Tres reseñitas más y paramos hasta el martes.
Debía un comentario acerca del segundo libro de Aurora West, el spin-off de Battling Boy co-escrito por Paul Pope y JT Petty y dibujado por David Rubín. Bueno, me gustó más que el Vol.1. Tiene un poco menos de introspección y un poco más de machaca, pero las escenas tranqui son realmente brillantes. Y las de la machaca son impresionantes, no tienen el más mínimo desperdicio. Esta segunda parte está tan buena que hace que el Vol.1 parezca prescindible… o por lo menos resumible en –como mucho- 30 páginas. El dibujo es espectacular, con Rubín prendido fuego, siempre dispuesto a probar cosas nuevas en la puesta en página y la narrativa y con un gran manejo del blanco, el negro y la escala de grises. Por ahí si en vez de dos libros de casi 160 páginas esta precuela de Battling Boy fuera un sólo tomo de 200 páginas, estaríamos hablando de una obra maestra, de un hito en dos carreras tan gloriosas como son las de Pope y Rubín. Pero bueno, en el momento de leer cada uno de los tomitos, se disfrutan muchísimo. No da para quejarse, ni ahí. Sólo para mirar el calendario de 2017 y subrayar con resaltador luminoso el día en que sale el segundo libro de Battling Boy.
Sigo avanzando con la lectura en TPBs de la etapa de Wonder Woman capitaneada por el maestro George Pérez. Este tercer TPB trae sólo cinco episodios de la serie regular, porque incluye aquella historieta del nº600 de Action Comics, la del team-up entre Superman y Wonder Woman, con John Byrne como guionista y dibujante y Pérez como entintador. Suena a gloria, es cierto, pero no es gran cosa. Páginas y páginas de piñas y destrucción (dibujadas como los mega-dioses), un final muy prolijo, a contramano del fan service y no mucho más para rescatar.
En los números de Wonder Woman, tenemos primero una lucha contra la nueva versión de Silver Swan (que no está nada mal) y después un arco de tres episodios que arranca MUY tranqui (en las primeras 38 páginas no vuela ni un sopapo) y que desemboca en el enfrentamiento con Circe, quizás la villana más interesante en los 75 años de esta serie. Pérez acierta en esto de postergar lo más posible la machaca para darle más bola a los climas (y a su fuerte, que es el desarrollo de personajes), pero en un momento se le acaba el espacio y tiene que resolver la pelea más grossa de un modo abrupto, apretado, sin margen ni siquiera para una explicación coherente de lo que pasó. El dibujo de este tomo no se ve tan bien como en los anteriores, no porque Pérez se tire a chanta, sino porque le cambian los entintadores: en lugar del muy respetuoso Bruce Patterson, acá tenemos a Dick Giordano y su vil esbirro Frank McLaughlin, que se llevan puesto a Pérez con esas tintas pesadas, en las que se ve más el estilo de los entintadores que el del dibujante. Es una lucha…
¿Alguna vez te preguntaste cómo se hace el humor gráfico? ¿Cómo aparecen las ideas, cómo se decide si el chiste es mudo o con diálogos, si tiene remate o no, cómo se da cuenta el autor si lo que quiere mostrar/contar se va a entender o no? Bueno, el que se hizo todas esas preguntas fue uno de los capos del humor gráfico actual: Gustavo Sala. Y las respuestas están todas en Tumor Gráfico. El “problema” es que… son en joda. Tumor Gráfico es como el Understanding Comics del humor gráfico: un libro que pretende plantear temas teóricos, pero que en realidad usa a la teoría como marco para detonarnos la cabeza con una cantidad infernal de chistes y textos graciosísimos. Si lo querés tomar como un libro para aprender a crear humor gráfico, seguro que algún concepto copado te va a tirar. Pero si lo tomás como un libro 100% de humor, donde Sala se disfraza de docente para hacernos hiper-cagar de risa, Tumor Gráfico te va a sorprender por su estructura atípica, y sobre todo por la calidad de los chistes, tanto los dibujados como los que Sala mete en los textos supuestamente explicativos.
