Sigo en esta temporada compilcada, en la que los tiempos libres me son esquivos y bueno… la están pagando el blog y el canal de YouTube, donde estoy subiendo menos contenidos de los que me gustaría.
Arranco las reseñas de hoy con un repaso por el Vol.12 de Términus, el que marcó la despedida de la notable antología publicada en Rosario desde 2012. Me sorprendió gratamente Tomás Wortley, un guionista del que no recuerdo haber leído otros trabajos, que aporta una historia atípica e inquietante, muy bien dibujada por Renzo Podestá en un estilo muy atractivo. Tampoco recuerdo haber leído otras obras de Vicente Navarro y Pedro Villarejo, los autores españoles a cargo de otra historia extraña y un toque perturbadora, muy beneficiada por el uso de una narrativa bien tradicional, bien clarita.
Hablando de narrativa, impresionante lo que propone Fernando Baldó en sus seis páginas. La de Gastón Flores y Sergio Tarquini no es una idea super-original, pero está bien llevada. Gonzalo Duarte también juega a psicopatear al lector con otra historia bastante al límite, basada en la tensión, dibujada por un Tomás Aira muy correcto, aunque no tan potente como en los trabajos que hace para EEUU. Y si de perturbar al lector se trata, el que se lleva la medalla dorada es Nicolás Brondo, con cuatro páginas sin texto devastadoras.
Ya casi sobre el final, Iñaki Aragón forma equipo con Rodrigo Luján para una historia fuerte, conmovedora y a la vez sutil, dibujada como los dioses. Y cierra Bruno Chiroleu, el emblema de la Términus, con una de terror más clásica, muy redondita, con un dibujo exquisito y una cantidad de texto un poquito zarpada. Gran final para esta publicación que se ganó a fuerza de laburo, seriedad y calidad un lugar en la historia de la historieta argentina.
Me voy a Francia a 2015, cuando sale Astérix: El Papiro del César, el segundo álbum a cargo de la dupla integrada por Jean-Yves Ferri (que en unos días va a estar acá, en Comicópolis) y Didier Conrad. El primero tuvo críticas tan tibias que lo leí online y no lo reseñé. Este me lo compré (en oferta) y la verdad es que me gustó bastante.
El argumento gira en torno al manejo de la información. Cómo circula, quién la controla, qué pasa cuando al poderoso no le conviene que cierta información cobre estado público. Ferri habla (sin nombrarlas) de las redes sociales, de la internet, del rol del periodismo y sobre todo del famoso caso de los WikiLeaks. De hecho, un personaje central en la trama (Doblepolémix) tiene los rasgos de Julian Assange. Hay una vasta tradición de álbumes franco-belgas supuestamente apuntados al público infanto-juvenil pero con la astucia como para tocar temas contemporáneos y jodidos (tradición que comparte también Groo the Wanderer, en otro continente) y con El Papiro del César, Ferri demostró que puede hacerle honor a esa tradición. Sumale una buena dosis de acción, varios chistes muy graciosos (hay un romano llamado Antivirus al que lo mandan a “instalarse” en un puesto de vigilancia, por nombrar uno sólo) y hasta algunas pinceladas de desarrollo de personajes que realzan los roles de Abraracurcix y Karabella. Así llegamos a un resultado más que satisfactorio, muy por encima de los álbumes que tuvimos que padecer durante la época “solista” de Albert Uderzo.
Conrad, por su parte, es un imitador correcto de quien fuera su maestro. Nunca lo va a igualar, nunca va a pasar de ser una copia aceptable, nunca va a tener esa magia del mejor Uderzo, ni la originalidad de proponer un estilo propio. Y la verdad es que yo iría por ese lado: a despegarme de Uderzo y a dejar que aparezca el Conrad más puro, más genuino… que quizás sea esto que vemos acá, andá a saber… Que no es choto, pero es derivativo, es un esfuerzo demasiado denodado por engañar al lector, por que nadie note que el que dibuja ya no es Uderzo. Dejémonos de joder: si hace 40 años que vienen reemplazando a René Goscinny, no veo cuál es el problema en que se note que también Uderzo pidió el cambio y habilitó el ingreso de un suplente…
Para Octubre se viene el tercer álbum de esta nueva etapa de Astérix, y la verdad es que El Papiro del César nos permite darle crédito a Ferri y Conrad para que sigan adelante con esta versión que nunca va a ser la definitiva, pero que es más que respetuosa del inmenso legado de Albert y René.
Este finde, mi gira interminable me lleva a la Pergamino ComiCon, así que los que anden por esa zona, están más que invitados a acercarse a saludar. Y como siempre, ni bien tenga un par de libros leídos, trato de hacerme un ratito para postear nuevas reseñas.
Mostrando entradas con la etiqueta Términus. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Términus. Mostrar todas las entradas
martes, 22 de agosto de 2017
lunes, 26 de diciembre de 2016
TRES CASI A FIN DE AÑO
Vamos ya con una de las últimas tanditas de reseñas de este año.
Ahora sí, me toca leer un comic que conseguí en Uruguay y que está escrito y dibujado por autores del país hermano. Rincón de la Bolsa impacta primero por los dibujos: es el primer trabajo importante de Gabriel Serra, un artista que retoma esa línea plástica, fuerte, bien expresiva con la que descolló Matías Bergara, y la adapta con jerarquía a un estilo más pendiente del realismo fotográfico. A veces la foto-dependencia se nota un poco mucho, pero Serra está lejos de sumarse a la horda de los Juan Carlos Flicker que no saben dibujar un fondo, un auto o un teléfono. Da gusto encontrarse con pibes jóvenes con esta calidad y con tanta proyección.
¿Te acordás de La Leona, la serie de Telefé con Nancy Dupláa y Pablo Echarri? Bueno, el guión de Rincón de la Bolsa tiene muchísimos puntos en común con el de La Leona, hasta el detalle de que todo gira en torno a una fábrica textil. La diferencia es que este guión es EXCELENTE. Evidentemente mi amigo Nicolás Peruzzo alcanzó la madurez como guionista y se puede dar el lujo de urdir una trama como esta, que todo el tiempo se siente real, que te atrapa sin golpes de impacto berretas, decorada con diálogos magníficos en los que los personajes reflexionan, tiran conceptos grossos, se enseñan, se aconsejan, o tejen lealtades, amistades y romances ante los ojos del lector. Y sí, varios de esos personajes están puestos en función de que la historia dure 50 páginas y no 24, pero están tan bien trabajados que no hacen más que darle sustancia y espesor al conflicto principal, que –finalmente nos revela Peruzzo- es el que se desarrolla en el foro interno de Jaime Moleda, el protagonista excluyente de la obra. Al final le falta esa pizca mínima de riesgo, como para explicitar mejor el curso de acción que decide tomar Moleda, pero está perfectamente a tono con el ritmo y los climas que generó Peruzzo a lo largo de toda la novela. Si existe la justicia, Rincón de la Bolsa tendría que ser recordada como la mejor historieta uruguaya de 2016, como mínimo.
Pero la justicia no existe, eso está clarísimo. De otro modo, The Victories no habría pasado sin pena ni gloria y TODOS estaríamos las 24 horas hablando de cómo el maestro Michael Avon Oeming le encontró una vuelta brillante al ya gastado tema de los “superhéroes para adultos”. Ya comenté los dos primeros tomos (ver reseñas del 03/10/14 y 19/12/14) y esta vez tengo para agregar que en este Vol.3 es donde Avon Oeming deja de centrarse tanto en lo que pasa y se decide a indagar más en por qué pasa lo que pasa. Por supuesto que hay machaca, gore y muchísima acción, pero es el tomo en el que los personajes (uno más grosso que el otro) hacen esa pausa como para reflexionar y empiezan a ver la trama detrás de la trama.
Superhéroes, monstruos, alienígenas, una conspiración macabra de siglos y siglos que involucra a la elite más oligárquica y soreta de la historia, un mundo violento y crepuscular donde hasta los héroes meten miedo… Todo vale en The Victories, un comic que gana en complejidad y en potencia página a página. Mucho que ver con esto tienen el dibujo y la narrativa, en las que Avon Oeming pone el alma misma. El colorista Nick Filardi lo apuntala con gran criterio, pero es el trabajo del co-creador de Powers el que pone a este comic tan arriba, tan lejos de la masa de comics de superhéroes que buscaron captar a los lectores más creciditos. El tomo incluye además cinco historias cortitas con dibujantes invitados, entre los que se destacan Mike Hawthorne y un fetiche de este blog, el prócer español Víctor Santos. Me queda pendiente el Vol.4, al que prometo entrarle pronto. Lo conseguí junto con el Vol.3 a dos mangos, porque evidentemente el público es pelotudo y no le dio a The Victories la bola ni el apoyo que se merecía. Desde acá, el aguante tardío y el agradecimiento eterno a Michael Avon Oeming por esta cátedra descomunal de historieta.
