el blog de reseñas de Andrés Accorsi
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miércoles, 13 de agosto de 2025

MIÉRCOLES LATINOAMERICANO

Bueno, bajé un poquito el ritmo de lectura, porque le estoy metiendo horas extras al sitio de Comiqueando para que no falten contenidos los días que yo voy a estar en Rosario, disfrutando de la Crack Bang Boom o boludeando por ahí. Pero bueno, algo tengo como para reseñar hoy, y veremos cuándo retomo porque la idea para el viaje no es leer comics, sino avanzar con literatura y textos SOBRE comics que tengo pendientes hace siglos. Allá por el 26/12/19 me tocó disfrutar de un álbum de Aline, la genial creación de Adâo Iturrusgarai, y quedé tan manija que cuando encontré otra recopilación (acertadamente titulada "Antrología") me tiré de cabeza. Acá me encontré con 120 páginas más de tiras protagonizadas por esta entrañable atorranta, sus dos novios titulares y un montón de chongos suplentes. Pionera del poliamor, Aline no puede parar de pensar en coger, ni de hablar de coger, ni de coger propiamente. Y las tiras giran (lógicamente) en base a la vida licenciosa y alocada de esta piba fanática del sexo, sin entrar en la lógica del porno. La gracia está en lo que sucede y en cómo se cuenta lo que sucede, no en lo que se muestra. No hay tantas viñetas en las que vemos a Aline y sus novios teniendo sexo, y muy rara vez hay planos en los que Adâo dibuja genitales de manera explícita. Siempre con un humor afilado, a veces más sutil y a veces más grotesco, el autor reúne en cada capítulo del libro pequeñas sagas con un arco argumental para cada una. Así vemos a Aline inscribirse en una escuela de rock, tratar de triunfar en el mundo de la moda, abandonar a sus novios para recuperar el placer de ser soltera, tener de vecino a un asesino serial, inventar de cero una nueva religión o ser secuestrada por malvivientes, entre otras consignas que -combinadas con la personalidad de los protagonistas- serán disparadores de un montón de chistes brillantes. De verdad, me reí fuerte unas cuantas veces, porque Iturrusgarai trabaja muy bien sobre el costado desopilante de cada una de estas temáticas y cuando estas conectan con reflexiones acerca de nuestra realidad, dejan ver a un autor con una mirada muy aguda, muy inteligente, a años luz de los chistes "de pija y concha" con los que podría llenar la tira, si quisiera. Los chistes que recopila la Antrología no están ordenados por fecha de creación, por eso vemos idas y vueltas en el dibujo de Adâo. Por momentos aparece algún chispazo de su estilo más antiguo (el más prolijo, más redondito) pero casi todo está dibujado en su estilo más actual, ese que es más suelto, más anguloso, más minimalista, como si se fuera acercando a la línea de Johnny Ryan, ponele. A mí me gusta más de antes, a Adâo le gusta más el de ahora, pero la verdad es que la diferencia no es tanta, y ambos son perfectamente idóneos para ilustrar estas pequeñas comedias zarpadas, donde las ideas, los diálogos y las personalidades de los protagonistas son las estrellas indiscutidas. Como siempre digo, me parece insólito que en Argentina no estén editados los libros de este genio brazuca que vive hace muchos años en nuestro país.
El otro día (o para ser más precisos, el 31/07) leí un tomito italiano de Dago que cerraba con el primer episodio de una saga más extensa, que -lógicamente- continúa en el siguiente. Y no, en el Vol.139 de esta colección que republica los episodios semanales de Dago que aparecen en la revista LancioStory tampoco está el final de esta aventura conjurada por los maestros Robin Wood y Carlos Gómez. Son 60 páginas dibujadas a todo culo por el cordobés, con un color que no molesta para nada, en un formato lindo, cómodo, económico... pero evidentemente esas 60 páginas y las 12 del tomito anterior no le alcanzan a Robin para resolver esta red de intrigas en torno al asesinato de una nena en una pequeña ciudad de Europa. Y como no tengo el tomito siguiente, me quedé con la leche de saber cómo se resuelven tanto ese misterio, como otras movidas turbias que crecen con el correr de las páginas. Así que me tengo que conformar con lo que hay, que es un elenco bastante nutrido, con unos siete u ocho personajes importantes, a los que Wood maneja con gran aplomo, siempre con cuidado para que la entrada y salida de escena de cada uno de ellos sea prolija, coherente. El paraguayo no fuerza nunca la lógica del relato con casualidades bizarras, no rellena con boludeces, es sutil a la hora de bajar línea sobre el rol de los poderosos en el encubrimiento del crimen y nos entretiene con secuencias románticas sin que la saga se transforme en una típica telenovela de "chico pobre se enamora de minita rica", o en un tibio remedo de Romeo y Julieta. El rol de Dago es, en estas 60 páginas, menos importante que en las 12 primeras. No solo porque ahora hay más protagonistas entre los cuales repartir el juego, sino porque Robin se guarda el estallido de acción y espadazos para ese final que este tomito no incluye. Y bueno, mala leche. Me los guardo para mostrarlos en un video sobre Dago que tengo ganas de hacer para el canal de YouTube, y después se los regalo a alguien que sepa leer en italiano o que se mate a pajas con los dibujos de Gómez. Me da bronca, porque huelo un final muy impactante, con sorpresas grossas bien manejadas. Nada más, por hoy. Nos vemos jueves y viernes en la Crack, y nos reencontramos la semana que viene con nuevas reseñas, acá en el blog.

