el blog de reseñas de Andrés Accorsi
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martes, 18 de marzo de 2025

HISTORIETAS DE AUTOAYUDA

Por esa magia caótica de los montañas donde se apilan los libros que tengo sin leer, en los últimos días me tocó entrarle a dos obras que se apoyan en un mensaje muy particular, vinculadas más a valores espirituales que a las clásicas aventuras de buenos contra malos. La primera se titula Aymará, se publicó en 2021 y es obra de dos autores brasileños: la guionista (que a veces también trabaja como ilustradora) Rita Foelker y el asombroso dibujante Laudo Ferreira. A lo largo de 90 páginas, Aymará nos cuenta cómo un viaje de vacaciones que emprende Ariel (una joven periodista de una revista de actualidad) junto a sus compañeros, se convierte en un viaje hacia el interior de ella misma, hacia su espiritualidad, hacia una percepción mucho más vasta de sí misma, de su rol en la vida, de su forma de vincularse con los demás, con la magia, con la muerte, con todo aquello que -en principio- no tiene demasiada explicación. A partir de su encuentro con un chamán, las lecturas, las reflexiones y hasta las experiencias psicotrópicas de Ariel van a cobrar otra dimensión, otro vuelo, que le van a permitir conocerse a ella misma de otra manera. También habrá conflictos fuertes, y hasta alguna que otra escena donde la violencia cobra protagonismo, pero están puestas ahí para que el comic no consista exclusivamente en diálogos. O por lo menos eso parece a primera vista. Después vamos a descubrir cómo ese tipo violento, cómo esa mina traicionera, son importantes para revelar verdades que Ariel va a necesitar en su viaje espiritual. Se nota que Foelker estudió el tema, porque además de bajadas de línea new age, ayahuasca y demás, habla de poetas como William Blake, novelistas como Aldous Huxley y filósofos como Ken Wilber, en amenos intercambios entre Ariel y Aymará, el chamán, que es claramente un indígena, pero conoce a la perfección todas estas teorías, conjeturas y fumanchereadas varias sobre la percepción, la conciencia y la conexión con el Más Allá. En un punto, resulta evidente que Ariel es básicamente un alter ego de la guionista, que pone en boca del personaje lo que ella quiere decir, en base a todo esto que investigó. Y ese es el talón de Aquiles de esta obra: se habla demasiado. Hay escenas mudas, hay unas doble-splash pages con poco texto, pero en general, es una obra muy hablada. Para compensar el posible embole que te puede generar tanta perorata (sobre todo si no te interesa el tema), tenemos lo que sin dudas es el principal atractivo de Aymará: el dibujo de Laudo Ferreira, un artista descomunal, con un grafismo muy emparentado con el de Marcos Vergara y un talento imposible para la narrativa gráfica. Ferreira es un mago del claroscuro, con un dominio absoluto de todas las posibilidades que entrega el blanco y negro puro. No tiene problemas en armar sus secuencias en cuatro tiras, con varios cuadros por tira, y tampoco en detonar nuestras retinas con imágenes alucinantes (e incluso alucinógenas, porque coinciden con los momentos en los que los personajes consumen sustancias "raras") que ocupan una página entera, o incluso dos. Ferreira no intenta ningún grado de realismo, pero el lenguaje corporal y facial de sus personajes (hiper plásticos, hiper expresivos) habla a las claras de un gran observador de la realidad. Conocí a Ferreira en la CCXP de San Pablo y hasta le compré este libro a él, en su mesa en el Artist Valley. Me arrepiento profundamente de haber comprado solo este, porque tenía varios más y -si están todos dibujados como Aymará- quiero tener TODO lo que haga esta bestia. Ojalá esta obra se traduzca al castellano y circule más allá del circuito brazuca, que es enorme, pero está muy limitado por el tema del idioma.