Y meto una más, cortita. La del Vol.11 de Términus, la antología made in Rosario. Esta entrega arranca muy arriba, con una gran historia muda de Bruno Chiroleu, probablemente la mejor dibujaad de todas la que publicó en Términus. Le siguen otros dos excelentes unitarios: uno de Luis Roldán Torquemada y Diego Simone y otro de Iñaki Aragón y Fernando Baldó, los dos con temática de zombies. Juan Frigeri la rompe toda con sus dibujos en La Pira, con un guión de Fede Sartori que por ahí se podía resumir en un par de páginas menos. Nico Brondo, demoledor en sus cuatro paginitas sin texto. Y para el cierre, una dupla muy sólida como es la de Rodolfo Santullo y Damián Couceiro, con ocho páginas de una serie que me encantaría ver convertida en una novela gráfica larga. O mejor que larga: infinita. El resto, correcto, aunque sin descollar. Me queda un sólo número de Términus sin leer, ya que el Vol.12 es el último.
Gracias por el aguante y retomamos pronto.
Ahora sí, me toca leer un comic que conseguí en Uruguay y que está escrito y dibujado por autores del país hermano. Rincón de la Bolsa impacta primero por los dibujos: es el primer trabajo importante de Gabriel Serra, un artista que retoma esa línea plástica, fuerte, bien expresiva con la que descolló Matías Bergara, y la adapta con jerarquía a un estilo más pendiente del realismo fotográfico. A veces la foto-dependencia se nota un poco mucho, pero Serra está lejos de sumarse a la horda de los Juan Carlos Flicker que no saben dibujar un fondo, un auto o un teléfono. Da gusto encontrarse con pibes jóvenes con esta calidad y con tanta proyección.
¿Te acordás de La Leona, la serie de Telefé con Nancy Dupláa y Pablo Echarri? Bueno, el guión de Rincón de la Bolsa tiene muchísimos puntos en común con el de La Leona, hasta el detalle de que todo gira en torno a una fábrica textil. La diferencia es que este guión es EXCELENTE. Evidentemente mi amigo Nicolás Peruzzo alcanzó la madurez como guionista y se puede dar el lujo de urdir una trama como esta, que todo el tiempo se siente real, que te atrapa sin golpes de impacto berretas, decorada con diálogos magníficos en los que los personajes reflexionan, tiran conceptos grossos, se enseñan, se aconsejan, o tejen lealtades, amistades y romances ante los ojos del lector. Y sí, varios de esos personajes están puestos en función de que la historia dure 50 páginas y no 24, pero están tan bien trabajados que no hacen más que darle sustancia y espesor al conflicto principal, que –finalmente nos revela Peruzzo- es el que se desarrolla en el foro interno de Jaime Moleda, el protagonista excluyente de la obra. Al final le falta esa pizca mínima de riesgo, como para explicitar mejor el curso de acción que decide tomar Moleda, pero está perfectamente a tono con el ritmo y los climas que generó Peruzzo a lo largo de toda la novela. Si existe la justicia, Rincón de la Bolsa tendría que ser recordada como la mejor historieta uruguaya de 2016, como mínimo.
Pero la justicia no existe, eso está clarísimo. De otro modo, The Victories no habría pasado sin pena ni gloria y TODOS estaríamos las 24 horas hablando de cómo el maestro Michael Avon Oeming le encontró una vuelta brillante al ya gastado tema de los “superhéroes para adultos”. Ya comenté los dos primeros tomos (ver reseñas del 03/10/14 y 19/12/14) y esta vez tengo para agregar que en este Vol.3 es donde Avon Oeming deja de centrarse tanto en lo que pasa y se decide a indagar más en por qué pasa lo que pasa. Por supuesto que hay machaca, gore y muchísima acción, pero es el tomo en el que los personajes (uno más grosso que el otro) hacen esa pausa como para reflexionar y empiezan a ver la trama detrás de la trama.
Superhéroes, monstruos, alienígenas, una conspiración macabra de siglos y siglos que involucra a la elite más oligárquica y soreta de la historia, un mundo violento y crepuscular donde hasta los héroes meten miedo… Todo vale en The Victories, un comic que gana en complejidad y en potencia página a página. Mucho que ver con esto tienen el dibujo y la narrativa, en las que Avon Oeming pone el alma misma. El colorista Nick Filardi lo apuntala con gran criterio, pero es el trabajo del co-creador de Powers el que pone a este comic tan arriba, tan lejos de la masa de comics de superhéroes que buscaron captar a los lectores más creciditos. El tomo incluye además cinco historias cortitas con dibujantes invitados, entre los que se destacan Mike Hawthorne y un fetiche de este blog, el prócer español Víctor Santos. Me queda pendiente el Vol.4, al que prometo entrarle pronto. Lo conseguí junto con el Vol.3 a dos mangos, porque evidentemente el público es pelotudo y no le dio a The Victories la bola ni el apoyo que se merecía. Desde acá, el aguante tardío y el agradecimiento eterno a Michael Avon Oeming por esta cátedra descomunal de historieta.
Y meto una más, cortita. La del Vol.11 de Términus, la antología made in Rosario. Esta entrega arranca muy arriba, con una gran historia muda de Bruno Chiroleu, probablemente la mejor dibujaad de todas la que publicó en Términus. Le siguen otros dos excelentes unitarios: uno de Luis Roldán Torquemada y Diego Simone y otro de Iñaki Aragón y Fernando Baldó, los dos con temática de zombies. Juan Frigeri la rompe toda con sus dibujos en La Pira, con un guión de Fede Sartori que por ahí se podía resumir en un par de páginas menos. Nico Brondo, demoledor en sus cuatro paginitas sin texto. Y para el cierre, una dupla muy sólida como es la de Rodolfo Santullo y Damián Couceiro, con ocho páginas de una serie que me encantaría ver convertida en una novela gráfica larga. O mejor que larga: infinita. El resto, correcto, aunque sin descollar. Me queda un sólo número de Términus sin leer, ya que el Vol.12 es el último.
Gracias por el aguante y retomamos pronto.
Etiquetas:
Gabriel Serra,
Michael Avon Oeming,
Nicolás Peruzzo,
Términus,
The Victories
viernes, 17 de julio de 2015
17/ 07: TERMINUS Vol.8
Bueno, me puse al día con Términus. El número que tengo para reseñar hoy es también el último que salió. Siempre que reseñaba un número, tenía el siguiente ahí, en la pila de los pendientes, y esta vez o yo voy muy rápido o el bache entre esta entrega y la siguiente se hizo muy prolongado. Lo cierto es que creo estar ante el mejor número de esta antología. Son sólo siete historietas y vamos a repasarlas una por una.
Un abonado a la Términus es Rip Van Hellsing, el personaje creado por Enrique Barreiro, Hernán Ferrúa y Alejandro Santana. Esta vez es una historieta con bastante texto (lejos del mutismo casi absoluto al que nos tenían acostumbrados), pero también con mucha acción, una trama atractiva y secuencias muy bien armadas.
Fernando Baldó se manda con una de superhéroes, pero muy anclados en la realidad, casi al filo del slice of life, con un dibujo impactante y muy buenos diálogos. Me da la sensación de que esos personajes están pensados para volver y seguir desarrollándose en futuras historias.
Otro habitué de esta antología, el gran Pato Delpeche, forma equipo con el guionista Edgar Roggenbau para una breve historia “con truquito” que además funciona muy bien como experimento narrativo. Diego Simone, una de las luminarias de la Liga del Mal, colabora con un guionista español en una historia jodida, perturbadora, con un subtexto devastador, y dibujada a un gran nivel, con un trabajo de grises asombroso.
Sebastián Cabrol aporta una historieta de 9 páginas (larguísima para los standards de la Términus) en la que adapta un cuento de Ambrose Bierce. En algún momento del relato, dejó de ponerme nervioso y me empezó a aburrir, pero por suerte el dibujo es realmente exquisito, con mucha atención por los climas y muchos logros en la integración de la referencia fotográfica.
Bruno Chiroleu reincide con Blas, esta historieta presentada a modo de serie de episodios unitarios que casi siempre giran en torno a dilemas morales, resueltos sin violencia. Para esto, Chiroleu afina mucho la puntería con los diálogos y logra escenas muy atractivas, y otras… un poco crípticas. Cuando finalice la serie, me gustaría leerla toda de un tirón para meterme más a fondo en su dinámica. El dibujo, impecable, como siempre.
Y me guardé para el final la papa más fina, sin dudas una de las dos o tres mejores historietas que recuerdo haber leído en la Términus. ¿Te acordás cuando el 12/02/14 vimos una antología de historietas de zombies en la que había quedado afuera una de Luciano Saracino y Dante Ginevra, por un problema que tuvo Dante con la fecha de entrega? Bueno, esas 10 páginas están acá y son una JOYA. El guión de Saracino combina sutileza, habilidad técnica y lirismo, sin irse nunca de las convenciones de un género que de sutil y de lírico suele tener poco. Y el dibujo de Ginevra es glorioso, en la línea de sus mejores trabajos en blanco y negro, pero además con una magnífica impronta brecciana, como si se propusiera aggiornar para el Siglo XXI el estilo con el que el genio la rompiera en los ´60 con Mort Cinder. Posta, valió la pena esperar unos meses más para leer esto.
¿Por qué esta Términus es mejor que las otras? Por la experiencia y la solvencia de Ginevra y Saracino (que no son parte del elenco “cuasi-estable” de la antología), porque no hay historietas mudas, porque hay historietas de 9 y 10 páginas (cuando rara vez pasaban de las 7 u 8), porque se nota un nivel muy profesional, de cero improvisación, de cero relleno, de cero amigos medio principiantes a los que se les da un espacio por ser amigos, o por aportar unos pesitos para la imprenta. Por este camino, Términus va a llegar MUY lejos.
