Mostrando entradas con la etiqueta Carlos Nine. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Carlos Nine. Mostrar todas las entradas
miércoles, 14 de enero de 2026
MEDIODíA DE MIÉRCOLES
Traté de redactar estas líneas anoche, pero justo me cayó la ficha de que no había dormido la siesta. Así que me fui a dormir a las 21:45 y me levanté a las 9 AM de hoy. Una demencia. Vamos con las reseñas, que para eso vinimos.
Loco Rabia metió otro acierto difícil de mensurar cuando decidió publicar en nuestro país una obra de autores argentinos que circula hace más de 20 años por los mercados europeos, pero que acá era totalmente desconocida: Pampa, de los maestros Jorge Zentner y Carlos Nine. Esto es más argento que comerse un chori en el Obelisco cantando la marcha peronista y sí, parece una joda pero hasta hace muy poquito estuvo inédito en nuestro país.
También es inverosímil la calidad del dibujo de Nine, y por supuesto llama la atención que un dibujante con semejante vuelo plástico se ponga al servicio de la narración como lo hacía Carlos. Esto podría ser un artbook, una galería de (fastuosas) imágenes inconexas, pero no: la solidaridad icónica se hace presente en cada página y Nine, incluso cuando experimenta y cambia de técnicas, cuida siempre la fluidez y la consistencia del relato. La pampa infinita y mayormente vacía ofrece la posibilidad de prescindir casi por completo de los fondos y obviamente Nine la aprovecha. Eso sí: cuando el guion pide fondos, se manda unas locaciones perfectamente detalladas, tanto cuando las vemos desde afuera como cuando la escena transcurre puertas adentro. Y lo que más me gustó del trabajo de Nine son las texturas: tanto en las viñetas que parecen pintadas con óleos o crayones sobre lienzos como en las que dejan ver el trazo mágico de los lápices de colores. Visualmente, Pampa nos ofrece una fiesta irrepetible, y única en el sentido de que -si no me equivoco- Nine nunca dibujó tantas páginas de una misma historieta.
El gran acierto de Zentner es haber creado una trama que entusiasmara a Nine y le dieran ganas de comprometerse a largo plazo y dibujar estos tres álbumes con unas pilas gigantescas. Es una historia que combina vuelo poético con atrocidades indecibles (gente estaqueada, violaciones, masacres) y aventura de alto impacto con problemas más mundanos, como la disfunción eréctil. Zentner respeta a rajatabla los tropos de la historieta gauchesca, pero le agrega el aspecto sobrenatural: fantasmas, lobizones, profecías, maldiciones de ultratumba y poderes extrasensoriales. Con todo esto sale una historieta fuerte, dramática (más allá de alguna mínima pincelada de comedia), en la que Cirilo y Zenón, los hijos de Francisco Parra, se roban el protagonismo. Y con un toque magistral por parte de Zentner: acá el monstruo no es el hombre lobo, sino su hermano, que no se transforma en licántropo. Hay amor, hay sexo, hay violencia, hay un misticismo muy atractivo, y además está la historia de Bartolomé y su viaje espiritual. Todo esto en un contexto que se nutre de la vida real de los gauchos que poblaban nuestras planicies en el último tercio del Siglo XIX, justo cuando empezaba a asomar una democracia trucha, basada en el fraude electoral, al que los autores satirizan con deliciosa mala leche.
Me cuesta decir que Pampa es "el libro del año", porque la primera parte salió en Francia en 2003. Pero la verdad que, de lo que leí hasta ahora, me cuesta encontrar material de autores argentinos que me haya gustado más que este clásico atemporal de Jorge Zentner y Carlos Nine. Ultra-recomendado.
Retomé la lectura de East of West, que había dejado tras leer y reseñar (un ya lejano 18/10/22) el Vol.5. De nuevo, me costó volver a entrar a este mundo creado por Jonathan Hickman y Nick Dragotta, y volví a sentir la incertidumbre: esto que sucede acá, en los tomos "del medio", ¿será relevante en el contexto global de la obra, tendrá un peso real a la hora de resolver los conflictos, o son Hickman y Dragotta "despilfarrando" páginas para que en vez de cinco o seis TPBs la serie dure diez? Por suerte ya tengo todos los tomos que faltan comprados, en la pila de los pendientes, y me los voy a liquidar en las próximas semanas. No más baches de varios años entre tomo y tomo, porque así no se disfruta una mierda.
