el blog de reseñas de Andrés Accorsi
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miércoles, 13 de agosto de 2025

MIÉRCOLES LATINOAMERICANO

Bueno, bajé un poquito el ritmo de lectura, porque le estoy metiendo horas extras al sitio de Comiqueando para que no falten contenidos los días que yo voy a estar en Rosario, disfrutando de la Crack Bang Boom o boludeando por ahí. Pero bueno, algo tengo como para reseñar hoy, y veremos cuándo retomo porque la idea para el viaje no es leer comics, sino avanzar con literatura y textos SOBRE comics que tengo pendientes hace siglos. Allá por el 26/12/19 me tocó disfrutar de un álbum de Aline, la genial creación de Adâo Iturrusgarai, y quedé tan manija que cuando encontré otra recopilación (acertadamente titulada "Antrología") me tiré de cabeza. Acá me encontré con 120 páginas más de tiras protagonizadas por esta entrañable atorranta, sus dos novios titulares y un montón de chongos suplentes. Pionera del poliamor, Aline no puede parar de pensar en coger, ni de hablar de coger, ni de coger propiamente. Y las tiras giran (lógicamente) en base a la vida licenciosa y alocada de esta piba fanática del sexo, sin entrar en la lógica del porno. La gracia está en lo que sucede y en cómo se cuenta lo que sucede, no en lo que se muestra. No hay tantas viñetas en las que vemos a Aline y sus novios teniendo sexo, y muy rara vez hay planos en los que Adâo dibuja genitales de manera explícita. Siempre con un humor afilado, a veces más sutil y a veces más grotesco, el autor reúne en cada capítulo del libro pequeñas sagas con un arco argumental para cada una. Así vemos a Aline inscribirse en una escuela de rock, tratar de triunfar en el mundo de la moda, abandonar a sus novios para recuperar el placer de ser soltera, tener de vecino a un asesino serial, inventar de cero una nueva religión o ser secuestrada por malvivientes, entre otras consignas que -combinadas con la personalidad de los protagonistas- serán disparadores de un montón de chistes brillantes. De verdad, me reí fuerte unas cuantas veces, porque Iturrusgarai trabaja muy bien sobre el costado desopilante de cada una de estas temáticas y cuando estas conectan con reflexiones acerca de nuestra realidad, dejan ver a un autor con una mirada muy aguda, muy inteligente, a años luz de los chistes "de pija y concha" con los que podría llenar la tira, si quisiera. Los chistes que recopila la Antrología no están ordenados por fecha de creación, por eso vemos idas y vueltas en el dibujo de Adâo. Por momentos aparece algún chispazo de su estilo más antiguo (el más prolijo, más redondito) pero casi todo está dibujado en su estilo más actual, ese que es más suelto, más anguloso, más minimalista, como si se fuera acercando a la línea de Johnny Ryan, ponele. A mí me gusta más de antes, a Adâo le gusta más el de ahora, pero la verdad es que la diferencia no es tanta, y ambos son perfectamente idóneos para ilustrar estas pequeñas comedias zarpadas, donde las ideas, los diálogos y las personalidades de los protagonistas son las estrellas indiscutidas. Como siempre digo, me parece insólito que en Argentina no estén editados los libros de este genio brazuca que vive hace muchos años en nuestro país.
El otro día (o para ser más precisos, el 31/07) leí un tomito italiano de Dago que cerraba con el primer episodio de una saga más extensa, que -lógicamente- continúa en el siguiente. Y no, en el Vol.139 de esta colección que republica los episodios semanales de Dago que aparecen en la revista LancioStory tampoco está el final de esta aventura conjurada por los maestros Robin Wood y Carlos Gómez. Son 60 páginas dibujadas a todo culo por el cordobés, con un color que no molesta para nada, en un formato lindo, cómodo, económico... pero evidentemente esas 60 páginas y las 12 del tomito anterior no le alcanzan a Robin para resolver esta red de intrigas en torno al asesinato de una nena en una pequeña ciudad de Europa. Y como no tengo el tomito siguiente, me quedé con la leche de saber cómo se resuelven tanto ese misterio, como otras movidas turbias que crecen con el correr de las páginas. Así que me tengo que conformar con lo que hay, que es un elenco bastante nutrido, con unos siete u ocho personajes importantes, a los que Wood maneja con gran aplomo, siempre con cuidado para que la entrada y salida de escena de cada uno de ellos sea prolija, coherente. El paraguayo no fuerza nunca la lógica del relato con casualidades bizarras, no rellena con boludeces, es sutil a la hora de bajar línea sobre el rol de los poderosos en el encubrimiento del crimen y nos entretiene con secuencias románticas sin que la saga se transforme en una típica telenovela de "chico pobre se enamora de minita rica", o en un tibio remedo de Romeo y Julieta. El rol de Dago es, en estas 60 páginas, menos importante que en las 12 primeras. No solo porque ahora hay más protagonistas entre los cuales repartir el juego, sino porque Robin se guarda el estallido de acción y espadazos para ese final que este tomito no incluye. Y bueno, mala leche. Me los guardo para mostrarlos en un video sobre Dago que tengo ganas de hacer para el canal de YouTube, y después se los regalo a alguien que sepa leer en italiano o que se mate a pajas con los dibujos de Gómez. Me da bronca, porque huelo un final muy impactante, con sorpresas grossas bien manejadas. Nada más, por hoy. Nos vemos jueves y viernes en la Crack, y nos reencontramos la semana que viene con nuevas reseñas, acá en el blog.

jueves, 31 de julio de 2025

JUEVES EN CASA

Hoy no pisé la calle, estuve todo el día en casa. Un embole importante. Pero el lado positivo es que tengo un rato para escribir reseñas... y por ahí después junto ganas de salir a comer algo en algún lugar copado. La bisagra entre las décadas del ´80 y ´90 fue un momento muy interesante en el comic británico, una etapa en la que floreció un comic alternativo muy vital, raro, experimental, rupturista. Una primavera cortita, porque en pocos años las revistas que apostaron por la vanguardia habían desaparecido, pero que nos dejó algunas obras muy notables. En el mejor año de su historia (1991) Dark Horse decidió publicar en EEUU algo de toda esa explosión alternativa británica (mezclada con cositas de un par de autores yankis) y así nació Deadline U.S.A., una antología en formato librito de 100 páginas en blanco y negro que tuvo apenas tres entregas, para luego pasar al formato comic book (con menos páginas), en el que salieron ocho entregas más. Esos ocho comic books los completé y leí hace no mucho, y DESPUÉS me enteré que antes había que leer los tres libritos, de los que (hasta ahora) conseguí solo el Vol.2. Con una ingenuidad digna del boludo que creyó que si ganaba la ultraderecha iba a cobrar en dólares, yo suponía que el recurso de publicar historias largas en fetas se había utilizado solo en los comic books, no en los libritos. Bueno, en este Vol.2 me encuentro con un montón de historietas serializadas, de las que aparecen unas pocas páginas y terminan en continuará. Ya sé como siguen, porque (si bien no tengo el Vol.3), leí los episodios que aparecieron en los nºs 1 al 8 de la colección siguiente, pero igual es un pijazo. Entre estas serializaciones, hay material MUY grosso, como Thirteen O´Clock de Richard Sala o Wired World de Philip Bond, y cosas más raras, más crípticas (pero visualmente atractivas) como Silence, de Alec Stevens, o Doe (de Ho Che Anderson). Entre las historietas autoconclusivas, hay entregas de una sola página de los gloriosos Milk & Cheese (a cargo del inmenso Evan Dorkin), una muy bizarra de Tank Girl (por Alan Martin y Jamie Hewlett), una de Hugo Tate (por Nick Abadzis), un gran episodio de Johnny Nemo (de Peter Milligan y Brett Ewins) y uno de Be-Bop and Lula, escrito y dibujado por el inolvidable Steve Dillon, en un estilo mucho más despojado, más cercano al de Moebius, sobre todo cuando dibuja paisajes futuristas. Y por supuesto, historias cortitas muy raras, muy experimentales, como las de Phil Hester (otra antología en la que aparece este monstruo), las de Shaky Kane, las de D´Israeli, o la de Rachel Ball. Obviamente no faltan un par de autores totalmente pasados de rosca, que aportan trabajos 100% inentendibles e inabordables, ya sea por la torpeza en la narrativa, por la impericia en el dibujo o por un rotulado abominable. Pero bueno, soy fan del comic británico alternativo de esta época, y ni bien vea a buen precio el Vol.1 y el Vol.3 de esta primera etapa de Deadline U.S.A., los voy a capturar.
Me voy a Italia, año 2015, cuando sale el Vol.138 de la colección Ristampa Dago, en la que la editorial Aurea recopila (o recopilaba, no lo sé) los episodios de Dago que aparecían semanalmente en la antología LancioStory, en entregas de 12 páginas. Acá ya estamos en el último tramo de la carrera de Robin Wood, en la que el ídolo escribía la serie semanal, pero había delegado en otros guionistas las novelas gráficas mensuales. "La Rosa del Mondo" ofrece 60 páginas de historieta (cinco episodios semanales) a todo color, escritas por Wood. Las primeras 48 páginas conforman el arco argumental que da título al tomito, y están dibujadas y coloreadas por el marplatense Marcelo Borstelmann (a quien ya vimos por acá un lejano 06/03/17). El tratamiento del color es rico en efectos de iluminación y en texturas, pero acentúa el principal (tal vez el único) defecto del dibujo de Borstelmann. Cuanto mejor logrado está el objetivo de que las imágenes parezcan fotos, más llama la atención lo estático del dibujo. O sea que el mayor grado de realismo se traduce en una mayor dureza en el movimiento y las expresiones de los personajes. El guion es una larga batalla entre dos bandos, uno que ataca una ciudad y otro que la defiende, y el rol de Dago en el conflicto es francamente menor, si no fuera porque tiene intereses románticos en las dos mujeres con cierto protagonismo en la historia que -obviamente- luchan una para cada bando. Cuando uno se convence de que Dago va a hacer "la Gran Archie" (es decir, no decidirse nunca entre la rubia y la morocha y seguirle el juego a las dos), Wood nos sorprende en las páginas finales: allí el veneciano, una vez finalizado el sangriento combate, se va con una de las dos, a vivir unas vacaciones de paz, amor y besos. Y en las 12 páginas restantes, arranca un nuevo arco argumental, esta vez dibujado (como los dioses) por el cordobés Carlos Gómez. La trama no está ni cerca de resolverse cuando el tomito llega a la última página, pero los caraduras de la Aurea le ponen a la última viñeta un cartelito que dice "FINE". Fine, las tarlipes. Menos mal que tengo el librito que le sigue, y pronto me voy a enterar cómo continúa la historia de Dago con Ercole Boldrini, un muchacho falsamente acusado de haber matado a una nena, al que el héroe salva de morir en la horca. Como siempre digo, no soy muy fan de Dago, porque me la baja un poco leer una y mil aventuras del Guacho Pistola que le gana a todos en todas las disciplinas. Dago es tan capo como Batman, pero además le baja la caña a cuanta mina linda se le cruza. Y a mí me gusta que los héroes la remen más de atrás, que transpiren más la camiseta, que las victorias les cuesten un huevo. Si no, es un trámite, se pierde la épica. Pero bueno, cada tanto, hago el esfuerzo, porque me gustan los diálogos que escribía Robin y porque (por lo menos en la serie semanal) Dago suele tener muy buenos dibujantes. Acá, esas 12 paginitas de Gómez (coloreadas por Lautaro Rinaldi), prometen un Vol.139 repleto de magia. Y además está buenísimo ver al cordobés plantar páginas de no más de cinco viñetas, después de haber leído esos álbumes hechos para Francia en los que metía 11 ó 12 cuadros por página, algunos microscópicos. Nada más, por hoy. Cerramos Julio con 13 entradas, una barbaridad. Veremos qué onda Agosto. Gracias y hasta pronto... Y quienes todavía no descargaron la Comiqueando Digital de https://comiqueandoshop.blogspot.com/, dale... media pila, que vale chauchas y es lo ÚNICO por lo que cobramos, de todo lo que brindamos todos los fuckin´días hace 8.500 fuckin´años.