Un abonado a la Términus es Rip Van Hellsing, el personaje creado por Enrique Barreiro, Hernán Ferrúa y Alejandro Santana. Esta vez es una historieta con bastante texto (lejos del mutismo casi absoluto al que nos tenían acostumbrados), pero también con mucha acción, una trama atractiva y secuencias muy bien armadas.
Fernando Baldó se manda con una de superhéroes, pero muy anclados en la realidad, casi al filo del slice of life, con un dibujo impactante y muy buenos diálogos. Me da la sensación de que esos personajes están pensados para volver y seguir desarrollándose en futuras historias.
Otro habitué de esta antología, el gran Pato Delpeche, forma equipo con el guionista Edgar Roggenbau para una breve historia “con truquito” que además funciona muy bien como experimento narrativo. Diego Simone, una de las luminarias de la Liga del Mal, colabora con un guionista español en una historia jodida, perturbadora, con un subtexto devastador, y dibujada a un gran nivel, con un trabajo de grises asombroso.
Sebastián Cabrol aporta una historieta de 9 páginas (larguísima para los standards de la Términus) en la que adapta un cuento de Ambrose Bierce. En algún momento del relato, dejó de ponerme nervioso y me empezó a aburrir, pero por suerte el dibujo es realmente exquisito, con mucha atención por los climas y muchos logros en la integración de la referencia fotográfica.
Bruno Chiroleu reincide con Blas, esta historieta presentada a modo de serie de episodios unitarios que casi siempre giran en torno a dilemas morales, resueltos sin violencia. Para esto, Chiroleu afina mucho la puntería con los diálogos y logra escenas muy atractivas, y otras… un poco crípticas. Cuando finalice la serie, me gustaría leerla toda de un tirón para meterme más a fondo en su dinámica. El dibujo, impecable, como siempre.
Y me guardé para el final la papa más fina, sin dudas una de las dos o tres mejores historietas que recuerdo haber leído en la Términus. ¿Te acordás cuando el 12/02/14 vimos una antología de historietas de zombies en la que había quedado afuera una de Luciano Saracino y Dante Ginevra, por un problema que tuvo Dante con la fecha de entrega? Bueno, esas 10 páginas están acá y son una JOYA. El guión de Saracino combina sutileza, habilidad técnica y lirismo, sin irse nunca de las convenciones de un género que de sutil y de lírico suele tener poco. Y el dibujo de Ginevra es glorioso, en la línea de sus mejores trabajos en blanco y negro, pero además con una magnífica impronta brecciana, como si se propusiera aggiornar para el Siglo XXI el estilo con el que el genio la rompiera en los ´60 con Mort Cinder. Posta, valió la pena esperar unos meses más para leer esto.
¿Por qué esta Términus es mejor que las otras? Por la experiencia y la solvencia de Ginevra y Saracino (que no son parte del elenco “cuasi-estable” de la antología), porque no hay historietas mudas, porque hay historietas de 9 y 10 páginas (cuando rara vez pasaban de las 7 u 8), porque se nota un nivel muy profesional, de cero improvisación, de cero relleno, de cero amigos medio principiantes a los que se les da un espacio por ser amigos, o por aportar unos pesitos para la imprenta. Por este camino, Términus va a llegar MUY lejos.
sábado, 2 de mayo de 2015
02/ 05: TERMINUS Vol.7
Nueva entrega de la antología gestada en Rosario y la verdad es que el contenido me convenció bastante menos que la maravillosa portada de Germán Peralta. Veamos…
Lo primero y principal que tengo para señalar es que en una publicación de 64 páginas, de las cuales sólo 51 son de historieta, no da para poner DOS historietas mudas y una que casi no tiene texto. ¿Por qué? Porque hace que la lectura dure muy poco. Si Términus saliera cada dos semanas, esto no sería un problema, pero sale cada tres meses o más. Entonces, si tengo que esperar tres meses para volver a leer Términus, lo menos que puedo pedir es que cada número me dure más de 15 minutos. Una historieta de cuatro páginas sin texto está muy bien, le da aire a la revista y tiene onda. Pero que sobre 51 páginas 18 sean mudas, es un poco mucho. Y ni siquiera son historietas que no tienen guionista, eh?
En cuanto al material que aparece en este número, abrimos con Sacrificio, una historieta que crea un clima muy interesante, que te mantiene expectante, a la espera de un remate potente e ingenioso… que nunca llega. Se queda en la idea (que es muy buena), en el clima, y si garpa es porque tiene unos dibujos realmente excelentes de Juan Manuel Frigeri, un pibe que ya está para jugar en Primera.
La siguiente, por el contrario, juega al remate y le va un poco mejor. Es una historia atrapante, con una buena idea, mucha mala leche y –algo muy raro- diálogos escritos en español de España, que se disfrutarían más en argentino. Esto no es un capricho delirante, sino que obedece a que el guionista (Xavier González) es español. El dibujante es Sergio Martínez, un correcto sucedáneo de Eduardo Risso, Steve Dillon y Darick Robertson.
Como ya es costumbre, tenemos una nueva aventura de Rip Van Hellsing a cargo de Barreiro y Ferrúa, con una intensa machaca contra el monstruo de turno (esta vez una gárgola) narrada casi sin palabras. Dibuja con enorme solvencia Enrique Santana, cada vez más dinámico y más expresivo. Esta es una muy linda serie, a la que le haría muy bien un poquito de introspección, de meterse en la cabeza del protagonista para contarnos por qué hace lo que hace.
Döppelganger es otra de las historietas sin texto, muy bien pensada y ejecutada por Iñaki Aragón y Patricio Delpeche. Son sólo cuatro páginas y esta dupla está siempre en Términus con historias mudas, así que todo bien.
La mejor historia de este Vol.7 toca el mismo tema que Döppelganger, pero abordado desde otra óptica. Gonzalo Duarte logra que su guión parezca un cuento de H.P. Lovecraft, de esos que te van metiendo en lo imposible, en la locura que se apodera cuadro a cuadro del protagonista, que narra su drama en primera persona. El dibujo de Damián Couceiro lo complementa muy bien, sin distraernos nunca de lo realmente importante, que son los bloques de texto.
La siguiente, a cargo de Gastón Flores y Sergio Tarquini, tiene buenas intenciones, pero por algún motivo no me terminó de cerrar. El Botín, de Francisco Zamora y Juan Pablo Vaccaro, tiene unos dibujos infernales, que te vuelan la cabeza. El guión es menor, shockeante al pedo, y la decisión de contarlo sin textos es acertada, si no fuera porque ya hay muchas páginas sin texto en esta misma antología.
Y cierra Bruno Chiroleu con el tercer episodio de su serie Blas, con buenas ideas, buenos dibujos, más páginas sin texto, y esta vez muy condicionado por la decisión de plantear y resolver un conflicto fuerte sin mostrar violencia. A veces un poquito de pochoclo no viene mal y quizás sea eso lo que le falta a Blas para ganar en impacto dramático.
Cada vez que termino de leer un número de Términus digo “lo que falta para que esto sea una antología de la San Puta es Tal Cosa”. Esta vez, creo que lo que falta es un director/coordinador/editor más ortiva, más frío, que filtre un poquito más. Me imagino que debe ser difícil rebortarle material a gente talentosa que aporta lo suyo de onda, pero a veces es sano. Por suerte el nivel de los dibujantes sigue altísimo y seguramente eso es lo que le garantiza a Términus el muy buen nivel de ventas que logra cada vez que sale. Le falta esa vueltita a los guiones, que cuando se da, explota.
Lo primero y principal que tengo para señalar es que en una publicación de 64 páginas, de las cuales sólo 51 son de historieta, no da para poner DOS historietas mudas y una que casi no tiene texto. ¿Por qué? Porque hace que la lectura dure muy poco. Si Términus saliera cada dos semanas, esto no sería un problema, pero sale cada tres meses o más. Entonces, si tengo que esperar tres meses para volver a leer Términus, lo menos que puedo pedir es que cada número me dure más de 15 minutos. Una historieta de cuatro páginas sin texto está muy bien, le da aire a la revista y tiene onda. Pero que sobre 51 páginas 18 sean mudas, es un poco mucho. Y ni siquiera son historietas que no tienen guionista, eh?
En cuanto al material que aparece en este número, abrimos con Sacrificio, una historieta que crea un clima muy interesante, que te mantiene expectante, a la espera de un remate potente e ingenioso… que nunca llega. Se queda en la idea (que es muy buena), en el clima, y si garpa es porque tiene unos dibujos realmente excelentes de Juan Manuel Frigeri, un pibe que ya está para jugar en Primera.
La siguiente, por el contrario, juega al remate y le va un poco mejor. Es una historia atrapante, con una buena idea, mucha mala leche y –algo muy raro- diálogos escritos en español de España, que se disfrutarían más en argentino. Esto no es un capricho delirante, sino que obedece a que el guionista (Xavier González) es español. El dibujante es Sergio Martínez, un correcto sucedáneo de Eduardo Risso, Steve Dillon y Darick Robertson.
Como ya es costumbre, tenemos una nueva aventura de Rip Van Hellsing a cargo de Barreiro y Ferrúa, con una intensa machaca contra el monstruo de turno (esta vez una gárgola) narrada casi sin palabras. Dibuja con enorme solvencia Enrique Santana, cada vez más dinámico y más expresivo. Esta es una muy linda serie, a la que le haría muy bien un poquito de introspección, de meterse en la cabeza del protagonista para contarnos por qué hace lo que hace.
