el blog de reseñas de Andrés Accorsi
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miércoles, 6 de julio de 2022

THOR: LOVE AND THUNDER

Tengo unos libritos leídos como para reseñar, pero primero lo prometido: la reseña de la nueva peli de Thor. Básicamente a lo largo de estas dos horas, el director Taika Waititi hace lo mismo que en Ragnarok: un primer tramo bastante extenso repleto de chistes y payasadas varias, una escena crucial que cambia el rumbo de la peli (en la anterior fue la muerte de Odin), y de ahí en más, una segunda parte mucho más dramática, con momentos épicos. En Love and Thunder el rumbo cambia cuando Thor se entera qué le pasa a Jane Foster. Ahí baja por completo el ritmo de la joda loca y la trama se concentra en buscar la derrota de un villano muy jodido. Vendrán escenas duras, inquietantes, casi aterradoras, y un combate final no tan épico como el de Ragnarok, pero sí más atravesado por las situaciones personales y sentimentales por las que transitan los protagonistas (y en ese combo incluyo al villano). Todo esto condimentado con una trama romántica, llevada criteriosamente por los guionistas para que no opaque a la acción y la aventura. Los conflictos principales están tomados literalmente de dos de las tres etapas de Jason Aaron como guionista de los comics de Thor, así que si sos fan de esa extensa epopeya vas a flashear fuerte. También como en Ragnarok, en Love and Thunder tenemos unas locaciones alucinantes, verdaderas locuras visuales, y la aparición de un personaje de infinito poder (aquella vez fue el Grandmaster) al que Waititi se toma medio en joda, y al que parecen faltarle un par de jugadores. El paso de la Asgard esplendorosa a la New Asgard mucho más humilde y terrenal está perfectamente compensado con los paisajes y decorados que crean los genios del diseño que trabajan en este largometraje. En el rubro actoral se ve una solidez muy notable, y se destaca claramente un irreconocible Christian Bale, que hace su debut en el Universo Marvel con un personaje muy bien trabajado, tanto por el actor como por los guionistas, quienes le dan una motivación fuerte, buenos diálogos y un giro muy copado en el final. Los efectos especiales, magníficos como siempre. La música, un hallazgo. No se puede ser fan de Guns N´ Roses y no salir del cine conmovido por el uso que hacen Waititi y su equipo de los greatest hits de Axl, Slash y el resto de la banda. ¿Está todo muy enganchado con lo anterior? No. Si viste las tres pelis anteriores de Thor y Avengers: Endgame, vas a entender TODO, porque Love and Thunder continúa directamente desde ahí. No encontré guiños a las series de Disney + (Darcy aparece muy poquito, y no se hace cargo de nada de lo que le tocó vivir en Wandavision), ni a ninguna de las pelis de 2020 y 2021. ¿Y para adelante? La primera escena post-créditos abre la cancha para una quinta película de Thor, con la aparición de un personaje importante en el Universo Marvel, que obviamente no vamos a nombrar acá. ¿Por qué Love and Thunder me gustó menos que Ragnarok? Primero porque aquella vez todo se veía más nuevo y más rupturista. Esta vez, Waititi va por la misma fórmula que ya resultó exitosa en 2017. Segundo, en Ragnarok estaba el elenco clásico de las mejores épocas de Thor: Odin, Loki, Hela, Surtur, el Executioner, el lobo Fenris, los Warriors Three... No hay forma de ganarle a eso. Además, aquel film encontró en Hulk una estrella invitada de una magnitud tremenda, un gran complemento para una historia donde la machaca era fundamental. Acá lo más parecido a una gran estrella invitada que tenemos es una breve aparición (poco más que un cameo) de los Guardians of the Galaxy. Y está Valkyrie, quien junto a Korg hace de sidekick de Thor, pero está muy cambiada: me gustaba más la Valkyrie de Ragnarok, una zarpada, borracha y kilombera, no una monarca circunspecta, siempre lista para poner cara de orto cada vez que Thor se manda un moco. Aún así, la peli nueva me resultó muy entretenida, nunca se me hizo larga (de hecho, me animo a ver la versión original, de cuatro horas, el día que la den a conocer), me gustó que sea más emotiva, que haya conflictos más humanos (además de la machaca, obvio), que se hayan animado a matar a un personaje importantísimo, y que el Thor de la última escena de Love and Thunder se parezca poco al Thor de Avengers: Endgame y nada al del film de Kenneth Branagh de 2011. Evidentemente en el hijo de Odin los demiurgos del MCU encontraron un personaje al que pueden hacer evolucionar muchísimo sin que el público los acuse de traicionar la esencia (o alguna de las esencias) del querido Dios del Trueno. Perdón por la ambigüedad a la hora de referirme a lo que pasa en la peli, pero antes del estreno es menester no spoilear. Para antes de fin de mes se vendrá un podcast de Comiqueando donde hablaremos más en detalle (y CON spoilers) de esta cuarta incursión de Thor por la pantalla grande. Mañana, si no pasa nada raro, nuevas reseñas de comics, acá en el blog.

martes, 26 de abril de 2022

LA VUELTA OLÍMPICA

Ahora sí, terminé el quinto y último tomo de los que recopilan todo el paso de Walt Simonson por la revista de Thor. Un quinto tomo un poquito ladri, porque incluye solo ocho episodios, uno de los cuales es doble, y una extensa sección de bocetos y pin-ups... que están geniales. Yo suelo putear cuando en los libros me meten 20 ó 30 páginas que no son historieta, pero acá el material extra es realmente hermoso, sobre todo porque (a diferencia de las historietas) está todo dibujado por el propio Simonson. El ídolo acá aporta el plantado a lápiz de la historieta visualmente más impactante del tomo (la de Thor contra la serpiente Jormungand), casualmente la más floja a nivel argumental. Esto hay que leerlo como un experimento: un comic de 26 viñetas extra-large, en las que Simonson deja la vida y Sal Buscema trata de no estropearlo todo con su entintado. Por suerte lo logra. En el resto de los episodios, Buscema se hace cargo también de los lápices con resultados que no me convencen demasiado. Y hay un episodio en el que el hermano de John solo aporta los lápices y le deja las tintas a otro veterano de enorme producción, muy identificado con Marvel: el maestro Joe Sinnott, quien mejora muchísimo los lápices de Buscema. Nada se ve tan alucinante como las viñetas-página (y las portadas) que dibuja Simonson, pero el combo Buscema-Sinnott levanta un poco el promedio en materia gráfica. Por suerte los guiones mejoran mucho respecto del tomo anterior. Simonson escribe mejor, sus soliloquios se lucen mucho más y casi tiene sentido que Thor hable solo, como si le relatara las peleas al lector mientras las protagoniza, y sobre todo que hable MUCHÍSIMO. Estos son comics MUY hablados, con una cantidad de diálogos que a los lectores de hoy les parecería un disparate. Por todos lados hay globos de diálogo, y no, no todos ayudan a que las tramas avancen, ni a profundizar en la caracterización de los personajes. Unos cuantos son redundantes con la acción que nos muestran los dibujos. Pero aún así, las tramas avanzan de manera lógica, armónica, y todo el tiempo se nota que Simonson sabe lo que quiere hacer con cada uno de los personajes. Thor atraviesa momentos dificilísimos en estas páginas, y sale airoso de maneras que sorprenden al lector, por lo originales y por lo bien escritas. Finalmente, Simonson se despide con un número doble, el 382, que conmemora 300 apariciones del Dios del Trueno al frente de esta revista, que originalmente era Journey into Mystery y más tarde adoptó el nombre del héroe. Y la verdad que todas esas páginas extra vienen bárbaro, porque Simonson se propone dejar todo cerradito y prolijo para quienes continúen la serie, y había 8000 puntas argumentales para cerrar. Lo único que no llega a resolver acá (el plot de Iceman) lo va a resolver junto a su esposa Louise en las páginas de X-Factor. Pero la saga de Thor cierra perfectamente, te da la opción de nunca en tu vida volver a leer un comic ambientado en Asgard posterior al nº382 de Thor, sin sentir que te quedó nada pendiente. Por suerte esta serie tendrá nuevas épocas de gloria, pero para eso faltan más de diez años.
Me voy a Francia, al año 1998, cuando el país del champagne y la bande dessinée no solo organiza un Mundial, sino que además se queda con la Copa (Brasil, decime qué se siente). Para coincidir con semejante hito, la revista L´Echo des Savanes publica un especial de 96 páginas, todo con historietas de temática futbolera. La lista de autores es un verdadero seleccionado: Philippe Vuillemin, François Boucq, Frank Margerin, Philippe Druillet, Baru, Georges Wolinski, Edika, Jean-Claude Denis, Tramber, Jean-Marc Rochette, Tronchet, Jacques Ferrandez, la dupla Stan & Vince, Philippe Bercovici... un escándalo. Y las historias, si bien en su mayoría padecen el hecho de ser muy breves, y de no contar con los personajes más conocidos de estos monstruos del Noveno Arte, en general zafan. La mejor es la de Boucq, porque aparece Jerome Moucherot, y porque es un delirio brillante. La de Baru también es muy buena. La de Vuillemin es un chiste gracioso, que podría contarse con futbolistas, con bomberos, con soldados, o con repositores de supermercado. Fiel a su estilo, Wolinski se va al carajo metiendo sexo en cualquier parte (esta vez aparecen pelotas de futbol a las que les crecen porongas). La de Rochette me gustó bastante, la de Ferrandez y Tronchet también, la de Stan & Vince también, pero todas se apoyan en ideas que daban para varias páginas más. La de Druillet es una fumanchereada sin pies ni cabeza, por supuesto dibujada como la hiper-concha de Dios. Las de Denis y Bercovici están muy bien porque no parecen comprimidas para entrar en cuatro páginas. Son buenas ideas, desarrolladas en el espacio que necesitaban para contar algo piola sin apretar ni estirar. Y de los autores que no conocía, hubo dos que me gustaron mucho. Uno es Luz, bien del palo del humor gráfico mudo, con un trazo muy atractivo y un gran timing para la comedia. Y el otro es Arnon, una especie de hijo de Jean-Claude Mézieres y Jack Kirby, con un dibujo muy expresivo, muy dinámico, ideal para comics de acción y machaca. Nada, esto es una rareza, con el atractivo de que es poco probable que estas historietas se hayan republicado en tomos de historias cortas de Boucq, Margerin, Tronchet, Vuillemin, Baru y demás ídolos. Si sos muy fan de estos autores y querés tener todas sus historias cortas, o si so muy fan del futbol y te copa la idea de juntar a los historietistas más grossos de Francia para dejarlos jugar libremente con este tema, el Special Foot de L´Echo des Savanes tiene que estar en tu vitrina, al lado de la Libertadores y la Sudamericana. No hay ninguna historia que te cambie la vida ni que te detone la capocha, pero la vas a pasar mejor que viendo esos Super-Clásicos inflados que terminan 0-0. Nada más, por hoy. Nos vamos al vestuario a putear al arquero que se comió 18 de los 19 goles que nos hicieron, y nos reencontramos pronto, con nuevas reseñas, acá en el blog.

