el blog de reseñas de Andrés Accorsi
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jueves, 1 de mayo de 2025

FERIADÍSIMO

1º de Mayo, Día de l@s Trabajador@s, feriado global y encima esta noche tengo entradas para el concierto de Simple Minds, acá, a ocho cuadras de mi casa. Podría tranquilamente hacerme el boludo y no postear en el blog, dedicarle este rato a ver otro episodio de El Eternauta, o la adaptación de El Combate de los Jefes, o alguna otra gema de las que ofrece la querida Cuevana. Pero hoy en un mundo más justo estaría soplando las 82 velitas el inmortal Carlos Trillo, y justo ayer terminé de (re)leer una de sus obras más gloriosas, así que acá estamos. Allá por 1981-82, cuando las historias de Buscavidas se publicaron originalmente en las páginas de SuperHum®, yo era muy pendejo y probablemente no me habrían interesado los guiones de Trillo, o me habrían ahuyentado los dibujos de Alberto Breccia. Yo soy de lo que flashearon fuerte con Buscavidas cuando Doedytores la recopiló en dos álbumes, allá por 1993-94. Hoy pude tirar a la mierda esos libritos finitos, impresos así nomás, porque felizmente hay una nueva edición de Buscavidas, en un solo tomo, mucho más cuidada, con un prólogo magnífico de Fernando Ariel García y con el agregado del episodio que no salió ni en SuperHum® ni en las recopilaciones de los ´90. Para que nos ubiquemos fácilmente, en la continuidad de la obra de Trillo y Breccia esto viene justo después de las historias cortas que vimos acá el 22/05/14. Pero en Buscavidas la química entre los autores funciona mucho mejor. En vez de mezclar 170 técnicas distintas, Breccia se juega todo al claroscuro e instala todo el contexto visual de la serie en el terreno del grotesco más extremo, más granguiñolesco que podamos imaginar. No deja de ser vanguardia, no deja de experimentar, sorprende con el uso de tipografías y de recortes de publicidades de revistas antiguas, lleva al límite (y más allá) su impronta expresionista, y aún así se lo ve mucho más compenetrado con los guiones, más decidido a poner al dibujo al servicio del relato. Trillo sintoniza rápidamente la frecuencia en la que quiere trabajar el maestro, y responde con historias repletas de ironía, mala leche, reflexiones amargas y situaciones en las que los personajes descienden sin el menor reparo a las fosas sépticas de la depravación moral. Buscavidas no protagoniza las historias, sino que las escucha, las vampiriza y las remata con ácidos comentarios que cierran cada una de las entregas, todas totalmente autoconclusivas. Obviamente en un libro con 14 historietas no todas son igual de buenas, pero el nivel general es realmente superlativo. La línea que baja Trillo es sutil e implacable, como la forma en que nos invita a cuestionar ideas que tienen que ver con el éxito, el poder, la belleza, la moral, incluso la cordura. Valores que -en aquellos años oscuros- pocos autores se animaban a poner en tela de juicio, y menos a burlarse de ellos. Trillo y Breccia logran una caricatura grotesca y sumamente eficaz de la sociedad de esos años, cargada de miedos, silencios y prejuicios, y lo hacen en historias que -además- están buenísimas. ¡Y los diálogos! Trillo nunca le escapó al uso de los localismos e informalismos propios del Río de la Plata en sus historietas, pero probablemente Buscavidas sea su obra más arriesgada en ese sentido, la que más apela al lunfardo, y la que tiene diálogos que nos suenan más cercanos al oído de los porteños. El resultado de todo esto es una auténtica belleza, la demostración contundente de que en ocho páginas se pueden contar historias de gran potencia, y además jugar a fondo desde lo visual. Si vas a leer una sola obra de Carlos y Alberto, tiene que ser Buscavidas.
