Entre la peli del Squad y las lecturas que se me acumularon en estos días, venimos con un gran ritmo de posteos en el blog. Este año ya van 35 posts y es bastante probable que de acá al 31 de Diciembre logremos subir 30 más.
Hoy arranco con Judge Dredd: Judgement Day, una saga originalmente serializada entre 1992 y 1993 en el semanario 2000 A.D. y la revista Judge Dredd Megazine. Se trata de una aventura extensa, de casi 160 páginas, escrita nada menos que por Garth Ennis, y con varios dibujantes a los que mencionaré en un toque. La trama es sencilla y quizás demasiado lineal: un hechicero resucita a miles de millones de muertos y genera una plaga zombie que asola al mundo entero. Dredd y otros jueces deberán hacerle frente a la amenaza y ganarán, no sin antes sacrificar las vidas de millones de personas en un genocidio que cualquier héroe posta hubiese dado la vida por evitar. Pero esto es Judge Dredd y acá la vida humana vale menos que la de una cucaracha. Ennis ni siquiera hace demasiado hincapié en la envergadura de la hecatombe que provocan los propios “buenos” y mucho menos en las consecuencias. La meta es derrotar al villano y, con la ayuda del protagonista de Strontium Dogs, lo van a lograr. Los diálogos son irónicos o directamente cómicos, la acción no decae y es todo tan grandilocuente, tan pasado de rosca, que no hace falta ser un genio para detectar que se trata (en cierto modo) de una gigantesca farsa. Entre los dibujantes están el siempre cumplidor Carlos Ezquerra, un flojísimo Peter Doherty (que cuando dibuja sin ganas es infumable), unas páginas alucinantes del maestro Dean Ormston (con efectos expresionistas que más tarde veríamos en Ben Templesmith o Renzo Podestá) y un clon de Simon Bisley de asombrosa similitud, llamado Chris Halls. Un promedio bastante alto para el dibujo, mejor que el del guión, que a pesar de algunos aciertos no pasa de ser “otra de zombies”.
Mara es una historieta de 2013, escrita por el prolífico Brian Wood y dibujada por la hoy consagrada Ming Doyle. Te resumo el argumento: En un mundo sin superhéroes, una persona pela públicamente unos superpoderes zarpadísimos. El gobierno la trata de cooptar, controlar e investigar y para eso le hace tantas guachadas que esta persona se pudre y dice “¿Yo no les hice nada y ustedes me consideran una amenaza? Ahora les voy a dar motivos”. Esto ya lo leímos chotocientas mil veces, y en todo caso lo interesante es ver cómo Wood nos cuenta la historia, porque buena parte de lo que sucede es lo que ya te imaginarás. El ídolo te decora bien la torta, con una buena construcción de personajes, una ambientación futurista bastante interesante y –fiel a su estilo- mete poco diálogo y deja que sea la imagen la que cuente el cuento. Cuando el diálogo aparece, es invariablemente acertado, escueto y nunca es imprescindible. Es la acción y no la palabra lo que hace avanzar a la trama. Al dibujo de Ming Doyle le falta algo, quizás originalidad, o riesgos, pero resulta agradable, es muy funcional al relato y se complementa armónicamente con los hermosos colores de la infalible Jordie Bellaire. Con todo eso tenido en cuenta, Mara es un comic interesante, pero lejos de ocupar un sitial privilegiado o fundamental dentro de la bibliografía de Wood. Si conocés a alguna minita que juegue al voley, no dejes de regalárselo. Vas a quedar como un archiduque.