viernes, 25 de octubre de 2024

VIERNES CON LLUVIA

Se viene un finde que promete estar muy bueno, pero antes un par de reseñas. Terminé uno de los libros largos que estaba leyendo: el integral de Las Reinas de Sangre: Catalina De Médici, que reúne tres álbumes de 56 páginas realizados por el mismo equipo al que vimos contar la historia de la reina Alienor. Finalmente aquella saga se publicó en España (traducida como "Leonor") y ni bien los autores terminar de recorrer la vida de otra reina polémica, la editorial española Yermo lanzó esta segunda saga en un integral lujoso, pesado y carísimo, con los tres álbumes franceses adentro. Pero claro, otra vez tenemos a Carlos Gómez al frente de los dibujos, y eso garantiza que nos vamos a encontrar con una cantidad de maravillas visuales que justifican cualquier esfuerzo que haya que hacer para obtener el libro. Tuve la suerte de ver algunas de estas páginas en blanco y negro y estoy en condiciones de afirmar que, sin los colores de José Luis Río y Salvo, esto también es glorioso. Los coloristas saben lo que hacen y están muy lejos de estropear o tirar para abajo los fastuosos dibujos de Gómez. Pero si sacás los colores, la historieta también te deslumbra. Esta vez es muy importante el dibujo, porque el guion no es tan atrapante como el de la saga de Alienor. A la hora de contarnos la vida de Catalina, los guionistas Arnaud Delalande y Simona Mogavino se exceden en la cantidad de información histórica que meten en la historieta, y la misma adquiere un tono demasiado didáctico, se parece demasiado a un manual de Historia, repleto de data acerca de alianzas y runflas entre reinos, principados, ducados, papas, ministros, consejos de ministros, líderes de la incipiente religión protestante, etc.. Un bolonki de nombres y banderas que Catalina respira desde los ocho años y entiende a la perfección, pero que para el lector al que no le interesa demasiado la Historia europea del Siglo XVI puede resultar bastante agobiante. Muchísimas cosas (algunas muy relevantes) pasan sin que Catalina tenga ninguna intervención en las mismas, con lo cual hay muchas páginas en las que la protagonista deja esa centralidad para ser simplemente una narradora. No es que los autores no hayan investigado a fondo la vida de la reina, sino que las cosas que efectivamente le pasan a ella no son tan atractivas en términos de una historieta que siente la necesidad de impactar al lector con sucesos "aventurables" (por usar un término del maestro Juan Sasturain). El resultado es una saga lenta, donde se habla mucho y se brinda en los diálogos muchísima información acerca de cosas que, si en vez de mencionarse se mostraran, desplazarían por completo a Catalina del foco de la trama. Creo que lo que más me gustó fue el primer álbum, donde Gómez dibuja otra vez... el saqueo de Roma. Allá por mediados de 2013 vimos en el blog los tres tomos de Dago en los que el justiciero creado por Robin Wood y Alberto Salinas se veía envuelto en esos sangrientos sucesos, y deliramos con la forma en la que Gómez le daba vida a ese auténtico tsunami de crueldad y desmesura. Ahora nos lo vuelve a mostrar desde otra óptica, varios años después, con otra experiencia, con otros guionistas, con otra puesta en página y con nuevos recursos para impactar al que ya lo vio dibujar este episodio y cree que sabe con qué se va a encontrar. Después, es todo intriga palaciega. Prácticamente un siglo de Historia europea donde Catalina es una jugadora importante, pero no imprescindible, porque (a diferencia de Alienor, o de la historia de los Borgia que nos contaran Alejandro Jodorowsky y Milo Manara) mucho de lo que sucede, sucedería igual aunque ella no estuviera ahí. También a diferencia de Alienor, Delalande y Mogavino no ponen a la protagonista en el rol de villana, sino de una mina muy inteligente, habilidosa para la estrategia política, la runfla y la difícil tarea de gobernar a Francia a través de tiempos difíciles. Hay luces y sombras, buenas y malas, y queda abierta la posibilidad de que el lector banque o no las decisiones que toma Catalina. Más allá de la magia inverosímil que tira Carlos Gómez, me parece que es un comic que van a disfrutar solo aquellos que sean muy fans de la temática, o del personaje, o de la época que recorre la obra. Y el resto por ahí se aburre...
Hace justo seis años, el 25/10/18, me tocó leer Beatnik Buenos Aires, de Diego Arandojo y Facundo Percio, y dije en la reseña: " uno quiere ver mucho más de lo que nos muestra el libro. Muchas de las 13 historias son anécdotas chiquitas, muy bien investigadas, pero que se quedan en eso, en la anécdota". Y me pasó lo mismo hoy con El Río Oculto: me doy cuenta de que Arandojo conoce bien el tema (esoterismo, ocultismo y misticismo en la ciudad de Buenos Aires y cercanías), que lo investigó, que se entusiasmó... pero no comparto la decisión de -una vez más- armar las historietas a partir de anécdotas inconexas, en lugar de crear desde cero una trama de ficción que pueda nutrirse de las mismas. Obviamente, cuando un autor hace dos veces lo mismo, no estamos ante un error, sino ante una búsqueda. Y podemos afirmar que a Arandojo le interesa esto: contar en forma de comics anécdotas, con distinto grado de verosimilitud, pero cuya circulación es real y consta en documentación a la que accede el guionista. ¿Está mal? Y, depende. Yo lo que encuentro en El Río Oculto es que a varias de las anécdotas les falta lo más importante para que tenga sentido contarlas, que es un buen conflicto. Sin un buen conflicto, son simplemente acumulación de datos, como le pasaba a veces a las historias que venían en los Big Books de Paradox (obviamente si alguna vez se hace el Big Book del Ocultismo Argento, lo tienen que llamar a Arandojo para que aporte estos relatos). Pero no se ve por parte del guonista una intención dramática, un tratamiento de la anécdota que la "maquille" para darle introducción, nudo y desenlace consistentes a algo así como un conflicto atractivo. Y esas páginas entre anécdota y anécdota en las que vemos al narrador bañarse, caminar o fumar, me descolocaron un poco, por lo poco que aportan. Si tienen una función narrativa, no la entendí. Pareciera que solo están ahí para rellenar y engordar al libro. El dibujo de Jorge Fantoni está bien. Le falta lo que a mí más me gusta de Fantoni, que es el filo más underground, más salvaje. Este es un Fantoni más tranquilo, más domesticado, que entiende de composición, de puesta en página, de equilibrio entre blancos, negros y grises y que se esfuerza para que, cuando Arandojo introduce a personajes que existieron en la vida real, los rostros conserven una resemblanza aceptable. Esperaba más del dibujo, pero si pensamos que el 85% de las escenas son gente hablando, la verdad que no se le puede pedir al dibujante que haga magia. Me intrigaba El Río Oculto, porque venía con la chapa de haber sido publicado en EEUU por Fantagraphics, y la "antichapa" de haber rebotado en varias editoriales del medio local. Finalmente le doy la derecha a los editores que dijeron "no, gracias" cuando vieron el trabajo. La investigación de Arandojo (me queda clarísimo al leer el prólogo) es una bomba atómica, para presentarla en forma de libro periodístico, no para adaptarla a historietas cortas, hilvanarlas así nomás con un personaje que no tiene ningún tipo de desarrollo y armar una especie de novela gráfica. Ojalá algún día ese libro se materialice, porque el tema es sumamente interesante y la data que juntó el autor es tremenda. Nada más, por hoy. Nos reencontramos pronto con nuevas reseñas acá en el blog, y el miércoles 30 con una nueva emisión en vivo de Agenda Abierta en el canal de YouTube de Comiqueando.

