el blog de reseñas de Andrés Accorsi
Mostrando entradas con la etiqueta Juan Ferreyra. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Juan Ferreyra. Mostrar todas las entradas

jueves, 30 de diciembre de 2021

ELVISMAN

Bueno, pude terminar ese libro que tenía por la mitad, y no era otra cosa que la reedición de un comic creado en los ´90 por mis amigos cordobeses Diego Cortés y Juan Ferreyra, continuado a principios de este siglo por mi amigo santafesino Leo Sandler y publicado por la misma editorial que publicó ¿Quién quiere ser superhéroe?. Tengo que estar muy en pedo para hablar mal de Elvisman, y ustedes saben (y si no, se los cuento ahora) que soy abstemio. En principio, habría que señalar que la lectura de Elvisman en libro es mil veces más gratificante y atrapante que en los comic books originales, simplemente por el hecho que los seis números que trae el tomo salieron originalmente a lo largo de… más de seis años. O sea que, normalmente, cuando aparecía un número de Elvisman, yo no me acordaba un carajo de lo que había pasado en los anteriores. Y Cortés planteó esta historia como saga, no como una sucesión de episodios autoconclusivos, por lo cual el libro es, sin dudas, el formato ideal para descubrirla o redescubrirla. Por el otro lado, la lectura de Elvisman en libro no pierde, pero seguramente tampoco acentúa, esa sensación de maravilla que nos daba ver cómo mejoraba el dibujo de Juan Ferreyra entre un número y el siguiente. Al principio era un dibujante al que se le notaba la pasta, el potencial, y ya para el tercer o cuarto número era obvio que estábamos en presencia de un dotado para el dibujo académico-realista, que además tenía un gran manejo de la narrativa, de los espacios dentro de la página, etc.. Para cuando Cortés se decidió a continuar Elvisman con Sandler en vez de Ferreyra, los zapatos de Juan ya eran imposibles de llenar y su consagración en Europa y EEUU ya era inminente. Pero, gracias a la astuta decisión de no tratar de copiar los yeites de Ferreyra, Sandler sale muy bien parado del desafío. Todavía no tenía tan definida su identidad gráfica, y aún así se banca con mucho aplomo un guion que no era fácil de dibujar. Y sin dudas lo más asombroso de Elvisman sigue siendo eso, el guion: lo arriba que empieza y cómo aguanta ahí arriba hasta el final del arco. Esto no parece un trabajo de un autor joven que hace sus primeros palotes, ni por casualidad. El equilibrio entre acción e introspección, el manejo de los tiempos, la calidad de los diálogos y bloques de texo, y sobre todo la fuerza de las ideas que despliega Cortés en esta obra tienen mucho más que ver con un profesional consumado que con un pibe joven de incipiente militancia en el underground fanzinero de un país periférico. Ya lo dijo mucha gente antes que yo, y capaz quedo como un tarado repitiéndolo, pero es posta: Elvisman es una historieta adelantada a su época, que tiene mucho más que ver con el Siglo XXI que con 1997, que es el año en el que vio la luz. Otro testimonio (felizmente recuperado) del talento descomunal de un Diego Cortés al que nos sigue costando un montón encontrarle continuadores, y ya ni hablar de reemplazantes. Me pondría a escribir acerca de cómo enfoca Elvisman el tema de los superhéroes, pero tengo miedo de darme mucha manija y escribir una especie de capítulo 14 de ¿Quién quiere ser superhéroe?. Me limito a decir que la mirada de Cortés sobre el crisol de géneros también estaba adelantada a su época. Y que si te animás a adentrarte en obras que aborden esta temática desde lugares… peligrosos, al filo del reglamento, la vas a disfrutar muchísimo. Y ahora sí, nada más por este año. Un año de 59 posteos parece medio miserable, pero la verdad que para mí fue un esfuerzo enorme bancar ese ritmo de publicación mientras laburaba a full en la Comiqueando, en la Comiqueando Digital, en la difusión del libro, en la distribución, y además atendía temas familiares muy delicados. Para 2022 no prometo nada, excepto una pausa forzada por el hecho de que –después de casi 25 años en la misma casa- me estoy mudando y ya un porcentaje enorme de mis comics está en un limbo de cajas, valijas y canastos que no sé si están en esta casa o en la otra. Me imagino que cuando todo esté más tranquilo retomaremos este espacio, el sitio de Comiqueando, el canal de YouTube, la gira de presentación de ¿Quién quiere ser superhéroe? y varios temas más que ahora se están acomodando (no sin dificultad) en el freezer. Que el 2022 les regale 365 días de excelente lectura comiquera.

