el blog de reseñas de Andrés Accorsi
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viernes, 18 de abril de 2025

TRES GENIOS DEL DIBUJO

Creo que estas magias te pasan solo en Estados Unidos: entro a una tienda enorme de discos y DVDs usados buscando un CD de Joy Division y me encuentro con la adaptación al comic de Alien, en la excelente edición de Titan de 2012, un poquito baqueteada pero a un precio irrisorio. Nunca la había leído, así que adentro. Esta es una historieta de 1979, en la que los maestros Archie Goodwin y Walt Simonson adaptan la famosísima película de Ridley Scott para un álbum de 64 páginas que originalmente publica Heavy Metal. Y esta es la edición remasterizada, mucho más respetuosa del coloreado original, que está lleno de sutilezas que las imprentas de 1979 rara vez lograban reproducir. Dos cosas me sorprendieron: primero, la calidad del dibujo de Simonson, que todavía no está al nivel glorioso de su etapa en Thor, pero que acá hace algo mucho más complejo que en aquellos comic books de Marvel. Varias de estas páginas le exigen al ídolo meter 10 u 11 viñetas chiquitas, como si fuera un álbum europeo. Y el barba se arremanga y te mete 10 u 11 viñetas preciosas, en páginas de diseño clásico, pero muy eficaz, muy dinámico. Alien es todo clima, todo suspenso y tensión, y Goodwin y Simonson lo entienden a la perfección y arman las secuencias y eligen las viñetas a enfatizar dentro de la página con ese criterio: el de poner cada vez más nervioso al lector, para que sufra junto a los personajes. Y lo otro que me sorprendió es que la narración me atrapó por completo... incluso cuando uno sabe de memoria lo que va a pasar, en qué orden van a morir los tripulantes de la nave, cómo va a zafar Ripley en el final, etc.. Y eso pasa porque Goodwin y Simonson manejan con una precisión apabullante el ritmo del relato. Entre las falencias, también quiero subrayar dos. Primero, esa manía de que los personajes se nombren unos a otros viñetas por medio. Una pena, porque en general los diálogos están muy bien (hasta hay un par de "fuck" y "fuckin´"... en un comic de 1979). Y segundo y más importante: no me acuerdo si en la peli pasaba lo mismo, pero el comic termina con una última página de siete viñetas, en las que pasa DE TODO. El final definitivo del bicho que quiere boletear a Ripley se ve UN CUADRITO antes del final. No queda espacio para una pausita, un descansito, un alivio a toda la tensión que generó la trama. UN CUADRITO después de liquidar a la amenaza, la historieta se termina... lo cual me da la sensación de que los autores se quedaron cortos con el espacio y tuvieron que comprimir un poco (o mucho) las secuencias finales del film en muy pocas páginas, porque en la primera mitad -si bien hay muchas páginas de 10 viñetas- la narración no se nota apurada ni precipitada. Hechas esas salvedades, esta es una adaptación logradísima de una película brillante. En 1979 Archie Goodwin y Walt Simonson se conocían de memoria y esa complicidad se ve en cada página. Como también se ve que la película les pareció zarpada e inspiradora. Dentro de un subgénero tan bastardeado como es la adaptación al comic de blockbusters de Hollywood, esta versión de Alien tiene un vuelo y una potencia artística muy poco frecuente, y probablemente eso sea lo que le confiere ese status de clásico del que goza tantos años después. Hoy que Marvel está generando una vez más comics protagonizados por los xenomorfos, acá hay una clase magistral a la que conviene apuntarse y prestarle mucha atención.
Todavía no terminé de leer las historietas argentinas publicadas en 2024, pero hoy me tiré de cabeza sobre una de este año: El Libro de las Almas Perdidas y El Faro de los Condenados, un tomo en el que Deux reúne dos obras cortas dibujadas por Enrique Breccia para Ediciones Record en los ´90 que -andá a saber por qué- nunca salieron en la Skorpio argentina y solo se conocían en Italia. La primera (El Libro...) tiene guiones de Eduardo Mazzitelli y se nota a varias leguas que fue pensada como una serie mucho más extensa, que quedó trunca tras el cuarto episodio. El planteo es muy atractivo, parece de una serie de Vertigo, el personaje central es interesante, los invitados (Drácula, Atila y el pirata Barbanegra) se revelan como figuras complejas, tridimensionales, los textos de Mazzitelli son una belleza... No sé qué será lo que no les cerró a los italianos como para no querer continuarla. La segunda (El Faro...) está escrita por Walter Slavich en un formato más de miniserie. Son cuatro episodios y parece estar pensada para esa duración. Esta es una aventura un poco más clásica, con la fórmula episódica típica de la Skorpio, pero con mucha imaginación, mucho vuelo y la dosis justa de mala leche por parte del guionista. Me acuerdo que cuando Walter trajo la idea a Record, me cebé tanto que terminé viajando a Uruguay a conocer Punta del Diablo, el pueblito que inspiró la historia y que le sirve de ambientación a la misma. En ambos trabajos, el dibujo de Breccia es descomunal. Incluso cuando uno tiene en claro que en sus historietas para Record el maestro nunca puso el 100% de su talento, estas páginas te quitan el aliento. Sobre todo las páginas en las que Enrique se logra deshacer de la grilla clásica de seis o siete cuadros y prueba con puestas distintas, menos pobladas de esos primeros planos que están buenísimos, pero que se repiten un poco. Me da la sensación de que "El Faro..." no está reproducida de los originales de Enrique (que era los que leía yo cuando él venía a entregar las páginas, de tan manija que estaba con la serie) sino de las publicaciones italianas. La comparación con "El Libro..." (que sí parece reproducido de los originales) la desfavorece mucho, porque el dibujo de esta segunda saga se ve empastado, con líneas que se entrecortan, como si hubiera sido escaneado sin demasiada pericia ni demasiado cuidado de revistas de hace más de 30 años, cuando las imprentas no eran ni en pedo lo que son hoy, ni siquiera en Europa. Un bajón, pero bueno... es Deux, que siempre alguna cagada se manda, y es Record, una editorial que cada vez que pudo vendió los originales de sus historietas a coleccionistas en vez de devolverlos a los autores. De todos modos, la magia de leer a los inolvidables Mazzitelli y Slavich dibujados con tanta categoría por una leyenda del lápiz como Enrique Breccia nos permite soslayar estas imperfecciones de la edición local.
Y cierro con una breve glosa del Vol.8 de Dead Dead Demon´s Dededede Destruction, el manga de Inio Asano cuyo último tomito publicó Ivrea la semana pasada. Esta vez, la trama principal no avanza poquito. No avanza NADA. Al limado de Asano se le ocurre una idea bastante ingeniosa para volver para atrás y narrarnos (en un flashback tan extenso que seguramente se extiende también al próximo tomo) un montón de cosas que pasaron ANTES del Vol.1 de la serie, principalmente el origen secreto de la amistad entre las dos protagonistas, Ouran y Kadode. Todo el tomo se centra en los primeros encuentros entre ellas y entre ellas y un alienígena, al que van a "adoptar". Es entretenido, obvio, y está dibujado como la hiper-concha de Dios, pero es algo que daba para 30 páginas, no para un tomo entero. Y entonces, Asano rellena con situaciones de comedia, slice of life pre-adolescente, travesuras de colegialas y demás pelotudeces... hasta el tramo final que, si bien tiene bastante de eso, incorpora esa secuencia en la que las protagonistas salen a volar por primera vez por la ciudad, que es pura magia, alegría y emoción. Nada, ojalá el flashback no abarque TODO el Vol.9, porque quiero saber cómo sigue el bolonki de los aliens en Japón y toda la trama política y de espionaje que armó Asano alrededor de eso, que me tiene muy enganchado. Nada más, por hoy. Como siempre, espero volver a postear pronto nuevas reseñas, pero para eso me tengo que poner a leer. Gracias por estar ahí.