El año pasado, el 22 de Junio, un goma decía en su reseña de Waibero: “descubrí a un dibujante formidable, con un estilo único, muy atractivo, y ahora me falta leer historietas de El Waibe que me cierren, que me dejen algo, que encuentren lugar para desarrollarse más allá de la idea, que me permitan conectar mejor con ese universo gráfico tan intenso y tan logrado”. Bueno, acá está. Defecaciones Humanas es una novelita gráfica de 48 páginas a todo color, escrita y dibujada por El Waibe, en la que el joven autor saca chapa de grosso. Acá sí, hay un argumento fuerte, un personaje ganchero, una bajada de línea notable, chistes, guarangadas y elementos escatológicos puestos en función de un relato sólido, atrapante, con acción, pasos de comedia, bizarreadas que no tienen (ni requieren) mucha explicación, algo de romance e incluso la posibilidad de dejarnos pensando en temas importantes. El propio autor se convirtió en editor para este proyecto, con lo cual me imagino que habrá hecho una tirada pequeña y que (si bien salió a fines de 2015) es probable que Defecaciones Humanas hoy sea difícil de conseguir. Pero te aseguro que recontra-vale la pena. Esto se podría haber publicado tranquilamente en Fantagraphics, o en la mejor época de El Víbora. Y encima te deja convencido de que la próxima obra que pele El Waibe va a ser aún mejor.
Gracias por todo (especialmente a los que se acercaron a saludar durante Crack Bang Boom) y la seguimos pronto.
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viernes, 19 de agosto de 2016
jueves, 18 de diciembre de 2014
18/12: THE BEST OF JUDGE DREDD
Este es un libro con trampa. Tiene casi 300 páginas, varias de ellas a color y se consigue por dos mangos en cualquier librería de Inglaterra o EEUU. Y es verdad lo que dice en la portada, trae mucho de “lo mejor de Judge Dredd”, la serie que desde 1977 se erigió en emblema del comic británico. ¿Dónde está la trampa? En que muchas de las mejores sagas están incompletas. El libro publica tres o cuatro de esos episodios cortitos que salián semana a semana en la 2000 A.D., y cuando te estás enganchando a full con sagas clásicas como Cursed Earth, Judge Child, o la más reciente Origins, te clavan un “Hasta acá llega nuestro extracto de esta historia. Para leerla completa comprá el libro Origins (o la que sea) de la editorial Rebellion”. Te dan el anzuelito con la carnada, vos mordés y cagaste. Ahora, a buscar cuatro o cinco libros más de Dredd para saber cómo corno terminan las historias.
Digo, si te ceba realmente el personaje. Si no, si querías tener “algo de Dredd” para satisfacer tu curiosidad, o para ver cómo evolucionó la serie de los ´70 a nuestros días, te podés conformar con el material que ofrece este libro y no comprarte ningún otro. Porque además de estas “fetas de saga”, el libro trae varias historias completas que detallo a continuación:
Arranacmos con “Meet Judge Dredd”, la primera historieta del cana más duro de Megacity One, un clásico muchas veces reeditado. Después hay varias historias cortas más de la primera época, entre ellas la primera aparición de Don Uggie, quien quizás sea el primer villano recurrente de la serie.
Dentro del extenso arco argumental de Cursed Earth, aparecen mini-arcos, historias cortas que encajan con la saga central. El libro ofrece una de ellas, Tweak´s Story, que es excelente. Cuando volvemos a los unitarios, tenemos la primera aparición de Gestapo Bob, la clásica “The Return of Rico!” (con un planteo que recontra-ameritaba una saga larga) y una especie de secuela, muchos años posterior, centrada en la sobrina de Dredd. Está la comiquísima “Judge Dredd: Hyper-Cop!” y una saguita de tres episodios muy graciosa y con una bajada de línea muy interesante: Otto Sump´s Ugly Clinic, ácida sátira al tema de las cirugías estéticas. En el segmento a todo color tenemos una comedia de enredos y machaca, también de clara intención humorística, Mrs. Gunderson´s Big Adventure. Y también completa (mitad a color y mitad a blanco y negro), está la atractiva saguita de P.J. Maybe, en la que Dredd investiga sin éxito una serie de crímenes cometidos por un pibito al que todos toman por idiota.
