el blog de reseñas de Andrés Accorsi
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viernes, 11 de abril de 2025

VIERNES ATP

Después de la última incursión en el porno, hoy tengo para reseñar dos libros aptos para todo público en los que no se ve ni una teta. Empezamos con el cuarto y último tomo recopilatorio de The Batman Adventures, un masacote de casi 300 páginas donde tenemos los últimos ocho episodios de la primera serie regular (esos nunca los llegué a traducir para Perfil), más el Annual 2 y el glorioso Holiday Special. El Holiday Special es un verdadera delicia. Una antología con cinco historias cortas, todas escritas por Paul Dini y ambientadas entre el 1º de Diciembre y el 1º de Enero. Esta vez, en vez de ir a buscar a grandes figuras del comic para que dibujaran sus guiones, Dini trajo a los directores de la serie animada. Ya tenía clarísimo que con Bruce Timm formaba una dupla insumergible, y lo trae de vuelta para aventura de Batgirl contra Clayface muy divertida, con un ritmo infernal. También trae a Ronnie Del Carmen para una disparatada comedia de acción centrada en Harley Quinn, Poison Ivy y Bruce Wayne, en la que Batman aparece recién al final. Glen Murakami tiene a su cargo la historia más seria, más triste incluso, en la que Batman confronta con Mr. Freeze. En la serie animada, los episodios con Mr. Freeze solían tener un tinte más dramático, y estas 13 páginas van en esa misma línea. Timm y Dini co-escriben la infaltable aventura de Batman contra el Joker, que cuenta con los dibujos de Butch Lukic y Kevin Altieri, otros dos tremendos directores de animación. Y para el epílogo, Dini consigue a otro prócer de BTAS: Dan Riba. Esto no tiene desperdicio, realmente, y vale lo que pagues por todo el libro. Después tenemos más números de la serie mensual: el nº28 es un regreso muy divertido para el Joker y Harley Quinn, gran guion de Kelley Puckett dibujado con la habitual categoría de Mike Parobeck. En el nº29 tenemos al correcto Dev Madan como dibujante suplente, y lo vamos a ver en todos los números impares que nos quedan hasta llegar al 36. Puckett se manda un unitario intenso y sorprendente con Talia y Ra´s al Ghul. Ahora con Rick Burchett de dibujante suplente, el nº30 es un episodio centrado en Mastermind, mr. Nice y The Perfesser, en el que no aparecen los justicieros de Gotham. Otro hallazgo de Puckett, que se va a tomar unas vacaciones para volver más cerca del final de la serie. El nº31 es un unitario de Robin contra Anarky, un personaje que (lógicamente) nunca apareció en los dibujos animados. Tiene la particularidad de estar escrito por el creador de Anarky, el querido Alan Grant, y lleno de frases que ningún otro guionista se animaría a poner en boca de un superhéroe. En el nº32 vuelve Parobeck para dibujar un guion bastante menor de otro guionista invitado, Dan Raspler, al que le fue mucho mejor como coordinador o director de colecciones. El 33 es un excelente unitario, en el que pela chapa quien va a quedar como guionista titular en la siguiente serie mensual basada en BTAS: el canadiense Ty Templeton, otrora dibujante, en