el blog de reseñas de Andrés Accorsi
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viernes, 24 de julio de 2015

24/ 07: CUENTOS DE UN FUTURO IMPERFECTO Vol.1

Este tomito recopilatorio de 1982 incluye siete historias cortas del maestro Alfonso Font, realizadas entre 1980 y 1981, cuando ya estaba muy afianzado en su estilo, o por lo menos en su primer estilo, porque más adelante, cuando se vuelque definitivamente al trabajo a color su grafismo va a mutar y a alejarse bastante de lo que vemos acá.
Estas son historietas extremadamente bien dibujadas, en las que Font le saca un jugo exquisito al blanco y negro. Usa el claroscuro, usa texturas, tramas mecánicas, esfumados, sombreados con carbonilla, punteados obsesivos al estilo Moebius… todo vale para crear estos climas que van a tener una gran importancia a la hora de bajar la línea que el autor quiere bajar en estas historias. Y por supuesto hacen su aporte los personajes, dibujados con soltura, con expresividad y diseñados con rasgos muy distintivos, muy originales, para que ninguno nos resulte parecido al de la historieta anterior o posterior. En el grafismo del Font de esta etapa confluyen Carlos Giménez, Manfred Sommer, Leopoldo Sánchez, Horacio Altuna, el ya citado Moebius… pero de la mezcla sale una identidad fuerte, muy marcada, inmediatamente reconocible y con muchísimos méritos propios, que trascienden los detalles más o menos superficiales que Font puede haber tomado de estos (e incluso otros) colegas suyos.
Vamos con un repasito por las historias. La primera tiene cinco páginas y podría tener dos. Está bien estirada, con diálogos muy interesantes que ayudan a pintar un contexto atractivo, pero la trama en sí se podría resumir prácticamente en las 6 viñetas de la última página.
La segunda también es una historia bastante estirada, un prolongado build-up hacia un remate final gracioso e impredecible. Y de nuevo, uno se entretiene a lo largo de las ocho páginas con unos diálogos muy divertidos, y con el plus de que los protagonistas no son otros que Clarke & Kubrick, los Espacialistas, dos personajes a los que Font luego les daría sus propios álbumes.
La tercera es un chiste largo, que juega con la novedad de la realidad virtual. Es una linda idea, que le permite a Font despegarse durante tres hermosas páginas de la ciencia-ficción y divertirse un poco con otro género.
El listón sube notablemente con la cuarta historia, Stock, cuatro páginas muy sobrecargadas de diálogos en las que Font se mete con la obscena vinculación entre las guerras y las empresas a las que sólo les interesa ganar guita, sufra quien sufra. Es un relato brillantemente descorazonador, amargo, pensado para que te quedes pensando.
La Caza es la historia más larga del tomo, 10 páginas repletas de acción, violencia y mala leche, más descomprimida pero no menos intensa, con menos texto que las anteriores y con un final tremendo, desgarrador, al límite de la náusea.
La sexta historia parte de una idea bastante trillada ya para los ´80 dentro del campo de la ci-fi, muy orientada al remate final y con el atractivo de estar dibujada demasiado bien.
Y la mejor dibujada es la última, Ojos Verdes, también con una revelación shockeante en la última viñeta y un desarrollo apenitas estirado, que le permite a Font lucirse con una puesta en página más libre, menos encajonada, en la que brilla a pleno su virtuosismo gráfico.
El balance es muy bueno, hasta que te enterás que además de estas seis historias Font realizó siete más y que para tenerlas todas hay que conseguir un álbum editado por Norma en 1990, hoy descatalogadísimo. O buscar los numeritos de la revista 1984 (donde salían originalmente), que deben ser más difíciles de encontrar que un disco de chamamé en una disquería de Seattle. Pero bueno, Alfonso Font bien vale los esfuerzos que haya que hacer para tener completa esta interesantísima serie, quizás un poquito anclada en su época, pero con algunas ideas que conservan intacta su vigencia y con un nivel de dibujo formidable.

