el blog de reseñas de Andrés Accorsi
Mostrando entradas con la etiqueta Goran Sudzuka. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Goran Sudzuka. Mostrar todas las entradas

miércoles, 9 de agosto de 2023

TARDE DE RESEÑAS

Arranco sin preámbulos con el Vol.2 de A Walk Through Hell, la segunda mitad de esta obra de terror psicológico realizada por el irlandés Garth Ennis y el croata Goran Sudzuka para la editorial yanki AfterShock. Ante todo, quiero dejar sentado lo grosso que es el dibujo de Sudzuka, lo bien que adapta su trazo a estos climas más densos y más ominosos que le impone el guion, el cuidado por los detalles, el trabajo impecable en las expresiones faciales... Se supone que la gente compra este comic por Garth Ennis, pero el trabajo de Sudzuka es realmente monumental, consagratorio. Cuando el clima de la historia lo pide es sutil, y cuando Ennis se va al carajo con lo que narra, el croata lo acompaña y hasta le sube la apuesta. Sudzuka demuestra en estas páginas que con esa línea elegante tipo Ernesto García Seijas también se puede retratar el horror y la sordidez. Y Ennis, especialista en buscar el horror y la sordidez por el lado del gore y la violencia más brutal, acá encuentra la forma de causarnos escalofríos de un modo más sutil, incluso más perverso. Por supuesto hay gore y escenas macabras y shockeantes. Pero están dosificadas de tal manera que impactan de un modo más cruel, más maligno que si esto fuera un festival de sangre y decapitaciones. Al guionista le interesa explorar el laberinto de la perversión humana, de la manera más perturbadora posible, y acá logra ese cometido sin necesidad de irse a la mierda con la violencia. Esta vez el camino elegido es el enrosque, la tortura psíquica a la que somete a Shaw, la agente del FBI con problemas de alcoholismo que rápidamente queda en el centro de la "acción"... entre comillas, porque es bastante escasa. Esta no es una historieta de tiros ni de machaca, sino de exploración de las áreas más oscuras y abyectas del alma humana. Ennis y Sudzuka salen muy bien parados de un experimento difícil, donde el terror es más psicológico que físico, donde el pasado de los personajes juega un rol importantísimo, y donde nada se resuelve como el lector espera. A Walk Through Hell es un comic 100% adulto, por momentos muy perturbador, que no cualquier editorial se anima a publicar. Entre la vida y la muerte, entre la lealtad y la traición, entre la integridad y la corrupción, entre el horror físico y el enrosque mental, los autores nos proponen una historieta espesa, jodida, un viaje por los rincones más oscuros de la psiquis no sólo del villano, sino incluso de los supuestos héroes que lo enfrentan. No quiero contar nada del argumento para no spoilear, porque leer el Vol.2 de A Walk Through Hell sabiendo cómo se explica todo lo que en el Vol.1 era misterio y ambigüedad puede ser un garrón. Alcanza con contarte que tanto el villano como un personaje secundario del Vol.1, en este segundo tomo cobran una dimensión tremenda, y que hay que acercarse a esta obra preparados para sufrir en carne propia una tensión que por momentos resulta asfixiante. Nada más, porque no le quiero cagar a nadie la experiencia de internarse en esta cátedra de maldad del maestro Ennis.
Me vengo a Argentina, año 2023, cuando Comic.ar publica un trabajo de dos autores a los que yo nunca había oído nombrar: el guionista Javier Del Romero y el dibujante Juan Manuel Terradas. De la labor conjunta entre ellos surge Niño Guapo, una novela gráfica de casi 80 páginas ambientada en Buenos Aires, en 1930, sobre el final de la presidencia de Hipólito Yrigoyen que quedará trunca a causa del primer golpe militar de nuestra historia. El contexto político no es para nada imprescindible para entender lo que sucede en Niño Guapo, pero sobre el final del libro un texto profundiza en este momento histórico, por lo que supongo que para los autores fue determinante a la hora de plantear la trama. Básicamente, Niño Guapo cuenta una historia de amor prohibido entre un jockey que corre carreras en el hipódromo de Palermo y el joven hijo de un potentado miembro de la alta sociedad porteña, propietario (entre otras cosas) de los caballos que monta el jockey. Entre los perfumados palacetes de la oligarquía y las hediondas caballerizas del hipódromo, Del Romero urde una cautivante trama de romance clandestino entre Faustino y Lisandro, en la que brillan los diálogos (perfectamente en sintonía con cómo se hablaba en Buenos Aires en aquella época) y que funciona como un retrato muy logrado de lo que era la clase alta argentina en los tiempos de Yrigoyen. Una muy grata sorpresa, porque -repito- jamás había leído nada de este guionista y, si este es su primer trabajo, estamos hablando de una opera prima realmente consagratoria. El dibujo de Terradas me gustó bastante menos, no lo veo al nivel que exigía el guion de Del Romero. Sin dudas hay un trabajo muy logrado en el color, pero no alcanza para ocultar ciertas falencias en la anatomía, en la gestualidad de los personajes y hasta en algunas perspectivas. No está mal, no es un desastre ni mucho menos, pero me parece que el guion ameritaba la entrada en escena de un nombre con más trayectoria, o por lo menos más solidez en el dibujo de la figura humana. Esto mismo dibujado por -por irme a un extremo- Gabriel Ippóliti, sería una obra maestra. Así como está, rescato el tratamiento del color que ofrece Terradas, con momentos de gran belleza y una sutileza digna de Miguelanxo Prado, pero me parece que no le hace justicia a un guion muy notable. Muy loco cómo, en un contexto de crisis editorial, Comic.ar vuelve a apostar por autores nuevos y obras nuevas, en vez de ir por lo seguro. No sé cómo le habrá ido en ventas a Niño Guapo, pero a mí me sirvió para poner a Javier Del Romero en el mapa de los guionistas a los que me interesa seguir en futuros trabajos, que ojalá se publiquen pronto. No mucho más, por hoy. Voy lento con las lecturas, es cierto, pero es lo que hay. Nos reencontramos ni bien tenga un par de libritos más para reseñar, acá en el blog.