lunes, 18 de abril de 2022

AVANZAN LAS LECTURAS

De a poquito me voy encontrando con espacios y momentos para leer comics y el humilde resultado son las reseñas que posteo a continuación. Le entré al Vol.4 de la colección de TPBs que recopilan toda la etapa de Walt Simonson en Thor. Acá ya se empieza a imponer la sensación de que esto se estiró más de la cuenta. Primero y principal porque de los 10 episodios que ofrece el libro, Simonson solo dibuja cuatro, y el resto se los deja a Sal Buscema, que es un dibujante para mi gusto MUY inferior a Simonson. Ni el nuevo coloreado de Steve Oliff ni los entintadores que le ponía Marvel le sientan bien al dibujo de Buscema, y si bien se nota que se esfuerza por darnos las que hasta ese momento (1986) eran las mejores páginas de su carrera, la diferencia con los números que dibuja Simonson son muy, muy pronunciadas. De jugar la Champions contra el Real Madrid, la faz gráfica de Thor pasó a pelear el descenso a la B Nacional con San Lorenzo y Huracán. Y sin salir de este mismo tomo, lo cual es más doloroso. La calidad de los guiones también decae bastante. El tomo arranca con la saga en la que Thor se convierte en sapo, muy divertida, donde se nota que Simonson la estaba pasando bomba. El último episodio que dibuja el ídolo es una especie de venta de humo, un amague de que van a pasar cosas que finalmente no pasan, y de ahí en adelante la venta de humo se va a hacer cada vez más frecuente. Los cuatro primeros episodios que dibuja Buscema son, sin duda, los guiones más flojos que escribió Simonson para esta serie. Estirados, predecibles, muy sobrecargados de personajes que no aportan nada... Sin ser desastrosos, bajan bastante el listón respecto de lo que veníamos viendo. Y los dos últimos episodios del libro son los que empalman con la Mutant Massacre, que yo tenía bastante fresca por haber leído el sexto Essential X-Men allá por el 10 de Agosto de 2020. Esto también es medio delictivo: son 45 páginas en las que tenemos UNA sola secuencia importante, de alto impacto, que es cuando Thor impide que los Marauders maten a Angel, a quien tienen cautivo en las cloacas de New York y están torturando sin compasión. Este momento puntual está narrado de manera magistral, pero decorado con páginas y páginas de subplots poco atractivos o escenas de pelea que no aportan nada. Me falta un último tomo, donde Sal Buscema dibuja todas las historias, y donde creo que lo único realmente potente debe ser el momento en que Thor deja su clásica malla negra con los botones plateados para empezar a lucir una armadura majestuosa que, lamentablemente, va a durar muy poco. Ya veremos con qué me encuentro cuando lo lea, pero por ahora mi fe va en caída libre.
Por el contrario, cada día banco más a Roque & Gervasio, pioneros del espacio, la serie de comedia ci-fi creada por Federico Reggiani y Ángel Mosquito. El segundo librito de la colección, "El lado de afuera del cosmos", es una joya del humor, con momentos de una aventura bastante intensa, con peligros, traiciones y peripecias espesas. Hay un trabajo exquisito en la construcción del universo, y sobre todo brillan los diálogos, en los que Reggiani está afiladísimo. Pocas veces vi historietas escritas "en argentino" donde las voces de los personajes suenen tan creíbles al oído vernáculo, y a la vez tan graciosas. La aventura tiene ritmo, sorpresas, un final notable (con una aparición de Dios, caracterizado por los autores por afuera de cualquier predicción que uno pudiera hacer), los flashbacks están bien insertados y duran lo que tiene que durar, los personajes secundarios entran y salen de escena de modo armónico... Reggiani y Mosquito integran una dupla autoral muy afianzada que acá demuestra que, a pesar de los muchos años de trabajo conjunto, se estaban guardando bajo la manga algunas de sus mejores ideas. El dibujo es excelente, con el grado exacto de síntesis en los personajes, un gran laburo de aplicación de grises y esa capacidad que tiene Mosquito para "acomodar" en la viñeta algunos globos de diálogo bastante superpoblados de palabras. Incluso algo que habitualmente juega en contra, como es la reiteración de planos, Mosquito sabe cómo hacer para que le juegue a favor, al convertir la reiteración en un efecto cómico que se potencia con la gracia que tiene lo que sucede y lo que dicen los personajes. Obviamente estas mismas páginas se verían mejor si las viñetas estuvieran separadas por zanjas blancas y no por líneas negras, pero así están muy, muy bien. Recomiendo a full las aventuras de Roque & Gervasio, creo que es la mejor serie "ongoing" que tiene hoy la historieta argentina. Ya salió el tercer librito (prometo reseñarlo antes de fin de año) y los autores están trabajando en un cuarto. Recorrer los confines del cosmos y cagarse de risa al mismo tiempo no es tarea fácil, pero Reggiani y Mosquito encontraron la fórmula y, por ahora, funciona 10 puntos. Gracias por el aguante y nos reencontramos pronto, con nuevas reseñas acá en el blog.

martes, 22 de marzo de 2022

DOS MAS Y A LA PAUSA

Bueno, como ya comenté por acá, a partir del jueves voy a estar lejos de Buenos Aires durante unos 15 o 16 días. Hay alguna chance de que postee en el blog, ya sea desde Santiago de Chile o desde Los Angeles, pero no quiero prometer y después no cumplir. Así que, en principio, las reseñas volverán el 10 o el 11 de Abril. Por ahí hay sorpresas antes de esa fecha, por ahí no. Ya veremos. Sigo adelante con la relectura (ahora en libro y con el color moderno) del Thor de Walt Simonson, y en el Vol.3 me encuentro con que, además de varios números de la serie central, acá se recopilan los cuatro episodios de la miniserie de Balder the Brave, con guion de Simonson y dibujos de Sal Buscema. Es un agregado piola, porque la mini engancha bastante con lo que estaba narrando Simonson en la revista de Thor. Eso sí: está estiradísima. Son cuatro episodios de 22 páginas para contar DOS hechos importantes. Todo el resto es relleno, hecho a base de peleas intrascendentes contra villanos a los que uno sabe que Balder va a derrotar sin dificultad. El dibujo de Buscema está bastante mejor que en el fill-in que aportó al Vol.2, pero igual no hay forma de justificar todas esas páginas para tan poco desarrollo argumental. A menos que seas MUY fan de Balder o de Karnilla, en cuyo caso esto te puede llegar a conmover. En los números de Thor (todos dibujados a un nivel devastador por Simonson) pasan unas cuantas cosas interesantes. La bandera de "epopeya a todo o nada" flamea de principio a fin, hay buenas ideas para desarrollar a personajes como Loki, Enchantress, Frigga, Lorelei, Heimdall, Lady Sif y sobre todo al Executioner, y -por primera vez- Thor sale realmente malherido de un choque con Hela. Lo único medio flojito es esa aventura de Beta Ray Bill contra ese equipo de super-soldados rusos, que realmente no suma más que excusas para que Simonson dibuje acción al recontra-palo en su estilo explosivo y repleto de dinamismo. Otra vez, las onomatopeyas de John Workman hacen un notable aporte a que todo esto se vea definitivamente poderoso y majestuoso. El último episodio del tomo es un crossover con la infausta Secret Wars II, y ni siquiera Simonson está exento de las complicaciones que traen los cruces entre tramas que vienen y van de una revista a otra sin mayor explicación. Dentro de todo, el bolonki es comprensible, sobre todo porque lo que no se resuelve en Thor se resuelve en Power Pack, una revista que en ese momento escribía Louise Simonson, la esposa de Walter, y se nota que todo está bien conversado y planificado para no confundir a los lectores que no seguían las dos colecciones. Eventualmente le entraré al Vol.4, ya cerca del final de la serie. Paciencia.
Leí también el Vol.2 de La Guerre des Magiciens, esa serie creada por Carlos Trillo, Roberto Dal Prá y Cacho Mandrafina, que lamentablemente quedó inconclusa. Al final de este álbum nos informan que el tercero es el último, pero jamás se publicó. La trama queda ahí, a mitad de camino, con la inmensa mayoría de las puntas argumentales sin resolver. El segundo tomo apareció en 2013, bastante después de la muerte de Trillo, y está ambientado en Londres. Pasan menos cosas que en el Vol.1, porque los autores le dedican muchas páginas a flashbacks a cuando los protagonistas eran jóvenes, pero no está mal. Prefiero eso a que me rellenen el álbum con peripecias imposibles que no aportan nada al argumento global de la saga. Acá hay mucho desarrollo para los personajes, y hasta tenemos un par de escenas en las que la magia parece tener alguna relevancia en la trama. ¿Es magia, son ilusiones, qué onda? No está muy claro. Lo que seguro es magia es lo que pela Mandrafina en la faz gráfica. A pesar de que dibujar a Londres de fines de los años ´30 es un embole, a pesar de que prácticamente no hay páginas de menos de ocho viñetas, a pesar de que algunas páginas tienen una cantidad de texto grotesca, que conspira contra el disfrute del dibujo... a pesar de todo, Cacho deja el alma en cada cuadrito y nos regala una página perfecta atrás de otra. El tratamiento del color, la forma de planificar las escenas de acción, las expresiones faciales, el cuidado por la exactitud de peinados, trajes y vehículos de la época... todo es fascinante. Sobre todo ver a un referente absoluto del claroscuro convertido en un maestro del color. Un trabajo realmente brillante del co-creador de Savarese, El Condenado y Cosecha Verde. Pero no hay más guerra de los magos. La editorial Delcourt discontinuó la serie tras el Vol.2, y nunca le pregunté a Cacho si llegó a dibujar (o a leer) el guion del tercer y último álbum. No es la primera vez que un editor francés deja trunca una obra de autores argentinos (le pasó a Trillo y Horacio Domingues con La Marque du Pechée y a Gustavo Schimpp y Horacio Lalia con Belzarek), y aparentemente la chapa de Dal Prá y Mandrafina no alcanzó para sacar la serie a flote, ni siquiera como para terminarla y vendérsela a algún editor italiano, español o latinoamericano. Un bajón. Bueno, nada más. Mañana miércoles hacemos un vivo en el Instagram de Comiqueando que va a estar muy bueno, el viernes estoy presentando ¿Quién quiere ser superhéroe? en el Espacio Shazam! de Santiago de Chile, y el sábado voy a participar de la presentación del tomo integral de El Brujo, también en Shazam!. Después tengo unos días de vacaciones y el 1, 2 y 3 de Abril voy a estar cubriendo la WonderCon en Anaheim, cerquita de Los Angeles y enfrente de Disneyland. Y seguro voy a recorrer comiquerías (y librerías y disquerías y antros nocturnos) en toda esa zona de California. A la vuelta les cuento qué onda. Gracias y hasta entonces.