Pero lo que realmente reivindica a este libro, lo que lo eleva a la categoría de librazo, es que incluye enteritas las 64 páginas de America, la novela gráfica serializada en 1990 en los primeros números de la Judge Dredd Megazine. Esta es la mejor historia del Juez que leí en mi vida, una cátedra absoluta de John Wagner y Colin McNeil. Olvidate del humor socarrón, entre negro e irónico, y la machaca por la machaca misma. Hay algún toque, alguna sutil pincelada de humor con mala leche, y también hay acción, explosiones, persecuciones, amor y garches. Pero básicamente America es un manifiesto político. Es un inglés que se sienta a pensar acerca de EEUU, de sus ideales, que nos invita a preguntarnos qué lugar ocupa la libertad en una sociedad en la que existe la policía, y más aún, la policía de gatillo fácil. Salvando las distancias, America es una historieta hermana de V for Vendetta, va para ese lado, busca generarnos ese impacto, esas reacciones, esas reflexiones. El rol de Dredd es mínimo. No es ni el héroe ni el villano, es apenas un engranaje en un sistema que –por primera vez un guionista de Dredd lo dice con todas las letras- está intrínsecamente mal. Realmente un trabajo magnífico, tanto del guionista (que con esto le cerró el orto a sus detractores casi tanto como Alejandro Sabella en el Mundial) como del dibujante, que tiene momentos de altísimo vuelo, con páginas que irradian belleza, riesgo y talento.
El resto de los dibujantes, al lado de Colin McNeil, la tienen brava. Obviamente sale bien parado Brian Bolland, un indiscutible. Y está muy bueno ver trabajos de distintas épocas del maestro Carlos Ezquerra para analizar y celebrar su evolución. Por suerte también hay bastantes páginas del siempre efectivo Mike McMahon, un unitario muy bien dibujado por Ian Gibson y el resto, más desparejo, con un par de dibujantes chatos y adocenados, y un trabajo de Liam Sharp cuando recién empezaba y no pelaba ni en pedo como peló más tarde. Horrible, lo que se dice horrible, no hay nada.
En suma, si no sos hardcore fan de Judge Dredd y te conformás con tener varias historias completas (entre ellas la mejor) y cachitos de las sagas más grossas, este libro tiene ganado un lugar en tu biblioteca, con toda justicia.
Digo, si te ceba realmente el personaje. Si no, si querías tener “algo de Dredd” para satisfacer tu curiosidad, o para ver cómo evolucionó la serie de los ´70 a nuestros días, te podés conformar con el material que ofrece este libro y no comprarte ningún otro. Porque además de estas “fetas de saga”, el libro trae varias historias completas que detallo a continuación:
Arranacmos con “Meet Judge Dredd”, la primera historieta del cana más duro de Megacity One, un clásico muchas veces reeditado. Después hay varias historias cortas más de la primera época, entre ellas la primera aparición de Don Uggie, quien quizás sea el primer villano recurrente de la serie.
Dentro del extenso arco argumental de Cursed Earth, aparecen mini-arcos, historias cortas que encajan con la saga central. El libro ofrece una de ellas, Tweak´s Story, que es excelente. Cuando volvemos a los unitarios, tenemos la primera aparición de Gestapo Bob, la clásica “The Return of Rico!” (con un planteo que recontra-ameritaba una saga larga) y una especie de secuela, muchos años posterior, centrada en la sobrina de Dredd. Está la comiquísima “Judge Dredd: Hyper-Cop!” y una saguita de tres episodios muy graciosa y con una bajada de línea muy interesante: Otto Sump´s Ugly Clinic, ácida sátira al tema de las cirugías estéticas. En el segmento a todo color tenemos una comedia de enredos y machaca, también de clara intención humorística, Mrs. Gunderson´s Big Adventure. Y también completa (mitad a color y mitad a blanco y negro), está la atractiva saguita de P.J. Maybe, en la que Dredd investiga sin éxito una serie de crímenes cometidos por un pibito al que todos toman por idiota.
Pero lo que realmente reivindica a este libro, lo que lo eleva a la categoría de librazo, es que incluye enteritas las 64 páginas de America, la novela gráfica serializada en 1990 en los primeros números de la Judge Dredd Megazine. Esta es la mejor historia del Juez que leí en mi vida, una cátedra absoluta de John Wagner y Colin McNeil. Olvidate del humor socarrón, entre negro e irónico, y la machaca por la machaca misma. Hay algún toque, alguna sutil pincelada de humor con mala leche, y también hay acción, explosiones, persecuciones, amor y garches. Pero básicamente America es un manifiesto político. Es un inglés que se sienta a pensar acerca de EEUU, de sus ideales, que nos invita a preguntarnos qué lugar ocupa la libertad en una sociedad en la que existe la policía, y más aún, la policía de gatillo fácil. Salvando las distancias, America es una historieta hermana de V for Vendetta, va para ese lado, busca generarnos ese impacto, esas reacciones, esas reflexiones. El rol de Dredd es mínimo. No es ni el héroe ni el villano, es apenas un engranaje en un sistema que –por primera vez un guionista de Dredd lo dice con todas las letras- está intrínsecamente mal. Realmente un trabajo magnífico, tanto del guionista (que con esto le cerró el orto a sus detractores casi tanto como Alejandro Sabella en el Mundial) como del dibujante, que tiene momentos de altísimo vuelo, con páginas que irradian belleza, riesgo y talento.
