Había leído Ninguna Historia Feliz en digital hace unos meses, cuando el editor me invitó a conducir la presentación del libro que se hizo en la Biblioteca Nacional. Ahora lo leí de nuevo, y volví a deleitarme con los mágicos dibujos de Carlos Dearmas, autor integral de todas las historias cortas que recopila el libro, realizadas entre 2018 y 2023.
Para mi gusto, las mejores historietas son las últimas, porque son las más extensas y las que le permiten a Dearmas estructurar algo así como un conflicto. Las más cortitas no tienen conflictos, son como breves reflexiones, en general con alto vuelo poético. En todas las historietas (largas y cortas) abundan las metáforas y los simbolismos, y una prosa sofisticada, de tipo que leyó mucha literatura y mucho poesía, no solo historieta.
Así como el título de la antología te garantiza que no vas a encontrar finales felices, yo te garantizo que no vas a encontrar estructuras narrativas clásicas. A Dearmas no le interesa en lo más mínimo plantear tramas, desarrollarlas y llevarlas hacia una resolución. Lo suyo son más bien ideas, o puntitas de ideas, elevadas al nivel de arte por unos dibujos descomunales y acompañadas de una prosa que padece un poco el rotulado manual. El autor trabaja con una grilla clásica (seis viñetas rectangulares iguales) que funciona a modo de "segundo set de signos de puntuación" para estos enunciados de corte poético o filosófico, en páginas que a veces cambian el blanco y negro por sutiles irrupciones de amarillos, celestes, rosas o morados.
En todos los casos, el dibujo es maravilloso. El trazo de Carlos es estilizado, orgánico, sus angulaciones extremas y originales, y su técnica para entintar (que nos remite enseguida a la de Andreas, o a la de Gary Gianni, pero con onda) genera un impacto visual único. El libro reproduce las páginas en un formato pequeño (15,5 x 11,5)... ¡pero los originales son de ese mismo tamaño!
Ninguna Historia Feliz es el fascinante testimonio de lo que hace un autor inquieto y virtuoso cuando no está atrapado en las redes de un trabajo por encargo. Dearmas se generó a si mismo este espacio de libertad creativa, chiquito, efímero, marginal, y felizmente estos experimentos se convirtieron en un muy lindo libro publicado por Garza de Papel. Si ya sos fan de este talentoso historietista entrerriano, este librito te va a ser muy feliz. Y si no lo conocías, preparate para muchas sorpresas de las buenas.
Nada más, por hoy. Espero volver a postear pronto en el blog y nos vemos el miércoles a las 22:30 en el canal de YouTube de Comiqueando, donde vamos a estar con una nueva emisión en vivo de Agenda Abierta, gratis para toda el habla hispana. Gracias y hasta pronto.
jueves, 5 de septiembre de 2024
JUEVES DE HISTORIAS CORTAS
Costó un triunfo llegar a la noche de hoy con material leído como para sentarme a escribir reseñas, pero bueno, acá estamos.
Lo primero que tengo para comentar es un libro que contiene 24 historias cortas de Leiji Matsumoto, originalmente realizadas a mediados de los años ´70, cuando el hoy mítico mangaka era relativamente joven e inexperto. En 1998 las historias cortas se recopilaron en Japón, en 2014 una editorial francesa las tradujo con el título de 24 Histoires d´un Temps Lontain, y 10 años después me pude sumergir en estos relatos de aventura y fantasía.
Visualmente, esto está lejos de los mejores trabajos de Matsumoto. Se lo ve sólido en la narrativa (con muchos yeites heredados de la etapa más adulta y experimental de Osamu Tezuka), se luce cuando dibuja naves, máquinas y paisajes, pero a los personajes les falta variedad y expresividad, más allá de las pifias grotescas en la anatomía de las mujeres. Obviamente con el correr de más de 400 páginas, uno termina por acostumbrarse a ese trazo medio tosco, y a ese contraste entre personajes dibujados así nomás y máquinas alucinantes. Pero en 1975 a Matsumoto todavía le faltaba calidad para jugar en las grandes ligas.