lunes, 10 de abril de 2017

SE VINO EL OTOÑO

Bueno, llegué hace un rato de Córdoba y me recibió la clásica Buenos Aires de otoño, fresquita, lluviosa, con el tránsito colapsado y las 15 radios del Grupo Clarín repitiendo las mismas mentiras. Por suerte entre aeropuertos y aviones tuve tiempo de leer un par de libros, así que tengo material para reseñar.
Arranco en EEUU, en 2013, cuando Dark Horse publica Kiss Me, Satan!, una saguita de acción y terror que me sedujo porque la encontré en oferta y está dibujada por el cordobés Juan Ferreyra, que me tiene entre sus fans desde que militaba en el under, allá por la segunda mitad de los ´90. El argumento de Victor Gischler (de oscuro pasado en Marvel) ofrece ángeles, demonios, licántropos, brujas, hechiceros, zombies, ninjas, ninjas zombies… un flor de bolonki de elementos sobrenaturales puestos al servicio de una trama de acción, con persecuciones, tiroteos, peleas de todo tipo, garches, runfla entre mafiosos y demás escenas de alto impacto.
Por suerte, Girschler evade unos cuantos lugares comunes y logra que esta combinación, además de ser pochoclera y estridente, tenga originalidad y frescura como para sorprender al lector que ya se devoró muchas aventuras parecidas. La machaca sobrenatural está bien condimentada con el trasfondo mafioso, con una trama romántica, con un buen aprovechamiento de la decisión de ambientar la historia en New Orleans y con algunos toques introspectivos que le sirven a Gischler para darle onda a los personajes, incluso a algunos secundarios. O sea que, como comic de entretenimiento sin mayores pretensiones, Kiss Me, Satan! funciona muy bien y garantiza una lectura ágil, ganchera, muy entretenida.
El dibujo de Juan Ferreyra es excelente, con altos niveles de salvajada, figuras muy dinámicas, deformidades bien puestas, personajes muy expresivos magníficamente diseñados, un ritmo de palo-y-palo en la planificación de las secuencias, y sobre todo un laburo alucinante en el color (rubro en el que Juan contó con la colaboración de Eduardo, su papá). El color de los Ferreyra le prende fuego a la página, está hiper-sincronizado con los climas que requiere el guión y tiene ese toque único de genialidad, de experimentación loca que llegó a muy buen puerto. Si sos de los que descubrieron a Ferreyra a partir de su desembarco en DC, o a través de Colder, tirate un cachito más para atrás y descubrí este gran trabajo del ídolo cordobés.
Salto a Uruguay, a 2016, cuando aparece Parto de Nalgas, el bizarro team-up entre Gustavo Sala y el guionista, blogger, conductor de radio y tele, escritor y co-protagonista de la recordada saga de New York acá en el blog, mi amigo Ignacio Alcuri. Con un guión escrito a cuatro manos y muy buenos dibujos de Sala, Parto de Nalgas es un delirio fascinante, una novela gráfica cuyo argumento reproduce la lógica de los sueños, en los que se suceden una atrás de otras escenas muy locas, casi sin explicación y casi sin un hilo conductor. Y claro, además del divague, acá hay muchos chistes. Chistes pavotes, chistes groseros, chistes absurdos, chistes políticamente incorrectos casi al límite, juegos de palabras, reflexiones graciosas tipo stand-up comedy… un repertorio amplio, ecléctico, generoso, para todos los gustos.
Así, entre seres de caca, pandas con síndrome de down, gorilas gigantes, monstruos bizarros, vergas gigantes y la inevitable aparición de famosos de toda calaña (de Gardel y el Papa Francisco a Moria Casán y Gary Coleman), un marplatense y un uruguayo viajan por el mundo, surcan el cosmos, recorren distintas dimensiones y viven la aventura más estrambótica de sus vidas. Algunos chistes funcionan mejor si pescás ciertas referencias muy puntuales (a las canciones de Jaime Roos, o los comics de Stan Lee, o los hábitos sexuales de Woody Allen), pero en general la risa está garantizada aunque no entiendas nada y creas que Marcelo Bonelli y Edgardo Alfano son grandes periodistas.
La obra tiene más de 80 páginas, bastante texto y bastantes volantazos impredecibles, con lo cual no recomiendo leerla toda de un saque, sino meterle un par de pausas, como para intercalar otras lecturas y que la gracia de Parto de Nalgas se mantenga fresca y sorprendente. En Argentina el libro nunca se distribuyó, así que tenés que tener bastante ojete para conseguirlo, o enviar sicarios a que lo busquen del otro lado del charco. Parto de Nalgas lleva un paso más allá la sana costumbre de estos últimos años de las colaboraciones entre autores de Argentina y Uruguay y lo hace de la mano de dos genios malignos del humor. Así que hay que tenerlo, cueste lo que cueste. Y vamo´arriba la celeste.
Nos reencontramos por acá ni bien tenga más libros leídos.

