el blog de reseñas de Andrés Accorsi
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domingo, 15 de junio de 2025

MIRÁ QUIÉN APARECIÓ...

Había una vez un goma que posteaba reseñas en su blog todos los días, después dos o tres veces por semana, y después vino la Comiqueando Digital y se lo comió. Posta, no tengo tiempo para leer comics ni cerca del ritmo normal que habíamos agarrado en los últimos tiempos. A veces, hasta tengo pocas ganas. Pero bueno, hoy, con sueño y con una congestión espeluznante, le robo un ratito a la revista digital (que sale a fin de mes) para reseñar un par de magias que tengo leídas. Founding Fathers Funnies es una recopilación de historias cortas que realizó el maestro Peter Bagge a comienzos de este milenio, todas centradas en anécdotas graciosas de los primeros próceres de la historia de los EEUU, aquellos que dejaron su huella en el último tercio del Siglo XVIII, cuando esa enorme colonia británica sueña con ser un país independiente y copado, a años luz del imperio decadente que conocemos hoy (y que tan felices nos hace cuando lo visitamos en plan turismo). Obviamente hay muchos chistes que solo tienen gracia si conocés quiénes son estos tipos, qué roles cumplieron en los primeros años de EEUU como país independiente y para qué lado tiraba cada uno, en la época en la que las pujas ideológicas estaban más presentes que ahora. Por trazar una analogía, es como si le dieras a un yanki un comic con chistes de French y Beruti, o de Mariano Moreno y Cornelio Saavedra. Se van a quedar arafue de un montón de cosas... y algo de eso me pasó con algunos de los próceres que eligió Bagge para estas historietas, a los que jamás había oído nombrar. Pero están también los que todos conocemos (los que ponen la caripela en los billetes verdes que seguro tenés guardados en el colchón) y está buenísimo que un talento como Bagge nos exponga su Lado B, con detalles bizarros o escabrosos acerca de sus vidas privadas, sus rencillas internas, sus agendas secretas, etc.. El dibujo es invariablemente glorioso, tanto en las historietas en blanco y negro como las que sin a color. A esta altura, cualquier cosa que dibuje Bagge es tan superior a la media, que alcanza para engancharse con cualquier temática que quiera abordar. Ni en pedo lo pongo en el podio de las mejores obras de este genio del Noveno Arte, pero sin dudas lo disfruté muchísimo y aprendí bocha de cosas que no sabía acerca de esta etapa de la historia yanki.
Me vengo a Argentina, donde el año pasado se publicó Viaje a Venecia, un libro que reúne trabajos de distintas épocas del maestro Enrique Breccia, realizados para medios muy diversos, a veces solo y a veces con guionistas. Calificar a los dibujos de Enrique como "muy superiores a la media" sería faltarle el respeto. Estas páginas desbordan de motivos por los cuales cualquiera que entienda algo de dibujo te firma con total convicción que estamos ante un genio, una bestia inconmensurable a años luz de los que vienen atrás. El libro empieza con dos paginitas menores, un chiste autorreferencial. Y enseguida nos ofrece la posibilidad de revivir esa maravilla ochentosa que fuera El Cazador del Tiempo, donde Enrique escribe y dibuja una aventura fascinante, de esas que no querés que se terminen nunca. Después tenemos una breve adaptación de un relato de Julio Cortázar, también dibujado a un nivel demencial. Y al toque una historieta con guion de Eugenio Mandrini, tensa y emotiva, ambientada en la Pampa argentina que tanto ama Breccia. Después viene Blas Milmuertes, una historia con guion de Carlos Trillo, graciosa, original, donde Breccia se permite combinar dibujos más realistas con otros más grotescos y caricaturescos. Las dos historietas con guiones de Bruna Porá son las más flojas del libro, pero por suerte son también las más cortitas. Lo que más me emocionó fue un unitario escrito por Guillermo Saccomanno: "Un viejo, un tiburón, un amor". Esto es una gema del alma, un relato brillante, conmovedor, original... y encima dibujado por Enrique a un nivel superlativo. Es muy loco que esto se haya publicado en Skorpio, porque el laburo que tiene cada viñeta es mucho más detallado, más generoso, más inspirado que los trabajos que Breccia aportaba mes a mes a la recordada antología de Record. En general, uno asocia a la Skopio con un Breccia cumplidor, pero acá apareció un Breccia descollante, tremendo, que no se guarda ni un ápice de su monstruoso talento. Sobre el final tenemos tres historias breves, ya del Siglo XXI, basadas en textos de Bárbara Pilon, la actual esposa de Enrique. En las tres vamos a ver al ídolo en un nivel devastador, no muy distinto de lo que brinda cuando ilustra novelas para Zorro Rojo, por ejemplo. Unas técnicas imposibles, unas texturas, unos climas... nada, esto hay que verlo para creerlo. Y de los guiones, el único que me enganchó fue el último, "Moeche", que es una especie de cuento de hadas para adultos, muy hermoso. No sé si solo mi ejemplar o toda la tirada, pero la encuadernación del libro hace "ruidos raros" y no se abre ni se dobla como debería. Pero (como dijo Jack el Destripador) lo importante es lo de adentro, y acá me encontré con un material de una belleza gráfica descomunal, un gran agregado a esta "Biblioteca Enrique Breccia" que vienen armando hace un tiempito entre varias editoriales. Acá hay papa MUY fina, absolutamente recomendada si sos fan del maestro, o de la buena historieta en general. Nada más, por hoy. Vuelvo a la Comiqueando Digital, que está tremenda. Gracias por el aguante y hasta pronto.