Entre los guiones me encontré con tres o cuatro muy buenos, tres o cuatro calamitosos, y una mayoría de historietas con alguna buena idea, no del todo bien desarrollada, o muy estirada, o que viene bárbaro hasta las últimas dos páginas y ahí se desploma. Son todas historias en ambientaciones exóticas, desde la Prehistoria a las profundidades del espacio exterior, desde civilizaciones y planetas extintos a una de vikingos, o una de cowboys. Algunos son guiones que podrían haber aparecido tranquilamente en Skorpio, firmados por Ricardo Barreiro o Alfredo Grassi, por ejemplo. Y otros son más delirantes, porque a veces Matsumoto se va al carajo con el humor más ramplón y a veces derrapa por el lado más metafísico.
Me llamaron mucho la atención dos cosas: Primero, que en varios de los relatos (sobre todo en los últimos) aparece en un rol no demasiado relevante el famoso Capitán Albator. Sí, así es como se llama en Francia el Capitán Harlock, o Raimar, o Hārokku, el personaje central de la compleja mitología espacial que Matsumoto va a desarrollar a lo largo de varias series en las décadas de los ´70 y ´80, y que cada tanto reaparece aún hoy, generalmente en proyectos donde el creador se limita a supervisar el trabajo de otros autores. No sé si estas historias cortas son las primeras apariciones de Harlock, o si intersectan de alguna manera con series más extensas que ya circulaban en el mercado japonés.
Y lo otro muy llamativo es que en casi todas las historias hay escenas de sexo, muy light, en las que nunca se ven genitales. La mayoría son innecesarias, no contribuyen al avance de las tramas, parecen estar ahí porque alguien así lo dictaminó. Y lo más heavy es lo mucho que escasea el sexo con amor en el mundo de Matsumoto. Muchas de estas escenas tienen a la mujer (además de mal dibujada) en un rol lamentable. O se enamoran de un boludo que no las ama, o alguien las entrega a cambio de otra cosa, o se ven forzadas a tener sexo para obtener algo que necesitan, o son simplemente violadas por hombres feos o criaturas bizarras. Hay un par de historias donde aparecen, además de estas excusas chotas para mostrar nerca, mujeres empoderadas que no se sacan la ropa cuatro viñetas después de aparecer, pero son las menos.
En fin, si todas las historietas del tomo fueran como "La Ville Perdu de Venus", estaríamos hablando de una maravilla del Noveno Arte. Pero no es el caso y las inconsistencias tanto en guiones como en dibujos son insoslayables. Estaría bueno que esto se publique en castellano, para que los fans de Matsumoto puedan acceder a estos trabajos de la primera época del maestro, cuando no estaba en pañales, pero todavía se mandaba cagadas que más adelante no van a aparecer en obras que resistieron mejor el paso del tiempo, como Galaxy Express 999 o Queen Emeraldas.
Hasta hace no mucho tiempo, el virtuoso dibujante entrerriano Carlos Dearmas vivió en Colombia. Allá participó de la antología Gorgona, en cuyo Vol.1 lo vemos dibujar varias historias cortas escritas por Rodrigo Lucio. De nuevo, el nivel de los guiones es muy desparejo. Hay uno excelente (el aborda el mito de Aquiles), otros con una buena historia no tan bien desarrollada, y un par que no tienen ningún sentido, o que por lo menos yo no entendí qué intentaban contarme. Son historias cortitas (la más larga tiene ocho páginas), que Dearmas aprovecha para experimentar, sobre todo con la puesta en página. De ahí salen locuras, genialidades de un dibujante prodigioso pasado de rosca, aunque a veces sufre la propia narrativa, porque tantos elementos organizados de manera tan atípica hacen que el flujo de los relatos se pierda en algún lugar de todo ese fastuoso despelote gráfico. Esto está bueno para ver a Dearmas jugar, darle rienda suelta a su creatividad y su desmesurado talento para el dibujo, pero la lectura en sí es más confusa que gratificante.