domingo, 5 de febrero de 2012

05/ 02: La 6e HEURE Vol.1

O en criollo, la sexta hora. Así se titula esta trilogía creada por Nicolas Pona para la colección Secrets du Vatican, una línea de historietas relacionadas con misterios y runflas que giran en torno a la religión católica, ya muy asentada dentro de la editorial francesa Soleil.
La primera parte de la trilogía se pasa un poquito de críptica. No porque no se entienda lo que pasa, sino porque hay pocas pistas de cómo carajo se va a explicar lo que pasa. Por un lado, tenemos a Yanis Berdzeni, inspector de policía, cuya esposa lleva meses internada en terapia intensiva. Berdzeni tiene una increíble habilidad con las manos y le encantan los trucos de magia. También tiene una moral un poquito... elástica, que le permite estar en excelentes términos con una tríada de la mafia china que maneja la prostitución en la gran ciudad (que no se sabe bien si es de Francia o de EEUU). Es un personaje muy bien construído, con todo como para hacerse cargo del rol protagónico hasta el final de la saga.
Por el otro lado tenemos a un minón infernal, Samaëlle, una pelirroja, muda (para los que dicen que no existe la mujer perfecta), que sale de la cárcel y se reencuentra con una nena muy locuaz e inteligente que supuestamente es su hija. Samaëlle tiene un bolso lleno de piezas de oro, maneja unas técnicas de combate absolutamente devastadoras y tiene mucho que ver en varias masacres que van diezmando las filas de la mafia china, entre otras organizaciones criminales. ¿Quién es Samaëlle? ¿Tiene superpoderes? ¿Es un ángel, o un demonio? ¿Será posible que sea inmortal? ¿Cuál es su relación con esas balas de oro talladas? Hasta ahora hay pocas pistas.
Para hacer más espeso el misterio, casi sobre el final del tomo aparecen dos páginas protagonizadas por Jesucristo, cuando ya esaba crucificado, y Longinus, el legionario romano dueño de la famosa lanza que atravesará el pecho del mesías condenado. ¿Cómo engancha esto con todo lo demás? Habrá que seguir leyendo...
A pesar de que se zarpa escamoteando pistas, Nicolas Pona arma un planteo bastante ganchero. Tiene muy buenos personajes secundarios (me encantó el pintor que sólo ve el color rojo) y maneja muy bien todo lo que tiene que ver con el habla cotidiana de la gente. Lo más interesante es algo que ya vimos en otros comics, principalmente en Death Note: la cana, con sus procedimientos, su balística y sus forenses, trata de explicar muertes que –los lectores lo vemos claramente- tienen que ver con una movida sobrenatural, a años luz de lo que las autoridades terrenales pueden llegar a resolver. Igual falta mucho para que el rompecabezas se termine de armar.
¿Cómo caí en esta serie? Porque la dibuja Juan Ferreyra, el prodigio cordobés que la rompió en Rex Mundi, serie fetiche de este blog. Pero atenti, que este Ferreyra no se parece tanto al de aquel clásico. El color tiene mucho menos peso, todas las figuras están definidas por la línea negra, y –sobre todo- hay muchas más viñetas por página. El resultado es un producto mucho menos personal, de mucho menos lucimiento para Ferreyra. El cordobés se sigue zarpando a la hora de elegir algunos ángulos, le pone mucha expresividad a los personajes (especialmente a Juan Dominicain, el cana compañero de Berdzeni), pero está o mucho más contenido, o menos inspirado que en Rex Mundi. La portada de La 6e Heure te ceba mal: ahí Ferreyra está incluso mejor que en Rex Mundi. Adentro, en el trajín de las 46 páginas repletas de viñetas muchas veces microscópicas, te encontrás con un dibujante sólido, que cumple con creces, pero al que le falta la magia.
Ojalá esta bestia logre poner todo en el próximo tomo. No lo tengo, pero lo quiero conseguir, porque el argumento del Vol.1 me atrapó como para seguir la saga hasta el final.