aquellos primeros números que vimos el 20/02/25. Y en el nº34 arranca una trilogía (la primera y única en esta serie) en la que se reúnen Puckett y Parobeck, más Templeton que colabora en algunos guiones. Los villanos son Hugo Strange y Catwoman, y pasan cosas tan locas que no se pueden creer. Pero es todo en serio, y está narrado de una manera muy emotiva. Gran cierre para una serie mensual que sostuvo una calidad notable entre 1992 y 1995, años poco felices para el mainstream superheroico. Pero al libro le queda una gema más. El Annual 2, con un plot obra de Paul Dini, Bruce Timm y Glen Murakami, guion del primero y dibujo y color de los otros dos. Podría ser tranquilamente un unitario de 22 páginas pero lo estiran a 44 y está bien, porque los dibujos son majestuosos. Es todo un gigantesco tributo a Jack Kirby, con Demon y Ra´s al Ghul en roles que eclipsan al propio Batman, con momentos muy oscuros, muy violentos, que en una de esas no podrían haber tenido cabida en una serie animada. Creo que este Annual y el Holiday Special es lo único que en esta lectura ya de cuasi-anciano me gustaron más que cuando las leí originalmente, con veintipico de años.
Y me voy a España, año 2008, cuando Dib-buks recopila en un hermoso álbum 44 planchas de Zorgo, la historieta que Luis Bustos publicaba todas las semanas en la recordada revista infanto-juvenil Mister K. Esto es brillante. Los guiones son ingeniosos, los personajes son queribles, los chistes son tremendos, hay diálogos bastante zarpados, las tramas no se repiten, Bustos nunca llega a la última viñeta obligado a rematar "en una baldosa" porque se le terminó el espacio de golpe, ni tampoco estira una idea mínima para llenar las (por lo menos) ocho viñetas que dibuja en cada entrega. El protagonista es un genio del crimen, un supervillano irredimible que quiere sojuzgar a la humanidad con sus máquinas diabólicas y sus mega-robots destructores. Sí, te va a hacer acordar todo el tiempo a los protagonistas de las películas Megamind y Despicable Me (o "Mi Villano Favorito")... pero ambas son de 2010, y esto es bastante anterior. Las aventuras (y a veces desventuras) de Zorgo dialogan con el comic clásico de superhéroes, de cuando los villanos eran genios científicos que construían artefactos imposibles para destruir ciudades, pero también con las pelis de agentes secretos tipo James Bond (rara vez en esta serie salen bien parados los agentes secretos) e incuso con las de monstruos gigantes, kaijus y demás bichos bizarros. Y Bustos juega además con el Lado B del supervillano: la vida cotidiana de Zorgo cuando no está tripulando mega-robots ni lanzando ultimatums contra los gobiernos del planeta. De acá también salen grandes momentos. Recomiendo mucho Zorgo a lectores de todas las edades y tengo entendido que hay más tomitos recopilatorios, así que intentaré conseguirlos. Bustos me parece un autor fenomenal, y ahora que descubrí la magia que tira en su vertiente infanto-juvenil, lo admiro más que antes. Hasta acá llegamos, por hoy. Gracias por el aguante y nos reencontramos pronto, con nuevas reseñas acá en el blog.