viernes, 6 de junio de 2025

VIERNES DE SOL

Le robo otro ratito a la Comiqueando Digital para reseñar un par de libros, rapidito y conciso. Empiezo en Inglaterra, año 2009, con otra adaptación de mi relato favorito de Robert Louis Stevenson. Esta vez, quienes convierten en historieta a Dr. Jeckyll y Mr. Hyde son una dupla de autores británicos, ambos hijos de polacos, que vivieron parte de su vida en Polonia: Andrzej Klimowski y Danusia Schejbal. Guarda, no es que Klimowski sea el dibujante y Schejbal la guionista, o al revés. Son una dupla que trabaja a cuatro manos en los dos aspectos de esta obra, es decir, la adaptación del cuento y el dibujo. La versión que nos ofrecen del clásico de Stevenson es la más fiel que conozco al original, a lo que publicó en 1886 el creador de La Isla del Tesoro y tantos clásicos más. Y ese es su defecto: se lee como algo muy, muy antiguo. Le falta esa chispa, esa picardía, que los lectores del Siglo XXI estamos acostumbrados a encontrar en los relatos de ficción. Como en el texto de Stevenson, acá el protagonista muere cuando falta bastante para el final, y toda la explicación acerca de las transformaciones de Henry Jeckyll en Edward Hyde las conocemos a través de una carta que, con el científico ya muerto, lee uno de los personajes secundarios. Klimowski y Schejbal tampoco se regodean con el aspecto más violento, más físico de la historia. Está claro que Hyde asesina y viola gente, pero no es lo que les interesa mostrarnos. El foco está puesto más bien en el conflicto interno del protagonista, en cómo Jeckyll lucha (con escaso éxito) contra las abyectas pulsiones de violencia que lo llevan a convertirse en un zarpado, un desinhibido que no tiene reparos en entregarse con todo a esas pulsiones y esos instintos asesinos. Y creo que eso es lo mejor que tiene esta versión. Bah, lo segundo mejor. Lo mejor es el dibujo, que me pareció espectacular. Es un dibujo basado 100% en el lápiz y (probablemente) la carbonilla... aunque probablemente esas páginas en las que predomina la mancha negra tengan también tinta... o estén trabajadas sobre papeles negros... o tengan los negros plenos aplicados de manera digital. No soy tan experto en técnicas gráficas como para explicar lo que hacen Klimowski y Schejbal en la faz visual de esta obra, pero el resultado me gusta, es sugestivo, capta muy bien la época, los climas, los ritmos de la narración. La puesta en página lamentablemente se sostiene en una cuasi-omnipresente grilla de dos viñetas por página, que permite que el dibujo se luzca muchísimo, pero que narrativamente a mí no me copa para nada. Sin dudas mis páginas favoritas de este Dr. Jeckyll and Mr. Hyde son las páginas splash y las pocas en las que los autores meten tres viñetas y -ahí sí- se arma algo parecido a una secuencia. Como fan de Jeckyll y Hyde la verdad que disfruté mucho esta versión y me sirvió para descubrir a dos autores que no tenía en el mapa y de los que quiero leer más historietas.