sábado, 22 de octubre de 2011

22/ 10: REX MUNDI Vol.6


No me aguanté más la intriga y me devoré el último tomo de esta serie que empecé a leer el año pasado y de la cual reseñé todos los tomos anteriores.
Acá pasa de todo, todos los enigmas se resuelven excepto uno: quién es el padre del bebé que Genevieve lleva en su vientre. Tampoco importa demasiado. Todos los demás misterios que Arvid Nelson arrastró con mano maestra a lo largo de seis libros (en total, Rex Mundi le consumió diez años de su vida) se explican de modo claro y convincente. La misteriosa figura encapuchada que seguía (y a veces ayudaba) a Julien Sauniére es la primera revelación grossa y no, no es quien yo sospechaba. Todo el tema de la sangre del Duque de Lorraine, el linaje del Rey David y el mismísimo Jesucristo, también tiene una explicación impactante. Los poderes mágicos zarpados de Isabelle, el aguante del propio Sauniére (a quien vimos recibir golpizas y sesiones de torturas que serían la envidia de cualquier masoquista), varios momentos en los que el protagonista pelaba algún talento mágico, todo el chamuyo de las frutas azules del bosque de Cataluña… Todo cierra perfecto.
Este tomo es, obviamente, el más virado a la acción, porque acá se hace inevitable el encuentro cara a cara entre héroe y villano. Y hay cositas de las que yo no quería ver, como un intercambio de conjuros entre dos hechiceros mega-power que parecen tirarse kame-hame-has. Por suerte esto no es lo que define el conflicto final. Está porque tiene que estar, pero antes de llegar al climax de la saga. También la acumulación de muertes, una más jodida y shockeante que la otra, hace que Nelson tenga que recurrir al viejo truco de la resurrección, que es lícito, porque acá hay magia y misterios religiosos. Si el tomo terminara a la mitad, sería una carnicería, un canto a la maldad más cruel. Y bueno, hay que revertir la cosa para el lado de la justicia y al guionista se le ocurre una forma no fácil ni divertida para los “héroes” (porque ellos también se tienen que ensuciar y masacrar a decenas de esbirros de Lorraine), pero efectiva y coherente con el desarrollo de la trama. De todos modos, la derrota de Lorraine sale carísima.
Por momentos, este tomo puede resultar perturbador. A todas esas muertes escabrosas le tenemos que sumar decapitaciones, torturas, gente empalada o atravesada por lanzas o espadas, tipos que abusan de nenas de 14 años y esqueletos reanimados que combaten a dentelladas y le arrancan cachos de cráneo a sus víctimas. Y paredes y gárgolas que se desploman y aplastan gente, ya que estamos. Un verdadero holocausto, un baño de sangre absolutamente terrible, encima dibujado de modo sumamente realista, sin escatimar ni esconder nada.
El grueso del tomo está a cargo, como no podía ser de otra manera, del maestro cordobés Juan Ferreyra, que una vez más hace magia tanto desde el dibujo como desde el color y sale de esta ordalía posicionado como uno de los grandes dibujantes que tiene hoy el estilo académico-realista. Nunca las mencionamos pero son muy notables las ilustraciones de Ferreyra que aparecieron como portadas cuando Rex Mundi se editó en comic-books. Acá el ídolo pela un estilo totalmente distinto, pensado para ser pintado en colores planos, con una técnica totalmente distinta, en la que la línea negra tiene mucho más peso, y con la que logra composiciones de increíble fuerza dramática. Supongo que complementará el dibujo a tinta con alguna técnica digital, porque pelar esos cross-hatchings a mano es algo demasiado demencial incluso para Ferreyra.
El libro abre con una historia menor, apenas conectada con la saga central, que tiene el atractivo de estar dibujada por otro induscutido, Guy Davis. Y cierra con una aventura también inconexa, dibujada con lo justo por Brian Churilla (habitué de las antologías de Image) pero con un muy buen guión de Nelson. Y también hay pin-ups y boludeces de relleno, como para completar un tomo devastador, bastante más voluminoso que los anteriores.
Y no hay más. Se terminó la historia del forense que enfrentó al poder para descubrir el misterio del asesinato de su amigo y terminó por encontrar el Santo Grial. Baja el telón de este mundo alternativo, al que recorrimos guiados por la aventura hasta familiarizarnos por completo con su entramado histórico, político, religioso y hasta mágico. Fue un viaje intenso, adictivo y sobre todo, inolvidable. Muuuy grosso.

