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sábado, 27 de enero de 2024
SÁBADO RETRO
Venía pisteando como un campeón, con un muy buen ritmo de lectura, pero esta semana me costó mucho más encontrar el tiempo para dedicarle a lo más lindo el mundo, que es leer historietas. Pero bueno, hoy tengo un rato para reseñar los dos libros que llegué a leer.
En 2023, entre muchas reediciones de material originalmente publicado en Skorpio, tuvimos el rescate de El Imperio y los Harapos, una breve serie creada a fines de los ´80 por dos ídolos de quien tuve la suerte de ser amigo y que -injustamente- murieron muy jóvenes: Walter Slavich y Rubén Meriggi. Walter y Rubén formaron una dupla bastante prolífica en aquellos años, pero creo que de todo lo que hicieron juntos, nada supera a El Imperio y los Harapos. En apenas 56 páginas, tenemos una saga familiar de poder, ambición, crueldad y amor, dibujada en un gran nivel y con unos textos por momentos maravillosos.
Slavich le tenía tanto cariño a esta historia que los hermanos gemelos que la protagonizan se llaman Wal (por Walter) y Mar (por Marcelo, el hermano gemelo de Walter). La historia está ambientada en una versión fantástica del Lejano Oriente pre-feudal, o sea que no nos puede quedar más lejos. Pero la habilidad de Slavich como guionista hace que los conflictos se nos presenten como muy reales y muy cercanos, y que logremos identificarnos con estos personajes y sentir en carne propia los dilemas morales que los atormentan. El guion es redondo, sólido, un mecanismo de relojería que no avanza a fuerza de caprichos ni de volantazos inexplicables, a pesar de que el espacio no abunda y Slavich sabe (o intuye) que tiene que resolver todo rápido, que no se puede colgar en detalles menores. Cuando leí El Imperio y los Harapos por primera vez, me conmovió su fuerza, su profundidad y cómo la acción y la violencia que asociamos con las aventuras épicas en mundos fantásticos se pudo poner al servicio de emociones y sensaciones muy humanas, muy nuestras. Pasaron más de 30 años y hoy me volvió a emocionar, por eso la recomiendo muchísimo.
El libro tiene una sola pifia (cuando enumeran las obras de Meriggi mencionan a "Iras", sin h) y un acierto, que es el de reunir a modo de complemento los tres episodios de la saga de Ray-Heart, más un unitario precioso (con los mejores dibujos del libro) llamado "Progreso". La trilogía de Ray-Heart no está al nivel de El Imperio... pero tiene un muy buen tercer episodio. El segundo, en cambio, es bastante errático y se termina por definir en una página 14 con diez viñetas repletas de texto, en las que Slavich tiene que explicar todo lo que no se entendió a lo largo de las 13 anteriores. El trabajo de Meriggi no varía mucho entre una saga y la otra (son obras de la misma época, dibujadas con pocos meses de diferencia) y representa un salto de calidad respecto de lo que el autor había mostrado en las revistas de Columba. Esa mezcla imposible entre clásicos del comic yanki tipo Joe Kubert, Jack Kirby y Gil Kane y bestias del comic francés como Moebius se plasma en estas páginas, en las que el trazo de Rubén se libera, se despliega y denota compromiso, riesgo y sobre todo felicidad. "Progreso" está un escalón por encima de las otras dos obras que incluye el libro, simplemente porque Meriggi encuentra un mejor equilibrio entre masas negras y espacios blancos. Pero el impacto, la potencia y el dinamismo que eran la marca de fábrica de Rubén, están siempre, en todas las páginas del libro.
Me voy a Italia, año 2010, cuando la editorial Sergio Bonelli le dedica el Vol.4 de la colección semestral Dylan Dog Color Fest a una antología de cuatro historias, agrupadas bajo el falso título de "Humor". Sí, la portada es del maestro Silver (del que hablamos hace poco) y es en joda. Pero las historietas de adentro no son necesariamente cómicas. Son típicos guiones de Dylan Dog, resueltos con menos oscuridad, menos muertes, y dibujados en un estilo más luminoso, más amistoso. Veamos qué hay ahí adentro.