miércoles, 10 de septiembre de 2014

10/09: LA TIERRA DE LA QUIMERA

¡Uh! Me re-cebé con algo que estoy haciendo para Comicópolis (y que, como todo, es urgente) y me olvidé que tenía un libro leído para reseñar.
Bueno, vamos muy rápido. Básicamente, este álbum se parece bastante al anterior, porque cuenta la vida de un europeo (en este caso una dama española llamada Isabel) entre los aborígenes del Nuevo Mundo. Se nota mucho la chapa que el maestro Enrique Sánchez Abulí tenía allá por 1991: lo dejan escribir un guión donde casi no hay espacio para la data histórica, un guión mucho más aventurero y menos didáctico que casi todos los otros de esta colección.
Lo único que no lo dejan hacer es algo que el devenir de la trama recontra-justificaba, que era mostrar a Isabel garchada por uno o varios indiios del territorio que hoy conocemos como Chile. Hay un tinte erótico muy light, muy sugerido, pero estoy seguro de que si Abulí se hubiera salido con la suya, habríamos tenido varias escenas de sexo memorables. En lo demás, el ídolo impuso su sello. Donde otros ponían toneladas de texto explicativo, mapas y grabados de la época, Abulí puso comedia, persecuciones, humor negro, cheap thrills y bocha de escenas mudas. La Tierra de la Quimera, entonces, es una historieta livana en comparación a las otras de esta colección, de lectura muy ágil, a la que por suerte no le falta intensidad.
El dibujo está a cargo de otro monstruo sacrosanto del comic español de los ´80 y ´90: Alfonso Font, acá a un nivel impresionante. Perfecto en el armado de las secuencias, en la expresividad de rostros y cuerpos,en los climas y las iluminaciones, en ese sutil equilibrio entre aventura, comedia y un tenue amague de erotismo. Pero si tengo que destacar un sólo rubro, el que quizás convierta a La Tierra de la Quimera en el mejor álbum de la extensa trayectoria de Font, creo que me inclino por el manejo del color, que es sencillamente sublime.
Si compraste este libro cuando salió, pegale una releída y volvelo a disfrutar. Si, como yo, te resistías a comprar cualquier título de esta colección y elegiste unos poquitos haciéndote el estrecho, dale una posibilidad. No es el Lope de Aguirre de Albiac y el Viejo Breccia, ni el de Mattotti, ni el de Nine y capaz que tampoco le hace el aguante al de Robin Wood y Lito Fernández. Pero está muy bueno, busca un rumbo bastante distinto a los otros y además es una infrecuente colaboración entre dos próceres como Alfonso Font y Enrique Sánchez Abulí, lo cual te garantiza un piso de calidad más allá de que te enganche o no la historia (bastante cruenta, por cierto) de Isabel y los aborígenes. No sé si me compraré más tomos de esta colección. Quizás se me haya escapado alguno grosso, quizás me compre alguno más por cariño a los dibujantes (hay uno de José Ortiz, por ejemplo, que no tengo). Por ahora, hasta acá llego.

viernes, 14 de diciembre de 2012

14/ 12: PRIVADO

Entre una cosa y otra, hacía como un mes y medio que no leía historieta española, lo cual para mí es una eternidad porque soy muy fan de bocha de autores ibéricos. Hoy vuelvo con tutti.
Privado es un compilado de cinco historias cortas creadas a principios de los ´90 por el maestro Alfonso Font. Se llama así porque se supone que todas las historias giran en torno a detectives privados, aunque la última... va para otro lado. El protagonista podría ser kinesiólogo o verdulero y el argumento funcionaría exactamente igual. En las cinco historias nos encontramos con el Font maduro, cancherísimo, en busca de la síntesis, de un estilo más basado en el claroscuro de Alex Toth que en las infinitas rayitas y puntitos de Jean Giraud. Así es como lo vemos recurrir a yeites muy frecuentes entre otros referentes del claroscuro (digo, además de Toth) como Jordi Bernet, Oswal o Rubén Pellejero, sin perder su impronta personal. Lo que hace Font es raro: le saca detalles y sutilezas al dibujo, pero después, a la hora de colorear, opta por una paleta llena de matices y sutilezas. También hay viñetas coloreadas “a la Columba”: todo azul, y a la mierda. Pero la mayoría está llena de detalles cromáticos exquisitos, que le agregan complejidad y sofisticación a un dibujo que –paradójicamente- se esforzaba por verse simple, crudo y directo.
La primera historia es excelente. El tremendo final de la página 10 te lo empezás a imaginar promediando la 7, pero esas tres últimas páginas son tan, pero tan tensas, tan al límite, que está perfecto. Acá se plantea el clima que se va a mantener hasta el final del libro: historias low-fi, muy habladas, con poca violencia y enchastradas por un trasfondo de corrupción y desesperanza en el que la sordidez le gana siempre a la epopeya.
La segunda historieta es la que a mí más me gustó. Gira en torno a un tópico del relato policial que a mí me fascina, que es “el crimen perfecto” y está llevada de modo brillante, con una sorpresa medio deus ex machina en la última página, al estilo de las grandes historietas de crímenes de la E.C.
La tercera es la más violenta, la más truculenta y tal vez la que menos me cerró, porque recurre al gastadísimo truco de “el personaje está al borde de la locura entonces no sabés si lo que sucede es real o son las alucinaciones del tipo”. La reivindico sólo por su atroz mala leche.
La cuarta es la que más se ajusta a la consigna de “un detective privado junta pistas para resolver un caso”. Lo original acá es la ambientación (un pueblito minero en decadencia) y la resolución, totalmente shockeante e impredecible. Acá también, la tensión crece viñeta a viñeta y para la última página ya se hace definitivamente asfixiante.
Y la quinta es la que menos tiene que ver con los detectives. Acá el autor opta por explorar las aciagas consecuencias que sufre un pobre boludo por no saber controlarse a la hora de la timba. Gary Beck es detective, pero eso no tiene ningún peso en una trama áspera, fatídica, que vos sabés desde la segunda página que sólo puede terminar en desgracia. Otro relato al límite, con una vuelta de tuerca muy ingeniosa en la página final.
Si te gustan este tipo de historias urbanas, jodidas, con personajes cínicos, corrupción y mala leche, acá vas a encontrar cinco ejemplos de por qué Alfonso Font es un grande más allá de los géneros que encare. Algunas son pequeñas obras maestras, otras no, pero el balance de las 50 páginas es sumamente positivo, en parte por los hallazgos de Font en materia de dibujo y narrativa (cosa que a esta altura no debería sorprender a nadie) y en parte porque los guiones, si bien breves, están trabajados a fondo para que las tramas te enganchen, los climas te asfixien y los finales te sorprendan. Y si te gusta el cine, prestale especial atención a la primera historia, que además de ser magnífica se puede filmar con dos pesos con cincuenta.