domingo, 16 de octubre de 2011

16/ 10: REX MUNDI Vol.5


Se acerca el final de esta serie y, lógicamente, los tiempos se aceleran cada vez más. Arvid Nelson, el guionista, se sigue resistiendo a convertir a Rex Mundi en un comic de machaca, de guerra, o de magos que se lanzan conjuros unos a otros. Pero en este tomo, ese combo parece predominar sobre el resto. Un personaje hasta aquí menor resulta tener un dominio asombroso sobre la magia, el Duque de Lorraine (villano absolutamente protagónico, sin el cual la serie no sobreviviría ni 10 páginas) logra revertir sus reveses militares y termina por conquistar buena parte de Europa y al protagonista, el sufrido y abnegado doctor Sauniére, lo cagan bastante a palos (otra vez). De todos modos, los que más cobran en este tomo son los inquisidores, especialmente el pobre monje Moricant, al que le pasan todas juntas. Muchas se las merece, o por boludo, o por todas las que le hizo él a Sauniére. Y hay un grifo! Y vampiros! Pero tranqui, tampoco es un comic de Harry Potter.
Entre todos estos elementos un poco más pochocleros, Nelson banca a muerte la trama de investigación, la que lleva al doctor Sauniére a metros de tomar contacto con el castillo del Grial, la resolución definitiva de este intrincado enigma que ya costó tantas vidas. El plot político, en cambio, se convirtió en bélico, porque Lord Lorraine ya se limpió demasiado el orto con la diplomacia, y obviamente sus enemigos hicieron lo mismo. Pero a Lorraine las cosas le salieron demasiado bien, y en el próximo tomo, cuando no quede otra que la confrontación con Sauniére, el villano va a tener no menos de 32 de mano. Por supuesto, uno sospecha que en ese castillo Sauniére encontrará la clave para frenar a esta imparable cruza entre Lex Luthor y Adolf Hitler.
O por ahí no… Por ahí la clave es Genevieve, la ex de Sauniére que ahora se acuesta con Lorraine. Es un personaje que en este tomo aparece mucho menos que en los anteriores, así que por ahí Nelson nos la está “escondiendo” para que sea más impactante su accionar en el final de la saga. O por ahí la que define es Isabelle, la hija de Lorraine, que está mucho más cerca de Sauniére que de su padre… Igual tomalo con pinzas, como conjeturas baratas de un salame que todavía no leyó el final pero está muy cebado…
El tomo arranca con un episodio marginal, un flashback a la niñez de Isabelle, que es el que tiene el guión más predecible. Es perturbador, te engancha porque tiene un ritmo distinto al del resto de la saga, pero en todo momento sabés lo que va a pasar. Por suerte, en los otros episodios Nelson retoma un cabo suelto de este unitario, con lo cual cobra un poco más de sentido. Esta es la única historia del tomo dibujada por Jim Di Bartolo, a quien ya vimos jugar de suplente en una saguita del Vol.3. Acá está bastante mejor. Se ve que en el medio descubrió a Tony Harris o a J.H. Williams III, y aprendió bocha.
Todo el resto lo dibuja el prócer cordobés Juan Ferreyra, que bajó un cambio en la experimentación, se zarpa mucho menos en la planificación de las páginas, pero dibuja cada vez mejor. Y ni hablar de lo que hace a la hora de colorear la historieta. Todo el último tramo, que transcurre en el valle de Cataluña, está tan bien coloreado que parece sobrenatural. Y la doble página final, con Genevieve y Lorraine (no te quiero batir qué están haciendo, para no spoliear) está para colgarla en cualquier museo de Bellas Artes.
A milímetros del final, Rex Mundi está en un momento increíble, con Ferreyra prendido fuego y con Nelson a punto de ponerle el moñito a esta adictiva mezcla entre misterio religioso, runfla política, magia, guerra, romance y espionaje ambientada en un mundo paralelo, pero tan atractivo que uno quisiera que fuera el real. Ojalá el final esté a la altura de lo que pudimos ver hasta ahora, que es una serie de la San Puta, merecedora de mucha más repercusión que la que tuvo en su momento.

