Este libro me lo compré de cebado, porque quedé re-manija con Sakuran, el manga de Moyoco Anno que reseñé el 10/03/13. Pero Insufficient Direction no tiene nada que ver con Sakuran: ni la temática ni la estética se parecen. Esta es una obra autobiográfica, en la que la autora cuenta en clave de joda cómo es su vida cotidiana junto a su marido, Hideaki Anno, consagrado director de animé, famoso sobre todo por haber creado el hiper-hitazo Neon Genesis Evangelion. ¿Una comedia satírica autobiográfica, dibujada en un estilo más cercano al humor gráfico, con línea chunga y escasísimos fondos? ¿Qué carajo es esto?
Esto es una cátedra de Moyoco Anno, ni más ni menos. Olvidate del dibujo. Es un rubro en el que Moyoco deslumbra en muy contadas ocasiones, cuando deforma la realidad para mostrarnos las cosas tal como ella o su marido las imaginan, en contraste con lo que realmente sucede. En la hojeada general del ibro, el dibujo es cualquiera. No sólo no suma sino que -si venís esperando la línea compleja y sofisticada que vimos en Sakuran- capaz que incluso resta. Casi siempre te vas a topar con un dibujo feo, apurado, al borde del grotesco, pero totalmente funcional a lo que la autora quiere contar.
¿Y qué quiere contar? El Lado B de su marido, considerado por millones como un genio creativo. Acá, Hideaki Anno (apodado Director Kun) aparece retratado como un nabo atómico, un otaku mal cebado que no puede parar de comprar muñecos, mangas y DVDs de animé, que se la pasa citando diálogos enteros de sus series favoritas, que se sabe de memoria las letras de los openings de miles de animés, que colecciona hasta cinturones y brazaletes usados por actores de quinta en los tokusatsus más desgarradores de todos los tiempos, y que encima se baña poco y rara vez pone a lavar su ropa interior. Imaginate cómo debe ser convivir todos los días de tu vida con un energúmeno de esa categoría. Bueno, eso es lo que cuenta su esposa en este manga.
Por supuesto, las anécdotas que repasa Moyoco en cada uno de estos episodios de 6 páginas están barnizadas para que sean más graciosas. Algunos chistes los agregó el propio Hideaki, que se cagó de risa con la forma en que su mujer sacó los trapitos al sol y que -en un texto que complementa al manga- se hace cargo de ser un otaku hecho mierda para el cual la vida no tiene sentido sin una sobredosis permanente de manga, animé y tokusatsu. Lo más logrado lo encontré en esas secuencias en las que Moyoco no sabe cómo reaccionar ante las excentricidades de su marido: no sabe si resignarse, si convertirse ella también en una otaku cuasi-descerebrada, o si combatirlo, marcarle la cancha y tratar de encauzarlo para que se parezca un toque más a un tipo normal de más de 40 años. La mina por momentos engrana y lo quiere matar, pero después se acuerda que ella también es autora de manga, y que ama al manga, y entonces medio que lo entiende y le perdona que sea tan freak. Esa lucha interna de Moyoco está brillantemente plasmada.
Los diálogos son un delirio, repletos de referencias a todo este mundo en el que Hideaki está inmerso y en el que de a poco va sumergiendo a su esposa. Yo con algunos de mis amigos meto referencias comiqueras en cualquier lado, ellos me contestan con hechizos del Dr. Strange o con términos acuñados por Jodorowsky en La Casta de los Metabarones, y nos cagamos de risa. Pero es un rato, de vez en cuando. Estos dos enfermitos están así todo el santo día, en cualquier situación. Por suerte Moyoco no muestra a la pareja compartiendo escenas de sexo, pero uno supone que el limado de Hideaki debe hacer las poses y gritar las frases de Ultraman incluso mientras garcha.
Y al final, un postre maravilloso. La edición yanki de Vertical trae 30 páginas en las que Yasuhiro Kamimura y Ed Chavez diseccionan la obra viñeta por viñeta para brindarnos bocha de data acerca de TODOS los autores, series y personajes, ya sea de manga, animé o tokusatsu, de colecciones de coñemus, de parques de diversiones… de TODO lo que mencionan los dos Anno en el manga. Ahí hay tanta información que este libro no lo puedo clavar en un estante de la biblioteca. Lo tengo que tener siempre acá, en el escritorio, a mano, listo para consultarlo cada vez que me toque escribir sobre manga, animé o boludeces afines. Posta, vale la pena comprarse el libro sólo por los textos, aunque no te cebe la historieta.