viernes, 11 de noviembre de 2011

11/ 11: MANO A MANO


Este es un libro raro, de fines de los ´70. En sus páginas se mezclan un montón de historietas cortas, algunas de Carlos Giménez y otras de Alfonso Font. A fines de los ´70, Giménez ya era un número uno en España, pero a Font no lo conocía casi nadie, porque publicaba básicamente en el exterior. Recién en los ´80, con el boom de las revistas de historietas para adultos, este grosso se ganaría un lugarcito en el olimpo del comic español.
Los trabajos de ambos autores (muy amigos entre sí) no se parecen en lo más mínimo. Cada vez que aparece una historieta de Font, es una breve pieza de cuatro páginas, con viñetas grandes, un dibujo muy emparentado con el de los maestros franceses (con Jijé a la cabeza) y argumentos desbordantes de ironía y mala leche. Una especie de anticipo de lo que serán sus Historias Negras, aunque con un dibujo todavía no tan sólido como el que desplegará más adelante, sobre todo en las páginas de Cimoc. Sobre el final hay cuatro planchas de corte más humorístico, realizadas antes que las otras (en 1975), sin textos y con un dibujo un poquito más precario. Eso es olvidable. Las otras cinco historietas de cuatro páginas (todas de 1977) son fundamentales, especialmente Los Protectores y Deficiencia Ficción.
Por el lado de Carlos Giménez tenemos varias cosas distintas: primero, varias historietas de dos páginas, con muchas viñetas por página, y enroladas en temáticas costumbristas, historias ni dramáticas ni cómicas (o las dos cosas a la vez), de ambientación urbana, con un estilo de dibujo muy similar al que Giménez depuraría unos años después en Los Profesionales. Son historietas realizadas en plena transición, pero que no hablan de la represión, ni tocan ningún tema político. Se basan más bien en anécdotas, en personajes pintorescos de la ciudad, a los que seguramente Giménez conoció personalmente. La mejor dibujada es, lejos, Los Demonios Danzan en la Playa.
Y además de eso, hay ocho planchas de una serie llamada La Saga de los Menéndez. Esto está planteado claramente en joda, con un dibujo mucho más exagerado, mucho más próximo al de André Franquin. Cada página es una historia autoconclusiva (un chiste largo) protagonizado por la familia Menéndez, que se parece bastante a la familia de aquel entonces de Giménez. O sea que, una vez más, pero en una tónica totalmente distinta a la de Paracuellos, Barrio, o Los Profesionales, se vuelve a colar la autobiografía en la obra del genio madrileño. Y acá sí, Giménez baja un poquito de línea, sobre temas como el sistema de salud pública o la hipocresía reinante en la sociedad y cómo se traduce en la educación de los chicos. Pero todo eso empalidece bastante frente al dibujo del ídolo, acá totalmente endemoniado, jugado a claroscuros de alto impacto (la octava página parece una de las Ideas Negras de Franquin) y explosivo en la caricatura y el grotesco.
En apenas 48 páginas, Mano a Mano te lleva a pasear por los universos de dos autores, te bombardea con un montón de historias cortas, pasa por varios géneros y te gratifica con algunas historietas de inmejorables dibujos y otras de magníficos guiones. Una rareza, pero de las muy buenas.