martes, 7 de marzo de 2023

TARDE DE MARTES

Sigo adelante con las lecturas y ya tengo otros dos libros para repasar. En primer lugar, el Vol.2 de Monster, del maestro Naoki Urasawa, ahora sí con un tramo de la saga que no había leído nunca, porque cuando lo publicó LARP yo ya había decidido no comprarle nunca más un manga a esa funesta (y hoy justamente olvidada) editorial. Al final del Vol.1, tal y como estaba armada la trama, faltaba que el Dr. Tenma se entrenara para convertirse en un asesino implacable, gambeteara a la policía hasta quedar cara a cara con Johan y lo hiciera boleta. Todo eso se podría haber contado sin acelerar bruscamente el ritmo del relato en estas 400 páginas, y Monster podría haber terminado en este Vol.2. Pero claro, esta es una obra de Naoki Urasawa, especialista en estirar los conflictos hasta el infinito, en tensar la cuerda dramática que sostiene a sus mangas hasta que el lector sienta que ya no puede más. Por eso en estas 400 páginas apenas si vemos a Tenma escapar de la policía... mientras surgen, se desarrollan y se resuelven otros conflictos que poco tienen que ver con la cacería de Johan. Hay una idea muy interesante, que es que un grupo neonazi ve en Johan a un posible segundo Adolf Hitler. Interesante porque le agrega a la saga una arista política y villanos mucho más hijos de puta que la policía. Pero todo el tema de "vamos a quemar el barrio turco" aporta muy poco a la trama, apenas un poco de suspenso, de presión para que en algún momento cobre peso la acción. Urasawa introduce nuevos personajes y les da muchísima carnadura, muchísimo desarrollo. Incluso en dos momentos de este tomo la acción se frena para dedicarle extensos segmentos a dos personajes que ya nos había presentado en el Vol.1, Eva y Anna/Nina. Cada una de ellas ya tiene, además de un pasado que hemos explorado a fondo, sus propios personajes secundarios. El inspector Runge también ocupa el centro de la escena a lo largo de muchas páginas que indagan un poco más en sus motivaciones, sin dudas la secuencia más aburrida e innecesaria del tomo. Como en 20th Century Boys, acá es muy importante el pasado, desandar los senderos de lo transcurrido a través sobre todo de la memoria. Las pistas que encuentra Tenma son básicamente recuerdos de gente que en algún momento interactuó con Johan o con su familia... y encontrar y sobre todo "escuchar" a cada una de estas personas lleva tiempo. O sea, páginas. Y ampliar el elenco de secundarios también, requiere mucho espacio. Urasawa lo tiene, y además no tiene apuro. Por eso, con una idea que se podía contar en 12-16 páginas en una revista de antología de los ´70, el tipo te hace nueve tomos de 400 páginas. Y vos no lo puteás, no porque te resulte divertido ver cómo te llena infinitas páginas con peripecias que por ahí no le suman nada a la resolución del argumento troncal, sino porque el ritmo del relato es atrapante, y porque estamos frente a un autor que maneja el suspenso y la intriga de una manera absolutamente insuperable. Y eso sin hablar del dibujo, que jamás baja de los 10 puntos. Habrá más Urasawa pronto, acá en el blog.