Vamos con un autor del que ya leímos unas cuantas: el maestro brasileño (pero radicado hace varias décadas en Argentina) Adao Iturrusgarai. Conseguí muy barata esta edición española muy cheta, que reúne un montón de tiras de Rocky & Hudson, los cowboys gays, probablemente la creación de Adao más conocida fuera de Brasil. Estas tiras se hicieron originalmente para el diario más vendido de San Pablo, y fueron traducidas al castellano... por la esposa de Adao, que es argentina, así es como en la edición española se cuelan algunas palabras muy nuestras. El dibujo cambia bastante entre las primeras tiras y las últimas, a medida que el autor simplifica su línea y se hace más minimalista. Ya vimos esta evolución en el libro que comenté el 02/03/15, que reunía trabajos realizados por Iturrusgarai entre 1983 y 2013, así que no hace falta ahondar de nuevo en ese tema. Los chistes son, en su mayoría MUY graciosos. No sé qué tan ofensivos resultarán leídos por un varón homosexual, pero yo me reí fuerte muchas veces. Y a veces eran risas mezcladas con "no podéees!", porque Adao no tiene problemas en irse un toque al carajo con su retrato satírico del mundo de los gays. El tema de que además sean cowboys está explorado, pero apenas. La mayoría de los gags surge de la relación de pareja homosexual entre estos dos tipos, y su entorno, donde se mezclan más varones gays, algún varón heterosexual (que trata de reprimir el amor entre personas del mismo sexo) y alguna mujer. Si los chistes de Rocky & Hudson pueden llegar a ser ofensivos para el varón gay, no me quiero imaginar lo que puede sentir una mujer al ver cómo se las trata en estas tiras. Uno de los protagonistas llega a decir "Las mujeres son una mala copia de los gays". Obviamente estallé de risa con ese chiste, pero me doy cuenta de por dónde se pasa Adao los límites de la corrección política. Para ser justos, acá hay humor que ridiculiza a las minas, a los varones heterosexuales y por supuesto a los homosexuales. Posta, no se salva nadie. El último tramo del recopilatorio, con las tiras en las que Rocky & Hudson dejan el Far West para viajar en el tiempo a la antigua Grecia, es tan cómico, está tan poblado de buenas ideas, que es una lástima que no haya más de eso. Finalmente, qué zarpado que estas tiras de señores que usan cosméticos de mujer, besan a otros señores en la boca y se meten cosas puntiagudas en el orto, se hayan publicado en un medio tan masivo como es A Folha de Sao Paulo. Acá lo más extremo que leímos en un medio con esa llegada (el único que se me ocurre a ese nivel es Clarín) creo que fue La Nelly. Es entre paradójico e indignante que un autor de primer nivel mundial que vive hace décadas en Argentina como Adao Iturrusgarai no tenga libros publicados en nuestro país. A ver si se despiertan los editores, que acá tenemos a un verdadero prócer de la historieta humorística, con una producción enorme y una calidad que te pone los pelos de punta. Nada más, la seguimos pronto. Buen finde.

