el blog de reseñas de Andrés Accorsi
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domingo, 18 de febrero de 2024

AHI VAMOS DE NUEVO

Estos últimos días me encontré con poquísimo tiempo para leer comics y encima los que leí no me parecieron gemas del infinito, sino más bien historietas correctas, bien hechas, y no mucho más. Empecé a leer Secret Warriors, la pieza que me faltaba de ese rompecabezas que es Jonathan Hickman en Marvel. Es una serie que, si no me equivoco, está toda compilada en cuatro tomos y tuve la suerte de conseguir los cuatro juntos a muy buen precio (a fines de 2022, cabe aclarar). Este primer tomo tiene argumentos de Brian Michael Bendis y Hickman, con guiones del hincha de River y dibujos del italiano Stefano Caselli. No me hice fan de Caselli, pero tampoco lo padecí. El dibujo me pareció correcto, una especie de Carlos Pacheco de segunda marca, al que ayuda muy poco el trabajo del colorista Daniele Rudoni. Sin dudas el color es el rubro más flojo de este tomo, con el agravante de que muchas le roba protagonismo al dibujo. El guion, sin ser una gloria, me resultó atractivo, con todas esas runflas espesas y revelaciones shockeantes típicas de los relatos de espionaje, donde fulleros a escala planetaria juegan al poker del modo más despiadado posible: apostando las vidas de millones de personas. Nick Fury es el personaje central, el que tiene los mejores diálogos y un poco el que impone la agenda: si no tenés idea de quién es Fury, de qué juega y más o menos cómo fue su historia de la Guerra Fría en adelante, hay unas cuantas cosas que no vas a entender. Y si simplemente no te gusta Fury, es poco probable que te enganches con Secret Warriors porque, por ahora, parece pensada para darle todavía más chapa al capo del espionaje de Marvel. La historia está bien, es ágil, tiene un buen equilibrio entre escenas de machaca y otras más tranqui, hay desarrollo para unos cuantos personajes nuevos (algunos muy copados), los villanos tienen una cierta profundidad, las traiciones y vaivenes en la lealtad de los personajes no son fruto del capricho, ni de la búsqueda del impacto por el impacto mismo, la integración con el Universo Marvel (de 2009) está bien lograda... La verdad que es un comic que, sin apartarse mucho de la fórmula de "equipo de héroes medio clandestino que realiza misiones peligrosas de manera encubierta", funciona de manera muy satisfactoria. Para el Vol.2, Bendis ya no forma parte del equipo creativo y Hickman pasa a controlar en solitario todo lo referente a argumentos y guiones. Veremos cómo evoluciona la serie a partir de este cambio. Por ahora es un arranque promisorio, que no me maravilló ni me partió la cabeza, pero me entretuvo un rato y despertó mi curiosidad. Prometo entrarle pronto al Vol.2.
También pude leer un libro del 2023, el nuevo trabajo de la dupla integrada por el guionista Carlos Reyes y el dibujante Rodrigo Elgueta, notables autores chilenos cuyas obras anteriores vimos en este espacio el 21/08/15 y el 26/08/22. Esta vez Carlos y Rodrigo se proponen abordar la vida y el legado de Víctor Jara, en un libro más chiquito que los anteriores, ahora publicado por una editorial enorme como es Penguin Random House. Al leerlo, me encontré con dos elementos que redujeron notablemente mi entusiasmo: en primer lugar, Elgueta abandona su estilo realista, detallado, generoso en texturas, en favor de uno semi-funny que no está mal, pero es mucho menos personal. No te digo que cualquier queso puede dibujar como lo hace Elgueta en este libro, pero le falta ese sello autoral que tanto se disfruta en las obras anteriores. Hay algunas viñetas en las que aparece el estilo "clásico" de Elgueta y me volví loco, quería ver todo el álbum dibujado así. Encima son dibujos que se reproducen del lápiz sin entintar, con esa magia intacta. Pero bueno, estamos frente a un dibujante versátil, que para esta obra eligió otro registro visual y no está mal que así sea. Lo otro que me la bajó un poco es que... no soy fan de Víctor Jara. Por desconocimiento, casi seguro. Por ahí me pongo a escuchar sus canciones y me copa. Pero hasta ahora eso no sucedió. Entonces la parte biográfica, el relato de cómo este muchacho de origen humilde construye su carrera como cantautor a lo largo de muchos años, no me atrapó demasiado. Lo que más me gustó es la parte en la que Jara, como tantos otros militantes de izquierda, paga caro su compromiso ideológico cuando llega la dictadura de Pinochet y castiga con secuestros, torturas y asesinatos a quienes podrían enfrentarla. Pero eso ocupa... 14 páginas de la novela gráfica. O sea que, como testimonio de lo que fueron los crímenes de lesa humanidad de la dictadura en Chile, seguramente vamos a encontrar un montón mejores, más completos, que exploren la tragedia con más profundidad. Como novela gráfica de la dupla Reyes-Elgueta, también, la pongo por debajo de Los Años de Allende y Nosotros los Selk´Nam. Y como biografía de Víctor Jara en historieta, me animo a recomendársela a los fans del célebre cantautor, primero porque no conozco ninguna otra, y segundo porque el personaje está tratado con cariño, con respeto, con admiración. Y sobre todo porque la historieta como tal cumple su función de entretener e informar a quien -como yo- no sabía mucho acerca de la vida, la muerte y el legado de este artista tan relevante para la cultura popular de nuestro continente. Ahora a esperar unos años para que llegue la siguiente obra de esta dupla totalmente consagrada del otro lado de la cordillera y todavía bastante poco conocida fuera de Chile y de Francia, donde también les va muy bien. Nada más, por hoy. Espero poder meterle más horas a la lectura y reseña de comics en los próximos días, para volver a postear pronto, acá en el blog.

miércoles, 29 de diciembre de 2021

NEW AVENGERS Vol.7

Se me cae la cara de vergüenza de la poquísima historieta que estoy leyendo en estos días, y de lo que me cuesta encontrar un rato para sentarme a escribir reseñas. Pero bueno, tengo toda la concentración puesta en mudarme, más algún temita de salud, más el hecho de que vivir con 36º o más tampoco ayuda. Estoy leyendo otro libro (voy por la mitad) y en una de esas lo reseño antes de fin de año, pero la verdad que no quiero prometer nada, por las dudas. Este tomo de New Avengers tiene como principal atractivo los dibujos de un Leinil Francis Yu que en un punto te puede llegar aburrir, pero hasta ese punto resulta muy, muy vistoso, dinámico, expresivo, sin dudas un upgrade muy logrado del estilo que impuso Jim Lee a principios de los ´90. Por ahí no tiene toda la variedad de enfoques que a uno le gustaría ver, ni todos los fondos, pero el dibujo cumple sobradamente con la función de llevar adelante la historia y estéticamente está muy logrado. Los guiones de Brian Michael Bendis son raros. En los tres primeros episodios que compila este TPB, los personajes básicamente hablan. Sopesan las consecuencias de la Civil War, de la muerte del Captain America, y desconfían los unos de los otros porque saben que hay un montón de skrulls infiltrados entre los superhéroes de ambos bandos de la grieta. Cabe aclarar que los New Avengers son los del bando rebelde, los que no cedieron a las presiones del gobierno de EEUU para registrarse y trabajar solo bajo las órdenes de los políticos. Y dentro de todo, el bla-bla-bla se me hizo bastante llevadero, pensé que me iba a aburrir muchísimo y no fue así. Por suerte en esos episodios hay un subplot que cobra fuerza en la segunda mitad del tomo: el clásico mega-cónclave de villanos (segundones y tercerones) que deciden organizarse para lograr objetivos comunes, esta vez bajo el liderazgo de The Hood. Era obvio que el Dr. Strange solo tenía poder de sobra para darles una paliza a los 25 ó 30 malvivientes que junta The Hood, pero hasta que llega ese desenlace, la historia se me hizo entretenida, porque a mí siempre me enganchan fácil con la idea de “villanos que se deciden a colaborar y trabajar en equipo”. Por supuesto que todo se podría haber contado en la mitad de las páginas, pero bueno, ya sabemos que Bendis necesita espacio para que los personajes hablen un montón. Me gustó la forma en la que Bendis hace hablar a los villanos, y sobre todo a Luke Cage y Jessica Jones. No terminé de entender para dónde quería llevar a Spider-Woman (supongo que tendría que leer varios comics más para darme cuenta), lamenté que el rol de Clint Barton (acá en su identidad de Ronin) fuera tan menor, me quedaron muchas dudas acerca de Echo (cuándo entra, cuándo se va, de dónde viene) y sigue sin cerrarme el tema de que Spider-Man y Wolverine estén en una formación estable de Avengers. Me doy cuenta de que comercialmente tiene sentido, pero desde el punto de vista narrativo, me parece que esos lugares en el equipo los podrían haber ocupado personajes que tengan más que ver con la esencia de los Avengers, rebeldes o no. ¿Recomiendo esto? No, la verdad es que es solo para fanáticos de Leinil Yu. El resto no es horrible, pero tampoco justifica el lugar que te va a ocupar en la biblioteca ni la guita que te va a costar. Nunca había leído New Avengers, y lo más probable es que nunca lea los tomos que me faltan, que son todos menos este. Gracias por el aguante y hasta pronto.

