el blog de reseñas de Andrés Accorsi
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lunes, 27 de febrero de 2023

NOCHE DE LUNES

Por distintos motivos, vengo con poco tiempo para leer comics e incluso para reseñarlos. Pero luego de un paréntesis, hoy retomamos. Terminé (ya era hora) Fables. Tardísimo, como siempre, me devoré esa rareza editorial que es al mismo tiempo el nº150 (recontra extra-large) de la serie mensual y el Vol.22 de la serie de trade paperbacks,. Estamos hablando de un alto masacote de 160 páginas publicado en 2015 que trae historietas, relatos en prosa y textos en lo que los autores se despiden entre sí y de los lectores que los acompañaron a lo largo de los 13 años en los que Vertigo publicó la serie mensual. La historieta principal, a cargo de (como no podía ser de otra manera) Bill Willingham y Mark Buckingham es una novela gráfica de 77 páginas, en la que los creadores de Fables cierran todos los plots importantes que tenían abiertos y resuelven de una vez el conflicto entre Red Rose y Snow White, las hermanas que protagonizan esta última etapa de la serie. Acá tenemos una combinación entre momentos épicos y momentos intimistas muy lograda, en la que además mojan el pancito, a veces en roles muy sorpresivos, varios personajes más. Es un lindo cierre, y además el dibujo de Buckingham está a un nivel glorioso, coloreado mejor que nunca por Lee Loughridge. Pero hay más: como ya vimos en el TPB anterior, Willingham complementa la historia principal con un montón de historias cortitas, que nos narran el final de distintos personajes secundarios. Acá hay gemas, boludeces tolerables y algún que otro bofe. Los finales de Pinocchio y Gepetto son magníficos. El de los cachorros de Bigby Wolf y Snow White también. Y la historia en la que finalmente vemos cómo las autoridades terrenales (ejército y policía) toman cartas en el asunto de Fabletown tiene un guion demasiado bueno para ser real (y para que lo dibuje a media máquina Lam Medina). Y cuando ya creías que era todo rejunte de historias cortitas y personajes del Ascenso, en las últimas páginas reaparecen Willingham y Buckingham para una breve historia ambientada muchos años en el futuro que es pura magia y emoción. En el medio hay breves colaboraciones de monstruos como Neal Adams, Mike Allred, Teddy Kristiansen, Gene Ha, Bryan Talbot o Joëlle Jones, algunos con muy poquitas viñetas, otros con secuencias un poco más largas. Sin dudas es un cierre a la altura de la chapa de una serie que durante 13 años cosechó premios y popularidad a lo pavote, que tenía muchos más lectores que ejemplares vendidos (mucha gente le prestaba sus revistas o libros de Fables a otra para que se cebara y la empezara a leer/ coleccionar), que generó una brutal cantidad de spin-offs y que convirtió a la dupla de Willingham/ Buckingham en una de las más aceitadas y más eficaces de la historia del comic yanki reciente. Años más tarde, Fables volvió, e incluso retomó la numeración con el nº151, pero esa ya es otra historia. La historia posta termina acá, con toda la fanfarria que ameritaba semejante epopeya creativa y editorial. Gracias a todo el equipo que metió mano en Fables por tanta magia y tantos buenos momentos.
Me vengo a Argentina, año 2022, cuando un grupo de escultores y modeladores 3-D se juntan para imaginar un universo de personajes al estilo Masters of the Universe, para desarrollar una línea de action figures (muñecos, para los amigos) de alto impacto. Como complemento, se les ocurre escribir una historieta protagonizada por estos personajes, que se llama Sentencia Astral y que le da un contexto al conflicto entre estos poderosos guerreros del Bien y el Mal. Con el guion consensuado entre todos, consiguieron que lo dibujara el querido maestro Marcelo Sosa (fallecido hace pocas semanas) y lo coloreara el talentoso Guillermo Villarreal. Así, el Vol.1 de Sentencia Astral se convirtió en una realidad tan tangible como los muñecos. No es muy difícil sospechar que el énfasis de los escultores estuvo puesto en imaginar el look y la contextura de cada personaje. Ahí, realmente la rompieron, porque todos se ven increíbles. El trabajo de Sosa para darles vida también es encomiable. Pero después hay varios problemas: el color quedó muy opaco, muy deslucido. Y hay textos en letra negra aplicados arriba de fondos de colores muy oscuros, lo que hace casi imposible descifrar qué dicen. El guion es confuso, las secuencias están hilvanadas de una manera que más de una vez te deja pagando y decís "¿qué pasó entre el cuadro anterior y este?!?". ¿Por qué pasa esto? Porque la historieta tiene apenas 33 páginas y lo que tratan de contarnos los autores es muchísimo más complejo y ambicioso que lo que se puede desarrollar en un espacio tan acotado. Además, se nota la intención de darle protagonismo a la machaca, con lo cual toda la explicación de quiénes son los malos, quiénes son los buenos, cómo reciben sus superpoderes estos muchachones argentinos, quién les explica cuál será su misión, etc., muchas veces no se ve en las viñetas, sino que aparece resumido en extensos bloques de texto que complican la fluidez de la lectura. Es como si al comic le faltaran (además de personajes femeninos, que no hay ninguno) algunas páginas en las que se cuentan gráficamente momentos y diálogos que en este nº1 de Sentencia Astral no aparecen, reemplazados por bloques de texto, o directamente por saltos narrativos que descolocan al lector. Esto además le exige a Sosa armar páginas con ocho o nueve viñetas, algo que le resta lucimiento al dibujo del ídolo. En el medio del bolonki, hay unos cuantos diálogos graciosos, peleas épicas muy bien dibujadas y un vértigo creativo, un frenesí, que salta hacia afuera de la página y te atrapa, aunque a veces la historia no se entienda o se empantane en decisiones narrativas equivocadas. Complementan el librito varios pin-ups de dibujantes invitados, y la infaltable publicidad para que compres los coñemus de tus héroes o villanos favoritos y la machaca entre el Bien y el Mal siga en tu casa, y en tus manos. La triste e inesperada muerte de Marcelo Sosa no frena al proyecto, y los creadores de Sentencia Astral ya están trabajando en un segundo comic, que ojalá tenga más páginas para que todas esas ideas y esos personajes se puedan desarrollar de manera más armónica. Nada más, por hoy. Ya arranqué a leer otro librito y ni bien tenga un par terminados, vuelven las reseñas. Será hasta el mes que viene.

