el blog de reseñas de Andrés Accorsi
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martes, 14 de julio de 2026

BEFORE WATCHMEN: MINUTEMEN/ SILK SPECTRE

El paso del tiempo todo lo puede, hasta reducir de modo considerable la indignación que me causaba allá por 2012 que DC se animara a generar precuelas de Watchmen. En la década y pico transcurrida, leí los trabajos para esta línea de J.M Straczynski (ver reseña del 11/10/16), me terminé de convencer de que Darwyn Cooke fue el mejor autor que tuvo el mainstream yanki en el primer cuarto del Siglo XXI, y encima se me secaron los huevos de escucharlo a Alan Moore tirar mala onda y abusar de su personaje de viejo amargo al que le molesta que los demás la pasen bien. Así que le entré con altas expectativas al libro que recopila los seis numeritos de Minutemen (escritos y dibujados por Darwyn Cooke) y los cuatro de Silk Spectre (con guiones del canadiense y dibujos de Amanda Conner). Veamos cómo me fue. La historia de los Minutemen contada por Cooke es brillante. El autor toma todo lo que sabíamos sobre los personajes gracias a Watchmen (que no era demasiado) y lo expande de una manera magistral, sin dañar en lo más mínimo el canon establecido por Moore y Dave Gibbons. Esas pinceladas, esas figuras sin mucho desarrollo que vimos en Watchmen (en algunos flashbacks y en las páginas de Under the Hood que nos mostraron en su momento), acá cobran una dimensión mucho más compleja y más atractiva. Lo que el Mago de Northampton apenas insinuaba, el crack canadiense lo potencia, le agrega sentido, lógica interna. Y cada vez que Cooke hace con estos personajes cosas que ya le habíamos visto hacer a otros autores con otros personajes en los 40 años que pasaron de Watchmen hasta hoy, uno recuerda que Moore y Gibbons vinieron antes, y que todo eso que Cooke explora a fondo ya estaba sugerido en la obra original, y que es de ahí donde mamaron todos los que nos shockearon en años posteriores con sus versiones deconstructivistas de los justicieros enmascarados. Pero claro, si nunca te copó la idea de mostrar justicieros con dobleces, tipos y minas que de heroicos tenían apenas los nombres y los disfraces, probablemente esto te parezca un espanto. Incluso si en su momento te pareció una buena idea, pero para cuando llegó Before Watchmen ya estabas asqueado de tanto deconstructivismo, me imagino que tampoco te va a resultar ni mínimamente legible lo que nos trae Darwyn Cooke en esta serie. Nunca vamos a saber si así es como los concibió el Mago, pero en esta versión de los Minutemen, hay un solo tipo con verdadera pasta de héroe al estilo clásico (pensemos en la Golden Age, en los justicieros amistosos que no mataban, no se corrompían y no la ponían ni en sueños) y el resto es un rejunte de marginales, o de gente que claramente no estaba al nivel de lo que se esperaba de ellos, ni de la imagen que le querían vender a la sociedad de aquel entonces. Moore sienta las bases de ese contraste en Watchmen, y Cooke lo lleva a límites de tremendo impacto dramático en una aventura profunda, por momentos traumática, con varios misterios complejos, con un giro sobre el final que redefine el rol del personaje al que el autor parecía haber ninguneado bastante (el Comedian) y con un encastre perfecto entre un montón de piezas sueltas. A cualquier fan de Watchmen que le preguntes, te va a decir que si Moore y Gibbons tenían que "continuar" su magnum opus, lo más lógico era hacerlo para atrás, con una historia que le agregara volumen a esos personajes medio enigmáticos, cuyo rol en la trama central es marginal y que -con la excepción de Sally y Blake- parecen estar puestos ahí solo para sustentar la idea de que la Golden Age quedó atrás y en los ´80 la situación es otra y los justicieros son otros. Bueno, no sucedió. O sí, pero sin Moore ni Gibbons. Y la verdad es que está tremenda. Ovación de pie para Darwyn Cooke, que además la rompe (como siempre) en el dibujo. La mini de Silk Spectre también se nutre un montón de esos flashbacks de Watchmen en los que veíamos la crianza de Laurie por parte de Sally Jupiter. Pero claro, quedaba bastante pasado de Laurie por revelar y eso es lo que hacen Cooke y Conner en este arco, a partir de una aventura en plan "coming of age". Hay mucha data sobre el "origen" de la segunda Silk Spectre, está muy bien trabajado todo su vínculo con Sally, con Hollis Mason y con el Comedian, y además hay un fuerte componente de acción, ambientada en los años ´60, cuando Laurie tiene 16 ó 17 años y estallan el movimiento hippie, el amor libre, la rebelión de los jóvenes, la psicodelia... y el negocio del LSD. El guion de Cooke recrea con precisión toda esa efervescencia social y la lleva (como en toda historia de justicieros enmascarados) para el lado de la violencia, sin descuidar esto que decíamos de los vínculos y del tránsito de Laurie hacia la madurez. Todo esto sostenido en el andamiaje de las escenas del pasado de Laurie que habíamos visto en Watchmen, obviamente. Un guion prolijo, atrevido, otro mecanismo de relojería donde encajan flashbacks, escenas tomadas de Watchmen, una aventura en "tiempo presente" y hasta escenas en las que los personajes están drogados y todo se ve a través del prisma de los alucinógenos típicos de los ´60. El dibujo de Conner es excelente, detallado, preciso en la reconstrucción histórica, zarpado a full cuando tiene que escenificar los trips lisérgicos. De lo poco que leí de Before Watchmen, sin dudas esto es lo que visualmente más me recordó al trabajo de Dave Gibbons. La composición de las viñetas, el lenguaje corporal y gestual de los personajes, el amor (no tan incondicional como el de Gibbons) por la grilla de nueve viñetas, el coloreado sobrio (obra de Paul Mounts), las secuencias mudas... son muchos los elementos gráficos que Conner introduce en el relato y que tienen una fuerte resonancia con las míticas páginas de Watchmen. No sé si quedan fans de la historieta que no sean fans de Darwyn Cooke, ni si quedan fans de Watchmen que no hayan leído este material. En cualquier caso, y de manera tardía, limitada y muy humilde, va esta recomendación: no dejen pasar este tomo de Before Watchmen. Son casi 300 páginas, sumamente respetuosas del clásico de Moore y Gibbons, escritas y dibujadas a un nivel colosal por Darwyn Cooke y Amanda Conner, pensadas para enriquecer MUCHISIMO la lectura de la imbatible obra original y para que la pases realmente 10 puntos mientras sufrís como un condenado por las cosas que les pasan a estos tipos y minas a los que la épica les queda enorme. Nada más, por hoy. Nos reencontramos pronto con nuevas reseñas (habrá más Darwyn Cooke este año en el blog) y para quienes quieran muchos más textos y contenidos audiovisuales, siempre está la Comiqueando Digital en https://comiqueandoshop.blogspot.com.

