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domingo, 16 de noviembre de 2025
DOMINGO DE CAPOCÓMICOS
Sigo leyendo poco para el blog, porque estoy a full con la Comiqueando Digital.
A principios de los ´80, el prolífico Mort Walker descubrió el formato de los álbumes europeos, con historietas autoconclusivas de 45 páginas que se pueden leer en cualquier orden, y dijo "me gusta, vamos a hacer unos álbumes de Beetle Bailey en este formato", por supuesto con el dato de que la tira que realizaba desde 1950 para los diarios yankis gozaba de una enorme popularidad en el Viejo Continente. No sé cuántos álbumes llegó a realizar Walker, pero lo cierto es que en EEUU nunca se publicaron: apenas se distribuyeron unos pocos ejemplares de las ediciones británicas. En Francia (donde, para mi sorpresa, no se traduce el nombre del protagonista) solo salieron dos, y tuve el ojete de conseguir uno, el primero.
Tiens, T´Auras du Copain, publicado en Francia en 1984, rompe bastante el molde de los chistes de Walker y su equipo producían para los diarios de EEUU. Primero, todo es a color, no hay que esperar a los domingos para que aparezcan los colores. Después, Walker no se ve obligado a respetar el formato de tira, y piensa la página con otra libertad y con otro dinamismo. También se anima a contar una historia más extensa, que hasta tiene un subplot que la recorre de punta a punta. Y por si esto fuera poco, se juega con una escena de un voltaje erótico (obviamente protagonizada por la polémica Ms. Buxley) que jamás pasaría la censura que el King Features Syndicate le imponía al material que distribuía para los diarios.
El resultado es un Mort Walker mucho más libre, que la pasa bomba y desarrolla una historia muy fiel a los típicos tropos de la tira, y con momentos muy cómicos, varios de los cuales no se podrían hacer en el soporte habitual. El mito dice que Walker (que dibujaba a velocidades supersónicas) se iba cada tanto a una cabaña a la orilla de un lago junto con su mejor amigo, el legendario Curt Swan (otra máquina de dibujar historietas),y se quedaban ahí una semana, sin teléfono, sin esposas, sin asistentes y sin mascotas. Swan se mandaba unas 50 páginas para Superman, o alguna otra publicación de DC, y Walker se volvía con unas cuantas tiras, pilas de portadas para los comic books, y un álbum "europeo" de Beetle Bailey. Este en particular es realmente muy bueno, y está dibujado a un gran nivel. Walker, maestro de la síntesis y la expresividad, le saca un jugo espectacular a la posibilidad de que un dibujo ocupe un cuarto de página, media página, una página entera... De pronto se le abren muchas opciones para brindarnos una narración gráfica más compleja que la de la tira de tres o cuatro viñetas, y el maestro no las desperdicia para nada. El final es impredecible, muy zarpado (nunca se podría publicar en diarios) y sobre todo, muy gracioso. Hasta esa hizo bien Walker: se guardó los mejores chistes para el final.
Me vengo a Argentina, año 2025, cuando reaparece después de mucho tiempo el Capitán Cortesía, un personaje creado por el Polaco Scalerandi para la revista Lule le Lele. Y acá llaman la atención tres cosas: 1) la cantidad de años (14) que llevaba el Polaco sin crear nuevas aventuras del Capitán Cortesía, 2) que en vez de volver a las historias cortas se haya decidido por un arco extenso, de 50 páginas, que debe ser la historieta más larga que realizó en su vida, y 3) la indescriptible calidad del dibujo.