domingo, 18 de agosto de 2019

DOMINGO CON GUSTO A SABADO

Mientras se me reconstruye lentamente el culo después de la goleada que se comió ayer la Academia, avanzo con las reseñas de un par de libritos que leí en estos días.
Tenía colgada la serie central de Fables desde un lejano 06/11/16, cuando me tocó reseñar el Vol.19. Ahora, por fin, le entré al Vol.20, que me deja ahí, a un TPB y monedas del final de esta complejísima epopeya diseñada por Bill Willingham. El Vol.20 es un tomo voluminoso, con 10 episodios de la serie regular. No precisamente los mejores, pero bueno, tampoco es que acá Fables se va a la B o rifa la tremenda chapa acumulada en los años previos.
El TPB arranca con un episodio autoconclusivo muy menor, centrado en la familia de humanoides creados por Geppetto con la madera mágica, que ahora viven una vida absolutamente normal en una Fabletown que se reconstruye de a poco. Esto está dibujado con sobriedad por el siempre efectivo Barry Kitson. En el tramo final del libro, otro unitario (esta vez centrado en el mismísimo Geppetto, con algunas pistas de para dónde puede llegar a agarrar uno de los personajes más impredecibles de la serie) y un arquito de dos episodios, protagonizado por el Gato con Botas y los chicos de la banda de Boy Blue. Acá dibuja como puede Steve Leialoha (después de tanto entintar a Mark Buckingham ya casi le clona el estilo) y es una aventura sumamente estirada, pero que plantea algo que –supongo- Willingham va a utilizar para darle un final muy lógico a Fables.
Y el núcleo del libro, o sea, los seis episodios restantes, son un gigantesco epílogo a lo que sucedió en el tomo anterior. La reconstrucción de Fables, la resurrección de un personaje al que vimos morir, los intentos de los magos por revivir a otro al que vimos… convertirse en algo inerte (perdón por no especificar), y en el medio, un nuevo plan disparatado de Rose Red, que puede terminar en una nueva era de gloria o en otra catástrofe. Willingham aprovecha este “tomo de pretemporada” para hacer hablar mucho a los personajes, para que se replanteen un montón de cosas, para que aprendan y crezcan. Para esta altura, el autor ya tiene clarísimo cómo sacarle el mejor provecho al tema de la serie periódica sin límite de episodios y se da lujos muy notables en el timing del relato y en la cantidad de escenas que le dedica a la introspección o las charlas entre los personajes.
Por supuesto el mejor episodio es un interludio en el arco de Rose Red, que consiste en el encuentro entre tres personajes muertos, que se juntan en una especie de limbo, simplemente a conversar. Acá están los mejores diálogos del tomo, las secuencias más emotivas y las páginas mejor dibujadas por un Mark Buckingham notable. Y como siempre, por atrás y por los costados de historias largas y unitarios cortitos, avanzan unas cuantas runflas espesas, premoniciones ominosas, facturas impagas que se acumulan y personajes menores que esperan agazapados su momento para copar la parada y brillar. No tengo los dos tomos que me faltan para completar Fables (acepto donaciones), así que no sé cuándo podré leer y reseñar el final de esta increíble serie del sello Vertigo, al que todos los dioses tendrán en la gloria ahora que no existe más.
No me quiero ir sin recomendar Tirapia, un librito publicado este año por Ediciones de la Flor que reúne más de 180 tiras cómicas realizadas por J.J. Rovella y aparecidas originalmente en las redes sociales del autor.
Acá Rovella trabaja con total libertad para abordar los temas más diversos, sin tener que centrarse en personajes puntuales (aunque en varias tiras aparecen el Oficial Yuta, Brunella, Zebita, Don Pictórico y hasta Dante Elefante), con la posibilidad de jugar con el absurdo, con el humor negro, de tirar referencias a la cultura pop, de buscarle vueltas ingeniosas al lenguaje icónico de la historieta y hasta de clavar comentarios políticos que no tienen nada que envidiarle a los que leemos todos los días en Alegría. El resultado es muy satisfactorio, con unas cuantas tiras que me hicieron reir en voz alta, otras que me dejaron pensando, otras donde el dibujo brilla más que la idea que motoriza al “chiste”… Creo que las tiras más flojas son esas en las que Rovella juega al humor verbal, a tomar una frase y darla vuelta para tratar de generar un efecto cómico. Me divierte mucho más cuando el efecto cómico llega de la mano del dibujo, o del armado de la secuencia, o de una ingeniosa subversión de las normas que normalmente se aplican a la lectura de historietas o chistes gráficos. Obviamente quiero más libritos con tiras cómicas de este animalito que no deja recurso sin utilizar a la hora de arrancarnos una sonrisa, o de bajar una línea clara, potente y hasta urgente.