sábado, 22 de julio de 2023

RESEÑAS DE SÁBADO POR LA NOCHE

Por fin tengo un ratito para escribir las reseñas de un par de libros que leí durante la semana. Incidenti (incidentes) es la primera obra larga de Lorenzo Mattotti en solitario, es decir, como autor integral. Son 64 páginas que el genio de Milán produjo en 1981, cuando su estilo todavía no estaba consolidado. Y en blanco y negro, lo cual es bastante loco. El dibujo es increíble. Por momentos se ve un esbozo de lo que va a ser el Mattotti definitivo, pero aparecen cosas raras. Un feísmo extraño, típico del under europeo de los ´70, una narrativa bastante similar a la de Didier Comés, momentos en los que la línea quiere parecerse a la de José Muñoz (hay un par de homenajes a Alack Sinner en el álbum, como para despejar dudas acerca de qué autores influenciaron a Mattotti en esta etapa) y de ratos aparecen esas texturas demencialmente sobrecargadas que asociamos con el primer Enki Bilal y la etapa más barroca de Moebius. Todo el tiempo se nota que el autor sabe lo que está haciendo, y cómo esas decisiones estéticas tienen que ver con cosas que nos quiere transmitir desde el dibujo. Incluso cuando quiere transmitir tantas cosas, que se mezclan mucho las técnicas y se produce cierta confusión, o indecisión en el aspecto visual de la obra. Pero si nos abstraemos de los tropiezos narrativos en los que puede incurrir un autor primerizo, hay que reconocer que Incidenti mantiene un nivel visual realmente notable, de punta a punta, y en un in crescendo que hace que el álbum llegue al final con el dibujo realmente prendido fuego. El guion es claramente un primer intento de un autor que no tenía mucha experiencia en el rubro: para ser un thriller tradicional tiene momentos demasiado crípticos, y para ser una historieta de vanguardia, o transgresora, está demasiado atada a una estructura de aventura convencional. Pero no es un guion choto. Tiene buenos diálogos, buenas secuencias mudas, la trama genera una cierta tensión, hay un espacio para meter toques de comedia, de romance, de slice of life... hay una intención de retratar (aunque quizás no en primer plano) esa Italia violenta y convulsionada de la bisagra entre los ´70 y lo ´80, hay un par de personajes (Lucio, Igor y Cicilia) que se desarrollan bastante a lo largo del álbum... No se puede decir que esté mal, aunque estemos lejos de lo ideal. Recomiendo la lectura de Incidenti a los fans de Mattotti, sobre todo para ver desde dónde arranca el ídolo la década de los ´80, que va a ser la de su consagración. ¿Por qué esto no está editado en castellano? La verdad que no encuentro respuestas. Pero es así: nunca salió ni en álbum, ni serializado "en fetas" en ninguna antología de historieta para adultos. Por suerte conseguí una muy buena edición italiana de los ´90 que abre con un prólogo alucinante del ya mencionado José MunDios.