martes, 26 de abril de 2022

LA VUELTA OLÍMPICA

Ahora sí, terminé el quinto y último tomo de los que recopilan todo el paso de Walt Simonson por la revista de Thor. Un quinto tomo un poquito ladri, porque incluye solo ocho episodios, uno de los cuales es doble, y una extensa sección de bocetos y pin-ups... que están geniales. Yo suelo putear cuando en los libros me meten 20 ó 30 páginas que no son historieta, pero acá el material extra es realmente hermoso, sobre todo porque (a diferencia de las historietas) está todo dibujado por el propio Simonson. El ídolo acá aporta el plantado a lápiz de la historieta visualmente más impactante del tomo (la de Thor contra la serpiente Jormungand), casualmente la más floja a nivel argumental. Esto hay que leerlo como un experimento: un comic de 26 viñetas extra-large, en las que Simonson deja la vida y Sal Buscema trata de no estropearlo todo con su entintado. Por suerte lo logra. En el resto de los episodios, Buscema se hace cargo también de los lápices con resultados que no me convencen demasiado. Y hay un episodio en el que el hermano de John solo aporta los lápices y le deja las tintas a otro veterano de enorme producción, muy identificado con Marvel: el maestro Joe Sinnott, quien mejora muchísimo los lápices de Buscema. Nada se ve tan alucinante como las viñetas-página (y las portadas) que dibuja Simonson, pero el combo Buscema-Sinnott levanta un poco el promedio en materia gráfica. Por suerte los guiones mejoran mucho respecto del tomo anterior. Simonson escribe mejor, sus soliloquios se lucen mucho más y casi tiene sentido que Thor hable solo, como si le relatara las peleas al lector mientras las protagoniza, y sobre todo que hable MUCHÍSIMO. Estos son comics MUY hablados, con una cantidad de diálogos que a los lectores de hoy les parecería un disparate. Por todos lados hay globos de diálogo, y no, no todos ayudan a que las tramas avancen, ni a profundizar en la caracterización de los personajes. Unos cuantos son redundantes con la acción que nos muestran los dibujos. Pero aún así, las tramas avanzan de manera lógica, armónica, y todo el tiempo se nota que Simonson sabe lo que quiere hacer con cada uno de los personajes. Thor atraviesa momentos dificilísimos en estas páginas, y sale airoso de maneras que sorprenden al lector, por lo originales y por lo bien escritas. Finalmente, Simonson se despide con un número doble, el 382, que conmemora 300 apariciones del Dios del Trueno al frente de esta revista, que originalmente era Journey into Mystery y más tarde adoptó el nombre del héroe. Y la verdad que todas esas páginas extra vienen bárbaro, porque Simonson se propone dejar todo cerradito y prolijo para quienes continúen la serie, y había 8000 puntas argumentales para cerrar. Lo único que no llega a resolver acá (el plot de Iceman) lo va a resolver junto a su esposa Louise en las páginas de X-Factor. Pero la saga de Thor cierra perfectamente, te da la opción de nunca en tu vida volver a leer un comic ambientado en Asgard posterior al nº382 de Thor, sin sentir que te quedó nada pendiente. Por suerte esta serie tendrá nuevas épocas de gloria, pero para eso faltan más de diez años.
Me voy a Francia, al año 1998, cuando el país del champagne y la bande dessinée no solo organiza un Mundial, sino que además se queda con la Copa (Brasil, decime qué se siente). Para coincidir con semejante hito, la revista L´Echo des Savanes publica un especial de 96 páginas, todo con historietas de temática futbolera. La lista de autores es un verdadero seleccionado: Philippe Vuillemin, François Boucq, Frank Margerin, Philippe Druillet, Baru, Georges Wolinski, Edika, Jean-Claude Denis, Tramber, Jean-Marc Rochette, Tronchet, Jacques Ferrandez, la dupla Stan & Vince, Philippe Bercovici... un escándalo. Y las historias, si bien en su mayoría padecen el hecho de ser muy breves, y de no contar con los personajes más conocidos de estos monstruos del Noveno Arte, en general zafan. La mejor es la de Boucq, porque aparece Jerome Moucherot, y porque es un delirio brillante. La de Baru también es muy buena. La de Vuillemin es un chiste gracioso, que podría contarse con futbolistas, con bomberos, con soldados, o con repositores de supermercado. Fiel a su estilo, Wolinski se va al carajo metiendo sexo en cualquier parte (esta vez aparecen pelotas de futbol a las que les crecen porongas). La de Rochette me gustó bastante, la de Ferrandez y Tronchet también, la de Stan & Vince también, pero todas se apoyan en ideas que daban para varias páginas más. La de Druillet es una fumanchereada sin pies ni cabeza, por supuesto dibujada como la hiper-concha de Dios. Las de Denis y Bercovici están muy bien porque no parecen comprimidas para entrar en cuatro páginas. Son buenas ideas, desarrolladas en el espacio que necesitaban para contar algo piola sin apretar ni estirar. Y de los autores que no conocía, hubo dos que me gustaron mucho. Uno es Luz, bien del palo del humor gráfico mudo, con un trazo muy atractivo y un gran timing para la comedia. Y el otro es Arnon, una especie de hijo de Jean-Claude Mézieres y Jack Kirby, con un dibujo muy expresivo, muy dinámico, ideal para comics de acción y machaca. Nada, esto es una rareza, con el atractivo de que es poco probable que estas historietas se hayan republicado en tomos de historias cortas de Boucq, Margerin, Tronchet, Vuillemin, Baru y demás ídolos. Si sos muy fan de estos autores y querés tener todas sus historias cortas, o si so muy fan del futbol y te copa la idea de juntar a los historietistas más grossos de Francia para dejarlos jugar libremente con este tema, el Special Foot de L´Echo des Savanes tiene que estar en tu vitrina, al lado de la Libertadores y la Sudamericana. No hay ninguna historia que te cambie la vida ni que te detone la capocha, pero la vas a pasar mejor que viendo esos Super-Clásicos inflados que terminan 0-0. Nada más, por hoy. Nos vamos al vestuario a putear al arquero que se comió 18 de los 19 goles que nos hicieron, y nos reencontramos pronto, con nuevas reseñas, acá en el blog.