martes, 29 de enero de 2019

TRIPLETE DE MARTES

Mientras nos derretimos de calor y le pedimos a Thor que nos mande unos truenos acompañados de lluvia, me tomo un ratito para reseñar los últimos libros que tuve oportunidad de leer.
Batman & Robin Adventures Vol.1 recopila los diez primeros números de la serie homónima, la segunda basada en los gloriosos dibujos animados de Batman de los ´90. Hay cuatro dibujantes, de los cuales uno es decididamente flojo (el ignoto Tim Harkins). El mejor de los cuatro es el que menos páginas dibuja, el notable Ty Templeton. Y el que más dibuja es el siempre efectivo Rick Burchett, un prócer poco valorado del mainstream yanki. Por supuesto todos siguen a pies juntillas la estética de la serie animada, que (no hace falta que lo aclare yo veintipico de años tarde) es sencillamente perfecta. Los dibujantes ponen algún mínimo rasgo de estilo, como para que si les prestás mucha atención puedas diferenciarlos, y claro: ninguno es Bruce Timm. Pero Tempelton y Burchett captan sin ningún inconveniente la atmósfera oscura y el dinamismo elegante y potente de aquellos míticos dibujos animados y cada tanto hasta asumen algún riesgo en la narrativa, con vueltas de tuerca que en animación no se pueden hacer.
Templeton dibuja poco, pero escribe unos cuantos de estos diez episodios. Como en la serie animada, son guiones simples pero que incluyen momento cruciales, dilemas éticos que los héroes deben resolver y que van más allá de llenarle la cara de dedos al villano de turno. Y como en la serie animada, cada vez que aparece Paul Dini te clava esos episodios inolvidables, repletos de espesor dramático, mala leche, conflictos a todo o nada y pinceladas de un humor muy eficaz. Son esos episodios en los que Batman no llega a ser el héroe, si no que es entre un testigo y un obstáculo en historias que giran en torno a las mejores versiones de personajes clásicos como Two-Face, el Riddler y el Joker y a la única versión que me resulta interesante de Harley Quinn. Los guiones de Templeton no son para nada chotos (el de los chicos que quieren reemplazar a Robin es brillante), pero al lado de las gemas que pergeña Dini quedan un poco opacados. Amo al Batman Animated de los ´90 y ni bien pueda, le entraré a los tomos que me faltan para completar esta colección, que en su momento compré en revistitas que después vendí.
Allá por el 04/11/17 me tocó reseñar el Vol.1 de Daily Life of Sefora, un comic realizado por el catalán A.C. Puig y publicado en nuestro país por el sello Módena. Recomiendo repasar aquel texto para no tener que repetir los conceptos allí vertidos, que se aplican perfectamente al Vol.2. El único cambio que percibo es una mejora en la calidad del dibujo, siempre en esa línea tomada del maestro Akira Toriyama. El resto sigue igual. Y banco mucho la decisión editorial de reemplazar los localismos e informalismos españoles por localismos e informalismos porteños. El hecho de que se haya podido editar un segundo tomo me hace pensar que el Vol.1 encontró un público, y la verdad es que es una idea reconfortante, porque está bueno que se editen comics (o mangas, ponele) para chicas de 13-14 años, que intuyo es el segmento al que apunta A.C. Puig con esta serie.


Y también en 2018 se publicó en Argentina el libro Historias Cortas, que reúne los trabajos realizados para el recordado Suplemento de Historietas Nacionales de Télam por una dupla de lujo: Luciano Saracino y Carlos Gómez. Estamos (por enésima vez) ante una cantidad de páginas de historieta demasiado exigua como para armar un libro sustancioso. Así es como nos terminan por vender una publicación repleta de relleno: carátulas y páginas en blanco que no aportan absolutamente nada y textos que están buenos, pero no son lo que uno paga cuando compra un libro de Saracino y/o Gómez. En total, sobre 96 páginas, sólo 58 son de historieta y muchas tienen tres viñetas o menos. Un disparate.
Felizmente, entre esas 58 páginas de historieta hay algunas joyitas que merecían ampliamente ser republicadas en papel y atesoradas en las bibliotecas de miles de lectores. La que más me atrapó es (paradójicamente) Kuntur, una saga que Saracino y Gómez iniciaron a fines de 2014 para discontinuarla poco después, luego de un puñado de páginas (sí, el libro tiene pocas historietas y una de ellas es apenas el inicio de una historia que quedó inconclusa). También me parecieon logradísimas La Playa, Se Llama Justicia y la emotiva Dictadura. Son historietas en las que Saracino más que narrar una aventura, se juega a bajar línea en forma poética o irónica, y le sale realmente muy bien.
Claro, tener de dibujante a Carlos Gómez es como jugar con 40 ases de espada en el mazo. No podés perder nunca. El proyecto de Télam le permitió a Gómez volver a producir material para el mercado argentino después de muchos años, y el cordobés se aferró con todo a esa posibilidad. Acá se lo ve comprometido, jugado, dispuesto a detonar todo su talento en estos breves relatos imaginados por Saracino. Y además encontré a un Gómez propenso a explorar cosas nuevas desde la estética, como ese estilo deformado, grotesco, perfectamente idóneo para acompañar al guión, que pela en La Playa.
Si sos fan de Saracino o de Gómez, tenés que tener este libro sí o sí. Y si recordás con nostalgia la época en la que el Estado apostaba a la historieta como vehículo cultural, que podía entretener, emocionar o hablar de temas profundos, de relevancia política o social, también te recomiendo Historias Cortas. 

Perdón por la extensión infinita del texto, y nos reencontramos pronto, acá en el blog. (¡Ahí se largó-ya! ¡Gracias, Odinson querido!)

miércoles, 18 de julio de 2018

MIERCOLES LLUVIOSO

Sigo adelante con las lecturas, y me encuentro con una obra de 2014, publicada originalmente en Italia y traducida al castellano en 2017 por una editorial chilena. Se trata de una extensa novela gráfica de Tex (como la que vimos el 13/11/15), titulada Camino a Oregon, con guión de Gianfranco Manfredi y dibujos del cada día más glorioso Carlos Gómez.
La verdad que la trama daba para una aventura de Lucky Luke: 44 páginas con 10 viñetas cada una, en las que el conflicto dejara espacio para filtrar unos cuantos momentos de comedia. Sin embargo, Manfredi se aferra a la idea de construir con esta premisa una historia “seria”. Y el propio formato impuesto por la editorial marca que Camino a Oregon tiene que durar 224 páginas, con mayoría de cinco viñetas y unas cuantas de seis. O sea que no sólo tenemos un relato innecesariamente solemne, que renuncia a explotar la veta potencialmente humorística de estas cinco mujeres que atraviesan un país en busca de sus supuestos futuros maridos, sino que además el desarrollo se estira mucho más de lo recomendable.
Para que te des una idea, uno de los obstáculos que imagina Manfredi para esta caravana que viaja de Texas a Oregon es una tribu indígena belicosa y bardera, los Cayuse. ¿Sabés cuántas páginas de la novela pasan entre que aparece el primer indio y que Tex y sus amigos dan por terminada la peripecia? 64. Sí, 64. Es casi una novela gráfica adentro de la novela gráfica, con villanos, personajes secundarios, machaca a todo nada, dilemas éticos… Pero claro, si pensás que se trata de un obstáculo para un grupo de personajes cuyo objetivo no tiene nada que ver con el conflicto con los indios, se hace evidente que la extensión de este tramo roza el disparate.
Finalmente, como uno podía suponer desde el inicio, Tex y sus amigos cumplirán la misión casi sin despeinarse, y al final habrá una revelación grossa no acerca del principal villano (un personaje muy al límite, muy bien trabajado por Manfredi) si no de uno de los secundarios con peso en la trama. Y ya está. Si no la leés, no pasa nada, el status quo no se modifica en lo más mínimo.
Pero claro, mencioné al principio que el dibujo está a cargo de Carlos Gómez, y 224 páginas dibujadas por Gómez constituyen una oferta imposible de rechazar. No me quiero colgar horas hablando maravillas del trabajo del cordobés. Simplemente subrayar lo bien que le queda el western, lo lindo que es volver a verlo en blanco y negro (después de aquella trilogía de álbumes para Francia donde lo colorearon bastante bien) y que ya sólo por la cantidad de viñetas que ofrece cada página, esto está muy por encima de lo que hacía en Dago. No me alcanzan las palabras para recomendarle a los fans de Gómez que se consigan un ejemplar de Tex: Camino a Oregon.
Y avanzo un casillero, hasta 2016, cuando ECC edita en España el tomo de historias cortas conocido como Infierno Embotellado, que reúne trabajos realizados por el sensei Suehiro Maruo entre 2010 y 2012.
La mejor historia es la última, Pobre Hermanita. Es la que mejor combina sordidez, deformidad, sexo perverso y una muy interesante bajada de línea más social. Kogane-Mochi, basada en un clásico relato de rakugo (aquel género en el que vimos patinar nada menos que a Yoshihiro Tatsumi un lejano 15/12/12) tiene un argumento atractivo personajes carismáticos y el impacto de la sangre y las vísceras, pero me atrapo un poco menos. La Tentación de San Antonio es más cortita, casi un chiste bizarro, y Maruo no le pone ni remotamente las pilas que le pone habitualmente al dibujo.
Y la historia que le da título al tomo, por el contrario, tiene algunas de las imágenes más fastuosas jamás brotadas de la pluma del capo máximo del ero-guro. El guión es raro, está basado en un cuento de Yumenu Kyusaku que parte de una premisa muy atractiva, pero cuyo desarrollo es sinuoso, por momentos contradictorio. De todos modos, los climas que conjura, los paisajes en los que transcurre, le dan a Maruo la oportunidad de lucirse como pocas veces con la recreación visual de este Infierno Embotellado, y el sensei no la desaprovecha en lo más mínimo.
En líneas generales, se trata de un buen compilado, con trabajos recientes de un autor que no se queda quieto, que sigue inventando cosas nuevas desde lo narrativo y que encuentra los argumentos para sus historias en fuentes muy disímiles. Por supuesto, el principal atractivo sigue siendo el dibujo, ese trazo fino, prolijito y elegante que nos remite enseguida a André Juillard, puesto al servicio de escenas muy truculentas, en las que la violencia, el sexo o ambas cosas rompen con esa elegancia y enchastran todo. Y en la historieta Infierno Embotellado, donde no hay violencia y el sexo está apenas sugerido, Suehiro Maruo nos recuerda que cuando quiere, más que un provocador, más que un rupturista, más que un zarpado o un pasado de rosca, es un poeta de la pluma, el pincel y las tramas mecánicas.
Y hasta acá llegamos. Gracias y hasta la próxima.