Vamos a Estados Unidos, año 2018, cuando se forma un equipo increíble: el irlandés Garth Ennis y el croata Goran Sudzuka producen para la editorial AfterShock diez episodios de una serie llamada A Walk Through Hell, luego recopilada en dos TPBs. Este Vol.1 nos sumerge en las profundidades de un thriller psicológico espeso y sórdido, con algún tinte probablemente sobrenatural, y termina con un cliffhanger maligno, jodido como enema de chimichurri, así que prometo entrarle MUY pronto al Vol.2. El dibujo de Sudzuka es magnífico. Ese entintado un poquito más filoso, menos redondito, le queda muy bien, y el manejo de las masas negras es asombroso. Por momentos parece que vino Eduardo Risso a ponerle los negros a las páginas, porque se arman unos claroscuros impresionantes, y muy a tono con la impronta hiper-dark del guion. La verdad que no hacía falta colorear esta historieta, pero aún así el trabajo de Ive Svorcina (otro talento croata) está muy bien, no opaca al trazo de Sudzuka, ni intenta competir con él. Por momentos pareciera que Sudzuka buscara alejarse un poco de la senda de Eduardo Barreto y Ernesto García Seijas (los principales referentes siempre presentes en su grafismo) y lo logra de manera muy satisfactoria. Se lo ve más suelto que en otros trabajos y muy solvente a la hora de mantener la atención del lector a lo largo de prolongadas secuencias en las que solo vemos a gente hablando. Diez puntos, lo de Sudzuka, más allá de ese vicio de autor que trabaja hace mucho para las editoriales de EEUU que consiste en dibujar muy pocas tomas panorámicas, o con los personajes de cuerpo entero, y abusar del enfoque más de cerca, más pendiente de las cabezas de los personajes que del resto de la escena. El guion de Ennis me sorprendió muy gratamente. Primero porque nunca lo había visto escribir una historia de misterio sobrenatural ambientada en el presente (en este caso, en Los Angeles)... y sobre todo porque, si efectivamente A Walk Through Hell llegara a ser un thriller sobrenatural, no está presentado como Ennis presentaba las peripecias de John Constantine, sino como un relato de procedimiento policial. Más allá de sufrir con lo que les pasa a los agentes Shaw y McGregor en ese galpón gigantesco que parece estar habitado por algún tipo de entidad pesadillesca, el comic dedica muchas páginas a contar la previa: la vida de Shaw y McGregor en el cuartel del FBI donde trabajan, y su accidentada investigación para encontrar y meter preso a un sorete que dirige una red de pedófilos que secuestran, violan y matan pendejitos a lo largo de toda la Costa Oeste de EEUU. Por ahora, lo más importante, e incluso lo más shockeante, está ahí: en el procedimiento policial de los protagonistas. ¿Qué es lo que realmente pasa en ese galpón? Todavía es un misterio, que supongo que Ennis develará en la segunda mitad de la obra. Pero ya estoy muy enganchado, ya siento que conozco a fondo a los protagonistas, sobre todo a Shaw, un personaje con mucha más profundidad de la que le daba Ennis a las mujeres que escribía en los ´90. Incluso el villano me parece fascinante, un personaje totalmente tridimensional, humano, lo que lo hace mucho más aterrador. Nunca había oído hablar de esta obra, me enteré que existía cuando vi los dos TPBs en el stand de AfterShock en la última convención a la que asistí en EEUU. Pero por ahora, está realmente MUY bien, me parece un trabajo excelente de dos autores a los que admiro mucho, hace muchos años. Nada más, por hoy. Ya tengo otras lecturas avanzadas, así que en cualquier momento se vienen nuevas reseñas, acá en el blog. Y el miércoles a las 22:30, nuevo episodio de Agenda Abierta, en vivo para toda el habla hispana en el canal de YouTube de Comiqueando. Nos vemos ahí.

lunes, 29 de diciembre de 2014

29/12: A.D.D. (Adolescent Demo Division)