El formato grande y el blanco y negro son un combo ideal para que el dibujo de Sala se luzca en todo su esplendor. O sea que si no sintonizás mucho con la onda humorística del ídolo marplatense pero apreciás su talento para dibujar, acá también vas a encontrar un despliegue gráfico monumental, muy lejos de esas tiras abigarradas, en las que el dibujo de Sala se ve chiquito, apretadito, como si fueran estampillitas microscópicas.
Y bueno, mañana temprano nos vamos a Salta con Gustavo Sala y un montón de autores más de todo el país para participar de Dimensión Comics, en la hermosa ciudad de Salta. Si andás por ahí, buscá mi stand (como siempre, con gemas del infinito a precios cuidados) y acercate a saludar. Volvemos la semana que viene con más reseñas.
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jueves, 15 de diciembre de 2016
lunes, 5 de diciembre de 2016
SIGO AVANZANDO
Sigo avanzando con las lecturas, a ver hasta dónde llego.
The Rise of Aurora West es un spin-off de Battling Boy, la gran novela gráfica de Paul Pope reseñada el 15/09/14. Esta vez, Pope participa sólo en el guión, co-escrito con JT Petty, mientras que el dibujante es el ídolo gallego David Rubín. Se trata de la clásica historia de rito iniciático, en la que vamos a ver cómo Aurora West saca chapa de heroína grossa, en una situación límite que tiene que ver por un lado con lo que pasa en Battling Boy (la ciudad infestada de monstruos) y por el otro lado con la muerte de la mamá de Aurora, sucedida 10 u 11 años antes de la historia que está narrada en tiempo presente.
La aventura es entretenida, el misterio avanza a buen ritmo, pero lo que más me atrapó fue la construcción de los personajes, lograda a través de diálogos extraordinarios y de escenas tranqui, más viradas hacia el costumbrismo que hacia la machaca, que son las que más disfruté. Aurora y Haggard West son arquetipos clásicos, personajes “de molde”, pero están tan bien trabajados, hay tanto esfuerzo por darles carnadura y onda, que terminan por volverse tridimensionales. Uno los siente ahí, humanos, cercanos, reales, queribles con sus defectos y virtudes. Si no hubiera peleas ni persecuciones, creo que también me habría divertido muchísimo con este libro, sólo por la magnífica interacción entre los personajes que nos brindan Pope y Petty.
El dibujo de Rubín es excelente (como siempre), con un manejo notable de los efectos gráficos a los que se puede apelar cuando sólo tenés blanco, negro y escala de grises. El autor de El Héroe se las ingenia para conservar intacta su identidad gráfica y aún así, lograr que su estética nos remita todo el tiempo a la que propuso Pope en Battling Boy. Gran trabajo de Rubín, que obviamente se luciría más si se editara en un formato más grande. Hay un segundo librito de Aurora West, a cargo de los mismos autores, al que prometo entrarle muy pronto.
Me voy a Chile, donde me encuentro con una historieta muy rara, editada a todo culo en un hermoso libro con tapa dura. Líneas de Fuga es una novela gráfica en la que la ciudad de Concepción tiene casi tanto protagonismo como Carlos, el personaje central. Los autores, Oscar Gutiérrez y Cristian Toro, narran una historia totalmente descomprimida, inscripta en el género “jóvenes a la deriva”. Noches de escabio, excesos y garche se mezclan con frustraciones y angustias típicas de los jóvenes a los que el capitalismo salvaje les reserva el lugar de “último orejón del tarro”, todo en el marco de esta ciudad que –por lo que transmite el libro- es más chata y opresiva que la ciudad chilena promedio. La trama es básicamente eso: transitar una vida chota, buscarse a uno mismo en un laberinto de amor, dolor y arruine, y tratar de llegar lo más entero posible hasta el otro lado de la ciudad-túnel. Nada demasiado original, o que no hayamos escuchado en las letras de cualquier tema de la Beriso o Callejeros.