Y hablando de genios del claroscuro, leí Rey Rosa, un trabajo muy breve del asombroso David B., publicado en 2009 en Francia y 2010 en España. Son apenas 44 páginas en las que el autor nos cuenta una historia muy simple, basada en una obra de Pierre Mac Orlan: básicamente, un barco pirata tripulado por esqueletos de bucaneros muertos hace décadas (o siglos) vaga por los mares en busca del descanso final. Están muertos, pero sus vidas continúan, y ellos quieren ponerle fin de una puta vez. En medio de esos viajes, siguen atacando barcos tripulados por gente viva, y en uno de esos abordajes encuentran a un bebé, al que adoptan y llevan al barco pirata. ¿Cómo vive y cómo crece un bebé en un navío tripulado por esqueletos de piratas muertos? Eso es lo que cuenta el álbum en las 18 páginas finales. Hasta ese punto, Rey Rosa es más una descripción que un relato. El clima se acerca bastante al de un cuento de hadas, no hay mucha explicación de por qué los piratas siguen vivos, ni por qué este barco asoma solo de noche y de día navega por abajo del agua, ni por qué el bebé no se ahoga cuando el barco se sumerge... Es todo un delirio muy entretenido, con mucho humor y mucha imaginación. Y el final... bueno, es el típico de las historias en las que un nenito crece fuera de su ámbito natural, no muy distinto del de -por ejemplo- The Jungle Book de Rudyard Kipling. Lo bueno es que acá casi no importa el final, lo interesante es el viaje. Y por supuesto, el dibujo y la puesta en página de un David B. inspiradísimo, que nos regala una verdadera salvajada visual repleta de hallazgos. Su trazo vigoroso le pone aún más onda y más expresividad a lo limado del planteo, y le sube el nivel de bizarreada y de encanto surreal. El propio David B. es el responsable de colorear estas páginas, y la verdad que el color es precioso, pero podría tranquilamente no estar, porque el trabajo de línea, mancha y texturas que realiza el autor es sublime. Lástima que es una obra muy cortita, porque tanto el tema como la estética de Rey Rosa resultan perfectos para una adaptación fílmica, ya sea en dibujos animados o en stop-motion. Me la re imagino con movimiento y sonido, sobre todo con stop-motion tipo Nightmare Before Christmas, y deliro de emoción. Así como está, en esta iteración de papel y tinta, lo único que no me copó de Rey Rosa es que se termina rápido. Me doy cuenta de que no había mucho más para contar, sobre todo por lo que señalaba acerca de que el relato propiamente dicho cobra rumbo recién cuando faltan 18 páginas para el final... pero verlo a David B. dibujar a este nivel siempre dan ganas de que las historias duren el doble, el triple, 10 veces más... Y nada más, por hoy. Disfruten el feriado y nos reencontramos pronto con nuevas reseñas, acá en el blog.

