el blog de reseñas de Andrés Accorsi
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lunes, 12 de mayo de 2014

12/ 05: EL CONDENADO

Hace poco más de dos años, el 07/05/12, comentamos otro libro llamado El Condenado, también escrito por Guillermo Saccomanno y también dibujado por Cacho Mandrafina, pero de otra editorial. Claro, ese libro reunía varios episodios de la última etapa de El Condenado, la realizada a principios de este milenio y parcialmente publicada en Fierro. Por otro lado, la editorial que se dedica a recopilar (con exasperante lentitud) los clásicos aparecidos en Skorpio, ofrece estas 120 páginas en las que podemos revivir el inicio de esta serie, los episodios con los que Saccomanno y Mandrafina pusieron en marcha la saga de Marcel Clouzot allá por 1977.
Me gusta porque Saccomanno arranca presentando con muchas pilas un status quo que jamás tuvo pensado conservar. En el primer episodio ya te tira la onda de que no te va a contar la vida de Clouzot en la cárcel de Cayena, sino que al toque se va a fugar. Y al toque se fuga, y deja de ser “el condenado”, para pasar a ser “el fugitivo”. Un par de episodios, porque después se convierte en un errante, un tipo que va para donde sopla el viento; y todo eso en los flashbacks, porque en el presente el tipo vive lo más tranquilo en Australia, donde se lo conoce como un escritor que escucha y cuenta historias en un bar cualquiera. Y lo más lindo es que no pasa lo que pasaría en una película yanki: obviamente en la versión Hollywood de El Condenado veríamos cómo Clouzot vuelve a Francia a resolver el crimen que le endilgaron, para demostrar su inocencia y limpiar su nombre, mientras lo persiguen la policía y algún villano vinculado a su pasado como recluso en Cayena. Por suerte, en la versión de Saccomanno a Clouzot le importa un carajo limpiar su nombre. El tipo asume que ya perdió todo lo que tenía para perder y empieza de nuevo, de cero.
Las aventuras de este primer tramo están bien: tienen unas cuantas sorpresas, pasan cosas bastante impactantes y hay espacio para desarrollar a los personajes, por lo menos como se desarrollaban los personajes en la historieta argentina de los ´70. Lo que no me cierra es el ritmo, MUY pachorro, muy lastrado por esa impronta literaria tan típica de Saccomanno, con mucho diálogo y miles de bloques de texto en los que se luce una prosa florida, riquísima... que queda mucho mejor en un cuento o en una novela que en un comic. Estuve todo el libro esperando más secuencias con indios como la de la página 46, porque los indios no hablan y necesitaba un respiro ante tanto palabrerío. Por suerte (y hablando en serio) casi todos los episodios tienen una linda secuencia muda, en la que los que cuentan la historia son los dibujos de Mandrafina.
Es muy notable observar cómo evoluciona el estilo gráfico de Mandrafina a lo largo de estos nueve episodios. Para el final, ya se ve claramente al Cacho de siempre, al que se consagró en Savarese y no paró de romperla desde entonces. Al principio, en cambio, se ve a un dibujante más genérico, menos personal, con algunos rasgos típicos de Lito Fernández (que fue quien lo introdujo en el mundo del dibujo profesional), con esos cross-hatchings en los fondos típicos de Arturo Del Castillo y con mucho de los dibujantes clásicos norteamericanos. Lo más interesante aparece cuando Mandrafina juega a convertir a El Condenado en Mort Cinder y extrema las iluminaciones para llevarlas a un claroscuro tremendamente brecciano, a todo o nada, a veces complementado con esos efectos de raspados, o de texturas logradas con esponjas, que tanto le gustaban al Viejo. Cuantas más sombras le permite poner la escena, más se luce el trabajo de Mandrafina y más se enrarece esta aventura -a priori tan clásica- con esos trucos breccianos que años más tarde afanaría sin piedad Frank Miller.
En fin, a la primera etapa de El Condenado se le notan bastante los casi 40 años que tiene a cuestas. Si sos fan de la historieta argentina clásica, supongo que no te importará en lo más mínimo y la disfrutarás a lo loco. Y si no, recomiendo empezar por la etapa más reciente de la serie, donde vas a ver a un Mandrafina y un Saccomanno más afilados, más aggiornados, más asentados cada uno en su estilo. Si eso te ceba mal, siempre hay tiempo para volver para atrás y enterarte cómo empieza la saga de Marcel Clouzot.