Lo original es la forma en que está contada la historia, mezclada con poesía, con fotografías, con un nivel de experimentación gráfica muy osado, con un Cristian Toro que despliega una diversidad de recursos visuales muy, muy notable… pero que no juega necesariamente a favor del relato. Se da un contraste también muy raro entre los diálogos, bien prosaicos, bien “de la yeca”, y ese clima más onírico, más lírico, más sugestivo que tienen la narrativa, el dibujo y algunos textos adicionales. El resultado es una historieta difícil, no sólo por el mensaje bajonero, sino porque desde lo formal resulta confusa (te marea sólo con la cantidad de técnicas gráficas), no se aprecia esa simbiosis entre guión y dibujo, esa coordinación entre texto e imagen en la que suele residir la magia del Noveno Arte. Como experimento, me parece que es atractivo, y me imagino que si vivís en Concepción te debe tocar una fibra que a mí (lógicamente) no me tocó. Ahora como historieta en sí, Líneas de Fuga tiene cosas rescatables, pero se queda en la buena intención de impactar al lector desde lo formal. Ojalá en su próximos trabajos Gutiérrez y Toro demuestren que tienen ideas como para ir más allá.
Y cierro con una breve mención a otro libro de Chanti, esta vez apuntado más claramente a los chicos, pero que tranquilamente puede resultarle entretenido a los grandes: Historias Delirantes es un recopilatorio de dos series breves, ambas muy cómicas. Reality Comic juega con el backstage de la historieta y ofrece un muestreo de personajes muy graciosos, en un salpicado de chistes que nunca llega a aburrir. Es un trabajo bastante antiguo (2009) o sea que el nivel del dibujo de Chanti no es el actual. Y el libro se completa con
Clases de Lirantes, una serie demoledora, con Chanti dibujando a un nivel altísimo, con personajes entrañables y con un verdadero desborde de humor. Acá la historia no avanza hacia un remate, Chanti no trata de cerrar cada plancha con un chiste final, sino que a lo largo de cada viñeta tenemos un montón de chistes y juegos de palabras, a un ritmo incesante. De hecho, en algún momento tuve que cerrar el librito, parar y retomar más tarde, porque ya era demasiado. Pero me reí mucho y maravillé con la inteligencia y la fineza con la que Chanti le baja línea a sus lectores más jóvenes. Recomiendo mucho este libro como regalo de Navidad, o fin de año, para cualquier pibe o piba al que estés tratando de inocularle el vicio de leer historietas.
Grazie per tutti y la seguimos pronto.
The Rise of Aurora West es un spin-off de Battling Boy, la gran novela gráfica de Paul Pope reseñada el 15/09/14. Esta vez, Pope participa sólo en el guión, co-escrito con JT Petty, mientras que el dibujante es el ídolo gallego David Rubín. Se trata de la clásica historia de rito iniciático, en la que vamos a ver cómo Aurora West saca chapa de heroína grossa, en una situación límite que tiene que ver por un lado con lo que pasa en Battling Boy (la ciudad infestada de monstruos) y por el otro lado con la muerte de la mamá de Aurora, sucedida 10 u 11 años antes de la historia que está narrada en tiempo presente.
La aventura es entretenida, el misterio avanza a buen ritmo, pero lo que más me atrapó fue la construcción de los personajes, lograda a través de diálogos extraordinarios y de escenas tranqui, más viradas hacia el costumbrismo que hacia la machaca, que son las que más disfruté. Aurora y Haggard West son arquetipos clásicos, personajes “de molde”, pero están tan bien trabajados, hay tanto esfuerzo por darles carnadura y onda, que terminan por volverse tridimensionales. Uno los siente ahí, humanos, cercanos, reales, queribles con sus defectos y virtudes. Si no hubiera peleas ni persecuciones, creo que también me habría divertido muchísimo con este libro, sólo por la magnífica interacción entre los personajes que nos brindan Pope y Petty.
El dibujo de Rubín es excelente (como siempre), con un manejo notable de los efectos gráficos a los que se puede apelar cuando sólo tenés blanco, negro y escala de grises. El autor de El Héroe se las ingenia para conservar intacta su identidad gráfica y aún así, lograr que su estética nos remita todo el tiempo a la que propuso Pope en Battling Boy. Gran trabajo de Rubín, que obviamente se luciría más si se editara en un formato más grande. Hay un segundo librito de Aurora West, a cargo de los mismos autores, al que prometo entrarle muy pronto.