Nada más, por hoy. Ni bien tenga más material leído, se viene un nuevo post, acá en el blog.

domingo, 6 de noviembre de 2016

CERRANDO EL DOMINGO

Desde el 04/01/15 que no me clavaba un TPB de Fables, aunque sí leí otras historias ambientadas en el maravilloso universo de esta serie de Vertigo creada por Bill Willingham y Mark Buckingham. Este Vol.19 tiene tres ejes fundamentales: 1) el cierre de la saga de Bufkin y la revolución en Oz, 2) el epílogo a Cubs in Toyland, más algún coletazo muy tardío del combate contra Mister Dark, y 3) la aparición de un nuevo personaje que rápidamente gana el centro de la escena y le impone un cambio grosero al status quo de Bigby Wolf, La infinita chapa de Snow White impedirá que este personaje crezca aún más y se convierta en el nuevo villano grosso de la serie, pero no quiero ahondar en detalles por si alguno todavía no la leyó.
Como siempre, Willingham sorprende con su gran manejo del protagonismo coral, sus diálogos repletos de sutileza y fina ironía, y con esa sensación de “plan a larguísimo plazo” que hace años se volvió tristemenet infrecuente en el mainstream yanki. El arco argumental de Bufkin (engalanado con los magníficos dibujos de Shawn McManus) se nutre además de una sana dosis de comedia, de una especie de caricatura de la clásica epopeya, mientras que el arco protagonizado por Snow White (donde la rompe -como es habitual- Mark Buckingham) ofrece una tonalidad dramática mucho más oscura, por momentos desoladora. Entre los dos, arman un paquete de unas 160 páginas sumamente disfrutables. Obviamente, si sos fan de Fables sabés que hay que bancar la serie hasta el final y si nunca la leíste, sabés que tenés que empezar por el Vol.1, no por este Vol.19.
El Loro de Frida Kahlo es el último libro de Jason que me compré, hace como un año, ya. Son 11 historias cortas, algunas mudas y otras con textos, coloreadas por el maestro Hubert y con un nivel promedio muy alto.
Jason se divierte jugando a las referencias. Hay muchísimos guiños al cine de clase B, a la música, a la plástica (algo bastante obvio cuando el título incluye a Frida Kahlo) e incluso a la política. Imaginate historias mitad pulp/mitad reflexivas, por las que pululan luchadores mexicanos, ladrones de bancos, monstruos, Marilyn Monroe, Chet Baker, Magritte, John F. Kennedy, Nostradamus, el Capitán América, druidas de Stonehenge, ancianas con Alzheimer y un disco de Van Morrison recreado en clave de portadas de comic de terror americanos de la época pre-Comics Code Authority. Te estarás imaginando (digo yo) un terreno fértil para el delirio más fumanchero, pero no: acá hay ideas y secuencias limadísimas, pero abundan los guiones redondos, perfectamente hilvanados, con algunos chispazos de poesía y otros de violencia, de una mala leche y una sordidez que se contraponen hábilmente al dibujo elegante y amistoso de Jason. Nada, No Preguntes, La Noche del Cazador de Vampiros, Lorena Velázquez y Karma Chamaleon son historietas brillantes y las otras seis tienen un montón de momentos memorables, silencios estridentes, ideas inquietantes… La verdad que Jason no defrauda casi nunca y los que venimos siguiendo su producción hace varios años no nos queremos alejar nunca del peculiar universo de este genio nacido en Noruega y afincado hace tiempo en Francia. El Loro de Frida Kahlo confirma el gran momento que está atravesando este autor y tiene todo para jerarquizar la biblioteca de sus fans.
Y hasta acá llegamos. Mañana tengo función de prensa de Dr. Strange, así que ni bien se pueda, comparto mis impresiones acerca de este esperado estreno de Marvel Studios. ¡Gracias por el aguante!