Supongo que esta novela gráfica debe haber sido un estrepitoso fracaso, porque jamás la había visto ni oído nombrar hasta que me la crucé a un precio ridículamente bajo en la batea de ofertas de una comiquería yanki. Pero tenía el loguito de Vertigo y más de 100 páginas dibujadas por Goran Sudzuka, así que rápidamente encontró dueño.
El guionista es Douglas Rushkoff, a quien ya nos cruzamos en los tomos finales de Testament, y la verdad es que la historia que tiene para contarnos no nos va a cambiar la vida ni a convertirse en un pilar fundamental de la historia del comic, pero seguramente no se merecía el ninguneo masivo de los lectores. A.D.D. nos propone un futuro cercano en el que los videojuegos se masifican a tal punto que los mejores jugadores del mundo son celebridades famosas, que tienen su propio programa de TV, hacen shows en vivo y venden todo tipo de merchandising con su imagen. Por supuesto, están bajo el férreo control de una corporación maligna, que factura fantastillones y hace con estos chicos básicamente lo que se le da la gana.
Con el correr de las páginas, la trama se va haciendo más espesa. ¿Quiénes son estos chicos? ¿Cómo hacen para ganar siempre? ¿Por qué no conocen a sus familias? ¿Qué sucede con ellos una vez que “suben de nivel”? El clima festivo, las peleas boludas entre adolescentes pajeros, se van enrareciendo a medida que crecen estos misterios. Y ya para la mitad de la novela, estamos inmersos en una historia densa, compleja, por momentos cercana a The Matrix, con una conspiración a nivel mundial, diferentes niveles de realidad a los que no todos tienen acceso, poderes bizarros, manipulación genética y tecnológica y, por supuesto, excusas para que nunca falte la acción. La diferencia con The Matrix es que acá no hay una pelea metafísica, o filosófica, sino que lo que está en juego es la tarasca, el vil metal. Los malos no son nihilistas, son capitalistas a muerte a los que sólo les interesa facturar, caiga quien caiga.
Compleja y llena de lecturas entre líneas, la trama además deja espacio para indagar a fondo en algunos personajes, especialmente en Lionel, el crack del joystick con el poder de ver “más allá de lo evidente”. Si bien mucho de lo que pasa le pasa a Karl, no es un personaje en el que a Rushkoff le interese profundizar. Y ya en el tercio final de la obra, crecen bastante los roles de Kasinda y sobre todo de la Dra. Wasserman, que es la que maneja buena parte de la información secreta, la que nos falta a nosotros y a Lionel para terminar de armar el rompecabezas. Para darle onda a los diálogos, a Rushkoff se le ocurre que los chicos manejen una jerga propia, llena de neologismos y palabras raras (al estilo The Clockwork Orange, apunta acertadamente un tal Grant Morrison en un textito que aparece en la contratapa), pero el guionista abusa un poquito de este recurso y eso hace que al principio, en vez de engancharte con la historia, los diálogos te mareen un poco.
Fuera de eso, no tengo mucho para criticarle al guión. Es dinámico, tiene escenas muy fuertes, muy impactantes, no se guarda nada, es complejo sin ser críptico, baja línea a full, los personajes tienen profundidad, el conflicto va cobrando intensidad de a poco hasta hacerse realmente heavy, no está estirado ni comprimido, los elementos de ciencia-ficción se sienten sumamente verosímiles… No se me ocurre por qué algún fan de la historieta para adultos puede percibir que esto es choto, o que no le va a llegar. Quizás porque los protagonistas son adolescentes con poderes alguno se crea que es el enésimo choreo a los X-Men, pero nada que ver. El tema de los poderes de los chicos no es para nada decisivo en A.D.D.
Y además -no jodamos- dibuja todo Goran Sudzuka, el prócer croata que ya nos acostumbró a un nivel altísimo y que acá se supera a sí mismo. Con las tintas de José Marzán, que es quien mejor lo complementa, Sudzuka le pone un poco de luz, de travesura, de espíritu adolescente al relato de Rushkoff para que no se haga tan tremendo, tan desolador. En los primeros planos tenemos los mejores aportes de Sudzuka, con excelentes expresiones faciales y con cositas de Eduardo Barreto, Ty Templeton y Rick Burchett. Y en los fondos y en las maquinarias futuristas, un laburo inmenso de un dibujante que deja la vida en todas las páginas. Aunque el guión no te interese para nada, vale la pena leer A.D.D. por los dibujos (¿qué digo “dibujos”? ¡Recontra-dibujazos!) del maestro croata.
En suma, una distopía muy interesante, magníficamente dibujada, para leerla más de una vez y para prestársela a ese gamer pasado de rosca que te quema la cabeza contándote cómo le ganó a Doomsday usando a Huntress en el Injustice y al Barcelona usando a Platense en el FIFA.

