Mostrando entradas con la etiqueta Dustin Weaver. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Dustin Weaver. Mostrar todas las entradas
viernes, 3 de mayo de 2024
VIERNES CON SOL
Tengo dos libritos leídos para este primer posteo de Mayo, así que vamos ya con las reseñas.
Empiezo con el segundo tomo de Por los Caminos Oscuros, de David B., cuyo Vol.1 vimos hace muy poquito. Esta vez está más clara la trama, en parte porque el autor le otorga todo el protagonismo a Lauriano, y establece al resto del elenco como personajes claramente secundarios. La historia de amor pasa a un segundo plano y entra a jugar un conflicto fuerte en el personaje central: las secuelas psicológicas que le quedaron tras haber peleado en la Primera Guerra Mundial. Mientras que sus camaradas de armas olvidan la contienda bélica mediante noches de escabio y peleas a puñetazos que duran horas y horas, Lauriano se siente acosado por el fantasma de uno de sus compañeros que murió en combate y no recibió sepultura. Entonces, por momentos, Por los Caminos Oscuros es una historia de terror psicológico, de un tipo con la mente carcomida por la culpa y la desesperación.
La trama política que tiene que ver con ese intento por crear un país independiente en la ciudad de Fiume va a terminar -lógicamente- en tragedia, pero hasta que eso sucede, David B. nos va a ofrecer más escenas disparatadas, que parecen tomadas de un film de los Hermanos Marx o de un sketch de Cha-Cha-Cha. Eso es, sin duda, lo que más me gustó de esta serie: la distorsión de la runfla política para darle matices cómicos. Y también ese clima enrarecido que hay en Fiume, con distintas facciones que complotan unas contra otras, que se espían, que se infiltran las unas a las otras, pero narrado con ironía y pinceladas de absurdo, al mejor estilo de The Man Who Was Thursday, la magnífica novela de G.K. Chesterton.
El dibujo de David B. está al mismo altísimo nivel del Vol.1, una vez más complementado con la paleta de colores intencionalmente opaca y sin estridencias del maestro Hubert. Hay que entender el claroscuro que propone el dibujante para colorearlo con tanta jerarquía, y en eso Hubert la descose. David B. juega con grillas muy distintas entre sí, sin casarse con ninguna, y tiene páginas en las que la planificación lo es todo. Hay muchos más recursos gráficos increíbles (no sólo el manejo magistral del claroscuro), de los cuales a mí el que más me gusta es esa perspectiva deforme, que se aprecia sobre todo en las primeras páginas, donde David B. tiene que dibujar varias mesas, decenas de sillas y centenares de baldosas... y las dibuja a mano alzada, cagándose por completo en la representación académica de la profundidad en el espacio.
Por ahí Por los Caminos Oscuros funcionaría mejor como un sólo álbum largo de 80 páginas que como dos de 60, porque -en el contexto general de la obra- hay varias secuencias que están al pedo y podrían descartarse en pos de un relato más compacto y más contundente. Pero como está todo dibujado como los dioses, y con un clima sumamente atrapante, y con diálogos a veces profundos y a veces cómicos, la banco y la recomiendo así como está, sobre todo a los fans de David B.. ¿Hace falta haber leído antes La Lectura de las Ruinas? Definitivamente no.
Allá por el 13/04/12, cuando vivíamos virtualmente en otro mundo, me tocó reseñar el Vol.1 de S.H.I.E.L.D., esa ambiciosa obra de Jonathan Hickman y Dustin Weaver que tardaron años y años en terminar. Finalmente en 2018 se recopiló el segundo y último tramo en TPB, y recién ahora lo pude conseguir y leer.
Nada, esta segunda parte me pareció muy inferior a la primera, mucho más limitada a la machaca, mucho más consciente de su propia grandilocuencia. Las ideas locas y revolucionarias que planteaba Hickman en la primera mitad, acá tienen un peso ínfimo en la trama. El aprovechamiento que hacía el autor de la historia del Universo Marvel para darle sustento a su relato acá también es mínimo. Hay un solo elemento nuevo que se suma, y que resulta atractivo, que es el de Spear y el Último Califato. El resto es deshacerse de toda la complejidad del Vol.1 para quedarse con un combate a todo o nada que se libra en varias épocas al mismo tiempo, porque la línea temporal está en crisis y se unifican pasado, presente, futuro y sarasa. No es un comic 100% pochoclero porque tenés que entender quiénes son Leonardo Da Vinci, Miguel Ángel, Isaac Newton, Nikola Tesla... pero básicamente la trama se reduce a un combate de buenos contra malos en los que se tiran con de todo y se manejan unos niveles de poder tan zarpados, que no se entiende bien qué carajo hacen ahí esos humanos normales (entre ellos Howard Stark y mi favorito, Nathaniel Richards). Todo eso de jugado, de distinto, de imposible que tenía el Vol.1, el Vol.2 ya no lo tiene. No es una cagada, pero queda muy lejos de las expectativas que los mismos autores habían generado en la primera parte, que me sigue pareciendo una gloria.
