el blog de reseñas de Andrés Accorsi
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jueves, 30 de mayo de 2024

NOCHE DE JUEVES

Bueno, ocho posteos en Mayo y 40 en cinco meses no está tan mal. Hoy empezamos con Black Panther: Panther´s Quest, el tomo que recopila el extenso serial que se publicó a fines de los ´80 a lo largo de 25 entregas de la revista Marvel Comics Presents. Cuando la leí en su momento, en fetas quincenales de (casi siempre) ocho páginas, me gustó mucho más. Hoy no llegó a parecerme una cagada, pero se nota demasiado que el guionista Don McGregor tenía una idea muy chiquita y se propuso estirarla hasta los límites más insospechados. El conflicto principal (T´Challa busca a su madre que fue raptada por un sudafricano blanco hace casi 30 años) está muy bueno, y la resolución también. Y el resto no está a la altura, ni ahí. Lo mejor que tiene Panther´s Quest es cómo se enchastra en un contexto muy picante a fines de los ´80, y que fue abordado por varios comics de superhéroes: el Apartheid. Y como la saga es muy larga, McGregor incluso tiene espacio para mostrarnos que no todos los negros eran víctimas, y que en Sudáfrica había hijos de puta, violentos y perversos de las dos razas. El guionista además tira mucha data acerca del Apartheid, no es solo un adorno, o una mención superficial para darle sustento a los kilombos en los que se mete T´Challa. Y lo otro muy copado es (como siempre) el nivel de la prosa de McGregor, abundante, por momentos agobiante, pero de muy alto vuelo, con momentos dignos de un Robin Wood, un Héctor Oesterheld o un Alan Moore. Los diálogos me gustaron menos. Y lo más lamentable es la sucesión absurda de peripecias por las que pasa T´Challa para ir del punto A al punto B: un laberinto del terror en el que mil veces lo cagan a piñas, le pegan tiros, lo prenden fuego, le clavan vidrios, alambres de púa, cuchillos, lo ahogan... y el tipo (que no tiene superpoderes, ni garras de vibranium, ni nada) se levanta una y mil veces, roto y ensangrentado, y sigue adelante en sus combates contra quien se le ponga adelante. Hay tres o cuatro pausas en el relato en los que el héroe puede descansar, curar sus heridas y recuperar sus fuerzas y su prodigioso estado físico. Pero es demasiado, son muchos golpes, tajos, fracturas... llega un punto (bastante temprano en la narración) en la que tantos "puntos de daño" hacen mierda el verosímil que intenta construir McGregor. Y el atractivo que no envejece, sino que -por el contrario- se disfruta cada vez más, es el dibujo del maestro Gene Colan, acá entintado por Tom Palmer, su clásico socio en gemas como Tomb of Dracula. Incluso con un color que oscila entre lo olvidable. lo repulsivo, la dupla Colan/ Palmer garantiza una calidad impresionante en la faz gráfica. En algunas páginas hay fondos que podrían estar y no están, pero en general el comic hace gala de un gran dinamismo, con puestas que enfatizan el fluir de la acción, rostros que acentúan el dramatismo de lo que sucede, mucha variedad en los enfoques... Solo faltaría que McGregor se llamara al silencio y dejara que Colan narre algunas secuencias sin texto, pero sabemos que eso es imposible porque si hay un guionista famoso por su verborragia, es este. Panther´s Quest no tiene mucho que ver con la versión de Black Panther que conoce y consume la mayoría de los fans actuales, y si no fuera por la importancia del Apartheid en la trama, es un comic que se podría haber creado tranquilamente a fines de los ´60, o en cualquier momento de los ´70. Pero está bueno porque -si bien está groseramente estirado- es intenso, jugado, áspero y relevante para la historia del personaje.
Cuarto tomito de DDDDD, y último de los que tenía comprados. Muy bueno. Inio Asano me terminó de cebar con esta entrega, en la que incorpora nuevos personajes muy atractivos, avanza los plots que involucran a las chicas que están desde el principio (que ahora en vez de a la secundaria van a la universidad) y hace crecer a límites zarpados la intriga y la tensión en torno a los invasores, a los que ahora vemos de cerca, y hasta escuchamos hablar. ¿Qué son esos seres que parecen niños humanos con escafandras bizarras? ¿De dónde vienen? ¿Cómo se adaptan a vivir en las ciudades terrestres cuando las fuerzas militares destruyen sus naves? Ahí hay material para contar muchísimas historias apasionantes, y ese es el camino que pareciera tomar DDDDD. En el medio hay diálogos delirantes y muy cómicos (los raptos de violencia y megalomanía de Ouran son espectaculares), más slice of life con la que Asano explora la vida de la gente en estas ciudades alteradas por la presencia de los alienígenas, referencias mangas y videojuegos, romance y hasta escenas tremendamente crudas en las que vemos a los militares hacer mierda a los invasores. Ah, y otra historieta cómica de Isobeyan para abrir y cerrar el tomo bien arriba. De alguna manera (que espero haber expresado de manera elocuente en estas cuatro reseñas), Asano logró convencerme de que Dead Dead Demon´s Dededede Destruction tiene lo que hay que tener para convertirse en un manga fundamental, que recontra vale la pena seguir hasta el final. Tiene mucho que ver la descomunal calidad del dibujo, obviamente, pero también el desarrollo de los personajes y la forma siempre extraña que tiene este autor de borrar las fronteras entre los géneros y nunca quedar encasillado en ninguno. En pocas páginas Asano puede pasar de lo pavote a lo profundo, del humor al drama, de lo cotidiano a lo bizarro, como para que el lector no sepa nunca qué esperar, ni por dónde va a venir el próximo golpe, o el próximo volantazo en la narración. Me pongo en campaña para conseguir más tomos (a ver si Ivrea hace lo mismo para devolverle algún tipo de periodicidad a la edición argentina) no con la certeza, pero sí con la ilusión, de estar frente a una nueva obra maestra de este monstruo llamado Inio Asano. Nada más, por ahora. Gracias por el aguante y vuelvo a sumergirme en el océano de la Comiqueando Digital, cuyo nº9 ya está cerca.