miércoles, 23 de septiembre de 2015

23/09: DAREDEVIL: END OF DAYS

La verdad que me compré este libro por cariño al personaje, y porque en la tapa aparecía el nombre de Bill Sienkiewicz. No tenía mucha idea del argumento, ni grandes expectativas acerca de la historia, que prometía narrar un posible fin de Matt Murdock. Ahora que lo leí, me pongo de pie para felicitar a Brian Michael Bendis y David Mack, los guionistas de la obra, por un excelente trabajo que va mucho más allá del homenaje a Daredevil por sus primeros 50 años de publicación.
La premisa tiene algo de eso, de revisitar momentos emblemáticos en la carrera del Cuernitos a través de personajes (tanto aliados como enemigos) que fueron importantes en las distintas etapas de su vida. Ben Urich se convierte en el hilo conductor de la trama en la que el gran misterio es una palabra (un nombre, en realidad) que llega a pronunciar Daredevil justo antes de morir, al mejor estilo Citizen Kane. De la mano del periodista, Bendis y Mack repasan las andanzas de Matt Murdock que nos narraran Frank Miller, Ann Nocenti, John Romita Jr., Kevin Smith, y por supuesto, ellos mismos. De hecho, el final resulta ser un cierre arriba del cierre para aquella saga del año 2000 en la que Bendis y Mack metieron mano por primera vez en la historia del personaje.
Una investigación a cargo de un periodista acerca de la muerte de un héroe es algo que, de por sí, promete poca machaca. Y está muy bien. Bendis sabe perfectamente cómo mantener el suspenso y la tensión en un comic sin que todo pase por las piñas y las patadas. Para la segunda parte, en cambio, el guión se las rebusca para que haya un poco más de acción, en parte por el rol que asume Punisher (con una caracterización que mezcla aciertos y pifias) y en parte porque los autores meten una sucesión un tanto traída de los pelos de ninjas y villanos de la B Metropolitana. Lo bueno es que todo eso es un complemento y el foco nunca se desvía de la investigación de Urich, que termina con el status quo MUY cambiado y no una, sino dos revelaciones muy grossas acerca del legado de Daredevil.
No quiero spoilear nada acerca de estas revelaciones, ni siquiera cuando este es un final alternativo para Daredevil, una historia pensada para no entrar nunca en continuidad, porque es obvio que mientras genere un billete, el Cuernitos no va a morir. Pero cuando Bendis y Mack me cagaron a sopapos con ese final brillante, redondo, impecable, me vino a la mente la ya famosa frase de mi amigo Fede “el Freak” Velasco, que alguna vez sentenciara: “Daredevil es el más DC de todos los personajes de Marvel”. Parece una paradoja, porque si hay un guionista de Marvel que uno no relaciona ni drogado con DC es Bendis. Y sin embargo, el legado que esta saga plantea para Daredevil tiene el inconfundible aroma de los “legacy heroes” de DC.
Por el lado del dibujo, David Mack aporta algunas splash pages en su característico estilo (muy lindo, maestro, pero a ver cuándo volvés a dibujar historietas) y lo mismo hace Alex Maleev, pero no en su estilo Juan Carlos Flicker, sino más plástico, más lindo. De todos modos, son poquísimas páginas las que no están dibujadas por Klaus Janson y entintadas por Sienkiewicz. El que tiene la misión de interpretar los guiones y darles forma de relato gráfico es Janson, y el encargado de que le dibujo de Janson vibre, emocione y por momentos deslumbre es Sienkiewicz. Además de entintar, Bill mete algunas imágenes de su propia cosecha (en su inconfundible estilo pictórico), pero lo notable es cómo le imprime su sello al dibujo de Janson, sin interferir en el planteo narrativo del otrora entintador de Frank Miller. Tanto pone Sienkiewicz en la tinta que logra que el dibujo de Janson (a veces un poco tosco, o falto de dinamismo) se vea fresco, intenso, moderno y –como siempre- recontra expresivo.
Si sos fan de Daredevil, este libro te va a emocionar y a estremecer de principio a fin. Si además amás al Daredevil de Bendis, acá vas a encontrar el broche de oro ideal (aunque imposible) a aquella inolvidable etapa en la vida del personaje. Y si sos fan de Sienkiewicz, acá lo vas a ver brillar en su faceta de entintador, como ya hiciera en los ´90 en tantos comics de DC. Posta, me encontré con un comic muy por encima de lo que yo esperaba leer, y eso me hizo muy feliz.

martes, 19 de mayo de 2015

18/ 05: DAREDEVIL: ULTIMATE COLLECTION Vol.3

Ahora sí, terminé el Daredevil de Brian Michael Bendis. Y está muy bien. Vende un poco de humo, estira todo groseramente, cumple a rajatabla la consigna post-Preacher de “una idea por TPB”, pero a la larga las cosas pasan, los sacudones al status quo se suceden unos a otros y nadie lo puede acusar de dejar todo más o menos como lo encontró.
Bendis encaró una refundación de esta serie, hizo lo imposible para que la historia de Daredevil (y el Kingpin) se divida en antes y después de Bendis. Y lo hizo con una fórmula tan fácil, tan obvia, que parece mentira que nadie la hubiera intentado antes: el pelado de Cleveland tomó el tono de la etapa de Frank Miller, le limpió uno poquito los elementos sobrenaturales y lo aggiornó con elementos de la pulp fiction moderna que –como su nombre lo indica- tiene bastante que ver con aquellos films noventosos de Quentin Tarantino. Con eso solo, y con el cuidado necesario para escaparle a los tentadores crossovers con otras series de Marvel, Bendis bancó durante varios años los trapos del “comic de autor adentro del mainstream” y nos dejó un Daredevil que sin ser 100% revolucionario, tiene fuertemente marcada la impronta del autor.
Este hiper-TPB arranca con un arco donde el protagonismo se lo lleva Alexander Bont, un injerto de continuidad de Bendis que vendría a ser el capo del crimen de Hell´s Kitchen anterior a Wilson Fisk, a quien Daredevil mandó en cana en sus primeros meses como justiciero enmascarado. Esto está obscenamente estirado, pero es entretenido. Me gustó también el tiempo que se toma Bendis para desarrollar a otra creación suya, Angela Del Toro, la agente del FBI que se va a convertir en la nueva White Tiger.
El siguiente arco se compone de varias historias aparentemente inconexas, a las que Bendis termina por hilvanar con mucha jerarquía. Acá le da mucha bola a la gente común, a los hombres y mujeres de Nueva York a los que de algún modo afectaron los brutales sacudones que le pegó Daredevil a Hell´s Kitchen. Los que habitualmente son testigos, o a lo sumo víctimas, siempre en tercer plano, acá de pronto tienen voz y personalidad. Es un truco vil de Bendis para estirar aún más el relato, pero le sale muy bien, es un truco convincente.
Y para el final, la resolución definitiva de los plots que Bendis desarrolló durante toda su etapa: la guerra final contra el Kingpin y el tema de la identidad secreta de Daredevil, revelada por los medios de comunicación. Acá Bendis tira toda la carne al asador: Ben Urich, Elektra, Black Widow, Power Man y Iron Fist, Milla Donovan, Bullseye, Owl, obviamente Foggy Nelson… nadie se quiere quedar afuera de esta última embestida, a todo o nada, en la que Bendis ostenta unos huevos inmensos.
Para rellenar el mega-broli tenemos un What If… Karen Page no hubiese muerto, muy flojo, casi una excusa para recapitular algunos hitos en la historia de Matt previos a la llegada de Bendis. No lo salvan ni los dibujos de Michael Lark, acá bastante por debajo de su gran nivel habitual. Y cierra la trilogía con Punisher y Spider-Man que ya vimos en el hiper-TPB de Ultimate Marvel Team-Up (un lejano 15/12/10), cuyo principal atractivo siguen siendo los gloriosos dibujos de Bill “Dios” Sienkiewicz.
Todo el resto del tomo (es decir, cientos de páginas) está dibujado por Alex Maleev, casi siempre coloreado por Dave Stewart. Y sí, llega un punto en que te asqueás de ver tantas fotos en vez de fondos, tantas caras, autos y armas que son apenas fotos retocadas, tanta técnica y tanta imaginación puesta al servicio de dibujar lo menos posible. Es muy valioso que Maleev no haya faltado nunca a lo largo de 15 entregas, pero dejate de joder y dibujá algo, aunque sea. Lo más interesante a nivel gráfico está en el primer arco: la historia transcurre en tres tiempos distintos (fines de la Golden Age, inicios de la carrera de Daredevil y el presente) y Maleev propone un planteo gráfico para cada tiempo: en el presente retoca fotos, en los flashbacks a los inicios de DD se juega por una línea más típica de comic de superhéroes (con el color retro y los efectos de moré bien de los ´60) y en las escenas de fines de los ´40 sorprende con un blanco y negro alucinante, con poquísima referencia fotográfica y un trazo fuerte, impactante, expresivo, apoyado en composiciones de notable solidez. Quiero una graphic novel de Maleev dibujada toda en este estilo.
Y bueno, ahora voy por el DD de Ed Brubaker. También en algún momento (no muy lejano) tengo para retomar la etapa de Mark Waid y algunas saguitas que todavía no sé bien dónde corno encajan. Lo cierto es que Daredevil (hoy bastante de moda gracias a la potente serie de Netflix) sigue estando entre mis personajes predilectos y en los próximos meses lo vamos a ver bastante seguido acá en el blog.

