el blog de reseñas de Andrés Accorsi
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martes, 21 de septiembre de 2010

21/ 09: THE MOTH


Todos los días se aprende algo nuevo. Hace ya muuuchos meses, cuando me tocó reseñar la última saga de Nexus, yo contaba que Steve “the Dude” Rude se había ido de Marvel en 2004 y que había empezado esa saga en 2006. ¿Y en el medio? En el medio volvió a Dark Horse y entre 2004 y 2005 realizó The Moth, junto a su amigo y socio, el entintador/ guionista Gary Martin. Serie poco promocionada y de escasa repercusión, The Moth empezó (como debe ser) con un unitario breve en Dark Horse Presents, después tuvo un one-shot y después se lanzó en una serie regular, que duró apenas cuatro entregas. Veamos el lado positivo: son menos de 140 páginas, y entran todas en un sólo tomo recopilatorio al que tuve la suerte de descubrir y conseguir, a pesar de que está descatalogado.
Jack Mahoney es un muchachón rústico y honesto, que se juega la vida realizando proezas peligrosísimas en un circo de la B Metropolitana. Tuvo un hermano siamés, pero fueron separados y este (Tad) creció enano. Por supuesto, trabaja también en el circo. De noche Jack adopta la identidad de The Moth, un justiciero enmascarado de enorme habilidad acrobática y varios trucos bajo la manga, que combate al hampa de las distintas cuidades a las que visita el circo. En el one-shot aparece también un elemento sobrenatural, pero en general todo pasa por patotas y mafias urbanas.
Cuando arranca la serie regular, Martin y Rude se embarcan en una historia más extensa, que abarca los tres primeros números y que presenta a la hermosa, carismática, patriótica y mediática superheroína American Liberty, que vivirá aventuras junto a The Moth y que -no hace falta ser un genio para deducirlo- algo oculta detrás de tanta perfección. Acá es donde los autores filtran sutiles cuestionamientos al superhéroe y su rol propagandístico, o hasta de distracción mediática. Pero no te esperes el mega-manifiesto deconstructivista: sigue siendo una saga de buenos contra malos, con excelentes diálogos, un misterio atrapante y un ritmo que no decae en ningún momento.
Martin y Rude le sacan muy buen jugo al elenco de freaks circenses que rodean a Jack Mahoney. Aportan extrañeza, humor, ternura y recursos con los que habitualmente no cuentan los justicieros enmascarados. En apenas 140 páginas, hay espacio para que casi todos brillen en alguna escena y se ganen el aplauso del lector. El último número es el más flojo, pero porque es el típico episodio de pre-temporada, donde se siembran puntas para explorar más adelante. El tema es que la revista terminó ahí, nunca hubo un “más adelante”.
Del dibujo del Dude ya es medio redundante hablar. Este monstruo de más de dos metros de altura es imbatible en el dibujo clásico de aventuras. Es un Russ Manning con onda, un Russ Manning que además de ser fan de Alex Raymond y Dan Barry se hace pajas de fuego con Jack Kirby y Steve Ditko. Y a la vez el dibujo de Rude se mantiene fresco, moderno, dinámico, zarpado en la elección de los enfoques, hipnótico en el armado de secuencias, intenso y vibrante en las escenas de acción. Brillante de punta a punta.
No te quiero chamuyar: The Moth no es la Octava Maravilla del Mundo, ni marca un antes y después de nada. Es un comic de entretenimiento, que coquetea con los clichés del comic de superhéroes clásico, pero con una cierta ironía, una cierta pátina de mala leche. Esto es lo que el Dude mejor hace: manejarse en ese terreno ambiguo, a medio camino entre el homenaje y la parodia. Por eso The Moth se disfruta tanto.