Si sos de los muchos que compraron la imagen de Hideaki Anno como maestro de la imaginación, capo del animé y de la vida, acá vas a ver cómo desde el cariño y el amor, su esposa nos lo muestra de un modo totalmente distinto, en un manga atípico porque es 100% en joda y son pocos los mangas cómicos que se publican en Occidente. Y ya está. No más manga hasta el 2015, a ver si termino tan arruinado como “Director Kun”.
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miércoles, 10 de diciembre de 2014
domingo, 10 de marzo de 2013
10/ 03: SAKURAN
Además de esposa del gran Hideaki Anno (el capo del Estudio Gainax, a quien se le atribuye la creación de Evangelion), Moyoco Anno es una prestigiosa mangaka, con poca obra, pero muy cuidada. Sakuran, de 2003, es su trabajo más reciententemente editado en Occidente y además un gekiga muy logrado en varios aspectos.
La trama es atractiva: Sakuran nos invita a seguir la carrera de Kiyoha, una nena de ocho o nueve años que es vendida a un burdel y que ascenderá en esa perversa estructura hasta convertirse en la prostituta más cotizada de Yoshiwara. Por su carácter díscolo y rebelde, Kiyoha confrontará una y mil veces con sus superiores, con sus compañeras y hasta con sus clientes, lo cual le traerá un sinfín de problemas. Para complicarla más, a los 17 años, cuando lleva poco tiempo ejerciendo la prostitución, se enamora perdidamente de un muchacho y se decide a escapar del burdel para quedarse con él. Sobre esta base, Moyoco Anno construirá una historia dramática, con conflictos fuertes, momentos muy, muy heavies (sobre todo cuando vemos los castigos que le imponen a Kiyoha cada vez que fracasan sus intentos de sublevación) y un ritmo medio errático, que fluctúa entre trámites pachorros y protocolares y aceleradas grossas, en las que de pronto pasan muchas cosas en muy pocas páginas.
De todos modos, el desarrollo argumental signado por las desventuras de Kiyoha no es lo que más me llamó la atención. Me parece que los hallazgos más grossos de Moyoco van por otro lado: Primero, la reconstrucción histórica. La historia no está ambientada en el presente, sino en el período Edo (“estás en Edo”, le dijeron al choborra, y respondió “obvio, elotudo!”), cuando los burdeles de Yoshiwara (la “zona roja” de la ciudad que hoy es Tokyo) eran frecuentados por señores feudales y samurais. El guión saca un enorme provecho de esta ambientación, y además la explica a full. La autora se mató investigando cómo funcionaba la prostitución VIP en esa época y nos transmite toda esa información sin aburrir para nada. Además de enriquecer el contexto de la historia, la ambientación le permite a Moyoco lucirse a la hora de dibujar edificios, kimonos, cortinados, alfombras y peinados de esa época, todos detalles cuidadísimos, que se disfrutan a lo largo de todo el tomo y levantan un vuelo alucinante en las páginas a color, felizmente conservadas por Vertical para esta edición.
El otro hallazgo increíble de Sakuran, lo que a mí más me impactó, es la construcción del personaje protagónico. En poquitas páginas y mucho antes de que Moyoco nos revele cómo cayó en el burdel, ya compramos a Kiyoha, ya nos convenció de que es un personaje único, impredecible, distinto a cualquier otro que hayamos leído en cualquier otra historieta, del país que sea. Hermosa, conflictiva, llena de rabia y dolor, capaz de enamorarse de un imposible, de resistir castigos durísimos, de brindar infinito placer a sus clientes e infinitos dolores de cabeza a las autoridades del burdel donde (a pesar suyo) trabaja. Kiyoha es tan tridimensional que uno sufre con ella, se enoja con ella, se enamora con ella, se rebela con ella. Creo que hasta aprendí a chupar pija con ella, aunque no tengo intenciones de comprobarlo en la práctica. Posta, el trabajo y el cariño que le pone Moyoco Anno a este personaje es formidable, a tal punto que te hace dudar de que se resigne a terminar su historia en la página 300.