El resto de los dibujantes, al lado de Colin McNeil, la tienen brava. Obviamente sale bien parado Brian Bolland, un indiscutible. Y está muy bueno ver trabajos de distintas épocas del maestro Carlos Ezquerra para analizar y celebrar su evolución. Por suerte también hay bastantes páginas del siempre efectivo Mike McMahon, un unitario muy bien dibujado por Ian Gibson y el resto, más desparejo, con un par de dibujantes chatos y adocenados, y un trabajo de Liam Sharp cuando recién empezaba y no pelaba ni en pedo como peló más tarde. Horrible, lo que se dice horrible, no hay nada.
En suma, si no sos hardcore fan de Judge Dredd y te conformás con tener varias historias completas (entre ellas la mejor) y cachitos de las sagas más grossas, este libro tiene ganado un lugar en tu biblioteca, con toda justicia.
sábado, 4 de mayo de 2013
04/ 05: JUDGE DREDD: DREDD vs. DEATH
Me quedo en Europa, pero retrocedo en el tiempo hasta 1978, cuando en una muy incipiente (pero ya exitosa) revista 2000 A.D. aparece un dibujante de inverosímil virtuosismo, un ícono definitivo del estilo académico-realista: el maestro Brian Bolland, quien le dará al Judge Dredd, el personaje más popular del semanario, sus primeros clásicos realmente relevantes. Las dos saguitas contra el Judge Death que dan título al libro no son lo primero que dibuja Bolland del personaje: su debut llega con un puñado de unitarios escritos por John Wagner (co-creador del Juez), y que repasamos a continuación.
The First Lunar Olympics y su secuela, War Games, comparten un mismo problema: demasiadas ideas sobre la mesa para historietas que deben resolverse en seis míseras páginas. Wagner desaprovecha conceptos, tira a la marchanta elementos muy interesantes que jamás podrá desarrollar en un espacio tan acotado, y eso es una verdadera pena. The Oxygen Board, con menos pretensiones y una paginita más, es un excelente unitario de ciencia-ficción, en el que el rol de Dredd es mínimo, pero donde se ve una buena idea muy bien ejecutada, con pequeñas pinceladas de caracterización para los “malos” y un final fuerte y sorprendente.
En The Face-Change Crimes, Wagner y Bolland cuentan otra vez con 7 páginas para desarrollar una historia y cumplen sin sobresaltos, a pesar de que la idea no es tan buena como en el unitario anterior. En el siguiente, The Fog, volvemos al principio: un argumento que daba para 24 páginas, comprimido en 6 y con sabor a poco. Le sigue The Forever Crime, también con ideas que daban... no sé si para 24, pero seguro para 12 páginas, muy comprimidas en 6. Y cerramos con Punks Rule!, otra historia que, al resolverse en 6 páginas, simplifica groseramente un argumento interesante y hace que Dredd liquide demasiado rápido a una amenaza que en las primeras páginas parecía mucho más grossa.
Pero vamos con Judge Death, una saga de 1980 a la que Wagner logra extender a... 15 páginas! Son tres episodios, pero de cinco páginas cada uno! Man, estás por presentarnos a un villano fundamental, al enemigo más grosso de Dredd, ¿y le dedicás 15 páginas?!? ¿En 15 páginas tenemos que conocer al villano, tenerle miedo, verlo capaz de ganarle al héroe y además verlo perder, y nos tiene que cerrar? No da ni ahí la cuenta, y menos cuando Wagner introduce en ese mismo arco a la Jueza Anderson, quien también se convertiría en un personaje recurrente en esta serie y hasta en protagonista de sus propias aventuras.