lunes, 21 de noviembre de 2016

UN TOQUE MEJOR

De a poquito se me va yendo la congestión y ya respiro más por la nariz que por la boca. El ojo se me deshinchó bastante y ahora me quedan mutaciones menores en los labios y abajo de la nariz. Ni bien mi cara vuelva a parecer una cara semi-humana se van a dar cuenta porque voy a volver a grabar videos para YouTube. Por suerte las reseñas se pueden redactar sin mostrar la caripela, así que vamo´en esa.
La primera es fácil. Una obra de Ed Brubaker y Sean Phillips a esta altura ya equivale a un festival del elogio. La única incertidumbre que me despertó la lectura del Vol.2 de Sleeper fue cómo carajo tardé tantos años en conseguirlo y leerlo, con lo mucho que me había gustado el Vol.1. Y claro, me acordaba poco de aquellos primeros 12 episodios pero rápidamente Brubaker y Phillips me pusieron en clima. Me llamaron la atención varias cosas: lo estirado que está el argumento (y aún así el guión se hace entretenidísimo); la perfecta integración al universo superheroico de WildCATs, Gen13, Team 7 y demás precariedades noventosas creadas por Jim Lee y sus esbirros; el episodio en el que Brubaker saca el foco de Holden Carver para centrarse en Miss Misery, un tratamiento glorioso para un gran personaje secundario; lo poco que importan los superpoderes en general, en el conetxto global de la trama; y obviamente el final, que no es para nada el que uno se imagina mientras transita la obra.
Por supuesto el dibujo de Phillips es excelente y –si bien la labor de los coloristas es más que correcta- no puedo dejar de imaginármelo en blanco y negro. Acá el inglés arriesga fuerte con la puesta en página y logra secuencias realmente innovadoras, de notable belleza y una fuerza imponente. El garche de la página 184, por ejemplo, está narrado de una forma tan original y tan linda que Jim Steranko todavía debe estar aplaudiendo, aunque la historieta sea de hace 10 años. En fin, si te cebaste mal con Fatale, Criminal, The Fade Out o cualquier otra obra de la dupla Brubaker+Phillips, animate a rastrear su trayectoria hacia atrás, y cuando llegues a Sleeper, entregate a una historieta poderosísima.
Me fue bastante peor con Dago: La Fuente de la Juventud, el recopilatorio editado por Comic.ar de estas historietas que Robin Wood y Carlos Gómez publicaban de a 12 páginas por semana en Italia, en las antologías de la Aurea. Esta vez, el héroe infalible acompaña a la expedición de Hernando De Soto, que por supuesto existió en la realidad, y que llevó a un nutrido grupo de españoles a vagar por el sur de los Estados Unidos en busca de algo que supuestamente era la fuenta de la eterna juventud, o de la inmortalidad. Andá a saber de dónde sacaron los españoles que tal cosa existía, pero ahí fueron. Hasta ahí, todo bien. El argumento se prestaba a una gran aventura de Dago, como habíamos visto en El Dorado. Pero esta está plagada de situaciones repetidas de otros tomos: la minita vulgar y con onda que se enamora de Dago, es ninguneada por el veneciano y termina en los brazos de uno de sus adláteres, el tipo recio cercano al capo de la expedición que se lo monta a Dago en un huevo y jura matarlo pero termina muerto, las largas diatribas acerca de cómo la ambición desmedida de los conquistadores lleva a sus hombres a meses y meses de hambre, penurias, enfermedades y muerte… Todas cosas que ya sucedieron en sagas anteriores y que funcionan casi como un déja vu.
Me da la sensación de que la historia más interesante es la que Robin apenas sugiere, la de Diego, el español que se pierde entre los aborígenes y vive con ellos durante años hasta que Dago y los suyos lo encuentran. Y aunque se precipita un poco, me gustó el final, porque al héroe, al grosso, al hiper-pulenta, al que gana de visitante en todas las canchas, lo tienen que ir a rescatar un puñado de personajes secundarios, de esos que llegaron al final del tomo casi de milagro. A Dago le alcanza la chapa para sobrevivir (con lo justo) en EEUU, pero no para volver entero a Cuba y ahí es donde Wood le levanta el perfil a Villagrán y a otros españoles “menos malos” que habían soldadeado al veneciano y a De Soto a lo largo de todo el arco argumental.
La Fuente de la Juventud no entra ni por casualidad al podio de las mejores sagas de Dago, pero bueno, tampoco es un bofe ni mucho menos. Y los dibujos de Carlos Gómez son monumentales, como siempre, con calidad de sobra para que te quieras comprar el tomo sólo para babearte con la faz gráfica que es magnífica. A Gómez lo sacaron de la Europa medieval y lo tiraron en el medio de la América cuasi-virgen. Para sorpresa de nadie, el tipo la rompió de Perú al Mississippi, del Amazonas a Cuba y en todas partes ganó la belleza, la destreza, el virtuosisimo, la dedicación de un dibujante superdotado, que además deja la vida en cada viñeta.
Tengo más libros leídos, pero estas reseñas me quedaron largas, así que guardo para más adelante.

jueves, 24 de diciembre de 2015

24/12: DAGO: EL DORADO

Hacía mucho tiempo que no disfrutaba tanto de una aventura de Dago. Este tomo aranca justo cuando termina el anterior, que no me había entusiasmado demasiado, y banca el nivel muy arriba a lo largo de 120 páginas (ó 10 episodios en la serialización italiana).
Creo que lo mejor que tiene El Dorado es que logra aprovechar a pleno lo que Amazonas desaprovechó: la posibilidad de no quedar atado a hechos históricos a los que el guión de Robin Wood tiene que respetar sí o sí. Ya vimos que el guionista tiene recursos de sobra para meter a Dago en eventos históricos reales y hacerlo vivir aventuras interesantes sin romper el verosímil. En el tomo anterior y en este, se abre otra posibilidad: la de jugar con total libertad, sin miedo de pisar o contradecir a los libros de historia. Y es en El Dorado donde Robin realmente explota esa variante, la de Dago convertido en un aventurero sin anclas, con permiso para entrar y salir de kilombos de los que nunca nadie leyó porque nunca existieron fuera de la imaginación del guionista.
Otro ingrediente atractivo: como en el tomo anterior, Dago está fuera de su ámbito natural, jugando de recontra-visitante en las selvas tropicales de una América en la que la presencia del hombre blanco es una novedad. Por supuesto, lo que más le interesa explorar a Wood -que es la codicia, el ansia de poder y la miseria del ser humano- está presente también en esta especie de paraíso a descubrir. Y a las bestias bípedas se suman animales exóticos, a los que Dago jamás vio y que lo obligarán a llevar su ingenio al límite para salir vivo. Si te aburre verlo al justiciero veneciano vencer enemigos de taquito, acá lo vas a ver transpirar lindo la camiseta, auqnue juegue todo el partido en cuero.
Alguna vez me llamó la atención de modo casi irónico el hecho de que Dago recorriera en un mismo tomo tres o cuatro países y pudiera hablar en todos los idiomas. Esta vez Robin se hace cargo de eso: Dago se ve limitado a hablar sólo con Joao, su amigo portugués que sabe español, y ni bien pega onda con un aborigen que también habla nuestro idioma, le pide que le enseñe la lengua de estas tribus para poder hablar. Y ahí sí, Dago vuelve a ser el Dago que nos gusta a todos: el habilidoso no sólo con la espada sino también con esa lengua afilada, el que seduce minas con el chamuyo y aconseja a reyes y generales con su enorme experiencia en temas militares.
La saga del Rey de Oro tiene un ritmo muy atrapante, con momentos en los que Wood se dedica más a describir este lugar maravilloso que a meterle picante a la trama, y momentos realmente tensos, donde no tenés idea de cómo se pueden llegar a resolver los conflictos. Lo único que deduje antes de tiempo es quién era el cerebro de la conjura para acabar con el Rey de Oro. Hay una escena que deja a ese personaje muy al descubierto y lo convierte en imán de todas las sospechas. Pero fuera de eso, la saga no para nunca de acumular aciertos, de fascinarnos, de intrigarnos y de mantener la tensión hasta el final.
Como siempre, el dibujo de Carlos Gómez es glorioso. El tipo pasó de las catedrales, los palacios, y los carruajes de los reyes de Europa a la jungla más espesa del mundo, poblada de aborígenes, víboras zarpadas, monos y jaguares, con total naturalidad. Puede ser que acá Dago juegue de visitante, pero Gómez es local siempre, en todas las canchas. Sus planos generales tienen un laburo impresionante, los primeros planos son recontra-expresivos, hay un trabajo alucinante en los detalles tanto de la vegetación como de los ornamentos que lucen los indios, y detalles en algunas caras que me hicieron acordar a Enrique Breccia (el mejor dibujante de la América Joven y sus habitantes) y a Milo Manara y Eleuteri Serpieri, en las secuencias en las que la cosa se pone hot entre Dago y Uria. De hecho, la escena del garche entre ambos debe ser la de mayor voltaje erótico de la larga epopeya de Dago y quizás de toda la carrera de Wood y Gómez. El cordobés apela al recurso de repetir algunos dibujos, pero la verdad es que son tantas las viñetas en las que deja la vida y mucho más, que se lo podemos perdonar. Un gran, gran despliegue de recursos de Gómez, esta vez tan apoyado en la referencia histórica como en su propia imaginación.
Me encantó El Dorado. Me sedujo la ambientación, la dosificación de la acción (se nota menos que en otros tomos la “obligación” de que Dago pelee con alguien cada 12 páginas) y sobre todo me enganchó el mensaje: una bajada de línea potente y muy interesante acerca de los pueblos originarios, su organización social, económica y política y hasta acerca del rol de las mujeres en este mundo todavía no invadido por los europeos. Dejate conquistar por esta gema que brilla fuerte en la corona de Robin Wood y Carlos Gómez.