El guion es muy entretenido, con esos diálogos pomposos y cursis típicos del Capitán Cortesía (se los extrañaba un montón), pero no deja de ser un relato lineal, disfrutable y hasta cierto punto predecible. En el contexto del delirio, la bizarreada y los personajes estrafalarios, el Capitán Cortesía tiene una motivación, no hace lo que hace porque sí, y las peripecias (a veces crueles y violentas) tienen un sentido, además de la obvia finalidad de generar comicidad. Pero claramente el impacto más fuerte es el del dibujo. El Polaco opta por un blanco y negro bien cargado, con un claroscuro potente, complementado como los dioses por grises aplicados con tramas mecánicas. Cuando además se manda a llenar los fondos con esos crosshatchings complejísimos, decís "no, pará, no se va a entender nada"... pero esa sumatoria de técnicas que para muchos dibujantes es un tiro en el pie, para el Polaco es una gilada, un detalle, algo lindo para decorar la viñeta, sin sacrificar en lo más mínimo la propuesta estética ni la claridad de lo que nos está narrando.
Los diálogos extensos (a veces muy agudos) no son un obstáculo para que el relato fluya de manera muy natural, a un ritmo atrapante, que hace que llegues a la última página y digas "¿cómo?, ¿ya se terminó?". Y otro placer: qué lindo es, en esta época en la que la historieta se trata de disfrazar de literatura, que algunos autores se subleven y reivindiquen a full el lenguaje de la historieta. El Polaco te dibuja unas onomatopeyas espectaculares, líneas cinéticas bien kilomberas, gotitas que saltan de las cabezas, personajes con la lengua afuera... todos elementos de un repertorio visual que enriquecía mucho a la historieta y que hoy parece estar en vías de extinción.
"El Camino del Hambre" es un muy celebrable regreso del Capitán Cortesía, un disparate pasado de rosca con grandes diálogos, excelentes dibujos y puestas en página creativas y dinámicas. Ojalá tengamos con más frecuencia nuevos trabajos del increíble Polaco Scalerandi en nuestras bateas, porque estamos hablando de un dibujante de un talento y una imaginación descomunales.
Y nada más, por hoy. Espero volver a postear pronto, y si no, nos vemos personalmente el 21, 22 y 23 en la San Luis Comic Con. Gracias como siempre por el aguante.
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Beetle Bailey,
Mort Walker,
Polaco Scalerandi
lunes, 28 de mayo de 2018
CLASICOS Y MODERNOS
Como habrán notado los que siguen hace bastante tiempo este blog, yo trato de no leer historieta anterior a 1960, porque en la mayoría de los casos me resulta obvia, aburrida, medio pelotuda. Pero bueno, a veces hay excepciones. El año pasado, juntando polvo en una tumba de libros usados en Montevideo, encontré este librito editado por Dell en 1958: Beetle Bailey and Sarge, del maestro Mort Walker. Se trata del primer recopilatorio de esta tira diaria creada en 1950, que para el ´58 vivía un momento de tremenda popularidad y se expandía como una epidemia por los diarios de todo el mundo.
A lo largo de 120 páginas, el libro ofrece muy pocas tiras, todas ellas de muy buenas para arriba. La gran mayoría de las páginas consisten en chistes de una sola viñeta, sin globos de diálogo, con el texto abajo del dibujo, al estilo de clásicos del humor gráfico yanki como Trudy, Marmaduke, The Far Side, o de lo que hoy hace Diego Parés en Humor Petiso. Al publicarse un solo chiste por página, el dibujo de Walker podría lucirse muchísimo, si no fuera porque al autor lo que menos le interesaba era lucirse. Son dibujos realizados en un estilo más sintético, más rápido, menos detallado que el de las tiras diarias, siempre con esa línea elegante, fluída y muy graciosa que Walker mantuvo hasta el final, o sea, hasta principios de este 2018, cuando falleció a los 94 años.