jueves, 13 de diciembre de 2012

13/ 12: ESSENTIAL BLACK PANTHER Vol.1

Otro trip a la década del ´70, la oprobiosa Verdul Age en la que los comics de superhéroes eran mayoritariamente bochornosos, sacados con fritas por autores a los que nada les importaba menos que jerarquizar con su talento a un mainstream que no se cansaba de perder terreno en los kioscos. En ese contexto, esto no está tan mal.
Buena parte de estas 528 páginas están dedicadas a la serie Jungle Action, cuyos números 6 al 24 protagoniza Black Panther de la mano del verborrágico Don McGregor. Esto arranca con la extensa saga llamada “Panther´s Rage”, lo más parecido a una etapa clásica que tuvo la Pantera. En “Panther´s Rage”, McGregor cocina a fuego muy lento un duelo a todo o nada entre el protagonista y Erik Killmonger, un villano sorprendentemente bien trabajado, capaz de cagarse a trompadas con el Black Panther superhéroe, y a la vez capaz de desestabilizar mediante astutas operaciones políticas a T´Challa, el gobernante de Wakanda. Hasta que llega la machaca final, Killmonger aparece poquito, teje desde las sombras y manda a sus sicarios a enfrentar a la Pantera, a desgastarlo por el lado físico y por el de las intrigas palaciegas, que también tienen bastante peso. McGregor genera –por primera vez- un amplio eleneco de personajes secundarios para T´Challa y a lo largo de 12 episodios los maneja muy bien.
Sin embargo, cuando termina “Panther´s Rage”, el guionista se lleva al personaje a EEUU, a meterse con el tema de la discriminación racial y, si bien las aventuras no son chotas, se extraña esa dinámica en la que el Black Panther héroe entraba en conflicto con el Black Panther rey. Por supuesto, todo esto tiene el problema de que –fiel a su estilo- McGregor se zarpa con infinitos diálogos y bloques de texto repletos de palabras. Muchas veces su prosa cobra un vuelo lírico muy notable, al estilo del mejor Robin Wood, y otras veces te manda a dormir más rápido que una sopa de lexotanil o un disco de Entre Ríos. Como siempre y por sobre este “defecto”, a McGregor se le nota el genuino compromiso con lo que está escribiendo y eso claramente se agradece.
Esta etapa tiene varios dibujantes, pero el tramo más largo y más recordado es el que está a cargo de Billy Graham, un dibujante negro, de escuela muy clásica, que le supo dar a su Black Panther una impronta bien dark, bien salvaje, y dejar su marca en la serie sobre todo gracias a su impactante planificación de las páginas. Para mi gusto, sin embargo, el número mejor dibujado es uno en el que coincide una dupla que más tarde la rompería en Daredevil: Gil Kane en lápices y un muy joven Klaus Janson en tintas.
Cuando las ventas bajan, Marvel cancela Jungle Action para lanzar al mes siguiente una serie regular de Black Panther, ahora escrita y dibujada por Jack Kirby. El Rey se deshace de todos los personajes secundarios y cambia totalmente la onda de la serie: ahora T´Challa es un aventurero que recorre el mundo en busca de ciudades perdidas, donde se encuentra con artefactos imposibles como el agua de la juventud eterna o una máquina del tiempo con forma de dos sapos de bronce. Los argumentos son livianitos, meras excusas para que nunca falte la machaca, y los nuevos secundarios que rodean a la Pantera son seres granguiñolescos, casi cómicos. De los 12 números que llega a realizar Kirby, el libro trae 10, y recién en el décimo lo vemos a T´Challa pisar suelo wakandiano, para liquidar en tres viñetas a un villano que venía juntando chapa hacía varios episodios.
Estas bizarras aventuras, más raras que buenas, tienen como principal (y quizás único) atractivo el dibujo de Kirby, muy estilizado, muy zarpado, casi una caricatura de lo que él mismo hacía en los ´60, y aún así muy, muy sólido. Todavía faltaba un cachito para ver cómo el Rey decaía hasta su triste nivel de principios de los ´80. En su etapa al frente de Black Panther todavía se lo ve tan power como en los mejores números de Kamandi, Demon o Mister Miracle, los trabajos que a mí más me gustan de lo que hizo para DC.
Aguante la Pantera y anótenme para un segundo Essential, que quiero tener en libro la saga de McGregor dibujada por Gene Colan.