lunes, 18 de abril de 2022

AVANZAN LAS LECTURAS

De a poquito me voy encontrando con espacios y momentos para leer comics y el humilde resultado son las reseñas que posteo a continuación. Le entré al Vol.4 de la colección de TPBs que recopilan toda la etapa de Walt Simonson en Thor. Acá ya se empieza a imponer la sensación de que esto se estiró más de la cuenta. Primero y principal porque de los 10 episodios que ofrece el libro, Simonson solo dibuja cuatro, y el resto se los deja a Sal Buscema, que es un dibujante para mi gusto MUY inferior a Simonson. Ni el nuevo coloreado de Steve Oliff ni los entintadores que le ponía Marvel le sientan bien al dibujo de Buscema, y si bien se nota que se esfuerza por darnos las que hasta ese momento (1986) eran las mejores páginas de su carrera, la diferencia con los números que dibuja Simonson son muy, muy pronunciadas. De jugar la Champions contra el Real Madrid, la faz gráfica de Thor pasó a pelear el descenso a la B Nacional con San Lorenzo y Huracán. Y sin salir de este mismo tomo, lo cual es más doloroso. La calidad de los guiones también decae bastante. El tomo arranca con la saga en la que Thor se convierte en sapo, muy divertida, donde se nota que Simonson la estaba pasando bomba. El último episodio que dibuja el ídolo es una especie de venta de humo, un amague de que van a pasar cosas que finalmente no pasan, y de ahí en adelante la venta de humo se va a hacer cada vez más frecuente. Los cuatro primeros episodios que dibuja Buscema son, sin duda, los guiones más flojos que escribió Simonson para esta serie. Estirados, predecibles, muy sobrecargados de personajes que no aportan nada... Sin ser desastrosos, bajan bastante el listón respecto de lo que veníamos viendo. Y los dos últimos episodios del libro son los que empalman con la Mutant Massacre, que yo tenía bastante fresca por haber leído el sexto Essential X-Men allá por el 10 de Agosto de 2020. Esto también es medio delictivo: son 45 páginas en las que tenemos UNA sola secuencia importante, de alto impacto, que es cuando Thor impide que los Marauders maten a Angel, a quien tienen cautivo en las cloacas de New York y están torturando sin compasión. Este momento puntual está narrado de manera magistral, pero decorado con páginas y páginas de subplots poco atractivos o escenas de pelea que no aportan nada. Me falta un último tomo, donde Sal Buscema dibuja todas las historias, y donde creo que lo único realmente potente debe ser el momento en que Thor deja su clásica malla negra con los botones plateados para empezar a lucir una armadura majestuosa que, lamentablemente, va a durar muy poco. Ya veremos con qué me encuentro cuando lo lea, pero por ahora mi fe va en caída libre.
Por el contrario, cada día banco más a Roque & Gervasio, pioneros del espacio, la serie de comedia ci-fi creada por Federico Reggiani y Ángel Mosquito. El segundo librito de la colección, "El lado de afuera del cosmos", es una joya del humor, con momentos de una aventura bastante intensa, con peligros, traiciones y peripecias espesas. Hay un trabajo exquisito en la construcción del universo, y sobre todo brillan los diálogos, en los que Reggiani está afiladísimo. Pocas veces vi historietas escritas "en argentino" donde las voces de los personajes suenen tan creíbles al oído vernáculo, y a la vez tan graciosas. La aventura tiene ritmo, sorpresas, un final notable (con una aparición de Dios, caracterizado por los autores por afuera de cualquier predicción que uno pudiera hacer), los flashbacks están bien insertados y duran lo que tiene que durar, los personajes secundarios entran y salen de escena de modo armónico... Reggiani y Mosquito integran una dupla autoral muy afianzada que acá demuestra que, a pesar de los muchos años de trabajo conjunto, se estaban guardando bajo la manga algunas de sus mejores ideas. El dibujo es excelente, con el grado exacto de síntesis en los personajes, un gran laburo de aplicación de grises y esa capacidad que tiene Mosquito para "acomodar" en la viñeta algunos globos de diálogo bastante superpoblados de palabras. Incluso algo que habitualmente juega en contra, como es la reiteración de planos, Mosquito sabe cómo hacer para que le juegue a favor, al convertir la reiteración en un efecto cómico que se potencia con la gracia que tiene lo que sucede y lo que dicen los personajes. Obviamente estas mismas páginas se verían mejor si las viñetas estuvieran separadas por zanjas blancas y no por líneas negras, pero así están muy, muy bien. Recomiendo a full las aventuras de Roque & Gervasio, creo que es la mejor serie "ongoing" que tiene hoy la historieta argentina. Ya salió el tercer librito (prometo reseñarlo antes de fin de año) y los autores están trabajando en un cuarto. Recorrer los confines del cosmos y cagarse de risa al mismo tiempo no es tarea fácil, pero Reggiani y Mosquito encontraron la fórmula y, por ahora, funciona 10 puntos. Gracias por el aguante y nos reencontramos pronto, con nuevas reseñas acá en el blog.