Döppelganger es otra de las historietas sin texto, muy bien pensada y ejecutada por Iñaki Aragón y Patricio Delpeche. Son sólo cuatro páginas y esta dupla está siempre en Términus con historias mudas, así que todo bien.
La mejor historia de este Vol.7 toca el mismo tema que Döppelganger, pero abordado desde otra óptica. Gonzalo Duarte logra que su guión parezca un cuento de H.P. Lovecraft, de esos que te van metiendo en lo imposible, en la locura que se apodera cuadro a cuadro del protagonista, que narra su drama en primera persona. El dibujo de Damián Couceiro lo complementa muy bien, sin distraernos nunca de lo realmente importante, que son los bloques de texto.
La siguiente, a cargo de Gastón Flores y Sergio Tarquini, tiene buenas intenciones, pero por algún motivo no me terminó de cerrar. El Botín, de Francisco Zamora y Juan Pablo Vaccaro, tiene unos dibujos infernales, que te vuelan la cabeza. El guión es menor, shockeante al pedo, y la decisión de contarlo sin textos es acertada, si no fuera porque ya hay muchas páginas sin texto en esta misma antología.
Y cierra Bruno Chiroleu con el tercer episodio de su serie Blas, con buenas ideas, buenos dibujos, más páginas sin texto, y esta vez muy condicionado por la decisión de plantear y resolver un conflicto fuerte sin mostrar violencia. A veces un poquito de pochoclo no viene mal y quizás sea eso lo que le falta a Blas para ganar en impacto dramático.
Cada vez que termino de leer un número de Términus digo “lo que falta para que esto sea una antología de la San Puta es Tal Cosa”. Esta vez, creo que lo que falta es un director/coordinador/editor más ortiva, más frío, que filtre un poquito más. Me imagino que debe ser difícil rebortarle material a gente talentosa que aporta lo suyo de onda, pero a veces es sano. Por suerte el nivel de los dibujantes sigue altísimo y seguramente eso es lo que le garantiza a Términus el muy buen nivel de ventas que logra cada vez que sale. Le falta esa vueltita a los guiones, que cuando se da, explota.
domingo, 28 de diciembre de 2014
28/12: TERMINUS Vol.6
Y bueno, antes de que se termine el 2014 llegué a leer UNA publicación argentina aparecida en la segunda mitad del año. No está tan mal. Ni hace falta aclarar que todo lo que se publicó de Julio a Diciembre (que es mucho) va a tener su espacio en el blog durante el primer semestre de 2015.
Vamos con una nueva entrega de Términus, la antología gestada en Rosario que logró imponerse en todo el país como una gran opción en materia de historietas centradas en los géneros clásicos. Esta edición arranca con una historieta de Gonzalo Duarte y Damián Couceiro que llama la atención por sus excelentes dibujos. Couceiro realmente la rompe con su manejo del blanco y negro, muy bien complementado con aguadas para incorporar los grises. El guión… nada que no hayamos leído 750 veces. Correcto, pero para nada original.
Algo parecido tengo para decir de la historieta que escribe Iñaki Aragón y dibuja Patricio Delpeche. El dibujo es espectacular, con un magnífico tratamiento del claroscuro, muchos hallazgos en la elección de los ángulos y muy buenas expresiones faciales. Y el guión no está mal, es correcto, pero también muy trillado, muy similar a muchos otros.
La siguiente historieta tiene un guión muy atractivo, escrito por Gastón Flores, que daba para seguirlo mucho más allá de la sexta página. Para terminarlo ahí, el guionista apresura un poco el desenlace y se pierde un poquito de la fuerza que tenía la idea en el arranque. El dibujo de Sergio Tarquini es muy clásico, tranqui, cumplidor. Le falta un toque más de identidad propia.
Fernando Baldó vuelve a la fantasía épica con una historia de apenas cuatro páginas que también daba para mucho más. Es una gigantesca presentación de (muy buenos) personajes que casi no deja espacio para el conflicto. El dibujo, impecable, como siempre.
La historieta de Federico Sartori y Germán Peralta llega a presentar bien a los personajes y a esbozar un conflicto interesante, pero lo tiene que resolver muy rápido. Otra que necesitaba más páginas, entre otras cosas para disfrutar más del excelente dibujo de Peralta, como siempre con muchos tics heredados de Eduardo Risso, pero con un gran manejo de la iluminación, la narrativa y el diseño de vestuario, decorados y armas.
Como ya es costumbre, Barreiro, Ferrúa y Santana aportan una nueva aventura de Rip Van Helsing, con siete páginas mudas en las que sólo vemos acción y una página final con diálogos que –no sin dificultad- le dan sentido a todo lo anterior. Rip Van Helsing es la contracara de las demás historietas de Términus: acá en vez de faltar espacio para desarrollar las tramas, sobra. Y hay que estirar con la machaca, que es algo que Alejandro Santana dibuja cada vez mejor.
La historieta de Alex Ogalla y Ernest Sala está bien equilibrada, no está hiper-apretada, no se precipita hacia el final, es una buena historia de ocho páginas con dos vueltas de tuerca impredecibles en el guión y muy buenos dibujos. El grosso de Facundo Percio aporta una historieta de una sóla página, muy rara, con unos dibujos de la mega-San Puta. Quiero más.
Y para cerrar, ocho páginas escritas y dibujadas por Bruno Chiroleu, también con muy buenos dibujos y con un guión muy circunspecto, que se pasa un poquito de denso y puede resultar aburrido. Está claro que Chiroleu está construyendo una saga ambiciosa a largo plazo, pero al leerla en episodios, uno como lector quiere que pasen cosas grossas en todas las entregas.
En este número no hay ninguna gema al nivel de Promesas de Eternidad, esa delicia de Franco Stagni que degustamos en el Vol.5, pero hay un nivel muy parejo, sin trabajos que estén ostensiblemente por debajo de la media. Que es una media bastante alta, porque la verdad es que, sin ser las figuras más conocidas de la historieta argentina, entre los autores de Términus hay un nivel de talento realmente importante. Falta que se acomoden un poco más al formato de historias cortas, sobre todo los guionistas. O que ensayen con menos historietas por tomito, pero con más páginas para cada una. Todo es posible cuando la base está. Y en Términus, la base está.
Vamos con una nueva entrega de Términus, la antología gestada en Rosario que logró imponerse en todo el país como una gran opción en materia de historietas centradas en los géneros clásicos. Esta edición arranca con una historieta de Gonzalo Duarte y Damián Couceiro que llama la atención por sus excelentes dibujos. Couceiro realmente la rompe con su manejo del blanco y negro, muy bien complementado con aguadas para incorporar los grises. El guión… nada que no hayamos leído 750 veces. Correcto, pero para nada original.
Algo parecido tengo para decir de la historieta que escribe Iñaki Aragón y dibuja Patricio Delpeche. El dibujo es espectacular, con un magnífico tratamiento del claroscuro, muchos hallazgos en la elección de los ángulos y muy buenas expresiones faciales. Y el guión no está mal, es correcto, pero también muy trillado, muy similar a muchos otros.
La siguiente historieta tiene un guión muy atractivo, escrito por Gastón Flores, que daba para seguirlo mucho más allá de la sexta página. Para terminarlo ahí, el guionista apresura un poco el desenlace y se pierde un poquito de la fuerza que tenía la idea en el arranque. El dibujo de Sergio Tarquini es muy clásico, tranqui, cumplidor. Le falta un toque más de identidad propia.
Fernando Baldó vuelve a la fantasía épica con una historia de apenas cuatro páginas que también daba para mucho más. Es una gigantesca presentación de (muy buenos) personajes que casi no deja espacio para el conflicto. El dibujo, impecable, como siempre.
La historieta de Federico Sartori y Germán Peralta llega a presentar bien a los personajes y a esbozar un conflicto interesante, pero lo tiene que resolver muy rápido. Otra que necesitaba más páginas, entre otras cosas para disfrutar más del excelente dibujo de Peralta, como siempre con muchos tics heredados de Eduardo Risso, pero con un gran manejo de la iluminación, la narrativa y el diseño de vestuario, decorados y armas.
Como ya es costumbre, Barreiro, Ferrúa y Santana aportan una nueva aventura de Rip Van Helsing, con siete páginas mudas en las que sólo vemos acción y una página final con diálogos que –no sin dificultad- le dan sentido a todo lo anterior. Rip Van Helsing es la contracara de las demás historietas de Términus: acá en vez de faltar espacio para desarrollar las tramas, sobra. Y hay que estirar con la machaca, que es algo que Alejandro Santana dibuja cada vez mejor.
La historieta de Alex Ogalla y Ernest Sala está bien equilibrada, no está hiper-apretada, no se precipita hacia el final, es una buena historia de ocho páginas con dos vueltas de tuerca impredecibles en el guión y muy buenos dibujos. El grosso de Facundo Percio aporta una historieta de una sóla página, muy rara, con unos dibujos de la mega-San Puta. Quiero más.
Y para cerrar, ocho páginas escritas y dibujadas por Bruno Chiroleu, también con muy buenos dibujos y con un guión muy circunspecto, que se pasa un poquito de denso y puede resultar aburrido. Está claro que Chiroleu está construyendo una saga ambiciosa a largo plazo, pero al leerla en episodios, uno como lector quiere que pasen cosas grossas en todas las entregas.