Me voy a Chile, donde me encuentro con una historieta muy rara, editada a todo culo en un hermoso libro con tapa dura. Líneas de Fuga es una novela gráfica en la que la ciudad de Concepción tiene casi tanto protagonismo como Carlos, el personaje central. Los autores, Oscar Gutiérrez y Cristian Toro, narran una historia totalmente descomprimida, inscripta en el género “jóvenes a la deriva”. Noches de escabio, excesos y garche se mezclan con frustraciones y angustias típicas de los jóvenes a los que el capitalismo salvaje les reserva el lugar de “último orejón del tarro”, todo en el marco de esta ciudad que –por lo que transmite el libro- es más chata y opresiva que la ciudad chilena promedio. La trama es básicamente eso: transitar una vida chota, buscarse a uno mismo en un laberinto de amor, dolor y arruine, y tratar de llegar lo más entero posible hasta el otro lado de la ciudad-túnel. Nada demasiado original, o que no hayamos escuchado en las letras de cualquier tema de la Beriso o Callejeros.
Lo original es la forma en que está contada la historia, mezclada con poesía, con fotografías, con un nivel de experimentación gráfica muy osado, con un Cristian Toro que despliega una diversidad de recursos visuales muy, muy notable… pero que no juega necesariamente a favor del relato. Se da un contraste también muy raro entre los diálogos, bien prosaicos, bien “de la yeca”, y ese clima más onírico, más lírico, más sugestivo que tienen la narrativa, el dibujo y algunos textos adicionales. El resultado es una historieta difícil, no sólo por el mensaje bajonero, sino porque desde lo formal resulta confusa (te marea sólo con la cantidad de técnicas gráficas), no se aprecia esa simbiosis entre guión y dibujo, esa coordinación entre texto e imagen en la que suele residir la magia del Noveno Arte. Como experimento, me parece que es atractivo, y me imagino que si vivís en Concepción te debe tocar una fibra que a mí (lógicamente) no me tocó. Ahora como historieta en sí, Líneas de Fuga tiene cosas rescatables, pero se queda en la buena intención de impactar al lector desde lo formal. Ojalá en su próximos trabajos Gutiérrez y Toro demuestren que tienen ideas como para ir más allá.
Y cierro con una breve mención a otro libro de Chanti, esta vez apuntado más claramente a los chicos, pero que tranquilamente puede resultarle entretenido a los grandes: Historias Delirantes es un recopilatorio de dos series breves, ambas muy cómicas. Reality Comic juega con el backstage de la historieta y ofrece un muestreo de personajes muy graciosos, en un salpicado de chistes que nunca llega a aburrir. Es un trabajo bastante antiguo (2009) o sea que el nivel del dibujo de Chanti no es el actual. Y el libro se completa con
Clases de Lirantes, una serie demoledora, con Chanti dibujando a un nivel altísimo, con personajes entrañables y con un verdadero desborde de humor. Acá la historia no avanza hacia un remate, Chanti no trata de cerrar cada plancha con un chiste final, sino que a lo largo de cada viñeta tenemos un montón de chistes y juegos de palabras, a un ritmo incesante. De hecho, en algún momento tuve que cerrar el librito, parar y retomar más tarde, porque ya era demasiado. Pero me reí mucho y maravillé con la inteligencia y la fineza con la que Chanti le baja línea a sus lectores más jóvenes. Recomiendo mucho este libro como regalo de Navidad, o fin de año, para cualquier pibe o piba al que estés tratando de inocularle el vicio de leer historietas.
Grazie per tutti y la seguimos pronto.
lunes, 29 de septiembre de 2014
29/09: THE ONE TRICK RIP-OFF & DEEP CUTS
Ya sé, es tardísimo. Pero me surgieron compromisos imprevistos. Trataré de ser breve.
Vuelvo a la carga con el maestro Paul Pope, con el que ya estaba muy cebado tras haber leído Battiling Boy. Este libro trae casi 300 páginas de historieta, todo material realizado por el ídolo en los ´90 y que nunca se había reeditado.