lunes, 7 de mayo de 2012

07/ 05: EL CONDENADO

Allá por Diciembre de 2010 publiqué una reseña de Cayenne, una obra de Guillermo Saccomanno y Cacho Mandrafina publicada en Francia. Recomiendo releerla antes de seguir adelante (está en la página 175 del segundo libro del blog) porque Cayenne y El Condenado son la misma historieta con distinto nombre. De hecho, el primero de los episodios incluídos en esta edición argentina (esa que pedíamos a gritos en 2010) es el mismo que el que abre la edición francesa. El resto de los episodios, por suerte, son todos distintos y no coinciden tampoco con los que publicó Fierro allá por 2007-2008.
¿Ya está? Bueno, empiezo con una fe de erratas. En la reseña de Cayenne yo decía que el bar Sweet Sodome estaba en alguna ciudad portuaria no identificada de EEUU. Y no, nada que ver. En las historias de este tomo queda muy claro que el bar está en Melbourne, Australia, un toquecito lejos de EEUU.
El libro argentino abre con ese primer episodio (fundamental para entender que este Marcel Clouzot es el mismo tipo que se escapó de la penitenciaría de Cayena en la serie que salía en Skorpio en los ´70 y ´80) y cierra con una saguita de dos, que narran una maravillosa historia ambientada en la época en que Clouzot vagaba por los mares del sur. Las casi 100 páginas del medio componen una saga extensa, la saga de Carol, en la que Clouzot se establece como chofer, valet, guardaespaldas y confidente de una prostituta fina, que atiende a clientes de la alta sociedad australiana. No es exactamente una novela gráfica (como reza un texto en la portada del libro), porque Saccomanno no oculta en lo más mínimo el formato episódico de la historieta. De hecho, cada ocho páginas y con puntualidad suiza, la trama cierra y el relato nos devuelve al presente, a la época en la que Clouzot rememora estas vivencias sucedidas en su pasado. La gran mayoría de los segmentos de ocho páginas cierran tan bien, tan lindo, que serían –además- grandes historias unitarias.
Pero el formato serial le permite a Saccomanno desarrollar a los personajes, meterse a fondo en la vida de Carol, su hijo Jimmy y este tipo aparentemente sin emociones, este pecho frío al que por dentro le pasa de todo, pero no expresa nada. Los temas centrales son la corrupción, la facilidad con la que la gente juzga al prójimo, la tensa relación entre patrona y empleado y la improbable búsqueda de la redención por parte de un veterano de mil combates que ya está de vuelta de todo. Hay algún momento tierno, algún coqueteo erótico (lógico en una historia co-protagonizada por una meretriz) y cero chistes. De verdad, ninguno. Esto es amargo como la hinchada de Independiente, no hay margen ni para la más mínima sonrisa.
Dentro de este contexto áspero, heavy, mi secuencia favorita son esos dos episodios co-protagonizados por Philip, el cajero del banco que cree que se va a morir. A esa historia, le metés tres chistes y es un capítulo perfecto de The Spirit. Lo más flojo, el de la pelea de Clouzot con los otros choferes, que aporta muy poco. El final es un toquecito anticlimático, porque Marcel venía anunciando su movida hacía unas cuantas páginas, pero está muy, muy bien narrado. El Condenado peca un poquito de algún vicio literario (citas a escritores, extensos bloques de texto), pero está bien: Saccomanno es sinónimo de buena literatura argentina y de un impecable manejo del género negro.
¿Y qué se puede decir de Mandrafina que no se haya dicho ya? Acá se puede disfrutar del maestro en un excelente nivel, con toda su fuerza, toda su expresividad. Sus autos, paisajes y mansiones son increíbles, la puesta en página es absolutamente clásica, la acción está casi des-enfatizada, mientras que las emociones de los personajes están a flor de piel, sumamente amplificadas por el dibujo de Cacho. Es alucinante todo lo que las caras de Carol y Marcel nos dicen acerca de lo que les pasa. Cosas que el texto no siempre dice, pero que el dibujo prácticamente nos las grita en la cara. Otra cátedra de este artista fundamental, protagonista absoluto de los últimos 35 años de nuestra historieta.
Manchada por la literatura, por el género negro y por el formato serial que la obliga a “volver del flashback” cada ocho páginas, la historia del Condenado está llena de humanidad, de pasión, de climas jodidos, de giros impredecibles y de bajadas de línea para el lado correcto. Creadas hace poco más de 10 años para una editorial italiana, siempre es un placer leer esto en nuestro idioma y editado en nuestro país, más allá de que en la comparación con el papel y la impresión del libro francés, este salga perdiendo por goleada.