La primera aventura es la que generaba mayor expectativa, por estar a cargo de dos autores fundamentales para entender los últimos 50 años de la historieta italiana: guion de Tito Faraci, dibujos de Giorgio Cavazzano. El dibujante sale más que victorioso (y el color es muy lindo), pero el guion la verdad que está por debajo de la línea de pobreza, muy lejos de lo esperado. La segunda historia tiene un guionista menos conocido (Lorenzo Bartoli) y unos dibujos majestuosos de ese genio que es Massimo Carnevale, acá en un tono distinto al habitual, como si tratara de fusionar a François Boucq con Juan Bobillo. El resultado son 32 páginas con un guion simpático, con giros impredecibles, y un nivel en lo visual que justifica totalmente la compra del libro.
La tercera historia es la más delirante, la que menos encaja en el molde de las típicas aventuras del investigador de lo oculto, escrita por Bruno Enna y -también- dibujada y coloreada de manera muy atractiva y muy disfrutable por Fabio Celoni. No es una gema, pero está muy bien. Y cerramos con una historia escrita por Giovanni Gualdoni que se ajusta demasiado al molde de Dylan Dog, de modo que casi no hay margen para la comedia. Pero es un muy buen guion, jodido, espeso, que logró ponerme nervioso. El dibujo es alucinante: es el maestro Corrado Mastantuono, especialista en climas oscuros y ominosos, en un experimento loquísimo por cambiar su línea y dibujar en un estilo semi-funny, tipo Feliciano García Zecchin en 4 Segundos, como para ubicarlo fácilmente. Lo más insólito es que le queda perfecto. Incluso a años luz de su estilo habitual, Mastantuono nos regala unas páginas realmente formidables.
Y hasta acá llegamos. Gracias por el aguante y nos reencontramos pronto con nuevas reseñas, acá en el blog. Ah, el miércoles a las 22:30 hs hay Agenda Abierta en el canal de YouTube de Comiqueando, por si me quieren acompañar un rato.
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Walter Slavich
domingo, 6 de febrero de 2022
NUEVAS LECTURAS
Bueno, sí, lo confieso: compré un libro de Deux, la editorial del delincuente de Muñones. Bueno, está bien, está bien. No fue uno... fueron tres. Pero fue sin querer, una tentación, un desliz. Vi un librito con historietas unitarias de las que salían en Skorpio, y como fan de Eduardo Mazzitelli y amigo del inolvidable Rubén Meriggi, no me pude resistir. ¿Hay baja de penas si logro demostrar que lo pagué con descuento? ¿No? Bueno, ¿y si juro vendérselo barato a alguien más que lo quiera y no lo tenga?
Porque la verdad que, fuera del cariño que uno tiene por la memoria de Rubén y lo lindo que es que se reedite el material de aquella época tan copada de Skorpio, Fantasías no es un libro imprescindible. De movida, de las 56 páginas que ofrece, DIEZ no son historietas sino pin-ups, carátulas y rellenos varios. Una proporción muy superior a la recomendada. Después, si te lo comprás por ser muy fan de Mazzitelli, vas a descubrir que uno de los cuatro relatos que incluye el libro NO lo escribe Eduardo, sino Walter Slavich, su amigo y socio de aquel entonces. Ojo: el de Slavich es un muy buen guion, pero por ahí vos te comprás los libros de Mazzitelli para leer historietas de Mazzitelli. Y si sos muy fan de Meriggi sí, este libro te cierra por todos lados, porque las páginas que no tienen historietas son dibujos e ilustraciones del recordado co-creador de Crazy Jack, en las que deja la vida.