La historia principal, The One Trick Rip-Off, es una novela gráfica de 96 páginas, una historia de gansters, traiciones, amor y violencia realizada entre 1995 y 1996, cuando Pope estaba como loco con Pulp Fiction. Y se nota bastante, hay bastantes tarantinismos en los diálogos y en algunas secuencias. De todos modos es una historieta ganchera de principio a fin, muy bien planteada, con buen desarrollo de personajes, cambios de ritmo, volantazos impredecibles… Se nota que hay un autor dominando a un género y no viceversa. Esto es un Pope fresco, genuino, que encuentra en este entorno sórdido y desalmado el espacio para pelar sus propias obsesiones, su propia impronta.
Y el resto del libro lo ocupan 14 historias cortas (la más larga tiene 36 páginas) del período 1993-2001, donde lo vemos a Pope probar de todo. Desde un manga de colegialas con intenciones claramente humorísticas hasta historietas recontra-experimentales en las que el autor grafica poemas de sus escritores favoritos. También hay anécdotas autobiográficas, historias mudas con gran vuelo poético, rarezas y limaduras varias, y en el medio una joya de unas 30-32 páginas que casi justifica la compra de todo el libro: la trepidante Night Job, escrita y dibujada por Pope cuando vivía en Tokyo.
Las historias cortas mezclan blanco y negro con color, y muchas de las que originalmente eran en blanco y negro fueron coloreadas para esta edición por pibes que la tienen muy clara, que entienden cómo funciona el claroscuro vibrante a veces visceral de Paul Pope.
No me quiero extender con comentarios acerca de cada una de las historias cortas. Sólo subrayar que hay dos o tres muy buenas, un par demasiado herméticas y varias muy ingeniosas, muy divertidas, en las que el autor se juega a experimentar con muy buenos resultados. Ojalá este libro haya vendido forrrrtunas, así Image (o quien sea) reedita tooodas las otras obras que Pope gestó en los ´90 en editoriales chicas, con tiradas muy bajas, que hoy son Santos Griales imposibles de conseguir. Si sos de los que descubrieron a Pope con sus trabajos para Vertigo, con Batman: Year 100, o más recientemente con Battiling Boy, tirate de cabeza sobre este recopilatorio. A mí me resultó fundamental para descubrir excelentes trabajos que, a pesar de tener entre 15 y 20 años, conservan una vigencia notable y dan testimonio de lo adelantado que estaba Pope a su época en esta etapa de su carrera.
Vuelvo a la carga con el maestro Paul Pope, con el que ya estaba muy cebado tras haber leído Battiling Boy. Este libro trae casi 300 páginas de historieta, todo material realizado por el ídolo en los ´90 y que nunca se había reeditado.
La historia principal, The One Trick Rip-Off, es una novela gráfica de 96 páginas, una historia de gansters, traiciones, amor y violencia realizada entre 1995 y 1996, cuando Pope estaba como loco con Pulp Fiction. Y se nota bastante, hay bastantes tarantinismos en los diálogos y en algunas secuencias. De todos modos es una historieta ganchera de principio a fin, muy bien planteada, con buen desarrollo de personajes, cambios de ritmo, volantazos impredecibles… Se nota que hay un autor dominando a un género y no viceversa. Esto es un Pope fresco, genuino, que encuentra en este entorno sórdido y desalmado el espacio para pelar sus propias obsesiones, su propia impronta.
Y el resto del libro lo ocupan 14 historias cortas (la más larga tiene 36 páginas) del período 1993-2001, donde lo vemos a Pope probar de todo. Desde un manga de colegialas con intenciones claramente humorísticas hasta historietas recontra-experimentales en las que el autor grafica poemas de sus escritores favoritos. También hay anécdotas autobiográficas, historias mudas con gran vuelo poético, rarezas y limaduras varias, y en el medio una joya de unas 30-32 páginas que casi justifica la compra de todo el libro: la trepidante Night Job, escrita y dibujada por Pope cuando vivía en Tokyo.
Las historias cortas mezclan blanco y negro con color, y muchas de las que originalmente eran en blanco y negro fueron coloreadas para esta edición por pibes que la tienen muy clara, que entienden cómo funciona el claroscuro vibrante a veces visceral de Paul Pope.