Al año siguiente, Wagner y Bolland deciden reunirse para una secuela, Death Lives!, y suman a un segundo guionista, el querido Alan “la Bruja” Grant. Esta vez, Judge Death no viene solo, sino con otros tres jueces de la dimensión oscura. ¿Dredd y Anderson contra cuatro criaturas monstruosas e hiper-poderosas en sólo 15 páginas? No, esta vez tenemos 30! Y una aventura bastante mejor planteada, con mucho desarrollo para Anderson, con escenas que meten miedo de verdad, y un final en el que –una vez más- Dredd resuelve todo con demasiada facilidad.
De todos modos, esto podría no tener guiones, o estar peor escrito que la más nefasta parodia porno de Sailor Moon, y aun así le sobraría chapa para ser considerado un clásico, simplemente por lo que pela Bolland en el dibujo. Varios años antes de que el maestro Len Wein lo sedujera (y en una de esas, abdujera) para sumarlo a las filas de DC, el dibujante británico ya daba unas cátedras memorables en estas breves y descontroladas historias. A sus anchas en el blanco y negro, la pluma de Bolland derrochaba sabiduría y talento en la creación de climas, en la acción, en las expresiones faciales, en los detalles de ropas, peinados y fondos y en la elección de los ángulos. Ya desde los primeros unitarios vemos planificaciones de página zarpadas y efectivas, y un gran equilibrio entre blancos y negros, respaldado por un muy buen criterio para aplicar las tramas mecánicas. Imposible quejarse porque Bolland dibujaba (de vez en cuando) seis páginas por semana, cuando cada viñeta tiene el laburo que le puso el prócer a cada una de estas.
De las 90 páginas de historieta que ofrece este libro, ponele que haya buenos guiones en la mitad y que el resto te deje con la incómoda sensación de que te están mezquinando algo. Por suerte, Bolland no mezquina absolutamente nada, sino que despilfarra imágenes majestuosas a lo largo de todo el libro: sagas, unitarios y portadas de la 2000 A.D., que se reproducen al fondo del recopilatorio. Si sos fan del maestro, seguro ya te tragaste sapos peores por seguirlo a todas partes. Y si sos fan de Judge Dredd, bueno, ojalá pronto se encuentre la cura para esa enfermedad. Mientras tanto, podés vivir de glorias pasadas (algo entiendo de eso, por ser hincha de Racing) y releer hasta el hartazgo estas cuasi-perlitas de Wagner, Grant y Bolland, que si bien llegarían más alto en otros trabajos, acá pusieron todo.
The First Lunar Olympics y su secuela, War Games, comparten un mismo problema: demasiadas ideas sobre la mesa para historietas que deben resolverse en seis míseras páginas. Wagner desaprovecha conceptos, tira a la marchanta elementos muy interesantes que jamás podrá desarrollar en un espacio tan acotado, y eso es una verdadera pena. The Oxygen Board, con menos pretensiones y una paginita más, es un excelente unitario de ciencia-ficción, en el que el rol de Dredd es mínimo, pero donde se ve una buena idea muy bien ejecutada, con pequeñas pinceladas de caracterización para los “malos” y un final fuerte y sorprendente.
En The Face-Change Crimes, Wagner y Bolland cuentan otra vez con 7 páginas para desarrollar una historia y cumplen sin sobresaltos, a pesar de que la idea no es tan buena como en el unitario anterior. En el siguiente, The Fog, volvemos al principio: un argumento que daba para 24 páginas, comprimido en 6 y con sabor a poco. Le sigue The Forever Crime, también con ideas que daban... no sé si para 24, pero seguro para 12 páginas, muy comprimidas en 6. Y cerramos con Punks Rule!, otra historia que, al resolverse en 6 páginas, simplifica groseramente un argumento interesante y hace que Dredd liquide demasiado rápido a una amenaza que en las primeras páginas parecía mucho más grossa.