En cuanto a las historietas, la primera de Mazzitelli se basa en una muy buena idea, que se estira un poquito más de la cuenta. Seguramente se podía contar lo mismo en menos de 10 páginas, quizás con más fuerza. Después tenemos la de Slavich, una gran historia sobre la codicia, que funciona muy bien. En la tercera vuelve Mazzitelli, pero no logra que la idea (piola, interesante) se plasme en un gran guion. Y la última, también fruto de la hábil pluma de Eduardo, es una historia atrapante e ingeniosa, en la que se luce su prosa florida, pero sin eclipsar a la trama, que es muy buena.
En el apartado gráfico, se nota cómo a Meriggi no le resultaba del todo cómoda esta narrativa compacta, que muy rara vez le permitía meter menos de cinco viñetas por página. Yo creo que, a medida que avanzó su carrera y se afianzó su estilo (repleto de rayitas, con esos cross-hatchings alucinantes), Meriggi se fue haciendo menos historietista y más ilustrador. Cada vez más se lo veía más a sus anchas en páginas de poquísimos cuadros, o directamente en pin-ups bien zarpados, que en páginas donde tuviera que poner el dibujo al servicio de un relato. Sobre todo en la tercera historia, la trama ofrece varias instancias en las que vendría bárbaro una splash-page devastadora, a todo o nada, y me lo imagino a Meriggi mordiéndose los dedos para no dibujarla, porque los editores italianos no querían páginas de menos de cuatro viñetas. Y aún así, “preso” de un formato que lo restringía muchísimo, Rubén le ponía el alma a estas historias para Skorpio y hay excelentes fondos, un equilibrio muy personal entre blancos y negros, buenas expresiones faciales… Falta por ahí un poco más de variedad de planos en las historias de Mazzitelli, no así en la que escribe Slavich. Pero visualmente esto es grosso para los fans de Meriggi y de la fantasía épica en general.
Bueno, me parece que no se lo vendo a nadie. Me lo quedo y a la mierda. No todos los días se edita material de Meriggi y Mazzitelli y yo lo celebro, aunque lo edite un garca que en un país más normal sería la novia de todo un pabellón de reclusos en un penal de máxima seguridad.
Le entré al Vol.3 de 20th Century Boys, la obra maestra del inmenso Naoki Urasawa… que se volvió completamente loco. El tomo (doble) arranca con 110 páginas de lo que hasta ahora era la trama central, con Kenji y sus amigos enfrentados a la tétrica conspiración del enigmático Amigo, en la bisagra entre el Siglo XX y el Siglo XXI. Y ahí, de pronto, sin previo aviso, la narración salta 14 años para adelante, al 2014, y se mantiene el clima de lo que veníamos viendo, pero ahora el manga cambia totalmente de protagonistas. Urasawa centra el resto del tomo en Kanna, una chica que en el 2000 tenía tres años y ahora tiene 17, que interactúa con personajes 100% nuevos, algunos vinculados con distintos niveles de sutileza a los que aparecían en el tramo situado en el 2000. Entonces, las secuencias del “futuro” nos spoilean (también con bastante sutileza) lo que pudo haberle pasado a Kenji y sus amigos, del los cuales prácticamente no vamos a volver a oir hablar en lo que queda del tomo. Y también vamos a ver cómo entran en escena varios personajes nuevos (algunos de ellos son mangakas, basados en el propio Urasawa y en los legendarios Fujio Fujiko) para protagonizar largas secuencias que, muchas páginas después, van a conectar de alguna manera con la trama central. Sobre el final del tomo, tenemos un nuevo segmento ambientado en el pasado. ¿Retomamos la trama que había quedado colgada en el 2000? No, nos vamos a 1971, cuando los protagonistas eran chicos de escuela primaria.