martes, 19 de julio de 2011

19/ 07: REX MUNDI Vol.4


Llegó el esperado reencuentro con esta serie cuya primera mitad me cebó infinitamente el año pasado. Había colgado justo a mitad de camino, y justo cuando el cordobés Juan Ferreyra llegaba para convertirse en el dibujante titular hasta el final de la serie. Y fue un garrón mandarla al freezer, porque estaba bárbara. No quiero repetir una vez más el planteo argumental del guionista Arvid Nelson. Recomiendo hacer click en la etiqueta y releer las reseñas de los tres primeros libros.
Ahí vas a ver que para el tercer tomo, Nelson cambiaba el ritmo, aceleraba y empezaba a avanzar con mucho más power los plots fundamentales de esta saga de intriga política y religiosa. Bueno, para el cuarto tomo ya le agarró el gustito a la velocidad y el ritmo, sin ser vertiginoso, vuelve a acelerarse. Hay dos líneas que avanzan en paralelo: la de la investigación del médico Julien Sauniére (que va tras una pista que podría revelar la verdad sobre el Santo Grial y la descendencia de Jesucristo), y la del ambicioso plan del cada vez más hitleresco Duque de Lorraine, que ya se quedó con Francia y ahora se quiere comer también España.
Pero, si bien los dos avanzan bastante a fuerza de osadía y buenas runflas, los dos sufren reveses importantes: Sauniére pasa un rato largo preso en un calabozo de la Inquisición (otro de los jugadores con peso en la trama) y Lorraine ve caer su dominio sobre una parte de Francia cuando lo invade el ejército prusiano, con data habilitada por un traidor cuya identidad no puedo revelar. En este tomo también crecen notablemente los personajes femeninos: la doctora Genevieve Tournon, la anacoreta conocida como Aleron y Lady Isabelle, la intempestiva hija del Duque. Y por suerte Nelson demuestra que puede darles a las mujeres la misma profundidad que a los hombres, o incluso un poco más.
De a poquito, en este tomo crece también un elemento hasta ahora des-enfatizado, que es el de la magia, que en este universo paralelo no es un elemento fantástico, sino una disciplina que se puede aprender más allá del talento natural que uno tenga, como si fuera tocar el violín o hacer jueguito con la pelota. Pero por ahora no es para nada la fuerza definitiva a la hora de hacer avanzar los conflictos. Y está bueno que sea así. No quiero que esto se resuelva con los antagonistas lanzándose conjuros como si fueran kame-hame-has.
El tomo cierra con una historia breve, realizada por Nelson y Ferreyra para el Dark Horse Book of Monsters, ambientada en la juventud de Julien y Genevieve. El planteo está bueno, pero los “héroes” zafan con demasiada facilidad de la trampa del “villano”, con el viejo e insostenible truco de destrabar el cerrojo de unos grilletes con una hebilla para el pelo. Chamuyo barato, mal.
Y si te gusta el dibujo realista, podés descorchar un champán, porque acá está Juan Ferreyra realmente inspiradísimo. Cancherísimo en la anatomía, dúctil en las expresiones faciales, arriesgado en los enfoques, las angulaciones y las composiciones, con un trabajo de iluminación y de color muy personal y de una calidad inusual para el mainstream (o casi) norteamericano y una integración bien lograda de las referencias fotográficas que usa para los paisajes y los palacios. Ferreyra le pone onda a las secuencias más tranqui para que no resulten aburridas y hasta les pone sutileza a las escenas más atroces, para que no caer en el gore barato. Visualmente, esto es un lujo.
Y bueno, prometo avanzar pronto hacia la recta final, a ver cómo se las ingenia Arvid Nelson para que el final de Rex Mundi esté a la altura de todo lo grosso que se vio hasta ahora. En un comic donde tiene tanto peso la religión, no queda otra que tenerle fe…