jueves, 8 de agosto de 2024

TARDE DE JUEVES

Recién llego de dar una vuelta por la muy recomendable FED, ya provecho un ratito pre-siesta para redactar unas reseñas. Cuando me enteré de que David B. había publicado otro libro de historietas hechas en base a sus sueños, además de aquel que vimos acá el 11/04/18, me dije a mí mismo "el día que lo vea barato, me lo compro". Y efectivamente ese día llegó, y me hice con un ejemplar de Le Cheval Blême, un libro de 1992 que compila 15 historietas cortas en las que David B. lleva sus sueños y pesadillas al papel. Como ya estaba familiarizado con este tipo de relatos, por haber leído en su momento Los Complots Nocturnos, lo que más me sorprendió es la fecha: en 1992 la hoy legendaria carrera de David B. todavía estaba en pañales, pero el nivel artístico de sus trabajos ya era descomunal. Sobre todo el dibujo, la solidez de su trazo, el impecable equilibrio entre masas negras y espacios blancos, la infinita variedad de enfoques, el manejo magistral del claroscuro... cosas que no solemos ver en autores con poca obra a sus espaldas. Para 1992 David ya no era un pibito (tenía 33 años) pero estaba lejos de ser un consagrado. Era más bien uno de estos "raros autores nuevos" que empezaron a surgir después de que entrara en crisis el modelo de las revistas de antología, y que crecieron publicando en las márgenes de un mercado que se transformaba de modo tan rápido como incierto. También me gustó muchísimo cómo el autor trabaja algunos relatos en una grilla fija de cuatro cuadros iguales, lo cual lo obliga a sostener un ritmo muy marcado en la narración. Cuando trabaja sin grilla fija también logra resultados muy atractivos, sin salir de un esquema de puesta en página clásico. Esta vez las imágenes que plasma David B. en las historias no son tan truculentas como las que vimos en Los Complots Nocturnos, pero hay momentos bravos, en el que el peligro, la muerte, la violencia y hasta las torturas son elementos importantes en estos sueños traducidos al comic. Las historietas son breves, van de las dos páginas a las nueve, y siguen la lógica onírica, en la que cualquier cosa puede suceder sin necesidad de ninguna explicación racional. O sea que a los "argumentos" no se les puede pedir demasiado. Sin embargo, hay varios muy logrados, sueños que (procesados por el talento de un dibujante exquisito) se pueden narrar como buenas historias cortas, limadas y caprichosas, pero de innegable fuerza dramática. Si sos fan de David B., Le Cheval Blême es un muy lindo trabajo para revisitar los primeros años en su carrera, y sus primeras incursiones en el extraño mundo de los sueños hechos historieta.
Me voy a Estados Unidos, año 2022, cuando DC publica una antología de historias cortas autoconclusivas titulada DC´s Saved by the Belle Reve. Se trata de ocho aventuras de 10 páginas que tienen como temática común la educación y los establecimientos dedicados al aprendizaje. Veamos con qué me encontré. La primera historieta está ambientada en Gotham Academy, y me parece que tiene que ver con una serie que nunca leí. Los dibujos de Karl Kerschl me encantaron, y el guion de Becky Cloonan y Brenden Fletcher no me aportó absolutamente nada. En una de esas, había que conocer a los personajes para engancharse. La segunda es muy floja: Tim Seeley y Scott Kolins (dos profesionales de vasta trayectoria) rejuntan al Suicide Squad de la peli de James Gunn (Harley Quinn, Peacemaker, King Shark, Katana y the Weasel) para una aventura 100% en joda que no me movió un pelo. Ni siquiera me gustó el dibujo, y eso que soy muy fan de Kolins. La tercera levanta mucho la puntería: Peter Tomasi regresa a los Super Sons y (junto al muy buen dibujante Max Raynor) nos cuenta una historia breve pero intensa en la que Damian Wayne y Jonathan Kent se hacen amigos de un/a pibe/a no-binarie, que además explica qué significa ser no-binarie con una claridad asombrosa. En cuarto lugar aparece la historieta que más me sorprendió por su originalidad, por su agudeza y porque la escribe un guionista (Dave Wielgosz) del que jamás había oído hablar. Los protagonistas son Green Arrow y Speedy, la historia está ambientada en la época en la que Roy tenía 12 ó 13 años, el dibujo de Mike Norton es más que digno, y el resultado es una joyita sumamente recomendable si le tenés cariño a cualquiera de los dos arqueros. La segunda mitad arranca con una historia bastante pavota de los Tiny Titans, a cargo de Art Baltazar y Franco, que -de nuevo- juega con la formación del Squad de la peli de James Gunn. Lindos dibujos, el resto olvidable. Lo mismo me pasó con la aventura sombría, crepuscular, protagonizada por Azrael: el dibujo del querido cordobés Juan Ferreyra me detonó el bocho, mientras que el trabajo del ignoto guionista Dan Watters me resultó predecible e intrascendente. El librito cierra con una comedia ágil y eficaz protagonizada por Dick Grayson y Barbara Gordon, con un guion cumplidor de Andrew Aydin y muy lindos dibujos del chileno Nelson Daniel. Y dejo para el final la historieta de Black Lightning, que tiene los dibujos más flojos de la antología (a cargo de Craig Cermak) pero el guion de Brandon Thomas responde, tarde pero seguro, a la pregunta que todos los fans de DC nos hacíamos allá por 2001... ¿cómo carajo un héroe como Jefferson Pierce aceptó ser parte del gabinete que armó Lex Luthor cuando llegó a la presidencia de los EEUU? Bueno, esperé más de 20 años para enterarme, pero la respuesta no solo me cerró, sino que en un punto me conmovió. Si sos muy fan de Black Lightning, estas 10 páginas te justifican por completo la compra del librito. Tengo en el pilón de los pendientes varios especiales más de 80 páginas en formato antología, de los que editó DC cuando varios de sus personajes más famosos cumplieron 80 años. Ya llegarán. Nada más, por hoy. Gracias totales y nos vemos el jueves 15 y viernes 16 en la Crack Bang Boom, en Rosario. Antes de eso seguramente habrá algún posteo más acá en el blog, y -como siempre- algún video nuevo en el canal de YouTube de Comiqueando, que está on fire.

