el blog de reseñas de Andrés Accorsi
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jueves, 11 de julio de 2013

11/ 07: KOMA

Aprendan, giles: así se edita el comic francés fuera de Francia. Un masacote con 280 páginas, tapa blanda y SEIS albumcitos de 46 páginas de historieta cada uno, para que el lector pueda acceder a la obra completa en un sólo tomo. En Francia, los seis tomos de Koma salieron entre 2003 y 2008, o sea que los pobres pibes tuvieron que esperar cinco años para leer lo que yo leí en... dos horas y media, tres a lo sumo.
Aclaremos que esta genialidad la hizo Humanoids (la filial yanki de Les Humanoides Associés), especialista en ahuyentar lectores con sus hardcovers finitos, carísimos e innecesariamente lujosos. Esta vez, no sé por qué, pero a los fans de los maestros suizos Pierre Wazem y Frederik Peeters nos regalaron una edición PERFECTA de una obra muy, muy notable.
Hasta la mitad del cuarto tomo, el guión de Wazem es demoledor. Tiene misterio, conspiraciones, aventura, diálogos brillantes, presenta un mundo raro, cautivante, lleno de posibilidades, explora conceptos loquísimos con mucha coherencia y nos deleita con el desarrollo de un elenco de personajes entrañables, encabezado por la fascinante Addidas, la borreguita pasada de rosca, mucho más inteligente que una nena normal, pero que sufre extraños desmayos. Durante muchas páginas, Wazem (a quien nos cruzamos un lejano 07/07/10 con su hermosa Como un Río) encauza perfectamente los misterios, los dota de sustancia, de dilemas morales, los puebla de héroes y villanos creíbles (a pesar del tono claramente fantástico de la historia). Y para la segunda mitad del Vol.4, la trama empieza a virar hacia un terreno más cercano al de Lewis Carroll que al de Terry Gilliam, que era por donde –más o menos- transitaban las primeras 160 páginas.
A lo largo del quinto tomo pasan cosas grossas y varios de los plots siguen avanzando hacia un final tan zarpado como todo lo que sucedió hasta ese momento. Y en el tomo final, la cosa ya cobró dimensiones tan colosales que, varias páginas antes del final, uno ya sospecha que Wazem no va a llegar a cerrar satisfactoriamente todas las puntas que abrió. Para mi sorpresa lo logra, pero antes tiene que simplificar mucho el conflicto y acotarlo a una lucha entre la imaginación y la resignación, en la que una de las puntas más interesantes (la de la conspiración) no tiene cabida y termina desactivada con más pena que gloria. No termina mal, no es un final choto ni abrupto. Simplemente no está a la altura de una obra increíblemente bien escrita, repleta de situaciones impactantes, locaciones alucinantes y personajes recontra-atractivos.
El dibujo de Peeters no baja nunca. Al contrario, es cada vez mejor. Mucho mejor que en Píldoras Azules, donde ya había alcanzado un nivel excelente. Esto está tan bien dibujado que me gustaría leer TODAS las historietas que leí en mi vida, redibujadas por Peeters en este estilo. Con una narrativa cristalina, una puesta en página muy tranqui, muy tradicional, y un trabajo formidable de la colorista Albertine Ralenti, los dibujos de Peeters alcanzan la perfección absoluta. Acá no hay fotos, no hay computadora, no hay nada. Sólo un virtuoso de la historieta que deja todo en cada página y la rompe en todos los aspectos del relato gráfico. No quiero destacar a ninguno por encima del resto porque –de verdad- no hay NADA que baje de los 10 puntos.
Si bien le falta esa vueltita al final para elevarla a la categoría de Historieta Perfecta, Koma tiene ritmo, derrocha ideas que nunca antes se habían visto en ningún otro comic, transmite muchísimas emociones distintas (desde la ternura de una peli de Pixar a la mala leche de un Warren Ellis o los delirios meta-comiqueros de un Grant Morrison), te engancha de principio a fin y tiene unos dibujos demasiado buenos para ser reales. Pierre Wazem y Frederik Peeters nos obsequiaron una clase magistral y dejaron clarísimo por qué son dos de los nombres fundamentales que Suiza le dio al comic europeo en este siglo. Tengo más material de Peeters sin leer, así que lo revisitaremos en los próximos meses.