jueves, 16 de diciembre de 2010

16/ 12: CAYENNE


No, si yo soy un boludo importante. Leo a los autores franceses en inglés y a los argentinos en francés. Me falta leer a los yankis en italiano y ya canto bingo… En este caso, la bizarreada está más o menos justificada: de las 15 historietas que trae este álbum, en la etapa actual Fierro se publicaron seis o siete y el resto jamás se tradujo al castellano. O sea, al idioma en el que escribió estas historias Guillermo Saccomanno para que las dibujara Cacho Mandrafina.
Cayenne, como muchos saben, es algo así como la secuela de El Condenado (una serie mítica de Saccomanno y Mandrafina que se publicó muchos años en Skorpio), realizada esporádicamente, sin ritmo semanal, ni mensual, ni nada, entre 1998 y 2003. Cada historieta tiene ocho páginas y son todos autoconclusivos que giran en torno al Sweet Sodome, el bar que se puso Marcel Clouzot (apodado “el francés”) en una gran ciudad que bien podría ser New York. Clouzot, además de propietario del boliche, es escritor y está siempre en busca de historias. Por suerte, entre coperas, malvivientes y el enigmático pianista Griffith, siempre está bien abastecido. Ya sea por situaciones que se viven en el bar (o sus inmediaciones) o por alguna crisis que obliga a alguno de estos personajes sombríos a revelar momentos claves de su pasado, el Francés siempre vive o escucha nuevas historias para plasmar en su máquina de escribir.
Saccomanno, que es más literato que guionista de historietas, entiende perfectamente la pulsión del Francés, y además está muy, pero muy curtido en esto de las historias chiquitas, casi intimistas, sórdidas, tristes, siempre manchadas con muertes, traiciones y desengaños amorosos. Sus personajes son duros, ásperos, pero no son muñecos de cartón, bidimensionales y predecibles, sino tipos y minas creíbles, con muchísima humanidad y muchísima complejidad. ¿Se puede delinear personajes complejos en ocho páginas? Sí. Lo hacía Will Eisner en The Spirit (que tenía historias de siete páginas) y lo hace Saccomanno en ocho. Por supuesto, los personajes más atractivos, más redondos, son los que protagonizan más de una historia corta, pero –salvo alguna que otra- todas nos presentan conflictos y personajes conmovedores.
Saccomanno ambienta todas estas historias en el período entre la Primera y la Segunda Guerra Mundial, aunque sin dar fechas precisas ni mencionar hechos históricos puntuales. Es un período fértil para la ficción, en el que transcurren muchísimas historietas, películas y novelas memorables. Sin ir más lejos, es la época en la que cobra forma el género negro, que es –claramente- la corriente en la que se inscribe este trabajo de Saccomanno. Antihéroes, perdedores, femmes fatales del Nacional B, climas ominosos, finales trágicos o irónicos… en Cayenne no falta nada de eso, aunque al lado de Savarese, el Francés es el Guacho Winner.
Y además es el período favorito de Mandrafina, es la ambientación que se sabe de memoria: Gran ciudad costera yanki, décadas del ´20 y ´30. Ahí Cacho da cátedra, ahí jugó de local durante siglos, primero con Savarese y después con los Fratelli Centobucchi (o Spaghetti Brothers, según quién lo publique). Y con El Condenado, obvio, aunque las primeras historias de la etapa clásica no transcurrían en EEUU. Acá Cacho nos pasea por muelles y mansiones, granjas y prostíbulos, y siempre impacta con su genial manejo del claroscuro, su narrativa perfecta, sus locaciones y decorados perfectamente documentados, la interminable variedad de rasgos faciales para los matones, las chicas buenas, las putas, los canas. Ningún personaje se parece a otro y todos parecen reales. Mandrafina es el único autor al que los franceses le perdonan que narre “a la italiana”, con seis o siete viñetas por página y muchísimos primeros planos. A todos los demás les exigen que cuenten “de más lejos”. A Cacho, lo disfrutan así, con esos primeros planos fuertes, heavies, terriblemente expresivos. O por ahí lo que les gusta es cómo des-enfatiza la violencia. Cómo hace que las persecuciones, piñas y tiroteos no tengan gusto a pochoclo hollywoodense, sino a drama humano, a resolución trágica de un conflicto real.
Bueno, se juntaron dos grossos. Dos tipos que se conocen mucho, que conocen perfectamente su oficio y la época en la que decidieron ambientar las historias. Así es difícil que no salgan buenas historietas y este libro tiene unas cuantas realmente excelentes. Ojalá algún día no haya que estudiar francés para leerlas.