East of West es una serie complicadísima que avanza a un ritmo pachorro, se abre, se ramifica. Hickman cuenta con un elenco protagónico tan numeroso e incluye tantas ideas, situaciones y locaciones, que podría abastecer tranquilamente a tres o cuatro series más que se desarrollaran en paralelo, todas explorando el mismo universo. En este tomo algunos personajes mueren (y acá es para siempre, no como en X-Men) pero la complejidad de la trama no disminuye en lo más mínimo.
El dibujo de Dragotta (hoy encumbrado gracias al tremendo éxito de Absolute Batman) me sigue pareciendo un poco cabeza, en contraste con el guion de Hickman que es, casi todo el tiempo, elegante y sutil. Por suerte está el colorista Frank Martin, que se desvive para que su paleta le baje un poquito el tono al kilombo, el descontrol y el frenesí que transmiten los trazos de Dragotta. Este es un tomo con mucha acción, machaca y sangre a raudales, y aún así el colorista logra que no se vea todo como un show grotesco y ultraviolento. Por supuesto, me engancho más con East of West cuando la intriga política tiene más peso que la machaca pero -dentro de todo- la serie conserva el equilibrio que la hace atractiva tanto al público más adulto como a los pibes que se emocionan con los chumbos, las batallas y las decapitaciones. Vamos a ver con qué me encuentro en los cuatro tomos finales.
Y nada más, por hoy. Si necesitás más lectura, acordate que en https://comiqueandoshop.blogspot.com/ te podés descargar por poquísima plata el nuevo número de la Comiqueando Digital, con 364 páginas de artículos inéditos y QRs para acceder a contenidos audiovisuales exclusivos. Gracias totales y hasta pronto.
Etiquetas:
Carlos Nine,
East of West,
Jonathan Hickman,
Jorge Zentner,
Nick Dragotta
miércoles, 11 de noviembre de 2020
CRIMENES Y CASTIGOS
Qué grosso tener todo este material en libro… Yo lo tenía disperso en un montón de números de Fierro, encima de la época más floja de la etapa clásica de Fierro, que es esa del medio, entre los nºs 30 y 60. Tenerlo todo en álbum, así editado, es un placer increíble. Hay 10 páginas sin historietas sobre un total de 56, lo cual es un poquito mucho, pero es realmente una edición preciosa, muy cuidada, a la altura de la chapa de un genio del Noveno Arte como fue Carlos Nine.
¿Qué me pasó leyendo las historietas? Primero, descubrí que no me acordaba un carajo de cuando las leí por primera vez, allá por los ´80. Fue como leer algo 100% nuevo, como si Nine hubiese escrito y dibujado este material el año pasado. En parte porque es un material que no envejeció en lo más mínimo. Hoy probablemente los historietistas lo piensen un poco más antes de introducir tantos personajes sexópatas y tantas mujeres golpeadas, ultrajadas o asesinadas en un comic, pero básicamente Crímenes y Castigos es una historieta muy moderna, muy actual.
Y lo otro que me pasó no está tan bueno: me encontré por un lado con unos textos exquisitos, escritos por un tipo que no sólo entiende perfectamente las convenciones y lugares comunes del hard boiled, sino que las sabe satirizar con ingenio y con talento, que logra hacer impredecibles historias que parten de premisas muy, muy remanidas. La faz literaria de Crímenes y Castigos me pareció brillante, intachable. Y los dibujos, por otro lado, son alucinantes. Es Nine en estado puro, decidido a detonar todo su arsenal de recursos plásticos, en un festival desenfrenado de imaginación, grotesco, sensualidad y delirio, técnicamente asombroso, originalísimo, cautivante. Pero nunca llega a producirse ese click, esa comunión entre el texto y el dibujo. O por lo menos yo no la sentí nunca.