viernes, 3 de mayo de 2024

VIERNES CON SOL

Tengo dos libritos leídos para este primer posteo de Mayo, así que vamos ya con las reseñas. Empiezo con el segundo tomo de Por los Caminos Oscuros, de David B., cuyo Vol.1 vimos hace muy poquito. Esta vez está más clara la trama, en parte porque el autor le otorga todo el protagonismo a Lauriano, y establece al resto del elenco como personajes claramente secundarios. La historia de amor pasa a un segundo plano y entra a jugar un conflicto fuerte en el personaje central: las secuelas psicológicas que le quedaron tras haber peleado en la Primera Guerra Mundial. Mientras que sus camaradas de armas olvidan la contienda bélica mediante noches de escabio y peleas a puñetazos que duran horas y horas, Lauriano se siente acosado por el fantasma de uno de sus compañeros que murió en combate y no recibió sepultura. Entonces, por momentos, Por los Caminos Oscuros es una historia de terror psicológico, de un tipo con la mente carcomida por la culpa y la desesperación. La trama política que tiene que ver con ese intento por crear un país independiente en la ciudad de Fiume va a terminar -lógicamente- en tragedia, pero hasta que eso sucede, David B. nos va a ofrecer más escenas disparatadas, que parecen tomadas de un film de los Hermanos Marx o de un sketch de Cha-Cha-Cha. Eso es, sin duda, lo que más me gustó de esta serie: la distorsión de la runfla política para darle matices cómicos. Y también ese clima enrarecido que hay en Fiume, con distintas facciones que complotan unas contra otras, que se espían, que se infiltran las unas a las otras, pero narrado con ironía y pinceladas de absurdo, al mejor estilo de The Man Who Was Thursday, la magnífica novela de G.K. Chesterton. El dibujo de David B. está al mismo altísimo nivel del Vol.1, una vez más complementado con la paleta de colores intencionalmente opaca y sin estridencias del maestro Hubert. Hay que entender el claroscuro que propone el dibujante para colorearlo con tanta jerarquía, y en eso Hubert la descose. David B. juega con grillas muy distintas entre sí, sin casarse con ninguna, y tiene páginas en las que la planificación lo es todo. Hay muchos más recursos gráficos increíbles (no sólo el manejo magistral del claroscuro), de los cuales a mí el que más me gusta es esa perspectiva deforme, que se aprecia sobre todo en las primeras páginas, donde David B. tiene que dibujar varias mesas, decenas de sillas y centenares de baldosas... y las dibuja a mano alzada, cagándose por completo en la representación académica de la profundidad en el espacio. Por ahí Por los Caminos Oscuros funcionaría mejor como un sólo álbum largo de 80 páginas que como dos de 60, porque -en el contexto general de la obra- hay varias secuencias que están al pedo y podrían descartarse en pos de un relato más compacto y más contundente. Pero como está todo dibujado como los dioses, y con un clima sumamente atrapante, y con diálogos a veces profundos y a veces cómicos, la banco y la recomiendo así como está, sobre todo a los fans de David B.. ¿Hace falta haber leído antes La Lectura de las Ruinas? Definitivamente no.
Allá por el 13/04/12, cuando vivíamos virtualmente en otro mundo, me tocó reseñar el Vol.1 de S.H.I.E.L.D., esa ambiciosa obra de Jonathan Hickman y Dustin Weaver que tardaron años y años en terminar. Finalmente en 2018 se recopiló el segundo y último tramo en TPB, y recién ahora lo pude conseguir y leer. Nada, esta segunda parte me pareció muy inferior a la primera, mucho más limitada a la machaca, mucho más consciente de su propia grandilocuencia. Las ideas locas y revolucionarias que planteaba Hickman en la primera mitad, acá tienen un peso ínfimo en la trama. El aprovechamiento que hacía el autor de la historia del Universo Marvel para darle sustento a su relato acá también es mínimo. Hay un solo elemento nuevo que se suma, y que resulta atractivo, que es el de Spear y el Último Califato. El resto es deshacerse de toda la complejidad del Vol.1 para quedarse con un combate a todo o nada que se libra en varias épocas al mismo tiempo, porque la línea temporal está en crisis y se unifican pasado, presente, futuro y sarasa. No es un comic 100% pochoclero porque tenés que entender quiénes son Leonardo Da Vinci, Miguel Ángel, Isaac Newton, Nikola Tesla... pero básicamente la trama se reduce a un combate de buenos contra malos en los que se tiran con de todo y se manejan unos niveles de poder tan zarpados, que no se entiende bien qué carajo hacen ahí esos humanos normales (entre ellos Howard Stark y mi favorito, Nathaniel Richards). Todo eso de jugado, de distinto, de imposible que tenía el Vol.1, el Vol.2 ya no lo tiene. No es una cagada, pero queda muy lejos de las expectativas que los mismos autores habían generado en la primera parte, que me sigue pareciendo una gloria. El dibujo de Dustin Weaver arranca muy arriba y se tira cuesta abajo en un tobogán hacia el abismo. Cuida muchísimo (y se luce muchísimo) toda la parte arquitectónica, las ciudades, los edificios, y sobre todo las máquinas. Y los primeros planos también están bastante bien, casi hasta el final del tomo. Pero después, cuando tiene que dibujar a los personajes en movimiento, los cuerpos se ven estáticos, toscos, sin esa sofisticación que uno asocia con el trazo de este monstruo. El trabajo de los coloristas (con Sonia Oback al frente) es espectacular y levanta mucho el resultado final. En los epílogos entran a jugar cuatro dibujantes invitados y el mejor, por amplio margen, es Gabriel Hernández Walta, cuyas ocho páginas son una cátedra de narrativa, dibujo y color. Era complicado bancar allá arriba el nivel del primer tomo, y bueno... no pudo ser. Andá a saber cuántos kilombos, crisis, idas y vueltas, manoseos editoriales y reescrituras tuvieron que soportar estas historias entre que Hickman esbozó las ideas y que finalmente las vimos publicadas. Fueron muchos años, en el medio pasaron mil cosas, y por ahí algunas de ellas afectaron el producto final. Que, repito, no es horrible ni mucho menos, pero quedó lejos de aquel alucinante primer tramo que tanto me había entusiasmado. Nada más, por hoy. Gracias por el aguante y nos reencontramos pronto en este espacio... o en algún otro.