domingo, 4 de enero de 2015

04/ 01: FABLES Vol.18

El 09/12/14 cerraba la reseña del Vol.17 de Fables con la promesa de aguantar hasta 2015 para leer el siguiente tomo y la verdad que me costó cumplirla, porque quedé re-manija, atrapado en un momento increíble de la serie que escribe Bill Willingham, dibuja Mark Buckingham y se está por terminar de editar en EEUU.
Por segundo tomo consecutivo, Willingham concentra la trama en los hijos de Blancanieves y Bigby Wolf, y esta vez deja poco margen para todos los demás. De los otros dos hilos argumentales que veníamos viendo, uno desaparece por completo (el de Bufkin como líder de la revolución en Oz) y el otro (el del regreso a Fabletown tras la derrota de Mister Dark) apenas avanza, en las poquísimas páginas que le dedica el guionista. En realidad, cuando esto se publicó en revistitas, la historia de Bufkin apareció a modo de back-ups, de a tres o cuatro páginas por episodio, y supongo que eso se habrá recopilado en el Vol.19. Pero acá es TODO de los cachorros.
La saga larga, Cubs in Toyland, es una cátedra de imaginación y además de riesgo. Las cosas que le hace hacer Willingham a los protagonistas (Therese y Darien) y a los villanos son absolutamente extremas, muy zarpadas si pensamos que son chicos que todavía no tienen nueve años. Quizás lo mejor que tiene Cubs in Toyland sea que es casi una novela gráfica autoconclusiva, que –salvo por pequeños detalles que no son decisivos en la trama- se podría leer sin tener la más puta idea de que estos chicos son hijos de Bigby y Snow White y sin haber leído jamás un comic de Fables. Y además pasan cosas muy grossas, de las que no hay vuelta atrás. Seguramente el próximo tomo (que todavía no compré) explorará a fondo las consecuencias de lo que sucede en esta saga. O quizás no, viste cómo es Willingham… Por ahí cuelga a estos personajes un par de tomos para dedicarse a abrir o cerrar puntas por otro lado. Pero ya dio sobradas muestras de que acá se indaga SIEMPRE en las consecuencias de lo que se nos muestra, tarde o temprano, caiga quien caiga.
No quiero contar nada del argumento, porque es realmente muy fuerte, muy impactante, y no quiero que un spoiler le reste sorpresas cuando te sientes a leerlo. De hecho, para mi gusto la portada de este tomo cuenta DEMASIADO del argumento, mirá lo que te digo… Como postre, cuando se termina Cubs in Toyland, Willingham nos ofrece The Destiny Game, una maravillosa historia repleta de ideas alucinantes, que abre puntas a rolete (y quizás le aporta data al origen de Bigby Wolf), protagonizada por Ambrose (otro de los hijos de la extraña pareja) y –esto es una novedad- ambientada muchos años en el futuro, cuando este nene gordito y nerd es un cuarentón gordito, nerd y con una chapa infinita. Nunca leí que le preguntaran a Willingham con qué personaje de Fables se identifica, pero ya está, ya sé que si no responde “Ambrose” está chamuyando. Además de potenciar enormemente a este personaje, The Destiny Game incorpora también a los mitos artúricos, creaciones a las que DC le sacó mucho el jugo a lo largo de las décadas, pero que en Fables todavía no habían aparecido.
Por si no alcanzara con los magníficos diálogos, los brillantes bloques de texto, la acción, la rosca y los volantazos impredecibles, The Destiny Game tiene como atractivo extra los dibujos del maestro Gene Ha. Muy preocupado por el realismo, con un gran manejo de la referencia fotográfica, Ha deja la vida en cada viñeta, pone fuerte a la hora de graficar las escenas de acción y conjura unos climas memorables. Son apenas 34 páginas, pero las pongo entre lo mejor de la (no tan abultada) producción del co-creador de Top Ten. Y en todos los episodios de Cubs in Toyland lo tenemos al imbatible Mark Buckingham en otro trabajo increíble, que nos lo muestra afiladísimo en las expresiones faciales y zarpadísimo a la hora de imaginar un mundo que se parece poco al de los típicos cuentos de hadas. Es un placer, posta, ver cómo un tipo tan talentoso se queda tantos años al frente de una serie a la que le aporta todo lo bueno que había hecho hasta ese momento y mucho, muchísimo más.
Y no tengo más tomos de Fables sin leer. ¡Miento! Tengo el Vol.2 de Fairest, al que le voy a entrar este mes. Veremos, entonces, cuando retomamos la lectura de esta serie hipnótica y fascinante. Ojalá sea un paréntesis breve, pero tengo tantas series con las que tengo que avanzar, que no puedo prometer(me) nada.