Editás este libro sin los dibujos, y te quedan unos cuentos cortitos y geniales. Editás este libro sin los textos y te queda un artbook alucinante, repleto de ilustraciones y viñetas majestuosas. Pero texto e imagen nunca se acoplan, no necesitan el uno del otro. Nine no sólo se arriesga a no delimitar los bordes de las viñetas, no sólo deja de lado ese elemento gráfico formidable que tiene la historieta que son los globos de diálogo, no sólo te clava cada tres o cuatro páginas una splash page que fuerza un cambio en el ritmo de la narración. También hace una con la que yo particularmente no comulgo, que es prescindir casi por completo de la secuencialidad. Veo poca conexión, poca interacción, poco juego entre cada viñeta y la siguiente. Muchas veces, si no fuera por la reiteración de algún personaje, parecen viñetas de distintas historietas, o peor aún: ilustraciones realizadas para distintos medios, o distintos proyectos, hilvanadas de un modo medio forzado para integrarlas a una misma página y a una misma narración. Se le ven un poco las costuras, se nota que por momentos cada historia es un Frankenstein de dibujos gloriosos que no nacieron en función de estas historias, sino de otros trabajos de Nine. Y la verdad que las imágenes son tan hermosas y tan potentes (a veces tan perturbadoras) que no importa demasiado. Pero si venías más acostumbrado al Nine de Fantagás o de El Patito Saubón, es probable que esto te haga un poco de ruido.
Como en todo relato hard boiled, no hay mucha indagación en la personalidad de los detectives protagonistas, que están ahí más como artificios de la narración que como personajes que nos tienen que transmitir la sensación de ser personas (o algo así). De hecho, hasta es al pedo que haya tres investigadores distintos, porque no interactúan entre ellos, pero sobre todo porque Nine no les da distintas personalidades o distintas formas de encarar el relato en primera persona de cada uno de los casos. Felizmente los casos son muy atractivos y están resueltos con finísima mala leche y hasta cierto vuelo poético.
Un nuevo libro de Carlos Nine en el mercado argentino siempre es motivo de festejo y se vive como un acto de justicia, como una forma de pagar la deuda que nuestro país tiene con uno de sus artistas más brillantes, y que mejor nos hizo quedar en el exterior. Al comiquero que nunca se enganchó con las historietas de Nine, no le recomiendo empezar por Crímenes y Castigos, ni a palos. Como puerta de entrada a este universo descontrolado, seguramente funciona mejor Fantagás, por ejemplo. Pero al fan de Nine, o de la historieta argentina menos convencional, o al fan de la literatura hard boiled que se banque la parodia y el manoseo de los tópicos del género, estoy seguro de que Crímenes y Castigos le va a volar la cabeza.
Nada más por hoy. Seguimos recorriendo historietas argentinas en este Noviembre temático en futuras reseñas que aparecerán muy pronto acá en el blog.
lunes, 14 de agosto de 2017
LUNES POST-PASO
Bueno, mientras el gobierno nos secuestra los resultados de la elección en Provincia de Buenos Aires y mira para otro lado mientras Gendarmería desaparece a Santiago Maldonado, yo tengo secuestradas y desaparecidas las reseñas de los últimos dos libros que leí, por falta de tiempo para sentarme a redactarlas. El tema de no tener tiempo para redactar reseñas hace que no me den ganas de leer más libros y eso es una garrrrcha, mal. Por suerte me siguen dando de ganas de invertir esos viajes en bondi en leer literatura. Si no, me convertiría en un helecho menteplana capaz de votar a Cambiemos. Pero vamos a las reseñas, que finalmente están disponibles.
Arranco con un libro (¿qué digo “libro”? ¡Recontralibrazo!) de 2016 que se me había traspapelado: la esperadísima edición argentina de El Patito Saubón, en la versión que Carlos Nine realizó para Francia en 2009, a todo color y con muchos cambios respecto de la publicación original de los ´80. Las cuatro primeras historias son magníficas. Los textos en off, narrados por el propio Saubón, parecen una sátira a los clásicos del hard boiled norteamericano, en contraste con la estética surreal de los fondos, mientras que la violencia y la sordidez de los argumentos contrasta con la elegancia la plasticidad con la que Nine dibuja a los personajes. Esos episodios (sobre todo el cuarto, el más extenso) funcionan como un relojito, a pura belleza.