No me quiero extender con comentarios acerca de cada una de las historias cortas. Sólo subrayar que hay dos o tres muy buenas, un par demasiado herméticas y varias muy ingeniosas, muy divertidas, en las que el autor se juega a experimentar con muy buenos resultados. Ojalá este libro haya vendido forrrrtunas, así Image (o quien sea) reedita tooodas las otras obras que Pope gestó en los ´90 en editoriales chicas, con tiradas muy bajas, que hoy son Santos Griales imposibles de conseguir. Si sos de los que descubrieron a Pope con sus trabajos para Vertigo, con Batman: Year 100, o más recientemente con Battiling Boy, tirate de cabeza sobre este recopilatorio. A mí me resultó fundamental para descubrir excelentes trabajos que, a pesar de tener entre 15 y 20 años, conservan una vigencia notable y dan testimonio de lo adelantado que estaba Pope a su época en esta etapa de su carrera.
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antología,
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The One Trick Rip-Off
lunes, 15 de septiembre de 2014
15/09: BATTLING BOY
Después de casi siete años en los que se dedicó a dibujar historietas de modo muy esporádico, con alguna que otra colaboración para antologías, el ya mítico Paul Pope volvió a la primera plana en 2013 con esta extensa novela gráfica, que en realidad es apenas la primera entrega de una serie de novelas que ojalá siga hasta el infinito y más allá.
Quizás eso sea lo único que se le puede criticar a Battling Boy: 202 páginas, años y años de trabajo, simplemente para abrir un universo, para presentar personajes y conflictos que se desarrollarán con mucha más fuerza en las hipotéticas futuras entregas de la saga. A Battling Boy se le nota mucho el concepto de serial, de idea a muy largo plazo. Se nota que Pope arrancó tan confiado de que esto iba a ser un hitazo, que no se calentó en cerrar nada de lo se le ocurrió abrir. Ya habrá tiempo para eso, porque tanto las ventas como las críticas le dieron la razón al autor y Battling Boy fue un éxito arrollador, tan importante para First Second como lo fuera Scott Pilgrim para Oni.
Lo cierto es que esta primera entrega es impactante. A primera vista parece una historia sencilla, en la que un héroe muy joven tiene que probar su valía en un mundo aterrorizado por monstruos, villanos y gangsters varios. Pero hay más: está el legado de Haggard West (que supongo que se explorará a fondo en Aurora West, el spin-off escrito por Pope y dibujado por David Rubín), está el reino pseudo-asgardiano en el que nació Battling Boy, están los propios villanos, dispuestos a organizarse frente a la aparición de este nuevo héroe, y además Pope desliza sutiles pinceladas satíricas hacia la forma en que el “poder real” (intendente, ministros, policía) reacciona ante la llegada de este “poder supra-real”.
Y claro, está también la machaca, que explota con una fuerza que no recuerdo haber visto en otras obras de Pope. Acá los personajes y los monstruos se dan como en bolsa, en peleas extensas, vibrantes, de mucho despliegue gráfico y mucha intensidad dramática. De a poco se hace creíble que un pibito petiso, flaquito, sin cuerpo de superhéroe, se banque cagarse a palos contra un monstruo gigante o contra varios villanos. Eso es mérito de Pope, que también de a poco suma escenas y diálogos que explican cómo funciona este mundo, de dónde vienen los poderes de Battling Boy, cómo y desde dónde lo vigila su cuasi-ominipotente padre y demás. Entonces estas proezas al límite ganan sustancia, se hacen verosímiles y hasta centrales para el argumento. No son fan service, no son relleno, no terminan de manera predecible. Así, vale la pena leer comics de peleas.
El dibujo de Pope es más livianito, más luminoso, con menos mancha negra que en otros trabajos. Se destacan el diseño de personajes y criaturas, que es sencillamente genial, y por supuesto el dinamismo, el vértigo que le imprime incluso a escenas tranquilas. La narrativa es impecable, llena de riesgos bien asumidos, y cuando se decide a dibujar los fondos (no siempre, hay secuencias enteras sin un puto fondo), Pope deja la vida en cada viñeta.