martes, 9 de diciembre de 2014

09/12: FABLES Vol.17

Y al final me clavé otro tomito de Fables. Que además me viene bárbaro, porque tengo poco tiempo para escribir y en este caso me ahorro todo el párrafo que habitualmente le dedico a los dibujantes.
Este libro trae un arco de cuatro episodios y dos unitarios. El arco central y el unitario de Navidad están dibujados por Mark Buckingham, ídolo absoluto, con una producción enorme que no va para nada en detrimento de la calidad. Y el unitario restante se compone de varias historias muy cortitas, algunas al filo del chiste largo, que quizás algún día tengan alguna conexión importante con alguna de las tramas centrales. Acá hay un mix de dibujantes, todos buenos: P. Craig Russell, Adam Hughes, Ramón Bachs y un combo muy interesante entre Zander Cannon y Jim Fern. Ninguno logra eclipsar a Buckingham, ni por asomo.
El unitario de Navidad arranca como un epílogo al arco principal (ahora vamos, bancá un toque) y termina por darle mucha chapa a Rose Red, que pareciera ser el personaje al que más carnadura, más complejidad y más peso en la trama le quiere dar el guionista Bill Willigham.
Y a su vez, el arco central es un epílogo a lo que sucedió en el Vol.16, es decir, al fin de Mister Dark a manos del personaje que se sacrificó para terminar con el villano, que –ahora sí la spoileo, si no no se puede seguir- no es otro que North Wind, el padre de Bigby Wolf y abuelo de los cachorritos que el lobo tuvo con Blancanieves. Bigby y su padre siempre se llevaron para el orto y el lobo fue un descastado, sin contacto con la casa real de su padre, y por lo tanto sin ninguna posibilidad (ni el más mínimo interés) de ocupar el trono vacante. Así que será uno de sus hijitos, encantadores humanoides con poderes y personalidades copadísimas, quien suceda al difunto abuelo como nuevo Viento Norte.
Por supuesto esto le permitirá a Willingham jugar a las intrigas palaciegas, con los sirvientes del anciano Viento Norte y la presencia de los otros tres Vientos Cardinales, que quieren digitar de algún modo los sucesos que tienen lugar en el Reino de las Planicies Heladas. Bigby va a tener que pelar cintura para sobrellevar todos los embates protocolares y cuasi-políticos que se tejen sobre su familia y, sorprendentemente, el rol de Snow White será menor.
En paralelo, para que haya un poco de acción en medio de este arco muy hablado, Willingham avanza con la historia de Bufkin, de regreso en tierras cercanas al reino de Oz, y ahora al frente de un intento de revolución contra el capanga que agarró la manija cuando este mundo fue liberado del yugo del Adversario. Hasta ahora ese plot da más para la peripecia y la joda que para algo relevante, pero uno ya sabe con qué bueyes ara y Willingham puede clavar el volantazo en cualquier momento y vincular esa trama con cualquiera de las otras del modo menos predecible que nos podeamos imaginar.
Así que lo de Bufkin es lo único que queda colgado para el próximo tomo (al que prometo entraele el mes que viene, así avanzo un poco con otras lecturas) porque lo de la sucesión del Viento Norte se resuelve (muy bien, con sorpresas pero también con coherencia) en este tomo. La verdad que la estoy pasando genial con Fables. Esto es mainstream de enorme nivel, un poco adictivo y sumamente disfrutable por adolescentes y adultos de ambos sexos, sin necesidad de estar muy curtidos en la lectura de comics ni de literatura fantástica. El año que viene, más Fables acá en el blog.

viernes, 5 de diciembre de 2014

05/12: FABLES Vol.16

Ah, bueno, ahora sí. De un modo totalmente impredecible, el maestro Bill Willingham le pone fin a la saga de Mister Dark que amagaba con terminar en el n° 100 y se terminó por extender algunos episodios más. De pronto, lo que no se resolvió en cuatro TPBs se resuelve en… ocho páginas y uno se queda atónito, estupefacto, más idiota que de costumbre. Es una resolución lógica, válida, verosímil. Lo que no se entiende es cuál era la necesidad de demorarla tanto.
Pero vamos a lo primero: el TPB arranca con un unitario en el que Willingham retoma a Bufkin, uno de los pocos miembros del elenco que permanecía en las ruinas de Fabletown, y lo lanza hacia una nueva aventura, que supongo retomará en unitarios posteriores. Y sigamos con lo último: el TPB cierra con otro unitario, esta vez pensado para retomar una punta que había quedado abierta hace muchos, muchos tomos, que es la que tiene que ver con la Bella Durmiente y aquella vez en la que durmió a cerca de un millón de personas en la ciudad que alguna vez fuera capital del Imperio. La historia que Willingham quería contar con este personaje ya la vimos (en el primer TPB de Fairest, reseñado el 12/09/14) pero para hacerla viable había que retomar a la Bella Durmiente desde donde la había dejado la última vez. Los dos unitarios son, entonces, prólogos a otra cosa, mecanismos para reactivar tramas semi-desactivadas. Lujos, en una palabra, que te podés dar cuando tenés una serie ilimitada, con un elenco numerosísimo y una hinchada fiel, que no te putea si cada tanto te desvías de la trama central para explorar historias marginales.
En el medio entre los dos unitarios, tenemos los cuatro episodios de Super Team, el arco argumental en el que veremos la caída final de Mister Dark y el sacrificio de… alguien a quien no voy a nombrar para no spoilear. Eso –ya quedó claro- se resuelve en ocho páginas. El resto, el guionista las dedica a avanzar con las sub-tramas que giran en torno al elenco protagónico (ahora acovachado en Haven) y hay una que podría haber sido un chiste, una boludez anecdótica pero -al mejor estilo South Park- se va de control y termina por comerse el grueso de estas 80 páginas: Pinocchio, hardcore fan de los comics de superhéroes, decide armar un grupito tipo X-Men para combatir a Mister Dark. Convoca a los personajes más poderosos, les pone nombres de superhéroes, les consigue trajes estridentes, y cuando la cosa prende y nadie se quiere quedar afuera del grupo, termina por armar un casting tipo PopStars, a ver quiénes quedan como integrantes de estos F-Men.
Por supuesto, el combate entre los super-Fables y el villano no se produce nunca y todo queda en una gran farsa, una fantochada que Willingham aprovecha para reirse un poco de las convenciones, de los clichés que definen (y a veces lastran) al género superheroico. Se podría haber liquidado en 10, 12 páginas, y terminó por ser el principal artificio para rellenar todas las páginas que no se centran en el duelo final entre Mister Dark y… el personaje que muere para derrotarlo.
Como ya vimos en estos más de 100 episodios, Willingham no suele dejar cabos sueltos, con lo cual seguramente los próximos tomos indagarán minuciosamente en las consecuencias de estas muertes y retomarán a los personajes que quedaron en situaciones medio volátiles, como la enfermera Spratt. El truco de desactivar tramas y personajes sólo por un tiempito le sale muy bien al guionista y, cuando no escasean las ideas, cada cabo aparentemente suelto puede convertirse más adelante en un gran arco argumental.
No me quiero reiterar en los elogios para con el dibujo de Mark Buckingham, que una vez más demuestra lo clara que la tiene. En la rosca y en la machaca, en la sátira y en la tragedia, el inglés pela siempre y sube el listón saga a saga. Para la historia de Bufkin, contamos con la ilustre visita de Eric Shanower (el autor yanki que más y mejor exploró el mundo de Oz) y en el de la Bella Durmiente (que, pobrecita, es la protagonista, pero no dice una palabra) lo tenemos a Terry Moore, el autor de Strangers in Paradise, con un trabajo muy sobrio, muy correcto. Uno lo asocia de inmediato con el blanco y negro, pero acá se complementa muy bien con la paleta de Lee Loughridge.
¿Y ahora que ya sé cómo termina lo de Mister Dark, qué hago? ¿Sigo avanzando con los dos TPBs de Fables que me quedan sin leer, o cuelgo y sigo con otra cosa? Acepto sugerencias.