Pero vamos con Judge Death, una saga de 1980 a la que Wagner logra extender a... 15 páginas! Son tres episodios, pero de cinco páginas cada uno! Man, estás por presentarnos a un villano fundamental, al enemigo más grosso de Dredd, ¿y le dedicás 15 páginas?!? ¿En 15 páginas tenemos que conocer al villano, tenerle miedo, verlo capaz de ganarle al héroe y además verlo perder, y nos tiene que cerrar? No da ni ahí la cuenta, y menos cuando Wagner introduce en ese mismo arco a la Jueza Anderson, quien también se convertiría en un personaje recurrente en esta serie y hasta en protagonista de sus propias aventuras.
Al año siguiente, Wagner y Bolland deciden reunirse para una secuela, Death Lives!, y suman a un segundo guionista, el querido Alan “la Bruja” Grant. Esta vez, Judge Death no viene solo, sino con otros tres jueces de la dimensión oscura. ¿Dredd y Anderson contra cuatro criaturas monstruosas e hiper-poderosas en sólo 15 páginas? No, esta vez tenemos 30! Y una aventura bastante mejor planteada, con mucho desarrollo para Anderson, con escenas que meten miedo de verdad, y un final en el que –una vez más- Dredd resuelve todo con demasiada facilidad.
De todos modos, esto podría no tener guiones, o estar peor escrito que la más nefasta parodia porno de Sailor Moon, y aun así le sobraría chapa para ser considerado un clásico, simplemente por lo que pela Bolland en el dibujo. Varios años antes de que el maestro Len Wein lo sedujera (y en una de esas, abdujera) para sumarlo a las filas de DC, el dibujante británico ya daba unas cátedras memorables en estas breves y descontroladas historias. A sus anchas en el blanco y negro, la pluma de Bolland derrochaba sabiduría y talento en la creación de climas, en la acción, en las expresiones faciales, en los detalles de ropas, peinados y fondos y en la elección de los ángulos. Ya desde los primeros unitarios vemos planificaciones de página zarpadas y efectivas, y un gran equilibrio entre blancos y negros, respaldado por un muy buen criterio para aplicar las tramas mecánicas. Imposible quejarse porque Bolland dibujaba (de vez en cuando) seis páginas por semana, cuando cada viñeta tiene el laburo que le puso el prócer a cada una de estas.
De las 90 páginas de historieta que ofrece este libro, ponele que haya buenos guiones en la mitad y que el resto te deje con la incómoda sensación de que te están mezquinando algo. Por suerte, Bolland no mezquina absolutamente nada, sino que despilfarra imágenes majestuosas a lo largo de todo el libro: sagas, unitarios y portadas de la 2000 A.D., que se reproducen al fondo del recopilatorio. Si sos fan del maestro, seguro ya te tragaste sapos peores por seguirlo a todas partes. Y si sos fan de Judge Dredd, bueno, ojalá pronto se encuentre la cura para esa enfermedad. Mientras tanto, podés vivir de glorias pasadas (algo entiendo de eso, por ser hincha de Racing) y releer hasta el hartazgo estas cuasi-perlitas de Wagner, Grant y Bolland, que si bien llegarían más alto en otros trabajos, acá pusieron todo.
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jueves, 24 de enero de 2013
24/ 01: JUDGE DREDD: CRUSADE
Si muchos años de comic yanki te convirtieron en un Morrisonzo o te dejaron en estado Millarvario (o dicho en castellano, si estás tan cebado con Grant Morrison y Mark Millar como para comprarte cualquier cosa que lleve sus firmas) mi consejo es: luz amarilla. Guarda, mirá bien a ambos lados de la avenida antes de cruzar el Atlántico y comprarte los comics que escribieron para las revistas británicas. Ahí vas a encontrar material buenísimo, no tengo dudas. De hecho, Dare me parece una de las mejores obras en la larga trayectoria de Morrison. Pero también hay bóñiga radioactiva hecha con fritas, para pagar las expensas.