martes, 6 de octubre de 2015

06/10: DAGO: AMAZONAS

Sigo sin encontrarle la vuelta al tema de las imágenes,pero ya lo voy a solucionar. Mientras tanto, sigo con las reseñas, acá cerquita del Central Park.
En este libro, Robin Wood y Carlos Gómez nos muestran las peripecias de Dago posteriores a su paso por Perú, que vimos en el tomo anterior (no me acuerdo cuando lo reseñamos, pero podes hacer click en la etiqueta de Dago y te aparece al toque). Por primera vez, el guacho-winner está totalmente descolocado. Un europeo solo en la América joven, casi sin armas, sin brújula, sin comida, sin caballos, mucho no puede durar. Y Dago se da cuenta. Eso me pareció lo más interesante a nivel guión:la instancia de profunda vulnerabilidad de un personaje al que vimos ganar demasiadas veces, de local, de visitante, de taquito y hasta de ojete.
En cuanto a las aventuras en sí, me cerró bastante la segunda,la de las amazonas bravas e inclementes, donde hace su primera aparición Joao, el portugués que acompañará al veneciano en varias sagas posteriores. La verdad es que Dago hace poco; más que nada lo vemos esforzarse por seguir vivo, sin un plan ni una esperanza para modificar la realidad tremenda que le toca presenciar. En definitiva,Wood nos ofrece más climas y más descripciones que peripecias,y ese cambio de registro cada tanto viene bien.
La otra parte del libro, en la que Dago interactúa con esos indios rubios y pelirrojos que descienden de los vikingos,me pareció un disparate sin pies ni cabeza; de hecho me hizo acordar a esas aventuras frutihorticolas de Tarzan, en las que se topaba con civilizaciones pérdidas en la jungla, siempre integradas por blancos. La historia arranca bien, pero cuando aparece ese drakkar navegando por el Amazonas, el verosímil se desploma como nunca antes se había desplomado en una historieta de Dago.
Después de años y años de dibujar castillos, aldeas, catedrales, palacios y templos, había que ver cómo se adaptaba Gómez a una historia donde los verdaderos protagonistas son el río y la selva. Una vez más, el cordobés demostró estar a la altura del desafío y nos regaló un montón de páginas memorables, pobladas de recursos gráficos que no habíamos visto antes y que le sirven para resolver con categoría el notable cambio en la ambientación.
Amazonas es un tomo sumamente atípico dentro de lo que es la saga de Dago y ni drogado me animo a ponerlo entre los fundamentales. Lo cual no significa que me haya resultado flojo o decepcionante.


martes, 7 de abril de 2015

07/ 04: ALIENOR: LA LEGENDE NOIRE Vol.3

Final para esta interesantísima trilogía… que en realidad no termina. Me comí el amague de que en el tercer y último tomo Arnaud Delalande y Simona Mogavino me iban a contar el desenlace definitivo de esta historia, es decir, la muerte de la reina Alienor. Y no. El relato llega hasta un punto, y si bien pasan un montón de cosas, no hay nada ni remotamente parecido a un final.
En la reseña del Vol.2 yo me preguntaba si en este último tramo Alienor iría en busca de la redención, y algo así es lo que efectivamente sucede. La joven reina quiere rectificar el rumbo, mejorar la letra… pero no le sale. En estas 56 páginas Alienor baja un par de cambios, un ratito. A la larga, terminará gobernada por sus pulsiones, sus impulsos, sus caprichos, cada vez más enfrentada a un Louis VII que ya está bastante podrido de que esos pelos que tiran más que una yunta de bueyes lo lleven de un papelón a otro. Y empiezo a pensar que realmente este es un tratamiento muy parcial de la biografía de Alienor, y que también existe una corriente historiográfica más “alienorista”, a la que la versión plasmada por Delalande y Mogavino le debe haber dado por las pelotas. Digo esto porque el tomo arranca con un “disclaimer”, donde la editorial explica en base a qué fuentes se construyó el guión, qué personajes son reales y cuáles ficticios, qué libertades se tomaron los autores a la hora de llenar baches o zonas oscuras de la historia, y pone paños fríos al aclarar que se trata de “una interpretación novelizada de la vida de Alienor basada en hechos históricos verídicos”. No es ilógico pensar que así como existe una leyenda negra, podría existir una leyenda blanca, en la que la reina salga muchísimo mejor parada que en esta obra.
En cuanto al argumento en sí, en este tomo el foco se desplaza un poquito. La intriga palaciega, las roscas y los garches siguen presentes, pero ahora la historia toma un perfil más bélico, ya que los reyes de Francia se suman a las Cruzadas y se ponen al frente de un poderoso ejército que marchará hacia Oriente, con flojísimos resultados. Las figuras de Louis VII, el sacerdote Suger y la hermana de Alienor pierden bastante protagonismo, en detrimento de Rançon, uno de los lugartenientes al frente de las tropas, y de Vincent, el caballero italiano enamorado de Alienor, el único personaje 100% ficticio de la saga. Y como decía la principio, el final no es un final, sino un “volver a empezar” luego de un cambio heavy en el status quo. De hecho el tomo termina con la palabra maldita: “a suivre”, o “continuará”, en criollo. Todo el tiempo Delcourt nos vendió esta obra como una trilogía, y cuando llegás al final te enterás que no, que eventualmente saldrán más historietas centradas en la vida de Alienor.
No tengo mucho más para agregar. Ni siquiera quiero extenderme repitiendo elogios para con el trabajo de Carlos Gómez al frente de la faz gráfica. La verdad que es un orgullo para todos los argentinos lo que hace Carlos para las editoriales europeas y en este libro (de 2014) se lo ve incluso mejor que en los anteriores. Si no me hubiese atrapado para nada la historia de Alienor, igual la habría bancado hasta el “final” por el placer que me produce el dibujo de Gómez.
Y a la gente a la que sí le entusiasma el tema de los reyes europeos del medioevo, sus triunfos, sus fracasos, sus roscas con la iglesia, con las otras potencias, con sus vasallos, etc., no puedo menos que recomendarle esta saga en la que –sesgada y todo- se nos brinda la posibilidad de meternos a fondo en la vida y la leyenda (negra, blanca, no calienta) de un personaje realmente apasionante como fue Alienor.

domingo, 5 de abril de 2015

05/ 04: DAGO: EL ORO DEL INCA

Esta es una aventura muy rara de Dago, porque Dago… no hace nada. Son casi 180 páginas de historieta en las que el veneciano apenas pelea contra algún villanete menor en los primeros tramos, para luego convertirse en un mero testigo, en un tipo que está ahí, siempre cerca de Francisco Pizarro durante su conquista del Perú, pero cruzado de brazos, bajando línea y tirando sus clásicas réplicas ironicas. En esta saga Robin Wood repite un recurso que ya vimos en otro de los libros publicados por Comic.ar: temprano en el andar de la aventura, Dago se gana el odio de un personaje secundario que se va a proponer hacerlo boleta en medio del kilombo, cuando es más probable que su crimen quede impune. Se supone que eso tiene que generar tensión, porque el protagonista tiene que estar siempre alerta. Bueno, acá el propio Pizarro les prohíbe a sus hombres atacarse entre ellos y la revancha entre Dago y “el Crucificado” no llega nunca.
En general, en todo el tomo escasea mucho la acción. Cuando los españoles invaden las aldeas y ciudades de los incas estallan los saqueos, y hay muertes, incendios y violaciones. Pero poco. No es ninguna noticia que Pizarro logró sojuzgar a este pueblo sin batallas épicas y eso es lo que le falta a esta aventura. Hay muchísima rosca política, mucho diálogo, mucha exploración de este nuevo mundo, mucha indignación por los abusos de los españoles, pero poquísima machaca. Antes de llegar al primer tercio del tomo, Dago cumple la misión de curar a la hermosa Pilar y ya queda liberado de cualquier entramado dramático que pueda tejer Wood, para convertirse en ese testigo preferencial, ese adláter de Pizarro que no pincha ni corta… y tampoco lo necesita, porque básicamente no hay obstáculos para sortear.
Entonces el guionista recurre a otro viejo truco para generar tensión: tres tipos se enloquecen con la misma mina, una hermosa princesa inca. ¿Con quién se va a quedar Estrella de Oro? ¿De quién se enamoró? ¿O los está usando a todos con sus propios fines? Y cuando faltan menos de 40 páginas para el final, Estrella de Oro va a jugar sus cartas y se va a convertir –mediante un volantazo del guión tan impredecible como certero- en el personaje principal de la saga, en la única persona capaz de estropear los ambiciosos planes de Pizarro. Siempre con Dago pintado al óleo, eh? No vayas a creer que es uno de los que se enamoran de la princesa, o que es el que resuelve el despelote que se arma cuando ella hace su movida.
Estrella de Oro y Pizarro son los personajes mejor desarrollados por Robin en los diálogos y los bloques de texto. Y lo más loco es cómo Dago no siente mayores reparos a la hora de obedecer las órdenes de este avechucho genocida, dispuesto a todo para quedarse con el oro y las tierras de los incas. El veneciano le marca el territorio, le pone de manifiesto su disenso, su repudio a los excesos del español y su horda. Pero nunca se le planta, ni le dice “hasta acá llegamos”. Y estamos hablando de un valiente, eh? De un tipo que se enfrentó a todo. Sin embargo, los duelos de Dago con este villano 100% irredimible nunca pasan de la etapa verbal.
Me toca hablar un poco del dibujo de Carlos Gómez, de quien me vengo ocupando duro y parejo en las reseñas de Alienor, su trilogía histórica para Delcourt de la cual ya reseñé dos álbumes. Bueno, esto no tiene nada que ver con lo que hace Gómez en Alienor. Acá vemos al cordobés trabajar con muchos menos cuadros por página, muchísimos primeros planos, infinitas viñetas sin fondos… y el mismo talento para la anatomía, las expresiones faciales, la documentación histórica y la composición de las páginas. También en blanco y negro, el trazo de Gómez se distingue como el de un verdadero virtuoso del estilo académico. Y en esas páginas en las que ofrece dos o tres viñetas chiquitas y una grandota, la grandota es invariablemente devastadora, repleta de detalles maravillosos en personajes, objetos, animales, decorados… un lujo.
Este es más un arco argumental de Pizarro, o de la historia de la conquista del Perú, que del propio Dago. Pero siempre está bueno revisitar la historia de la mano de un narrador de la talla de Robin Wood, y cualquier cosa dibujada por Carlos Gómez merece ser comprada y atesorada, con lo cual al libro no le faltan méritos en lo más mínimo.