En este número no hay ninguna gema al nivel de Promesas de Eternidad, esa delicia de Franco Stagni que degustamos en el Vol.5, pero hay un nivel muy parejo, sin trabajos que estén ostensiblemente por debajo de la media. Que es una media bastante alta, porque la verdad es que, sin ser las figuras más conocidas de la historieta argentina, entre los autores de Términus hay un nivel de talento realmente importante. Falta que se acomoden un poco más al formato de historias cortas, sobre todo los guionistas. O que ensayen con menos historietas por tomito, pero con más páginas para cada una. Todo es posible cuando la base está. Y en Términus, la base está.
martes, 7 de octubre de 2014
07/ 10: TERMINUS Vol.5
Nueva entrega de la antología que surgió en Rosario y se viralizó por todo el país. Veamos qué hay bajo esa atractiva portada de Bruno Chiroleu y Germán Peralta.
Arranca el propio Chiroleu con la continuación de la historieta iniciada en el tomo anterior (reseñado el 26/07/14). Un muy buen trabajo tanto en guión como en dibujo, con un conflicto fuerte y diálogos de gran nivel, dignos de un guionista con muchos años en la profesión. Después tenemos una historieta muda, a cargo de Iñaki Aragón y Patricio Delpeche, donde brillan la narrativa y el dibujo. Diálogos no hay y la idea es chiquita, casi para un chiste, más que para una historieta de ocho páginas. Garpa más que nada por la intensidad en el ritmo y lo impactante del dibujo, muy jugado a un claroscuro contundente.
Otra vez aparece Fernando Baldó, con una historieta plagada de hermosos dibujos que –me parece a mí- están pensados para ser publicados a color y pierden un poco en el pasaje a grises. El guión no es tan perfecto como el que aportó en el tomo anterior, pero igual está muy bien. Le sigue un unitario de misterio, escrito por Gastón Flores y dibujado por Lisandro Estherren, en una onda recontra-Viejo Breccia, que logró ponerme los pelos de punta. El guión es inquietante, aunque no 100% original, y el dibujo es definitivamente majestuoso, con un énfasis alucinante en los climas ominosos y lúgubres del guión.
Ariel Grichener y Germán Peralta retoman la serialización de Individuo H y cierran un arco argumental (o algo así). La verdad, nunca me pude enganchar con esa historia, a pesar de que el dibujo me parecía muy ganchero, muy atractivo. Quizás leída toda de corrido tenga más onda. Rip van Hellsing, en cambio, ofrece en cada entrega un relato autoconclusivo, siempre guiado por Barreiro, Ferrúa y Santana. Esta vez lo que sucede es muy poco y los autores lo revelan pocas viñetas antes del final. Hasta ese punto, tenemos más de seis páginas de machaca estridente, bien mostrada, pero sin mucho sentido. Al final, todo cierra en una última página muy cargada de viñetas y de diálogos.
Y la última historieta de la antología es la mejor, lejos. Pero muy lejos. Es de esas historietas que hace que todas las demás antologías del mundo digan “la puta que lo parió, ¿cómo se nos escapó esa joya?”. En las 8 páginas de Promesas de Eternidad, Franco Stagni ensaya una de ciencia-ficción distinta, atravesada por una historia de amor, y logra un resultado realmente inolvidable. La faz gráfica no pela virtuosismos ni imágenes demasiado imponentes: Stagni maneja correctamente el blanco, el negro y las tramas aplicadas en el photoshop, sin siquiera intentar que el dibujo funcione como anzuelo para engancharnos con la historia. Pero cada bloque de texto, cada una de estas páginas que coincide con una de las “cartas” que Miriah le escribe a Nik (a un Nik ficticio, no al delincuente que insulta a la historieta cada día en la contratapa de La Nación), es una unidad perfecta, compacta, a la que le sobra el atractivo para que nos llegue con fuerza lo que les está pasando a los personajes y queramos saber más. Ocho páginas, nada más. Aún hoy se puede emocionar grosso al lector en ese espacio. Franco Stagni lo hizo.
Como siempre, hay varias ilustraciones y pin-ups muy logradas, pero lo que a mí me interesa son las historietas. En ese rubro, Términus viene bien, con hallazgos en todas las entregas, con un nivel muy bueno en los dibujantes y un crecimiento sostenido en los guiones. Si te gustan los géneros clásicos (ciencia-ficción, fantasía épica, policial, terror, etc.) nunca es tarde para engancharse con esta antología llena de gente joven con ganas de hacer las cosas bien.
Arranca el propio Chiroleu con la continuación de la historieta iniciada en el tomo anterior (reseñado el 26/07/14). Un muy buen trabajo tanto en guión como en dibujo, con un conflicto fuerte y diálogos de gran nivel, dignos de un guionista con muchos años en la profesión. Después tenemos una historieta muda, a cargo de Iñaki Aragón y Patricio Delpeche, donde brillan la narrativa y el dibujo. Diálogos no hay y la idea es chiquita, casi para un chiste, más que para una historieta de ocho páginas. Garpa más que nada por la intensidad en el ritmo y lo impactante del dibujo, muy jugado a un claroscuro contundente.
Otra vez aparece Fernando Baldó, con una historieta plagada de hermosos dibujos que –me parece a mí- están pensados para ser publicados a color y pierden un poco en el pasaje a grises. El guión no es tan perfecto como el que aportó en el tomo anterior, pero igual está muy bien. Le sigue un unitario de misterio, escrito por Gastón Flores y dibujado por Lisandro Estherren, en una onda recontra-Viejo Breccia, que logró ponerme los pelos de punta. El guión es inquietante, aunque no 100% original, y el dibujo es definitivamente majestuoso, con un énfasis alucinante en los climas ominosos y lúgubres del guión.
Ariel Grichener y Germán Peralta retoman la serialización de Individuo H y cierran un arco argumental (o algo así). La verdad, nunca me pude enganchar con esa historia, a pesar de que el dibujo me parecía muy ganchero, muy atractivo. Quizás leída toda de corrido tenga más onda. Rip van Hellsing, en cambio, ofrece en cada entrega un relato autoconclusivo, siempre guiado por Barreiro, Ferrúa y Santana. Esta vez lo que sucede es muy poco y los autores lo revelan pocas viñetas antes del final. Hasta ese punto, tenemos más de seis páginas de machaca estridente, bien mostrada, pero sin mucho sentido. Al final, todo cierra en una última página muy cargada de viñetas y de diálogos.
Y la última historieta de la antología es la mejor, lejos. Pero muy lejos. Es de esas historietas que hace que todas las demás antologías del mundo digan “la puta que lo parió, ¿cómo se nos escapó esa joya?”. En las 8 páginas de Promesas de Eternidad, Franco Stagni ensaya una de ciencia-ficción distinta, atravesada por una historia de amor, y logra un resultado realmente inolvidable. La faz gráfica no pela virtuosismos ni imágenes demasiado imponentes: Stagni maneja correctamente el blanco, el negro y las tramas aplicadas en el photoshop, sin siquiera intentar que el dibujo funcione como anzuelo para engancharnos con la historia. Pero cada bloque de texto, cada una de estas páginas que coincide con una de las “cartas” que Miriah le escribe a Nik (a un Nik ficticio, no al delincuente que insulta a la historieta cada día en la contratapa de La Nación), es una unidad perfecta, compacta, a la que le sobra el atractivo para que nos llegue con fuerza lo que les está pasando a los personajes y queramos saber más. Ocho páginas, nada más. Aún hoy se puede emocionar grosso al lector en ese espacio. Franco Stagni lo hizo.
Como siempre, hay varias ilustraciones y pin-ups muy logradas, pero lo que a mí me interesa son las historietas. En ese rubro, Términus viene bien, con hallazgos en todas las entregas, con un nivel muy bueno en los dibujantes y un crecimiento sostenido en los guiones. Si te gustan los géneros clásicos (ciencia-ficción, fantasía épica, policial, terror, etc.) nunca es tarde para engancharse con esta antología llena de gente joven con ganas de hacer las cosas bien.
sábado, 26 de julio de 2014
26/ 07: TERMINUS Vol.4
Cuarta entrega de esta antología gestada en Rosario (¡ahí vamos! ¡falta poco!) y centrada en los géneros tradicionales. Veamos qué ofrece esta edición.
Arranca Germán Erramouspe, un muy buen dibujante, con una historieta muy breve, de una sóla página, que está bien. La segunda historieta es, lejos, la mejor del tomo. Está escrita y dibujada por Fernando Baldó (dibujante de Los Canillitas, a quien ya vimos en varias antologías) y se extiende a lo largo de cuatro páginas hermosas, con excelentes dibujos (que seguramente se lucirían más publicados a color) y un guión fuerte y conmovedor. Luciana Maruca y Germán Curti reinciden con sus Cuentos Costeros, esta vez con una astuta parodia a las películas de terror yankis en las que un grupito de jóvenes usurpan una cabaña medio venida a menos en un lugar sombrío y rodeado de supersticiones. El guión es muy digno y el dibujo de Curti una vez más me pareció extraordinario.
