el blog de reseñas de Andrés Accorsi
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jueves, 27 de noviembre de 2025

JUEVES A LA MAÑANA

Me hubiera gustado postear anoche, para mantener la tendencia de reseñas los miércoles a la noche, pero justo me coincidió con el horario de la Agenda Abierta, que fue épica. Así que vengo ahora a contar qué me encontré en mis últimas lecturas (que siguen siendo muy poquitas, por cuestiones de tiempo). Me saqué las ganas de leer una novela gráfica de 1987, que nunca había caído en mis manos: Barney et la Note Bleue, de Philippe Paringaux y Jacques Loustal. Recién cuando puse el título en Google para buscar la portada me entero que la historia es real, y está basada en la vida de Barney Willen, un saxofonista de jazz que existió posta, no lo crearon los autores del comic. En ningún momento del libro hay pistas de que Barney Willen haya sido una persona real. La historia es de corte 100% realista, sin elementos fantásticos de ningún tipo, pero yo (como un goma) la leí convencido de que estaba asistiendo a una invención, a un fruto de la creatividad de Loustal y Paringaux. El hecho de que Barney et la Note Bleue sea (por llamarlo de alguna manera) un documental, resignifica una de las cosas que más me llamaron la atención: los textos de Paringaux nos cuentan TODO lo que necesitamos saber para entender la historia. Si al libro le sacás los dibujos, no te digo que se disfruta igual (ni en pedo) pero see ntiende perfecto todo. Paringaux nos tira data incluso de sensaciones y emociones que el dibujo no puede transmitir, no deja nada librado al azar. Es una prosa muy elaborada, que hasta se da el lujo de cambiar de narrador en los distintos episodios: a veces tenemos un narrador omnisciente, y a veces alguno de los protagonistas toma la voz cantante y narra en primera persona. El clima de la novela es distante, melancólico, y el conflicto (Barney tiene un talento increíble, pero lleva una vida errática a causa -entre otras cosas- de su adicción a la heroína) no está muy enfatizado ni planteado en términos realmente dramáticos. Aún así, Paringaux logra que Barney nos caiga bien, y que nos alegremos cuando parece levantar la cabeza y obtener algo del reconocimiento que se merece. Pero todo el tiempo hay pistas de que la vida del músico va a terminar muy mal. Entre tanta desazón, la alegría y la belleza llegan de la mano del dibujo de Loustal, que acá realiza uno de sus mejores trabajos (lo cual es mucho decir). Fondos y paisajes perfectos, mujeres hermosas a niveles imposibles, atmosferas densas, colores vibrantes... Lo único que no me copa es cuando resuelve varias páginas seguidas con una viñeta grande arriba de otra. La grilla de dos cuadros es frecuente en la obra de Loustal, pero -como siempre digo- a mí me resulta poco narrativa. Igual recordemos que el dibujo de Loustal, así de sublime como se ve en estas páginas, podría tranquilamente no estar, porque la función de contar la historia la asume en un 100% el texto. De vez en cuando, Loustal logra meter algunas viñetas mudas, que sirven para darle espesor a las secuencias, y una pausa al lector que se ve un poco agobiado por tanto texto. Y son invariablemente hermosas. Barney et la Note Bleue es un comic para todo el mundo, ni ahí. Es una historieta amarga, que avanza a un ritmo pausado, y donde brillan -incluso sin narrar, porque no lo necesitan- el trazo y la paleta de un Loustal más allá de cualquier exégesis.
Me vengo a Argentina, año 2025, para reencontrarme con Ho rLang y el Pequeño Timy, en el segundo librito de esta serie, cuyo Vol.1 vimos acá el 20/10/22. Y de nuevo hay que hablar de un dibujo dinámico, suelto, que por momentos busca la síntesis, hasta que aparecen esos primeros planos gloriosos, con unas texturas y unas iluminaciones en las que HorLang nos recuerda que es un dibujante exquisito, de un virtuosisimo infrecuente en la historieta humorística. Los breves relatos de alienación, locura y falta de empatía y comunicación nos remiten -una vez más- a South Park. De hecho acá se acumulan muchísimos episodios en los que Timy (como Kenny) termina muerto de maneras escabrosas y absurdas. A diferencia de South Park, acá los personajes adultos, especialmente el papá de Timy, son el verdadero motor de las tramas, que juegan con temas que van (sin mayor explicación) del costumbrismo a la ciencia ficción, sin dejar de lado la escatología, el sexo y la incorrección política. Desde el seno del hogar a planetas lejanos y dimensiones paralelas, Hor Lang se atreve a limar, a imaginar con total libertad situaciones en las que impactar una vez más a sus lectores, sin romper nunca la grilla de cuatro viñetas por página. Hay algunos momentos muy bizarros, otros muy cómicos, y otros realmente incómodos, siempre dentro de un contexto de humor en el que nadie se hace cargo de lo que acaba de pasar en el episodio anterior. Este segundo tomito me hizo reir un poco menos que el primero, y hasta tuve que parar de leer un par de veces, para que no me aburriera la acumulación de historias en las que Hor Lang repite una fórmula. Me parece que es un material que se disfrutaría más en dosis más acotadas. De nuevo quiero destacar el dibujo, el color, la narrativa... y lamentar que no se haya podido mejorar el punto más flojo del Vol.1, que era el rotulado. No sé si habrá más material de Timy, o nuevas sagas de Jeny, pero quiero leer más cosas de Hor Lang, lo antes posible. Nada más, por ahora. Vuelvo a darle masa a la Comiqueando Digital, que está quedando de puta madre. Ni bien tenga más libros leídos, los comentamos acá en el blog.