lunes, 22 de abril de 2024

LUNES CON SUEÑO

Hoy no dormí siesta y estoy llegando a la hora de cenar prácticamente dormido, en un estado muy similar al de un zombie. Pero igual me animo a clavar un par de reseñas, así no quedan para mañana... Hace más de 11 años, el 14/01/13, me tocó leer una novela gráfica de David B. que me encantó, y ahora abro el Vol.1 de Por los Caminos Oscuros y me entero (por un texto) que acá el ídolo retoma a algunos personajes de aquella obra. La verdad que, si no me avisaban, no me daba cuenta. Apenas si me sonaba familiar el tema de que David B. ambientara una historieta en las postrimerías de la Primera Guerra Mundial. Finalmente, una vez leído el álbum, me convencí de que me quisieron vender humo. Puede ser que Por los Caminos Oscuros y La Lectura algunos sean parte de un mismo universo y que algunos de los personajes sean los mismos. Pero no es relevante en términos de la narración, no sólo porque acá no se hace mención a las aventuras vividas anteriormente por los personajes, sino sobre todo porque el clima y la onda del relato son otros. Básicamente, en Por los Caminos Oscuros el autor de deshace de los elementos fantásticos de La Lectura..., que eran maravillosos y daban para mil historias más. Ahora el planteo no es exactamente "realista", pero se circunscribe a situaciones extremas, rayanas en el absurdo, que podrían haber sucedido en Italia del mundo real en los años 1919 y 1920. Esto ya no parece un comic europeo con ideas prestadas de la Doom Patrol de Grant Morrison, sino que -como aquel álbum de Joann Sfar que vimos el 05/10/23- tiene situaciones que parecen conectar con un sketch de Cha-Cha-Cha. Hay mucha acción, hay una historia romántica, hay tiros y peleas a granel, pero la trama principal pasa por la política y David B. se la toma MUY en joda. Cada vez que un tiroteo, una persecución o un violento combate entre borrachines o delincuentes amaga con teñir a la obra de un cierto filo dramático, volvemos al desopilante gobierno de la república de Fiume y a su líder, el idiosincrático Gabriele D´Annunzio, y se hace inevitable sonreir, o cagarse de risa de los diálogos y las secuencias limadas que comparte con su gabinete de asesores. Por ese sendero transita este primer álbum, interesante, entretenido, pero raro, porque nunca te podés tomar muy en serio lo que pasa. David B. muestra atrocidades, pero no sabés si te tienen que estremecer, o si están ahí para acentuar la sensación de delirio y kilombo generalizados. La narrativa es increíble (sobre todo en las últimas páginas, donde el propio armado de las secuencias subraya que la trama se fue totalmente del control de los personajes) y el dibujo es glorioso, con momentos en los que el francés se hace medio cubista, en un registro entre Pablo Picasso y Javier Olivares que combina perfecto con su apabullante manejo del claroscuro y del color. Veremos con qué me encuentro en el Vol.2. Por ahora, me cuesta poner a Por los Caminos Oscuros al altísimo nivel de La Lectura de las Ruinas.
Vamos con otra serie de Image escrita por Rick Remender que tenia colgada hace mil años. Le entré al Vol.3 de Low (el Vol.2 lo comentamos un lejano 19/12/19), que trae los nºs 11 al 15 de esta saga dibujada como los dioses por Greg Tocchini... y me transmitió con tanta fuerza la sensación de que estamos a milímetros del final, que me tuve que fijar en qué número termina. Y no, termina en el nº26, que es doble. O sea que me falta leer una cantidad de páginas bastante importante antes de que esta historia de ciencia ficción extrema y subacuática llegue a su fin. No sé con qué me sorprenderá Remender en los episodios que tengo por delante, pero estos me impactaron bastante, porque el guionista no da respiro. Low te tira un misil atrás de otro, te tiene como loco, atrapado en las redes de la aventura sin tregua de Stel Caine y sus hijas. Este es un tomo de palo y palo, a pura acción, pero también con mucho desarrollo de personajes, especialmente Tajo y Della. La idea de narrar dos historias en paralelo (Stel por un lado, las hijas por el otro) multiplica los cliffhangers medio al pedo, pero te garantiza que no te aburras nunca, porque cada 20 páginas cambian totalmente la ambientación, la situación, los protagonistas, los secundarios y los villanos. Y como dije al principio, la historia avanza tanto, que tuve chequear cuántos episodios quedan para no convencerme de que ya estamos a un pasito del final. Buena parte de lo que hasta ahora era la premisa de la serie se desbarata al final de este tomo, así que lo que viene a futuro puede ser absolutamente impredecible, para bien y para mal. Pero le tengo fe, que de eso se trata Low. Cuando reseñé el Vol.2 hablé mucho y muy bien del trabajo de Greg Tocchini, y acá está incluso más afianzado, en ese estilo a medio camino entre Neal Adams y Matías Bergara. La calidad no baja nunca, las emociones que transmite el dibujo (y el color del bestial Dave McCaig) tampoco, y página a página te encontrás con cosas que nunca pensaste que ibas a ver dibujadas en un comic. Criaturas, ciudades, vehículos, armas, todo un mundo (o dos) creados por un dibujante inspiradísimo y sumamente generoso a la hora de ponerle detalles alucinantes a cada una de las viñetas. El último episodio del tomo abre con una viñeta imposiblemente compleja y difícil de dibujar... y después los fondos escasean bastante. Pero Tocchini compensa con juegos muy impactantes en la puesta en página que garpan un montón. Espero no comerme otro bache de más de cuatro años para conseguir y leer el Vol.4, porque quedé muy manija con esta serie. Y nada más, por hoy. Nos encontramos el miércoles a las 22:30 hs en el canal de YouTube de Comiqueando para compartir una nueva emisión en vivo de Agenda Abierta con tod@s l@s que quieran participar. Y obviamente trataré de volver a postear pronto, acá en el blog.