La influencia de Walker en el humor de los diarios estadounidenses es inconmensurable, algo que queda claro al leer en este librito decenas de chistes que se repetirían milimétricamente en otras tiras de otros autores a lo largo de las décadas. El principal atractivo de estos chistes es ver al recluta Beetle Bailey transgredir sistemáticamente las órdenes y tareas que le imponen sus superiores. Tranqui, sin erguirse en un manifiesto anti-militarista, Walker dedicó casi 70 años a burlarse todos los días de las jerarquías, del verticalismo acrítico que imponen instituciones esencialmente fachas como el ejército (de cualquier país, obviamente). También hay otros disparadores para el humor, incluso el tópico recurrente de que estos muchachos tienen poquísimo contacto con chicas atractivas (y las de Walker eran MUY atractivas) y no pierden ocasión de buscar intensificar a como dé lugar ese contacto. Hoy, el varón alzado que juega el rol de “depredador de minitas” no causa gracia, pero en 1958 esto era (además de muy gracioso) bastante picante para los diarios que estaban al alcance de los niños.
Y bueno, yo quería tener un librito de Beetle Bailey y de pedo conseguí el primero, el más antiguo, el que tiene todos esos chistes que probablemente hayan sido pensados especialmente para esta edición, no para los diarios, donde Walker entregaba tiras de varias viñetas. Un hermoso hallazgo.
Salto brutal a Argentina, 2017, para hablar un poquito de Megaverso, un libro con una calidad de edición impecable, asombrosa, en cuyas páginas me encuentro con dos historias escritas por Areka Sadaro (ya me lo había cruzado en alguna antología) y dibujadas por Valentín de las Casas, a quien no conocía.
El dibujo de Valentín es raro, anatómicamente incorrecto, con un filo muy moderno, muy interesante. Imaginate a un autor con un trazo tipo Brian Ralph, o el James Kochalka menos brutal, que empieza a mutar primero hacia James Stokoe y después hacia Pablo Túnica. De hecho, la paleta de colores es esa, la de Stokoe y Túnica. Extraño, no? Pero narrativamente garpa y visualmente me fue cerrando con el correr de las páginas.
Los guiones… ahí me encontré con más complicaciones. La primera, Los Límites, tiene un planteo muy atractivo y una ambientación muy original, muy interesante. Pero era obvio que a Areka Sadaro no le iban a alcanzar 25 páginas para llevarla hacia un final armónico, lógico, que no sonara abrupto ni dejara muchas puntas sin explicar o sin aprovechar al máximo. La segunda, Super Roboto Ya!, me gustó más porque es más sencilla en su planteo. También son 26 páginas, también deja bastante por explorar, pero está más jugada a la comedia. La trama es chiquita: Alex Master, integrante de un equipo de sentai que se integran para formar un mega-robot, está medio harto de ese equipo y quiere tener su propio mecha, para vivir aventuras solistas, por fuera del mega-robot grupal. Todo lo demás es una acumulación de personajes desopilantes, bizarros, pintorescos, y diálogos muy graciosos, en los que el guionista se florea metiendo en boca de Alex y el resto del elenco las expresiones argentas más cómicas que te puedas imaginar. Ya es cómico de por sí ver que personajes del futuro que manejan robots gigantes hablen como si vivieran hoy en González Catán. Y las situaciones, además, aportan también su cuota de delirio y humor. O sea que Super Roboto Ya!, sin ser una genialidad, se deja leer con gusto.
Banco mucho que sigan apareciendo guionistas así, raros, inclasificables, capaces de crear mundos locos mezclados con fuertes rasgos de identidad argenta, y dibujantes medio alienígenas, con una impronta gráfica atípica y 100% personal.
Ni bien tenga más libros leídos, nos reencontramos acá en el blog.
A lo largo de 120 páginas, el libro ofrece muy pocas tiras, todas ellas de muy buenas para arriba. La gran mayoría de las páginas consisten en chistes de una sola viñeta, sin globos de diálogo, con el texto abajo del dibujo, al estilo de clásicos del humor gráfico yanki como Trudy, Marmaduke, The Far Side, o de lo que hoy hace Diego Parés en Humor Petiso. Al publicarse un solo chiste por página, el dibujo de Walker podría lucirse muchísimo, si no fuera porque al autor lo que menos le interesaba era lucirse. Son dibujos realizados en un estilo más sintético, más rápido, menos detallado que el de las tiras diarias, siempre con esa línea elegante, fluída y muy graciosa que Walker mantuvo hasta el final, o sea, hasta principios de este 2018, cuando falleció a los 94 años.