viernes, 27 de marzo de 2015

27/ 03: ALIENOR: LA LEGENDE NOIRE Vol.2

Bueno, de a poquito va quedando claro que Alienor, además de ser la protagonista de esta saga, es también la villana. En esta segunda entrega de 54 páginas, los guionistas Arnaud Delalande y Simona Mogavino se regodean casi con crueldad en las operetas que arma la joven reina para manipular a su marido, el también joven e inexperto rey Louis. Ambiciosa, lujuriosa, belicosa, intrigante, con menos escrúpulos que un puntero macrista de Cristian Ritondo, Alienor sigue hablando de justicia y dignidad pero lo único que le interesa es el poder, la sumisión de reyes, obispos y nobles a sus veleidades y caprichos. Por momentos me hizo acordar a cómo hablaban de Eva Perón mis abuelas gorilas.
Acá, en esta Francia feudal del año 1140, sobran los descamisados, los marginados, los excluídos, pero la tarea de incluirlos y darles dignidad no va a recaer en Alienor, para nada. A ella sólo le importa mandar, digitar, imponerse siempre, a como dé lugar, y estar sexualmente bien atendida. Si sus deseos y ambiciones le traen desgracias y derrotas al rey Louis, a sus súbditos o a sus aliados, poco le importa. Y de eso se trata en buena medida este Vol.2: de los costos que paga este rey ingenuo, convertido en un pollerudo sin voz ni voto por los encantos y las maquinaciones de su avasallante esposa. Llega un punto en el relato donde uno se quiere meter adentro del comic (como en aquel inmortal videoclip de A-Ha) para cagarlo a sopapos a Louis al grito de “¡Infeliz, date cuenta de que te estás mandando una cagada atrás de otra por culpa de esta conchuda!”. No existe esa posibilidad, lamentablemente. Sólo queda presenciar cómo Louis la pasa cada vez peor, se queda cada vez más solo, se vuelve cada vez más débil por darle todos los gustos a esta hija de puta.
Como en todas las historias de reyes y nobles, la intriga palaciega está a la orden del día: Delalande y Mogavino nos enroscan en conjuras, secretos, romances prohibidos y negocios por abajo de la mesa, que crean un clima muy denso, muy atrapante. Para el final de este tomo, caen algunas máscaras y quedan al descubierto algunos garcas que eran casi tan garcas como Alienor, aunque la jugaban de cayetano. Una vez más, entre todas estas runflas subrepticias y la acción, que no escasea, tenemos 56 páginas en las que pasan muchas cosas y las tramas avanzan muchísimo. Por eso no jode para nada que casi todas las páginas tengan muchas viñetas y una cantidad de texto medio zarpada. Hay que sentarse con tiempo, porque acá hay para ver y leer bastante más que en los típicos álbumes de este formato.
Falta un dato importante y es que la reina Alienor, el rey Louis, la gran mayoría de los personajes de la historia y casi todos los sucesos que aparecen en el comic EXISTIERON en la realidad. La historieta no sólo está anclada a una época histórica específica, sino que se sustenta en un monumental trabajo de documentación por parte de los guionistas y el dibujante. Y hablando del dibujante, una vez más tenemos al maestro cordobés Carlos Gómez en una cátedra memorable. No me quiero repetir, por eso recomiendo repasar la reseña del Vol.1, pero realmente acá hay páginas de Gómez que merecen pasar a la historia por la cantidad descomunal de laburo que le deben haber representado. Esta vez el colorista es José Luis Rio, muy acertado a la hora de acompañar con la paleta y los efectos digitales los distintos climas por los que transita el guión.
Me falta leer el final de la saga, a ver si finalmente Alienor se redime, o si pasará a la historia de Francia como una reina despiadada, venal y egomaníaca. Por ahora, su “leyenda negra” me tiene muy enganchado y el dibujo de Carlos Gómez me está haciendo cambiar de ropa interior varias veces por tomo. Prometo entrarle pronto al Vol.3.

martes, 17 de marzo de 2015

17/ 03: ALIENOR: LA LEGENDE NOIRE Vol.1

Hasta hace un par de años, el Dago de Robin Wood y Carlos Gómez no se publicaba en Argentina y todos puteábamos porque la única forma de acceder a ese material era a través de las ediciones italianas. Ahora que tenemos todos los años dos o tres tomitos de Dago, es hora de seguir puteando: Gómez abandonó las aventuras del veneciano y se fue a trabajar para Delcourt, en una serie que no se publicó nunca fuera de Francia. Alienor: La Légende Noire es una saga de tres tomos que salió como parte de la colección Les Reines de Sang, y es una de las tantas historietas de temática histórica que pueblan las bateas de las librerías francófonas.
Lo que diferencia a esta saga de las demás es, precisamente, que Gómez dibuja a lo Gómez, no se disfraza nunca de dibujante franco-belga. La idea original (si es que contar en historietas la vida de un personaje histórico puede ser considerado original) le pertenece a Simona Mogavino, quien co-escribió el guión con Arnaud Delalande. También hubo un artista, Erwan Le Saëc, encargado del storyboard. Supongo que habrá hecho los bocetos, o planificado la puesta en página. Después llegó el turno de Carlos Gómez, que dibujó y entintó las 54 páginas del álbum y finalmente Claudia Chec fue la encargada de colorear con muchísima onda y muchísimo criterio los dibujos del cordobés.
El guión nos ubica rápidamente en la corte del rey Louis VII, un chico que asciende al trono de Francia con apenas 15 años y al que casan medio de prepo con Alienor, una chica de su misma edad que de pronto se convierte en reina. Delalande y Mogavino van a dedicar la mayoría de este primer tomo a las intrigas que tienen lugar dentro de la corte, con roles muy importantes para la madre del joven rey y para Suger, su consejero. De a poquito, todos se darán cuenta de que esa jovencita a la que humillaban y ninguneaban es en realidad una persona de increíble sagacidad, coraje y ambición, que los va a terminar manipulando a todos estos supuestos capos de la rosca para que se imponga siempre su voluntad.
Lo que menos me atrapó es el tono de los diálogos, muy solemne, muy protocolar, y a la vez acorde con una historia que transcurre en una corte real en el año 1138. Me imaginaba a los personajes hablando en español antiguo (“vosotros me habéis traicionado”, etc.) y me aburría un poco más. Lo bueno es que en 54 páginas repletas de viñetas pasan muchas cosas: hay protocolo y franela pero también acción y hasta algunos pasajes en los que predomina la machaca. Y el principal logro de los guionistas es que nos presentan a Alienor como un personaje que no es ni bueno ni malo. Hace turradas, es fría, es calculadora, es bastante atorranta, pero está movida por valores respetables, como la dignidad, la compasión y la pulsión por llevar a buen puerto el reinado de su inexperto marido. Veremos cómo evoluciona la caracterización en los próximos tomos, y si Delalande y Mogavino terminan por darle la razón a los personajes que afirman que esta reina adolescente es una criatura endemoniada, que ha poseído al pobre Louis para llevarlo por la senda de la atrocidad y la ruina. La verdad que es una etapa de la historia de Francia que desconozco profundamente, así que estoy abierto a las sorpresas.
Y hablando de sorpresas, me sorprendió lo poco que cambió el dibujo de Carlos Gómez para adaptarse al formato de álbum francés. Obviamente se acabaron las páginas de cuatro viñetas que tantas veces vimos en Dago, pero en todo lo demás, el dibujante mantiene en alto las banderas que le vimos en sus trabajos para Italia: muchos (y excelentes) primeros planos, algunos detalles de composición y de lenguaje corporal de los personajes heredados de los maestros norteamericanos, otros detalles emparentados con la tradición argentina de Alberto Salinas, Lito Fernández y otros referentes de nuestra historieta clásica de aventuras… y sí, en todas las páginas hay por lo menos una toma “de lejos”, un plano bien panorámico, en el que los personajes se ven de cuerpo entero, o muy chiquitos porque Gómez nos muestra un paisaje, un edificio, o un gran salón. Esto que Gómez trataba de hacer poco en las historietas de Dago, acá le sale muy, muy bien. Se nota el rigor en la documentación, la pasión por los detalles y las ideas para que estas tomas no se parezcan mucho entre sí, a pesar de que casi siempre nos muestran las mismas locaciones. Por supuesto ayuda mucho la paleta de Claudia Chec, que le encuentra a cada escena un clima distinto y lo plasma desde el color.
Magnífico debut de Carlos Gómez en el mercado francés, con un tomo dibujado a un nivel impresionante y un guión que, a priori, puede no parecer muy ganchero, pero al que no le faltan los momentos interesantes, los giros impredecibles y los hallazgos en materia de caracterización. Prometo entrarle pronto al Vol.2.