Después tenemos nuevos episodios de dos historias que continúan de números anteriores, de las que por supuesto no me acordaba un carajo. Son dos sagas escritas por Ariel Grichener, con un tono pochoclero, grandilocuente, con un cierto regusto a los comics de machaca y chumbos gigantescos que se veían mucho en el mainstream yanki de los ´90. En ambos casos, a Grichener lo secundan dibujantes muy efectivos: en Individuo H hace dupla con el imparable Germán Peralta (todavía con varios tics heredados de Eduardo Risso, pero realmente grosso) y en Chess Masters con Juan Frigeri, por ahí más estridente, más cercano a la línea de Jim Lee, pero que se luce bastante a pesar de contar con sólo 6 páginas para narrar esta fetita de historia.
Rip Van Helsing vuelve en una nueva historia de ocho páginas que arranca rara y al final cierra por todos lados. Buen trabajo de Barreiro, Ferrúa y Enrique Santana, que cada día dibuja y narra mejor. Le sigue un breve unitario de David Rodríguez y Diego Aballay, muy correcto, con un lindo giro argumental y buenos dibujos. Y luego el final de Un Caso Pragmático, una historieta que me había parecido interesante cuando leí la primera parte, pero de la que no me acordaba absolutamente nada. Por eso me costó engancharme con el guión de Maximiliano Cabral, no así con el dibujo de Sebastián Zalazar, que está buenísimo.
Ya cerca del final, otro breve unitario en el que se lucen los excelentes dibujos de Roberto “Tito” Viacava, acá al servicio de un guión de Hernán Carreras que no terminé de entender. No sé si soy un boludo, o si había que prestarle mucha atención, o leerlo más de una vez. Y cerramos con una historieta escrita y dibujada por Bruno Chiroleu, con buenas ideas y un dibujo muy atractivo, pero que lamentablemente termina en “continuará”. Para cuando lea la segunda parte, dentro de varios meses, las chances de que me acuerde algo de lo que sucedió en estas ocho páginas son ínfimas.
Como siempre, entre las historietas hay ilustraciones muy lindas, pero es un tema en el que no me siento canchero como para opinar.
La verdad es que el nivel de las historietas es muy bueno. No hay ninguna que vos digas “Este publica porque es amigo, o porque pone unos mangos para la imprenta”. El problema de Términus es básicamente el continuará, que debería haber sido definitivamente desterrado o confinado a tiras diarias o a historietas de aparición semanal. Y me parece que el camino para subir el techo de la publicación es explorar esa veta potencialmente inagotable, insinuada con Rip Van Helsing, de los personajes recurrentes que viven aventuras en episodios autoconclusivos.
Está por salir el Vol.6 de Términus y yo tengo el Vol.5, en el pilón de los pendientes, con alguna chance de ser leído y reseñado antes de fin de año.
Arranca Germán Erramouspe, un muy buen dibujante, con una historieta muy breve, de una sóla página, que está bien. La segunda historieta es, lejos, la mejor del tomo. Está escrita y dibujada por Fernando Baldó (dibujante de Los Canillitas, a quien ya vimos en varias antologías) y se extiende a lo largo de cuatro páginas hermosas, con excelentes dibujos (que seguramente se lucirían más publicados a color) y un guión fuerte y conmovedor. Luciana Maruca y Germán Curti reinciden con sus Cuentos Costeros, esta vez con una astuta parodia a las películas de terror yankis en las que un grupito de jóvenes usurpan una cabaña medio venida a menos en un lugar sombrío y rodeado de supersticiones. El guión es muy digno y el dibujo de Curti una vez más me pareció extraordinario.
Después tenemos nuevos episodios de dos historias que continúan de números anteriores, de las que por supuesto no me acordaba un carajo. Son dos sagas escritas por Ariel Grichener, con un tono pochoclero, grandilocuente, con un cierto regusto a los comics de machaca y chumbos gigantescos que se veían mucho en el mainstream yanki de los ´90. En ambos casos, a Grichener lo secundan dibujantes muy efectivos: en Individuo H hace dupla con el imparable Germán Peralta (todavía con varios tics heredados de Eduardo Risso, pero realmente grosso) y en Chess Masters con Juan Frigeri, por ahí más estridente, más cercano a la línea de Jim Lee, pero que se luce bastante a pesar de contar con sólo 6 páginas para narrar esta fetita de historia.
Rip Van Helsing vuelve en una nueva historia de ocho páginas que arranca rara y al final cierra por todos lados. Buen trabajo de Barreiro, Ferrúa y Enrique Santana, que cada día dibuja y narra mejor. Le sigue un breve unitario de David Rodríguez y Diego Aballay, muy correcto, con un lindo giro argumental y buenos dibujos. Y luego el final de Un Caso Pragmático, una historieta que me había parecido interesante cuando leí la primera parte, pero de la que no me acordaba absolutamente nada. Por eso me costó engancharme con el guión de Maximiliano Cabral, no así con el dibujo de Sebastián Zalazar, que está buenísimo.
Ya cerca del final, otro breve unitario en el que se lucen los excelentes dibujos de Roberto “Tito” Viacava, acá al servicio de un guión de Hernán Carreras que no terminé de entender. No sé si soy un boludo, o si había que prestarle mucha atención, o leerlo más de una vez. Y cerramos con una historieta escrita y dibujada por Bruno Chiroleu, con buenas ideas y un dibujo muy atractivo, pero que lamentablemente termina en “continuará”. Para cuando lea la segunda parte, dentro de varios meses, las chances de que me acuerde algo de lo que sucedió en estas ocho páginas son ínfimas.
Como siempre, entre las historietas hay ilustraciones muy lindas, pero es un tema en el que no me siento canchero como para opinar.
La verdad es que el nivel de las historietas es muy bueno. No hay ninguna que vos digas “Este publica porque es amigo, o porque pone unos mangos para la imprenta”. El problema de Términus es básicamente el continuará, que debería haber sido definitivamente desterrado o confinado a tiras diarias o a historietas de aparición semanal. Y me parece que el camino para subir el techo de la publicación es explorar esa veta potencialmente inagotable, insinuada con Rip Van Helsing, de los personajes recurrentes que viven aventuras en episodios autoconclusivos.
Está por salir el Vol.6 de Términus y yo tengo el Vol.5, en el pilón de los pendientes, con alguna chance de ser leído y reseñado antes de fin de año.
viernes, 20 de diciembre de 2013
20/ 12: TERMINUS Vol.3
Tercera entrega de esta exitosa antología, y esta vez me dio la sensación de que se me pasó más rápido, como si tuviera menos material para leer. Veamos con qué me encontré:
Musa nos muestra a Bruno Chiroleu en una sana búsqueda estilística en la que encuentra un registro que –para mi gusto- es el que mejor le sienta. El guión es lindo, redondito, apenas previsible. Se podría publicar tranquilamente en cualquier antología del mundo.
La Nana, de Marianela Martin y Juan Pablo Vaccaro, tiene un dibujo alucinante, cautivante, muy climático. El guión, en cambio, se enreda rápidamente en una vetusta telaraña de lugares comunes y siempre sabés cómo va a terminar.
Cuentos Costeros, de Germán Curti, presenta un argumento chiquito y no demasiado original, dibujado como los dioses. Este muchacho está en un gran nivel y brilla en varios rubros, principalmente en la aplicación de los grises.
Rip Van Hellsing, de Barreiro, Ferrúa y Santana, es una aventura pura y dura, sin ninguna pretensión más que la de la machaca y los cheap thrills, y en ese contexto funciona lo más bien. Tiene ritmo, está bien narrada, es pochoclo de calidad.
¿Viste por qué yo siempre digo que NO hay que poner historietas con continuará en las antologías? Esta vez no están ni Individuo H ni Chess Masters, las dos “series” que continuaban desde la primera entrega. ¿Y de qué nos disfrazamos? De nada: apenas se las reemplaza con pin-ups y breves textos que nos presentan a los personajes (por si alguno no leyó los tomos anteriores, o los leyó y no los entendió).
Martín Almeida aporta una comedia tranqui, para pasar cuatro páginas de distensión y sonrisas... si no leíste nunca 4 Segundos. Si conocés esa obra maestra de Alejo G. Valdearena y Feliciano G. Zecchín, esto te va a parecer un choreo a mano armada, con TODO (hasta la forma de los globos y las tipografías) calcado de aquella mítica historieta.
La de Maximiliano Cabral y Sebastián Sala está muy bien, es interesante y tiene un dibujo muy, muy bueno. Pero –no aprenden, no hay caso- el final no está acá, sino en una entrega futura de la antología.
Y cierra 20 dólares, una breve historia urbana de mugre, venganza y violencia. El guión de Gastón Flores cumple sin descollar y el dibujo es de Lisandro Estherren (el monstruo al que vimos el 24/10/13 en la reseña de Etchenike), que acá también está prendido fuego con las texturas, las aguadas y las manchas de su pincel mágico, aunque se ve más el esfuerzo por integrar su virtuosismo gráfico al relato que intenta llevar adelante. En una palabra: a diferencia de Etchenike, esto se entiende de una, no hay que quemarse las pestañas para decodificar cada viñeta.
Y el resto son ilustraciones muy lindas, pero que a mí, como lector de historieta, me aportan muy poco. A la publicación, le aportan la posibilidad de incluir en la portada los nombres de algunos dibujantes conocidos (Santiago Caruso, Tito Viacava, Emilio Utrera) que por ahí le llaman la atención a algún curioso. Por supuesto uno preferíría ver a esos artistas arremangarse y dibujar una historieta, aunque sea de cuatro o cinco páginas.