El dibujo de Dustin Weaver arranca muy arriba y se tira cuesta abajo en un tobogán hacia el abismo. Cuida muchísimo (y se luce muchísimo) toda la parte arquitectónica, las ciudades, los edificios, y sobre todo las máquinas. Y los primeros planos también están bastante bien, casi hasta el final del tomo. Pero después, cuando tiene que dibujar a los personajes en movimiento, los cuerpos se ven estáticos, toscos, sin esa sofisticación que uno asocia con el trazo de este monstruo. El trabajo de los coloristas (con Sonia Oback al frente) es espectacular y levanta mucho el resultado final. En los epílogos entran a jugar cuatro dibujantes invitados y el mejor, por amplio margen, es Gabriel Hernández Walta, cuyas ocho páginas son una cátedra de narrativa, dibujo y color.
Era complicado bancar allá arriba el nivel del primer tomo, y bueno... no pudo ser. Andá a saber cuántos kilombos, crisis, idas y vueltas, manoseos editoriales y reescrituras tuvieron que soportar estas historias entre que Hickman esbozó las ideas y que finalmente las vimos publicadas. Fueron muchos años, en el medio pasaron mil cosas, y por ahí algunas de ellas afectaron el producto final. Que, repito, no es horrible ni mucho menos, pero quedó lejos de aquel alucinante primer tramo que tanto me había entusiasmado.
Nada más, por hoy. Gracias por el aguante y nos reencontramos pronto en este espacio... o en algún otro.
Etiquetas:
David B.,
Dustin Weaver,
Jonathan Hickman,
SHIELD
viernes, 13 de abril de 2012
13/ 04: S.H.I.E.L.D. Vol.1
¿Alguna vez pensaste que en un comic de Marvel ibas a oir hablar de conceptos tales como la Ciencia Mayor, la Matemática Muda, la Verdad Silente, las Artes Ocultas, la Alquimia Secreta, la Iluminación Total, la Muerte del Caos o el Motor de la Máquina Humana? No, verdad? Y menos en profundidad, en serio. Si encima te digo que los protagonistas de esta serie son Leonardo Da Vinci, Isaac Newton, Nostradamus y Nikola Tesla, supongo que me recomendarás enfáticamente que deje de consumir drogas duras, por lo menos los días de semana.
Lo cierto es que, gracias a la chapa acumulada en otras series, algún demente dejó que el maestro Jonathan Hickman hiciera acá lo que se le cantaran las bolas y pocas veces la aplicación del criterio lírico-genital dio mejores resultados. Gracias a un personaje-trampa (pensado para atrapar al lector, captar rápidamente su atención y meterlo de lleno en una trama complejísima) Hickman se da el lujo de explorar toda una faceta inexplorada de la Historia de la Humanidad, hábilmente mezclada con la mitología del Universo Marvel. ¿Alguna vez se te ocurrió que los antiguos egipcios podrían haber repelido una invasión de los Brood? ¿O que Galileo Galilei pudo haber encontrado una forma para que la Tierra zafara del hambre de Galactus en el año 1582? A Hickman se le ocurrió todo eso, más una logia a nivel mundial más antigua que Cristo, una ciudad oculta por sobre Roma y un pichón de Celestial traído a nuestro planeta desde el sol por el propio Da Vinci y con eso (más un montón de pistas grossas de lo que pasará en el Vol.2) armó una saga de 12 números cuya primera mitad es memorable.
Lo más raro es que no hay gancho. Casi no hay acción, no hay personajes reconocibles para el lector habitual de Marvel... esto va para otro lado. Lo más ganchero deben ser las secuencias en las que Howard Stark (papá de Tony) y Nathaniel Richards (papá de Reed) se enfrentan a Nikola Tesla, también conocido como “Night Machine”, y padre a su vez de Leonid, el chico con el que Hickman nos invita a identificarnos. El resto es runfla, conspiraciones, data muy elaborada acerca de para qué sirve el conocimiento, hacia dónde evoluciona la Humanidad y cómo evitar que se termine el mundo. Hay malos, hay buenos, hay sutiles referencias a otras ideas ya vistas en el Universo Marvel, pero la posta es que nunca leíste nada parecido al SHIELD de Jonathan Hickman. Y andá a saber si alguna vez Marvel vuelve a publicar un comic tan jugado y tan distinto a todo como es este.