domingo, 27 de octubre de 2019

MAS TAPAS GRISES

Casualmente los dos libritos que tengo leídos tienen portadas sin color, resueltas con blanco, negro y grises. Y la de Ryuko (reseñada el último jueves) también. No es lo más común leer uno atrás del otro tres comics con tapas grises, por eso me llamó tanto la atención la coincidencia.
Empiezo con Puertadeluz, una novela gráfica de 2017 del maestro español Luis Bustos, quien –me da la sensación- no tiene muchos fans de este lado del Atlántico.
Puertadeluz es un thriller tremendo, de asfixiante intensidad, sutilmente decorado con una aguda bajada de línea socio-política. Es difícil contar algo del argumento sin spoilear, por eso voy a ser muy breve. Bustos nos ofrece 120 páginas de tensión, suspenso y estallidos de violencia pensados para estremecernos de punta a punta, y todo eso está muy bien. La construcción de los protagonistas (Antonio y su hija Alicia) también está muy lograda, la irrupción de ciertos elementos de ciencia-ficción no deslucen para nada una trama cuyo principal atractivo es que se siente muy cercana… Entonces, ¿qué fue lo que no me cerró de Puertadeluz, como para no ponerla al (magnífico) nivel de las otras obras de Bustos que leí en los últimos años? Me parece que esta vez se nota demasiado que la gran mayoría de los recursos narrativos que pone en juego el autor (que son muchos y muy efectivos) tienen como principal objetivo estirar, desplegar en 120 páginas una historia que –sin ninguna duda- se podía contar en 48.
Por supuesto, muchos de esos recursos contribuyen también a crear ese clima espeso, jodido como enema de chimichurri, que tanto contribuye al disfrute de la obra. Y además la estirada nos permite contemplar en todo su esplendor el dibujo de Bustos, que es extraordinario. Su manejo de la secuencia, de la aplicación de los grises, esas manchas, esos esfumados, esos fondos demoledores (con la referencia fotográfica perfectamente integrada al grafismo del autor), las expresiones faciales, la acción… Todos esos aciertos que ya habíamos visto (por ejemplo) en los dos tomos de ¡García!, acá aparecen otra vez, con su potencia expresiva intacta.
Y bueno, tengo un buen guión, buenos personajes y un dibujo de la recontra San Puta. ¿Me puedo quejar de la desmedida extensión de la obra? Obviamente sí, pero eso no es óbice para recomendar Puertadeluz a los fans de Bustos, de la buena historieta española o de los thrillers a todo a nada, que no te dejan respirar hasta que no llegás a la última viñeta.
Me vengo a Argentina, a 2019, cuando el sello OK Ediciones (capitaneado por el matrimonio de Rocío Ogñenovich y Sebastián Koziner) lanza el primer tomo de Crónicas de Ciudad Estrella, escrito y dibujado por Rocío. A lo largo de 60 páginas, el comic nos introduce en una ciudad en la que co-existen los elfos, las hadas y los hechiceros, pero todo visto desde los ojos de un inspector de homicidios común y corriente, que debe investigar un crimen siguiendo el típico procedimiento policial. La idea está buena y de hecho, las primeras 40 páginas se me hicieron bastante llevaderas a pesar de que hay varios momentos en los que Ogñenovich se zarpa con la cantidad de texto que mete en cada página. Para el último tercio, cuando queda bastante claro quién es el asesino, el guión perdió rápidamente mi interés, y me costó terminar el librito. La extensión de los bloques de texto le jugó en contra, los diálogos tienen alguna falta de ortografía y muchas frases que no me sonaron bien al oído, y la tipografía tampoco me sedujo en lo más mínimo. O sea que lo único que me mantenía enganchado era la trama, y cuando esta se hizo obvia, mi conexión con el relato de Ogñenovich se desvaneció.
El dibujo, por su parte, evidencia unas cuantas limitaciones. Desde la obvia repetición de los enfoques, hasta los problemas que tiene Ogñenovich en la anatomía cuando tiene que mostrar a la figura humana vista de lejos. La buena intención de complementar un claroscuro fuerte con grises aplicados en el photoshop se desvirtúa un poco cuando –además de los grises- empiezan a aparecer un montón de efectos (brillos, degradés, texturas locas atrás de los personajes) que sobrecargan de información a las viñetas y no llegan a ocultar el hecho de que los fondos escasean bastante y, cuando aparecen, no están muy logrados.
Sin dudas hay mucho para mejorar, tanto a nivel guión como a nivel dibujo, para que Crónicas de Ciudad Estrella emerja como una opción atractiva dentro del panorama actual de la historieta argentina. Veremos con qué me encuentro cuando salga el Vol.2… o incluso mucho antes, porque tengo para leer pronto otro trabajo de Rocío Ogñenovich.

Gracias por estar ahí, festejemos juntos y en paz el fin de la mentira amarilla, y nos reencontramos pronto con nuevas reseñas, acá en el blog.