jueves, 27 de noviembre de 2014

27/11: DAGO: LA CUESTION REAL

Esta es una novela gráfica muy buena y a la vez muy rara, en la que el maestro Robin Wood urde una trama muy atractiva, muy compleja, como siempre con mucho anclaje con la Historia tal como nos la contaron los historiadores en esos libros que no tienen viñetas ni globitos, y con Dago ahí en el medio, como garante e incluso como catalizador de peleas, persecuciones y –cada tanto- algún garche.
¿Por qué “muy rara”? Porque cuando van 84 páginas, La Cuestión Real pega un volantazo notable en su devenir argumental y la historia que hasta ese momento era la central pasa a un tercer o cuarto plano. Para las últimas 60 páginas, Wood desplaza el foco hacia otros personajes, otros conflictos, otras geografías e incluso cambia el tono de la aventura. Claramente, hizo el famoso “ya que estamos”.
Toda la primera parte nos muestra a Dago enroscado en una compleja pugna de intereses entre tres reyes europeos, con el Papa metido en el medio. El conflicto central tiene que ver con el romance entre Enrique VIII y Ana Bolena, por eso el justiciero veneciano se desplaza por primera vez a Londres, a meter las narices en la corte de este rey mujeriego y altanero. Este tramo funciona muy bien, como la típica aventura de Dago. Ya sabés que si aparece un personaje que no te suena de los libros de historia, se va a enemistar con el veneciano y va a terminar muerto; ya sabés que cualquier minita que entre en escena se va a enamorar de él (acá, en menos de 150 páginas, se levanta a tres minas y se voltea a dos); y ya sabés que, haga lo que haga, Dago no va a cambiar el curso de la Historia posta, sino que Wood se las va a ingeniar para que esté ahí, siempre cerca, quizás orientando los hechos hacia donde ya sabemos que van a ir, pero nunca en primer plano.
Por los bloques de texto que empiezan a proliferar a partir de la página 85, deduzco que a Robin le encanta Escocia, que ama a ese país. Así que, una vez que tenemos un buen argumento para llevar a Dago a Inglaterra, ¿qué nos cuesta que pase también por Escocia, que es ahí, al ladito? Y entonces, “ya que estamos”, en estas 60 páginas finales nos olvidamos de las runflas entre los reyes de Inglaterra, Francia y España, de Ana Bolena, del cardenal que mandó el Papa y de prácticamente todo lo que vimos hasta ese punto, y nos metemos a fondo con otro conflicto: el joven James, Rey de Escocia, y las conjuras de nobles escoceses con nobles ingleses para que este chico no se quede con el trono.
Acá siguen en cancha un par de secundarios que ya venían buscando la forma de deshacerse de Dago cuando este andaba por Londres (y dos de las minitas que se lo querían voltear), pero en pocas páginas Wood renueva a full el elenco de secundarios, ahora con los esoceses. Así cobran protagonismo los muchachos cuasi-salvajes de los clanes que pueblan las highlands, particularmente el Mudo, uno de esos personajones secundarios que cada tanto pela Wood y que uno querría ver como protagonista de una saga más larga. Este tramo deja de lado la sutileza de las intrigas palaciegas y encara para el lado de la violencia lisa y llana, con batallas épicas, emboscadas, la muerte definitiva del villano más molesto y una muy linda revolcada entre Dago y una duquesa que coqueteaba con él desde el principio de la novela. El conflicto del rey de Escocia se soluciona totalmente en estas 60 páginas, sin dejar cabos sueltos. Y en las últimas… dos páginas, Dago se acuerda que tiene que volver a España para tratar de resolver el otro bolonki, el que lo llevó a Inglaterra en la primera parte de la novela. O sea que la maniobra de Wood de hacerte un “dos por uno” resulta exitosa hasta ahí nomás, porque una de las dos líneas argumentales se come casi 60 páginas en el freezer y no se resuelve, sino que se encamina hacia una resolución que en este tomo no se ve.
Igual te divertís mucho, sobre todo en la primera parte, cuando Dago se la pasa tirando one-liners irónicos, cuando lo vemos boludear a reyes y nobles con total impunidad, y bajar línea en joda acerca de lo choto del clima, lo incomible del morfi y lo poco que se baña la gente de Londres. Cuando no le toca desenvainar la espada, Dago desenvaina la lengua y resulta tan letal como cuando te atraviesa con sus armas.
Lástima que algunos diálogos estén mal armados, con globos que responden al globo que se lee inmediatamente después. No sé si es un problema arrastado de la edición italiana, o si se produjo al traducir la historieta al castellano, pero hay cinco o seis diálogos así, con los globos puestos en el orden de lectura incorrecto.
Ah, y el dibujo de Carlos Gómez… no me alcanza el espacio para analizarlo, así que me limito a babearme un poco y a repetir todos los elogios que le prodigué en las reseñas de los tomos anteriores. Un monstruo, con todas las letras. El año que viene, más Dago y más Gómez, acá en el blog.

sábado, 29 de marzo de 2014

29/ 03: DAGO: LUCCA Vol.2

Como vimos la vez pasada, toda esta saga (cuyas primeras 128 páginas recorrimos el 16 de este mes) está pensada para desembocar en el enfrentamiento final entre Dago y el perverso Príncipe Bertini, jefe de la conjura que acabó con la familia de César Renzi. La idea de Robin Wood es generar tensión, hacerla crecer y –en un punto- resolverla. El tema es que se complica mucho hablar de esta segunda mitad sin contar cómo se resuelve la trama. Es como si el lunes se emitiera un programa sobre el Boca-River de mañana, pero sin mencionar nunca el resultado.
Lo más importante es que ese enfrentamiento final entre los dos enemigos llega. Se hace esperar otras 62 páginas y dura... con buena voluntad, tres viñetas. Pero llega y se define sin rodeos, sin ambigüedades y –sobre todo- de un modo impredecible, muy distinto de lo que uno se imaginaba, y aún así satisfactorio. ¿Qué pasa en las 62 páginas previas? Hay bastante chamuyo, bastante más franela, Wood nos subraya por enésima vez lo hermosa que es Lucca, lo copada que es su gente y lo bien que se siente Dago en esa ciudad, como si fuera un folleto turístico que nos quiere vender un viaje a Lucca. Y de paso resuelve las hsitorias de Dago con Orsini y Lorena, los adláteres de Bertini a los que les venía dando baile (de distintas maneras) desde el tomo anterior. La figura de Miguel Angel Buonarotti tiene menos peso que en el Vol.1, el rol de la dama de Paradini crece gradualmente (aunque el personaje no gana profundidad) y se luce un personaje que pintaba para tercerón, el Podestá, que vendría a ser la autoridad máxima de la ciudad de Lucca.
Entre que se resuelve el duelo entre Dago y Bertini y el final del tomo, tenemos otras 62 páginas. Un poquito mucho para un mero epílogo, por eso Wood las aprovecha para poner en marcha una especie de aventura complementaria a la anterior. Giácomo Barazutti, el único miembro de la conjura que queda vivo (aunque sin las manos, perdidas en un combate anterior contra Dago), le pone precio a la cabeza del veneciano y logra que los mejores mercenarios y cazarrecompensas de Italia converjan en Lucca con la firme decisión de pasarlo a valores. El héroe tendrá que aguzar de su ingenio (y abusar del cariño que le tiene la gente de la ciudad) para salir con vida de esta encrucijada. De nuevo, la resolución final se parece poco a la que uno imaginaba y sin embargo está muy bien.
En el balance global, la saga de Lucca cumplió ampliamente lo que prometía. Es una historia posta, 100% canónica, un punto de inflexión irreversible en la larguísima epopeya de Dago, y además tiene acción, aventuras, rosca política, romance, figuras históricas invitadas y dilemas morales complejos. Quizás lo más atractivo sea que acá TODO gira en torno a Dago y su venganza, no como en esas aventuras menores en las que el héroe es un mero testigo, o un integrante más de un grupito que hace cosas que ya sabíamos que iban a pasar por haber leído alguna vez libros sobre la historia europea.
A esto sumale la jerarquía de un Carlos Gómez pasado de rosca, que sale a matar con su apabullante dominio de la estética académico-realista, perfectamente condimentada con un dinamismo y una expresividad que no se ven muy a menudo en dibujantes de esta escuela. Gómez mete muchísimos primeros planos (y primerísimos planos), elimina muchos fondos y resuelve unas cuantas viñetas con siluetas. Pero no porque se esté tirando a chanta, sino porque es humano, y acá tiene que dibujar cosas dificilísimas, como edificios del Siglo XVI, multitudes, ejércitos con uniformes que no se pueden inventar ni frutear, caballos... Y todo está cuidado hasta el último detalle y mechado con escenas PERFECTAS, como la de la pelea final con Orsini. Gómez tiene un arsenal de recursos amplio y poderoso, y acá no deja cartucho sin detonar. El lenguaje corporal, las expresiones faciales, los detalles y las texturas en ropas y fondos, el equilibrio entre masas negras y espacios blancos, el montaje terriblemente dramático en la escena en la que Dago y Bertini quedan frente a frente... todo nos revela a un verdadero monstruo del Noveno Arte. Quiero YA los libros que está dibujando Gómez para Francia.
Y si puede ser, más Dago editado en Argentina. Estos tomitos salieron en Agosto o Septiembre y desde entonces no hemos tenido más entregas de una serie que vende muy bien (por lo menos eso dicen en las comiquerías) y cuya calidad no defrauda en lo más mínimo.

domingo, 16 de marzo de 2014

16/ 03: DAGO: LUCCA Vol.1

Muy lindo tomo de Dago. Muchas páginas, una trama atractiva, dibujos excelentes... Veremos cómo termina Robin Wood la saga de Lucca, pero esta primera parte es realmente atrapante.
Las primeras 60 páginas son algo así como “la saga antes de la saga”, una historia perfectamente autoconclusiva y redonda, si no fuera porque es todo parte de un plan de Dago para hacer engranar al Príncipe Bertini, el jefe de la conjura que boleteó a su familia, a quien el héroe quiere hacer salir de su refugio inexpugnable en la ciudad de Venecia. La aventura transcurre en Marsella y sirve, básicamente, para presentarnos a los sicarios de Bertini a los que Dago les hará la vida imposible hasta el inevitable cara a cara con el malvado noble veneciano. El astuto Orsini y la despiadada Lorena, dos personajes muy bien trabajados por Wood, caerán en la trampa de Dago, los dos de distinta manera, y esas derrotas en Marsella pondrán en marcha la saga de Lucca.
Que -hay que decirlo- arranca muy lento. El Príncipe Bertini se entera que Dago operó para cagarlo en Marsella en la página 60. Y para la 128 todavía no se encontraron, a pesar de que llevan ya muchas páginas en la misma ciudad. ¿Con qué nos entretiene Robin durante este extenso jugueteo previo? Con las apariciones de Michelangelo Buonarrotti, que se hace amigo de Dago, y con el desarrollo de otro personaje secundario interesante, con pasta para tener un rol decisivo en la segunda parte, la bella y enigmática dama de Paradini. Lo que más me gustó de este tramo franelero, en el que la historia avanza poco, es que casi no hay violencia. Robin no hace la boludez de meter peleas que no aporten nada a la trama sólo para que Dago pelee con alguien cada 12 páginas. Hay intriga palaciega, una muy acertada indagación en las costumbres de la gente de la época, un par de garches muy lindos y alguna peripecia menor, que el guionista se abstiene de “venderla” como si fuera relevante.
No me quiero extender mucho con el argumento, porque está claro que es todo un gran sembradío de líneas argumentales para explotar en la segunda parte, cuando Dago finalmente se enfrente al Príncipe Bertini. Por ahora, con ritmo pachorro y todo, parece que estamos frente a un capítulo realmente relevante en la historia de este sombrío justiciero. Creo que lo único flojo es la caracterización de Bertini, al que Wood nos presenta como un villano sin matices, sin dobleces. El tipo es un hijo de mil putas las 24 horas, en todas partes. Es malo con sus enemigos, con sus súbditos y hasta con su esposa y su hija (a las que Dago les salvó la vida en la saga de Roma, ¿te acordás?). Y es malo porque sí, porque está lleno de odio, a pesar de tenerlo todo (menos la conciencia tranquila, claro).
¿Qué decir del dibujo de Carlos Gómez? No se entiende bien cómo, pero el cordobés sigue mejorando exponencialmente de un tomo a otro. Es cierto, abundan demasiado los primeros planos y hay muchas, muchas viñetas sin fondos. Pero man, los primeros planos de Gómez son DEVASTADORES, llenos de realismo y expresión, y cuando mete fondos te ANIQUILA con un laburo impresionante en los detalles y las texturas y una integración perfecta de la referencia fotográfica. Entonces, ¿de qué te podés quejar? Gómez no dibuja nunca más de seis viñetas por páginas y las combina de modos muy variados, a veces con grillas clásicas y otras de forma bastante experimental por tratarse de material gestado para las popoulares antologías italianas de la ex-Eura. Los cuerpos en movimiento y los primeros planos de Lorena tienen la elegancia y la sensualidad del mejor García López, el rostro curtido de Navarro me trajo reminiscencias al de Mort Cinder, y en los rasgos del Príncipe Bertini perdura la impronta de Alberto Salinas, el primer dibujante de Dago. El resto es Gómez puro, haciendo gala de un estilo propio, en el que está absolutamente afianzado y que no hay forma de clonar, porque para dibujar así hay que tenerla demasiado clara.
La saga de Lucca promete aventura clásica de muy buena factura, con un guión hasta ahora muy bien llevado y un dibujo que, si sos fan de la estética académico-realista, te va a volar las retinas en mil pedazos. Prometo entrarle pronto al Vol.2, a ver cómo se resuelve la trama.