martes, 22 de marzo de 2022

DOS MAS Y A LA PAUSA

Bueno, como ya comenté por acá, a partir del jueves voy a estar lejos de Buenos Aires durante unos 15 o 16 días. Hay alguna chance de que postee en el blog, ya sea desde Santiago de Chile o desde Los Angeles, pero no quiero prometer y después no cumplir. Así que, en principio, las reseñas volverán el 10 o el 11 de Abril. Por ahí hay sorpresas antes de esa fecha, por ahí no. Ya veremos. Sigo adelante con la relectura (ahora en libro y con el color moderno) del Thor de Walt Simonson, y en el Vol.3 me encuentro con que, además de varios números de la serie central, acá se recopilan los cuatro episodios de la miniserie de Balder the Brave, con guion de Simonson y dibujos de Sal Buscema. Es un agregado piola, porque la mini engancha bastante con lo que estaba narrando Simonson en la revista de Thor. Eso sí: está estiradísima. Son cuatro episodios de 22 páginas para contar DOS hechos importantes. Todo el resto es relleno, hecho a base de peleas intrascendentes contra villanos a los que uno sabe que Balder va a derrotar sin dificultad. El dibujo de Buscema está bastante mejor que en el fill-in que aportó al Vol.2, pero igual no hay forma de justificar todas esas páginas para tan poco desarrollo argumental. A menos que seas MUY fan de Balder o de Karnilla, en cuyo caso esto te puede llegar a conmover. En los números de Thor (todos dibujados a un nivel devastador por Simonson) pasan unas cuantas cosas interesantes. La bandera de "epopeya a todo o nada" flamea de principio a fin, hay buenas ideas para desarrollar a personajes como Loki, Enchantress, Frigga, Lorelei, Heimdall, Lady Sif y sobre todo al Executioner, y -por primera vez- Thor sale realmente malherido de un choque con Hela. Lo único medio flojito es esa aventura de Beta Ray Bill contra ese equipo de super-soldados rusos, que realmente no suma más que excusas para que Simonson dibuje acción al recontra-palo en su estilo explosivo y repleto de dinamismo. Otra vez, las onomatopeyas de John Workman hacen un notable aporte a que todo esto se vea definitivamente poderoso y majestuoso. El último episodio del tomo es un crossover con la infausta Secret Wars II, y ni siquiera Simonson está exento de las complicaciones que traen los cruces entre tramas que vienen y van de una revista a otra sin mayor explicación. Dentro de todo, el bolonki es comprensible, sobre todo porque lo que no se resuelve en Thor se resuelve en Power Pack, una revista que en ese momento escribía Louise Simonson, la esposa de Walter, y se nota que todo está bien conversado y planificado para no confundir a los lectores que no seguían las dos colecciones. Eventualmente le entraré al Vol.4, ya cerca del final de la serie. Paciencia.
Leí también el Vol.2 de La Guerre des Magiciens, esa serie creada por Carlos Trillo, Roberto Dal Prá y Cacho Mandrafina, que lamentablemente quedó inconclusa. Al final de este álbum nos informan que el tercero es el último, pero jamás se publicó. La trama queda ahí, a mitad de camino, con la inmensa mayoría de las puntas argumentales sin resolver. El segundo tomo apareció en 2013, bastante después de la muerte de Trillo, y está ambientado en Londres. Pasan menos cosas que en el Vol.1, porque los autores le dedican muchas páginas a flashbacks a cuando los protagonistas eran jóvenes, pero no está mal. Prefiero eso a que me rellenen el álbum con peripecias imposibles que no aportan nada al argumento global de la saga. Acá hay mucho desarrollo para los personajes, y hasta tenemos un par de escenas en las que la magia parece tener alguna relevancia en la trama. ¿Es magia, son ilusiones, qué onda? No está muy claro. Lo que seguro es magia es lo que pela Mandrafina en la faz gráfica. A pesar de que dibujar a Londres de fines de los años ´30 es un embole, a pesar de que prácticamente no hay páginas de menos de ocho viñetas, a pesar de que algunas páginas tienen una cantidad de texto grotesca, que conspira contra el disfrute del dibujo... a pesar de todo, Cacho deja el alma en cada cuadrito y nos regala una página perfecta atrás de otra. El tratamiento del color, la forma de planificar las escenas de acción, las expresiones faciales, el cuidado por la exactitud de peinados, trajes y vehículos de la época... todo es fascinante. Sobre todo ver a un referente absoluto del claroscuro convertido en un maestro del color. Un trabajo realmente brillante del co-creador de Savarese, El Condenado y Cosecha Verde. Pero no hay más guerra de los magos. La editorial Delcourt discontinuó la serie tras el Vol.2, y nunca le pregunté a Cacho si llegó a dibujar (o a leer) el guion del tercer y último álbum. No es la primera vez que un editor francés deja trunca una obra de autores argentinos (le pasó a Trillo y Horacio Domingues con La Marque du Pechée y a Gustavo Schimpp y Horacio Lalia con Belzarek), y aparentemente la chapa de Dal Prá y Mandrafina no alcanzó para sacar la serie a flote, ni siquiera como para terminarla y vendérsela a algún editor italiano, español o latinoamericano. Un bajón. Bueno, nada más. Mañana miércoles hacemos un vivo en el Instagram de Comiqueando que va a estar muy bueno, el viernes estoy presentando ¿Quién quiere ser superhéroe? en el Espacio Shazam! de Santiago de Chile, y el sábado voy a participar de la presentación del tomo integral de El Brujo, también en Shazam!. Después tengo unos días de vacaciones y el 1, 2 y 3 de Abril voy a estar cubriendo la WonderCon en Anaheim, cerquita de Los Angeles y enfrente de Disneyland. Y seguro voy a recorrer comiquerías (y librerías y disquerías y antros nocturnos) en toda esa zona de California. A la vuelta les cuento qué onda. Gracias y hasta entonces.

lunes, 14 de marzo de 2022

TRES DE UN SAQUE

Tengo tres libritos leídos, pero hay dos a los que voy a reseñar muy brevemente, por distintos motivos. Por un lado, el Vol.2 de la colección que recopila toda la etapa de Walt Simonson al frente de Thor. Acá, a nivel gráfico tenemos notables mejoras respecto del tomo anterior, con un Simonson más jugado, más atrevido, y más en sintonía con el letrista, John Workman, que tira magia en las onomatopeyas, a las que les otorga un peso gráfico poco frecuente. El argumento banca los trapos, resuelve plots pendientes, continúa subplots heredados del Vol.1 y agrega algunos nuevos y garantiza un nivel de epopeya y fantasía de una ambición y una potencia dignas de Jack Kirby. Pero hay algunos problemas (menores, por suerte): páginas hiper-cargadas de texto al punto de resultar virtualmente ilegibles, y un par de personajes que el autor incorpora al canon de Thor (un señor estadounidense ya maduro y un nene asgardiano de unos 9 años) que no me despertaron el menor interés, aunque Simonson insiste en tratar de darles chapa. Por el lado del dibujo, el tomo cierra con un episodio en el que el Gran Walt se toma un respiro y lo reemplaza Sal Buscema, algo así como que en un partido de la Selección se lesione Messi y lo reemplace yo. En años posteriores, Buscema va a sintonizar mucho mejor la onda que Simonson le quería dar a esta serie, y hasta va a ser el dibujante titular de los últimos números, donde nos dará las mejores páginas de su extensa carrera. Pero acá no lo salvan ni las onomatopeyas de Workman, ni el color de Steve Oliff ni la posibilidad de entintarse a sí mismo.
Otro que me decepcionó profundamente es Junji Ito, que me cagó como de arriba de un puente con Soichi y sus Maldiciones Caprichosas, un tomo de muchísimas páginas con historietas de 2011 que me parecieron pésimas. Si la idea era que las historias de Soichi me dieran miedo, no sucedió. Si era que me causaran gracia, tampoco. Si buscaba que me identificara con algún personaje, tampoco. La única historia que me generó algo mínimamente cercano a la sensación que uno asocia con un buen relato de terror fue “El ataúd”. Todo el resto es un naufragio absoluto, repleto de situaciones muy forzadas, sin onda, sin sorpresa. Con dibujos que oscilan entre buenos y excelentes, y con algún que otro diálogo ingenioso, pero muy lejos de lo que uno espera de un capo como Junji Ito. Una pena, porque Ivrea le puso el alma a la edición.
Bastante más rico para el análisis me resultó Me Prometiste Oscuridad, el nuevo trabajo de Damián Connelly, ahora como artista integral. El comic venía con la chapa de haber vendido cantidades impresionantes en EEUU, y la verdad es que no me defraudó. Hay un momento de la trama, cerca del final, en el que Connelly parece acelerar y resumir en pocas páginas un montón de escenas que, narradas al ritmo de los dos primeros tercios del libro, podrían haber abarcado no menos de 40 o 50 páginas más. Como si originalmente hubiese planificado una saga de seis episodios y luego la hubiese comprimido en cuatro. De hecho, el cuarto episodio es bastante más extenso que los tres primeros, así que por ahí es el resultado de haber metido en esa última entrega material originalmente pensado para desarrollarse en varias más. Irónicamente (o no) esa acelerada le viene muy bien al relato, le sacude la modorra, lo obliga a no colgarse en detalles menores y centrarse en el conflicto principal. Connelly, además, consigue meter ese cambio de ritmo sin sacrificar lo que (creo yo) más le interesa, que es el desarrollo de estos personajes, una versión dark y apenas kinky de los mutantes de Marvel. Reducido a su esencia, Me Prometiste Oscuridad es la enésima batalla entre los mutantes buenos y los mutantes malos. Pero (como en La Extraña Desaparición de Barnabás Jones), Connelly logra revestir esa trama tan trillada con varias capas interesantes de desarrollo de personajes, ideas ingeniosas en materia de narrativa, buenos diálogos, poderes locos, algún subplot atractivo, pinceladas de sexo explícito y una impronta oscura que los comics de superhéroes de Marvel no nos van a mostrar jamás. ¿”Los X-Men de Vertigo”, dijo alguien por ahí? Ponele. No es una mala definición. Y después está el tema gráfico. Connelly vuelve a dibujar, ya mejor de la lesión en el brazo que lo alejó de los lápices y lo llevó a convertirse en guionista, y la verdad que lo hace muy de a poco. Me Prometiste Oscuridad se apoya muchísimo en el trabajo sobre fotos, más que cualquier otra historieta de los últimos años. Los fondos son fotos retocadas, los personajes son fotos retocadas (la profusión de masas de negro hace maravillas para integrar al dibujo imágenes tomadas de distintas fuentes) y en todo caso la imaginación de Connelly aparece cuando nos muestra alguna que otra criatura monstruosa que no se puede fotografiar porque no existe en la realidad. En el contexto de la trama, nada de esto hace demasiado ruido ni llega a provocar rechazo, porque de alguna manera, Connelly logra darle a estas imágenes tan estáticas cierta fluidez. “De alguna manera” no: manipulando de forma inteligente la puesta en página y el tempo narrativo. El final está bien, no cierra todo pero resuelve lo más importante. Y shockea al lector, que no se imagina nunca que va a pasar… algo que pasa al final. O sea que es un relato sólido, que toma cierta distancia del lector, que trata de ocultar la estridencia que le es intrínseca, y que lo hace muy bien, de manera llevadera y por momentos realmente atrapante. Ya hay una secuela de Me Prometiste Oscuridad, publicándose en EEUU. Ojalá le sirva a Damián para recuperar la práctica, la gimnasia del dibujo y eventualmente volver a una línea más personal, con expresiones faciales y corporales propias, diseños de vestuario y decorados propios y menos dependencia de la masa negra para amalgamar imágenes que vienen de fotos. Nada más, por hoy. Seguramente antes del finde haya más reseñas, acá en el blog. Gracias y hasta pronto.