lunes, 14 de marzo de 2022

TRES DE UN SAQUE

Tengo tres libritos leídos, pero hay dos a los que voy a reseñar muy brevemente, por distintos motivos. Por un lado, el Vol.2 de la colección que recopila toda la etapa de Walt Simonson al frente de Thor. Acá, a nivel gráfico tenemos notables mejoras respecto del tomo anterior, con un Simonson más jugado, más atrevido, y más en sintonía con el letrista, John Workman, que tira magia en las onomatopeyas, a las que les otorga un peso gráfico poco frecuente. El argumento banca los trapos, resuelve plots pendientes, continúa subplots heredados del Vol.1 y agrega algunos nuevos y garantiza un nivel de epopeya y fantasía de una ambición y una potencia dignas de Jack Kirby. Pero hay algunos problemas (menores, por suerte): páginas hiper-cargadas de texto al punto de resultar virtualmente ilegibles, y un par de personajes que el autor incorpora al canon de Thor (un señor estadounidense ya maduro y un nene asgardiano de unos 9 años) que no me despertaron el menor interés, aunque Simonson insiste en tratar de darles chapa. Por el lado del dibujo, el tomo cierra con un episodio en el que el Gran Walt se toma un respiro y lo reemplaza Sal Buscema, algo así como que en un partido de la Selección se lesione Messi y lo reemplace yo. En años posteriores, Buscema va a sintonizar mucho mejor la onda que Simonson le quería dar a esta serie, y hasta va a ser el dibujante titular de los últimos números, donde nos dará las mejores páginas de su extensa carrera. Pero acá no lo salvan ni las onomatopeyas de Workman, ni el color de Steve Oliff ni la posibilidad de entintarse a sí mismo.
Otro que me decepcionó profundamente es Junji Ito, que me cagó como de arriba de un puente con Soichi y sus Maldiciones Caprichosas, un tomo de muchísimas páginas con historietas de 2011 que me parecieron pésimas. Si la idea era que las historias de Soichi me dieran miedo, no sucedió. Si era que me causaran gracia, tampoco. Si buscaba que me identificara con algún personaje, tampoco. La única historia que me generó algo mínimamente cercano a la sensación que uno asocia con un buen relato de terror fue “El ataúd”. Todo el resto es un naufragio absoluto, repleto de situaciones muy forzadas, sin onda, sin sorpresa. Con dibujos que oscilan entre buenos y excelentes, y con algún que otro diálogo ingenioso, pero muy lejos de lo que uno espera de un capo como Junji Ito. Una pena, porque Ivrea le puso el alma a la edición.
Bastante más rico para el análisis me resultó Me Prometiste Oscuridad, el nuevo trabajo de Damián Connelly, ahora como artista integral. El comic venía con la chapa de haber vendido cantidades impresionantes en EEUU, y la verdad es que no me defraudó. Hay un momento de la trama, cerca del final, en el que Connelly parece acelerar y resumir en pocas páginas un montón de escenas que, narradas al ritmo de los dos primeros tercios del libro, podrían haber abarcado no menos de 40 o 50 páginas más. Como si originalmente hubiese planificado una saga de seis episodios y luego la hubiese comprimido en cuatro. De hecho, el cuarto episodio es bastante más extenso que los tres primeros, así que por ahí es el resultado de haber metido en esa última entrega material originalmente pensado para desarrollarse en varias más. Irónicamente (o no) esa acelerada le viene muy bien al relato, le sacude la modorra, lo obliga a no colgarse en detalles menores y centrarse en el conflicto principal. Connelly, además, consigue meter ese cambio de ritmo sin sacrificar lo que (creo yo) más le interesa, que es el desarrollo de estos personajes, una versión dark y apenas kinky de los mutantes de Marvel. Reducido a su esencia, Me Prometiste Oscuridad es la enésima batalla entre los mutantes buenos y los mutantes malos. Pero (como en La Extraña Desaparición de Barnabás Jones), Connelly logra revestir esa trama tan trillada con varias capas interesantes de desarrollo de personajes, ideas ingeniosas en materia de narrativa, buenos diálogos, poderes locos, algún subplot atractivo, pinceladas de sexo explícito y una impronta oscura que los comics de superhéroes de Marvel no nos van a mostrar jamás. ¿”Los X-Men de Vertigo”, dijo alguien por ahí? Ponele. No es una mala definición. Y después está el tema gráfico. Connelly vuelve a dibujar, ya mejor de la lesión en el brazo que lo alejó de los lápices y lo llevó a convertirse en guionista, y la verdad que lo hace muy de a poco. Me Prometiste Oscuridad se apoya muchísimo en el trabajo sobre fotos, más que cualquier otra historieta de los últimos años. Los fondos son fotos retocadas, los personajes son fotos retocadas (la profusión de masas de negro hace maravillas para integrar al dibujo imágenes tomadas de distintas fuentes) y en todo caso la imaginación de Connelly aparece cuando nos muestra alguna que otra criatura monstruosa que no se puede fotografiar porque no existe en la realidad. En el contexto de la trama, nada de esto hace demasiado ruido ni llega a provocar rechazo, porque de alguna manera, Connelly logra darle a estas imágenes tan estáticas cierta fluidez. “De alguna manera” no: manipulando de forma inteligente la puesta en página y el tempo narrativo. El final está bien, no cierra todo pero resuelve lo más importante. Y shockea al lector, que no se imagina nunca que va a pasar… algo que pasa al final. O sea que es un relato sólido, que toma cierta distancia del lector, que trata de ocultar la estridencia que le es intrínseca, y que lo hace muy bien, de manera llevadera y por momentos realmente atrapante. Ya hay una secuela de Me Prometiste Oscuridad, publicándose en EEUU. Ojalá le sirva a Damián para recuperar la práctica, la gimnasia del dibujo y eventualmente volver a una línea más personal, con expresiones faciales y corporales propias, diseños de vestuario y decorados propios y menos dependencia de la masa negra para amalgamar imágenes que vienen de fotos. Nada más, por hoy. Seguramente antes del finde haya más reseñas, acá en el blog. Gracias y hasta pronto.

jueves, 3 de marzo de 2022

A TODA MARCHA

Bueno, vengo leyendo bastante. Y por suerte no me está faltando tiempo para sentarme a escribir reseñas. Antes de fin de mes vamos a hacer una pausa de unos 15 días, pero mientras tanto, vengo bastante embalado. Después de haber coleccionado durante años las revistitas, cambié mis Thor de Walt Simonson por los libros, donde me encuentro que las historietas fueron notablemente recoloreadas por el maestro Steve Oliff y su tropa. No me quiero enfrascar en el debate acerca del recoloreado de comics clásicos, porque no me considero un experto en el tema. Simplemente quiero decir que esta versión, con estos colores y estos efectos, me gustaron mucho y captan muy bien el espíritu de lo que Simonson nos narra en sus historias. En cuanto a los guiones y los dibujos, me sorprendió el hecho de que me acordaba bastante… y eso que leí estas historietas por primera vez hace más de 30 años. Por ahí en algún momento, cuando completé la colección, las releí todas de un saque y por eso me las acuerdo. Lo importante es que están muy bien, no se sienten antiguas, tiene una fuerza increíble y, comparado con los números de Thor inmediatamente anteriores al 337 (que es donde Simonson asume como autor integral), acá hay un salto de calidad que se mide en años luz, o eones. Si pasás del último número de Stan Lee al primero de Simonson, se entiende todo y te ahorrás el mal trago de ver cómo una serie que en los ´60 era una aplanadora decae mes a mes durante toda la década del ´70 y llega al ´83 de milagro, enchastrada en el fango de una mediocridad alarmante. Y lo mejor de todo es que Simonson no viene a recontar las historias de Lee y Kirby. Se nutre un poco de esa etapa de gloria, pero claramente su intención es ir para adelante, es inaugurar la Era Moderna del Dios del Trueno con otro tipo de historias, nuevos personajes, nuevos vínculos entre los personajes que ya existían, etc. Y con algo a lo que Walt le saca un provecho enorme que es la posibilidad de planificar a largo plazo. Este es un material clásico, acerca del cual ya se escribió mucho, así que no me quiero poner a analizarlo de manera puntillosa. Sí me interesa recomendarlo, para que el fan de Thor (o de Simonson) que todavía no lo haya leído, se tire de cabeza y lo disfrute. Por ahí cuando encare la lectura de los otros cuatro tomos encuentro elementos para plantear algún tipo de crítica o de discusión, pero por ahora esto me sigue pareciendo tan alucinante y tan impactante como cuando lo leí de adolescente. Ah, magnífica la edición del TPB, con un montón de extras copados.
Durante 2021 la editorial Sudamericana publicó un libro de humor de Gustavo Sala titulado Buenos Aires en Pelotas, ingenioso guiño al Buenos Aires en Camiseta del legendario Calé. En general, cuando los capos del humor gráfico revulsivo o transgresor publican en estos grandes oligopolios que dominan la industria del libro, salen trabajos blanditos, domesticados, donde la identidad temática o incluso gráfica de los autores se puede llegar a diluir en ese intento por llegar a un público lo más amplio posible. Gustavo Sala, en cambio, abre una página del libro con la frase “me cogí tres bebés con Down y les hice caca en la boca”. O sea, esto es sin concesiones. Es Sala puro, con toda la carga desmesurada y genial de escatología, sexo y delirio que el marplatense despliega normalmente en sus historietas para medios más cercanos al under. Las distintas historietas, viñetas y chistes giran en torno a la ciudad de Buenos Aires, y además de analizar la vida y el ecosistema de los porteños desde la guasada y la bizarreada, el autor mete reflexiones muy afiladas acerca de la proliferación de indigentes, los curros inmobiliarios del funesto Rodríguez Larreta y otros aspectos bastante oscuros y sórdidos de la vida en la capital argentina. Hay muchos momentos para reírse, otros para decir “nah, te fuiste a la mierda”, pero también hay momentos en que el humor gira en torno al drama de la gente que vive en la calle y come de la basura. Barrios, edificios, monumentos, taxis, subtes, colectivos, pizzerías, cines, teatros, estadios, bares y fondas forman parte de este recorrido en el que Sala satiriza las más sacrosantas instituciones porteñas con una mala leche sumamente disfrutable y con esa impronta tan típica del autor que hace que uno sepa dónde empieza el chiste pero no dónde puede llegar a terminar. No sé si Buenos Aires en Pelotas está entre los mejores trabajos de Sala. Probablemente no, porque me consta que se divierte más jodiendo con la fauna del rock que con el tango, los vendedores ambulantes y las bicisendas. Pero tanto si sos porteño y amás a Buenos Aires como si la visitaste alguna vez ocasionalmente y dijiste “no vuelvo nunca más”, el libro te va a arrancar varias sonrisas y alguna que otra carcajada estridente. Y además vas a ser testigo de cómo el dibujo de Gustavo Sala sigue su curva ascendente. Como siempre, es humor para gente a la que no le molestan los chistes de porongas, caca y curas pedófilos. Si eso no te escandaliza ni te repugna, ponete en pelotas y corré hasta la librería de tu barrio a buscar este libro. Me despido por hoy, no sin antes contarles a quienes siguen este blog desde San Nicolás que en martes 8 presento ¿Quién quiere ser superhéroe? en la librería El Buen Libro. Y a quienes nos leen desde Rosario, los espero el miércoles 9 en la sala Irma Peirano del Centro Cultural Roberto Fontanarrosa. En ambos casos la cita es a las 19 hs y van a poder comprar el libro a precio promocional y llevárselo firmado. Nos vemos pronto.