miércoles, 2 de julio de 2025

SE LARGA EL SEGUNDO SEMESTRE

Bueno, primero que nada, aclarar que el lunes cuando escribí la reseña de ese Essential Avengers escrito por Jim Shooter, no sabía que el autor había muerto unas horas antes. Fue una coincidencia desafortunada, nada más. Ahora sí, vamos con otras lecturas. The Boys of Sheriff Street es una novela gráfica de los maestros Jerome Charyn y Jacques de Loustal que se dio a conocer originalmente en Francia en 1991 tardó apenas 25 años en publicarse en el país donde nació el guionista, y donde está ambientada la historia. Se trata de una tragedia, un relato marcado por las pasiones y la violencia... en el que ambas cosas están totalmente desenfatizadas. Charyn cuenta el drama en los bloques de texto, con una voz neutra, que nos detalla las emociones y sensaciones de los protagonistas, mientras que Loustal dibuja tranquilo, con un trazo sintético, con figuras estáticas, a las que no te imaginás en movimiento para sacar un garrote y cagar a palos a otro personaje. De hecho, salvo cuando dibuja las calles oscuras del Lower East Side de Manhattan, el dibujo de Loustal es luminoso, casi amistoso, a años luz del pathos que conjura Charyn para estos mafiosos con códigos, a los que la violencia transformó en dioses todopoderosos y el amor redujo a babosas arrastradas y miserables. Esta misma historia, contada con reyes medievales en algún país de Europa, podría cautivar sin el menor problema a cualquier fan de William Shakespeare. Hay un personaje un toque contrahecho, hay un conflicto entre hermanos, hay internas dentro de un círculo de poder, hay una mujer hermosa que saca de su eje al "emperador", hay ejércitos rivales a los que masacrar... Todos los elementos propios de un drama clásico, intenso, verosímil y pregnante están en las escuetas 60 páginas de The Boys of Sheriff Street. Es una obra que se lee rápido, principalmente porque tiene poco texto y porque Loustal rara vez dibuja más de seis viñetas por página. ¿Es un poquito fría? Sí, claro. Comparada con las obras de Charyn junto a François Boucq, es una heladera en Tierra del Fuego en pleno mes de Julio. Pero eso tiene que ver con la impronta gráfica de Loustal (del que ya hablamos por acá, y del que volveremos a hablar en un futuro cercano), a quien el propio Charyn elige para darle el guion. Entonces uno supone que el autor busca ESE efecto, esa forma de plasmar en secuencias lo que él escribe. Y lo que escribe son personajes muy complejos, muy humanos, envueltos en una historia donde no existe el concepto de "los buenos y los malos". Encima con un final raro, contradictorio, en el que el protagonista obtiene todo lo que quiso tener, pero a un precio tan alto que vos sentís que no solo no es feliz, sino que no lo va a ser nunca. Una vuelta de tuerca cargada de poesía y melancolía, que son sensaciones que el dibujo de Loustal transmite como pocos.