Sakuran es un manga distinto, que te mete en un mundo glamoroso y perverso del cual yo desconocía todo, que nos seduce desde el carisma apabullante de un personaje increíble al que vemos evolucionar página a página, que no le juega todas las fichas al erotismo (se habla mucho de coger y se coge bastante, pero se ve poca carne) y que encima está muy, muy bien dibujado. La narrativa es un poquito retorcida, alguna vez te puede llegar a confundir (entre otras cosas porque a las prostitutas las producen para que se vean prácticamente idénticas), pero no tiene tropiezos mayúsculos. Si te gusta el gekiga y querés descubrir a una autora que lo domina con jerarquía, osadía y sofisticación, date una vuelta por los burdeles de Yoshiwara y enamorate vos también de Sakuran.
La trama es atractiva: Sakuran nos invita a seguir la carrera de Kiyoha, una nena de ocho o nueve años que es vendida a un burdel y que ascenderá en esa perversa estructura hasta convertirse en la prostituta más cotizada de Yoshiwara. Por su carácter díscolo y rebelde, Kiyoha confrontará una y mil veces con sus superiores, con sus compañeras y hasta con sus clientes, lo cual le traerá un sinfín de problemas. Para complicarla más, a los 17 años, cuando lleva poco tiempo ejerciendo la prostitución, se enamora perdidamente de un muchacho y se decide a escapar del burdel para quedarse con él. Sobre esta base, Moyoco Anno construirá una historia dramática, con conflictos fuertes, momentos muy, muy heavies (sobre todo cuando vemos los castigos que le imponen a Kiyoha cada vez que fracasan sus intentos de sublevación) y un ritmo medio errático, que fluctúa entre trámites pachorros y protocolares y aceleradas grossas, en las que de pronto pasan muchas cosas en muy pocas páginas.
De todos modos, el desarrollo argumental signado por las desventuras de Kiyoha no es lo que más me llamó la atención. Me parece que los hallazgos más grossos de Moyoco van por otro lado: Primero, la reconstrucción histórica. La historia no está ambientada en el presente, sino en el período Edo (“estás en Edo”, le dijeron al choborra, y respondió “obvio, elotudo!”), cuando los burdeles de Yoshiwara (la “zona roja” de la ciudad que hoy es Tokyo) eran frecuentados por señores feudales y samurais. El guión saca un enorme provecho de esta ambientación, y además la explica a full. La autora se mató investigando cómo funcionaba la prostitución VIP en esa época y nos transmite toda esa información sin aburrir para nada. Además de enriquecer el contexto de la historia, la ambientación le permite a Moyoco lucirse a la hora de dibujar edificios, kimonos, cortinados, alfombras y peinados de esa época, todos detalles cuidadísimos, que se disfrutan a lo largo de todo el tomo y levantan un vuelo alucinante en las páginas a color, felizmente conservadas por Vertical para esta edición.
El otro hallazgo increíble de Sakuran, lo que a mí más me impactó, es la construcción del personaje protagónico. En poquitas páginas y mucho antes de que Moyoco nos revele cómo cayó en el burdel, ya compramos a Kiyoha, ya nos convenció de que es un personaje único, impredecible, distinto a cualquier otro que hayamos leído en cualquier otra historieta, del país que sea. Hermosa, conflictiva, llena de rabia y dolor, capaz de enamorarse de un imposible, de resistir castigos durísimos, de brindar infinito placer a sus clientes e infinitos dolores de cabeza a las autoridades del burdel donde (a pesar suyo) trabaja. Kiyoha es tan tridimensional que uno sufre con ella, se enoja con ella, se enamora con ella, se rebela con ella. Creo que hasta aprendí a chupar pija con ella, aunque no tengo intenciones de comprobarlo en la práctica. Posta, el trabajo y el cariño que le pone Moyoco Anno a este personaje es formidable, a tal punto que te hace dudar de que se resigne a terminar su historia en la página 300.
Sakuran es un manga distinto, que te mete en un mundo glamoroso y perverso del cual yo desconocía todo, que nos seduce desde el carisma apabullante de un personaje increíble al que vemos evolucionar página a página, que no le juega todas las fichas al erotismo (se habla mucho de coger y se coge bastante, pero se ve poca carne) y que encima está muy, muy bien dibujado. La narrativa es un poquito retorcida, alguna vez te puede llegar a confundir (entre otras cosas porque a las prostitutas las producen para que se vean prácticamente idénticas), pero no tiene tropiezos mayúsculos. Si te gusta el gekiga y querés descubrir a una autora que lo domina con jerarquía, osadía y sofisticación, date una vuelta por los burdeles de Yoshiwara y enamorate vos también de Sakuran.
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