el blog de reseñas de Andrés Accorsi
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miércoles, 4 de agosto de 2010

04/ 08: SAND AND FURY


Ah, bueno… Si lo que leí ayer me resultó heavy, con esto ya nos fuimos a la mierda pero para no volver. Este comic es más perturbador que bajarte una porno y descubrir que la protagonista es tu vieja.
En esta novela gráfica nos reencontramos con Ho Che Anderson (a quien visitáramos en la primera quincena del año), pero muy cambiado. Acá el dibujo es más duro, más como de grabado, y la búsqueda va para el lado del feísmo. Por momentos parece (sólo parece) un principiante, un clon choto de Edu Molina, hasta que ves qué hay debajo de la superficie del dibujo, de las manchas, las tramas mecánicas y ese plumín endemoniado. El primer tercio es, lejos, el mejor dibujado. Ahí hay un Anderson mega-expresionista, con una narrativa que más que a Howard Chaykin (principal referente del autor) nos recuerda a Jacques Loustal, y dibujos en los que vemos yeites de los que se mandaba Pablo Páez en la Fierro clásica (¿alguien se acuerda de Pablo Páez?) más algunas genialidades dignas de Marc Hempel o Dave McKean. Pero la trama pasa rápidamente del misterio a la atrocidad lisa y llana, y el dibujo, tal vez para acompañarla, se hace más bestial, más crudo, menos sutil que Jacobo Winograd borracho y drogado. Y la magia sigue ahí, latente. Se cuela en una secuencia onírica del tercio final y vuelve con tutti en las dos o tres páginas finales, donde Anderson demuestra que, además de cagarte a sopapos, te puede conquistar con caricias.
Sand & Fury es una historieta terrible, fatídica, sensual, perversa y visceral. Nos cuenta la historia de una chica cuyo nombre desconocemos (le diremos Scream Queen, ya que el subtítulo de la obra es “A Scream Queen Adventure”) que muy a pesar suyo recibió el poder de las banshees: la minita lanza su alarido y alguien (casi siempre un hombre) muere. Y además desconoce el dolor, se acuesta indistintamente con minas o tipos, sobrevivió a haber sido sepultada en la arena y tiene un tajo en la garganta. O sea, de esas minas que conocés todos los días en la cola del supermercado.
La historia de Scream Queen no es para nada lineal. Como en una peli de David Lynch, Anderson va y viene sin avisar y los flashbacks se entrecruzan con el presente, y por supuesto con los sueños. Las motivaciones de Scream Queen tampoco son obvias: hay que leer entre líneas para entender qué le pasa por la cabeza. Los personajes que la enfrentan o la acompañan están muy bien trabajados, especialmente Avril y Lydia, pero de entrada sabés que todos van a terminar muy mal. No van por ese lado las sorpresas…
Para que Sand & Fury trascienda las barreras del thriller sobrenatural, violento y retorcido, Ho Che Anderson decide salpicarlo con escenas de una truculencia feroz. Mutilaciones, martillazos en la cara, violaciones… también sexo grupal con sogas, frula y juguetes de goma, y hasta una secuencia que nos muestra con lujo de detalles y sin el menor eufemismo cómo Scream Queen se mete un alambre en la argolla y se produce a sí misma un aborto, para librarse de un embarazo no deseado. Creo que eso no lo había visto nunca en un comic, y eso que le vengo dando duro a Suehiro Maruo y un par de salvajes más.
Pero esa es apenas una barrera más que rompe Anderson, que claramente se mandó en busca de new sensations, tanto en cuanto a los temas a tocar como en la faz gráfica, donde explora territorios a los que no había ido nunca y de los que se va con un par de containers cargados de chapa. En Sand & Fury hay monstruosidades de todo tipo, sangre, profecías ominosas y un clima de extrañeza, de que lo más siniestro puede pasar en cualquier momento, como si estuviéramos frente a un cuento de Lovecraft, pero en los desiertos del sudoeste de los EEUU. Un lugar que, de ahora en más, vas a recorrer tomando infinitos recaudos, porque Ho Che Anderson lo anexó al territorio de las pesadillas. Sand & Fury es para valientes. Garpa a full, pero cobra caro y nunca sabés cuándo te vienen a cobrar la próxima cuota.