jueves, 26 de diciembre de 2019

JUEVES INDECISO

Llueve, sale el sol, refresca, hace calor, sopla un vendaval, se calma… Imposible decidir qué ropa ponerse para salir hoy a la calle, por lo menos en Buenos Aires. Pero bueno, ya estoy en casa tranqui y en patas, listo para escribir nuevas reseñas.
Arranco en Brasil, con un libro editado en el 2000: Fantasías Urbanas, un recopilatorio de tiras e historietas de Aline, la fabulosa creación del gran Adao Iturrusgarai. El dibujo de Adao en esta obra es perfecto: plástico, sintético, con mucha gracia, con un trazo amistoso que rápidamente te incluye, te atrapa, te invita a jugar.  Los fondos están buenísimos, el color es excelente y cuando el chiste lo invita a Iturrusgarai a cambiar de estilo, lo hace y vuelve a sorprender.
La tira nos mete en la desopilante comedia que es la vida de Aline, una chica de… ¿18, 19, 20 años?, fanática del sexo, la birra y el rock, que tiene dos novios y se acuesta con los dos al mismo tiempo, con total naturalidad. Una verdadera pionera del poliamor. Adao nos hace querer muchísimo a esta chica, en parte porque –si bien está clarísimo que es muy atractiva- no la hace posar de diosa, sino que nos la muestra en situaciones patéticas, desde la obvia paja abajo de las sábanas hasta vómitos, meos en cualquier lado y un pase de merca que la deja recontra-acelerada. Además del sexo, la droga y el rock, Iturrusgarai problematiza (con perdón de la palabra) también el tema de las dietas, de cómo las chicas jóvenes perciben su cuerpo, y le dedica unas cuantas tiras al síndrome pre-menstrual. Todo esto de modo muy zarpado y sobre todo muy gracioso, con un timing preciso, afilado y unos remates explosivos e impredecibles.
Aline es una gran tira, con mucha honestidad y mucha valentía para explorar los aspectos menos glamorosos de la vida exterior e interior de una chica joven, a un nivel muy alto y encima con algunos de los mejores dibujos de este gran autor brasileño radicado hace ya varios años en Argentina. Y no, en nuestro país esto no lo edita nadie. Hay que conseguir las ediciones brazucas y leerlo en portugués. ¡Droga!
Avanzamos unos años y llegamos a 2004, cuando Will Pfeifer toma las riendas de la serie regular de Aquaman, tras un relanzamiento a cargo de Rick Veitch sumamente puteado por la hinchada. Pfeifer arranca con los tapones de punta, pateando el tablero bien a la mierda: más de media ciudad de San Diego se hunde en el Océano Pacífico y empiezan a aparecer sobrevivientes… ¡que respiran agua en vez de aire! Aquaman se va a poner al hombro la reconstrucción de esta nueva ciudad sumergida, la organización de esta sociedad que ahora respira agua y trata de adaptarse a la vida sin fuego, sin papel, sin un montón de cosas que no pueden existir bajo el agua. Y además va a investigar qué carajo pasó, quién o quiénes son los responsables del cataclismo y de la imposible mutación que sufrieron estos miles de humanos que ahora conviven con los peces.
La trama es realmente atrapante, está muy bien llevada, los sacudones y las revelaciones shockeantes llegan en los momentos justos, hay construcción de subplots a futuro, personajes nuevos pensados para enriquecer la mitología del personaje y si hay algo para criticar es que Aquaman no tiene profundidad. Al guionista no le interesa ahondar en la personalidad del ex-monarca de Atlantis sino que nos lo presenta simplemente como un tipo noble, poderoso y por momentos un toque intimidante, siempre decidido a hacer lo correcto, cueste lo que cueste. Los diálogos están bien, no hay escenas de machaca metidas a presión, y casi hasta el final me comí el amague de que Sub Diego se podía leer como una novela gráfica, con principio, desarrollo y fin. En última instancia, Pfeifer me empomó y me dejó un par de puntas sin resolver… pero por suerte tengo a mano el TPB que le sigue a este.
A cargo del dibujo está Patrick Gleason, no al nivel que veremos más tarde en Green Lantern Corps o Batman & Robin, pero con buenos primeros planos, buena anatomía, una narrativa sobria y consistente, un entintado versátil a cargo de Christian Alamy (otrora dibujante de varias miniseries de Lobo) y lo más lindo: Gleason le sigue el ritmo a Pfeifer y dibuja ocho episodios consecutivos, algo que hoy, 15 años después, es prácticamente una quimera.
Había leído esta saga hace más de 10 años y en revistitas, y creo que esta vez la disfruté un poco más. Y si mal no recuerdo, lo que viene después (creo que ya sin Pfeifer) es mejor. Así que sí, recomiendo Sub Diego a los fans de Aquaman, de Will Pfeifer, o de los superhéroes de DC en general.

Nada más por hoy. Nos vemos el sábado a las 17 hs en Sector 2814 y pronto habrá nuevas reseñas acá en el blog.