miércoles, 7 de marzo de 2018

GEMAS DE MIERCOLES

Me da cosa sentarme a reseñar El Hombre Primordial, porque el año pasado, cuando estaba por salir el libro, el editor me ofreció escribir el prólogo y yo acepté. O sea que casi todo lo bueno que tenía para decir sobre esta obra de Mauro Mantella y Germán Erramouspe lo expresé con mi habitual torpeza en ese texto, quizás lo único choto que tiene el libro.
Si te gustan los superhéroes, no se me ocurre un sólo motivo por el cual no pueda interesarte El Hombre Primordial. Es una historia fuerte, compacta, profunda, donde los autores se apropian de los tropos de un género muy popular (el único género autóctono de la historieta, cabe acotar) y los hacen propios. Y no es una historia liviana, no es una boludez, no es el tipo de relatos con los que se rellenan mes a mes las revistitas de 20 o 22 páginas. Ya lo hice en aquel prólogo, pero el público se renueva (como dice la nonagenaria fascista) así que lo repito: El Hombre Primordial es algo así como el Miracleman argentino. Y ojo, que esto no significa que la historia esté ambientada en nuestro país, pero hay algunos guiños inconfundiblemente argentos.
Dicho todo esto, dos falencias que en el prólogo del libro no daba para señalar, pero acá sí. 1) La identidad del “villano secreto” se deduce muy fácil, alcanza con prestar mínima atención. Así es como termina por no sorprender a nadie, como los aciagos resultados de las políticas económicas del neoliberalismo. 2) Esta es una historieta que ya tiene más de 10 años, y si bien en ese momento Erramouspe dibujaba muy bien, hoy dibuja MIL VECES mejor. Con lo cual, si la comparás con los trabajos más recientes del dibujante, te va a parecer medio chota. Si hoy Erramouspe redibujara toda esta obra, El Hombre Primordial sería una mega-brutalidad.
No hay vuelta que darle: Alan Moore. John Ridgway, Bryan Talbot, David Lloyd y John Bolton son ingleses, la revista Warrior existió sólo en Inglaterra en los años ´80… pero hojeás El Hombre Primordial y te deja esa duda, o por lo menos te abre ese “what if…?”. ¿Qué habría pasado si Mantella y Erramouspe hubiesen hecho esta historieta en los ´80 para una editorial del Reino Unido? Atrevete a imaginar el milagro.
Salto a España, a 2014, cuando se publica Versus, una novela gráfica relati-
vamente breve, cuyas 64 páginas alcanzan para elevar a su autor, Luis Bustos, de maestro, capo o crack a Genio del Noveno Arte. La tapa es sumamente pecho frío, el formato es raro (va a morir en el pilón de los tomos de Macanudo), la trama la leímos chotocientas veces (el boxeador veterano, cuasi-acabado, se juega los últimos cartuchos en una pelea contra un pibe joven que obviamente le va a rediseñar la caripela a castañazos), pero aún así Versus es una Obra Maestra.
Acá la magia narrativa de Bustos gana por knock out, por puntos, por afano, por las dudas, por onga. El madrileño toma una historia sencilla y la hace hipnótica a base de unos cuantos recursos narrativos y gráficos utilizados a la perfección. La idea de romper la diégesis le funciona bárbaro, la caja cuadrada (como el ring) garpa fortunas, el uso de los textos en off para meternos en la cabeza del protagonista (que se llama Tom King, como el guionista que hoy la descose en EEUU), el salto al vacío de cambiar varias veces de registro gráfico resulta un hallazgo colosal… Bustos se anima a todo y no falla nunca. Asalto tras asalto te caga a trompadas con la fuerza de un relato pensado y cuidado a nivel molecular.
En cuanto a los estilos gráficos, hay básicamente tres. El que está más presente es el estilo más típico de Bustos, el que vimos hace no mucho en ¡García!. Una línea bastante emparentada con la de David Rubín o Víctor Santos, con no pocas influencias del manga de acción. Pero después hay un montón de páginas (básicamente en las secuencias tranqui, en las que Tom no está peleando) que parecen dibujadas por Will Eisner. Seguramente a Bustos no se le escapa que nadie dibuja mejor que Eisner las grandes ciudades de EEUU en los años de la Gran Depresión, y ahí va, a buscar inspiración en las obras del inmenso creador del Spirit. Pero después, en las páginas finales del combate, Bustos de nuevo rompe el libreto y vira hacia un dibujo más esquemático, más visceral, con trazos más angulosos y manchas negras más fuertes, como si fueran grabados, más que dibujos. Una apuesta jodida, con un resultado brillante.
Si sos fan de Bustos, o del boxeo, seguro ya descubriste esta Biblia absoluta. Si no, te la recomiendo a full, de acá hasta el fin de los tiempos. Posta, no sé si algún día me voy a cansar de recomendar Versus. No es frecuente encontrarse con historietas de esta calidad, aunque las busques.
Volvemos pronto, con más reseñas.