jueves, 14 de enero de 2010

14/ 01: YOUNG HOODS IN LOVE


Para los que no lo ubican, Ho Che Anderson es un magnífico historietista inglés, que se llama Ho por Ho Chi Minh y Che por el Che Guevara. Desde muy joven vive en Canadá y de ahí sus marcadas influencias por parte de los grandes autores norteamericanos. Sus obras más conocidas son King (la vida de Martin Luther King) y I Want to Be Your Dog (un thriller psicológico agudo y perturbador con garche y tiros). La que hoy nos ocupa es una de sus obras menos conocidas, un recopilatorio de cinco historias cortas realizadas a principios de los ´90.
La primera historia es excelente: una pareja haciendo el amor, charla de sus cosas, discuten a ver quién se levanta a atender a la bebita que llora, se visten, terminan de definir los detalles de su próximo asalto, se calzan los chumbos y salen a robar. Sencillo, profundo, con diálogos maravillosos y un clima digno de las buenas historias cortas de Sin City. La estética también es bastante Milleriana, con más cuadros por página, pero con un manejo del blanco y negro muy afín con lo que veíamos en Sin City.
La segunda es la historia de una prostituta que se enamora de uno de sus clientes con el cual, accidentalmente, tuvo un hijo. Acá el dibujo vira brutalmente hacia la estética de Bill Sienkiewicz, y Anderson se mata para reproducir en blanco y negro todos los truquitos, yeites y pases mágicos que hiciera Sienkiewicz en la increíble Stray Toasters, que era a color. El dibujo de Anderson sale muy bien parado, pero la narrativa se resiente y se torna bastante confusa. Parece que son delirios que sólo Sienkiewicz se puede dar el lujo de plasmar en un comic.
La tercera historia es probablemente la mejor. La suegra visita a la joven esposa para hablar de la relación con el marido de la joven e hijo de la anciana. Lo que empieza como la típica reunión familiar, se descontrola y termina muy mal. Son ocho páginas contundentes, en un estilo que mezcla a Frank Miller con José Muñoz, algo así como el Olimpo del Blanco y Negro.
La cuarta historia es la más breve, y la que parece haber sido dibujada por Anderson bastante antes que las otras cuatro. Son apenas seis páginas en las que vemos cómo una chica se hace cargo de que le gustan las chicas y se decide avanzar a la que le gusta. Lejos del tono idílico del comic romántico, todo tiene un regusto tristón, opaco, casi de trámite burocrático. Una especie de yuri, pero con menos glamour que el Tolo Gallego.
La quinta historia es la más extensa (32 páginas) y la que, lamentablemente, tiene el guión menos interesante. Es la historia de un músico de jazz que ama a dos mujeres y no se decide por ninguna de las dos. Lo que tiene esta historia es que es –lejos- la mejor dibujada. Acá está el Anderson de King y I Want to Be Your Dog prendido fuego. Con esa narrativa perfecta, CALCADA de la de Howard Chaykin, los truquitos limados de Bill Sienkiewicz y algunos toques que nos recuerdan a Cages, la obra maestra de Dave McKean, contemporánea a estas historias y también con músicos de jazz en los roles protagónicos. Visualmente, es un comic devastador, donde el autor hace gala de un manejo virtuoso y sumamente creativo de una amplísima gama de recursos gráficos y narrativos, algunos “prestados” por otros maestros, pero no por eso menos satisfactorios.
Como podrán ver, son todas historias MUY reales, sin elementos fantásticos, que comparten la ambientación urbana, los climas un tanto sórdidos y un detalle que vale la pena mencionar para completar el panorama: los protagonistas (como el autor) son de raza negra. El título del libro nos daba esa pista y el hecho de que Anderson dedicara más de cinco años a narrar la vida de Martin Luther King nos la terminaba de graficar, pero sí: una de las características de la obra de Anderson es que los protagonistas de todos sus comics son negros, con la única excepción de la historieta que realizó para Milestone (White Wolf), donde el personaje que da nombre a la saga es un aborigen norteamericano. No hay muchos grandes historietistas negros (se me ocurren Kyle Baker, Olivier Coipel, Berkeley Breathed, Denys Cowan y varios tercerones), pero Ho Che Anderson es una excepción notable, no sólo por abordar temáticas en las que el protagonismo recae en los negros, sino sobre todo, por su inmenso talento como autor integral. Un capo.