Allá por 2010, cuando Vertigo estaba on fire con el tema de generar novelas gráficas 100% originales, que fueran propiedad de los autores, uno de los que entró en la rosca fue Peter Bagge. Así apareció Other Lives, un trabajo del creador de Hate que desde 2021 reedita Fantagraphics, y que en su momento no levantó demasiada polvareda, pese a estar bastante bien. Other Lives es la novela gráfica en la que Bagge se mete con aquel fenómeno que fueron las plataformas de juegos virtuales en los que vos te creabas una segunda identidad, un avatar, que interactuaba en una especie de "mundo paralelo" en el que todo podía pasar. No me acuerdo ahora los nombres, pero creo que había uno llamado Second Life. El juego, ese segundo plano de "realidad" que ofrece el juego, tiene bastante peso en la trama, pero Bagge lo usa para pensar en el tema de la identidad ficticia, la identidad que uno se construye para sí mismo cuando la propia no le cierra y elige convertirse en un farsante. De los cuatro protagonistas, los dos que jamás entran en el juego virtual (Javier y Vlad) son los que más laburaron para asumir identidades que no les pertenecen. Se cambiaron el nombre, se inventaron profesiones falsas, se hicieron pasar por autores de textos que escribió el otro, no pararon un minuto de mentir. Ni de ser víctimas de las mentiras de otros. Other Lives trata de la irrupción de las verdades en una realidad donde lo normal es la falsedad, la máscara. Woodrow, el capo del juego virtual, el que parece que la tiene re clara, es otro maestro de la mentira y en un punto, Bagge lo va a llevar al extremo para que ocupe el rol del villano. Mientras que Ivy, la única que no guarda secretos nefastos (más allá de las cosas que hace su avatar en el mundo virtual del jueguito), es lo más cercano que tenemos a una heroína. Las vidas de los cuatro protagonistas se van a ver entrelazadas de las maneras más extrañas (algunas demasiado inverosímiles) y la tensión dramática va a crecer hasta hacerse insostenible. Y sin spoilear, va a terminar todo bastante para el orto, con estallidos de violencia cuyas consecuencias se pagan a larguísimo plazo. Por ahí el dibujo gracioso y caricaturesco de Bagge no lo sugiere, pero Other Lives es una historieta dramática, pero dramática en serio. Hay algún que otro diálogo jocoso, pero el clima general de la obra es el que generan las mentiras, las traiciones y los secretos de cuatro neuróticos que ya están demasiado jugados como para aspirar a la felicidad y se conforman con no ser el que peor la pasa. Es una obra enroscada, compleja, madura, con el problema que si a vos lo que te gustaba de Bagge era la onda de Hate, corre el riesgo de no engancharte en lo más mínimo, más allá de lo alucinante del dibujo. Pero está muy bien, se puede recomendar sin miedo a cualquier fan de la historieta para adultos, sea o no fan de Peter Bagge. Nada más, por hoy. Gracias y nos reencontramos pronto con nuevas reseñas en este espacio tan antiguo como inclaudicable.