miércoles, 3 de febrero de 2010

03/ 02: NEXUS: SPACE OPERA


¿Viste cuando te reencontrás con un amigo al que hacía mil que no veías, e instintivamente le tirás el famoso “Boludo, estás iguaaaal!”? En el 95% de los casos, le mentís descaradamente, porque el tipo está muy gordo, o consumido, o todo canoso, o pelado, y cuando sonríe, o le sobran arrugas o le faltan dientes… Los años pasan rápido y el deterioro al que nos someten es más despiadado que Darkseid en un mal día.
Por suerte esa ley no se aplica a los comics. Allá por 1997, algún cráneo de Dark Horse decidió que ya no era rentable encargarle nuevos episodios de Nexus a Mike Baron y Steve Rude, y la legendaria serie (vigente desde 1981) pasó al limbo de las ocasionales reediciones de sagas clásicas. Rude se la bancó a lo macho: se fue a Marvel, donde trabajó cinco años y levantó tanta guita, que en 2004 se puso su propia editorial. En 2006 arrancó, tranquilito y sin ningún apuro, la que se anunció como la saga final de Nexus y en 2009 Space Opera estaba terminada y recopilada en un hermoso TPB, editado por “The Dude”. Pasaron 12 años de la última vez que leí un comic de Nexus, y la verdad es que este viejo amigo está intacto.
Para evitar confusiones, siempre es importante aclarar que Nexus NO ES un comic de superhéroes. Hay un tipo enmascarado con poderes, pero hasta ahí llega la cosa. Nexus es un comic 100% político que trata de la utopía, de cómo se construye la sociedad ideal. Quién la gobierna, quién se encarga de que nadie vulnere los derechos del vecino, quién la financia. La Justicia es un tema importante, como lo es la Economía, o las Relaciones Internacionales (en este caso, interplanetarias). Y para hacerlo más interesante, está ambientado 500 años en el futuro, o sea, enrolado también en lo que conocemos como ciencia-ficción. Hay naves, increíbles razas alienígenas, chistes de Star Trek y miles de referencias a la cultura pop del Siglo XX, que parece haber llegado a los tiempos de Nexus un poco trastocada, como pasada por el filtro de alguien que se drogaba mucho.
Y además hay un montón de conflictos humanos. Casi todos giran en torno al protagonista, Horatio Hellpop, que en sus años de justiciero juntó tanta chapa, que ahora es el presidente del planeta Ylum (se pronuncia “ailum”), ese intento de utopía donde transcurre la serie. Claro que acá Horatio está más vulnerable que nunca: Ylum está al borde de la guerra civil y su mujer, Sundra, acaba de dar a luz a su hijito Harry, blanco fácil para todos los que quieren eliminar a Nexus por razones políticas, económicas, religiosas o simplemente en venganza porque éste les boleteó a algún familiar. Con esa consigna, Baron y Rude se adentran en las 93 páginas que cierran (al menos por ahora) la ilustre saga de Nexus. Por supuesto, están llenas de vértigo, emoción, runfla política, tiros, explosiones, conspiraciones y muerte. Los autores se cargan a varios personajes importantes, pero suman un par nuevos, que estaría buenísimo volver a ver.
Esto es clásico en todo sentido. No sólo porque Rude dibuja como los maestros del comic de aventuras de mediados del siglo pasado. También porque el ritmo narrativo es el de los ´80: en cada página pasan más cosas que en números completos de algunas series actuales, y el Dude se banca meter miles de viñetas en cada una, y dibujarlas todas como los dioses. Baron tiene la ventaja de que el lector conoce a los personajes y las situaciones hace décadas. No hace falta crear climas, ni presentar a todos esos bichos. A lo sumo, refrescar un poco algún dato, y después dedicarse a mechar todos esos diálogos fabulosamente inverosímiles, sutilmente paródicos, elegantemente desopilantes. Y cuando hay que hablar en serio, Baron demuestra que lo suyo ES la política y pela debates entre las facciones enfrentadas (muchas veces manipulados por una corporación mediática que responde a sus propios intereses) de una lucidez asombrosa para una obra de ficción.
Cierra el libro una historia corta acerca de la breve carrera de Sundra en la política de los EEUU, donde Baron da cátedra de mala leche y Rude pela su estilo más cercano a la ilustración, con resultados insuperables.
Bueno, che, un gustazo verte bien. Nos vemos pronto, dale? Que no se corte!