jueves, 3 de marzo de 2022

A TODA MARCHA

Bueno, vengo leyendo bastante. Y por suerte no me está faltando tiempo para sentarme a escribir reseñas. Antes de fin de mes vamos a hacer una pausa de unos 15 días, pero mientras tanto, vengo bastante embalado. Después de haber coleccionado durante años las revistitas, cambié mis Thor de Walt Simonson por los libros, donde me encuentro que las historietas fueron notablemente recoloreadas por el maestro Steve Oliff y su tropa. No me quiero enfrascar en el debate acerca del recoloreado de comics clásicos, porque no me considero un experto en el tema. Simplemente quiero decir que esta versión, con estos colores y estos efectos, me gustaron mucho y captan muy bien el espíritu de lo que Simonson nos narra en sus historias. En cuanto a los guiones y los dibujos, me sorprendió el hecho de que me acordaba bastante… y eso que leí estas historietas por primera vez hace más de 30 años. Por ahí en algún momento, cuando completé la colección, las releí todas de un saque y por eso me las acuerdo. Lo importante es que están muy bien, no se sienten antiguas, tiene una fuerza increíble y, comparado con los números de Thor inmediatamente anteriores al 337 (que es donde Simonson asume como autor integral), acá hay un salto de calidad que se mide en años luz, o eones. Si pasás del último número de Stan Lee al primero de Simonson, se entiende todo y te ahorrás el mal trago de ver cómo una serie que en los ´60 era una aplanadora decae mes a mes durante toda la década del ´70 y llega al ´83 de milagro, enchastrada en el fango de una mediocridad alarmante. Y lo mejor de todo es que Simonson no viene a recontar las historias de Lee y Kirby. Se nutre un poco de esa etapa de gloria, pero claramente su intención es ir para adelante, es inaugurar la Era Moderna del Dios del Trueno con otro tipo de historias, nuevos personajes, nuevos vínculos entre los personajes que ya existían, etc. Y con algo a lo que Walt le saca un provecho enorme que es la posibilidad de planificar a largo plazo. Este es un material clásico, acerca del cual ya se escribió mucho, así que no me quiero poner a analizarlo de manera puntillosa. Sí me interesa recomendarlo, para que el fan de Thor (o de Simonson) que todavía no lo haya leído, se tire de cabeza y lo disfrute. Por ahí cuando encare la lectura de los otros cuatro tomos encuentro elementos para plantear algún tipo de crítica o de discusión, pero por ahora esto me sigue pareciendo tan alucinante y tan impactante como cuando lo leí de adolescente. Ah, magnífica la edición del TPB, con un montón de extras copados.
Durante 2021 la editorial Sudamericana publicó un libro de humor de Gustavo Sala titulado Buenos Aires en Pelotas, ingenioso guiño al Buenos Aires en Camiseta del legendario Calé. En general, cuando los capos del humor gráfico revulsivo o transgresor publican en estos grandes oligopolios que dominan la industria del libro, salen trabajos blanditos, domesticados, donde la identidad temática o incluso gráfica de los autores se puede llegar a diluir en ese intento por llegar a un público lo más amplio posible. Gustavo Sala, en cambio, abre una página del libro con la frase “me cogí tres bebés con Down y les hice caca en la boca”. O sea, esto es sin concesiones. Es Sala puro, con toda la carga desmesurada y genial de escatología, sexo y delirio que el marplatense despliega normalmente en sus historietas para medios más cercanos al under. Las distintas historietas, viñetas y chistes giran en torno a la ciudad de Buenos Aires, y además de analizar la vida y el ecosistema de los porteños desde la guasada y la bizarreada, el autor mete reflexiones muy afiladas acerca de la proliferación de indigentes, los curros inmobiliarios del funesto Rodríguez Larreta y otros aspectos bastante oscuros y sórdidos de la vida en la capital argentina. Hay muchos momentos para reírse, otros para decir “nah, te fuiste a la mierda”, pero también hay momentos en que el humor gira en torno al drama de la gente que vive en la calle y come de la basura. Barrios, edificios, monumentos, taxis, subtes, colectivos, pizzerías, cines, teatros, estadios, bares y fondas forman parte de este recorrido en el que Sala satiriza las más sacrosantas instituciones porteñas con una mala leche sumamente disfrutable y con esa impronta tan típica del autor que hace que uno sepa dónde empieza el chiste pero no dónde puede llegar a terminar. No sé si Buenos Aires en Pelotas está entre los mejores trabajos de Sala. Probablemente no, porque me consta que se divierte más jodiendo con la fauna del rock que con el tango, los vendedores ambulantes y las bicisendas. Pero tanto si sos porteño y amás a Buenos Aires como si la visitaste alguna vez ocasionalmente y dijiste “no vuelvo nunca más”, el libro te va a arrancar varias sonrisas y alguna que otra carcajada estridente. Y además vas a ser testigo de cómo el dibujo de Gustavo Sala sigue su curva ascendente. Como siempre, es humor para gente a la que no le molestan los chistes de porongas, caca y curas pedófilos. Si eso no te escandaliza ni te repugna, ponete en pelotas y corré hasta la librería de tu barrio a buscar este libro. Me despido por hoy, no sin antes contarles a quienes siguen este blog desde San Nicolás que en martes 8 presento ¿Quién quiere ser superhéroe? en la librería El Buen Libro. Y a quienes nos leen desde Rosario, los espero el miércoles 9 en la sala Irma Peirano del Centro Cultural Roberto Fontanarrosa. En ambos casos la cita es a las 19 hs y van a poder comprar el libro a precio promocional y llevárselo firmado. Nos vemos pronto.