Me voy a Paraguay, año 2023, cuando Roberto Goiriz escribe y dibuja Soy el Pirata Jack, una muy breve novela gráfica de apenas 37 páginas en blanco y negro, apuntada al público juvenil. El mundo de los sueños invade al mundo real, y los piratas que viajan en barcos voladores se llevan al joven Juan para convertirlo en Jack, un valiente corsario que encontrará su destino del otro lado, del lado de la fantasía, la aventura y las emociones que nos están vedadas a los que vivimos siempre de este lado de los sueños. Acá sí, tenemos una estructura más tradicional de buenos contra malos: si bien a lo largo del primer tramo Juan antagoniza con Barbarroja, cuando aparezcan los verdaderos villanos ambos dejarán sus diferencias de lado y combatirán juntos. Y no es mucho más lo que quiero contar del argumento, porque es una historia corta y no quiero caer en el spoiler berreta. Simplemente dejar sentado que hay un arco dramático que hace que el Juan de las primeras páginas no sea el mismo que el del final, y está perfectamente justificado. Goriz plantea la narración de una manera ágil, dinámica, muy ganchera para el lector joven acostumbrado al despliegue visual del shonen o de los superhéroes. Y combina esto con un dibujo clásico, en el que aparecen un montón de texturas que me recordaron a Walther Taborda, diseños de personajes medio Alcatenescos, chicas sensuales en el estilo del mainstream yanki de los ´90, muecas faciales que parecen de Cam Kennedy, y un villano principal que me hizo acordar a Dominus, un enemigo de Superman creado por Dan Jurgens. Y claro, el Barbarroja de Goiriz no se diferencia casi nada del Barbe-Rouge de Jean-Michel Charlier y Victor Hubinon. Le ponés el parche en un ojo, y son (además de homónimos) prácticamente gemelos. Para enriquecer aún más el aspecto visual de la obra, en un momento Goiriz nos muestra un sueño de Juan que lo transporta a su infancia, y cambia totalmente el grafismo, para dibujar (una sola página) como en una típica historieta infantil, de las que también tiene unas cuantas en su vasta trayectoria. Dicho así, parece un bolonki, pero no: es un caos controlado por un autor que sabe lo que está haciendo, y sobre todo qué es lo que quiere contar. La trama nunca se pierde en la sarasa onírica de "no se sabe qué es un sueño y qué es real", los diálogos son concisos, por momentos ingeniosos, y la resolución, si bien no es muy original, es adecuada y no desentona con lo que sucede hasta ese momento, ni con lo se espera de una historieta apuntada a un segmento etáreo mayoritariamente adolescente. Soy el Pirata Jack le agrega una vuelta de tuerca atractiva a la clásica historia de "el pibe común que se va a vivir aventuras con los piratas", de modo que si se la das a un pibe de 10 a 15 o 16 años, no tengo dudas de que la va a disfrutar un montón, y le va a quedar grabada durante mucho tiempo. Nada más, por hoy. Mil gracias a tod@s l@s que ya se descargaron la nueva Comiqueando Digital en https://comiqueandoshop.blogspot.com/ y si todavía no lo hiciste, copate y llevate 372 páginas que son un verdadero lujo por un precio rayano en el absurdo. Y en un par de días, como siempre, nuevas reseñas acá en el blog.