El Vol.4 de Términus se publicó a principios de Noviembre y ya lo tengo en el pilón (más bien montaña) de libros para leer en 2014. Volveremos a visitar este refugio para historietistas mayoritariamente jóvenes, a los que les interesa trabajar en los géneros clásicos, sin hacerse los poetas ni bajar línea socio-política.
Musa nos muestra a Bruno Chiroleu en una sana búsqueda estilística en la que encuentra un registro que –para mi gusto- es el que mejor le sienta. El guión es lindo, redondito, apenas previsible. Se podría publicar tranquilamente en cualquier antología del mundo.
La Nana, de Marianela Martin y Juan Pablo Vaccaro, tiene un dibujo alucinante, cautivante, muy climático. El guión, en cambio, se enreda rápidamente en una vetusta telaraña de lugares comunes y siempre sabés cómo va a terminar.
Cuentos Costeros, de Germán Curti, presenta un argumento chiquito y no demasiado original, dibujado como los dioses. Este muchacho está en un gran nivel y brilla en varios rubros, principalmente en la aplicación de los grises.
Rip Van Hellsing, de Barreiro, Ferrúa y Santana, es una aventura pura y dura, sin ninguna pretensión más que la de la machaca y los cheap thrills, y en ese contexto funciona lo más bien. Tiene ritmo, está bien narrada, es pochoclo de calidad.
¿Viste por qué yo siempre digo que NO hay que poner historietas con continuará en las antologías? Esta vez no están ni Individuo H ni Chess Masters, las dos “series” que continuaban desde la primera entrega. ¿Y de qué nos disfrazamos? De nada: apenas se las reemplaza con pin-ups y breves textos que nos presentan a los personajes (por si alguno no leyó los tomos anteriores, o los leyó y no los entendió).
Martín Almeida aporta una comedia tranqui, para pasar cuatro páginas de distensión y sonrisas... si no leíste nunca 4 Segundos. Si conocés esa obra maestra de Alejo G. Valdearena y Feliciano G. Zecchín, esto te va a parecer un choreo a mano armada, con TODO (hasta la forma de los globos y las tipografías) calcado de aquella mítica historieta.
La de Maximiliano Cabral y Sebastián Sala está muy bien, es interesante y tiene un dibujo muy, muy bueno. Pero –no aprenden, no hay caso- el final no está acá, sino en una entrega futura de la antología.
Y cierra 20 dólares, una breve historia urbana de mugre, venganza y violencia. El guión de Gastón Flores cumple sin descollar y el dibujo es de Lisandro Estherren (el monstruo al que vimos el 24/10/13 en la reseña de Etchenike), que acá también está prendido fuego con las texturas, las aguadas y las manchas de su pincel mágico, aunque se ve más el esfuerzo por integrar su virtuosismo gráfico al relato que intenta llevar adelante. En una palabra: a diferencia de Etchenike, esto se entiende de una, no hay que quemarse las pestañas para decodificar cada viñeta.
Y el resto son ilustraciones muy lindas, pero que a mí, como lector de historieta, me aportan muy poco. A la publicación, le aportan la posibilidad de incluir en la portada los nombres de algunos dibujantes conocidos (Santiago Caruso, Tito Viacava, Emilio Utrera) que por ahí le llaman la atención a algún curioso. Por supuesto uno preferíría ver a esos artistas arremangarse y dibujar una historieta, aunque sea de cuatro o cinco páginas.
El Vol.4 de Términus se publicó a principios de Noviembre y ya lo tengo en el pilón (más bien montaña) de libros para leer en 2014. Volveremos a visitar este refugio para historietistas mayoritariamente jóvenes, a los que les interesa trabajar en los géneros clásicos, sin hacerse los poetas ni bajar línea socio-política.
sábado, 17 de agosto de 2013
17/ 08: TERMINUS Vol.2
Segunda entrega de esta antología, repleta de autores jóvenes y de historietas de géneros clásicos, esos bastante olvidados por las revistas más conocidas.
Arrancamos con La Puertas Abiertas, un relato inquietante, todo lo complejo que puede ser un comic de 5 páginas, y además con excelentes dibujos, obra de Sebastián Cabrol. Atenti a este autor, que es de lo más promisorio que vi en este último tiempo.
El Vástago, de Luciana Maruca y Germán Curti, propone una historia tensa, que te pone nervioso y te intriga, pero se cae un toque al final, cuando Maruca trata de explicar de modo lógico lo que hasta ese momento parecía sobrenatural. Igual tiene lindas secuencias, bellamente dibujadas por Curti, que demuestra un manejo muy notable de las técnicas para darle onda a un comic en blanco y negro.
Monólogo, de Bruno Chiroleu, también sorprende por la altísima calidad de los dibujos. La historia es menor, casi una anécdota, pero lo interesante es cómo está contada. Hay un muy buen intento por plantear el guión de un modo atípico y le da un resultado atractivo al autor de estas ocho páginas.
La Traducción, de Gastón Flores y Juan Pablo Vaccaro, ofrece una historia violenta, intensa, pero muy obvia. El dibujo está muy bien, pela expresionismo en los momentos justos para no quedar como un “virtuoso/ pecho frío”. La de Martín Almeida es graciosa, pero es un clon demasiado evidente de 4 Segundos. La onda, el dibujo, la narrativa... todo huele a refrito del clásico de Alejo y Feliciano.
Manchada desde el vamos por el pecado de terminar con “continuará”, la segunda entrega de Chess Masters retoma esta historia de violencia y grim ´n gritty, bien dibujada, pero con poca sustancia, demasiado pegada a una fórmula que ya nos sabemos muy de memoria. La otra historia con “continuará” (también escrita por Ariel Grichener) está un poco mejor, o por lo menos promete más, aún sin ser super-original. Veremos si cumple. El dibujo sigue bastante la estética de Eduardo Risso, complementada con un laburo de grises que, en los mejores momentos, recuerda a los laburos de Salvador Sanz.
Y cerramos con la historia más larga, las 13 páginas de Maximiliano Bartomucci, también apoyadas en una premisa bastante trillada, aunque con buenos textos, que generan clima y tensión. Si leíste... cuatro cuentos de H.P. Lovecraft, nada de lo que pasa acá te puede sorprender, lo cual no la hace una mala historieta, claro. Al dibujo le falta un poco en materia de anatomía y expresiones faciales, mientras que se lo ve sólido en el manejo de los grises y las tramas.
¿Qué le falta a Términus, con dos tomos ya leídos? Mejores guiones y personajes más atractivos. Es obvio que en historietas de 6 u 8 páginas es muy difícil plantear conflictos, resolverlos y además desarrollar personajes copados. Pero se puede. Yo apuntaría los cañones para ese lado: tener tres o cuatro personajes recurrentes, que en cada número protagonicen una historia autoconclusiva cada uno, y que vayan mostrando de a poco rasgos de personalidad más fuertes, más interesantes, que permitan alguna instancia de identificación con el lector. Me imagino un Torpedo, un Alvar Mayor, un Nekrodamus... un Martin Hel, aunque más no sea. Algún personaje femenino, también, por qué no, que resuelva misterios o cumpla misiones en historias de 8 páginas... Los personajes recurrentes no sólo le pueden subir la temperatura a una publicación que hoy transmite una sensación un poquito fría, sino que además pueden –más tarde- generar recopilaciones que nucleen todas sus aventuras cortas y que harían que boludos como yo nos compráramos dos veces las mismas historietas.
Por ahora, a Términus le queda bastante crédito, principalmente por la calidad de los dibujantes y en menor medida por los hallazgos que –cada tanto- aparecen en algunos guiones. El techo todavía está muy lejos, por suerte. Acá hay talento para aspirar a mucho más.
Arrancamos con La Puertas Abiertas, un relato inquietante, todo lo complejo que puede ser un comic de 5 páginas, y además con excelentes dibujos, obra de Sebastián Cabrol. Atenti a este autor, que es de lo más promisorio que vi en este último tiempo.
El Vástago, de Luciana Maruca y Germán Curti, propone una historia tensa, que te pone nervioso y te intriga, pero se cae un toque al final, cuando Maruca trata de explicar de modo lógico lo que hasta ese momento parecía sobrenatural. Igual tiene lindas secuencias, bellamente dibujadas por Curti, que demuestra un manejo muy notable de las técnicas para darle onda a un comic en blanco y negro.
Monólogo, de Bruno Chiroleu, también sorprende por la altísima calidad de los dibujos. La historia es menor, casi una anécdota, pero lo interesante es cómo está contada. Hay un muy buen intento por plantear el guión de un modo atípico y le da un resultado atractivo al autor de estas ocho páginas.
La Traducción, de Gastón Flores y Juan Pablo Vaccaro, ofrece una historia violenta, intensa, pero muy obvia. El dibujo está muy bien, pela expresionismo en los momentos justos para no quedar como un “virtuoso/ pecho frío”. La de Martín Almeida es graciosa, pero es un clon demasiado evidente de 4 Segundos. La onda, el dibujo, la narrativa... todo huele a refrito del clásico de Alejo y Feliciano.
Manchada desde el vamos por el pecado de terminar con “continuará”, la segunda entrega de Chess Masters retoma esta historia de violencia y grim ´n gritty, bien dibujada, pero con poca sustancia, demasiado pegada a una fórmula que ya nos sabemos muy de memoria. La otra historia con “continuará” (también escrita por Ariel Grichener) está un poco mejor, o por lo menos promete más, aún sin ser super-original. Veremos si cumple. El dibujo sigue bastante la estética de Eduardo Risso, complementada con un laburo de grises que, en los mejores momentos, recuerda a los laburos de Salvador Sanz.