Allá por el 16/08/23, veíamos en este espacio el primer tomo de Distancia, ese "pseudo-manga" argentino en el que Jonatan Catalano oficiaba de guionista. Ahora me topé con El Puente, otro "pseudo-manga" argentino con la firma de Catalano, pero ahora el autor se hace cargo también de los dibujos... con resultados bastante poco convincentes. El Puente es una obra 100% basada en las emociones, y las expresiones faciales tienen un rol fundamental. Paradójicamente, es lo que peor dibuja Catalano. Y casi lo único, porque los fondos escasean más que los dólares en el Banco Central, y cuando aparecen autos o motos, se nota que están calcados o copiados de fotos. A aquel pecado original de Catalano, que fue publicar la primera parte de Distancia sin tener la menor idea de cuándo iba a salir la segunda, hay que sumarle uno más, que es haber dibujado él mismo un guion que requería capacidades con las que, a mi juicio, no cuenta. Lo mejor que tiene la faz gráfica es la aplicación de las tramas de grises, que están muy logradas. Después, las casi 115 páginas de El Puente se me hicieron largas, creo que porque pasan pocas cosas. No tiene esas típicas escenas de los mangas en los que desaparecen los textos a lo largo de varias páginas: texto, no falta nunca. Stef y el hombre del maletín (cuyo nombre no sabemos) hablan muchísimo, discuten, se cuentan cosas... mientras la acción sigue ahí, congelada en un único escenario como si se tratara de una obra de teatro con escaso presupuesto. En una síntesis grosera del argumento, podríamos decir que El Puente es un debate entre un tipo que planea suicidarse y una especie de pibita fantasma copada, que lo intenta disuadir. Entonces se habla de cosas trascendentales, como el sentido de la vida, la esperanza, la fuerza interior que nos impulsa a seguir vivos, la lucha contra la adversidad, lo que dejamos en nuestros seres queridos cuando nos vamos de este mundo... Es interesante, por momentos me enganchó bastante la discusión entre las miradas que contrapone Catalano, pero me parece que se podía hacer todo eso en muchas menos páginas. Cuando en la página 61 el hombre del maletín se saca y le grita a Stef "¡Basta, basta de historias!", me sumé sin dudarlo a su clamor. Ya está, macho, ya entendimos. Ahora avanzá con el conflicto central, así no nos dormimos... Y después sí, hay un in crescendo, un climax dramático, y una resolución convincente. Lenta, pero convincente. Si -como me pasó a mí- esperabas alguna explicación de por qué Stef existe como fantasma y se puede comunicar solo con quienes intentan suicidarse, te cuento que no la vas a encontrar en estas páginas. El elemento sobrenatural está ahí para que el tipo del maletín tenga con quién hablar, con quién armar ese frontón discursivo acerca de los pro y los contra de mandar todo a la puta que lo parió y saltar de un puente hacia una muerte segura. Y no mucho más, porque Stef es un personaje definido con brocha gruesa, sin mayor profundidad. En fin... lanzar un comic basado en un debate sobre el suicidio es una timba muy riesgosa, que lo dibuje un guionista que no tiene experiencia como dibujante es aún más riesgoso, y publicarlo con el nombre de un autor que dejó colgados a los lectores hace varios años con el Vol.1 de una obra que estaba buena pero nunca continuó, ya es prácticamente suicida. Para salir bien parada contra todos esos "peros", El Puente tendría que ser una fuckin´ obra maestra, un tanque insumergible, una gema irreprochable. Y no lo es, y para mi gusto ni se le acerca. Esto es todo por hoy. Sigo leyendo y nos reencontramos pronto acá en el blog. Ah, no se olviden que el sábado y domingo estamos en el espacio cultural Vuela el Pez con el evento de los Premios Cinder, una verdadera fiesta de la historieta argentina, en un lugar muy copado de la ciudad de Buenos Aires y con entrada libre y gratuita.