domingo, 30 de junio de 2013

30/ 06: DAGO: SAQUEO DE ROMA Vol.3

Final para esta saga que tiene más de 10 años, pero que en Argentina nuca se había publicado completa. La verdad que me entretuvo bastante, pero me dejó con un gustito agridulce. Veamos:
En primer lugar, Dago pierde. Al principio, su objetivo es evitar el saqueo a Roma. Al final, ya se conforma con que las hordas imperiales no violen a huerfanitas de 12 años o no cocinen al Papa Clemente al spiedo. Es el precio a pagar por aprovechar un contexto histórico para nutrir tus historietas: no podés hacer que Dago cambie el curso de la Historia y evite que suceda lo que todos los libros de Historia dicen que sucedió. O si lo hacés, tenés que plantear la serie como una ucronía (tipo Rex Mundi) o encararla en son de joda (tipo Astérix). Robin Wood elige para Dago un rigor histórico prácticamente sin fisuras y para respetarlo, el héroe tiene que aspirar a un rol secundario, a veces de mero testigo.
Aún así, Dago realiza una hazaña o un acto de justicia cada 12 páginas, siempre, sin faltar nunca a la cita. Después del saqueo, no puede simplemente abandonar Roma en su caballo: se tiene que ir con unas minitas, y la difícil misión de llevarlas sanas y salvas a su aldea natal, lo que significa vencer a más ladrones y asesinos. Y en la aldea, no lo esperan con los brazos abiertos: hay una trama de muerte, lujuria y demencia que Dago debe desentrañar antes de entregar las minitas a su abuelo. Y al final, no puede simplemente despedirse de las minitas: tiene que enfrentar a un asesino serial que casi mata a una de ellas... y así. No para nunca, pobre pibe. En los viajes, en las misiones, en las horas de descanso, siempre tiene garantizado un peligro cada 12 páginas.
Y también porque los episodios duran 12 páginas, a veces se desaprovechan ideas de gran potencial. El villano del último episodio, por ejemplo. Andrea Cornelli, galán, poeta, ilusionista y asesino serial, tenía todo para ser un personajón, un excelente némesis para Dago. Sin embargo, como esto es una especie de epílogo del epílogo de la saga de Roma, Wood opta por desarrollarlo a lo largo de... nueve páginas. Cornelii aparece en la página 3, y en la 12 ya es boleta.
Lo mejor del tomo, a nivel guión, está al principio, cuando Dago salva a una dama de la nobleza veneciana y se entera de que no es otra que la esposa del Príncipe Bertini, uno de los integrantes de la conjura que masacró a su familia. Ahí, el guionista pone a prueba la integridad del héroe. ¿Qué onda? ¿Se cobra venganza de Bertini y liquida con total impunidad a su esposa y a su hija? ¿O va hasta las últimas consecuencias para salvar a las mujeres de una muerte segura y deja para más adelante la venganza contra el Príncipe? Ahí hay un dilema moral muy jugoso, apuntalado por excelentes diálogos y elocuentes silencios. Y se supone que el climax de la saga va a llegar cuando se enfrenten Dago y Enfeldt, el poderoso fanático luterano que arengó a la horda para ir contra la ciudad del Papa. Bien, la lucha final, a todo o nada, entre Dago y el monje dura... una página. Cinco viñetas. Si Dago se lo podía sacar de encima tan fácilmente, ¿no era más lógico pasarlo a valores al principio del Vol.1, y ahorrarnos tantas atrocidades? No, porque Wood está a atado por la Historia y sin Enfeldt no había saqueo. El rigor histórico le ganó a la lógica argumental de la saga.
El dibujo de Carlos Gómez es, de nuevo, formidable. El cordobés tomó la base académico-realista de Alberto Salinas y le agregó plasticidad, dinamismo, ritmo, onda. Y además, al trabajar con páginas de muchas menos viñetas y casi ningún bloque de texto, se puede jugar mucho más a modernizar la narrativa, a explorar nuevas variantes. Casi siempre le sale muy bien.
Excelente la iniciativa de Comic.ar de publicar este material en nuestro país. Dago te puede gustar más o menos, pero sin dudas la saga del saqueo de Roma es un punto altísimo en los más de 30 años de historia del personaje, y era una injusticia que los lectores hispanoparlantes no tuvieran acceso a ella. Veremos cuándo y con qué material sigue esta colección. Yo, mientras dibuje Gómez, compro sin preguntar si están buenos los guiones. Total, es Robin Wood, y eso te garantiza una calidad mínima más que consistente. Un Wood a media máquina con un Gómez al nivel que vimos en estos tres tomitos, me recontra-cierra.

sábado, 22 de junio de 2013

22/ 06: DAGO: SAQUEO DE ROMA Vol.2

No te dejes engañar por esa tapa fea, en la que Dago tiene el cuello demasiado largo y monta un caballo demasiado chico. Adentro, el dibujo de Carlos Gómez está tan zarpadamente bueno como siempre. No voy a reiterar item por item todos los hallazgos de este maestro, porque son muchos, y para no aburrir.
Me voy derecho al guión de Robin Wood, repleto de referencias históricas reales, hábilmente manipuladas para agregar a un personaje que no aparece en las crónicas oficiales: Dago no estuvo en el verdadero saqueo de Roma, y sin embargo mucho de lo que le pasa a los personajes que sí son parte de ese episodio histórico (el Papa Clemente, el Condestable de Borbón, Benvenuto Cellini, Antonia Medina, etc.) está motorizado por las acciones de este intrépido justiciero. ¿Cómo hacés para que las decisiones y las hazañas de Dago tengan peso en un contexto histórico ya determinado, al que no podés alterar sin convertir a esta saga en una ucronía y sacarla del género que estás explorando? La respuesta es sorprendente, y Wood la encuentra página a página, en un atractivo paseo sobre una cornisa muy finita.
Este es el Wood moderno, el que narra todo en base a la acción y los diálogos y se abstiene de meter esos potentes masacotes de texto que definieron su estilo en los ´60 y ´70. O sea que nos perdemos uno de sus rasgos más destacables, que es el lirismo de su prosa, su peculiar talento para la descripción de lugares y sensaciones no visuales, y a cambio ganamos un relato mucho más dinámico, en el que textos y dibujos se ensamblan de modo mucho más armónico, sin que uno aparezca groseramente sometido al otro. Y la otra ventaja de narrar casi sin bloques de texto: hacen falta más viñetas para contar lo mismo, y eso repercute en historietas más descomprimidas, en las que son impensables esas páginas con 14 ó 15 viñetas microscópicas de las que veíamos en los primeros trabajos del guionista.
En cuanto a lo negativo, dos cosas. Primero, lo que subrayaba la vez pasada: el Dago guacho-pija, que se las sabe todas, no duda nunca y acierta siempre. Un cúmulo de perfección física y moral imposible de quebrantar que a mí, personalmente, me llena muy rápido los huevos. Segundo, en el tomo anterior Dago reunió, en pocas páginas, a un nutrido y atractivo elenco de personajes secundarios. En este tomo, para mostrarnos que el héroe la está pasando mal en su lucha contra un enemigo mucho más poderoso que él, esos mismos secundarios caen como moscas, algunos sin haber tenido muchas chances de lucirse, o de desplegar su potencial. Para el final del tomo, a Dago le quedan... cuatro aliados, de los cuales tres están ocultos fuera de las murallas de Roma.
Me parece lógico que Wood mate a los personajes históricos que efectivamente murieron durante el saqueo a Roma, pero no es el caso: de los personajes “verídicos”, el único que muere en este tomo es uno que peleaba del lado de la horda imperial. El resto, son los mismos que el propio guionista se esforzó por crear entre el tomo anterior y este. Si leíste bastante Dago, ya sabés que generalmente sus amigos y las minas que pegan onda con él, son boleta. Y eso es algo que nunca me cerró, que me parece un error estratégico grave, sobre todo al tratarse de una serie abierta, de duración indefinida.
Me falta el final de la saga, nomás, un tomo que –me parece- trae un par de episodios que no estaban en la edición italiana que yo había leído hace varios años. Veremos cómo termina esta epopeya violenta regada de ambición, descontrol, odio religioso y atrocidades escabrosas. Sabemos que Dago se va a ir de ahí entero y sin mayores consecuencias. Y si conocés la historia, sabés qué va a pasar con el Papa y demás. Aún así –creeme- hay margen para que Robin Wood nos sorprenda con un par de giros argumentales y para que Carlos Gómez nos deleite, una vez más, con sus majestuosos dibujos, en hermoso blanco y negro y con un lindo rotulado digital, dos cosas que los lectores clásicos de Dago (acostumbrados a las masacres cromáticas y tipográficas de Columba) viven como una grata novedad.