domingo, 23 de junio de 2013

23/ 06: Y: THE LAST MAN (DELUXE EDITION) Vol.4

Uh, me fui a la mierda. Hacía más de dos años que no leía Y: The Last Man! El blog no me deja mentir: la tanda anterior de 12 episodios la terminé el 16/02/11. ¿Cómo aguanté tanto tiempo sin tirarme encima de este libro, que me compré en Octubre de 2012? Ni idea. Lo que sé es que me falta sólo el último tomo, estoy a 12 míseros episodios del final y ya no tengo chances de leerlos antes de fin de año. Es una deuda conmigo mismo que prometo saldar en 2014.
En general, este tomo se parece bastante al anterior. Acá se nota un poquito más que a Brian Vaughan ya no se le ocurren tantas cosas para que le pasen a Yorick, con lo cual acentúa más la tendencia de abrirle el juego a los personajes secundarios. Así es como tenemos muchas, muchísimas secuencias (tanto flashbacks como del presente) centradas en la Dra. Alison Mann, en la agente 355, en la hermana de Yorick, en su mamá, en Alter Tse´elon y hasta en Ampersand, el monito, el otro macho que quedó vivo después del genericidio, que tal vez sea la clave para resolver este gigantesco misterio. Yorick no está exactamente de adorno: sigue siendo el único hombre vivo en el planeta y su cotización sigue en alza. Así es como nunca faltan las peripecias jodidas, las persecuciones, amenazas y capturas por parte de minas inescrupulosas que se quieren quedar con el último macho del mundo a como dé lugar.
Vaughan se mete él solito en un lindo brete: por un lado, se supone que las lectoras mujeres van a interesarse por esta serie, por el hecho de que –salvo el pibe del título- tiene un elenco íntegramente compuesto por mujeres. El guionista se hace cargo de eso, y labura mucho para darle a cada una de estas chicas de papel y tinta una verdadera carnadura humana, una verdadera tridimensionalidad. Las minas de Y: The Last Man son creíbles, complejas, de vez en cuando hasta entrañables. Pero claro, esta es una serie de aventuras, y para que haya aventuras tiene que haber villanos que hagan de las suyas. Y acá hay villanas. Capítulo tras capítulo, Vaughan nos estremece al mostrarnos las crueldades, las maldades, las aberraciones que son capaces de hacer estas minas, tan jodidas, ambiciosas, retorcidas y perversas como los villanos más turros que dio el género masculino. Con el agravante de que es más heavy, más shockeante, ver a una mina comportarse de modos tan bajos y miserables. O sea que el truquito del elenco 99% femenino se convierte en un arma de doble filo, que puede cautivar a las lectoras mujeres tanto como repelerlas u ofenderlas.
A mí la saga me tiene muy enganchado, aunque me queda claro que Vaughan está estirando, que a sólo 12 episodios del final, no transmite con demasiada claridad la sensación de que esto se está por resolver. Por supuesto, estira con secuencias muy gancheras y con diálogos brillantes, ingeniosos, repletos de onda... que no lo van a salvar de mis puteadas si esto desemboca en un final apresurado o anticlimático.
El ritmo descomprimido que Vaughan le imprime al relato hace real el sueño de todos los dibujantes: casi no hay páginas de más de cinco viñetas. Con esta tranquilidad, se reparten la faz gráfica el siempre excelente croata Goran Sudzuka y la canadiense Pia Guerra. Acá noto una mejora: no sólo hay más páginas de Sudzuka que en el tomo anterior, sino que además Guerra levantó su nivel y ahora hay menos diferencia entre el lujoso suplente y la otrora precaria titular. Por supuesto que los dibujos del croata se ven más sueltos, más expresivos, con chicas más lindas y fondos más elaborados. Pero por lo menos lo de Guerra ya no es un bajón profundo como el de los primeros tomos, en los que el dibujo tenía menos onda que el batero de U2.
Incluso con la gran cantidad de flashbacks que la interrumpen, la epopeya de Yorick Brown para descubrir por qué es el único macho vivo en la Tierra se apoya en consignas tan gancheras, que no hay más remedio que seguir preso de este relato hasta el final. Por si faltara algo, Brian Vaughan te tira, uno atrás del otro, momentos de gran tensión, nuevos y atractivos personajes, giros argumentales zarpados y pequeños datos que le dan grosor y sabor al misterio. No se puede pedir mucho más. Bueno, sí... más páginas dibujadas por Sudzuka.