lunes, 25 de agosto de 2014

25/08: DAREDEVIL: ULTIMATE COLLECTION Vol.2

Tenía abandonado al Daredevil de Brian Michael Bendis desde un ya lejano 13/05/11. Pero aquella vez prometí comprarme los libros que me faltaban para completarlo y esa promesa ya la cumplí. Ahora, ya sólo me falta leer el tercer tomo. Y reseñar el segundo, claro.
Lo primero que me generó este hiper-TPB fue un susto: ¡512 páginas! 20 episodios, casi dos años enteros de publicación, en un solo libro. Por supuesto que me tomé varios días para leerlo, mientras me bajaba –en paralelo- los libros más cortos que fui reseñando en estos días. 512 páginas es una animalada incluso en un título como este en el que pasa muy poco en cada página. Acá vemos a Bendis narrar con una decompresión absoluta, como si le sobrara espacio para todo, como si estuviera al frente de un manga de 38 tomos. Las escenas duran páginas y páginas y muchas veces no contribuyen en lo más mínimo a que avance la trama. Me imagino a la gente que leía esto de a 22 páginas por mes y me quiero matar, debe haber sido un suplicio interminable como el Racing-Tigre del otro día.
Por otro lado, como siempre digo, Bendis no es boludo y sabe con qué estirar: los diálogos, una especialidad del pelado de Cleveland, acá brillan como en Alias o como en los mejores proyectos creator-owned del guionista. Y quizás lo más interesante sea cómo Bendis te engaña, cómo te hace comer los amagues. En el tomo anterior, el Kingpin estaba en la lona: ciego, agonizante, con todo su imperio en manos de gente que lo traicionó y lo descartó. En menos de 15 episodios, el Kingpin está de vuelta y empieza a reconstruir, a recuperar el territorio perdido. Y cuando empieza a asomar la cabeza, otro sacudón: Daredevil lo caga a palos y se erige como el nuevo capo del crimen de Hell´s Kitchen! En una cruzada demencial, erradica a todos los malvivientes de su barrio, a cientos de yakuzas… y así, de un sacudón pasamos a otro, en un tomo con mucha más acción que el anterior.
Lo único realmente flojo es el arco de cuatro episodios con Black Widow, casi al final del tomo. No aporta nada, humilla gratis a un villano (Jigsaw) que alguna vez fue una amenaza viable, no avanza casi nada la trama principal… No encuentro por dónde rescatarla. Creo que sólo sirve para mostrarnos que Matt sigue enganchado con Milla. Lo de Matt y Milla también es loco, porque en menos de 15 episodios, se conocen, se enamoran, se casan y se divorcian. Pero bueno, es un personaje muy interesante, al que Bendis se preocupa por laburar muy bien, para que muchos nos convenzamos de que es LA mina que le va a sacudir la estantería a nuestro abogado ciego favorito. Y además, tanto Matt como otros personajes reflexionan bastante sobre esta relación, sobre lo rápido que sucede todo, y hasta hay un bache de casi un año que Bendis no nos muestra, y en el que se termina de afianzar esa pareja.
O sea que tenemos un poco de todo: sacudones para los personajes de siempre, personajes nuevos, volantazos que nunca te ves venir, una buena dosis de machaca, escenas más intimistas y ese clima sórdido, de cosa mafiosa, gangsteril, a años luz de la onda luminosa y optimista que uno asocia (o asociaba hasta hace unos años) con el comic de superhéroes. Esta versión de Daredevil la verdad que de superhéroe tiene muy poco. Y es parte de lo que la hace atractiva.
En el dibujo lo tenemos al búlgaro Alex Maleev, abanderado del estilo Juan Carlos Flicker, a quien vemos dibujar –con suerte- los cuerpos en esas poses locas que adoptan los héroes en las peleas. Todo el resto son fotos retocadas y por momentos uno cree estar leyendo una fotonovela. Por supuesto, esta estética combina bien con el estilo narrativo de Bendis y con la onda que el guionista le da a la serie. Además hay un muy buen criterio para elegir los ángulos, lindas onomatopeyas y –una vez más- un trabajo maravilloso del colorista Matt Hollingsworth, sin el cual me parece que se caería todo a pedazos.
Mugre urbana, mentes alteradas, diálogos afiladísimos, un ritmo pachorro y una serie que lograba serle increíblemente fiel a la etapa de Frank Miller, y aún así sintonizar a la perfección los cambios de época para convertirse en referente del grim´n gritty del Siglo XXI.