domingo, 21 de noviembre de 2010

21/ 11: SMALL GODS Vol.1


Pasamos de una antología editada en Córdoba a una historieta dibujada en Córdoba pero publicada por Image. Small Gods reunió al ignoto guionista yanki Jason Rand con el grossísimo dibujante cordobés Juan Ferreyra y el resultado fue una serie que no tuvo mayor éxito, pero que no está nada mal (por lo menos este primer arco) y donde se ve perfectamente la transición de Ferreyra, desde aquel promisorio artista que impactara en el under argento con Elvisman a ese dibujante sólido y con estilo 100% propio que viéramos en Rex Mundi.
Este tomo de Small Gods se lee como una peli de Hollywood: un cana con poderes psíquicos, un procedimiento policial que se complica a raíz del uso de estos poderes, interrogatorios, aprietes, tramoyas legales, un dilema moral fuerte y bien desarrollado y un triángulo pasional entre el “héroe” y dos minitas. Rand maneja perfecto la tensión, mete escenas heavies en las dosis y en los momentos justos, y acumula dramatismo a medida que nos acercamos al final. A la hora de resolver la trama, echa mano a un recurso válido, poco previsible, pero que soluciona todo con excesiva facilidad. No está mal, no va en contra del verosímil que se estableció a lo largo de toda la saga, pero hace que el dilema que aquejaba a Owen Young se disuelva fácil, rápido y gratis. Por ahí en tomos posteriores algo de esto se reactiva y algunas de las cagadas que se manda “el bueno” en este arco vuelva para atormentarlo. Pero en esta historia en particular, Rand le cobra baratísimo a su personaje protagónico.
La clásica estructura de relato policial contemporáneo acá tiene un ingrediente extra bien presentado y bien piloteado: los poderes psíquicos. Hoy ya vimos por televisión 143.566 series de ambientación urbana con gente con poderes paranormales, pero para 2004 esto era bastante original. Y además está el truquito de que Owen no es el único psíquico, sino que abundan los telépatas, telekinéticos y demás variantes de poderes mentales tipo Charles Xavier. Los personajes están bien armados, los diálogos suenan bien y no hay mayores problemas a nivel guión. No se entiende muy bien por qué no hay otras obras más conocidas o más exitosas de Jason Rand, porque acá peló como para ser tenido en cuenta.
Juan Ferreyra, en cambio, aprovechó mejor su paso por esta serie y logró llamar la atención como para ser convocado a trabajar en proyectos cada vez más importantes dentro de la industria norteamericana, hasta que pegó el volantazo y se puso a trabajar para Francia. No esperes verlo al mismo nivel que en Rex Mundi, porque todavía faltaba un trecho. Este es un Ferreyra un poquito más crudo, con algunas fallas menores en la anatomía (en los planos más complicados, no en los fáciles) y con tres personajes femeninos que tienen prácticamente la misma cara. Pero el salto respecto de su etapa under es notable, con grandes logros en la expresividad de los personajes, una narrativa sólida con enfoques variados y atractivos, y un gran trabajo en los grises. Acá Ferreyra ya está bien posicionado entre los dibujantes de estilo realista, cerca del mejor Steve Epting, con algunas caras dignas de Gary Frank, pero con una impronta personal.
La historia complementaria, escrita por Rand y dibujada por Mahmud Asrar, no es gráficamente interesante y tiene tanto, pero tanto texto que no me logré enganchar. Pero el balance da positivo. Small Gods arranca con un arco muy ganchero, con onda peli de Hollywood, bien orquestado y muy bien dibujado. Andá a saber por qué no le fue bien…