martes, 11 de octubre de 2016

UNA LARGA Y UNA CORTA

Si yo te digo que sale un TPB donde dibujan Adam Hughes, Eduardo Risso y Andy Kubert y a este último lo entintan el Viejo Joe y Bill Sienkiewicz, lo lógico es que me respondas “lo quiero ya, aunque lo escriba mi abuela con alzheimer, drogada, borracha y en medio de una orgía con travestis, enanos, burros y sindicalistas que no le hacen paros a los gobiernos que dejan sin laburo a sus afiliados”. Pero no, en la tapa dice “Before Watchmen”, entonces (y en consonancia con la reseña de aquel 04/02/12) hay que desconfiar. Vamos, entonces, a diseccionar este voluminoso TPB que recopila todo lo que escribió el maestro J.M. Straczynski para la polémica serie de precuelas de Watchmen.
La primera miniserie, la de Nite-Owl, arranca tranqui, como intentando darle más volumen a la participación de Dan Dreiberg y su antecesor en Watchmen, y rápidamente deriva hacia otro lado: una aventura de Nite Owl en la que también participa Rorschach y que se despega bastante no del tono pero sí de la trama del clásico de Alan Moore y Dave Gibbons. Hay villanos a los que nunca habíamos oído nombrar, un misterio, machaca, es un lindo comic de justicieros urbanos que se anima a descolgarse de las tetas de la saga original y se queda con un elemento (el de las hecatombes hormonales de Dreiberg vinculadas a los trajes y las máscaras) que en el comic original no tenía tanto peso, obviamente porque en 1986 no se podía hacer mucho énfasis en la temática sexual. No es la gloria, pero está muy bien. Y como me pasó en Kick-Ass con Romita Jr., me encantó ver a Andy Kubert dibujando garches hardcore de los que jamás se ven en los típicos comics de superhéroes.
La miniserie de Dr. Manhattan es muy rara. Más que una narración, parece una descripción, o una indagación. A Straczynski no le interesa tanto contar una historia, sino pensar cómo es, qué se siente ser Dr. Manhattan. Por supuesto hay un origen expandido, con muchas secuencias ambientadas en la infancia y juventud de Jon Osterman, pero lo que más hay son idas y vueltas en el tiempo y una exploración de las distintas posibilidades que se abren para adelante, para atrás y para los costados cada vez que Jon toma una u otra decisión. No está mal, es una idea arriesgada, llevada a cabo con mucha jerarquía por el guionista, pero puede llegar a aburrir precisamente por lo elevado de los conceptos y las ambiciones que maneja. El dibujo de Adam Hughes, glorioso.
Y los dos numeritos de Moloch también me gustaron mucho. El primer episodio indaga un poco más en el origen del personaje, le da mucha más carnadura, y el segundo nos explica en detalle cómo y por qué se arma la rosca entre el ex-villano y Adrian Veidt, hasta dónde llega ese pacto y por qué se rompe. Sin dudas, es el pedacito de este TPB al que más le cuesta escapar a la estructura y a la trama de la historieta original, la que tiene más secuencias que transcurren en paralelo con el núcleo argumental de Watchmen, pero de acá también Straczynski salió airoso. El dibujo de Risso, demoledor, como siempre.
Un muy lejano 23/09/13, me cruzaba en una antología con el autor chileno Necrotax y decía: “Cuando se afiance en su estilo gráfico, este autor se puede poner interesante”. Bien, en Zink, novela gráfica editada en 2014 (con episodios previamente publicados en soporte digital), se ve a este autor mucho más afianzado. De hecho hay poquísimos desajustes en la anatomía y lo único que no me convenció fueron los recursos gráficos a los que echa mano Necrotax para darle grises a una historieta que hubiese quedado mil veces mejor en blanco y negro puro. Zink cuenta la historia de una banda de rock del palo industrial extremo, y si bien no tiene un conflicto “externo” fuerte, se nutre muy bien del entorno y de los conflictos internos de estos jóvenes que viven en el Chile de hoy, lo sufren, lo transitan como pueden y luchan contra algunos aspectos de ese sistema de capitalismo salvaje tan afianzado del otro lado de la cordillera, al que nuestros actuales gobernantes miran con tanto cariño. Zink es un comic realista, intimista, con una fuerte impronta social, con la intención de ser testimonio de una época, o quizás bandera de una generación. No hace falta entender de música industrial para disfrutarlo, pero sí es fundamental estar familiarizado con el slang de la juventud chilena actual: si no sabés qué son la raja, la pega, la weá, weón, brígido, cuático, caleta y un par de expresiones más, Zink te va a resultar indescifrable. Pero está muy bien, me mostró una muy loable evolución de Necrotax y me dejó bastante cebado para leer más acerca de estos personajes y su sueño rebelde, transgresor e incandescente.
Uh, esto se hizo larguísimo. Dejamos acá y retomamos pronto.