Y las historias que no dibuja Dearmas cuentan con lápices, tintas y hasta colores de Gusanillo, un autor apenas correcto que -obviamente- pierde por goleada cuando vemos sus páginas al lado de las del entrerriano. Pobre Gusanillo, lo mandaron a atajar penales después del Dibu Martínez. Lo mejor que puedo decir de este dibujante es que encuentra la forma de que el color potencie muchísimo su dibujo. La historia en la que lo vemos trabajar en blanco y negro evidencia falencias muy notables, que solo se pueden permitir en un fanzine de autores muy primerizos. Y las que incorporan el color se ven mucho mejor, además de apoyarse en una narrativa más convencional y más clara que la que explota en las páginas de Dearmas. Lo cual sería genial si los guiones que le proporciona Lucio fueran buenos, pero no es el caso. Ninguno de los que dibuja Gusanillo se acercan siquiera al de Aquiles.
Tengo para leer dos tomitos más de Gorgona, que ojalá me sirvan para descubrir a nuevos autores colombianos a los que no tenía en el mapa. Ya sé que si reaparece Carlos Dearmas me voy a encontrar con un nivel de dibujo superlativo, con páginas que te detonan las retinas incluso si los guiones son la nada misma. Ese disfrute está garantizado. Pero voy por más, porque quiero encontrar trabajos de los autores colombianos que se acerquen a ese nivel.
Gracias por el aguante y ni bien pueda vuelvo a postear por acá, ya en la recta final rumbo al parate que imponen mis vacaciones.
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Leiji Matsumoto
jueves, 6 de abril de 2023
JUEVES DE CONTRASTES
Hoy tengo para reseñar un libro cuya lectura me demandó varios días y uno que me devoré en menos de 15 minutos.
Empiezo en Estados Unidos, año 2021, cuando se recopilan en libro las tiras de Pearl Before Swine originalmente publicadas entre Octubre de 2018 y Marzo de 2020. En la reseña del 11/03/14 quedó plasmada mi reacción frente a esta tira de Stephan Pastis que se publica desde 2001 en los diarios yankis. Fue un descubrimiento de esos que te sacuden toda la estantería, por eso esta vez fui por un libro de la colección Treasury, en la que la tira se recopila completa, sin baches, con las entregas de lunes a sábado en blanco y negro y las dominicales a color, sin remontarlas ni cambiarles el formato. Esta edición cuenta con el atractivo extra de que, abajo de cada tira, Pastis agrega algún comentario del backstage, breves textos casi siempre en joda donde nos cuenta con qué personajes se identifica, cómo lucha contra el syndicate para que le dejen usar ciertas palabras "groseras", cómo le cuesta dibujar ciertas cosas, cómo reaccionaron los lectores frente a ciertas situaciones que incluyó en la tira y demás.
Pearls Await the Tide ofrece casi 240 páginas de historietas, la mayoría de las cuales reproducen tres tiras diarias. O sea que hay muchísimo para leer. Y no, el dibujo de Pastis no mejoró ostensiblemente desde aquel primer librito reseñado en 2014. Sigue siendo eficaz, pero muy limitado, y lo más interesante: muy consciente de sus limitaciones. Las principales diferencias que noté entre un librito y otro son 1) que aparece mucho menos Zebra, un personaje que al principio era muy protagónico y 2) que el propio Pastis se incorporó como personaje, para interactuar con sus creaciones, contar cosas de su vida personal, y "dar la cara" cuando estos lo cuestionan (o directamente lo cagan a palos) por el nivel choto de algunos chistes. Pastis es constantemente víctima del bullying por parte del trío protagónico (Rat, Pig y Goat), que lo consideran un auténtico subnormal.