Después la serie pierde un poquito el rumbo y se reitera la fórmula “Saubón se entrevera sexualmente con la mina incorrecta y todo termina mal”, por supuesto con mucha gracia, pero sin la sorpresa ni la sofisticada ironía del primer tramo. Pero dentro de esta segunda mitad hay un episodio fundamental: Suite Pepona, una historia bizarra, inquietante y magistral, en la que Nine homenajea sin tapujos al universo de Krazy Kat y (ya que estamos) a El Eternauta. La última historieta, Viaje Sentimental, es larguísima al recontra-pedo (38 páginas, una eternidad), pero está tan bien dibujada que no querés que se termine nunca.
Como para cerrar, este es un comic totalmente único, irrepetible e idiosincrático. Es Carlos Nine desaforado, pasado de rosca, dispuesto a todo. Si te gusta Nine, lo tenés que tener sí o sí. Y si no te gusta Nine, lo tenés que leer para tratar de entender por qué no te gusta Nine, y por qué a tantos nos resulta fascinante.
Me faltaba un tomito para terminar Satellite Sam, la obra de Matt Fraction y Howard Chaykin, y la verdad que termina muy bien. Visto en perspectiva, el… 60% de lo que pasa no aporta nada a la trama central. Son personajes y situaciones que tranquilamente podrían no estar sin modificar casi en lo más mínimo el desarrollo del argumento. Pero… sabemos que tanto a Fraction como a Chaykin les gusta el protagonismo coral, las tramas accesorias, los conflictos secundarios que a veces aportan confusión (para el lector, no para ellos), tensión, humor, realismo, o simplemente excusas para que Chaykin dibuje a más minas con escasa vestimenta.
El trabajo de Chaykin acá es formidable, tanto en la narrativa como en el dibujo, rubro en el que se reencuentra con el blanco y negro para desplegar una variedad de recursos gráficos realmente pasmosa. Efectos, texturas, grisados, claroscuros… Chaykin apuesta fuerte en todo, hasta en la colita de los globos. Visualmente, no descarto que este sea el mejor Chaykin de Black Kiss para acá, mirá lo que te digo. Pero el trabajo más difícil es el que le tocó a Fraction, que se propuso escribirle a Chaykin un guión que parece de Chaykin. Como comentábamos en la reseña del Vol.1, si alguien te edita Satellite Sam omitiendo el nombre de Fraction, vos te creés SIN DUDAR UN INSTANTE que Chaykin es el autor del guión, no
Los propios autores reconocen que, con el correr de los episodios, el misterio “policial” se fue alejando del centro de la escena y Satellite Sam pasó a ser un comic acerca de los procesos internos que vive un tipo, Michael White, inmerso en una situación que no puede controlar, y acerca de esa industria naciente que era la de la televisión. Fraction le saca un enorme provecho a ese viraje: escaparle al mero “whodunnit” le abre posibilidades, lo libera, y el guionista responde con jerarquía.
Erotismo, muerte, televisión en vivo (y en blanco y negro), racismo, negocios espurios, amor, política, sexualidades alternativas, lealtades mafiosas y de las otras y un dibujo majestuoso son apenas algunos de elementos que hicieron memorable (y sumamente recomendable) a Satellite Sam. Sintonizalo.
Espero volver a postear esta semana, y si no, nos vemos el 20 y 21 en Dibujados. Gracias por el aguante.