sábado, 14 de octubre de 2017

TARDE DE SABADO

Por primera vez desde aquel mítico 2010, este año no pude asistir a Crack Bang Boom, así que estoy acá en Buenos Aires, atravesando uno de los findes más tranquis del año. Y bueno, aprovecho para leer y para postear reseñas de algunas cositas que leí en la semana…
Me clavé el Vol.2 de ¡García!, el díptico cuya primera mitad comentamos el 30 de Abril de este año. La verdad que mientras leía el Vol.1, se me despertó la sospecha de que Santiago García y Luis Bustos, en su afán de crear una obra extensa, enorme en cantidad de páginas, se estaban arriesgando a complejizar la trama al pedo, a meter personajes que después no iban a poder desarrollar, o que en el global de la historia no iban a tener un peso real. Bueno, nada que ver. Este segundo tomo juega mucho menos al metacomic, hace mucho menos hincapié en que García y Jaimito tienen esa extraña dualidad de haber sido considerados meros personajes de historieta cuando en realidad eran humanos de carne y hueso, y profundiza mucho más en la intriga política que pone en jaque a España y fuerza el regreso de este “super-cana” ideológicamente alineado con la dictadura de Francisco Franco.
Además de muchísima acción, ¡García! nos ofrece pequeños pero potentes instantes de reflexión, acerca de cómo cambió España en los últimos 60 años, de aquel país facho y cuasi-oscurantista a un país moderno y pujante… en el que también hay varios obstáculos a la hora de que la prosperidad se reparta pareja entre todos, principalmente la corrupción y la venalidad atroz de los gobiernos supuestamente democráticos. En el contrapunto entre la España antigua y la España actual, García acierta al no idealizar a ninguna de las dos.
Ya hablamos bastante en la reseña del Vol.1 del dibujo de Luis Bustos, así que alcanza con decir que en ningún momento baja el impresionante nivel que vimos en aquella primera mitad. Una bestialidad, una cátedra comiquera quintaescencial realmente difícil de describir con palabras. Recomiendo muchísimo la lectura de ¡García!, una obra maestra en muchos sentidos, y ya tengo esperando turno otra novela gráfica de Luis Bustos para seguir bancando a este alucinante autor español.
Ahora sí, llegué al último libro de los publicados en Argentina en 2016 que me faltaba leer (seguro dejé alguno afuera, pero bueno, ya vendrá, o no me interesó como para leerlo). Y es nada menos que Yanayag, un voluminoso tomo con una saga completa y cuatro historias autoconclusivas, todo escrito por Eduardo Mazzitelli y dibujado por Quique Alcatena. Entre las cuatro hsitorias cortas, se destaca claramente Horizonte Final, y el resto también está muy bien.
Pero vamos a la saga de Yanayag, una historia de hechicería, conjuros, maldiciones y duelos entre brujos… que en realidad están ahí para maquillar de aventura fantástica una trama signada por la ambición, el poder, el orgullo y los amores no correspondidos. A lo largo de toda la obra, el interés crece cuando Mazzitelli pone el foco en la intriga palaciega y decrece en ese tramo del medio, cuando Yanayag ya adolescente sale a vivir breves aventuras cuasi-autoconclusivas, rodeado de personajes secundarios pensados para durar un sólo episodio. Por suerte, en el tramo final el personaje vuelve al reino donde Mazzitelli venía cocinando a fuego lento el núcleo dramático de la obra, y desarrollando a personajes realmente complejos y atractivos (la reina Nustifari quizás sea el personaje femenino más logrado en la extensa carrera del guionista). El final es inapelable, redondísimo, justo y despiadado en partes iguales. Como suele suceder en la obra de Mazzitelli, el único déficit es que, al desenfatizarse tanto la machaca, vemos al héroe sufrir poco, transiprar poco la camiseta para vencer los retos y los obstáculos que le plantea el guión.
Por el lado del dibujo, una vez más tenemos a Alcatena en su salsa, dispuesto a imaginar y regalarnos infinitos reinos fantásticos, con sus palacios, fortalezas, criaturas, armas y vestimentas, siempre originales, siempre conmovedores por el volumen de trabajo y por la destreza técnica con la que nos los presenta el artista. Como cada vez que tiene la posibilidad de trabajar en historias ambientadas en mundos fantásticos, la inagotable imaginación de este orfebre del plumín se pone la historieta al hombro y nos deslumbra como sólo él sabe hacerlo. Sumésmosle los hallazgos en materia de puesta en página y armado de las secuencias, y estaremos hablando de páginas que superan muy ampliamente la media de lo que suele verse en los “contenittore” italianos, que son las publicaciones donde se dan a conocer originalmente las obras de Alcatena y Mazzitelli. Una vez más, gracias por la magia.
Y tengo un par de libritos más listos para reseñar, así que en una de esas mañana o el lunes feriado clavo otro post. Hasta entonces.