martes, 4 de agosto de 2020

THOR: VIKINGS

Pleno verano en Agosto, y así, en remera, pantalón corto y ojotas, me siento a redactar un textito acerca de lo último que leí. Años y años busqué el puto TPB de Vikings con menos éxito que un ministro de salud chileno enfrentando la pandemia. Así que cuando un amigo me ofreció la miniserie en revistitas, me resigné y dije “adentro”. Veamos con qué me encontré al recorrer estos cinco numeritos (llenos de avisos publicitarios uno más horrendo que el otro) escritos por Garth Ennis y dibujados por Glenn Fabry. El dibujo está bastante bien. No descubro nada si digo que Fabry se luce muchísimo más como portadista que como dibujante de historietas. La portada de Fabry comparada con el dibujo interior de Fabry es más o menos como el opening de los Thundercats comparado con la animación de los episodios. Ni en pedo vas a encontrar adentro del comic la magia que tira el británico en las portadas. Pero tampoco es un mediocre, ni mucho menos. Es un buen dibujante de aventuras violentas, de alto impacto visual, con un despliegue impresionante en fondos y escenas de multitudes, con cientos de cuerpos en movimiento. El trabajo del colorista Paul Mounts le agrega un poco más de clima, que por ahí el trazo de Fabry no tiene, y realza un poco la onda de fantasía oscura y putrefacta que intenta transmitir el guion. Garth Ennis, por su parte, se da el gusto de contar una aventura de superhéroes con sus propias reglas, con muertes truculentas, alguna grosería y un Thor que no encaja mucho con el Thor que leímos toda la vida. Su Dr. Strange (sin duda el personaje secundario con más peso en la trama) tampoco se ajusta mucho a lo que uno espera en materia de caracterización, pero bueno, no importa. Imaginate que es un comic de la editorial Pindonga o Cuchuflito, y que esos no son los héroes clásicos de Marvel, si no otros inventados por Ennis. El conflicto está MUY bien planteado, el primer episodio es sumamente atrapante, y realmente te hace sentir que estamos ante una amenaza recontra-heavy y recontra-jodida. El desarrollo se hace un poco largo, se toma muchas páginas para explicarnos cuál es el plan de los buenos para frenar el embate de lo malos, y al final se resuelve todo un poquito fácil, para mi gusto. Esto mismo, narrado en 64 páginas en vez de 110, sería una bomba atómica de un poder destructivo sensacional. Estirado a 110 páginas, se diluye un poco, y se hace llevadero básicamente porque los diálogos son muy buenos y el villano es muy hijo de puta y te termina gustando ver una tras otra las atrocidades que le hace cometer Ennis hasta el momento en que recibe su merecido. Vikings tiene las dos cosas que más me gustan de las historietas del gran guionista irlandés: escenas 100% bélicas (en este caso, con un aviador alemán que le da baile a los ingleses en la Segunda Guerra Mundial) y momentos de un humor negro espeso, impregnado de exquisita mala leche. ¿En un comic de Thor? Sí, Ennis aprovecha que esto sale en un sello apuntado al público adulto y nos regala un festival de mutilaciones, violaciones (estas no las muestra Fabry), decapitaciones, tripas y hectolitros de sangre, todo en un contexto ambiguo, que combina acertadamente el horror con el humor. Me imagino a Stan Lee o a Jack Kirby leyendo Vikings, con un gesto de estupor y desolación, pensando “qué irresponsables debemos haber sido para que los personajes que inventamos caigan en manos de zarpados como este”. Como si le hubieran dado una ametralladora a un nene de ocho años y le hubieran dicho “andá, nene, andá a jugar a la plaza con el chiche nuevo”. No te quiero vender el chamuyo de que esto es comic de autor dentro del mainstream, ni que es un enfoque adulto sobre el tema de los superhéroes. Es un comic clásico, lineal, casi obvio, donde la sorpresa pasa por la crueldad, la truculencia y el grado de salvajismo con el que está contada la clásica pelea entre buenos y malos. Hay un mínimo subtexto político, un diálogo desopilante en el que George W. Bush queda como el subnormal que es, y cierto contraste (apenas esbozado) entre el aguante infinito de los vikingos y la comodidad aburguesada y desapasionada de los newyorkinos. No mucho más. Para divertirse un rato está muy bien, y si sos hardcore fan de Ennis y lo seguís a todas partes, seguro te va a encantar verlo meterse con un superhéroe clásico, noble e incorruptible como es Thor. Aguante el veranito dentro del invierno y nos reencontramos pronto, con nuevas reseñas acá en el blog.

jueves, 1 de agosto de 2019

OTRA VEZ DE A TRES

Sin más prolegómenos, inauguramos Agosto con un terceto de reseñas.
¿Alguien se puede resistir a un TPB de Thor con tres historias autoconclusivas y las firmas de Mike Carey, Alan Davis y Peter Milligan? Yo vi este Wolves of the North en oferta y le entré como María Eugenia Vidal a la cocaína, pero me dejó sabor a poco.
La primera historia, la que escribe Mike Carey, es muy flojita. Casi la nada misma. Y el dibujante (Mike Perkins) tampoco ayuda. La de Peter Milligan no la puede reivindicar ni el fan más incondicional del maestro (ni el más Milliganso): el guión es el Más de lo Mismo más obvio y predecible de la historia, también sepultado por un dibujante con escasísima onda (Miko Suayan) y uno con escasísimo talento (Tom Grindberg).
Menos mal que en el medio están esas 34 páginas escritas y dibujadas por el glorioso Alan Davis a un nivel demoledor. El guión es brillante, la bajada de línea es clara y punzante, el ritmo es trepidante, los diálogos están perfectos y el dibujo… No me hagas hablar del dibujo, que me babeo todo. Un combo inmejorable entre el raw power onda Kirby y la elegancia que asociamos con Neal Adams o José Luis García López. Los fondos son un lujo, las expresiones faciales, los cuerpos en movimiento, la planificación de las páginas, todo maravilloso. Y el color de Rob Schwager ayuda un montón a que todo se luzca aún más. Si no te querés comprar todo el TPB sólo por lo de Davis (que es lo que realmente vale la pena), el one-shot del prócer se llama Thor: Truth of History, y salió en 2008. Por ahí te conviene capturar esa revistita y gambetear el resto, que es entre mediocre y desolador.
Allá por el 26/11/18 me tocó leer el primer tomito de Manta y ahora voy por el segundo. Si me preguntás de qué se trata la serie, te tengo que contestar que veintipico de años después de una matanza atroz, el único sobreviviente reaparece para encontrar a los responsables y hacerlos mierda, uno por uno. Y ahí seguramente me dirás “pero eso ya lo leí chotocientas veces…”. Es verdad. Vista así, desnuda, despojada hasta que quede sólo el esqueleto, la historia que nos cuentan Jonathan Crenovich y Martín Mazzeo no se diferencia mucho de otras tantas que tratan de exactamente lo mismo.
Lo que hizo que yo me enganchara con Manta es cómo está contada la historia, la forma en la que los guionistas nos presentan la información, la forma en que entran y salen de escena los personajes, el ritmo, las decisiones (siempre acertadas) de dónde clavar cada flashback, el clima de misterio y tensión que se va a armando, y la infrecuente calidad de los diálogos. En esta segunda entrega, la data que manejamos es más, la misión de Santiago está más clara, el dilema moral se hace más espeso y lo único que falta (tengo entendido que aparece en el Vol.3) es un personaje femenino interesante, con un rol destacado en la trama.
El dibujo de Nacho Lázaro es muy correcto, con muchos puntos de contacto con el estilo de su maestro, el inmenso Marcelo Frusín. El color también está a cargo de Lázaro y acompaña muy bien al dibujo. Manta es una serie que va muy bien encaminada y a la que recomiendo darle una posibilidad.
Otra serie de álbumes de autores argentinos jóvenes de reciente aparición es Albión. Tuve la suerte de leerla hace unos meses en pdf, porque me la mandó el guionista y editor de la misma, mi amigo Fede Sartori. Ahora tengo en mis manos la edición impresa y la quiero recomendar, porque realmente me pareció una historieta preciosa.
El dibujo de Facundo Moyano no es para descorchar champagne, pero no le falta atractivo ni encanto. Es un clásico dibujante cuasi-realista, con una estética muy de mainstream yanki y un toque especial para dibujar escenas más introspectivas o más emotivas, donde la machaca brilla por su ausencia. Moyano casi no escatima fondos, varía mucho y bien los planos y sabe ponerles onda y expresión a cuerpos y rostros.
Del guión de Sartori no quiero contar nada, porque este primer tomito salió hace poco y prefiero que los interesados lo consigan y lo lean. Se trata del primer tramo de una aventura muy intensa, con muchos momentos fuertes, que podría funcionar muy bien en un mercado como el francés. Tienen mucho peso en la trama la ambientación histórica, un elemento sobrenatural (no lo quiero explicitar) y el hecho de que ambas protagonistas son de sexo femenino. Y también la acción, la ternura, la bajada de línea y la identificación (casi inevitable) de los lectores con Albión.
Quiero ver crecer a esta historia, quiero que se publique en muchos países y que se haga conocida o (mejor aún) popular entre el pueblo comiquero porque -de verdad- me resultó original, potente y cautivante desde las primeras viñetas. No la pongo en la lista de las Joyas Inenarrables de la Historia del Noveno Arte, pero sin dudas es una serie a seguir MUY de cerca, porque tiene todo para convertirse en un hito. Ojalá salga pronto el Vol.2.