Urasawa va y viene, nos muestra la puntita, la esconde, nos enloquece en el camino del misterio y explora nuevas formas de generar suspenso y tenernos totalmente enganchados con una trama que se hace mucho más compleja tomo a tomo y capítulo a capítulo. Es increíble cómo se toma el tiempo y el esfuerzo para definir perfectamente a todos los personajes que va sumando al elenco, por pequeños que sean sus roles. Todo contribuye a generar tensión y a dotar a la saga de un mayor realismo y una mayor humanidad. Lo del realismo se ve también en el dibujo: son pocos los personajes que respetan la estética tradicional de los héroes y heroínas de los mangas. La mayoría de las creaciones de Urasawa se parecen mucho más a los seres de carne y hueso que pueblan el país del Sol Naciente, y a unos y otros el autor les permite expresarse a sus anchas con un dibujo fastuoso, con una atención devastadora a todos los detalles que me hace acordar a los mejores trabajos de Horacio Altuna. Sumémosle las grandes escenas de acción, los distintos climas que ofrecen los distintos tiempos y locaciones en los que transcurre la historia, y tenemos un manga que solo un genio podría dibujar. Esto es una demencia, es llevar todo al extremo más zarpado. No sé cuánto voy a aguantar sin zambullirme en el Vol.4.
Y hasta acá llegamos. Muchas gracias y aprovecho para invitarlos a las presentaciones de ¿Quién quiere ser superhéroe? en Claromecó (el jueves 10 en el parador Orilla Gurú) y en Mar del Plata (el viernes 11 en el bar El Argentino). Nos reencontramos pronto, acá en el blog.
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Naoki Urasawa,
Rubén Meriggi
jueves, 4 de enero de 2018
JUEVES DE RECONTRACALOR
Menos mal que corre un vientito, porque si no, esto sería el Averno mismo. Vamos con unas reseñitas más, a ver hasta dónde llegamos…
Este librito editado en 2017 por Fog of War reúne las (no muchas) páginas de Crazy Jack realizadas por el maestro Rubén Meriggi en los primeros años de este milenio. Básicamente, son dos historietas: una de 32 páginas y una de 14. La primera historieta es de 2001, y debe ser la primera aparición de un personaje de Columba luego del cierre de la legendaria editorial. Acá tenemos unos bloques de texto muy logrados, un aporte del inmenso Eduardo Mazzitelli a la saga de Crazy Jack. Y además Meriggi dibuja en su estilo más lindo, más cercano a lo que hacía a principios de los ´90 en la Skorpio (que, para mi gusto, es lo mejor de su extensa trayectoria). Por supuesto que sus trabajos para Skorpio tenían más cuadros por página y una narrativa mucho más tradicional. Pero bueno, acá lo que me deja un sabor amargo no es un problema en el armado del relato gráfico, sino a nivel argumental. Ese es el punto débil de esta aventura del gigante de cabellos blancos: el conflicto, el villano, cómo está planteado y cómo se resuelve. Por suerte, entre los textos de Mazzitelli y los dibujos de Meriggi te la adornan bastante bien, como para que te enganches con la historia (o al menos lo intentes), aunque a la larga defraude bastante.
La segunda historia, en cambio, está escrita por Manuel Morini (o Gustavo Amézaga, como más te guste), co-creador del personaje junto a Meriggi. Esta vez no tenemos la prosa florida y certera de Mazzitelli, y el trazo de Meriggi se hace grueso, rudimentario, casi granguiñolesco. O sea que no hay con qué disfrazar un argumento realmente fallido… que si duraba unas cuantas páginas más quizás podría haber desarrollado un elemento no muy original pero bastante interesante (el cristal alucinógeno). Si te gusta el Meriggi más brutal, más Jack Kirby, puede ser que te cope. A mí, que me gusta el Meriggi más sutil, ese que coqueteaba con Moebius y Joe Kubert, esta segunda historieta no me convenció para nada. Creo que tengo otra aventura de Crazy Jack en una antología que me regalaron hace poco, así que en algún momento revisitaremos a este violento héroe del futuro.