Arranco con un libro (¿qué digo “libro”? ¡Recontralibrazo!) de 2016 que se me había traspapelado: la esperadísima edición argentina de El Patito Saubón, en la versión que Carlos Nine realizó para Francia en 2009, a todo color y con muchos cambios respecto de la publicación original de los ´80. Las cuatro primeras historias son magníficas. Los textos en off, narrados por el propio Saubón, parecen una sátira a los clásicos del hard boiled norteamericano, en contraste con la estética surreal de los fondos, mientras que la violencia y la sordidez de los argumentos contrasta con la elegancia la plasticidad con la que Nine dibuja a los personajes. Esos episodios (sobre todo el cuarto, el más extenso) funcionan como un relojito, a pura belleza.
Después la serie pierde un poquito el rumbo y se reitera la fórmula “Saubón se entrevera sexualmente con la mina incorrecta y todo termina mal”, por supuesto con mucha gracia, pero sin la sorpresa ni la sofisticada ironía del primer tramo. Pero dentro de esta segunda mitad hay un episodio fundamental: Suite Pepona, una historia bizarra, inquietante y magistral, en la que Nine homenajea sin tapujos al universo de Krazy Kat y (ya que estamos) a El Eternauta. La última historieta, Viaje Sentimental, es larguísima al recontra-pedo (38 páginas, una eternidad), pero está tan bien dibujada que no querés que se termine nunca.
Como para cerrar, este es un comic totalmente único, irrepetible e idiosincrático. Es Carlos Nine desaforado, pasado de rosca, dispuesto a todo. Si te gusta Nine, lo tenés que tener sí o sí. Y si no te gusta Nine, lo tenés que leer para tratar de entender por qué no te gusta Nine, y por qué a tantos nos resulta fascinante.
Me faltaba un tomito para terminar Satellite Sam, la obra de Matt Fraction y Howard Chaykin, y la verdad que termina muy bien. Visto en perspectiva, el… 60% de lo que pasa no aporta nada a la trama central. Son personajes y situaciones que tranquilamente podrían no estar sin modificar casi en lo más mínimo el desarrollo del argumento. Pero… sabemos que tanto a Fraction como a Chaykin les gusta el protagonismo coral, las tramas accesorias, los conflictos secundarios que a veces aportan confusión (para el lector, no para ellos), tensión, humor, realismo, o simplemente excusas para que Chaykin dibuje a más minas con escasa vestimenta.
El trabajo de Chaykin acá es formidable, tanto en la narrativa como en el dibujo, rubro en el que se reencuentra con el blanco y negro para desplegar una variedad de recursos gráficos realmente pasmosa. Efectos, texturas, grisados, claroscuros… Chaykin apuesta fuerte en todo, hasta en la colita de los globos. Visualmente, no descarto que este sea el mejor Chaykin de Black Kiss para acá, mirá lo que te digo. Pero el trabajo más difícil es el que le tocó a Fraction, que se propuso escribirle a Chaykin un guión que parece de Chaykin. Como comentábamos en la reseña del Vol.1, si alguien te edita Satellite Sam omitiendo el nombre de Fraction, vos te creés SIN DUDAR UN INSTANTE que Chaykin es el autor del guión, no
Los propios autores reconocen que, con el correr de los episodios, el misterio “policial” se fue alejando del centro de la escena y Satellite Sam pasó a ser un comic acerca de los procesos internos que vive un tipo, Michael White, inmerso en una situación que no puede controlar, y acerca de esa industria naciente que era la de la televisión. Fraction le saca un enorme provecho a ese viraje: escaparle al mero “whodunnit” le abre posibilidades, lo libera, y el guionista responde con jerarquía.
Erotismo, muerte, televisión en vivo (y en blanco y negro), racismo, negocios espurios, amor, política, sexualidades alternativas, lealtades mafiosas y de las otras y un dibujo majestuoso son apenas algunos de elementos que hicieron memorable (y sumamente recomendable) a Satellite Sam. Sintonizalo.
Espero volver a postear esta semana, y si no, nos vemos el 20 y 21 en Dibujados. Gracias por el aguante.