Y nada más, por hoy. Merci beaucoup y nos reencontramos pronto con nuevas reseñas, acá en el blog.

lunes, 23 de octubre de 2017

THOR: RAGNAROK

Esta vez está muy difícil hablar de la peli sin spoilear, por eso hice algo que no hago nunca: antes de arrancar con la reseña, me puse a mirar los trailers, a ver qué cosas de las que yo quiero mencionar ya son de público conocimiento. La verdad es que los trailers muestran muchísimas de las escenas más impactantes que el neozelandés Taika Waititi hilvana a lo largo de los 130 minutos que dura la película. Y me imagino que si los ves te va a pasar lo mismo que a mí: te va a sorprender la cantidad de personajes que aparecen. Hay tantos héroes, tantos villanos, tantos personajes ambiguos… tenés para armar la línea de muñecos más zarpada de la historia.
Por supuesto, cuando hay muchos personajes pasan dos cosas: 1) el guión se saca de encima a algunos de manera prematura o caprichosa, y 2) difícilmente se los pueda desarrollar bien a todos. Acá el que más al pedo está es el Dr. Strange. A Jane Foster y a los Warriors Three (que aparecen un segundito, casi sin diálogos) no los extrañás para nada, porque el elenco se puebla de un montón de personajes nuevos, no sé si con más potencial que Fandral, Hogun y Volstagg, pero muy bien utilizados en función de la trama. El rubro con más hallazgos es, sin dudas, el de los villanos: si sos fan de Thor, ver en una misma escena a Hela, Fenris, el Executioner y Surtur te va a causar un nerdgasmo del que no se vuelve. Y además está el Grandmaster, aunque tanto el guión como la magnífica interpretación de Jeff Goldblum lo llevan más para el lado de la joda que de la amenaza.
Sí, de nuevo hay muchos chistes. Pero el equilibrio entre la comedia, el drama y la machaca épica funciona realmente muy bien. La pelea entre Thor y Hulk en la arena de Sakaar probablemente sea el mejor combate entre personajes con superpoderes que vi en la pantalla grande. De alguna manera, Waititi (que además le presta su voz a un personajón) barajó la comedia onda Guardians of the Galaxy con la machaca épica (con influencias mixtas de las pelis de Peter Jackson y los comics de Jack Kirby) y le quedó un producto muy, pero muy satisfactorio.
El personaje que me hizo un poquito de ruido fue el de Thor, acá muy alejado de la versión de los comics. Es cierto que el Odinson de los comics puede ser un poco aburrido, siempre tan heroico, tan noble, tan pendiente de la aprobación de Odín. Pero el Thor de Chris Hemsworth (el clon con lomo de Benjamin Amadeo) actúa como un adolescente medio nabo, que se hace el canchero y la mitad de las veces le sale mal. Un Thor fallido, con algunas aristas raras para el fan del comic, entre ellas un sentido del humor muy afilado y la ambigüedad moral para –cuando las papas queman, en esos partidos en los que sólo sirve ganar- cagarse un toque en los códigos y hacer trampa. Y hablando de tramposos… a Loki la verdad que le están sacando un jugo riquísimo, porque encontraron en Tom Hiddleston a un verdadero ancho de espadas. Pero verlo veletear tantas veces ya se vuelve un poco hinchapelotas. Yo le daría unas cuantas pelis de descanso.
Una vez más, los 130 minutos se me fueron volando. Me divertí muchísimo, me agarré fuerte de la butaca varias veces, se me cayó la mandíbula al piso otras tantas, me reí mucho, y lo más lindo: no pasó nada de lo que yo suponía que iba a pasar. El personaje que yo creí que moría no murió, el que yo creí que aparecía no apareció, el final que yo imaginaba no se dio, los personajes que mueren no mueren ni en el momento ni en la situación en que yo lo podría haber supuesto… La verdad es que -a pesar del tono medio light, o de comedia- el argumento es complejo, pero sobre todo impredecible. Conocer las historietas de las que abrevan los guionistas para escribir las películas tampoco ayuda a pronosticar con éxito la resolución de las tramas.
Destaco también el diseño de producción, que nos obsequia maravillas en trajes, armas, decorados y criaturas, las actuaciones de casi todo el elenco, los efectos especiales (gloriosos es poco) y sobre todo el ritmo del relato, que no decae nunca.
A los que nos fuimos recontra-manija del cine donde vimos Civil War ya nos contaron cómo sigue la historia de Tony, por qué no estaban Thor y Hulk… y ahora falta que se estrene Black Panther saber cómo sigue la historia del Capi y/o Bucky. Pero al mismo tiempo ya estamos al re-palo esperando Avengers: Infinity War, en parte porque ahí se van a explorar (supongo) las consecuencias de algunas de las muchísimas cosas grossas que suceden en Thor: Ragnarok. Impresionante lo que ha logrado Marvel con estas películas… Hace 11 años Thor no tenía serie regular y hoy entrás a la panadería y hay minas hablando de la facha de Loki o del lomo de Heimdall. Ah, ya van tres pelis de Thor, tres directores distintos, chotocientos guionistas, y todavía no escuchamos un “I say thee nay”. Dale, metan uno, una vez. No les cuesta un carajo…

viernes, 20 de marzo de 2015

20/ 03: EVERYTHING BURNS

Allá por el 14/01/14 yo llegaba a lo que creía que era el final de la etapa de Kieron Gillen al frente de Journey Into Mystery y me enteraba, gracias a los comentarios de los lectores, que la etapa en realidad terminaba en este libro, que no sigue la numeración de los anteriores, porque se trata de un ambicioso crossover de nueve partes entre JiM y The Mighty Thor, por ese entonces a cargo de Matt Fraction.
Hasta las dos terceras partes de este libro, da la sensación de que Fraction aceptó armar este crossover para darle más impacto a las ideas de Gillen. Si en el comic de Thor se hacían cargo de los peligros en los que estaba envuelto Loki, estos cobraban mayor magnitud. Una lucha a muerte en la que los Nueve Reinos estaban al borde de la extinción y que involucraba a todos los dioses nórdicos no tenía chapa si no transcurría en la revista de Thor. Sin embargo, en el tercio final vemos cómo Fraction aprovecha la dimensión que cobró esta guerra contra Surtur para traer agua a su propio molino, para resignificar varias cosas que habían sucedido en sus episodios anteriores y para abrir puntas que (supongo) explorará en episodios posteriores. Para la serie de Loki, Everything Burns era el final. Para la de Thor, Fraction se aseguró de que fuera ante todo una bocanada de aire fresco.
Dicho todo esto, cabe señalar que la saga está muy estirada. En seis episodios, a lo sumo siete, se podría haber contado lo mismo. Fraction estira más con la machaca, Gillen con los diálogos ingeniosos y las escenas más introspectivas en las que finalmente podremos dilucidar si este joven Loki se manda cagadas por error, o si sigue siendo el mismo hijo de puta de siempre. Y como en los arcos anteriores de JiM, Gillen mete mucha runfla, mucha negociación, mucho psicopateo verbal, por suerte escrito a un nivel muy, muy notable. Lo que no se le puede discutir a Everything Burns es su trascendencia: al final, casi nada queda como estaba al principio. Thor, Loki, Surtur, Leah, hasta personajes que tienen roles menores cambian al ritmo de esta epopeya en la que todo el status quo de Asgard y aledaños se ve seriamente sacudido.
Entre la rosca política, el chamuyo metafísico y la acción, la saga se hace entretenida a pesar de la extensión. La grandilocuencia, la búsqueda por todos los medios del impacto, empañan un poco esa imagen de “comic distinto” que tenía JiM, que parecía transitar por un carril más finoli, más cercano al comic de autor dentro del mainstream. Acá, Gillen choca contra el mainstream de frente y a 160 km/h, y hay que buscar las esquirlas del “comic finoli” entre una hecatombe de fierros abollados y prendidos fuego.
De los cinco episodios de The Mighty Thor, cuatro están dibujados por el inmenso Alan Davis. Fiel a su costumbre, el británico da cátedra de narrativa y combina como pocos elegancia y potencia pochoclera. El guión le da muchas oportunidades de no dibujar fondos y Davis las aprovecha, pero cuando tiene que dibujarlos, no mezquina nada. El episodio restante lo cubre Barry Kitson, muy correcto y con un colorista (Will Quintana) que lo resalta mucho más que los coloristas que le ponían en DC.
Por el lado de JiM, en tres de los cuatro episodios tenemos a Carmine Di Giandomenico (de quien ya hablé maravillas allá por el 08/02/14) afiladísimo, también complementado a la perfección por la paleta de Chris Sotomayor. Di Giandomenico tira magia en las planificaciones, en los primeros planos, en el lenguaje gestual y por ahí un toque menos en los fondos. Pero de verdad, garantiza un nivel impresionante, muy superior a la media de lo que se ve en las revistas mensuales de Marvel. Para el último episodio, cuando Gillen busca recuperar esa pátina de “comic finoli” baqueteada a lo largo de páginas y páginas de machaca, acierta al convocar a Stephanie Hans, una chica de estilo pictórico, con técnicas similares (aunque no al mismo nivel) del chino Benjamin, que se concentra más en los climas, las sensaciones y las pausas, aprovechando que es un capítulo prácticamente sin acción. La verdad que toda la faz gráfica del libro está cuidadísima y no hay que fumarse ni media página dibujada por los crotos impresentables que nos infligieron en los arcos anteriores de JiM.
Y ahora sí, se terminó la saga del Loki joven y su Journey Into Mystery. Ni en pedo me cebó como para darle la razón a los que la rotularon como “el Sandman de Marvel”, pero sí alcanzó como para interesarme por otros trabajos de Kieron Gillen, por ahí menos contaminados por los crossovers y demás parafernalia marketinera. Veremos cómo me va cuando me ponga a leerlos…