miércoles, 16 de agosto de 2023

HOY, TRES RESEÑAS

Hacía bastante que no clavaba tres reseñas en una misma entrada, pero esta vez hay dos que me quedaron un toque más cortas que las habituales. Allá por el 01/10/18 me tocó reseñar el Vol.1 de La Danza del Tiempo, obra del maestro ucraniano Igor Baranko para el mercado francés, publicada en nuestro idioma por Planeta-DeAgostini. Tarde pero seguro conseguí los dos álbumes restantes, y la verdad que el Vol.2 es bien del medio. No resuelve la trama (porque eso lo va a hacer Baranko -supongo- en el vol.3), no explica demasiado lo que ya contó en el Vol.1 (por eso no recomiendo la pelotudez que hice yo de dejar pasar cinco años entre un tomo y otro), y en todo caso lo que hay es una depuración del elenco, en la segunda mitad del tomo. Como ya conté en la reseña del Vol.1 esto es una especie de Romeo y Julieta atravesado por Back to the Future, con protagonistas que vienen de distintas tribus de los pueblos originarios de Norteamérica. En esta segunda parte, la historia de amor se tensiona, la tragedia insinuada en los sueños proféticos de Luna-entre-las-nubes se lleva. a unos cuantos personajes y la incursión de los pieles rojas al territorio de los aztecas termina bastante para el orto. Vamos a ver en el Vol.3 (que prometo leer pronto) a ver cómo resuelve Baranko todo lo que le queda pendiente. Mientras tanto, tenemos majestuosas batallas con ejércitos precolombinos, un trabajo glorioso en trajes y armas, una narrativa clara y a la vez novedosa, y la influencia de los grandes dibujantes italianos: Hugo Pratt, Milo Manara y Sergio Toppi están todo el tiempo presentes en las páginas de Baranko, en sus composiciones y hasta en el trazo, que por momentos también coquetea con cositas de Jean Giraud. Visualmente, La Danza del Tiempo es una orgía de emociones, una obra con la que Baranko se puede sumar sin ningún pudor al Olimpo de los hiper-consagrados. Pronto nos vamos a enterar si el argumento se la banca hasta la última secuencia, o si nos comemos un derrape final que le impida ascender también al Olimpo de las obras maestras del comic europeo de este siglo.
Le puse mucha onda a Phonogram: Rue Britannia, porque venía muy bien recomendada. Pero me fue mal y lo mejor que tengo para decir es que por suerte conseguí muy barato el TPB. En esta obra de Kieron Gillen y Jamie McKelvie me encontré con un dibujo a media máquina, genérico, básico, sin sorpresas, ni magia, ni imaginación. Es un comic realizado en blanco, negro y grises, pero me parece que no levanta ni siquiera con un colorista top onda Dave Stewart o José Villarrubia. Una pena, y a la vez muy copado constatar que en trabajos posteriores de McKelvie queda atrás esta escacez de onda que lastra tanto a Phonogram. El guion de Gillen tiene una idea brillante (los "phonomantes", tipos y minas capaces de obtener magia de la música) sepultada entre un montón de elementos que no me cerraron. Por ahí esa misma idea, puesta más en el centro de la trama, menos rodeada de todas esas referencias al brit-pop (que no me molestan, pero acá no aportan nada más que confusión), o con un protagonista más copado, y sobre todo en menos páginas, podría haber funcionado bien. No es el caso. Acá el guionista realmente se excede en la presentación del contexto, la ciudad, los músicos, los discos, anécdotas intrascendentes del pasado de David Kohl... y para cuando la historia más o menos arranca, uno ya quiere que se termine cuanto antes. Me imagino que para un erudito, o un crítico especializado en rock británico de los ´90, esto puede ser una sorpresa alucinante, porque de pronto todas esas bandas hoy semi-olvidadas (con las excepciones de Blur, Pulp y alguna otra) resultan importantes para una especie de aventura sobrenatural que -mejor escrita- podría haber aparecido en Vertigo. Para el comiquero muy curtido, las sorpresas del guion no son tales, y en todo caso se rescata un concepto atractivo (ya lo mencioné) y la calidad de los diálogos, muy adultos, realistas y en perfecta sintonía con la caracterización de los personajes. No mucho más, lamentablemente.
Y cierro con un comic de autores argentinos aparecido en 2022 que había leído en digital, pero no en físico: el Vol.1 de Distancia, escrito por Jonatan Catalano y dibujado por Daniel Roa. Bajo una hermosa portada de Salvador Sanz, me encuentro con un dibujante al que no conocía, bastante decoroso, con muchas influencias del manga pochoclero y del mainstream "bonito" del comic yanki noventoso. Un muchacho que maneja muy bien la narrativa, la expresividad de los personajes, los fondos... pero lo mejor que tiene la faz visual de Distancia, para mi gusto es la aplicación de los grises, que no está a cargo de Roa, sino de Catalano. Paradojas de la vida. Entre lo que no me gustó del trabajo de Roa destaco las caras de los personajes secundarios (sobre todo Sara y Giselle), cuyos rasgos cambian bastante de una viñeta a otra. Sentí como si estuviera viendo una película y cada vez que enfocan a un personaje apareciera la cara de una actriz distinta. Los aciertos de Catalano no se limitan a la aplicación de los grises, sino que la rompe MAL en el rubro diálogos (realmente excelentes). La construcción de los personajes también está muy lograda, pero claro, hay una trampa: Catalno se toma 100 páginas para presentarnos a Franco (un goma total, estoy al borde de odiarlo), 175 páginas para presentarnos a Laura (personajón, mucho más rico y complejo) y recién en las 22 páginas finales de este potente Vol.1 se empieza a desarrollar realmente el conflicto central de la obra. Es lógico y hasta imprescindible que si le dedicás 275 paginas a presentar a los protagonistas, estos tengan relieve, profundidad y altas chances de cautivar al lector con sus conflictos y su personalidad. Este Vol.1 de Distancia tiene un muy buen ritmo, se siente honesto, fresco, y capta a la perfección la ambientación porteña, sin hacer excesivo hincapié en que todo sucede en Buenos Aires. Me mató esa viñeta en la que aparecen las máscaras de Dr. Paradox, Caballero Rojo y Manta, y por supuesto el diálogo que establece Catalano entre la tragedia que azota a su Buenos Aires y la que vivimos unos años atrás con la famosa pandemia de COVID-19. La gran cagada que tiene este vol.1 de Distancia es que en 300 páginas apenas tenemos un esbozo de para dónde puede ir la trama, y no sabemos ni cuántos tomos van a necesitar Catalano y Roa para desarrollarla, ni cuándo estará disponible el Vol.2. Encarar un proyecto con este nivel de ambición, en Argentina y sin el respaldo de una editorial importante (Distancia está editada por sus propios autores) es una movida en la cornisa entre la patriada y el delirio, que puede salir muy bien o muy mal. Por ahora, las ventas fueron muy buenas y forzaron más de una reedición, pero claro, para el Vol.2 los autores van a tener que largar desde el vamos una tirada mucho más grande... y estar listos para volver a reeditar el Vol.1, sin el cual la saga no se va a entender. No es fácil, ojalá les salga bien. Y pronto, antes de que los lectores que se engancharon con el Vol.1 pierdan el entusiasmo. Al final no vi la peli de Blue Beetle, pero queda para la semana que viene. En un rato salgo para Rosario, para asistir una vez más a la Crack Bang Boom, y a la vuelta seguro vendré con más libritos leídos que se convertirán en nuevas reseñas acá en el blog. Gracias y hasta entonces.