lunes, 18 de marzo de 2019

OTRA NOCHE DE LUNES

Vamos con las reseñas de un par de libritos que me bajé durante los últimos días.
Arranco con el Vol.5 de The Invisibles, llamado “Counting to None”. Esto abarca los nºs 5 al 13 de la segunda serie y es probablemente lo más flojo de la seminal obra de Grant Morrison. Son más de 200 páginas sostenidas por una premisa argumental tan chiquita, tan intrascendente, que por momentos me dio vergüenza ajena. En el contexto global de la obra, el 90% de lo poco que pasa en este tomo podría no pasar y no cambiaría prácticamente nada. El plot más interesante del tomo anterior (la posible dominación mental de Ragged Robin por parte del maligno Mr. Quimper) acá ni se menciona. Toda la gigantesca movida de los Invisibles y sus enemigos por capturar la Mano de la Gloria termina por tener ínfimas consecuencias, al igual que la captura de Boy por parte de una célula cuyo verdadero rol en la trama es impredecible y está bastante bien resuelto.
Y también hay mucha acción, violencia y torturas en grandes cantidades, amor, sexo, viajes astrales, conceptos limadísimos y diálogos muy afilados. Pero falta. Falta desarrollo en los personajes, sobre todo. Boy es la que más atención recibe, porque –torturas psicológicas mediante- nos metemos bastante en su mente. Y también hay algo de King Mob. Pero el resto, muy poquito. Es muy loco, porque en general cuando me dan un comic de machaca escrito por uno que sabe, me la creo, me engancho y no siento que me están mezquinando espesor dramático o solidez argumental. Acá sentí esa falencia todo el tiempo, incluso cuando Morrison detona todos esos diálogos brillantes y esas revelaciones supuestamente shockeantes.
El dibujo de Phil Jimenez sigue –por suerte- en un muy buen nivel, incluso en los episodios en los que entrega unos bocetos bastante básicos para que los termine un laborioso John Stokes. En los episodios donde no está Jimenez, tenemos unas muy lindas paginitas de un Michael Lark que no se parece en nada al actual y una participación muy notable de Chris Weston, que deja la vida en cada viñeta. Me queda un sólo tomo por leer, que espero sea mejor que este.
Salto a Brasil, a 2008, año en el que el maestro Adâo Iturrusgarai se viene a vivir a Argentina, no sin antes publicar No Divâ com Adâo (al diván con Adán) un libro de humor con el que me cagué de la risa, mal. Me reí a carcajadas en el bondi, como un subnormal. Son unas 120 páginas de chistes (varias de ellas inéditas), todas compuestas por cuatro viñetas en las que Adâo propone una misma estructura: un in crescendo de crueldad, mala leche o guarrada lisa y llana que desemboca invariablemente en una cuarta viñeta tremenda. Para mi sorpresa, la repetición de la fórmula suma comicidad con la acumulación, en vez de diluirse o hacerse predecible.
Adâo le va metiendo pequeñas modificaciones a la fórmula. Al principio todo gira en torno a cuántos años de terapia necesitás para superar ciertas situaciones, después cuántos Aves Marías y Padres Nuestros hacen falta para que Dios te perdone ciertos pecados, después cuántos kilos de culpa producen ciertos actos, después cuántos años de Infierno te merecés por cada cosa y así. Lo importante en realidad son las situaciones. La forma en la que Adâo observa y satiriza momentos, hechos, puntitas de conflictos con los que a veces es muy fácil sentirse identificados y otras veces es inevitable decir “nah, te fuiste a la mierda”. El genio del humor brazuca no deja títere con cabeza. Manda chistes de sexo salvaje, drogas, escatología, política, humor negro, violencia, y por supuesto no deja afuera el patetismo, la mala leche y la mediocridad de la vida cotidiana.
El dibujo fluctúa bastante, desde viñetas más cuidadas (más cercanas a un Angeli, ponele) hasta otras resueltas bien a los bestia, en un par de trazos bestiales, viscerales, más cercanos a un Johnny Ryan. El color a veces está más laburado, otras veces está todo pintado del mismo color, sin distinguir siquiera a los personajes de los fondos. Pero nada de eso es demasiado importante. Está claro que para Adâo el dibujo es totalmente accesorio, y lo realmente fundamental son las ideas y la forma de transmitirlas. Y ahí es donde el autor da la vuelta olímpica en el Maracaná que se le negó dos veces a la verdeamarela. En la gracia, la fuerza, el impacto y la genialidad con la que baja línea en estas no-historias que explotan de humor y que mucho le hubiera gustado imaginar al maestro Alfredo Grondona White. Esto en Brasil lo publicó la mega-editorial Planeta, así que no me parece tan utópico que se pueda traducir al castellano y publicarse en el país donde vive Adâo Iturrusgarai hace casi 11 años.