Bajo esta majestuosa portada de Brian Bolland nos esperan, agazapadas, dos sagas de Judge Dredd una más chota que la otra. La primera, Crusade, está co-escrita por Millar y Morrison casi seguro en 1995. El planteo es casi decente: el juez Eckhart viajó a los confines del espacio y tras décadas sin contacto con la humanidad, cae con su nave a la Antártida. En su único mensaje a las autoridades dice haberse encontrado con Dios, con quien estableció contacto. Ahora los jueces de todas las mega-urbes (que vendrían a ser los países de este mundo post-holocausto) quieren capturar a Eckhart para enterarse de primera mano qué onda Dios, qué le dijo, qué poderes tiene, etc. Y ahí van, los jueces más grosos de cada urbe a competir entre ellos en plena Antártida. Por supuesto, Mega-City One (la que nuclea a las ciudades de la Costa Este de los EEUU) manda al siempre impertérrito Judge Dredd.
Hasta ahí, zafa. Después, el horror. Primero, vos sabés que Dredd va a ganar. Segundo, en las primeras páginas los autores se esfuerzan por darle mucha chapa al Judge Cesare, inquisidor a las órdenes del Vaticano, con lo cual sabés que va a ser el que más probablemente le haga el aguante más fuerte a Dredd. Tercero, esta serie parece jactarse de sus puntos débiles. Uno de los aspectos menos atractivos de Judge Dredd (tiene varios) es que le faltan secundarios copados. Aún así, la consigna de Crusade parece ser precisamente limpiar secundarios. Los duelos entre los jueces son siempre a muerte y acá palman varios que ya se habían cruzado con Dredd en aventuras anteriores. Ya fue, Morrison y Millar no dejan vivo a ninguno.
Y bueno, después de 62 páginas al palo, repletas de sangre, violencia y momentos que podrían ser tensos si uno no supiera que Dredd va a zafar de todo sin despeinarse, se termina la saga. ¿Qué se puede rescatar? El ritmo, que nunca decae, y los dibujos de Mick Austin. Austin es un ilustrador que hizo poca historieta pero realmente la tiene muy clara, en un estilo clásico recontra sólido, con una excelente puesta en página, buenas expresiones faciales, un gran manejo del color y alguna tirada a chanta a la hora de dibujar fondos.
Frankenstein Division es más breve, tiene sólo 24 páginas, y es obra de Mark Millar en solitario, o en realidad junto al dibujante Carlos Ezquerra. El guión es tan choto que parece de Cazador: aparece una especie de Frankenstein, un monstruo hiper-pulenta construído en Rusia con pedazos de cadáveres de los jueces a los que Dredd masacró en una saga anterior. El monstruo llega a Mega-City One en busca de venganza, mata a un montón de gente, parece una amenaza re-jodida, hasta que llega Dredd, lo confronta y lo hace mierda –de nuevo- casi sin despeinarse. Fin. Bueno, no; en realidad hay un girito shockeante más, después de la muerte de “Frankenstein”. Pero no alcanza para salvar los trapos. El dibujo de Ezquerra está bueno, bien salvaje, bien grotesco, coloreado en una onda Simon Bisley, aunque lejos de la magia de la Bestia.
Estas dos historias son de mediados de los ´90, cuando el éxito de Judge Dredd no llevaba ni 20 años. Ahora van 35. ¿Alguien me puede explicar cómo carajo se sostiene? Porque la verdad que, aunque cacemos la ironía, el personaje sigue siendo irreductiblemente chato, hueco, unidimensional, y –lo más grave- pensado para nunca evolucionar, para que el final de cada historia vuelva todo al status quo inicial, que es siempre el mismo. No digo que las sagas puedan ser leídas en cualquier orden, tipo Lucky Luke. Digo que el personaje llega al final igual que como lo vimos al principio, que jamás se replantea nada ni deja que nada de lo que sucede lo afecte en lo más mínimo. Eso funciona bien en un personaje cómico, un Boogie el Aceitoso, ponele. Pero cuanto más ambiciosas y grandilocuentes son las sagas, menos sustento tiene esa actitud.
Tengo otro libro del Juez sin leer, de la época clásica de Bolland, John Wagner y la Bruja Grant. Pero me faltan meses para leerlo. Por ahí para ese entonces ya me olvidé de lo mal que me trataron Morrison y Millar la vez que los seguí hasta Mega-City One.