Sexto recopilatorio del Daredevil de Mark Waid (el Vol.5 lo vimos un lejano 08/09/15) y esta vez me cagaron como de arriba de un puente. El TPB trae apenas TRES episodios de Daredevil, y el resto me lo rellenan con los dos episodios de Hulk en los que DD está como invitado… que los leí hace poquito, el 20/12/17. Hijos de puta, para leer comics de Hulk compro los TPBs de Hulk. Lo que le pasa a Daredevil en esos numeritos no es ni en pedo tan relevante como para incluirlos TAMBIEN en un TPB de Daredevil.
Por suerte los otros tres episodios son excelentes. En los dos primeros, Waid tira un pase mágico y saca de la galera a un personaje que tiene un rol minúsculo en el origen de Daredevil, pero al que ahora el demiurgo le pega una vuelta de tuerca interesantísima y lo convierte en un personaje que –sin ser exactamente un villano- le complica lindo la vida a nuestro abogado ciego favorito. Este arquito, además, cuenta con magníficos dibujos del siempre infra-valorado Javier Rodríguez. Y el otro episodio es apenas simpático, una excusa medio limada para que aparezca el Silver Surfer en New York e interactúe un toque con Daredevil después de las tres o cuatro patadas y piñas de rigor. Esto está dibujado por Chris Samnee, así que ´nuff said. Samnee garpa SIEMPRE.
Y también me bajé el Vol.3 de Aula a la Deriva, el clásico de principios de los ´70 del sensei Kazuo Umezu. Nada, ya sólo me queda cagarme de risa de las bizarreadas cada vez más extremas a las que recurre el autor para mantener siempre arriba la tensión. En este tomo no hay secuencias en las que se filtre un toquecito de comedia, no hay ni un leve subtexto que nos invite a reflexionar acerca de nada, es puro kilombo, de principio a fin. La violencia es cada vez más extrema, al punto de que ya causa gracia. El dibujo es un poquito desparejo pero muy digno, y el punto más alto sigue siendo el mismo de los tomos anteriores: el manejo apabullante de la narrativa, el armado de las secuencias y el control molecular del ritmo del relato. Umezu orquesta todas estas piruetas narrativas en función de poner nervioso al lector, de mantenerlo en estado de alerta permanente, de que no se relaje nunca, porque los chicos que protagonizan este manga no salen de una y ya están metidos hasta el cuello en otra.
El último tramo, el de la mamá de Sho en el “mundo real”, está tan exagerado, tan pasado de rosca, que si quedaba un ápice de verosímil de termina de desvanecer. Encima la edición española termina en cualquier lado, en una página que (me juego las bolas) en la edición ponja no marcaba el final de un capítulo y mucho menos de un tomo recopilatorio. Me queda sin leer el Vol.4, y después habrá que tomar la dura decisión de salir o no en busca de los Vol.5 y 6 para tener la saga completa.
Y no hay más. Volvemos en cualquier momento con nuevas reseñas. ¡Hasta pronto!
Este librito editado en 2017 por Fog of War reúne las (no muchas) páginas de Crazy Jack realizadas por el maestro Rubén Meriggi en los primeros años de este milenio. Básicamente, son dos historietas: una de 32 páginas y una de 14. La primera historieta es de 2001, y debe ser la primera aparición de un personaje de Columba luego del cierre de la legendaria editorial. Acá tenemos unos bloques de texto muy logrados, un aporte del inmenso Eduardo Mazzitelli a la saga de Crazy Jack. Y además Meriggi dibuja en su estilo más lindo, más cercano a lo que hacía a principios de los ´90 en la Skorpio (que, para mi gusto, es lo mejor de su extensa trayectoria). Por supuesto que sus trabajos para Skorpio tenían más cuadros por página y una narrativa mucho más tradicional. Pero bueno, acá lo que me deja un sabor amargo no es un problema en el armado del relato gráfico, sino a nivel argumental. Ese es el punto débil de esta aventura del gigante de cabellos blancos: el conflicto, el villano, cómo está planteado y cómo se resuelve. Por suerte, entre los textos de Mazzitelli y los dibujos de Meriggi te la adornan bastante bien, como para que te enganches con la historia (o al menos lo intentes), aunque a la larga defraude bastante.