lunes, 23 de junio de 2014

23/ 06: ULTIMATE COMICS THOR

Este libro recopila una miniserie de 2010 protagonizada por el Thor de los Ultimates, e intersecta sobre el final con aquella recordada miniserie de Mark Millar y Bryan Hitch. Bah, recordada por algunos. Yo la leí en su momento y no me acuerdo nada. Me acuerdo que el dibujo me pareció espectacular y el guión... más o menos. Acá, la idea de Jonathan Hickman y Carlos Pacheco es darle un background, un mayor espesor dramático a ese personaje que nos mostrara Millar en The Ultimates. Y lo logran a medias.
¿Por qué no cerré este libro entre aplausos y ovaciones? Porque lo firman Hickman y Pacheco y yo de esos dos monstruos espero mucho más. El dibujo del ídolo español pareciera esforzarse por ocultar su identidad, los rasgos estilísticos que distinguen a Pacheco de los otros 500 tipos que manejan correctamente el dibujo de superhéroes. Visto de lejos, parece un clon mediocre de Bryan Hitch. Cuando lo mirás de cerca, aparecen la fuerza, la salvajada, ese dinamismo que Pacheco le sabe imprimir a sus páginas. Las composiciones virtuosas, las angulaciones originales, la solvencia en las poses y las expresiones faciales, incluso en las difíciles. Bien mirado, este es un gran laburo de Pacheco, pero por algún motivo indescifrable (que tal vez tenga que ver con la mano de tres entintadores distintos), el talento del gaditano está oculto bajo un maquillaje que lo hace parecer (en la superficie) un dibujante del montón.
El guión está dividido en tres épocas: una muy remota, en la que los asgardianos vencen definitivamente a los gigantes de hielo; la Segunda Guerra Mundial, en la que el Barón Zemo descubre la forma de invadir Asgard y generar un ragnarok; y la época actual, en realidad los días previos a la aparición de Thor en la primera saga de The Ultimates, cuando este personaje inescrutable, de memorias borrosas, afirma ser un verdadero dios ante la mirada atónita del Dr. Braddock y su hijo Brian.
El tramo en el que Thor, Loki y Balder machacan a los gigantes es predecible, pero muy disfrutable. El tramo en el que los nazis de Zemo forjan la alianza con los gigantes de Jotunheim para invadir Asgard es un delirio sin pies ni cabeza, seguramente producto del consumo de drogas duras mezcladas con pintura para paredes, líquido limpiamuebles y varios potes de Activia vencidos. El ragnarok también es predecible pero intenso, con muy lindos momentos como cuando a Loki... no te quiero contar lo que le pasa a Loki.
Y lo mejor, lejos, es lo que sucede en la actualidad: los diálogos entre Thor y el Dr. Braddock, las intervenciones de Brian y sobre todo ese giro impredecible y a la vez notable en el que Hickman fusiona al personaje de Don Blake con... no, tampoco te lo puedo contar porque te cago una sorpresa grossa. Después, sobre el final, afloja un poco. Las escenas con Nick Fury me resultaron blanditas y las últimas ocho páginas están ahí simplemente para dejarte en claro que esto empalma con lo que ya leímos en The Ultimates.
Si te ceba mucho la versión Ultimate de los Avengers, es muy probable que quieras tener este libro en tu biblioteca, porque funciona como complemento de esa serie y tira puntas que –sospecho- el propio Hickman retomará en su etapa al frente de The Ultimates. Si sos fan del Thor clásico, la verdad que no te recomiendo esto, porque todo lo que pasa acá o bien ya pasó mejor en el Universo Marvel Posta, o está puesto para des-bizarrear, para explicar la presencia de un dios nórdico en el mundo actual de un modo más digerible para los lectores actuales. Y si sos fan de Carlos Pacheco o de Jonathan Hickman, sin demasiado esfuerzo vas a encontrar obras mejores de estos dos maestros, que acá –sin verdulear ni tirarse a chantas- no brillan ni por casualidad como en otros trabajos, dentro y fuera de Marvel.

viernes, 21 de febrero de 2014

21/ 02: THOR: THE MIGHTY AVENGER

Hoy como ayer, me toca deleitarme con el trabajo de un maestro del claroscuro. Chris Samnee (que de él se trata) no dibuja parecido a Leandro Fernández, pero entiende como el rosarino la fuerza que tiene el dibujo cuando es sólo mancha negra y espacio blanco y además, aunque está perfectamente inserto en el mainstream yanki donde todo se publica a color, se le nota que piensa la historieta en blanco y negro. Samnee tiene una anatomía tranqui, que no se regodea en músculos imposibles ni en poses estridentes pasadas de rosca. Y lo más lindo: maneja unas expresiones faciales fascinantes, dignas del mejor Ty Templeton. Por si faltara algo, su gran capacidad para la síntesis y su uso de las masas negras lo emparentan, además, con Alex Toth. O sea que estamos frente a un dibujante con un estilo muy atractivo, muy personal, a años luz de los Juan Carlos Flicker que recurren todo el tiempo a la foto y de los pavos que sobredibujan y llenan las viñetas de rayitas innecesarias. Que un dibujante como Samnee se haya impuesto en un contexto tan adverso, donde se valora tanto a los que hacen todo lo contrario a lo que hace él, resulta tan asombroso como meritorio.
Lo que más me sorprendió de este libro, sin embargo, son las fechas en las que se publicaron originalmente estas historietas. Varias de ellas salieron en 2010, es decir, bastante antes que la primera película de Thor. Sin embargo, el guionista (nada menos que el prócer neozelandés Roger Langridge, un fetiche de este blog) ya juega con varios elementos de los que –creía yo- se habían inventado para la peli. Langridge des-bizarrea el origen de Thor, desconoce olímpicamente a Don Blake, le da onda, chapa y personalidad a Jane Foster (la cambia tanto que se podría haber llamado de cualquier otra manera) y explota esa veta tan atractiva que es mostrar a Thor como un tipo medio alienígena, al que le cuesta bastante adaptarse a los EEUU del presente, porque viene de una cultura radicalmente distinta. Y no puedo creer que a Langridge se le haya ocurrido hacer negro a Heimdall. Eso seguro se lo impuso algún capanga de Marvel que ya sabía que en la peli el personaje iba a estar a cargo de un actor afroamericano.
Hasta ahí llegan las coincidencias con la versión fílmica de Thor, porque Langridge le reserva a Loki un rol MUY chiquito y –lo más loco- nunca llega a mostrarnos a Asgard. La meta de Thor es volver al Reino Eterno, pero en estos nueve episodios no lo logra. Ni siquiera confronta con alguno de los villanos asgardianos, o con los gigantes de hielo, y a Sif (que aparece en la ilustración de la portada) ni siquiera la nombran. Supongo que el guionista se guardaba a los villanos asgardianos (y a Odin) para más adelante, un más adelante que nunca llegó, porque la revista vendió poco y duró menos. Lo cierto es que en estos episodios el neozelandés rompe la tradición de los comics de Thor, esa que impone buscar un equilibrio entre cosas que suceden en la Tierra y cosas que suceden en Asgard. Acá todo pasa por la Tierra, por la relación entre Thor y Jane y por los encuentros de Thor con algún que otro villano y unos cuantos superhéroes de nuestra dimensión. El Dios del Trueno pareciera llegar “con todo ya empezado”, porque Langridge nos muestra a los otros héroes (Giant Man y Wasp, Captain Britain, Namor, Iron Man) como más asentados en lo suyo, más curtidos en comparación con este extranjero en tierra extraña que va por ahí, medio a los tumbos, dándose cuenta sobre la marcha de cómo viene la mano. Por supuesto, el coraje y la nobleza de Thor lo harán ganarse rápidamente la confianza y la amistad de estos paladines.
Como suele suceder en el mainstream superheroico, varias de las peleas que nos muestran Langridge y Samnee están al pedo, porque claramente les interesa más mostrarnos otra faceta del personaje. Sin embargo, estas no eclipsan a los momentos más intimistas, a la “comedia romántica” entre Thor y Jane, que está finamente elaborada y sostenida por excelentes diálogos, silencios, miradas y seguramente algún encuentro sexual de alto voltaje, que no está, pero que uno se puede imaginar dónde se produce sin mayor dificultad. Si te gusta Thor, dale una chance a esta versión medio descolgada de su “year one”. Y si sos fan de Samnee o de Langridge, aprovechá para disfrutarlos en una serie muy linda, muy ganchera, muy reader-friendly, en la que los dos pusieron mucho huevo y mucho talento. Habrá más trabajos de ambos muy pronto, acá en el blog.