Etiquetas:
Carlos Nine,
Howard Chaykin,
Matt Fraction
martes, 8 de febrero de 2011
08/ 02: FANTAGAS

No contento con haber reseñado hace poco su memorable participación en La Mazmorra, cumplo con el pedido de meterme en una historieta 100% creada por Carlos Nine, el genio de Haedo injustamente más famoso en Europa que en su propio país. Fantagas debutó en 1995, en una editorial francesa, y acá se conoció más de 10 años después, serializada en los primeros números de la etapa actual de Fierro. En el medio salió la edición española que tengo a mano, publicada por Sinse ntido a todo lujo y a un precio prohibitivo. Pero bueno, es Nine. No se puede pretender comprar paponga de este nivel a precio de saldo de la Librería Libertador…
Fantagas es una obra rara dentro de la bibliografía de Nine. Tuvo una secuela, la temática es medio aventurera, medio detectivesca, medio erótica y medio satírica, y en general, comparada con las otras obras escritas y dibujadas por el ídolo, es la más cerebral, la que más se calienta en darle sentido a todo lo que pasa, en explicar los caprichosos arrebatos de cada uno de estos impredecibles personajes. Hay absurdo, hay surrealismo, hay vuelo poético (incluso salpicado con gore, sangre y violaciones), hay delirio, pero todo va para algún lado. No es delirio en estado puro, sino que Nine encuentra la forma de integrar todos estos desbordes de su tremenda imaginación a una trama coherente, lineal, sólida.
Pero si a vos te gusta el Nine en crack, el Nine que hace de cada historieta una montaña rusa desaforada y vertiginosa, con Fantagas la vas a pasar bomba. La ciudad en la que transcurre la historia es un disparate en sí misma. Y los personajes, por supuesto, no se quedan atrás: una asesina super-sexy que mata y eviscera como si fuera una disciplina artística, un sillón Luis XVI que viola a las hembras que se sientan en él, las hijas ninfómanas del juez, que a su vez se curte a una especie de chica pin-up, y por supuesto el protagonista, el inspector Pernot, que cuando se emborracha pierde el conocimiento y se transforma en Fantagas, que vendría a ser el principal villano de la serie.
Créase o no, Nine logra domesticar a esa fauna volátil y descontrolada y cada uno entra y sale de escena de modo ordenado, con la prolijidad indispensable para que esto no sea una orgía sino un thriller con un toque bizarro. Los diálogos –algún costo había que pagar- no tienen ni en pedo el brillo ácido y surrealista de los diálogos de El Patito Saubón (por poner un ejemplo), pero bueno, siguen a un nivel muy alto, muy afilado.
Por el lado del dibujo, nos encontramos con un Nine MUY narrativo, muy jugado a la secuencia. Excepto el último episodio, el resto de la historieta está trabajada con tres tiras en cada página, casi siempre divididas en dos viñetas, una grilla bastante clásica. O sea que todas las maravillas que nos ofrece el genio de Haedo en materia de colores, texturas, fondos y pantomimas están contenidas dentro de un esquema muy, pero muy funcional al relato. Las últimas 10 páginas, cuando la historia ya está madura y el conflicto llega a un punto en el que las palabras importan menos, los dibujos copan la parada: Nine dibuja menos cuadros por página y menos cosas en cada cuadro. Las primeras seis páginas de ese tramo son casi inentendibles sin los bloques de texto y en las cuatro últimas, la imagen se hace 100% cargo de la narración y Nine prescinde casi totalmente de los textos para volcar todo en unas viñetas hipnóticas y únicas por su violencia, su sensualidad y su belleza plástica.
En suma, Fantagas es el álbum ideal para que el que todavía no es fan de Nine acceda a su peculiar universo, y para que el que ya es fan termine de enloquecer. Ojalá algún día se publique en libro en nuestro país.
martes, 11 de enero de 2011
11/ 01: DUNGEON MONSTRES Vol.3

Joann Sfar, Lewis Trondheim, Carlos Nine y Patrice Killoffer. Ya está, podríamos terminar la reseña acá y dedicarnos a otra cosa, porque no hay con qué superar el impacto de esas cuatro bestias juntas. Y se lo debemos, por supuesto, a la querida editorial newyorkina NBM, que publica en cada tomito de sólo u$ 13, DOS álbumes franceses completos, en este caso los Vol.8 y 9 de Monstres, la serie de 12 tomos que salta entre las tres etapas de La Mazmorra (Amanecer, Cénit y Crepúsculo) para contarnos historias accesorias, llenar baches argumentales o darles chapa a los personajes secundarios.