martes, 22 de abril de 2014

22/ 04: FIRE

Si no leés la contratapa, capaz que esta novela gráfica te ceba. Si leés primero la contratapa, como hice yo, lo dudo mucho. En el texto de la contratapa, alguien te vende que Fire es una obra maestra, que vas a leer el mejor comic de espías del universo, que Brian Michael Bendis se investigó la vida para escrachar con pelos y señales todas las matufias de la CIA y todas las irregularidades, roscas y aprietes que se ponen en marcha cada vez que esta agencia sale a reclutar nuevos pichis para convertirlos en temibles operarios del recontra-espionaje. La verdad que el que escribió eso es un genio, porque te hace entrar como un caballo, decidido a comprar Fire con la pasión y la convicción de un millón de talibanes duros de merca.
Cuando abrís el libro, te encontrás con el Bendis de la primera época, cuando publicaba en la editorial Caliber y lo dejaban dibujar. Esta historieta es de 1994, no me acuerdo si es anterior o posterior a Jinx (que ya tuvo reseña acá en el blog, creo que a principios de 2013) y va más o menos para el mismo lado, aunque dura muchas menos páginas: un claroscuro muy marcado, mucha experimentación (y unos cuantos logros) en la planificación de páginas y secuencias y -lamentablemente- fondos que escasean o que son fotos brutalmente choreadas, con ínfimos retoques. Los personajes también están MUY basados en fotos, quizás porque Bendis se convenció de que eso podría acentuar el realismo de la historia. Por lo menos el autor tiene la decencia de contarnos en qué personas reales (famosas o amigas suyas) se basó para dotar de sus rasgos faciales a cada uno de los personajes.
La trama cuenta, básicamente, cómo un pibe medio loser, recién recibido de Licenciado en Ciencias Políticas (conozco a uno, pero se recibió hace más de 20 años), es reclutado por la CIA para convertirse en un agente secreto. La historia nos muestra su entrenamiento, sus primeras misiones y cómo rápidamente Benjamin Furst se empieza a dar cuenta de que para vivir la vida de emociones, peligros y minitas que le mostraron las películas de James Bond, hay que tragar muuuucho sapo. Decidido a tragar poco sapo, ni bien Benjamin cae en la cuenta de que cumplir las misiones significa enchastrarse las manos con sangre de gente que muy probablemente sea inocente, se le planta a su jefa y dice "hasta acá llegamos". Ahí nuestro neófito espía se come un último apriete y la historia se termina, con un final abierto, en el quizás lo convencen para que siga adelante en la agencia, y quizás no. Dependerá de los costos que quiera pagar este personaje, al que Bendis desarrolla muy bien, y al que se nota claramente que no quiere juzgar, a pesar de las situaciones moralmente ambiguas (o directamente turbias) en las que lo envuelve.
Fire tiene varias escenas muy gancheras, sobre todo en la primera parte, cuando los agentes "acosan" a Benjamin para reclutarlo y el pibe no entiende muy bien qué pasa. Después, se hace todo bastante predecible y las revelaciones asombrosas sobre los servicios de inteligencia terminan por ser nimiedades y obviedades que ya vimos mil veces, en comics, novelas y películas anteriores y posteriores a 1994. Como siempre, Bendis hace una diferencia importante a la hora de los diálogos, siempre filosos, ingeniosos, muy reales y muy abundantes.
La edición de Image de 2001 tiene muchos retoques y correcciones respecto de la edición de los '90, que por lo que muestra el propio Bendis en el epílogo, parecía bastante precaria, bastante amateur. Por supuesto, no hay retoques digitales que permitan que el dibujo de Bendis brille con luz propia (sus mejores viñetas son copiadas de fotos, o de dibujantes que dominaban el claroscuro mejor que él, tipo Brian Stelfreeze o Paul Gulacy), pero en general esto se ve bastante aceptable. Y el guión, repito, tiene unos cuantos puntos a favor, si bien no se acerca ni por asomo a la gloria que te quiere vender el gurú del marketing que redactó los textos de la contratapa. Así que si te hiciste hardcore fan del pelado de Cleveland y querés recorrer sus trabajos de su etapa pre-mainstream, con Fire no te vas a prender fuego (cuac) pero tampoco te vas a aburrir ni a sentirte defraudado. Pero ojo! Leé la contratapa DESPUES de leer el comic, no antes...

sábado, 2 de noviembre de 2013

02/ 11: MOON KNIGHT Vol.2

Esta reseña complementa la del 7 de Enero de este año, y corresponde al tomo que ofrece el tramito final del Moon Knight de Brian Michael Bendis y Alex Maleev.
Leídos en conjunto, los 12 episodios dejan gusto a poco. Posta, acá pasan las mismas cosas que en los ´80 pasaban en una novela gráfica, o a lo sumo en dos libritos prestige de 48 páginas. El argumento es muy, muy chiquito y se puede resumir así: “Moon Knight, que ahora opera en Los Angeles, descubre un plan del Conde Nefaria para afianzarse como capo del crimen de la Costa Oeste, un plan que involucra a... la cabeza de Ultron!”. Y listo. Para contarte algo más, te tengo que contar cómo le gana, que es lo más entretenido de la serie. Lo más loco, además, porque por nivel de poder, un Count Nefaria vs. Moon Knight es más desparejo que un Barcelona con Messi, Iniesta y Neymar vs. Tristán Suárez con Fede Barrionuevo lesionado.
Bendis se las ingenia para “enchular” a este Batman del Ascenso, y además para que la lectura de tantas páginas no se haga demasiado insostenible. Su principal recurso es el desarrollo de tres secundarios: la ex-Avenger Echo, el ex-agente de SHIELD Buck Lime y el inspector Hall, un cana entre honesto e ingenuo que va a ser importante para romper la red de impunidad que protege a Nefaria. Y por supuesto, profundiza el recurso que le vimos inventar en el Vol.1: la “participación” del Capi América, Wolverine y Spider-Man, que sólo aparecen en la fragmentada y deteriorada mente de Moon Knight, pero cuyos poderes y técnicas de combate resultan fundamentales en esta “tuneada” del “cara de luna”. Al tener toooodas esas páginas para desarrollar a estos personajes y para explorar las consecuencias de cada cosa que dicen, hacen, o que Moon Knight cree que sucede, Bendis logra que uno compre el combo. Se termina por armar una muy buena reversión, un lindo upgrade del personaje creado por Doug Moench en los ´70. Tan efectivo que uno seguiría comprando la serie un par de TPBs más, aunque sea por el elenco de secundarios.
Pero no. Bendis no sólo cierra la trama de Nefaria en su último episodio. También se saca de encima a varios secundarios y pergeña un volantazo medio descontextualizado para sacar a Moon Knight de Los Angeles. La saga termina con la promesa de retomar al personaje (y a la cabeza de Ultron) en Age of Ultron, la saga que marcó la despedida de Bendis de la línea Avengers. Cosa que efectivamente se cumple, porque en la inflada y –a la larga chota- Age of Ultron, nos reencontramos con nuestro héroe en San Francisco. La conexión con AoU es apenas una de las tantas movidas que hizo Bendis por integrar a su versión de Moon Knight al universo troncal de los Avengers.
El dibujo de Alex Maleev es muy bueno, aunque –como siempre- está muy contaminado por las fotos apenas retocadas que reemplazan a fondos, vehículos y objetos, y que muchas veces sirven como base para la figura humana y hasta para los primeros planos de las caras. Maleev es uno de los grandes abanderados del estilo Juan Carlos Flicker, uno de los que más luchó por imponer el derecho a no dibujar para los dibujantes. En las portadas, realizadas a color directo, el búlgaro deja la vida y demuestra a las claras que es mucho más que un gran retocador de fotos. Ahí pela técnica pictórica de alto vuelo e incluso en las viñetas que son fotos choreadas, cuida mucho la composición. Y claro, uno quiere verlo hacer una novela gráfica toda en el estilo de las portadas de Moon Knight, cosa que no creo que suceda jamás. Lo bueno de que Maleev le dé poco al lápiz y mucho al Flickr es que se bancó como un duque los 12 episodios de la saga, sin recurrir nunca al banco de suplentes. 12 números seguidos con el mismo dibujante (y encima uno grosso) en un comic de Marvel, hoy por hoy es algo más raro que un elfo travesti hincha de Banfield con una poronga de 50 centímetros haciéndole el amor a un dirigente del PRO honesto y capacitado. Sólo por eso, se merece mi ovación.
En síntesis, si sos muy fan de Moon Knight, esto te va a cerrar, aunque pase poco en muchas páginas. Si sos fan de Alex Maleev, acá lo vas a encontrar muy comprometido y en un muy buen nivel. Y si sos fan de Brian Michael Bendis esto te va enganchar, ya sea que te guste su vertiente de historias urbanas más realistas (Daredevil, Alias, Powers), o su vertiente “avengeril” con villanos heavy metal y conflictos más grandilocuentes, con medio universo en juego. No es LA gema definitiva de ninguno de los dos autores y pierde por goleada contra el Moon Knight de Moench y Bill Sienkiewicz, pero para pasar el rato no está nada mal.