martes, 21 de junio de 2022

DOS DEL DOS MIL

Hoy se dio la casualidad de que los dos libros que tengo para reseñar se publicaron en el mismo año, el paradigmático 2000. Empiezo con el Vol.5 de Mutts, uno de los que me faltaban para ir completando esta maravillosa colección de reediciones de la tira que Patrick McDonnell publica en los diarios yankis desde 1994. Son libros preciosos, de 128 páginas, donde aparecen tanto las tiras como las planchas dominicales, estas últimas pasadas a blanco, negro y grises sin perder ni un ápice de su atractivo. Mutts es una tira... perfecta, me animo a decir. Primero porque cumple con la consigna de arrancarte una sonrisa y hasta a veces te hace reir. Pero sobre todo porque tiene una sensibilidad muy propia, que excede a lo humorístico. Tiene momentos absurdos, otros más tiernos, por momentos hasta se anima al golpe bajo, a conmover al lector con recursos más dramáticos basados en la triste realidad que viven los animales que no tienen dueño. Con el correr de los años, McDonnell define esta sensibilidad, esta voz propia, al mismo tiempo que amplía el espectro de la tira, que de a poco sale de las casas de Earl y Mooch, y empieza a explorar ese suburbio casi rural de algún lugar de EEUU donde sabemos que hay una ciudad cerca, pero también bosques y lagos. Así se suman nuevos personajes y situaciones, a las que el autor les saca un enorme provecho sin cambiar nunca su registro: no vas a ver una "saga" en la que Earl y Mooch se hacen superhéroes, o monstruos, o guerreros galácticos. Pero McDonnell conoce todos esos géneros de la fantasía y los referencia sutilmente, con guiños para los que saben, mientras mantiene el foco en un único elemento fantástico, que es que los animales hablan entre ellos y muchas veces manipulan objetos como si fueran seres humanos. El enfoque de la tira es absolutamente moderno, y sin embargo McDonnell se afianza cada vez más en un grafismo totalmente tributario de los grandes autores de los años ´20 y ´30, de aquellos capos que en las primeras décadas del Siglo XX definieron el lenguaje y la onda de las tiras cómicas que aún hoy tienen un espacio destacado en los diarios yankis. Por las tiras de Mutts sobrevuelan todo el tiempo los fantasmas de George Herriman, Elzie Segar, Geo McManus, Billy De Beck, Sidney Smith y Cliff Sterret, entre varios otros. El trazo sintético de McDonnell no logra ocultar el virtuosismo de un historietista quintaesencial, de un tipo que entendió TODO, y que desde la primera tira demostró poseer un talento innato para el timing humorístico. Imposible recomendar lo suficiente a Mutts, una tira que te hace sentir bien, te acaricia el alma con la calidez y la onda de sus personajes y te hace mimos en los ojos con la belleza de sus dibujos.
Mirá esta bizarreada: guionista estadounidense, dibujante francés, y gil argentino que lee el libro en italiano porque es la única edición que logra conseguir después de más de 20 años de búsqueda. Es así. Pasé años y años buscando una edición de White Sonya y finalmente conseguí la de Mare Nero, que a nivel técnico es magnífica, y tiene como único problema estar traducida a la lengua de mis bisabuelos. Es lo que hay. El día que vea este libro en inglés o en francés, por ahí lo vuelvo a comprar, porque me encantó. Acá lo tenemos otra vez al maestro Jerome Charyn en su salsa, con un relato duro, sin concesiones, de violencia y desolación, ambientado en el Lado B de New York, el lado de las mafias, la cárcel, la prostitución y los asesinos a sueldo. Un relato que pareciera tener lugar a principios de los ´80, pero que es prácticamente atemporal. Se trata de una obra bastante breve (menos de 60 páginas), narrada de modo muy descomprimido, con poquísimo texto y muchas secuencias mudas. O sea que el argumento podría resumirse en poquísimas frases. Pero la verdad que no es la idea contar el argumento. Es lo que ya dije: una historia de una sordidez asfixiante, de una chica que la pasa muy mal desde la infancia y a la que Charyn nos invita a acompañar durante un breve período de tiempo. Casualmente el tiempo en el que Sonya cree que puede ajustar todas las cuentas que le quedaron pendientes del pasado y encontrar la paz, o por lo menos una chance de volver a empezar. Pero cuando todo está enchastrado por la violencia, la justicia real no llega nunca y la paz, mucho menos. Para dibujar este thriller desolador, Charyn acude al maestro Jacques Loustal, con quien ya había trabajado en 1991 en otra novela gráfica inédita en castellano, llamada Les Fréres Adamov (los hermanos Adamov). Y como en aquella ocasión, Loustal sorprende con un cambio radical en su estilo, que se aleja de esa impronta más sofisticada, más lírica, más "de contemplación", e incluso de su clásica puesta en página con tres viñetas widescreen, ideal para retratar paisajes. Acá, el maestro francés se pone el overol y se convierte en un obrero de la narrativa, con un grafismo mucho más crudo, más expresivo, mucho más idóneo para ponerse al servicio del relato de Charyn y mucho más en sintonía con la violencia, la abyección y la sordidez que caracterizan al guion. Por momentos decís "¿Este es Loustal?", porque realmente se parece poco al estilo que consagrara al ídolo en los ´80, sobre todo en esas obras junto a Philippe Paringaux. Y sí, es un Loustal raro, como si tratara de acercarse a un Guillem Cifré, o en los momentos más extremos a un Peter Kuper. El resultado es espectacular, porque sorprende no solo al fan de Loustal acostumbrado a otra cosa, sino también a cualquier lector de historietas para adultos, que se va a encontrar con un trazo tan duro y tan adusto como el propio guion de Charyn, con esa falsa sensación de simplicidad. Ojalá alguna vez haya edición en castellano de White Sonya. Es una obra maestra, de verdad. Nada más, por hoy. La seguimos pronto.