La segunda historia, en cambio, está escrita por Manuel Morini (o Gustavo Amézaga, como más te guste), co-creador del personaje junto a Meriggi. Esta vez no tenemos la prosa florida y certera de Mazzitelli, y el trazo de Meriggi se hace grueso, rudimentario, casi granguiñolesco. O sea que no hay con qué disfrazar un argumento realmente fallido… que si duraba unas cuantas páginas más quizás podría haber desarrollado un elemento no muy original pero bastante interesante (el cristal alucinógeno). Si te gusta el Meriggi más brutal, más Jack Kirby, puede ser que te cope. A mí, que me gusta el Meriggi más sutil, ese que coqueteaba con Moebius y Joe Kubert, esta segunda historieta no me convenció para nada. Creo que tengo otra aventura de Crazy Jack en una antología que me regalaron hace poco, así que en algún momento revisitaremos a este violento héroe del futuro.
Sexto recopilatorio del Daredevil de Mark Waid (el Vol.5 lo vimos un lejano 08/09/15) y esta vez me cagaron como de arriba de un puente. El TPB trae apenas TRES episodios de Daredevil, y el resto me lo rellenan con los dos episodios de Hulk en los que DD está como invitado… que los leí hace poquito, el 20/12/17. Hijos de puta, para leer comics de Hulk compro los TPBs de Hulk. Lo que le pasa a Daredevil en esos numeritos no es ni en pedo tan relevante como para incluirlos TAMBIEN en un TPB de Daredevil.
Por suerte los otros tres episodios son excelentes. En los dos primeros, Waid tira un pase mágico y saca de la galera a un personaje que tiene un rol minúsculo en el origen de Daredevil, pero al que ahora el demiurgo le pega una vuelta de tuerca interesantísima y lo convierte en un personaje que –sin ser exactamente un villano- le complica lindo la vida a nuestro abogado ciego favorito. Este arquito, además, cuenta con magníficos dibujos del siempre infra-valorado Javier Rodríguez. Y el otro episodio es apenas simpático, una excusa medio limada para que aparezca el Silver Surfer en New York e interactúe un toque con Daredevil después de las tres o cuatro patadas y piñas de rigor. Esto está dibujado por Chris Samnee, así que ´nuff said. Samnee garpa SIEMPRE.
Y también me bajé el Vol.3 de Aula a la Deriva, el clásico de principios de los ´70 del sensei Kazuo Umezu. Nada, ya sólo me queda cagarme de risa de las bizarreadas cada vez más extremas a las que recurre el autor para mantener siempre arriba la tensión. En este tomo no hay secuencias en las que se filtre un toquecito de comedia, no hay ni un leve subtexto que nos invite a reflexionar acerca de nada, es puro kilombo, de principio a fin. La violencia es cada vez más extrema, al punto de que ya causa gracia. El dibujo es un poquito desparejo pero muy digno, y el punto más alto sigue siendo el mismo de los tomos anteriores: el manejo apabullante de la narrativa, el armado de las secuencias y el control molecular del ritmo del relato. Umezu orquesta todas estas piruetas narrativas en función de poner nervioso al lector, de mantenerlo en estado de alerta permanente, de que no se relaje nunca, porque los chicos que protagonizan este manga no salen de una y ya están metidos hasta el cuello en otra.
El último tramo, el de la mamá de Sho en el “mundo real”, está tan exagerado, tan pasado de rosca, que si quedaba un ápice de verosímil de termina de desvanecer. Encima la edición española termina en cualquier lado, en una página que (me juego las bolas) en la edición ponja no marcaba el final de un capítulo y mucho menos de un tomo recopilatorio. Me queda sin leer el Vol.4, y después habrá que tomar la dura decisión de salir o no en busca de los Vol.5 y 6 para tener la saga completa.
Y no hay más. Volvemos en cualquier momento con nuevas reseñas. ¡Hasta pronto!
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