El dibujo corre por cuenta de Dustin Weaver, un excelente dibujante al que ayudan mucho la dupla de coloristas integrada por Christina Strain y Justin Ponsor. La puesta en página de Weaver es formidable y no hay un sólo cuadrito en el que no se rompa el culo para sorprender con algún fondo, máquina, vestimenta, arma o vehículo alucinante. Visto así, a color y con todos los efectos gráficos que te puedas imaginar, esto es genial. Yo sospecho que en blanco y negro, el dibujo pelado de Weaver debe ser más... no quiero decir “del montón”... menos impactante. Por ahí sería una especie de Brent Anderson más moderno, más jugado a la hora de la composición de las viñetas y las páginas. Es raro ver a un tipo con un estilo tan ganchero, tan atractivo, en un comic no oscuro porque no es necesariamente dark, pero raro, totalmente inusual para el mercado yanki.
Y bueno, Hickman lo hizo. Un comic de misterio y conspiraciones, con un poquito de machaca, revelaciones increíbles y una apuesta muy riesgosa: la de crear dentro del mainstream (o casi) un comic inteligente, que invite al lector a pensar desde otra óptica tanto la historia del mundo como la del Universo Marvel. La palabra clave acá es “pensar”. Y eso hace de SHIELD un comic valiosísimo y sumamente recomendable.
Lo cierto es que, gracias a la chapa acumulada en otras series, algún demente dejó que el maestro Jonathan Hickman hiciera acá lo que se le cantaran las bolas y pocas veces la aplicación del criterio lírico-genital dio mejores resultados. Gracias a un personaje-trampa (pensado para atrapar al lector, captar rápidamente su atención y meterlo de lleno en una trama complejísima) Hickman se da el lujo de explorar toda una faceta inexplorada de la Historia de la Humanidad, hábilmente mezclada con la mitología del Universo Marvel. ¿Alguna vez se te ocurrió que los antiguos egipcios podrían haber repelido una invasión de los Brood? ¿O que Galileo Galilei pudo haber encontrado una forma para que la Tierra zafara del hambre de Galactus en el año 1582? A Hickman se le ocurrió todo eso, más una logia a nivel mundial más antigua que Cristo, una ciudad oculta por sobre Roma y un pichón de Celestial traído a nuestro planeta desde el sol por el propio Da Vinci y con eso (más un montón de pistas grossas de lo que pasará en el Vol.2) armó una saga de 12 números cuya primera mitad es memorable.
Lo más raro es que no hay gancho. Casi no hay acción, no hay personajes reconocibles para el lector habitual de Marvel... esto va para otro lado. Lo más ganchero deben ser las secuencias en las que Howard Stark (papá de Tony) y Nathaniel Richards (papá de Reed) se enfrentan a Nikola Tesla, también conocido como “Night Machine”, y padre a su vez de Leonid, el chico con el que Hickman nos invita a identificarnos. El resto es runfla, conspiraciones, data muy elaborada acerca de para qué sirve el conocimiento, hacia dónde evoluciona la Humanidad y cómo evitar que se termine el mundo. Hay malos, hay buenos, hay sutiles referencias a otras ideas ya vistas en el Universo Marvel, pero la posta es que nunca leíste nada parecido al SHIELD de Jonathan Hickman. Y andá a saber si alguna vez Marvel vuelve a publicar un comic tan jugado y tan distinto a todo como es este.
El dibujo corre por cuenta de Dustin Weaver, un excelente dibujante al que ayudan mucho la dupla de coloristas integrada por Christina Strain y Justin Ponsor. La puesta en página de Weaver es formidable y no hay un sólo cuadrito en el que no se rompa el culo para sorprender con algún fondo, máquina, vestimenta, arma o vehículo alucinante. Visto así, a color y con todos los efectos gráficos que te puedas imaginar, esto es genial. Yo sospecho que en blanco y negro, el dibujo pelado de Weaver debe ser más... no quiero decir “del montón”... menos impactante. Por ahí sería una especie de Brent Anderson más moderno, más jugado a la hora de la composición de las viñetas y las páginas. Es raro ver a un tipo con un estilo tan ganchero, tan atractivo, en un comic no oscuro porque no es necesariamente dark, pero raro, totalmente inusual para el mercado yanki.
Y bueno, Hickman lo hizo. Un comic de misterio y conspiraciones, con un poquito de machaca, revelaciones increíbles y una apuesta muy riesgosa: la de crear dentro del mainstream (o casi) un comic inteligente, que invite al lector a pensar desde otra óptica tanto la historia del mundo como la del Universo Marvel. La palabra clave acá es “pensar”. Y eso hace de SHIELD un comic valiosísimo y sumamente recomendable.
Etiquetas:
Dustin Weaver,
Jonathan Hickman,
Marvel,
SHIELD
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)