domingo, 16 de junio de 2013

16/ 06: POWERS Vol.4

Bueno, era casi inevitable: este tomo me gustó un poco más que el anterior, que me pareció un delito a mano armada. Acá hay choreo, pero es menos brutal. Lo que Brian Michael Bendis y Michael Avon Oeming nos narran en más de 150 páginas podría haber sido una hermosa novela gráfica de 80 páginas, o –estirándola un cachito- dos lindos prestiges de 48. El problema es que esta vez Bendis no estira con lo que mejor le sale, que son los díalogos, sino que mete escenas flojas, que deberían aportar tensión pero no lo logran, principalmente todas esas centradas en los medios de comunicación y su cobertura (amarillista y berreta al mejor estilo de nuestros canales de noticias) de los tremendos sucesos que nos toca presenciar en este tomo. Bendis también prolonga hasta el infinito persecuciones y escenas de acción, pero por lo menos son escenas grossas, muy impactantes, y que nunca sabés cómo se pueden llegar a resolver.
La redención para este arco argumental viene por dos lugares distintos. Primero: estirada y todo, hay una trama fuerte y se resuelve de modo sorprendente. El trágico fin del grupo conocido como FG-3 está muy bien orquestado, abre puntas muy interesantes y plantea un dilema (vinculado a los seres con superpoderes) que dificilmente puedan plantear los autores que abordan el género superheroico desde un ángulo más careta, o más tradicional. Y segundo (y principal): todo lo que pasa afecta MUCHO a uno de los protagonistas. Sin dudas, lo mejor del tomo llega en el epílogo, cuando Bendis nos revela (en siete páginas brillantes) cómo afectaron a Christian Walker las cosas que pasaron y las decisiones que lo vimos tomar. Pobre Deena Pilgrim, está prácticamente de adorno durante toda la saga. Apenas si logra mechar un par de sus frases ingeniosas y habitualmente muy guarangas. Esta vez, Bendis se las ingenia para que toda esta bola de misterio, violencia y muerte le detone en la cara a Walker, el ex-supehéroe convertido en cana, y habrá que ver cómo se da vuelta la torta para que la serie recupere su status quo, porque el sacudón que recibe Christian tiene pasta de definitivo. Lo cierto es que, si imaginamos una versión resumida, sin toda esa perorata al pedo que no va a ningún lado, tenemos un excelente arco argumental, jugado, original, y muy importante en el desarrollo de la serie.
El dibujo de Oeming... está un poquito más raro, más desparejo. Tiene viñetas colosales y otras en las que se lo ve muy deforme, muy grotesco. Acá estrena colorista nuevo (Peter Pentazis), y se encuentra con toda una serie de efectos de iluminación, brillitos y texturas que antes no estaban y que le cambian bastante la impronta visual a la serie. La narrativa también tiene sus problemas, sobre todo en esas páginas dobles llenas de viñetas, en la que no está muy claro cuándo hay que bajar la vista para pasar a la segunda tira de cuadros. Como siempre, Oeming repite dibujos a lo pavote y no mezquina esfuerzos a la hora de dibujar fondos. Esta vez, no sé por qué, lo toleré más de lo que lo disfruté. Por ahí al ser una historia tan dark y tan truculenta, se achicó el margen para jugar con la estética cartoon que Oeming heredó de los creadores de Batman: The Animated Series. Lo cierto es que, si bien hay dibujos excelentes, el conjunto no me terminó de cerrar.
Al final, no sé si seguir adelante con Powers o si colgarla acá. Si la cuelgo, me quedo con un final triste, amargo, como el que tuvo ayer la novela de IndeBendiente. Y con un personaje (Deena) apenas explorado, al que nunca vi rozar siquiera su verdadero potencial. Veremos qué onda. Supongo que si veo baratos los TPBs que me faltan no me voy a resistir. Y si no, mala leche: si en cuatro tomos Bendis y Oeming no lograron sumarme a los fans incondicionales de la serie, por algo será. O como decían los fachos en los ´70, “algo habrán hecho”...

miércoles, 8 de mayo de 2013

08/ 05: POWERS Vol.3

Retomo esta serie que tenía abandonada hace más de 10 años. Me acordaba poco: que los protagonistas eran un tipo y una mina policías, que investigaban asesinatos en un mundo tipo Astro City, donde los superhéroes son cosa de todos los días, y que capaz que uno de ellos dos tenía superpoderes, aunque no los blanqueaba. Por suerte, no hacía falta recordar nada más para entender lo que pasa en este tomo.
Por desgracia, lo que pasa en este tomo es UN DESASTRE, una garcha, una tomadura de pelo. El libro arranca con un arco de tres episodios que se podría haber contado en uno, y que encima... no se resuelve! En el medio de la investigación, cuando Deena y Christian parecen haber encontrado a la testigo clave, la historia se interrumpe y queda ahí, trunca. Me salteo una historia a la que le quiero dedicar un próximo párrafo y llego a las 13 páginas de la historia titulada The Shark, una anécdota sumamente nimia e intrascendente, aunque hábilmente estirada por Brian Michael Bendis con los diálogos. Después, un montón de páginas que no son historietas, sino largos textos que fingen ser la transcripción de un juicio oral, intercalados con ilustraciones en blanco y negro de Michael Avon Oeming. Un juicio oral es aburrido incluso si te lo cuentan en forma de historieta... imaginate una transcripción en formato “solo texto”. A dormir al tercer párrafo.
Lo que le sigue es aún más ladri: 20 páginas en blanco y negro que fingen ser un librito para que los chicos coloreen, dibujen y resuelvan acertijos, laberintos y boludeces varias. De verdad! Los dibujos de Oeming mínimamente la reman, pero es un choreo a mano armada, mal. De ahí nos vamos a Mall Outing, la primera historieta que hicieron juntos Bendis y Oeming, para un especial de Jinx. Son cuatro paginitas, nomás, muy bien dibujadas y con un guión totalmente predecible y efectista, sin más intención que la de impactar a como dé lugar. Y para el final, bocetos de Oeming, portadas y una muy buena entrevista a Bendis, realizada por Alex Hamby.
Y me queda para rescatar Ride Along, la historieta de 25 páginas en las que Christian Walker comparte el protagonismo con... Warren Ellis! El eximio guionista del mundo real se mete en una ficción y durante las primeras 10 páginas la rompe con unos diálogos brillantes, en los que baja línea a ocho manos acerca de la industria del comic yanki, su desmesurada dependencia de los superhéroes y demás tópicos espinosos en los que coincido 100% con Ellis (y sospecho que Bendis también, aunque no le convenga blanquearlo). Pero claro, en las 15 páginas restantes se supone que tiene que pasar algo y ahí, como el resto del tomo, Ride Along se sumerge de a poquito en el pantano de la intrascendencia, sin la más remota chance de que uno se enganche con lo que le está por suceder a los personajes.
¿Por qué uno no pide demasiadas veces que esto se termine rápido? Primero, por lo ya mencionado: la habilidad de Bendis para pilotear con buenos diálogos estas historias más estiradas y con menos fundamento que las cautelares que benefician a Clarín y La Nación. Y segundo, la muy buena labor de Oeming al frente de la faz gráfica, con un estilo lindo, suelto, sin estridencias ni virtuosismos, muy jugado a la narrativa, a controlar obsesivamente los tiempos del relato mediante jueguitos con los tamaños de las viñetas, la reiteración de fondos y personajes, etc. Por supuesto, Oeming se luce mucho en esos dibujos que hacen las veces de fotos en ese episodio que quiere parecerse a una revista, y en esas ilustraciones en blanco y negro que fingen ser retratos de los implicados en el juicio oral. Liberado de los abundantes diálogos que mete Bendis y de la grilla de 146.000 viñetas por página, el dibujante aprovecha para pelar, para zarparse, para divertirse. Y está muy bien si no fuera porque uno pretendía leer buenas historietas, no mirar buenos dibujos.
Menos mal que tengo ya comprado el Vol.4 y menos mal que tengo mucha fe, casi la certeza de que esto va a repuntar. Si no, te juro que colgaba la serie acá y a la mierda Powers.