Es cierto, lo que este tomo de Battling Boy nos narra en 202 páginas se podría haber contado tranquilamente en… 96 páginas, ponele. Pero realmente la decompresión no jode, primero porque son más páginas dibujadas como los dioses por un genio del Noveno Arte, segundo porque aún con ese ritmo pasan MUCHAS cosas, y tercero porque al pensar la historia de modo tan visual, es muy probable que Battling Boy capte a un público juvenil, quizás más cercano al manga, y lo sume a la horda de fans de Paul Pope. Battling Boy toma muchos tópicos del típico comic de superhéroes, pero tiene un pulso distinto, mucha impronta autoral y un montón de ideas de inmenso potencial. Seguramente será un placer ver cómo este referente absoluto del buen comic contemporáneo las desarrolla en los futuros tomos.
Quizás eso sea lo único que se le puede criticar a Battling Boy: 202 páginas, años y años de trabajo, simplemente para abrir un universo, para presentar personajes y conflictos que se desarrollarán con mucha más fuerza en las hipotéticas futuras entregas de la saga. A Battling Boy se le nota mucho el concepto de serial, de idea a muy largo plazo. Se nota que Pope arrancó tan confiado de que esto iba a ser un hitazo, que no se calentó en cerrar nada de lo se le ocurrió abrir. Ya habrá tiempo para eso, porque tanto las ventas como las críticas le dieron la razón al autor y Battling Boy fue un éxito arrollador, tan importante para First Second como lo fuera Scott Pilgrim para Oni.
Lo cierto es que esta primera entrega es impactante. A primera vista parece una historia sencilla, en la que un héroe muy joven tiene que probar su valía en un mundo aterrorizado por monstruos, villanos y gangsters varios. Pero hay más: está el legado de Haggard West (que supongo que se explorará a fondo en Aurora West, el spin-off escrito por Pope y dibujado por David Rubín), está el reino pseudo-asgardiano en el que nació Battling Boy, están los propios villanos, dispuestos a organizarse frente a la aparición de este nuevo héroe, y además Pope desliza sutiles pinceladas satíricas hacia la forma en que el “poder real” (intendente, ministros, policía) reacciona ante la llegada de este “poder supra-real”.
Y claro, está también la machaca, que explota con una fuerza que no recuerdo haber visto en otras obras de Pope. Acá los personajes y los monstruos se dan como en bolsa, en peleas extensas, vibrantes, de mucho despliegue gráfico y mucha intensidad dramática. De a poco se hace creíble que un pibito petiso, flaquito, sin cuerpo de superhéroe, se banque cagarse a palos contra un monstruo gigante o contra varios villanos. Eso es mérito de Pope, que también de a poco suma escenas y diálogos que explican cómo funciona este mundo, de dónde vienen los poderes de Battling Boy, cómo y desde dónde lo vigila su cuasi-ominipotente padre y demás. Entonces estas proezas al límite ganan sustancia, se hacen verosímiles y hasta centrales para el argumento. No son fan service, no son relleno, no terminan de manera predecible. Así, vale la pena leer comics de peleas.
El dibujo de Pope es más livianito, más luminoso, con menos mancha negra que en otros trabajos. Se destacan el diseño de personajes y criaturas, que es sencillamente genial, y por supuesto el dinamismo, el vértigo que le imprime incluso a escenas tranquilas. La narrativa es impecable, llena de riesgos bien asumidos, y cuando se decide a dibujar los fondos (no siempre, hay secuencias enteras sin un puto fondo), Pope deja la vida en cada viñeta.
Es cierto, lo que este tomo de Battling Boy nos narra en 202 páginas se podría haber contado tranquilamente en… 96 páginas, ponele. Pero realmente la decompresión no jode, primero porque son más páginas dibujadas como los dioses por un genio del Noveno Arte, segundo porque aún con ese ritmo pasan MUCHAS cosas, y tercero porque al pensar la historia de modo tan visual, es muy probable que Battling Boy capte a un público juvenil, quizás más cercano al manga, y lo sume a la horda de fans de Paul Pope. Battling Boy toma muchos tópicos del típico comic de superhéroes, pero tiene un pulso distinto, mucha impronta autoral y un montón de ideas de inmenso potencial. Seguramente será un placer ver cómo este referente absoluto del buen comic contemporáneo las desarrolla en los futuros tomos.
lunes, 5 de abril de 2010
05/ 04: BATMAN YEAR 100

Volvemos al futuro! A mediados de la década pasada, DC decidió discontinuar su línea Elseworlds y lo hizo con dos obras realmente magníficas, que seguro entran en el Top Five de los mejores Elseworlds de la historia. Una fue la gloriosa Superman: Red Son (de Mark Millar y Dave Johnson) y la otra, la saga que hoy nos ocupa. Que además es una de las tres obras largas y ambiciosas realizadas por Paul Pope para DC, aunque las otras dos (Heavy Liquid y 100%) salieron en el sello Vertigo.