jueves, 4 de diciembre de 2014

04/12: LOVE SHOTS

Sigo encontrando ediciones yankis de los álbumes de Jacques Loustal y Philippe Paringaux. Pareciera como si los muchachos de Catalan Communications hubieran dicho “hasta que estos yankis no se hagan fans de Loustal, no vamos a parar”. Este tomo reúne seis historias cortas de la dupla, claramente anteriores a Coeurs de Sable, la novela gráfica cuya edición yanki vimos acá en el blog el 17/05/13. El álbum francés en el que se basa (Clichés d´Amour) salió en Francia en 1985, el mismo año que Coeurs de Sable. Pero con sólo mirar los dibujos te das cuenta de que se trata de material realizado en años anteriores.
Esto no es para cualquiera: es historieta europea para adultos, enrolada en la onda vanguardista de principios de los ´80, cuando estos buenos muchachos tenían luz verde para hacer virtualmente cualquier cosa. Paringaux, por ejemplo, no usaba gobos de diálogo para narrar. Loustal respetaba lo mínimo indispensable las convenciones gráficas y narrativas del comic francés y pelaba composiciones, climas, secuencias y anti-secuencias que remiten mucho más a la plástica, o al cine de marcada impronta autoral de aquella época. En este álbum puntual, estos dos marcianos juegan a recorrer EEUU en historias que supuestamente giran en torno al amor. Veamos qué onda.
La primera es una muy buena idea, con un desarrollo ambiguo, acorde con lo que sucede (un gigoló se enamora del macho oficial de su clienta). Sin embargo, es una historia movilizada sobre todo por diálogos y silencios, con lo cual la decisión de no usar globos y contar todo con bloques de texto no parece la más acertada.
La segunda es la que tiene el dibujo más raro, con Loustal a la busca de un trazo distinto, más filoso, incluso más underground. Es la típica historia del boxeador al que le pagan para que pierda y decide no perder, con el agravante de que es negro y vive un affaire con una chica blanca, en una época en la que con eso no se jodía. El guión es muy lindo, gambetea muy bien las obviedades y sabe barnizar con poesía los momentos más brutales.
La tercera… yo creo que ni Paringaux sabe de qué se trata. De hecho, en la contratapa del libro hay un mini-textito de 10-15 palabras sobre cada una de las historias y de esta (The Sand Man) no dice absolutamente nada, casi seguro porque la traductora y el editor tampoco la entendieron. Nada, quedan las incógnitas, y los hermosos dibujos de Loustal.
La cuarta es una historia con otra estructura muy clásica: la minita que sueña con triunfar en Hollywood, se hace bien de abajo, asciende chupando las pijas correctas, llega al estrellato y unos años después muere en el olvido, sin haber compensado nunca los sufrimientos que debió padecer en el duro camino a la fama. Todo esto narrado (agarrate fuerte) en verso. Y la traductora se la banca y logra que su texto traducido al inglés también rime. Impresionante.
La quinta nos muestra a Loustal haciendo lo que más le gusta: dos viñetas por página, grandotas, tipo pantalla de cine, con planos extremos: o panorámicos, o muy cercanos. El guión es buenísimo, sobre todo porque pasan cosas tremendas que el dibujo no muestra y el texto no explicita. Está todo ahí, como sugerido, con mucho, mucho nivel.
Y la última es un relato noir, con mafias, femme fatales, alcohol, sexo y podredumbre, pero con un giro interesante: no está ambientada en una gran urbe, sino en una cabaña en las afueras de un pueblo de Louisiana, cerca del mar y cerca de los pantanos. En sólo 18 páginas, el guión transita por varios climas distintos y Loustal responde siempre bien, siempre con la paleta de colores acorde a cada momento de la trama y a cada locación por donde transita este protagonista al que –en otro capricho narrativo del dibujante- nunca le vemos la cara.
En una palabra: son seis historietas atípicas, repletas de sofisticación aunque menos crípticas de lo que parecen al hojear el álbum. Como decía, hay una sóla indescifrable, y el resto -si no te dejás engañar por las triquiñuelas formales de Loustal y Paringaux- son relatos armados de modo bastante tradicional. Y si comprás comics por los dibujos, esto es un sueño húmedo, mal.