miércoles, 10 de abril de 2013

10/ 04: JINX

No confundamos excelente con importante. Jinx no es una historieta excelente, ni cerca. Y sin embargo es muy importante, por muchos motivos. Me parece que lo más llamativo es observar cómo Brian Micheal Bendis, en uno de sus primeros trabajos de mediados de los ´90 en una editorial chiquita, ya tenía clarísimo su estilo. Tanto, que lo lograría imponer (sospecho que no sin cierta resistencia) en varios de los proyectos más importantes que encararía en años posteriores para editoriales más grossas. En Jinx está el gen de Alias, claramente, y de muchos de los recursos que Bendis desplegó en proyectos como Powers, Daredevil, o Hellspawn. El “estilo Bendis” de escribir comics, esa onda Quentin Tarantino, de climas cercanos al hard boiled pero moderno, con diálogos larguísimos, muy reales, que convierten a las secuencias del comic casi en pequeñas obras de teatro, con conflictos cotidianos mezclados con pequeños chispazos de aventura que muchas veces no son lo que más le interesa al guionista... todo eso ya estaba en estas historietas que Bendis escribía (y dibujaba) en la editorial Caliber, cuando no lo conocía ni el loro.
Por supuesto, Jinx tiene el mismo “problema” que las obras más recientes del pelado: está infinitamente estirada. En un poco más de 400 páginas, Bendis cuenta una historia que, si me permitís la exageración, se podía contar en un unitario de 16 páginas de esos que escribía Walter Slavich en la Skorpio. La trama posta (la búsqueda de un auto con casi tres palos verdes en el baúl por parte de Jinx y su amigovio Goldfish) arranca cuando van más de 100 páginas de... casi nada, y desde ahí hasta el final avanza como si reptara, con prolongadas interrupciones en las que Bendis se cuelga contando otras cosas, con muchísimas disgresiones en las que cobra chapa un tercer personaje (Columbia, un malviviente amigo de Goldfish), etc. Por supuesto, Bendis estira con dos “excusas” que le salen bárbaro: el clima (sórdido, espeso, pero con lugar para el slice of life y los chistes) y los diálogos, que –como siempre- son extraordinarios. Ese oído descomunal para los diálogos del guionista (y su abuso de las puteadas) seguramente es lo que más debe haber sorprendido en su momento a los lectores de sus primeras obras.
Jinx es de la época en la que Bendis todavía dibujaba sus propios guiones, cuando todavía jugaba a ser un autor integral. Y como dibujante era medio choto, pero no impresentable. El pelado de Cleveland fue uno de los precursores en la onda de no dibujar fondos, sino mandar fotos mínimamente retocadas, cosa que en su momento más de uno le criticó, sin saber que eso que en 1995 era la excepción, hoy sería la regla. Para los personajes, Bendis no afanaba fotos: las sacaba él mismo. Armaba una especie de fotonovela, y a partir de las imágenes de las fotos, metía un laburo de tintas MUY zarpado, a años luz de los ínfimos retoques que hoy le meten a las fotos las legiones de Juan Carlos Flicker. Fanático de la onda oscura y espesa, Bendis terminaba por emparentarse mucho más con los grossos del claroscuro, en imágenes que recuerdan a la mejor época de Josep Ma. Beroy, a David Lloyd, al Tony Harris más zarpado, o a cosas que años más tarde le veríamos a Danijel Zezelj. Ojo, no siempre. También hay dibujos bien del montón, casi siempre disimulados por una muy buena planificación de las páginas.
Dentro de este masacote, Bendis prueba dos cosas raras: una breve secuencia en la que dibuja como Sal Buscema, burda pero efectiva parodia a los comics de Marvel de los ´70 y ´80, y un tramo bastante más largo, en el que narra un flashback al pasado de Jinx y –para diferenciarlo del resto de la obra- se va a un estilo mucho más basado en el collage de fotos, a las que casi no retoca. Obviamente es el tramo más feo de mirar. Y finalmente nos muestra un fragmento de un cuento fantástico escrito por Jinx, que no lo dibuja él, sino el talentoso Michael Gaydos, desconocidísimo en aquel entonces, pero ya con un estilo personal, sugestivo, mucho más agradable a la vista que esas páginas de Bendis saturadas de negro y con las viñetas muy chiquitas, o repetidas una y mil veces.
Con su sobrecarga de violencia urbana, chumbos, garches y traiciones, con su atmósfera tarantinesca y dark, sus diálogos afiladísimos y sus personajes bien trabajados, Jinx fue una historieta de culto en los ´90, que los fans de Bendis de aquel entonces le refregaron después por la cara a los que descubrieron al autor cuando se convirtió en estrella. Eso no la hace excelente –repito- pero sí importante. Igual se deja leer, no es un horror ni mucho menos.

lunes, 7 de enero de 2013

07/ 01: MOON KNIGHT Vol.1

Este comic es el ejemplo perfecto de por qué NO había que darle la serie de los Avengers a Brian Michael Bendis. El fuerte de Bendis (cada vez me queda más claro) no son las aventuras grandilocuentes, de alto impacto y a todo o nada en las que buenos y malos se enfrentan abiertamente con el destino del universo en juego. La pulenta, lo que a Bendis le sale de taquito, donde realmente se luce, seduce y aporta algo distinto es en historias como esta que nos cuenta en Moon Knight. De hecho, esta es una obra en la frontera: si la hacés un toquecito más superheroica, ya la mandás al fondo de la tabla de los promedios, con Independiente y Quilmes.
Sin parecerse a Alias ni a Daredevil (las dos joyas que Bendis le regaló al Universo Marvel), Moon Knight va mucho más para ese lado que lo que vimos en Avengers (y New Avengers y todos los fantastillones de títulos de Avengers): Ante todo tenemos un conflicto chiquito, potencialmente jodido, pero que todavía se puede ocultar. Hay un villano grosso, pero no se manifiesta hasta que el tomo está cerca de terminar. Hay un par de peleas, pero no son demasiado relevantes y no llega a haber una por episodio. Y lo más importante: pasa poco. Hay una trama muy, muy descomprimida (esto mismo se podría haber contado en 64 páginas, tranquilísimo) que avanza lento para darle margen a lo que Bendis mejor hace, que son las largas secuencias de diálogos, que nos meten en la cabeza de los personajes mientras estos están inmóviles, frente a fondos que no cambian para subrayar que nadie se está moviendo de su lugar.
Lo de “meterse en la cabeza del personaje” acá es central. Bendis arranca por blanquear que Moon Knight, después de años de acumular varias identidades paralelas, está medio chapita. Esto le da una excusa muy piola para hacer aparecer en todos los números a tres personajes infinitamente más taquilleros que este Batman de la B Metropolitana: el Capi América, Spider-Man y Wolverine parecen tener roles destacados en la saga, pero en realidad son voces en la cabeza de este tipo que lucha por parecer normal, cuando en realidad está bastante desequilibrado.
Bendis apuesta fuerte al dejar totalmente al margen al elenco de personajes secundarios que Moon Knight había acumulado desde fines de los ´70. Acá lo rodea de un ex-agente de SHIELD con mucha chapa, y de Echo, una minita a la que creó para ser villana de Daredevil y después metió (con un pase de magia aún hoy difícil de explicar) en los Avengers. Ambos están muy bien manejados por el guionista y tienen varias secuencias para lucirse a pleno. Tanto la presencia de Echo como las voces que escucha el héroe en su cabeza son recursos con los que Bendis le saca jugo (mucho, tal vez demasiado) a la vinculación entre Moon Knight y los Avengers, algo que sólo tiene sentido a los efectos de que la serie venda algunos ejemplares más. Por suerte, no es algo que resulte molesto, sino que hasta incluso suele ser fuente de buenos chistes y comentarios afilados.
Como en casi todos sus números de Daredevil, acá Bendis está apoyado por los dibujos del búlgaro Alex Maleev, abanderado y referente principal del estilo Juan Carlos Flicker que consiste en poner en la página más referencia fotográfica que dibujos propios. Maleev sabe retocar las fotos, no es ningún improvisado, y además los coloristas laburan para que la foto no se vea tan obvia. Igual se nota, y mucho. Excepto cuando los personajes entran en acción y pelan esas poses dinámicas, extremas, que forman parte de esas violentas coreografías que despliegan al pelear, el resto es todo foto. Los fondos (que no siempre están), las armas, los vehículos y hasta varios personajes son inequívocamente fotos retocadas. Por momentos, a Maleev le cae la ficha de que en Moon Knight se consagró (hace 30 años) el hoy legendario Bill Sienkiewicz y entonces intenta subir un cachito la apuesta, mandarse alguna pose espectacular, algún efecto con la capa del héroe, algo que nos haga revivir a los fans clásicos del personaje algo de la infinita magia de Sienkiewicz. Cuando arriesga, Maleev gana. El tema es que arriesga muy poco.
Tengo un segundo tomo, un toque más corto, porque este trae siete de los doce episodios que tuvo la serie. Como lo vi a Bendis a sus anchas, con tiempo y espacio para hacer lo que mejor sabe hacer y lo que más le gusta, este Vol.1 me gustó bastante, así que voy por el Vol.2 con buenas expectativas.