Lejos, lo mejor de Pearls Before Swine es su oscuridad. Las reflexiones existencialistas jodidas, ese truco que inventó Charles Schulz en Peanuts y que Pastis lleva al infinito y más allá. La grieta entre nuestros sueños y aspiraciones y nuestros logros en la vida real, la interacción entre seres humanos en una sociedad gobernada por políticos corruptos y empresarios insaciables, el rol de las redes sociales y el periodismo, la censura sobre lo que pensamos o sentimos disfrazada de "corrección política", la relación del individuo con la comida y el escabio, con el trabajo, con los vecinos... Sobre todos estos temas y muchos más, Pastis piensa en voz alta, con una mala leche devastadora y un humor muy, pero muy afilado. También hay chistes tontos, basados en juegos de palabras (algunos MUY elaborados) o en confusiones lingüísticas, pero en general, el humor de la tira es lúgubre, espeso, incómodo como tampón de virulana.
Me parece genial que en los diarios de Estados Unidos, repletos de tiras anodinas y con menos gracia que un desalojo, aparezca una tira como Pearls Before Swine, quizás lo más parecido a South Park que vamos a ver alguna vez en la página de humor de una publicación masiva y que está al alcance de los chicos como es el diario. En ese contexto, Pastis más que bueno es necesario.
Me vengo a Argentina, año 2022, para disfrutar de Apagón, una breve novela gráfica (apenas 54 páginas) escrita por Martín Tejada y dibujada por Carlos Dearmas. La calidad de la edición (a cargo de Hotel de las Ideas) es increíble: desde el prólogo de Estela de Carlotto hasta el gramaje del papel, todo da cuenta de un cuidado muy especial por parte de la editorial, que se agradece muchísimo.
Una vez adentro del librito, nos encontramos con un guion minimalista, en el que Tejeda tira muy buenos diálogos en las primeras páginas como para que entendamos quiénes son los personajes y cuál es el conflicto... y después prácticamente no se habla más. Será la acción la que narre y el dibujo el que nos guíe en esta recorrida fantasmagórica por una casa totalmente a oscuras que oculta un secreto vinculado a los trágicos apagones de 1976, aquellos que sirvieron como escenario a 400 secuestros y otros crímenes de lesa humanidad en un pueblo de Jujuy. Entre la oscuridad, aparecerán imágenes tremendas, perturbadoras, una especie de dimensión desconocida sórdida y aterradora, y a la vez teñida de memoria, verdad y justicia. No se puede ahondar en el argumento sin spoilear, porque está muy jugado a los climas, a la sugestión y al giro del final, que obviamente no vamos a revelar acá.
Y sin dudas el impacto definitivo, la fatality, nos la tira el dibujo de Carlos Dearmas, un artista al que por lo menos yo no tenía en el mapa y me detonó la cabeza, mal. No hay explicación para lo que hace este muchacho con la pluma y la tinta. Se me ocurre proponer que es una especie de Peiró entintado por el alemán Andreas, pero me quedo corto, no llego ni en pedo a describir o a graficar la fuerza y la belleza del trazo de Dearmas. La puesta en página es clásica, el ritmo del relato es descomprimido, abundan las secuencias en las que se sugiere más de lo que se muestra, y de punta a punta del librito se aprecia un nivel de compromiso con el trabajo, una dedicación, unas ganas de cantarse "quiero retruco" a sí mismo, que te pone los pelos de punta. Por este trabajo, el hasta hace poco desconocido Carlos Dearmas ganó el Premio Cinder al Mejor Dibujante de 2022, y la verdad que es absolutamente justo. Apagón es una historieta 100% consagratoria para sus autores, un relato de tremenda potencia expresiva, dramática y visual, con personajes creíbles y una vuelta de tuerca inesperada a un suceso tan real como desgarrador de nuestra historia. Muy recomendado.
Y no hay más. Ni bien tenga más material leído, nos reencontramos con nuevas reseñas acá en el blog. Hasta entonces.
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