domingo, 30 de abril de 2017

DOMINGO A LA NOCHE

Como lo prometido es deuda, me tomé un ratito en medio del finde largo para clavar un posteo en el blog, con las reseñas de un par de libros que tengo leídos.
Arranco en 2015, en España, con el Vol.1 de ¡García!, una obra en dos tomos (gorditos, de casi 190 páginas) escrita por el imparable Santiago García y dibujada por el inmenso (y nunca valorado en toda su dimensión) Luis Bustos.
¡García! es un thriller intenso, político y metacomiquero. El guión nos plantea la posibilidad de que un emblemático personaje de la pos-guerra civil, el clásico agente del orden que combatía a los comunistas y bajaba línea a favor de la dictadura franquista, reaparezca en la actualidad. García y Jaimito son una versión apenas velada de Roberto Alcázar y Pedrín, célebres creaciones de Juan Bautista Puerto y Eduardo Vañó Pastor, que repartieron trompadas a los rojos entre 1940 y 1976, para luego desaparecer, como tantos otros fachos a los que la muerte de Francisco Franco los obligó a replantear su curso de acción.
Lo loco es que ¡García! está ambientada en un mundo en el que García y Jaimito no son personajes de ficción, sino hombres de carne y hueso, que crecieron (e incluso envejecieron) a lo largo de los 50 años en los que dejaron de vivir sus impactantes aventuras al servicio del régimen. Ahora, en esta España alternativa atrapada en una crisis política terminal, con candidatos secuestrados y grupos de extrema derecha y extrema izquierda dispuestos a todo por el poder, García reaparece intacto, igual que en los años ´50, mientras que Jaimito ahora es un señor grande… y muy jodido.
Esta primera parte consiste en presentarnos a los personajes, describirnos la situación política, explicar por qué García no envejeció y Jaimito sí, y urdir una runfla atrapante por la cual el implacable agente García, recién despertado en pleno siglo XXI, deberá involucrarse con la crisis política, mientras se amolda a una realidad muy distinta a la que recordaba. En el medio aparece Antonia, joven periodista e hija de Jaimito (Don Jaime, ahora que es grande), obviamente enroscada también en la trama de intriga política y en el estridente regreso de García a la ciudad de Madrid. Con estos elementos, Santiago García (el guionista) nos mantiene al filo del asiento, juega con un montón de tópicos que seguramente te resultarán familiares si leíste mucho comic de aventura clásica y logra generar la tensión suficiente para que sintamos la obligación de correr a leer el Vol.2 (lo tengo ahí pidiendo pista).
El dibujo de Luis Bustos es magnífico. Sobrio en el trazo, muy jugado en la narrativa, sin límites a la hora de tirar bombas en las escenas de acción… Imaginate un autor español a mitad de camino entre la prolijidad de un Paco Roca y el descontrol de un David Rubín, con yeites narrativos tomados del buen comic yanki y de Takao Saito. Una bola de demolición. Y si no te alcanza con la cátedra de blanco y negro de Bustos, la novela intercala algunas páginas dibujadas por el glorioso Manel Fontdevilla, que incorporan el sepia de las viejas revistas de los ´40 y ´50, y en las que el catalán imita la estética de las historietas de Roberto Alcázar y Pedrín, por si alguno no entendió a qué personajes hace constante referencia el guión de Santiago García. Hiper-recomendable.
Y me vengo a Argentina, 2016, cuando Rubén Gauna autoedita Horror Total, el recopilatorio de todo el material de su tira ¡Horror, Desperté con un Cazador!. En su primera etapa, Horror… es una tira costumbrista, una comedia romántica protagonizada sólo por varones, que refleja de modo irónico pero cariñoso el mundo de los osos y los cazadores, dos sub-categorías dentro del universo gay. Todo gira en torno a encuentros y desencuentros, enredos, celos y peleas pelotudas, que terminan con el Gordo y el Pelado (Gauna no le pone nombres a sus personajes) decididos a casarse.
Para las últimas 50 páginas, sin embargo, Gauna cambia de registro y conjura una saga aventurera, con elementos típicos de la space opera y de los comics de superhéroes, con personajes de otras tierras, realidades alternativas, viajes en el tiempo, batallas épicas, persecuciones, abducciones y un final un toque abrupto.
Me divertí más con la primera parte (las tiras de 2010 y 2011), aunque las de 2012 están notoriamente mejor dibujadas. El trazo de Gauna se presta naturalmente para el humor, para exagerar el lenguaje gestual y corporal de los personajes, y el autor no desaprovecha para nada ese “carisma natural” que ostenta su grafismo. A veces se nota que trata de meter demasiada información en cada tira y las viñetas se ven saturadas de texto, de dibujo o de ambas cosas. Pero en general, la narrativa fluye de modo ágil. Me imagino esto mismo contado en páginas verticales, con cinco o seis viñetas por página, y debe ser realmente espectacular.
Espero ver pronto en libro los trabajos más recientes de Gauna, a ver si sigue explorando el mundo gay de los varones (como lo hizo mil años Alison Bechdel con el de las mujeres) o si se abre a nuevas temáticas y otras formas de contar, sin las restricciones de la tira de tres o cuatro viñetas.
Sigo leyendo, y como siempre, prometo volver a postear ni bien junte varios libros leídos. ¡Nos vemos el sábado 6 y el domingo 7 en Dibujados!