Bajo esta majestuosa portada de Brian Bolland nos esperan, agazapadas, dos sagas de Judge Dredd una más chota que la otra. La primera, Crusade, está co-escrita por Millar y Morrison casi seguro en 1995. El planteo es casi decente: el juez Eckhart viajó a los confines del espacio y tras décadas sin contacto con la humanidad, cae con su nave a la Antártida. En su único mensaje a las autoridades dice haberse encontrado con Dios, con quien estableció contacto. Ahora los jueces de todas las mega-urbes (que vendrían a ser los países de este mundo post-holocausto) quieren capturar a Eckhart para enterarse de primera mano qué onda Dios, qué le dijo, qué poderes tiene, etc. Y ahí van, los jueces más grosos de cada urbe a competir entre ellos en plena Antártida. Por supuesto, Mega-City One (la que nuclea a las ciudades de la Costa Este de los EEUU) manda al siempre impertérrito Judge Dredd.
Hasta ahí, zafa. Después, el horror. Primero, vos sabés que Dredd va a ganar. Segundo, en las primeras páginas los autores se esfuerzan por darle mucha chapa al Judge Cesare, inquisidor a las órdenes del Vaticano, con lo cual sabés que va a ser el que más probablemente le haga el aguante más fuerte a Dredd. Tercero, esta serie parece jactarse de sus puntos débiles. Uno de los aspectos menos atractivos de Judge Dredd (tiene varios) es que le faltan secundarios copados. Aún así, la consigna de Crusade parece ser precisamente limpiar secundarios. Los duelos entre los jueces son siempre a muerte y acá palman varios que ya se habían cruzado con Dredd en aventuras anteriores. Ya fue, Morrison y Millar no dejan vivo a ninguno.
Y bueno, después de 62 páginas al palo, repletas de sangre, violencia y momentos que podrían ser tensos si uno no supiera que Dredd va a zafar de todo sin despeinarse, se termina la saga. ¿Qué se puede rescatar? El ritmo, que nunca decae, y los dibujos de Mick Austin. Austin es un ilustrador que hizo poca historieta pero realmente la tiene muy clara, en un estilo clásico recontra sólido, con una excelente puesta en página, buenas expresiones faciales, un gran manejo del color y alguna tirada a chanta a la hora de dibujar fondos.
Frankenstein Division es más breve, tiene sólo 24 páginas, y es obra de Mark Millar en solitario, o en realidad junto al dibujante Carlos Ezquerra. El guión es tan choto que parece de Cazador: aparece una especie de Frankenstein, un monstruo hiper-pulenta construído en Rusia con pedazos de cadáveres de los jueces a los que Dredd masacró en una saga anterior. El monstruo llega a Mega-City One en busca de venganza, mata a un montón de gente, parece una amenaza re-jodida, hasta que llega Dredd, lo confronta y lo hace mierda –de nuevo- casi sin despeinarse. Fin. Bueno, no; en realidad hay un girito shockeante más, después de la muerte de “Frankenstein”. Pero no alcanza para salvar los trapos. El dibujo de Ezquerra está bueno, bien salvaje, bien grotesco, coloreado en una onda Simon Bisley, aunque lejos de la magia de la Bestia.
Estas dos historias son de mediados de los ´90, cuando el éxito de Judge Dredd no llevaba ni 20 años. Ahora van 35. ¿Alguien me puede explicar cómo carajo se sostiene? Porque la verdad que, aunque cacemos la ironía, el personaje sigue siendo irreductiblemente chato, hueco, unidimensional, y –lo más grave- pensado para nunca evolucionar, para que el final de cada historia vuelva todo al status quo inicial, que es siempre el mismo. No digo que las sagas puedan ser leídas en cualquier orden, tipo Lucky Luke. Digo que el personaje llega al final igual que como lo vimos al principio, que jamás se replantea nada ni deja que nada de lo que sucede lo afecte en lo más mínimo. Eso funciona bien en un personaje cómico, un Boogie el Aceitoso, ponele. Pero cuanto más ambiciosas y grandilocuentes son las sagas, menos sustento tiene esa actitud.
Tengo otro libro del Juez sin leer, de la época clásica de Bolland, John Wagner y la Bruja Grant. Pero me faltan meses para leerlo. Por ahí para ese entonces ya me olvidé de lo mal que me trataron Morrison y Millar la vez que los seguí hasta Mega-City One.
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