sábado, 31 de julio de 2021

ESSENTIAL X-MEN Vol.8

Esta semana pude leer un solo libro, pero es un masacote de casi 550 páginas, así que está muy bien.
Y sí, llegué a ese momento que yo siempre señalo como el punto ideal para bajarse de X-Men y X-Factor, por lo menos hasta que llegue Grant Morrison a New X-Men. Si sos muy fan de los X-Men clásicos (tanto los de Stan Lee y Jack Kirby como los de Chris Claremont, Len Wein, Dave Cockrum, John Byrne y familia), acá está ese punto clave (la saga de Inferno) en la que Claremont y Louise Simonson cierran un montón de puntas argumentales, atan cabos y le ponen un moñito precioso a los primeros 25 años de este concepto segundón de los ´60 ascendido a franquicia en los ´80. Lo que viene después es ostensiblemente inferior a lo que nos ofreció Claremont hasta este punto, y si bien en su momento lo seguí leyendo, no es algo que me interese tener o releer. Post-Inferno banco a Louise Simonson en New Mutants, alguna saguita de Claremont en Excalibur, y por ahí alguna aventura de la revista solista de Wolverine. Pero sin dudas con Inferno se cierra la Era de Oro de los mutantes, y cuanto más nos acercamos a 1990, más avanzamos hacia una caída muy marcada en la calidad de Uncanny X-Men y X-Factor, y al viraje bestial de New Mutants hacia la ilegible X-Force. Ojo, este tomo tampoco está al nivel demoledor del anterior. Hasta que llegamos a Inferno, Claremont nos inflige un par de sagas que sin ser chotas, ya muestran signos de estiramiento al pedo y de un cierto desgaste por parte del veterano guionista. Sobre todo en esa trilogía contra los Brood, que no tiene pies ni cabeza. El arco contra los Reavers dentro de todo zafa, excepto por ese final absurdo en el que los X-Men se proponen devolver TODO lo que habían robado estos criminales a sus dueños originales, en un operativo al estilo Papá Noel, en la noche del 24 de Diciembre. Un argumento pueril, e insostenible. Pero como siempre, Claremont te entretiene con el buen manejo de los vínculos entre los personajes, diálogos copados y un gran nivel en los bloques de texto. También antes de Inferno tenemos un Annual con dos historias, una en la Savage Land con el High Evolutionary (también con los diálogos y los vínculos como principal atractivo) y una muy graciosa contra Mojo, totalmente en joda, que no es genial, pero casi. Y también la saga de Genosha, oscura, intensa y un toque estirada. El final es apoteótico. Cinco números de Uncanny y cuatro de X-Factor contra los demonios del limbo, los Marauders, N´astyrh, el enigmático Mr. Sinister y la mismísima Madelyne Pryor, ahora transformada en Goblyn Queen. Son muchas páginas y la verdad es que los malos desaprovechan demasiadas oportunidades de hacer boleta a los buenos. Pero es una narración atrapante, todo el tiempo pasan cosas fuertes, y los guionistas te convencen de que lo que está en juego es realmente grosso. Al pobre hijito de Scott y Madelyne lo revolean como al guantelete del infinito en Avengers: Endgame, los buenos se pelean entre ellos y hasta hay cosas que no se entienden si no leés los episodios de New Mutants que este libro no incluye (por suerte tengo las revistitas). Pero lo realmente importante es que acá se pasan en limpio un montón de temas pendientes, acerca de Madelyne, Jean Grey, el Phoenix, los hermanos Summers… y además tenemos machaca a gran escala contra villanos de inconmensurable poder, algún que otro giro imprevisto y un final bien orquestado, donde no te sentís estafado sino satisfecho a tal punto que –repito- podés decir “chau, hasta acá llego”, sin sentir que quedan cuentas por saldar. En el primer número de este Essential (Uncanny nº 229) la diosa Roma les propone a los X-Men atravesar el portal Siege Perilous y empezar una nueva vida. Le dicen que no, y se quedan a protagonizar estos 15 episodios (y el Annual) que acabamos de comentar. Un par de meses después de Inferno le van a decir “bueno, dale” y el resultado va a ser muy negativo. Pero no vamos a entrar en esa etapa. En cuanto a los dibujantes, hasta el momento de Inferno tenemos una alternancia entre Marc Silvestri (que me resultó bastante más limitado que cuando leí este material en los ´80) y Rick Leonardi, mejor que Silvestri, más suelto, más plástico, pero todavía lejos de su mejor nivel. En el Annual tenemos un montón de páginas dibujadas como los dioses por el siempre brillante, sutil y exquisito Arthur Adams. Y en la saga de Inferno vemos a Silvestri esforzarse un poco más en las páginas de Uncanny (de hecho, hay un número en el que el dibujo realmente me gustó, quizás porque en vez de Dan Green lo entinta Hilary Barta), y perder por goleada en la comparación con el dibujante de X-Factor, que no es otro que el maestro Walt Simonson. Con la posibilidad de dibujar poquísimos fondos, Simonson nos brinda un trabajo sublime en los cuerpos y los rostros, al nivel de trabajos monumentales onda X-Men/ Teen Titans. Las tintas de Al Milgrom complementan a la perfección el trazo dinámico del maestro, que le impone emoción a la acción y una profundidad genuina a las escenas más introspectivas. Por supuesto, la posibilidad de disfrutarlo en blanco y negro también potencia el impacto del dibujo de Simonson. Si no tenés la menor idea de quiénes son los X-Men, o de por qué personajes como Wolverine, Storm, Colossus, Nightcrawler, Cyclops o Jean Grey se ganaron un lugar en la cultura de masas a nivel planetario, los primeros ocho Essentials de X-Men te explican todo de un modo magnífico. A lo largo 14 años, Chris Claremont y sus dibujantes pusieron la vara tan alta que ni ellos la volvieron a alcanzar. Y en el medio redefinieron el concepto de qué es y cómo funciona un grupo de superhéroes. Una gloria. Nada más, por esta semana. Nos reencontramos el finde que viene, acá en el blog.