viernes, 13 de mayo de 2011

13/ 05: DAREDEVIL: ULTIMATE COLLECTION Vol.1


Tarde o temprano iba a suceder: me compré un tomo que trae material que ya reseñé en el blog. Este hiper-TPB dedicado al Daredevil de Brian Michael Bendis incluye Underboss, el TPB al que le dedicamos la reseña del 30 de Abril de 2010. O sea que todo lo que dije en ese momento acerca de ese tomo, se aplica también a este.
Pero acá hay bastante más. El libro arranca con una saguita muy rara, prácticamente sin argumento. El protagonismo se lo lleva todo el guión, que se estira, se enrosca, se tensa, para crear clima, para ponernos nerviosos, hasta que finalmente Bendis revela qué fue lo que dejó a ese pobre nene en ese estado. Como no hay acción, Daredevil prácticamente no aparece, y le deja la manija a un gran personaje secundario, el periodista Ben Urich, que pela chapa de protagonista, especialmente en unos diálogos antológicos con el maestro de los maestros, J. Jonah Jameson. El arte (no lo puedo llamar dibujo) está a cargo del inigualable David Mack, el creador de Kabuki, un genio de la ilustración que se la banca decorosamente a la hora de tener que contar historias con sus majestuosos dibujos. Arrancamos muy bien.
Después viene Underboss, que pasamos por alto, y después las secuelas de Underboss: la brutal movida de Vanessa Fisk, la esposa del Kingpin, contra los que complotaron para destronar (y boletear) a su marido. En todo este tramo Daredevil sigue sin aparecer en un rol destacado, pero está bien. Bendis se propone lograr que este deje de ser un comic de superhéroes para enrolarlo en el género “pulp fiction” y barrer al cuernitos abajo de la alfombra lo ayuda bastante a lograr su cometido.
La siguiente saga es la que arranca cuando se derrama la data que sólo el Kingpin manejaba: Matt Murdock es Daredevil. Y acá de nuevo tienen chapa los periodistas, que desplazan por unos números a los gangsters. Matt tendrá que “vérselas” con ellos para gambetear la noche que se le viene si todo el mundo se convence de que él es Daredevil. Acá tampoco hay machaca, sólo reflexión, introspección, replanteos, y más diálogos brillantes como el que tiene Matt con Rosenthal, el dueño del diario que lo escrachó en primera plana. Para no aburrir a los lectores que todavía no entendieron que esto era comic de autor, para adultos, Bendis hace desfilar (sin demasiada explicación, pero con algún aporte coherente) a Spider-Man, Black Widow y Elektra, todos tratando de que DD baje un cambio y piense bien su próxima movida.
Al igual que Underboss, todos estos episodios están dibujados por Alex Maleev, ya muy afianzado en ese dibujo realista, sucio, con algunos estallidos expresionistas, y con un abuso de la referencia fotográfica que lo convierte en pionero, en primer abanderado del estilo Juan Carlos Flicker tan popular hoy en los comics de Marvel. Flaco, todo bien… son muchas páginas por mes, te piden realismo, te tenés que fumar ocho mil viñetas de cabecitas que hablan… pero dibujate UN fondo, UNA vez. Un monitor de computadora, una tele, un auto… algo que no sean los personajes. Igual se ve todo muy lindo, en parte gracias al laburo monumental de Matt Hollingsworth, colorista de la San Puta.
Y queda la saguita final, un arco en el que se interrumpe el plot de la lucha de Matt por proteger el secreto de su doble identidad. Es la hora de que Bendis nos muestre qué tal se la banca en ese otro sub-género que siempre estuvo presente en los comics de Daredevil: el courtroom drama. Pero mientras los otros guionistas se esforzaban por meter el courtroom drama adentro, o en paralelo, con tramas de acción protagonizadas por el cuernitos, Bendis no. Para todo, elimina la acción y durante varios episodios sólo vemos el juicio en el que Matt defiende a un justiciero enmascarado de la C, acusado de un crimen que no cometió. Lo cual está excelente… si te gusta el el courtroom drama. Si no, te querés matar. El pobre pibe que tuvo que dibujar toooodas esas páginas de gente con saco y corbata hablando en un tribunal fue nuestro compatriota Manuel Gutiérrez, también conocido como Waccio Zkater. Pero no se la aguantó hasta el final (es comprensible) y el último episodio le cayó a Terry Dodson.
Con la saguita del juicio al White Tiger, Bendis terminó de dejar en claro que este ya no era ni por casualidad un comic de superhéroes. Era otra cosa, personal, rara. No rara en el sentido de escasa, porque por suerte coincidió con esa maravillosa época en la que la gran mayoría de los títulos de Marvel estaban bárbaros. Rara, porque podía pasar cualquier cosa. Hasta que Matt Murdock perdiera un caso por goleada, sin que el Kingpin ni ningún villano metiera mano en el proceso judicial. Impresionante!

miércoles, 6 de abril de 2011

06/ 04: ALIAS ULTIMATE COLLECTION Vol.2


De todo lo que escribió Brian Michael Bendis para Marvel, esto es lo que a mí más me gusta. Y son, en total, apenas 28 números, contra los pilones y pilones que escribió para Avengers, Ultimate Spider-Man, Daredevil y demás. Acá es donde yo lo veo más suelto, más cómodo, más a gusto, más cerca de su identidad como autor, más fiel a todo lo que hizo (y dijo) en su época de creador indie en la editorial Caliber, que lo vio nacer y lo dejó dibujar (cosa que por suerte no hizo ni en Marvel ni en Image).
¿Te acordás de las maravillas que hablé hace poquito de la Manhunter de Marc Andreyko? Bueno, todo eso se aplica a Alias. De alguna manera, Manhunter es una continuación de Alias, o por lo menos es una segunda aplicación de la misma fórmula. Andreyko fue durante muchos años asistente de Bendis y bueno, cuando le tocó dirigir a él, paró al equipo como lo paraba su jefe. De todos modos, y arrancando de más atrás, Alias llegó mucho más alto que Manhunter. En parte porque (nuevo milagro de Bill Jemas) fue uno de los comics que motivaron la creación del sello MAX, donde los autores pudieron hacer uso y abuso de libertades con las que Andreyko no podía ni soñar en DC. Y en parte porque –como ya lo había hecho en Powers- Bendis encontró la forma de aprovechar la gigantesca mitología superheroica de Marvel sin hacer un comic de superhéroes.
Alias es el comic de Jessica Jones, una ex-superheroína cuya carrera duró poco y se terminó en circunstancias muy heavies, y que ahora sobrevive como investigadora privada. Jessica fuma, se lleva muchachos a la cama y profiere unas guarangadas que ruborizarían al mismísimo Spider Jerusalem. No se viste a la moda, no se maquilla y no se come el código de los superhéroes de jugar siempre limpio. Si te tiene que cagar, te caga. Con el correr de las páginas, Jessica se vuelve un personaje tan complejo, tan bien armado y tan querible, que cuesta creer que uno leyó apenas 28 episodios.
Los 12 últimos están en este tomo, entre ellos los 6 finales, que son inconseguibles tanto en revistitas como en el Vol.4 de la primera colección de TPBs. En esa última saga nos enteramos cómo obtuvo Jessica sus poderes, por qué en un punto dejó el antifaz y el spandex, y quién es el padre del hijo que está esperando. Y el otro arco que ofrece este hiper-TPB es el de Mattie Franklin, la hija adoptiva de J. Jonah Jameson, quien alguna vez fuera Spider-Woman. Las dos historias son un claro ejemplo de cómo en un universo superpoblado de superhéroes y supervillanos también se pueden contar historias humanas, profundas, jugadas, y sí, adultas. Vos sabés que cualquier tipo que logra hacer comic de autor dentro de un universo compartido enseguida se gana mi ovación y bueno, Bendis hizo trampa porque Alias se publicaba por afuera del mainstream, pero sin dudas lo logró. Están Matt Murdock, Luke Cage, los Avengers, la primera Spider-Woman, varios villanos conocidos, pero esto (como en Astro City) no es lo importante. Lo importante es lo que le pasa a Jessica en la calle, en la cama, en la vida. Y encima está todo contado a un ritmo pachorro y repleto de diálogos alucinantes, 100% creíbles, que es como a Bendis le gusta contar.
Por si faltara algo, tenemos a un dibujante copado, Michael Gaydos, otro pibe de la cantera de Caliber, pero que se revela como un buen seguidor de la línea de Micahel Lark y Sean Phillips, con algún toquecito de Dave McKean. Gaydos mete mucha foto retocada (sobre todo en los fondos, para no dibujar a una New York que es casi tan protagonista como Jessica) y aprovecha el ritmo lento y la puesta en escena casi teatral de los guiones de Bendis para repetir muchas veces las mismas viñetas, como una forma de subrayar el hecho de que –a lo largo de páginas y páginas- no vemos más que gente hablando. El grafismo es muy realista, pero con mucha expresividad y las secuencias son tensas, ajustadas, casi claustrofóbicas, y largas, como en los films de Quentin Tarantino.
Alias es, sin dudas, uno de los mejores comics que publicó Marvel en lo que va del milenio. Por suerte, ya no necesitás contratar a una investigadora privada para descubrirlo.