viernes, 17 de mayo de 2013

17/ 05: HEARTS OF SAND

Esta es una edición yanki perfectamente clonada de la francesa. Incluso el título está perfectamente respetado: la historieta de Philippe Paringaux y Jacques Loustal, originalmente publicada en 1985 en las páginas de la revista A Suivre, se llamaba Coeurs de Sable, ni más ni menos.
El género es raro. Es una aventura cuasi-clásica, a la que Paringaux y Loustal se esfuerzan por des-enfatizar. Los bloques de texto y los dibujos nos transmiten belleza, elegancia, sofisticación, romance, poesía de alto vuelo... y sin embargo a la trama la impulsan la lujuria y la violencia más vulgares. Hay muchísimos tiros, cuchillazos, piñas, garches, violaciones y un primer plano memorable de la heroína pegándose un saque de merca. Esto, que podría estar contado como una peli de Indiana Jones para adultos, está contado como una de Wim Wenders. Y ahí, me parece, está el verdadero hallazgo de Coeurs de Sable.
El relato está bastante descomprimido, mucho más que en otras novelas gráficas europeas de los ´80, aunque no mucho más que en las otras obras de Loustal, que evidentemente se siente cómodo con ese ritmo más pachorro, más contemplativo. No creas que Paringaux utiliza ese “tiempo extra” para ir a fondo en el desarrollo de los personajes. La elección de narrar todo desde los bloques de texto, es decir, de prescindir de las “voces” de los personajes, cuyos diálogos casi no vemos más allá de alguna cita entrecomillada, hace que tengamos pocas pistas acerca de los rasgos más profundos de la personalidad de cada uno, e incluso en buena medida de sus motivaciones. Con el correr de las páginas más o menos te cae la ficha de qué se proponía cada uno y por qué, pero Paringaux no lo explicita, no lo hace para nada obvio.
Y aún así, con esa limitación, con esa marcada toma de distancia entre el lector y lo que le pasa a los personajes, con esa brecha entre lo que sucede en la trama y lo que nos muestra el guión, Coeurs de Sable es una historieta que logró atraparme. Por el misterio, por lo original de varias situaciones, por sus personajes medio enigmáticos y medio perversos, por el propio impacto de lo que les toca vivir a Baby, Robert y Eva, y por el final, donde se descorren algunos velos y las piezas terminan de encajar, especialmente para Robert, que durante casi toda la obra es el héroe, pero además el boludo, el personaje que va a contramano de la trama y se pega los palos más jodidos.
En realidad, tanto la descompresión del relato, como la onda sofisticada de los textos, como la elección de no meter globos de diálogo, responden a lo mismo: a apuntalar por todos los medios el dibujo de Loustal. Porque claro, estamos ante un dibujante tan especial, tan único, tan genial, que la novela podría no tener guión y muchos la compraríamos igual, porque la dibuja Loustal. Maestro absoluto del color y la composición, Loustal coquetea con las artes plásticas un poquito menos que Lorenzo Mattotti. Sus viñetas (como las del italiano) podrían enmarcarse de a una y exponerse como cuadros en cualquier museo. Sin embargo, Loustal cuida mucho la narrativa, no se conforma con poner una imagen alucinante al lado de la otra. No te digo que se podría entender el 100% de la novela sin leer los textos, porque hay un extenso tramo en el que Paringaux narra tres secuencias en paralelo, cortando las escenas de a una página, y eso requiere sí o sí el apoyo de los textos para no marearnos. La línea del prócer frances, por su parte, tiene una mezcla subyugante entre la elegancia y la freakeada. Hay detallitos, cositas que desentonan, que parecen virar hacia algo más raro, más grotesco, más visceral, y esa especie de “contradicción interna” enriquece mucho la lectura, hace que le prestemos MUCHA atención al dibujo. Un dibujo que alcanza su punto más alto cuando Loustal establece el clima de cada escena con esas tomas panorámicas casi siempre en formato “widescreen”, imposibles de olvidar por su magistral laburo en la perspectiva, los detalles y las atmósferas, que impregnan a todas las viñetas posteriores.
No sé si Coeurs de Sable es una historieta para que disfrute cualquier tipo de lector. Obviamente, si te gusta el dibujo, vas a flashear con la magia que pela Loustal. Pero el guión puede resultar medio piantavotos, por esa decisión medio extrema de des-enfatizar la machaca y tomar distancia de lo que les sucede a los personajes que –repito- viven una aventura fuerte, de gran intensidad y muy ganchera, a pesar de que Loustal y Paringaux nos intenten convencer de lo contrario. Ahora, si sos fan del comic europeo de los ´80, sabés que esto es paponga de primer nivel y que vale la pena esforzarse para conseguirlo, en la edición que sea.