Arrancamos con una historia que cumple con los tres requisitos: Heartbreaker (Creve-Coeur), una saga intensa y muy jodida, protagonizada por Alexandra, la sensual asesina de la que se enamora El Camisón (o Jacinto, o el futuro Guardián de la Mazmorra). El guión es asfixiante, no da respiro, y a cada página nos hunde más y más en una fosa séptica de perversión y crueldad, en la que la vida “humana” cada vez vale menos. Es una historia demasiado importante para una colección como Monstres, que cambia por completo el devenir del Amanecer. Los sucesos de Creve-Coeur desencadenan una serie de consecuencias una más heavy que la otra, a tal punto que el siguiente tomo del Amanecer no fue el -96, sino que Sfar y Trondheim decidieron romper el orden progresivo de la numeración y subir al nivel –84 para explorar el nuevo status quo.
El trabajo de Nine es soberbio, poesía desatada y en estado puro, con algún tropiezo menor en el armado de la página (uno o dos momentos en los que no te queda claro en qué orden tenés que leer las viñetas), pero con un despliegue impresionante en los fondos, unos primeros planos recontra-expresivos y un ritmo espectacular en las escenas de acción, que generalmente aparecen poco en las historietas del genio de Haedo. El color es sobrio, sin virtuosismos innecesarios, pero perfectamente adecuado al clima sombrío y trágico del relato.
Y de ahí nos vamos al nivel 75, cerca del tramo final del Cénit (donde ya están presentes muchos de los elementos típicos del Crepúsculo), para sumergirnos en The Depths (Les Profondeurs). Esta es la típica historia de Monstres. La protagonista es una chica a la que no habíamos visto nunca y el conflicto central del arco es uno que se menciona muy al pasar en los álbumes del Crepúsculo, y que acá está perfectamente explicado: la alianza del príncipe Papsukal con los piratas submarinos para exterminar a los sacerdotes Bathystas. Y de paso le da mucha chapa a Shiwomihz, comandante de las fuerzas submarinas del Gran Khan, a quien este mismo hará crosta al principio del Crepúsculo.
Y si el guión sórdido y corrupto de Creve-Coeur contrastaba con el dibujo elegante y sensual de Nine, esta otra sarta de atrocidades (con masacres, violaciones, traiciones, mutilaciones y combates truculentos) contrasta con los fastuosos dibujos de Patrice Killoffer, que acá (como de costumbre) se zarpa, mal. Por momentos parece otro autor, o varios, una mezcla de Dave Cooper con Rafael Grampá, entre cute, asqueroso y barroco, con un laburo en los fondos que te caés de ojete. Nunca jamás vi la flora y la fauna submarinas tan bien dibujadas. Y esos bichos! Los diseños de las criaturas son brillantes, dignos de Alcatena en crack. No me quiero imaginar cuánto tardó Killoffer en dibujar esas 46 páginas.
Y bueno, NBM hizo la Gran Norma: en vez de seguir el orden en que los álbumes salieron en Francia, se pasó de vanguardista y mandó, en lugar de los Vol.5 y 6, el 8 y el 9, que están sin duda entre los tres o cuatro mejor dibujados de TODAS las series de La Mazmorra. Se saltearon nada menos que tres álbumes (dos de los cuales están editados en España) y uno que por ahora sólo existe en francés y espero que no quede afuera del próximo tomito yanki para poder leerlo. El 2010 no fue un buen año para los fans de esta mega-epopeya de Sfar y Trondheim, ya que no salieron nuevos álbumes de ninguna de las series. Pero se supone que en Septiembre de este año se viene el relanzamiento a todo trapo. Mientras tanto, hay tiempo para ponerse al día rápido y barato con la edición de NBM.
Etiquetas:
Carlos Nine,
Joann Sfar,
La Mazmorra,
Lewis Trondheim,
Patrice Killoffer
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)