miércoles, 20 de diciembre de 2017

RESEÑAS DE MIERCOLES

Aprovecho un rato libre para reseñar un par de libros más que tengo leídos.
Entre 2010 y 2011 el maestro Oscar Grillo (argentino radicado hace muchísimos años en Inglaterra) adaptó al comic El Poeta Asesinado, de Guillaume Apollinaire y lo convirtió en una novela gráfica de unas 140 páginas que se editó en Francia, en el Reino Unido y este año en nuestro país.
Esto es un delirio absoluto. Apollinaire era un genio, o estaba loco, o las dos cosas. En esta obra (que data de 1916) se propuso –digo yo, no me consta- ridiculizar al ámbito artístico e intelectual parisino. Por su páginas desfilan dramaturgos, poetas, pintores y críticos de arte y –con la excepción de Pablo Picasso- ninguno sale bien parado. El tono de la obra es claramente farsesco, por momentos desopilante, como si fuera un sketch de Cha-Cha-Cha. Pero el nivel de la sátira y el hecho de que el dibujo de Grillo ofrezca resemblanzas entre los personajes de la historieta y personajes de la realidad, le agrega un filo más cercano al de las parodias de MAD.
Grillo conserva pasajes del texto en los que Apollinaire en vez de narrar baja línea, o ironiza acerca de cómo se escriben las obras de teatro exitosas, o cómo las mujeres de esa época se vinculaban con el fenómeno naciente de la moda. Acá, ya más que MAD parece Tía Vicenta. Esas interrupciones en el relato hacen mucho ruido, al igual que algunos volantazos muy extremos de la trama y algunas viñetas en las que los personajes se mandan extensos soliloquios, contenidos en globos o bloques de texto enormes, que le disputan el protagonismo a los dibujos de Grillo.
Y ahí está la pulenta. Visualmente esto es una exquisitez, un lujo por donde se lo mire. Grillo trabajó muchos años en el campo de la animación y se le nota el trazo suelto, hiper-plástico, hiper-expresivo, una especie de Carlos Nine más contenido, más concentrado en que (como en la animación) los personajes se vean idénticos de una viñeta a otra. ¿Te gusta Juan Sáenz Valiente? Bueno, mirá a Grillo y vas a ver de dónde aprende Juan. Como Grillo también es un genio, está loco, o las dos cosas, prueba variantes en la línea, no dibuja siempre igual. A veces es más sutil, a veces más grotesco. Así como en un momento me recordó a Nine, en otros me recordó a Kyle Baker, en otros a Landrú, en otros a los dibujos animados de Mr. Magoo… Un kilombo alucinante, digno de un elemental del lápiz, de esos dibujantes absolutos como Oscar Grillo.
Hora de entrarle al Vol.2 de Indestructible Hulk y recomiendo repasar la reseña del Vol.1, aparecida un ya lejano 26/06/15. Es un tomo medio ladri, porque te recopila cinco episodios de la serie y 22 páginas de bocetos. Dejame de joder, no necesito 22 páginas de bocetos. Poneme un episodio más, o publicá el libro con menos páginas y cobrámelo más barato.
Okey, los bocetos son de Walt Simonson y Mateo Scalera, a quienes vimos dejar la vida en las historietas del tomo. Scalera más sintético, más pendiente de la magia que le ponen encima los coloristas, sólido pero lejos de las maravillas que le vimos en Black Science. Y Simonson, al revés. Comprometidísimo, decidido a no dejar ni el menor detalle librado al azar, con un montón de viñetas y unas cuantas páginas perfectas, al nivel de sus mejores trabajos. Digo “al revés” no porque Simonson sea bueno y Scalera malo, sino porque en las páginas de Simonson, los coloristas se tienen que esforzar para aportar algo que el dibujo no haya aportado… y se les complica, porque Simonson pone todo. Los climas, la épica, los truquitos narrativos, los estallidos de líneas cinéticas… Una aplanadora.
¿Y qué onda los guiones? Los tres numeritos con Thor en Jotunheim están estiradísimos y son una mera excusa para que Simonson vuelva a dibujar al personaje con el que se consagró. Pero un habilidoso del guión como Mark Waid nunca retacea momentos interesantes, ya sea en algún diálogo ingenioso o en algún giro imprevisto para algún personaje secundario. Y los dos episodios con Daredevil le sirven a Waid para explorar la relación entre los dos personajes que tenía en ese momento a su cargo, unidos en una aventura argumentalmente muy menor, donde el conflicto es –de nuevo- una excusa chiquita y casi boluda para ver a Hulk y Daredevil luchando juntos. Evidentemente, el atractivo no pasa por la pelea con los villanos, sino por la interacción entre los buenos. Creo que tengo un tomo más de Indestructible Hulk, pero no me acuerdo si es el Vol.3 o el Vol.4. La verdad que si me falta el 3, en una de esas sigo adelante y eventualemente la completaré. Tampoco me quita el sueño. De hecho, lo que vendría a ser el Vol.5 ya lo leí (ver reseña del 26/05/16).
Y hasta acá llegamos. Tengo más libros leídos, así que vuelvo pronto con más reseñas. ¡Nos vemos!