miércoles, 25 de julio de 2018

TERCER VIAJE DEL MES

Y bueno, ahora estoy en la cuenta regresiva rumbo a un tercer evento lejos de Buenos Aires, esta vez el Comarca Fest en Viedma, provincia de Río Negro. Seguramente en el viaje me leeré algún libraco de los gordos, como para tener qué reseñar a la vuelta.
Mientras tanto, sigo avanzando con el pilón de los pendientes y arranco con Apocalypse Nerd, el tomo que recopila la miniserie homónima realizada por Peter Bagge para Dark Horse hace ya más de diez años. La idea es magnífica, el desarrollo es totalmente adictivo, los diálogos son brillantes, el dibujo superó ampliamente mis expectativas y lo único que tengo para criticarle a Bagge es el punto que elige para cerrar la historia.
El final está muy bien, es coherente con todo lo que el autor nos transmite a lo largo de la obra, pero… ¿te parece terminarla en ese momento? Pasa algo tan grosso, tan brutal, presenciamos un giro tan abrupto en el devenir de la trama, que me parece que esa última escena merecía a) un énfasis especial, incluso desde el dibujo (viñetas más grandes, quizás) y b) alguna reflexión, alguna exploración de las consecuencias de lo que sucede, que tendrían que ser muchas y bastante profundas. No obstante todo esto, Apocalypse Nerd no es un chiste cuya efectividad se define en la última jugada, en el remate final. O sea que la casi ausencia de un final, o la sensación chota que me deja Bagge al jugar tres cuadritos antes del final una carta tan zarpada y dejar todo ahí, no alcanza para “bajarle el precio” a la obra.
Como tantas historias post-apocalípticas, Apocalypse Nerd describe con certera mala leche la forma en la que los seres humanos y los vínculos entre ellos se degradan una vez que un hecho de fuerza mayor (en este caso un ataque nuclear de Corea del Norte contra la región Noroeste de los EEUU) rompe el frágil andamiaje de reglas y convenciones sociales que nos permiten vivir en sociedad. Entre peripecias, acción, violencia, chistes y guarangadas varias, lo que le interesa a Bagge es eso: mostrarnos cómo tipos normales y civilizados se vuelven depredadores, bestias amorales capaces de robar y matar sin sentir el menor remordimiento. Y lo que hace que esto funcione tan bien es precisamente lo que a priori parece más desubicado que chupete en el orto: los chistes y las guarangadas, recursos que Bagge maneja a la perfección desde siempre y que hacen que esta historia no sea “una más de post-apocalipsis” sino una historia muy fuerte, preocupantemente posible, que te propone una gama amplísima de emociones y te sorprende cuando y donde menos te lo imaginás.
Salto a España, a 2016, cuando Norma edita en un hermoso tomo de tapa dura Polar: Ojo por Ojo, una historieta de Víctor Santos que había aparecido originalmente serializada en el sitio web de Dark Horse. La versión online se publicó sin textos, y Santos se los agregó para la edición en libro. Esta es la segunda novela gráfica de Santos realizada en esta modalidad, y me acabo de dar cuenta de que son tres y no tengo ni la primera ni la tercera (me quiero matar… y por supuesto acepto donaciones).
Lo más interesante es cómo Santos se anima a convertir en secundario a Black Kaiser, el personaje que nos presentó en aquella novela reseñada acá el 10/02/12 y que protagoniza también el primer libro de Polar (¿ya dije que acepto donaciones?). El durísimo operario del recontra-espionaje esta vez funge como mentor de una chica que buscará vengarse de unos cuantos hijos de puta, que le cagaron la vida y un ojo de la cara (de ahí el título del libro). La novela va saltando entre el entrenamiento de Christy bajo la tutela de Black Kaiser, flashbacks a los traumáticos sucesos previos a que el sicario la encontrara casi sin vida, y su violenta venganza contra la familia Caronte.
Como todas las historias pensadas para ser entendidas sin texto, Ojo por Ojo recurre a una narrativa bastante descomprimida. O sea que hay un desfasaje notable entre la cantidad de sucesos que relata Santos y la cantidad de páginas en las que los desarrolla. Es una obra (lógicamente) muy jugada a lo visual, en la que el prócer valenciano despliega una vez más todo su arsenal de recursos gráficos para sacudirnos, shockearnos y a la vez meternos cada vez más en este relato trágico y sangriento. Todo esto está planteado en un claroscuro bestial, donde la mancha negra y el espacio blanco comparten protagonismo con una línea muy finita, muy elegante, y las ocasionales irrupciones de un rojo furibundo… con lo cual es casi inevitable la referencia a Sin City. Pero por suerte Santos no se queda en el plagio ni en el homenaje a Frank Miller, sino que se atreve a cantarle “quiero retruco”, a meterle otras cosas. Cosas de su propia cosecha y cosas heredadas de Paul Grist, de José Muñoz, de Mike Mignola, de Guido Crépax, de Jim Steranko (esto se ve mucho en la historia cortita a color, ambientada en la Guerra Fría, donde Nick Fury estaría en su salsa)… Todos maestros del relato secuencial a los que el blanco y negro les sienta escalofriantemente bien.
Con un argumento muy chiquito (y muy parecido al de Kill Bill), un monstruo como Santos te puede contar una historia atrapante, tremenda, desmesurada, de altísimo impacto, de inconmensurable fuerza narrativa y de indescriptible belleza visual. Necesito ya los dos tomos que me faltan (¿y les dije que acepto donaciones?).
Gracias a todos los que se acercaron a saludar a mi mesa en Villa Viñetas y nos vemos este finde en Viedma.