martes, 14 de enero de 2014

14/ 01: JOURNEY INTO MYSTERY Vol.4

Mirá qué mala leche... La etapa de Kieron Gillen al frente de Journey into Mystery se termina justo con el mejor arco argumental de toda la serie. The Manchester Gods es una saga cortita, de apenas tres episodios, y además es excelente. Acá no sobra nada, hay cero relleno. Gillen aprovecha cada viñeta para hacer avanzar la trama, para sumarle espesor a los dilemas morales, para meter cada tanto un chiste que descomprima la situación, o para explicar algunos puntos oscuros típicos de un comic “de rosca”, como para que no se pierdan los giles que leían esto en revistita y ni siquiera tenían la decencia de seguir la serie desde el primer número.
Esta vez, el joven Loki y Leah caen en Inglaterra (en realidad, en la dimensión en la que se manifiesta el inconsciente de Inglaterra) para una historia simple (a pesar de estar llena de elementos míticos y místicos), que va todo el tiempo para adelante, y en la que Gillen encuentra un rinconcito donde meter una aguda reflexión sobre su país y el rol que cumplió en la modernización del mundo. También, ya que está, trae de vuelta a Daimon Hellstrom (se ve que recibió buen feedback tras la aparición del Son of Satan en el arco anterior) y mete dos homenajes, uno muy sutil y uno muy cabeza, al maestro, al referente de todos los guionistas británicos, el glorioso Alan Moore.
La etapa del joven Loki como protagonista de su propia serie cierra con la dosis exacta de ambigüedad, como para mantener intacta la intriga inicial. ¿Qué onda este nuevo Loki? ¿Le podemos creer que está buscando la redención? ¿O estamos seguros de que las cagadas que se manda no son fruto de la mala suerte sino de una perversa y calculada intención de complicarle la vida a los otros asgardianos? Gillen deja abierto el interrogante y sobre el final le cobra cara a Loki una de sus runflas más sombrías, el acueste que le hizo a Hela en el Vol.2.
Y como con las 64 páginas de The Manchester Gods no se llena un TPB, a alguien se le ocurrió complementar este tomo con un annual de Thor, escrito por J.M. DeMatteis, que lo único que tiene en común con JiM es que está dibujado por Richard Elson. La aventura de Thor es cósmica, grandilocuente, e involucra a Galactus y al Silver Surfer. De hecho el protagonista real es el Surfer y los antagonistas son Scrier y The Other, dos poderosísimas entidades cósmicas a las que el heraldo de Galactus ya conocía de la época en que DeMatteis escribía su serie regular. La historia tiene mucho ritmo, un cierto regusto ochentoso y muchos bloques de texto muy bien escritos. La banco a full, con dos salvedades: 1) Sobra la machaca. Todo el conflicto se podría haber resuelto sin revolear una sóla trompada (ni un martillazo), y si están todas esas escenas en las que Thor y el Surfer combaten a esos aliens flacuchos, es sin dudas para cumplir con el decálogo del comic de superhéroes, que exige peleas en todas las aventuras. 2) Sobra Thor. Absolutamente todo lo que cuenta DeMatteis se podría contar sin involucrar al Dios del trueno, sólo con el Surfer, o mejor todavía, sólo con Galactus.
Y mirámelo a Richard Elson... No sólo pasó de suplente a titular en JiM, sino que logró que su annual de Thor (irrelevante en el contexto general de lo que sucedía en las series regulares ambientadas en Asgard) se recopilara junto con The Manchester Gods. Su trabajo junto a Gillen no varía mucho de lo que vimos en el tomo anterior. Es correcto, pero le falta onda e identidad. En las 44 páginas junto a DeMatteis, Elson muta levemente su estilo para parecerse bastante a Jim Starlin, capo de la machaca cósmica, al que el inglés le copia (no literalmente) muchos trucos de puesta en página y hasta de composición de las viñetas. Mirado muy de lejos, este comic parece dibujado por Starlin, con menos horrores de anatomía, claro. Y lo otro que le da al annual de Thor rasgos propios, muy distintos de los de JiM, es el espectacular trabajo de los coloristas Morry Hollowell y Will Quintana, que realzan los dibujos de Elson hasta el infinito y más allá con todo tipo de efectos de altísimo impacto visual. Todo lo chato o adocenado que pueda parecer el dibujo, lo levanta la magia del color.
En síntesis, no me hice hardcore fan de Kieron Gillen como para comprarle todos los comics en los que mete mano, pero estuvo bueno descubrir a un guionista decididamente distinto, con otra forma de encarar este tipo de relatos. La próxima vez que genere un proyecto atractivo y con buenos dibujantes, cuenta con mis manguitos. Y aguante Loki que –a pesar de las muchas derrotas cosechadas a lo largo de las décadas- ya era un villano de infinita chapa mucho antes de Tom Hiddleston y su notable performance en la pantalla grande.

miércoles, 6 de noviembre de 2013

06/ 11: THOR: THE DARK WORLD

A esta película algunos la denominan “Thor 2”, pero en realidad es más Thor 3. No sólo retoma muchas cosas de la primera peli de Thor (la reseñamos el 25/04/11) sino que también es continuación directa de Avengers (reseñada el 23/04/12): Loki, el tesseract, el Dr. Selvig... todo eso viene del mega- blockbuster de Joss Whedon.
Pero además, estos 112 minutos se la bancan muy bien por sí solos, a fuerza de una dosis zarpada de machaca y emoción. Los guionistas (entre los que está el prolífico Christopher Yost) lograron un gran equilibrio entre la acción, la intriga palaciega, el romance y la comedia, muy bien condimentada con unas cuantas referencias comiqueras, especialmente apuntadas a los fans de la etapa de Walt Simonson. Hay muchas secuencias impactantes, muchas muy emotivas, mueren personajes importantes... pasa de todo. Pero me quedo con una cerca del final, donde a los guionistas se les ocurre una fumanchereada tan extrema que creo no haberla visto en ningún comic. El resultado es una pelea a todo o nada entre Thor y el principal villano totalmente hipnótica y MUY difícil de filmar. Ahí hay un mérito enorme del director Alan Taylor y, como siempre, de los magos de los efectos especiales, que acá dejan la vida. Impresionante también el diseño de producción. Esta peli le rompe el culo A TODAS las anteriores de Marvel en ese rubro. Acá vas a ver criaturas, escenarios, naves, armas y trajes que desafían los límites de la imaginación, que le hacen un upgrade grosero a todo lo dibujado por Jack Kirby, John Buscema, Simonson, Romita Jr.... los que quieras.
El guión tiene muchos logros (darle onda y chapa a Jane Foster ya es, de por sí, una victoria 6-0 de visitante en el Maracaná) y un sólo problema: el plan del villano. El tipo encuentra de casualidad el arma ancestral e imbatible que le va a permitir sumir en la oscuridad a los Nueve Reinos... justo un par de días antes de la Convergencia, cuando se debilita al máximo la barrera entre los reinos, algo que sucede una vez cada 5000 años. Entiendo que eso le da un matiz mucho más épico al combate con Thor, porque es mucho más lo que está en juego. Pero es medio forzado. Y al villano además le falta un poquito de profundidad. Nunca sabemos por qué sueña con hacer mierda a los asgardianos.
Aún así, la interpretación de Christopher Eccleston es fabulosa, oscura y perturbadora, y el malo tiene escenas memorables. Otros actores que secundan a Chris Hemsworth y Natalie Portman y por momentos los opacan son Stellan Skarsgård (su Dr. Selvig es cada vez más grosso), Rene Russo (mucho mejor que en la peli anterior, con pocas escenas, pero importantes), Adewale Akinnuoye-Agbaje (no te quiero decir en qué se convierte este morocho pulentoso, porque es un hallazgo genial), el maestro Anthony Hopkins (con más escenas que en la peli anterior) y Kat Dennings, perfecta en el rol de la sidekick atorranta de Jane Foster, con muchos minutos en pantalla y varios diálogos gloriosos. Y por supuesto, el impagable Tom Hiddleston, que le pone el cuerpo al mejor Loki de la “trilogía”, que levanta chapa como nunca antes, protagoniza los giros argumentales menos predecibles y se roba la película cada vez que aparece.
The Dark World es una peli entretenidísima, que se va al carajo varias veces, siempre bien. Un festival para los ojos difícil de superar, con un peligro grosso y palpable, un gran laburo en casi todos los personajes (que enfrentan conflictos externos e internos, en los que siempre están en juego la integridad y la lealtad), el enorme esfuerzo que significa hacerse cargo de todo lo que pasó en dos largometrajes anteriores y por supuesto, la posibilidad de abrir puertas, tanto para una tercera peli de Thor como para Guardians of the Galaxy, que tiene su prólogo (sorprendente, zarpado, impredecible) en la escena que aparece justo después del elenco. Si te querés quedar hasta el recontra-final, hay una escenita extra más, con un chiste muy gracioso y un moñito para la historia de amor entre Thor y Jane.
Si viste y disfrutaste la primera de Thor y la de los Avengers, no te pierdas esta por nada del mundo.

lunes, 2 de septiembre de 2013

02/ 09: THOR: DISASSEMBLED

A veces pasa que se impone la lógica. Lo que hizo Dan Jurgens con Thor fue tan grosso, tan definitivo, que no tenía mucho sentido seguir adelante con la serie una vez que él la dejara. Y así es como La revista lanzada en 1998, cierra en 2004, tras 85 episodios de un nivel promedio muy, muy alto. Jurgens no se queda hasta el final, por eso estos seis episodios finales caen en manos de Michael Avon Oeming, el dibujante de Powers, que es un fan a muerte de la mitología nordica, y además autor de un comic de vikingos y asgardianos llamado Hammer of the Gods, que había salido sin armar demasiado revuelo unos años antes, en 2001.
La saga final de Thor a cargo de Oeming tiene dos problemas, ninguno demasiado grave: 1) es medio brutal el salto del último episodio de Jurgens al primero de Oeming. Tanto que –de todo lo que contó Jurgens en sus últimos años al frente de Thor- lo único que se menciona en el repaso con el que abre Oeming es la muerte de Odin y el ascenso del Dios del Trueno al trono de Asgard. El resto (toda la compleja trama de Thor jugando a ser Dios, mientras la ciudad de los dioses flota sobre Manhattan) se ignora por completo. De golpe volvemos al Thor más icónico, sin barba, con cara de pendejo y con ese traje feo, el de los botones enormes y los brazos al descubierto. Hubiese estado mejor una transición más “suave” de un arco a otro.
Y 2) este último tramo está bastante estirado. La cosa se pone realmente interesante por la mitad del tercer episodio, mientras que Oeming dedica el primero y el segundo a una mínima explicación de qué es el Ragnarok para los dioses nórdicos y a una excesiva cantidad de combates, uno más cruento que otro, entre Thor, sus aliados y sus enemigos. Con 50 páginas menos, Disassembled sería mil veces mejor.
Todo esto no empaña la genialidad de la última vuelta de tuerca que pega el guionista. Una vez que Thor adquiere la sabiduría que nunca nadie tuvo y se da cuenta de lo que nadie nunca se dio cuenta, la trama se eleva muy, muy por encima de la machaca sanguinolienta. Y ahí sí, alcanza el status mítico, el carácter definitivo, que identifica a los grandes cierres de las grandes sagas. Thor descubre el mecanismo cíclico del Ragnarok (en realidad, de los Ragnaroks) y decide desactivarlo, aunque esto signifique dejar de existir. No sólo él: todos los dioses, buenos y malos, se repliegan al plano de la no-existencia, no sin que antes Oeming saque del medio a Beta Ray Bill, Valkyrie y algún otro personaje que pudieran necesitar sus colegas mientras Thor estuviera en el limbo.
La escena final del libro es un acto de unos huevos increíbles, incluso en esta serie, en la que Jurgens nunca se cansó de impactarnos con su inolvidable despliegue de unos huevos gigantescos. Es un cierre fatídico y profundamente conmovedor, que además le saca jugo y le agrega sentido a la clásica contradicción de Thor, la del dios asgardiano que la pasaba bárbaro en la Tierra y muchas veces priorizó a los humanos por sobre su estirpe divina. Un lujo y una gloria, ya casi sobre el final de la irrepetible era de Marvel capitaneada por Joe Quesada y Bill Jemas.
Del dibujo, lo mejor que puedo decir es que hay un sólo dibujante que se banca los seis episodios consecutivos, algo que casi no sucedió en los 79 números de Dan Jurgens. Bueno, tampoco es para tanto... Andrea de Vito no es un desastre, ni un muerto impresentable. Es simplemente un dibujante flojo, sin imaginación, sin un estilo original, ni lindo, sin ideas novedosas a la hora de armar la página, duro en las expresiones faciales (hay que darle una serie protagonizada por R2-D2 y C3-PO). Acá lo ayuda bastante el color de Laura Villari, pero no alcanza para ponerlo ni cerca de un nivel que le haga justicia a la magnitud de los guiones.
Y como ya sabés (o te imaginás) unos años después de este hermoso final, la historia de Thor volvió a empezar, con ooootra vuelta de tuerca que le permitió a ooootro guionista (el maestro J.M. Straczynski) traer de vuelta al Dios del Trueno y reintegrarlo al Universo Marvel. Por amor a lo que hicieron Jurgens y Oeming, no lo voy a leer. Sé que arranca bien, porque leí los dos primeros episodios, intrigado, a ver cómo carajo hacían volver a Thor. También sé que la peli de 2011 afana bastante de ahí. Pero hasta ahí llego. No me copa tanto Thor como para arrancar con otra etapa, y menos después de lo mucho que me gustó esta. Ahora me falta sólo comprarme en libro los... 30 primeros episodios, que los tengo en revistitas, y se acabó Thor, por lo menos para mí.