Y cerramos con la historia más larga, las 13 páginas de Maximiliano Bartomucci, también apoyadas en una premisa bastante trillada, aunque con buenos textos, que generan clima y tensión. Si leíste... cuatro cuentos de H.P. Lovecraft, nada de lo que pasa acá te puede sorprender, lo cual no la hace una mala historieta, claro. Al dibujo le falta un poco en materia de anatomía y expresiones faciales, mientras que se lo ve sólido en el manejo de los grises y las tramas.
¿Qué le falta a Términus, con dos tomos ya leídos? Mejores guiones y personajes más atractivos. Es obvio que en historietas de 6 u 8 páginas es muy difícil plantear conflictos, resolverlos y además desarrollar personajes copados. Pero se puede. Yo apuntaría los cañones para ese lado: tener tres o cuatro personajes recurrentes, que en cada número protagonicen una historia autoconclusiva cada uno, y que vayan mostrando de a poco rasgos de personalidad más fuertes, más interesantes, que permitan alguna instancia de identificación con el lector. Me imagino un Torpedo, un Alvar Mayor, un Nekrodamus... un Martin Hel, aunque más no sea. Algún personaje femenino, también, por qué no, que resuelva misterios o cumpla misiones en historias de 8 páginas... Los personajes recurrentes no sólo le pueden subir la temperatura a una publicación que hoy transmite una sensación un poquito fría, sino que además pueden –más tarde- generar recopilaciones que nucleen todas sus aventuras cortas y que harían que boludos como yo nos compráramos dos veces las mismas historietas.
Por ahora, a Términus le queda bastante crédito, principalmente por la calidad de los dibujantes y en menor medida por los hallazgos que –cada tanto- aparecen en algunos guiones. El techo todavía está muy lejos, por suerte. Acá hay talento para aspirar a mucho más.
miércoles, 15 de mayo de 2013
15/ 05: TERMINUS Vol.1
Uh, cuánto hacía que no cazaba una antología... Ya las estaba extrañando. Veamos cómo me va con la primera entrega de esta antología hecha en Rosario con autores jóvenes, muchos de ellos con obras ya publicadas en el exterior y que se dan a conocer en su país a través de este proyecto.
La primera historieta, la de Juan Pablo Vaccaro, me perdió rápido. Para la tercera o cuarta viñeta, me tropecé con una narrativa confusa y me desconecté de la historia. Parece interesante y el dibujo es espectacular, pero no sé, no la entendí... La segunda historia ofrece todo lo contrario: cero estridencia en la puesta en página, un dibujo tranqui, sin ningún intento de virtuosismo, y un guión cristalino, sostenido por una narrativa correcta y un final redondísimo e impredecible. Esa es la senda: estas cinco páginas, con un dibujante un cachito más afianzado, eran una historieta de la San Puta.
De acá en más, la antología ya no decae: El maestro Dante Ginevra ofrece tres paginitas de una historia breve, pero muy linda, divertida, ingeniosa y obscenamente bien dibujada. Le sigue Germán Curti, un dibujante de estilo MUY atractivo, una mezcla entre Oswal (de quien fue alumno), el Viejo Breccia y Walther Taborda, que pone su talento al servicio de una historia chiquita, menor, pero de indiscutible solidez.
Ariel Grichener (guión) y Juan Manuel Frigeri (dibujo) ofrecen el primer episodio de una historieta que –lamentablemente- termina en “continuará”. Ahí se violó una de las leyes de este tipo de publicaciones: no vale meter historietas que continúan. Esta pinta interesante, a pesar de la impronta pochoclera de este primer fragmento, que parece la presentación de esos videogames muy violentos en los que machacás gente a lo guanaco. Hay otra historia con “continuará”, pero que por suerte termina en el Vol.2, que ya salió: es una de misterio escrita y dibujada por Maximiliano Bartomucci, una especie de Juan Ferreyra al que se lo ve muy bien en las expresiones faciales y en la reconstrucción histórica de los inicios del siglo pasado. Veremos cómo termina.
Individuo H, de Grichener y Germán Peralta, también está pensada como serie, pero este primer episodio tiene un final. Hasta ahora, Grichener no nos mostró mucho más que una escena de acción, así que habrá que ver qué onda. El trabajo de Peralta, fuertemente influenciado por el del maestro Eduardo Risso, es uno de los más impactantes y memorables de la antología. Y cierro con la historieta más extensa, Euriale, escrita y dibujada por Bruno Chiroleu. El guión revisita con bastante buen tino el eterno mito de la gorgona y el dibujo es muy bueno, elegante, sutil, con unas tramas mecánicas brillantemente aplicadas y una narrativa muy cuidada, con riesgos bien asumidos.
También hay algunos chistes (me gustaron los de Martín Almeida) y varias ilustraciones, todas de gran nivel. ¿Cosas para mejorar? Sin dudas eliminar las historietas con “continuará”, más allá de que algunas resulten promisorias. Y no estaría mal agrupar todas las páginas de publicidad al final de la revista, en lugar de intercalarlas entre las historietas. La portada (también de Bartomucci, quien oficia como editor) es atractiva, el formato es muy lindo, la impresión es muy buena (y banca trabajos con negros plenos que no se arratonan y muchas tonalidades de grises que no se empastan) y la consigna (historietas cortas, enroladas en los géneros clásicos) está muy piola. Ahora que la leí, me llama mucho menos la atención el gran éxito que está teniendo Términus entre los fans de la historieta argentina. Merecido reconocimiento a esta nueva trova rosarina que todavía está lejos del techo, pero que arrancó con un primer número fuerte, con mucho material al que se le nota la calidad profesional y –lo más importante- la pasión por contar buenas historias.
La primera historieta, la de Juan Pablo Vaccaro, me perdió rápido. Para la tercera o cuarta viñeta, me tropecé con una narrativa confusa y me desconecté de la historia. Parece interesante y el dibujo es espectacular, pero no sé, no la entendí... La segunda historia ofrece todo lo contrario: cero estridencia en la puesta en página, un dibujo tranqui, sin ningún intento de virtuosismo, y un guión cristalino, sostenido por una narrativa correcta y un final redondísimo e impredecible. Esa es la senda: estas cinco páginas, con un dibujante un cachito más afianzado, eran una historieta de la San Puta.
De acá en más, la antología ya no decae: El maestro Dante Ginevra ofrece tres paginitas de una historia breve, pero muy linda, divertida, ingeniosa y obscenamente bien dibujada. Le sigue Germán Curti, un dibujante de estilo MUY atractivo, una mezcla entre Oswal (de quien fue alumno), el Viejo Breccia y Walther Taborda, que pone su talento al servicio de una historia chiquita, menor, pero de indiscutible solidez.
Ariel Grichener (guión) y Juan Manuel Frigeri (dibujo) ofrecen el primer episodio de una historieta que –lamentablemente- termina en “continuará”. Ahí se violó una de las leyes de este tipo de publicaciones: no vale meter historietas que continúan. Esta pinta interesante, a pesar de la impronta pochoclera de este primer fragmento, que parece la presentación de esos videogames muy violentos en los que machacás gente a lo guanaco. Hay otra historia con “continuará”, pero que por suerte termina en el Vol.2, que ya salió: es una de misterio escrita y dibujada por Maximiliano Bartomucci, una especie de Juan Ferreyra al que se lo ve muy bien en las expresiones faciales y en la reconstrucción histórica de los inicios del siglo pasado. Veremos cómo termina.
Individuo H, de Grichener y Germán Peralta, también está pensada como serie, pero este primer episodio tiene un final. Hasta ahora, Grichener no nos mostró mucho más que una escena de acción, así que habrá que ver qué onda. El trabajo de Peralta, fuertemente influenciado por el del maestro Eduardo Risso, es uno de los más impactantes y memorables de la antología. Y cierro con la historieta más extensa, Euriale, escrita y dibujada por Bruno Chiroleu. El guión revisita con bastante buen tino el eterno mito de la gorgona y el dibujo es muy bueno, elegante, sutil, con unas tramas mecánicas brillantemente aplicadas y una narrativa muy cuidada, con riesgos bien asumidos.
También hay algunos chistes (me gustaron los de Martín Almeida) y varias ilustraciones, todas de gran nivel. ¿Cosas para mejorar? Sin dudas eliminar las historietas con “continuará”, más allá de que algunas resulten promisorias. Y no estaría mal agrupar todas las páginas de publicidad al final de la revista, en lugar de intercalarlas entre las historietas. La portada (también de Bartomucci, quien oficia como editor) es atractiva, el formato es muy lindo, la impresión es muy buena (y banca trabajos con negros plenos que no se arratonan y muchas tonalidades de grises que no se empastan) y la consigna (historietas cortas, enroladas en los géneros clásicos) está muy piola. Ahora que la leí, me llama mucho menos la atención el gran éxito que está teniendo Términus entre los fans de la historieta argentina. Merecido reconocimiento a esta nueva trova rosarina que todavía está lejos del techo, pero que arrancó con un primer número fuerte, con mucho material al que se le nota la calidad profesional y –lo más importante- la pasión por contar buenas historias.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)