viernes, 5 de julio de 2013

05/ 07: RESET

Casi 1250 reseñas en el blog y esta es la primera que lleva la etiqueta de uno de los ídolos máximos de todos los tiempos: el glorioso Peter Bagge. Es que tuve mala suerte: DC anunció la edición en tapa blanda de Other Lives (la novela gráfica que hizo hace unos años para Vertigo) y finalmente no la sacó. Y jamás la encontré barata en tapa dura. Menos mal que cuando Dark Horse anunció Reset en tapa dura no me hice la estrecha. Si no, habría pasado un año más (como mínimo) sin leer obras nuevas de esta bestia que tan feliz nos hizo en los ´90 con su Hate.
Reset es una obra de bajísimas pretensiones. 88 páginas, una historia lineal, fácil de seguir, enrolada en un género indefinido, con bastante comedia costumbrista, algo de espionaje, un elemento medio de ciencia-ficción, varios chistes muy cómicos y un garche que sucede fuera de cámara. Es obvio que Bagge quiere que te rías varias veces a lo largo de la novela, pero no sé si es una obra humorística. Por ahí no.
El argumento arranca sencillo: Guy Krause es un cómico de stand-up y actor venido a menos, al que toda la industria del entretenimiento le da la espalda por cagadas grossas que se mandó y proyectos que fracasaron. Divorciado y sin un mango, acepta una propuesta para ser sometido a un experimento científico, una especie de terapia psicológica mezclada con realidad virtual, que le permitirá revivir su vida y –aunque sea en su mente- cambiarle el curso para corregir sus errores. Krause es cínico, incrédulo, mal llevado, y por supuesto esto del casquito y la realidad virtual no le causará la menor gracia. Entre una cosa y otra, tardará 30 páginas en entregarse realmente al experimento, cuando le cae la ficha de que no tiene mejores opciones.
Y ahí la historia no va hacia atrás, sino hacia los costados, porque Krause cambia muchas cosas. Interrumpe sus recuerdos, “resetea” su vida y vuelve a arrancar, con volantazos que lo llevan a ser –por lo menos en la realidad virtual- un tipo grosso y exitoso. Y en la página 50, es Bagge el que pega el volantazo: de pronto reaparece en la vida de Guy una minita a la que que le tenía ganas en la secundaria y su presente empieza a cobrar otra dirección. También para este momento, empiezan a verse las manos negras, los verdaderos titiriteros de esta farsa. ¿Quiénes inventaron esta terapia? ¿Con qué fines? ¿Por qué eligieron a Krause como conejito de indias? Sin llegar al thriller y sin descuidar la comedia, Bagge explora esta runfla sombría a través de Angie y Ted, los personajes secundarios con más peso en la trama. Y en las últimas cinco páginas, todo cierra de modo lógico, aunque para nada predecible.
No hay moraleja, no hay bajada de línea socio-política, no hay un intento por retratar a una generación, no hay nada. Apenas una aventura lo-fi que transcurre en buena medida en la mente de este personaje complejo, enroscado, al que Bagge no trata ni por un segundo de presentarnos como “el bueno”. Seguramente ahí está el principal acierto del ídolo: en la construcción (y deconstrucción) de Guy Krause, un prócer de la mala leche.
En el dibujo, sin embargo, Bagge parece haber bajado un cambio respecto del expresionismo visceral de sus obras más conocidas. Por supuesto, mantiene su fuerte impronta autoral, los rasgos característicos de su trazo y su impresionante fluidez narrativa. Pero se zarpa un poco menos, se va menos a la mierda en esas secuencias extremas, en las que Buddy Bradley y sus amigos prácticamente estallaban de bronca, mientras que el elenco de Reset las atraviesa de modo más tranqui, más convencional. Incluso un cambio más abajo, Bagge mantiene intacto su dominio de las expresiones faciales y el lenguaje corporal, así como su inigualable timing para la comedia. El regreso al blanco y negro (con grises, aplicados por su esposa Joanne) me dejó con gusto a poco: extrañé mucho esas magníficas páginas a color (casi siempre obra de Eric Reynolds) y ni siquiera me reencontré con el Bagge clásico, el de los ´80 y principios de los ´90, ese que se jugaba la vida en el claroscuro y se limpiaba el orto con el color, porque lo suyo era el under y el under era en blanco y negro. Esto no es ni una cosa ni la otra, y si bien no está mal, me parece que por la onda de la historia, el color habría sumado muchísimo. Ojalá Dark Horse le ponga más presupuesto a los próximos proyectos de Bagge.
Y ojalá HAYA próximos proyectos de Bagge, porque hace ya varios años que el ídolo produce historietas de modo muy irregular y baja siempre una línea de desencanto, de pesimismo frente al mercado, como si estuviera a punto de bajar la persiana. El comic yanki necesita de muchos tipos con el talento de Bagge, así que ojalá esa despedida nunca sea definitiva.