miércoles, 7 de agosto de 2013

07/ 08: THOR: GODS & MEN

Y se terminó el glorioso Thor de Dan Jurgens. Queda un tomo más, cortito, casi un epílogo, escrito por otro autor y prometo leerlo pronto. Pero la saga grossa, la epopeya definitiva de Thor que se animó a llevar al rubio a donde nunca nadie lo había llevado, llega a su fin en este voluminoso tomo que abarca nada menos que 12 episodios.
El dibujante es del montón, es cierto. Pero de los 12 episodios dibuja 11! Después de tanta rotación entre tanto pecho frío incapaz de comprometerse a mediano plazo con la propuesta de Jurgens, la verdad es que uno ovaciona a Scott Eaton como si fuera... Alan Davis. Y sí, Eaton se esfuerza MUCHO por parecerse a Alan Davis. Tiene viñetas en las que trata de ser Neal Adams y en la inmensa mayoría, chorea a mano armada a Davis. Claro que Eaton no llega ni cerca de la magia del británico. Sin ser desastroso ni mucho menos, el dibujo se ve adocenado, falto de imaginación, cumplidor –es cierto- pero para nada descollante. Y el capítulo que no dibuja Eaton se lo dan a Roger Robinson, aquel que dibujara muchos años la serie de Azrael, mejor que en aquella etapa, pero también lejos de lo que se veía en esta serie cuando la dibujaban John Romita Jr., Andy Kubert o Stuart Immonen.
El guión pega otro salto mortal. Olvidate de los míseros mortales y sus problemitas de entrecasa. Ahora es la hora de los dioses y Jurgens se concentra en la familia real asgardiana, su séquito, y ya sobre el final, en dos personajes a los que él mismo creó: Desak y Tharene, que tendrán roles muy destacados en los últimos episodios. De nuevo, hasta que nos acercamos mucho al final, escasea la machaca y gobiernan la intriga palaciega y los dilemas morales, la eterna discusión acerca de si Thor acierta o se equivoca al imponer su poder por sobre la rastrera y descarriada humanidad.
Para que todo esto sea más heavy y más dramático, Jurgens nos lleva al año 2170, cuando ya hace casi 170 años que Thor gobierna a nuestro mundo con mano de hierro. Pero no es el Thor copado, sino un tipo curtido, duro, implacable. Muchos de sus amigos murieron, o fueron exiliados, o desaparecieron. Tuvo un hijo con Amora, la Encantadora. Y perdió un ojo, un brazo y a Mjolnir. O sea... está todo tan mal, tan podrido, tan irreconocible, que vos sabés que –tarde o temprano- va a volver todo para atrás. Y efectivamente, esta línea temporal será desactivada sobre el final del tomo de modo bastante coherente (no nos olvidemos que el poder Thor acá ya es infinito) para que todo vuelva a un punto más “negociable”, en el que las manos de Thor no necesiten enchastrarse con la sangre de un genocidio.
Esto significa que al final, cuando no tiene más remedio, Jurgens juzga las acciones de Thor y decide que el héroe, el dios, el poderoso paladín, estaba meando afuera del tarro, mal. No le cobra muy caro, porque la nobleza de Thor hace que, aún en el error, el hijo de Odín mantenga altísimo su ideal de una vida mejor para todos. Pero lo obliga a recapacitar y, finalmente, a dar marcha atrás. Y nos deja para la posteridad una saga impresionante (en la que pasan miles de cosas que uno creía que sólo podrían pasar en un comic tipo Miracleman), y un futuro alternativo, de esos que los guionistas de Marvel no pueden dejar descansar ni aunque lo intenten, en el que Thor terminó por ser un déspota pasado de rosca, sólo por querer ayudar a unos humanos de mierda que nunca se lo supieron agradecer. Grossitud eterna.
Si amás al Dios del Trueno, a Loki, Sif, Balder, Amora y demás próceres asgardianos, tirate de cabeza al Thor de Dan Jurgens. Son 10 libros (más el epílogo, 11), es una guita importante. Pero posta, se justifica a full. Y además falta muchísimo para que salga una nueva saga de Thor que le haga el aguante a esta...

domingo, 21 de julio de 2013

21/ 07: THOR: SPIRAL

Ah, bueno. Esto es impresionante. Dan Jurgens se vuelve a superar a sí mismo, pero demasiado. Se pinta la jeta a sí mismo, convierte a todas las proezas del tomo anterior en boludeces intrascendentes. Si cerré el tomo anterior asombrado por los huevos del guionista, esta vez tengo que decirte que lo de Jurgens no son huevos, sino planetas ovalados. No hay límites que el autor no esté dispuesto a cruzar en su indagación acerca de la faceta divina de Thor, su vertiente de deidad viviente, palpable, su efecto en los mortales, en la repartija del poder, en la concepción de la fe y la religión.
El TPB abre con un episodio muy descolgado, más raro que bueno (aunque no malo) a cargo de Christopher Priest y Trent Kaniuga, más basado en el mito de Thor que en el propio pelilargo, que ni aparece. Y después volvemos a la extensa saga de Dan Jurgens, esa que arrancó con la muerte de Odín y fue cobrando un rumbo cada vez más extremo, más jugado, más hipnótico. En este tramo se hace más manifiesto lo que veíamos en el anterior: casi no hay machaca, porque Thor no tiene contra quién pelear. Las escenas más violentas las protagonizan los propios humanos, divididos entre los que reconocen a Thor como legítimo dios y los que se aferran a las religiones clásicas y consideran herejes a los “thoristas”. Acá hay dilemas morales maravillosos, escenas y diálogos magníficos (el contrapunto entre Thor y el cura católico en el n°64 no tiene desperdicio, es de los mejores que leí alguna vez en un comic) y cuando se ve la mano negra que manipula a las facciones en pugna, todo cierra y se hace aún más atractivo. Sobre el final, hay un arrebato de machaca, un “todos contra Thor”, que termina mal para todos menos para Thor. Ahí se cruzan varios rubicones y queda claro que la cosa va a cambiar a partir del próximo tomo y se va a poner bastante más dark.
En cuanto a los secundarios, Jurgens manda al banco de suplentes a Thialfi y Balder (que tuvieron bastante protagonismo en el tomo anterior), le da consistencia de a poco al rol de Zarko (un viejo villano de la época de Stan y Jack), vuelve a acordarse de Tharene (que en el tomo anterior ni figuraba) y le pega un sacudón importante a Jake Olson, el personaje que él mismo creó en el n°1 de esta serie. Esto que pasa con Jake es tan impactante, que seguro tendrá graves consecuencias a futuro. Y en los distintos episodios, el guión se centra bastante en personajes humanos, comunes y corrientes, a medida que explora este difícil proceso de adaptación de la gente normal a la presencia muy tangible del Señor de Asgard y sus huestes de guerreros. Ahí también hay hallazgos por parte de Jurgens, que escribe personajes muy reales, afectados de modo muy creíble por este tsunami de elementos fantásticos entre los cuales el hecho de que Asgard flote sobre Manhattan es casi una nimiedad.
¿Por qué esto no es un clásico de clásicos, venerado por generaciones enteras de viñetófilos? Porque el pobre Jurgens tuvo mala suerte con los dibujantes. En este tramo le tocaron dibujantes no sólo mediocres, sino además inconsistentes, incapaces de dibujar varios episodios consecutivos. Después de ese laburito raro de Kaniuga (con onda grafitti urbano), hay un episodio más del muerto de Joe Bennett, a quien ya sufrimos en el tomo anterior. Con tres de los nueve episodios a su cargo, los dibujantes con más presencia son Ben y Ray Lai, una dupla de crotos sin imaginación que en los primeros planos tratan sin éxito de imitar a Travis Charest. Y hablando de imitadores, tenemos dos numeritos a cargo de Paco Medina, que clona milimétricamente el estilo de Humberto Ramos, con tristes resultados, porque no tiene ni un décimo del talento del ídolo mexicano. En la superficie, lo de Medina se ve lindo. Pero no profundices en composición, narrativa o manejo del lenguaje facial y corporal, porque se hunde en cuestión se segundos. La cosa levanta bastante con un capítulo que cae en manos del siempre solvente Tom Mandrake, con excelentes trucos narrativos y una perfecta integración de la referencia fotográfica. Después tenemos un numerito a cargo de nuestro Max Fiumara, en el que probablemente sea su primer trabajo para una editorial de EEUU, y donde se ven limitaciones y falencias que hoy no vemos ni de casualidad en las historietas de este joven maestro. No es una garcha, pero comparado con lo que hace Max hoy en día, es un poquito precario. Para el postre, una historia corta, también muy rara, escrita por el ignoto Marlan Harris y dibujada por el astro japonés Kia Asamiya... en un estilo irreconocible, a años luz de sus mangas más conocidos y totalmente jugado a la splash page, sin la menor intención narrativa.
Imaginate si para esta etapa de Thor se hubiesen quedado Andy Kubert o Stuart Immonen... Hoy –que hace frío- estaríamos por tirar al fueguito de la estufa los números de Walt Simonson, y aquella hermosa saguita de Warren Ellis y Mike Deodato ya sería un bollito de ceniza, negro y retorcido como el corazón de Loki. Vuelvo pronto a la carga con un nuevo TPB de Jurgens, porque este me dejó cebadísimo!