La influencia de Walker en el humor de los diarios estadounidenses es inconmensurable, algo que queda claro al leer en este librito decenas de chistes que se repetirían milimétricamente en otras tiras de otros autores a lo largo de las décadas. El principal atractivo de estos chistes es ver al recluta Beetle Bailey transgredir sistemáticamente las órdenes y tareas que le imponen sus superiores. Tranqui, sin erguirse en un manifiesto anti-militarista, Walker dedicó casi 70 años a burlarse todos los días de las jerarquías, del verticalismo acrítico que imponen instituciones esencialmente fachas como el ejército (de cualquier país, obviamente). También hay otros disparadores para el humor, incluso el tópico recurrente de que estos muchachos tienen poquísimo contacto con chicas atractivas (y las de Walker eran MUY atractivas) y no pierden ocasión de buscar intensificar a como dé lugar ese contacto. Hoy, el varón alzado que juega el rol de “depredador de minitas” no causa gracia, pero en 1958 esto era (además de muy gracioso) bastante picante para los diarios que estaban al alcance de los niños.
Y bueno, yo quería tener un librito de Beetle Bailey y de pedo conseguí el primero, el más antiguo, el que tiene todos esos chistes que probablemente hayan sido pensados especialmente para esta edición, no para los diarios, donde Walker entregaba tiras de varias viñetas. Un hermoso hallazgo.
Salto brutal a Argentina, 2017, para hablar un poquito de Megaverso, un libro con una calidad de edición impecable, asombrosa, en cuyas páginas me encuentro con dos historias escritas por Areka Sadaro (ya me lo había cruzado en alguna antología) y dibujadas por Valentín de las Casas, a quien no conocía.
El dibujo de Valentín es raro, anatómicamente incorrecto, con un filo muy moderno, muy interesante. Imaginate a un autor con un trazo tipo Brian Ralph, o el James Kochalka menos brutal, que empieza a mutar primero hacia James Stokoe y después hacia Pablo Túnica. De hecho, la paleta de colores es esa, la de Stokoe y Túnica. Extraño, no? Pero narrativamente garpa y visualmente me fue cerrando con el correr de las páginas.
Los guiones… ahí me encontré con más complicaciones. La primera, Los Límites, tiene un planteo muy atractivo y una ambientación muy original, muy interesante. Pero era obvio que a Areka Sadaro no le iban a alcanzar 25 páginas para llevarla hacia un final armónico, lógico, que no sonara abrupto ni dejara muchas puntas sin explicar o sin aprovechar al máximo. La segunda, Super Roboto Ya!, me gustó más porque es más sencilla en su planteo. También son 26 páginas, también deja bastante por explorar, pero está más jugada a la comedia. La trama es chiquita: Alex Master, integrante de un equipo de sentai que se integran para formar un mega-robot, está medio harto de ese equipo y quiere tener su propio mecha, para vivir aventuras solistas, por fuera del mega-robot grupal. Todo lo demás es una acumulación de personajes desopilantes, bizarros, pintorescos, y diálogos muy graciosos, en los que el guionista se florea metiendo en boca de Alex y el resto del elenco las expresiones argentas más cómicas que te puedas imaginar. Ya es cómico de por sí ver que personajes del futuro que manejan robots gigantes hablen como si vivieran hoy en González Catán. Y las situaciones, además, aportan también su cuota de delirio y humor. O sea que Super Roboto Ya!, sin ser una genialidad, se deja leer con gusto.
Banco mucho que sigan apareciendo guionistas así, raros, inclasificables, capaces de crear mundos locos mezclados con fuertes rasgos de identidad argenta, y dibujantes medio alienígenas, con una impronta gráfica atípica y 100% personal.
Ni bien tenga más libros leídos, nos reencontramos acá en el blog.
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