Y no hay más. Nos reencontramos pronto con nuevas reseñas, acá en el blog.

lunes, 2 de marzo de 2015

02/ 03: A MAQUINA DO TEMPO

Mirá cómo una boludez (que no se le ocurre a cualquiera, pero no deja de ser una boludez) hace que el típico libro de rejunte de obra dispersa de un autor X cobre un sentido y hasta una identidad más copada. A algún genio se le ocurrió reeditar un montón de historias cortas de Adao Iturrusgarai (el brasilero radicado en Argentina) realizadas entre 1983 y 2013… de adelante para atrás. O sea, retrocediendo, como en un viaje al pasado. El libro arranca con una historieta de 2013 y termina con una 30 años anterior. El efecto es muy raro, porque invita al lector a realizar el camino inverso al que realizó Adao, desde su presente como autor consagrado hacia sus inicios como emergente del fértil under brazuca de los ´80.
Aunque, para ser justos, la evolución (para atrás) del estilo de Iturrusgarai no es tan marcada ni tan evidente como uno podría suponer. La historieta de 1983 no es tan distinta, ni en temática ni en estética, de la de 2013. Son más las continuidades que las rupturas, lo cual habla de la coherencia del autor consigo mismo y del muy buen nivel que ya tenía cuando le tocó dar sus primeros pasos. En el medio hay momentos más raros, en los que Adao amaga con agarrar para otro lado, y eso está muy bien. La página fechada en 1986, por ejemplo, nos muestra al autor en una busqueda que lo aleja de Georges Wolinski (su referente natural) y lo acerca a Philippe Vuillemin. En las páginas de 1989, Adao parece transformarse en un autor de El Víbora, con cositas de Miguel Gallardo o Bartolomé Seguí. En las páginas de 1997 y 2001 vemos la versión más limpita, más “careta” del estilo del autor, algo que me había llamado mucho la atención en la reseña del 02/04/14. En 2005, lo vemos coquetear con el minimalismo más extremo en la brillante Drink Fatal. Y de ahí en más, pueden variar las técnicas de entintado, o de coloreado, pero es básicamente el Adao Iturrusgarai que nos conquistó a todos con su onda visceral y desfachatada.
Además de Drink Fatal, la antología ofrece varias historias más realmente notables. Moscas (2013) es una maravilla, que debería ser de lectura obligatoria en las escuelas. Son tres páginas fundamentales para entender… todo. Timoteo o Timido (2011) es un muy lindo ejercicio narrativo, más experimental que cómico. Otro ejercicio muy interesante es la página sin título (y sin textos) de 2009, la del tipo que se agranda hasta abandonar el planeta. Del mismo año, O Contorno de Gregório Sancha es una muy buena historia, bizarra pero profunda, con bastante contenido como para pensar. Y también de 2009 y también sin textos, me encantó Love Story, que aparentemente es un “cover” de una historieta de Wolinski.
De 2008 me encantaron la breve pero demoledora Já Mentiu Hoje? y la desopilante O Vendedor de Respostas, que me parece que la leí hace unos años en la Fierro. De 2007, me reí mucho con Morte no Horario de Verao, una gran idea muy bien desarrollada. Me sorprendió muy gratamente el final de Festa a Fantasía (2006). Y me gustaron algunos (no todos) los episodios de Stronzata Galattica. Y ya mucho más atrás, me reí mucho con las tiras de O Fim Dos Super-Herois (1990), con chistes de exquisita mala leche. Y hay muchos chistes más muy graciosos, de pijas, tetas, borracheras, drogas y boludeces varias. Los tests tipo “¿Cuánto te va a durar el enamoramiento?” no son muy originales (los hizo durante mil años Matt Groening en Life in Hell) pero están muy bien resueltos.
También hay un par de historias cortas realizadas en colaboración: la que dibuja Adao con guión de Verde se me hizo muy larga, y la que escribe para que dibuje el maestro Laerte va muy rápido, está muy comprimida, de modo que no se llega a establecer bien quiénes son los personajes y cuál es el conflicto.
Si sos fan de Iturrusgarai, no lo dudes: pedile a alguien que viaje a Brasil que te traiga esta joya, muy bien editada por Zarabatana. Y si no lo conocés, acá te vas a encontrar con un abanderado del Humor Sin Barreras, que casi siempre renuncia al virtuosismo gráfico para irse al carajo con las ideas, con los diálogos e incluso con situaciones de la vida real que Adao reinterpreta para llevarlas al extremo del delirio, del descontrol y –obviamente- de la comicidad. Muito prazer.