miércoles, 29 de agosto de 2012

29/ 08: RESIDUOS

Mirá qué linda sorpresa... Esto lo compré porque lo vi barato y porque uno es fan de la historieta española. A los guionistas los conocía, pero como críticos de historieta: David Muñoz y Antonio Trashorras suelen escribir sobre temas viñetiles y los tenía bastante leídos. Ahora, leyendo este libro, me entero de que también son responsables del guión de El Espinazo del Diablo, magnífico largometraje del maestro Guillermo Del Toro. Y al dibujante, Luis Bustos, lo conocía como dibujante (valga la obviedad) y lo tenía conceptuado como uno medio del montón, uno que no descollaba demasiado en aquel efervescente panorama del comic español de los ´90, que tantas gratas sorpresas nos diera.
Acá me encuentro con un Bustos mucho mejor que aquel que yo recordaba, una cruza extraña y muy efectiva entre David Rubín, Manel Fontdevila y Germán García, a quien reemplazó en algunos episodios (no precisamente los mejores) de Tess Tinieblas, una serie que a mí me encantaba. El trabajo de Bustos en este álbum es deslumbrante, tanto cuando tiene espacio para lucirse con viñetas grandes como cuando tiene que meter 10 ó 12 viñetas microscópicas en cada página. Además de muy funcional al relato, el dibujo es plástico, desbordante de agilidad, de dinamismo y de una gran expresividad, potenciada por el hecho de que el propio Bustos colorea la historieta. Aunque no te interese la historia, re-da para tener esto sólo por los dibujos.
Y la historia es MUY ganchera: el protagonista es Mirko, un agente secreto de la Tierra que está infiltrado en otro planeta, bajo la apariencia de un nativo logipukiano y con la identidad falsa de “Pum”. Pum parece ser un simple recolector de residuos y chatarra espacial, pero en realidad es parte de una siniestra conjura de los terrícolas para invadir y sojuzgar a los habitantes de Logipuk. Para cuando este plan se pone en marcha, Mirko (o sea, Pum) ya se encariñó con el planeta, ya tiene novia, amigos... no va a ser tan fácil clavarle la puñalada trapera a esta civilización (irónicamente muy similar a la nuestra) a la que ya está perfectamente integrado.
Muñoz y Trashorras no pierden demasiado tiempo para explicar este planteo, sino que rápidamente ponen en marcha la aventura, que para antes de la mitad del tomo cobra un ritmo vertiginoso, que no decaerá hasta el final. Esto es palo y palo, a pura acción, y mucha diversión. Por momentos me hizo acordar a Planet, la bizarra epopeya de ciencia-ficción del novelista argento Sergio Bizzio (genio y figura), por la naturalidad con que los autores nos presentan la vida cotidiana en este nuevo planeta. La “alienidad” de los logipukianos está des-enfatizada y se manifiesta casi exclusivamente en su aspecto (piel verde y escamosa, boca grande al estilo de los sapos).
La aventura combinada con un dilema moral jodido siempre garpa. La ciencia-ficción enfocada desde una mirada medio irónica, también. Y si encima le metemos unos cuantos diálogos excelentes, el resultado va a dar muy, muy positivo. Residuos no te cambia la vida ni mucho menos, pero garantiza un muy buen momento, un rato en el que te vas a ver envuelto en una trama muy atrapante, con buenos personajes, mucha intensidad, un cierto subtexto que te va a dejar pensando y unos dibujos que combinan potencia, sutileza y hasta una cierta comicidad. No es poco, para nada.