miércoles, 3 de diciembre de 2014

03/12: FABLES Vol.15

Allá por el 20/10/13, cuando me tocó reseñar el tomo anterior de Fables, yo decía “La guerra entre los habitantes de Fabletown y Mister Dark va a ser larga y la vamos a ver desarrollarse casi en cámara lenta”. Y de alguna manera la emboqué. Este tomo, con más de 240 páginas, que incluye el hiper-giant-size n° 100, amagaba con mostrar la resolución definitiva de este conflicto que se viene cocinando a fuego lento desde el Vol.12. Pero acá nada es lo que parece y el amague se quedó en eso, en el amague. Bill Willingham se toma todo el tiempo del mundo en plantear el combate final, a todo o nada contra Mister Dark, y en las últimas páginas, cuando todo parece resuelto, te tira un “Nah, mirá si le van a haber ganado tan fácil”. Y –como en aquella gran novela de Juan Sasturain- la lucha continúa. Habrá que seguir leyendo Fables para ver cómo logran los habitantes de Fabletown (luego exiliados a la Granja y ahora a Haven) ganarle a esta poderosa encarnación del Mal.
Para que te des una idea de la lentitud exasperante con la que avanza todo, Willingham se toma un episodio entero, 22 páginas, para que Mister Dark nos cuente lo grosso que es y la cantidad de poder que está dispuesto a amasar para lograr su objetivo, en un extenso diálogo con un personaje secundario. No hay acción, no pasa nada. Son 22 páginas del villano y North Wind recorriendo la ciudad de Nueva York, poseída y corrompida por el influjo de Mister Dark. Y después sí, ese episodio extra-large, casi una novela gráfica dentro de una serie regular, en la que pasan un montón de cosas zarpadas.
Entre ese unitario en el que no pasa nada y el mega-especial n° 100 (que incluye además un cuento, varias historias cortitas en joda, juegos bocetos y giladas varias), nos comimos casi 130 páginas del TPB. ¿Y las 120 restantes? Ahí Willingham nos cuenta, también a un ritmo recontra-pachorro, toda la previa a la batalla contra Mister Dark, con especial atención puesta en el personaje de Rose Red. Son cinco episodios con la hermana de Blancanieves como eje, en los que su liderazgo en la Granja se pone en crisis, fruto de las incesantes runflas entre facciones que buscan sacarle provecho a la anómala situación de que Fabletown ya no existe y todos sus habitantes deben convivir en esta campiña alejada (y resguardada) de la influencia de Mister Dark.
En el medio, Willingham cuenta historias del pasado, de cuando Snow White y Rose Red eran nenas, sus primeras aventuras, sus primeros romances, el origen de la brecha que separó a las dos hermanas durante siglos, y en esos tramos hay momentos realmente grandiosos. La reinterpretación que hace el autor de la leyenda de Blancanieves, el rol que le da a los siete enanos, la explicación de por qué Blancanieves vive con una madrastra y no con su mamá… todo eso es brillante. Y como además está mechado con muchas secuencias del presente, con varias sub-tramas que evolucionan en paralelo (como la del bebé que esperan la Bella y la Bestia), se hace todo muy entretenido a pesar de que la trama central no avance casi nada.
En el unitario ambientado en Nueva York tenemos a un dibujante suplente llamado Iñaki Miranda, correcto, aunque muy pendiente de la referencia fotográfica. No hace falta ser un hijo de puta inmisericorde para arrojarlo a la fosa común de los infinitos Juan Carlos Flicker. De los dibujantes que aportan historias cortas al n° 100 creo que el que más me gustó fue Joao Ruas. Y después tenemos muchas, muchísimas páginas del maestro Mark Buckingham a un nivel inverosímil. “Bucky” se mata en los fondos, en los vestuarios, dibuja todo tipo de personajes sin repetirse, le da a cada uno rasgos propios, hasta un lenguaje corporal propio, se fuma a tres o cuatro entintadores distintos sin resignar identidad… nada parece detenerlo. Ya para el n° 100, hasta encuentra una nueva forma de sacar provecho de la paleta de Lee Loughridge, al agregarle a sus páginas a tinta sutiles toques de aguada, que realzan muchísimo el color. Como decíamos, es un tomo muy hablado, con poca acción, y Buckingham logra por un lado no aburrirnos nunca en las extensas escenas de diálogo y por el otro, ponernos los pelos de punta sobre el final, cuando estalla la machaca a todo o nada. Diría que este es un trabajo consagratorio para el dibujante británico, pero sería mentira, porque ya estaba consagradísimo hace mucho tiempo. Este es, simplemente, un trabajo magistral, muy por encima de lo que se espera de un obrero del lápiz que entrega 20 o 22 páginas todos los meses.
Y ahora me calenté. Y quiero saber cómo carajo sigue esto. Así que mañana no, porque ya empecé otro libro, pero para el viernes, se viene otra reseña de Fables, a ver si –ya que no llego nunca a ponerme al día- por lo menos me entero cómo carajo le ganan a Mister Dark.