Paul Pope (no hace falta que venga yo a decirlo, quiero suponer) es un genio, así, con todas las letras. Es un autor originalísimo y personalísimo, dueño de un estilo perfectamente reconocible, ampliamente imitado y enormemente valorado fuera de los EEUU. De hecho, con apenas 25 años, fue contratado por la mega-editorial japonesa Kodansha, para la cual trabajó varios años al ritmo nipón que es sumamente desgastante para los autores occidentales. Todos estos trabajos, más los que realizó en forma independiente para editarlos él mismo, o meterlos en alguna antología de Dark Horse, sirvieron para que Pope pelara ese estilo tan notable y tan difícil de describir. Pope dibuja mucho, y no sólo en cantidad de páginas, sino en la cantidad de elementos con los que llena sus viñetas. Cada paisaje urbano, cada habitación, incluso cada primer plano de una cara, ofrece toneladas de líneas y manchas como para que el ojo se detenga, recorra y disfrute, pero siempre sumándole onda y fuerza al relato.
Como en sus trabajos para Vertigo, Year 100 está ambientada en un futuro cercano, el año 2039. Que sería el centésimo año de Batman si la continuidad hubiese progresado linealmente desde su creación en 1939. Y para ese lado apunta Pope, cuando nos rodea al murciélago con un nieto de Gordon y un Robin y una Oracle 100% nuevos. Jamás hay una pista acerca de cómo hace Bruce Wayne para seguir vivo y vital con… 125 años a cuestas, pero tampoco importa demasiado. Sí está explicado, en cambio, qué pasó con los villanos que solían asolar las calles de Gotham. La historia mete a Batman en el medio de un kilombo jodido entre espías y fuerzas parapoliciales, dos rubros que han crecido mucho junto con la paranoia generalizada, que (en un guiño satírico a los EEUU de George W. Bush) ha logrado convertir a Gotham en una ciudad hiper-vigilada, con cámaras de seguridad hasta en los soretes de los perros, y sitiada de facto por estas fuerzas armadas hasta los dientes y más preocupadas por sus propios intereses que por el bienestar de la población.
Como en Year One, el capitán Gordon intentará meter las narices en las turbias movidas de estos agentes del orden y terminará cagado a palos. Como en Dark Knight, Batman se dedicará a extremar el factor miedo y a aplicar la violencia más desmedida a estos paramilitares que tratan de matarlo, convencidos de que él es el autor de un asesinato a sangre fría. Batman se las rebuscará para pasar de presa a depredador y luego de cobrar y sangrar como pocas veces, logrará desenmarañar la compleja red de tramoyas ilegales bancada desde muy arriba y a la vez impedir que todos sus secretos caigan en manos de estos super-espías cuasi-fascistas.
El trámite es intenso, violento y vertiginoso. Pope ahorra textos y dedica muchas páginas a la acción, las persecuciones y las peleas, como si estuviera dibujando un manga. Las páginas de diálogos, investigación, desarrollo de personajes y explicaciones básicas acerca de esta realidad alternativa a veces terminan superpobladas de viñetas, como si de pronto Year 100 se convirtiera en un comic europeo. Pero Pope tiene tanta cancha como narrador que se banca una cosa y la otra sin el menor problema. El resultado es tan potente como el propio mito de Batman y te deja en llamas, prendiendo velas para que Pope escriba y dibuje más comics de Batman. Y por si Year 100 fuera poco mimo para el lector, en el mismo libro DC republica el Elseworld (publicado en una Batman Chronicles de 1997) en el que Pope se mete por primera vez con el murciélago, ambientado en 1939, pero en Berlín. Mejor imposible.
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