martes, 15 de mayo de 2012

15/ 05: HELLBLAZER: LADY CONSTANTINE

Antes de seguir avanzando con los libros de Hellblazer de Peter Milligan, clavo un rato el freno para ponerme al día con este y otro recopilatorio de miniseries accesorias, de sagas a los costados de las sagas, que en su momento pasé por alto. Esta miniserie de Lady Constantine, por ejemplo, es tan vieja que tiene cuatro episodios. Ya no hay más miniseries de cuatro episodios, incluso son infrecuentes los arcos argumentales de cuatro episodios dentro de las series regulares.
Y en una de esas me arrepiento con el correr de la reseña, pero de entrada, de arremetida, creo que lo mejor que tiene Lady Constantine es que es corta, que no hay tiempo para la franela, el chamuyo, la estirada. La escribe Andy Diggle (antes de convertirse en guionista de la serie mensual de John) y se lee como las historietas de los ´80, con ese ritmo menos descomprimido, en el que 88 páginas alcanzaban para que pasaran miles de cosas.
Acá, sin ir más lejos, vemos como Johanna Constantine obtiene su título de nobleza, su mansión y su fortuna, en medio de un conflicto místico importante, definitivo, que la lleva a vivir una aventura al límite y realizar un sacrificio de esos que no tienen vuelta atrás. Además, el objeto místico y la villana en torno a los que gira la faceta más épica de la obra tienen su espacio para ser perfectamente explicados, y hay por lo menos tres personajes más (secundarios, claro) que llegan a desarrollarse y a obtener un lucimiento considerable. Esto se escribió hace apenas 9 años, pero no tiene nada que ver –siempre hablando del ritmo del relato, no?- con nada de lo que se publica hoy en día.
Toda esta inverosímil proeza de Diggle serviría para poco si la historia fuera chota, si el final fuera cualquier fruta o si la protagonista se quedara en el estereotipo (bastante repulsivo, por cierto) de la perra dispuesta a todo con tal de acumular poder y riquezas. Por suerte la trama planteada por el guionista no derrapa en ningún momento y a pesar de la moral sumamente elástica que exhibe Johanna, queda muy claro que lo que sucede sobre el final (no te lo pudo contar, sorry) la afecta y la cambia para siempre.
Y otra cosa espectacular de este guión de Diggle que hoy no se podría hacer: este es un comic re-de universo! No sólo nos cuenta eventos cruciales en la vida de un antepasado de John Constantine: también incluye sutiles referencias a la saga de Sandman, y uno de los personajes secundarios con más chapa es... Swamp Thing! Bah, en realidad no; es el Elemental del Verde de 1785, una criatura vegetal con fisonomía humanoide y poderes parecidos a los de Swamp Thing llamado Jack-in-the-Green. O sea que si sos fan de Vertigo, esto tiene un ganchito extra muy, muy atractivo.
Otro acierto de Lady Constantine es el gran trabajo del croata Goran Sudzuka en lápices y tintas. Desde que aterrizó en Vertigo allá por el 2000, Sudzuka no paró de mejorar como dibujante y encima arrancó en un nivel muy alto. Sin ocultar en lo más mínimo su devoción por los artistas rioplatenses Eduardo Barreto y Ernesto García Seijas (no hay dibujantes croatas que no tengan como fetiches sacrosantos a por lo menos un dibujante argento), Sudzuka pone su sólida formación clásica al servicio de una aventura que lo estimula a zarparse y a imaginar una plétora de criaturas bizarras, aunque sin descuidar la ambientación histórica ni las expresiones faciales. Como siempre, el grosso hace todo más que bien. La colorista Patricia Mulvihill acompaña dignamente y el que se luce es –mirá qué fumado- el letrista, el también croata Robert Solanovic, dueño y señor de varias tipografías muy personales, vibrantes y todo lo bellas que pueden ser las tipografías. No sé si rotula a mano o con computadora, pero la rompe.
Lady Constantine, entonces, se lee rápido pero se lee bien. Y encima se ve MUY bien. Se puede seguir viviendo con total felicidad sin leerla, pero tengo el deber moral de recomendársela a los fans de John Constantine, de Vertigo en general, de Andy Diggle o de Goran Sudzuka (debemos ser 14, como la hinchada de Ferro, pero bue...). Barcos piratas, criaturas del averno, runfla política, machaca mística, un lindo garche, muy buenos diálogos... Se puede pedir más, pero no mucho.