domingo, 20 de octubre de 2013

20/ 10: FABLES Vol.14

Esta es la única serie de Vertigo con la que no estoy al día en lo que respecta a la compra de los TPBs, pero no porque me parezca chota ni mucho menos. Es cierto, no me genera la misma calentura que otras, pero cuando finalmente me compro los libros y los leo, la paso realmente bien.
Este tomo menciona muy al pasar lo sucedido en el Vol.13 y retoma con mucha más fuerza lo sucedido en el Vol.12 (ambos fueron reseñados acá en el blog), lo cual refuerza la idea de que -para el desarrollo global de la serie- el crossover con Jack of Fables fue una anécdota menor, de poca relevancia. El Vol.12 era un tomo de pre-temporada, en el que Bill Willingham se dedicaba a responder cuál iba a ser la amenaza grossa para los habitantes de Fabletown tras la derrota del Adversario. En este tomo está claro que las consecuencias de lo que sucedió en el Vol.12 eran muy complejas y que Willingham se va a tomar MUCHOS episodios para empezar a cerrar todo lo que abrió en aquella ocasión.
De nuevo, esta vez casi no hay acción para los personajes principales, que son en su mayoría testigos de charlas y runflas entre los magos, brujos y hechiceros, ya que estos son los que más chances tienen de reestablecer el orden tras los sucesos del Vol.12. Las brujas Frau Totenkinder y Ozma toman la delantera y le dejan roles muy, muy chiquitos a los que habitualmente son protagonistas. Una tercera bruja, la infinitamente maligna Baba Yaga (enemiga también de Hellboy) protagonizará el segmento más épico del tomo, en un combate sin cuartel contra... Bufkin, el monito alado que andaba siempre boludeando por la oficina principal del edificio de Fabletown. Y lo más loco es que ganará Bufkin, que además juntará muchísima chapa!
Fuera del arco central hay un unitario que nos explica de qué juegan los boxers (“cajoneros”, sería la traducción) y un arquito de dos episodios protagonizado por Ambrose, el entrañable príncipe/ sapo, en el que Willingham nos habla del respeto por la diversidad cultural, la justicia y la naturaleza intrínseca de las distintas razas que conviven en el reino de Haven. Como le sobran algunas páginas, las dedica a hacer avanzar un poquito la telenovela entre Ambrose y Caperucita Roja, que venía estancada hacía mil tomos.
Por el lado de los dibujantes, el unitario de los boxers está a cargo del siempre solvente Jim Fern, casi irreconocible (y a la vez espectacular) gracias al magnífico entintado de Craig Hamilton. La saga de las brujas, la más extensa del tomo, está íntegramente a cargo del glorioso Mark Buckingham, siempre en un nivel altísimo, siempre listo para crear climas alucinantes y para bancar desafíos jodidos en materia de narrativa, por supuesto sin descuidar todo lo demás. Y en el arquito de Ambrose lo tenemos al ídolo David Lapham, que lamentablemente se luce poco. Ojo: no se tira a chanta, ni intenta copiar a Buckingham, pero se lo ve... muy contenido, como si se esforzara por no sobresalir. Por ahí Lapham estaba esperado un guión más truculento, o más sórdido, o que le pidiera muchos cuadros por página (para armar esa grilla tipo Hugo Pratt de ocho viñetas en cuatro filas de dos, que maneja de taquito), no sé... Lo cierto es que en estas páginas no parece el monstruo que es, sino un dibujante común y corriente, correcto, que no hace mucho más que cumplir con lo que le pide Willingham.
La guerra entre los habitantes de Fabletown y el Dark Man va a ser larga y la vamos a ver desarrollarse casi en cámara lenta. Está claro que Willingham se va a tomar todo el tiempo del mundo para explorar a fulll todas las posibilidades que se activaron en el Vol.12 y que se siente cómodo al tener al elenco principal sumido en una crisis tan complicada que muchas veces lo mejor que pueden hacer es replegarse a las márgenes de la saga y dejarle el protagonismo a otros. El guionista tiene un montón de frentes abiertos, es cierto, pero también le sobra cintura para repartirse entre todos ellos y para llevar cada línea argumental hacia una resolución copada, o a entrelazarse de modos poco predecibles con otras líneas argumentales. Los beneficios de la planificación a larguísimo plazo de una historia con un elenco coral y sin límite de extensión es, sin duda, lo más lindo que tiene el formato de “serie regular para una editorial grande de EEUU cuya periodicidad se respeta a rajatabla”. Y en Fables, Bill Willingham aprovecha esos beneficios y los convierte en una magia irresisitible e insumergible, que ya pasó holgadamente la marca de los 10 años.