martes, 18 de octubre de 2016

TRES DE MARTES

Mirá qué pocas fichas le ponía DC en los´70 al tema de editar comics en formato libro, que en 1979 licenció la recopilación del Manhunter de Archie Goodwin y Walt Simonson (gema absoluta de 1973-74) a otra editorial, la cuasi-ignota Excalibur Enterprises. Así salió este extraño libro coordinado por Roger Slifer (más tarde co-creador de Lobo), en formato de álbum europeo, y –lo más grosso- con la historia completa y EN BLANCO Y NEGRO. Si leíste el Manhunter de Goodwin y Simonson (y si no, leelo YA), recordarás que el Gran Walt se zarpaba con páginas de 12 o 14 viñetas hiper-abigarradas, repletas de información. Imaginate cuánto mejor se ve eso en un formato más grande y sin el color horrible de los comic-books de los ´70. Visualmente esto es un redescubrimiento GLORIOSO del trabajo de Simonson, en el que la línea, la mancha, la composición y hasta las onomatopeyas cobran mucho más sentido y pegan mucho más fuerte. Maravilloso es poco.
Del guión no sé si hace falta hablar. Se trata de un clásico reeditado mil veces, que supongo que ya casi todos conocerán, aunque sea de oído. El único problema que tiene esto es que es muy corto. Uno quisiera que la saga continuara por lo menos 100 páginas más, por la cantidad de conceptos grossos y por la profundidad que Goodwin logra darle (aún en espacios muy reducidos) a las aventuras de Paul Kirk. Por supuesto tengo el recopilatorio que sacó DC cuando murió Goodwin, ese que incluye la historia inédita que Simonson dibujó pero se negó a ponerle textos por respeto a la memoria de su amigo. Y por esa historia me lo guardo, aunque ahora tenga repetido todo lo demás y se vea todo tanto mejor en esta gema bizarra del ´79.
Después de muchos amagues, me introduje en el mundo de Alfonso Zapico, el galardonado autor español, y empecé por el principio, por su opera prima, Café Budapest, de 2008. Me encantó. No parece para nada una opera prima, sino una obra de un autor ya maduro, ya muy canchero en esto de las novelas gráficas en las que se combina la historia de un puñado de personajes de ficción con hechos históricos atractivos. En este caso, Zapico sitúa su historia en 1947, justo cuando se crea el Estado de Israel en una porción de tierra que hasta entonces formaba parte de Palestina. La novela es una especie de Year One de todos los kilombos de la famosa Franja de Gaza, que luego retratarían en sus historietas autores como Joe Sacco o Guy Delisle, sin el atractivo de introducir personajes ficticios. En ese rubro, el virtuoso autor asturiano saca una ventaja notable: sus personajes son verosímiles, laten, transmiten un montón de emociones y uno aprende rápidamente a quererlos.
Y además, no aburre con data enciclopédica. Café Budapest explora, explota y explica un contexto histórico complejo y sumamente interesante, pero no se queda en eso. Lo articula perfectamente con lo más jugoso que tiene la novela gráfica que son las historias de los personajes, con sus amores, sus rencores, sus luchas, sus convicciones y las heridas que quedaron abiertas tras la Segunda Guerra Mundial. Recomiendo grosso esta obra de Alfonso Zapico y en cuanto pueda voy por más.
Y cierro con una brevísima mención al Vol.12 de Macanudo, el más reciente tomo recopilatorio de la tira que hace Liniers hace ya mil años para el diario La Nación. Lejos, lo mejor del tomo está en las cuatro páginas finales, con la historia del Gigante Buenagente, una cátedra de humor fino, imaginación, dibujo, color y timing. Después hay algunos hallazgos, cuatro o cinco chistes de esos que te hacen reir fuerte, algunos personajes nuevos con potencial (La Guadalupe), nerdeadas varias y muchas tiras en las que Liniers nos pasea por climas y situaciones que ya vimos tantas veces en Macanudo que uno se pregunta si no son republicaciones o versiones redibujadas de chistes de hace ocho o diez años. Pero bueno, el universo de la tira diaria funciona así, con la reiteración como un elemento más, y con la familiaridad entre el lector y las situaciones como un pilar sobre el que se sostiene casi todo lo demás. Y sí, Liniers ha sabido romper ese esquema con la frecuencia suficiente como para que lo sigamos leyendo con atención… además de maravillarnos con la calidad de sus dibujos.
¡Volvemos pronto con más reseñas!



jueves, 20 de octubre de 2011

20/ 10: LEGENDS OF THE WORLD´S FINEST


Volvieron los superhéroes, que venían medio relegados en las últimas semanas del blog. Y los elementos sobrenaturales, a pleno. Esto es una cruza entre el género superheroico y el terror: hay conjuros, pesadillas, posesiones, demonios, todo tipo de criaturas abisales y hasta una invasión de Gotham por parte de las huestes infernales. En el medio, Superman y Batman hacen más o menos lo que pueden, ampliamente superados por la magnitud de la amenaza que enfrentan.
Igual sabés que al final van a ganar, pero en el medio el guión del mítico Walt Simonson ofrece varios giros interesantes. El que a mí más me gustó tiene que ver con Batman. Atormentado por pesadillas que no son las habituales (o sea, que no tienen que ver con el asesinato de sus padres), Batman empieza a perder el foco, se equivoca, se tropieza, se manda cagadas que demuestran impericia y falta de planificación, todo lo contrario al Guacho Winner, copa y medalla en todas las disciplinas, al que estamos tan acostumbrados. Y después hay otras boludeces menores, pero lindas, como ese Superman más dark, más pasado de rosca, y todo el desarrollo de Silver Banshee, que es el personaje que sale más enriquecido de la saga, aunque no sé si otros guionistas se hicieron cargo más adelante de algo de lo que sucede acá.
Lo más difícil en los comics compartidos por Superman y Batman debe ser repartir parejo el protagonismo. Generalmente, si la amenaza es más cósmica, Superman se luce y Batman está pintado al óleo. Si la amenaza es más urbana o requiere de más intelecto, es el kryptoniano el que queda pintado, como Ricardito Alfonsín en el electrizante duelo entre Víctor Hugo y Magdalena. Acá Simonson la hace bien: la amenaza esta vez es mística, y ahí los dos campeones juegan de visitante, como en la final de la Intercontinental. La trama está un poco estirada: si te ponés en estrecha, sobran todos los villanos de Gotham, Lois Lane, Man-Bat y hasta Silver Banshee, con sus escenas grossas y todo. Pero más o menos se banca, porque el plan del villano está bueno y porque es todo tan heavy que las fronteras entre los buenos y los malos terminan por desdibujarse al punto en que deja de ser obvio quién de todos esos hijos de puta va a perder y quién puede llegar a zafar una vez que ganen los buenos.
De todos modos, lo realmente grosso, lo que justifica comprarse el tomo sin dudarlo 15 segundos no es el guión de Simonson, sino el arte de Dan Brereton, bestia salvaje, en su laburo inmediatamente anterior a Nocturnals (el que reseñamos un ya lejano 15 de Agosto de 2010). Brereton dibuja todo perfecto menos a Batman, que le sale un poco grotesco, casi desproporcionado. Todo lo demás es finoli-finoli, y por supuesto bien dark, para estar a tono con el guión. Como siempre, Brereton no sacrifica la narrativa para apostar fuerte al estilo pictórico. Tiene cuadros un poquito estáticos, donde se nota demasiado el trabajo con modelos (la gran Alex Dioss, Tony Harris y un infinito etcétera), pero también pela un montón de secuencias de gran dinamismo, claras, precisas, en las que podríamos omitir los textos y aún así entender todo lo que pasa. Se nota que, aunque el guión no sea suyo, Brereton metió miles de sugerencias y terminó por dibujar lo que él tenía ganas de dibujar: demonios, guerreros y monstruos que se cagan a espadazos. El último episodio es básicamente eso, pero para llegar hasta ahí, el tipo se fumó unas cuantas páginas de más de cinco viñetas y largas secuencias urbanas de gente común que habla, todo piloteado con gran jerarquía por este talentoso artista oriundo de San Francisco.
Si te querés deleitar con hermosas visiones de Superman, Silver Banshee, una Blaze aterradora, un Man-Bat escalofriante, un Two-Face magistral y un montón de machaca sobrenatural con criaturas del Averno, Brereton te sirve en bandeja un manjar pesadillesco pero inolvidable. Y Simonson te cobra peaje, pero barato. No hace falta resignarse a soportar un guión pedorro, porque –sin ser una maravilla- este se sostiene con bastante decoro, sobre todo si pensamos que es del ´93-´94, cuando la mayoría del mainstream yanki apestaba más que las pútridas criaturas con las que pelean los World´s Finest en esta saga.