viernes, 9 de julio de 2010

09/ 07: ESSENTIAL KILLRAVEN


Bienvenidos a otra epopeya setentosa con la que Marvel busca pegar un hit por afuera del género superheroico. War of the Worlds (que así se llamaba la serie protagonizada por Killraven) fue uno de los primeros comics extensos en abordar la temática de la ciencia-ficción post-holocausto. Pero leído hoy, el primer tramo no aporta nada que no hayas leído o visto infinitas veces: la célula rebelde, la resistencia a un invasor que es mil veces más poderoso, un paseo por un Estados Unidos arrasado por los conquistadores alienígenas, el show de las criaturas mutantes… Seguro te suena a más de lo mismo. Esto, sumado al formato episódico y a los abundantes bloques de texto, hacen que War of the Worlds se parezca muchísimo a una historieta de Columba. Cambiame a Herb Trimpe por Rubén Meriggi o Ricardo Villagrán (sí, ya sé que el canje no te favorece) y esto podría ser una saga de Mark o de Crazy Jack.
Pero cuando Trimpe se va y llega P. Craig Russell, el guionista Don McGregor pega el volantazo y entre los dos convierten a esta saga en un comic de autor, liso y llano. No excelente ni fundamental, pero osado y lleno de buenas intenciones. McGregor se juega por temas más adultos y por ideas más fumadas, mete más texto y más vuelo poético, la narrativa se hace más sofisticada, se arma una saga más compleja en lugar de episodios breves, el protagonismo se reparte mejor entre el elenco que acompaña a Killraven, y Russell (sobre todo cuando le permiten entintarse a sí mismo) responde con una sensible mejora en la calidad del dibujo. Para cuando la cosa se pone realmente buena, la serie se termina con un gran capítulo final, en el que no pasa absolutamente nada.
Los autores regresan en 1983 con una novela gráfica (que sufre un poco al reproducirse en blanco, negro y grises), en la que McGregor cierra cabos sueltos y Russell hace gala de la impresionante evolución que sufrió su estilo en los años del bache. En el ´76 era promisorio, en el ´83 era devastador. Para cerrar, un one-shot de 2001 a cargo de Joseph Michael Linsner (también muy pensado para ser leído a color) que aporta poco, y en el medio, un team-up con Spider-Man sin pies ni cabeza.
Además de Trimpe y Russell, el caos marveliano de los ´70 hace que por la serie pasen un primerizo Keith Giffen, un glorioso Gene Colan y –en el primer episodio- un majestuoso Neal Adams. También mojan Howard Chaykin y Rich Buckler, pero los dos tratan de imitar a Adams, así que no vale.
Si hay algún motivo por el cual tenga sentido hablar hoy de Killraven, seguramente se debe a la etapa de Don McGregor y Craig Russell. El guionista, víctima de cariñosas burlas por su propensión a llenar viñeta tras viñeta con interminables mega-choclos de texto, abordó esta serie con un compromiso autoral poco frecuente en la Marvel de los ´70, y se zarpó hacia rumbos que sólo eran posibles en una serie que tenía poco o ningún contacto con el resto del universo heroico de la editorial. McGregor es setentismo puro. Tanto que en los ´80 le costó mucho hacer pie y en los ´90 tuvo un amague de resurrección (con los comics de El Zorro en la editorial Topps) que obviamente duró poco. El tipo fue vanguardia en los ´70 (de hecho, en 1978 publicó la primera novela gráfica de la historia del comic yanki) y después pasó a ser una especie de bizarreada retro, imposible de ser tomada medianamente en serio. Pero en War of the Worlds demostró que con libertad y con un buen dibujante, se pueden gambetear las obviedades y crear un relato distinto. Repito: no excelente ni glorioso, pero con una búsqueda muy interesante, momentos de gran intensidad, una llamativa construcción del héroe grupal y la sana intención de crear una historieta adelantada a su tiempo, de la que vamos a ver ecos en muchos comics posteriores (principalmente en el Dreadstar de Jim Starlin). Ahora falta que Marvel se ponga las pilas y reedite todo lo que escribió McGregor para Black Panther, que pinta muy grosso.