lunes, 25 de enero de 2010

25/ 01: FABLES Vol.12


Volvemos a Vertigo, cómo no… Y otra vez –como con B.P.R.D.- nos espera un tomo de transición entre sagas grossas. La guerra contra el Adversario se terminó, ganaron los buenos, pero ahora hay que adaptarse a un nuevo status quo.
Para el Adversario, la vida entre las fábulas no va a ser fácil. No son pocos los que tienen facturas para pasarle al ex-déspota y aunque se lo haya amnistiado, los escraches y las represalias van a seguir… “a donde vayan los iremos a buscar”, dice el cantito… Pero el verdadero kilombo se cocina en los mundos que controlaba el Imperio. Parte del trabajo del Adversario y sus huestes consistía en tener bien encanutados varios cofres en los que habían aprisionado a seres arcanos de inmenso poder. Uno de ellos, Mister Dark, es accidentalmente liberado por Fafhrd y el Ratonero Gris (okey, no aparecen con esos nombres, pero queda claro que son los personajes de Fritz Lang) y así arrancan las Dark Ages.
Pero lo mejor que tiene este arco es que, mientras los personajes tratan de lidiar con el status quo post-guerra, los sacudones no dan respiro. Y además de la muerte (triste, pero con la dignidad y la chapa de los grandes) de uno de los personajes que más protagonismo tuvo en las sagas anteriores, también vemos cómo se destruye Fabletown (la cuadra dentro de Manhattan donde vivían las fábulas) y cómo de un minuto a otro, se arma el masivo éxodo a la Granja, donde se resolverán varios plots y se abrirán otros.
Está bueno recordar que este tomo recopila los números 76 al 82 de Fables. O sea que, a diferencia de otros libros de Vertigo que hemos reseñado, acá estamos frente a una serie completamente asentada, donde el guionista Bill Willingham lleva muchos años al frente de una historia compleja, coral, cada vez más ambiciosa, pero a la que controla con muchísima solvencia. Uno ya conoce a los personajes, ya sabe cómo funciona la química entre los protagonistas, ya recorrió muchos de estos mundos a los que van y vienen, y sin embargo Willingham siempre se las rebusca para sorprendernos, para pegar esa vueltita de tuerca totalmente imprevista, pero a la vez totalmente lógica.
Pasan los años, y el dibujante titular de Fables sigue siendo el siempre efectivo Mark Buckingham, dueño de una narrativa sólida, sin fisuras y un dibujo que nos recuerda, según los momentos, a Steve Rude, a Chris Bachalo y cuando aparecen calaveras y esqueletos, a Mike Mignola. Buckingham salta de la Manhattan del Siglo XXI a las tierras fantásticas con admirable naturalidad y se mata en los fondos, los trajes, los animales, no hay un detalle descuidado. En los números que no dibuja Buckingham, tenemos a un dibujante correcto como Peter Gross, a un verdulero como David Hahn y a un genio indiscutible como Mike Allred. Y por supuesto, esas portadas de James Jean que hacen que nos tengamos que cambiar la ropa interior varias veces por TPB.
El éxito de Fables generó una segunda serie mensual, una novela gráfica y dos miniseries, con lo cual no somos pocos los que tememos que este maravilloso concepto termine por convertirse en el X-Men de Vertigo, la vaca de la prosperidad infinita a la que le van a ordeñar hasta la última gota de leche, y cuando no quede más leche, nos van a dar la sangre, la saliva, el pis y hasta la bosta… pero licuadita y con azúcar, para que sea menos inmunda. Con este arco, Willingham demostró que todavía hay leche (y de la buena) y justificó ampliamente la decisión de no terminar la serie con la derrota del Adversario (sigo sin llamarlo por su nombre, para que no me odien los que todavía no empezaron a leer Fables). En poquísimas páginas, The Dark Ages define una nueva amenaza grossa y abre un montón de puntas que parecen encaminarse hacia el lado correcto, sin traicionar en lo más mínimo todo lo grosso que vimos hasta ahora. Sigan así, y acá tienen comprador para los próximos 11 TPBs.