miércoles, 2 de abril de 2014

02/ 04: MINHA VIDA RIDICULA

Sigo con mi recorrida por la historieta latinoamericana reciente y me encuentro con este magnífico recopilatorio de tiras cómicas y breves historietas de Adao Iturrusgarai, un autor más brazuca que comer feijoada en Copacabana, pero que hace varios años está radicado en Argentina.
Adao tiene una producción enorme desde fines de los ´80 y algo de eso pudimos ver traducido al castellano en las páginas de Fierro. A la hora de armar esta recopilación, el criterio fue reunir todas las historietas y tiras en las que el autor hace humor con su propia vida, ya sean anécdotas de su infancia y su juventud, o pequeñas crónicas de su vida cotidiana. En esta segunda vertiente, Adao incursiona en la clásica historieta autobiográfica protagonizada por un dibujante que vive con su esposa y sus hijos, en la misma línea de los trabajos de Lewis Trondheim o Alfredo Rodríguez que ya vimos en el blog, aunque sin escaparle al tema del sexo, bastante presente incluso en las tiras en las que Laura, su esposa, participa de argumentos y dibujos. Las tiras más graciosas son esas en las que Laura (argentina) habla como nosotros y Adao pesca la mitad de las animaladas que le dice su mujer.
Si conocés las obras de Iturrusgarai para los diarios y revistas de Brasil, seguro lo tenés encasillado como un humorista salvaje, un militante del movimiento del Humor Sin Barreras. Por suerte de eso hay mucho en las tiras e historietas en las que el autor cuenta anécdotas de su infancia, su adolescencia, sus meses en París y sus primeros años como dibujante profesional, ya afincado en San Pablo, cuando se convierte en una especie de sidekick de aquella tríada insumergible formada por Angeli, Laerte y Glauco (los vimos team-upear en una reseña publicada el 03/11/11). Ahí tenemos sexo, droga, rockanroll y hasta un enano que se disfraza de gaucho y se empoma a una vieja ciega, a la que solía tocarle el culo el abuelo del autor.
Me llamó mucho la atención una serie de tiras, agrupadas en apenas 5 páginas, bajo en nombre de Private Eye, porque ahí Adao cambia el estilo y dibuja con una línea más sólida, más redondita, más careta en un punto, más cerca de la de Angeli también, y sobre todo muy linda, muy plástica. En el resto del libro, vemos al autor dibujar en su estilo mucho más suelto, más a mano alzada, más al filo del mamarracho, con muchas menos pilas a la hora de pelar algún tipo de virtuosismo. Ahí se ve al Adao al que el dibujo le chupa un huevo, porque sólo le interesa contar el chiste. El grafismo poco importa, como le importaba poco a Georges Wolinski, por ejemplo, o a Johnny Ryan. Aún así, Iturrusgarai sorprende gratamente en el armado de las secuencias, cuando incorpora el color con acuarelas, y cuando hace que sus personajes salten por el aire en posiciones que me hicieron acordar a los dibujos de Keith Haring.
Como casi todos los autores que hacen humor autobiográfico, Adao se retrata a sí mismo como un personaje venal, patético, vago, pajero, borracho, irresponsable, al que le cuesta adaptarse a la vida tranqui de tipo cuarentón, casado y con hijos. Por suerte el libro incluye una sección de 12 páginas, en las que otros historietistas y humoristas hablan de Adao, y todos coinciden en mostrarlo como un guarro, siempre al límite de irse al carajo, pero muy inteligente, muy buen amigo y con una facilidad asombrosa para improvisar genialidades de la nada. En esas páginas vemos dibujos, chistes o historietas de una página de bestias como Allan Sieber y Arnaldo Branco (los tuvimos el año pasado en Comicópolis), Rafael Coutinho (a quien conocimos hace un par de años en Crack Bang Boom), Fido Nesti (a quien no conocía y me encantó), Eloar Guazzelli, el maestro Laerte y el ídolo marplatense Gustavo Sala. Un lindo complemento, para que se escuchen otras voces además de la del autor/ protagonista.
Si nunca leíste nada de Adao Iturrusgarai, no te recomiendo empezar por acá. Quizás te resulte más atractivo empezar por el libro de Rocky y Hudson, los cowboys gay, que son el greatest hit de este autor y hasta tuvieron su propia película animada. De eso también, algo se vio en Fierro y hace no mucho salió un muy buen recopilatorio en la editorial española Diábolo, que en algún momento me compraré. Y si ya sos fan de este monstruo, pedile este libro (editado por Zarabatana) a cualquier amigo, familiar, novia/o o dealer que viaje a Brasil, porque re-garpa (en reales).