miércoles, 15 de diciembre de 2010

15/ 12: ULTIMATE MARVEL TEAM-UP


Wow, qué masacote! 16 números y un especial, todo en un sólo hiper-TPB! Pero está piola: por sólo u$ 30 te podés comprar de un saque TODO el Ultimate Marvel Team-Up de Brian Michael Bendis.
Bah, piola hasta por ahí nomás. Los guiones –digámoslo de una vez- no son gran cosa. Está buenísima la trilogía con Punisher y Daredevil y el resto no apesta, pero tampoco aporta demasiado. Incluso confunde, porque acá vemos al Ultimate Spider-Man encontrarse con versiones de los héroes de Marvel que muchas veces no tienen nada que ver con las que veremos después en el Universo Ultimate: los Fantastic Four, el Iron Man, el Hulk que aparecen en estos comics contradicen groseramente a los que después protagonizarán otras series ambientadas en este mismo universo (que, aclaremos, no es el Universo Marvel tradicional). Un par de personajes sí son los mismos: Wolverine, Nick Fury y Black Widow, por ejemplo, respetan a rajatabla las otras apariciones de estos héroes en el Universo Ultimate. Y otros son tan bizarros que no sé si volvieron a aparecer alguna vez…
UMTU, como revista, es floja. No tiene dirección, no hay una trama mayor que englobe a todas esas historias y en varias de ellas no pasa absolutamente nada. Ni siquiera es recomendable como guía del Universo Ultimate, por eso que señalábamos de las versiones contradictorias de algunos personajes (lo cual está perfecto, porque si a la hora de lanzar Ultimate Fantastic Four o Ultimate Iron Man se hubiesen ceñido a las versiones de Bendis, habrían sido unos bofes insostenibles y no los grandes comics que fueron). En todo caso, y si tenés buena onda para regalar, la podés leer como un spin-off divertido de Ultimate Spider-Man (que también la escribía Bendis); y ahí puede andar, porque conserva la excelente caracterización de Peter, Mary Jane, J.J. Jameson y demás secundarios del arácnido que Bendis desarrolló a lo largo de más de 100 episodios de USM. Pero no le pidas que cada historia haga un gran aporte a los mitos de Spider-Man, porque vas al horno.
Lo más grosso, y lo que –por lo menos para mí- hace irresistible a este mamotreto infinito, es la selección de dibujantes que acompañan al verborrágico Bendis: Matt Wagner, Phil Hester, Mike Allred, Bill Sienkiewicz (andá a cambiarte la ropa interior y volvé), John Totleben, Ted McKeever, un par de segundones con onda tipo Rick Mays y Terry Moore, y un par de asesinos seriales más, pero que dibujan poquitas páginas cada uno, como Sean Phillips, Craig Thompson y Dan Brereton. Verás que cuando decía “selección” no exageraba: con estos once salís campeón de lo que quieras, y además tenés para poner en el banco de suplentes a Jim Mahfood, Scott Morse, Jason Pearson y John Romita Padre. O sea que a nivel dibujos esto es pulenta de verdad.
Ahora, si lo tuyo son los guiones, hay un montón de comics del Universo Ultimate que te van a gustar mucho más. En ningún otro vas a disfrutar de la gloria de ver a Hulk dibujado por Hester, o a Sienkiewicz prendido fuego en una saga con el Punisher y Daredevil, ni la genialidad de poner a Totleben a dibujar a Man-Thing. Pero vas a encontrar con toda facilidad (sin ir más lejos, en el USM de Bendis) historias mejor pensadas, con un desarrollo más lógico, donde las apariciones de los distintos personajes no se sienten tan forzadas y donde cada machaca o cada diálogo sirve para que las historias avancen, y no sólo para babearnos con los dibujos. Acá (salvo en la saguita del Punisher y Daredevil) Bendis se jugó al fan service, a mostrar personajes copados en historias intrascendentes, apenas condimentadas con buenos diálogos (casi siempre a cargo de Spidey) y reivindicables sólo por el mega-estelar elenco de artistas, muchos de los cuales dejaron la vida en cada viñeta. Menos mal que lo conseguí muy barato…

viernes, 30 de abril de 2010

30/ 04: DAREDEVIL: UNDERBOSS


Cada tanto pasa (y a Daredevil le pasó varias veces) que aparece un autor que entiende perfectamente a un personaje y que, además de haber leído todas las historias pasadas para no mandarse mocos groseros, se atreve a desafiar ciertas lógicas internas del personaje, o de su funcionamiento.
Brian Michael Bendis quedó como guionista titular de Daredevil en 2001, después de un par de años de rotación de autores y aparición irregular. Y cuando desembarcó (junto al prodigioso búlgaro Alex Maleev) se puso como prioridad deconstruir y hacer más razonable y creíble la relación entre el Cuernitos y el Kingpin. Porque, no jodamos, la situación ya era demasiado bizarra. El Kingpin conocía la identidad de Matt y no lo quería matar por aquella deuda de honor contraída cuando DD salvó a su esposa Vanessa de la muerte, mientras que tanto Matt como su alter ego encapuchado se dedicaban las 24 horas a cagarle los negociados y los chanchullos al gigantesco capo-mafia. ¿Qué clase de villano se auto-condena de esa manera a la derrota eterna?
Bendis se replantea todo esto, y lo hace a través de Mr. Silke, un personaje que funciona más como mecanismo que como personaje, pero cuya irrupción en escena modifica radicalmente el status quo de la serie. De pronto, todo pasa a girar en torno al Kingpin y sus laderos, entre los que cobra especial relevancia Richard Fisk (hijo del capo), y Daredevil pasa a ser una especie de colado en su propia revista. Pero ese retiro involuntario del héroe sirve para que el hampa de New York se reestructure de modo creíble y efectivo, y para poner en marcha mucho de lo que vendrá después. Este es, como tantos, un tomo de pre-temporada, en el que Bendis prepara a personajes (sobre todo a Vanessa y Richard) y temas (la doble identidad de Matt Murdock) para las sacudidas grossas que están por llegar.
Como siempre, el fuerte de Bendis son los diálogos. Pocos autores escriben diálogos a ese nivel. Acá los mafiosos (especialmente Silke) hablan mucho y de modo muy real, como en las películas de Quentin Tarantino. La danza entre los flashbacks y las secuencias del presente es brillante y ajustada. Y cuando le toca el desafío de narrar todo un episodio sin diálogos, Bendis afila la imaginación y la rompe, incluso sin su arma más eficaz. Por supuesto no descuida el aspecto legal de Daredevil (el famoso courtroom drama, que tanto le gusta a los yankis) ni la acción que está, y que se muestra con una sordidez que no tiene nada que envidiarle al DD de Frank Miller, obra seminal del grim´n gritty ochentoso.
Para que todo esto cuaje, resulte interesante y cumpla la premisa de darle un toque más creíble y más heavy al tema de las mafias newyorkinas, necesitamos un dibujante que sepa de climas oscuros, que se banque una narrativa ajustada y que sepa hacer explotar la acción cuando el guión lo requiere. Todo esto lo encontramos en el trabajo de Alex Maleev, que resultó consagratorio para el búlgaro. Hay un cierto exceso de fotos (lo cual lo limita un poco en materia de expresiones faciales y le resta un poco de plasticidad), pero también hay muchas secuencias 100% dibujadas, y en muchas de ellas Maleev pela un estilo más simple, mucho más expresivo, al que el gran Matt Hollingsworth acompaña con una paleta de colores alucinante y versátil. Entre los dos logran un DD oscuro, peligroso, verosímil, impactante y por momentos perturbador.
Underboss marca un nuevo comienzo para Daredevil, de la mano de dos autores que desde el primer día dejan lo mejor de sí mismos y que rápidamente se integran al panteón de los grandes nombres que dejaron su marca en esta longeva serie, junto a pichis como Miller, David Mazzucchelli, Gene Colan, Ann Nocenti, John Romita Jr., Joe Quesada, Kevin Smith… poquita cosa, bah…