miércoles, 22 de marzo de 2023

LLEGÓ EL OTOÑO

Mientras trato de no caer derrotado en una lucha sumamente desigual contra el sueño, me lanzo a reseñar dos libritos que tengo leídos. Guerra Di Demoni es una gran obra de fines del Siglo XX escrita y dibujada por el maestro francés David B.. ¿Por qué catzo leo en italiano una obra de un autor francés? Porque por motivos que desconozco está inédita en castellano, y porque nunca en mi vida vi el álbum en su idioma original (sólo sé que se llama Le Tengû Carré). Lo más asombroso de este libro es cómo en 1997 este monstruo ya tenía su estilo totalmente pulido, totalmente definido. Después se va a animar a más cosas en materia de narrativa, va a incorporar el color, pero en estas 144 páginas ya está todo lo que uno identifica con David B.. El trazo, el manejo del claroscuro, la composición de las viñetas, la síntesis, el trabajo en los fondos (y la intuición para saber cuándo omitirlos sin que el lector sienta que le están metiendo la mano en el bolsillo), el manejo de la documentación histórica, el abordaje de las temáticas fantásticas... Tempranito en su carrera, David B. ya tenía todo brutalmente claro. El argumento de Guerra Di Demoni arranca complejo: son seis protagonistas, con objetivos cruzados, que avanzan hacia la inevitable colisión. Para la mitad de la obra, cuando todos confluyen más o menos en los mismo lugares, el relato pone cuarta y gana muchísimo en ritmo. Y en violencia. Y en humor negro. La verdad que es una segunda mitad trepidante, hipnótica, que no deja nada sin resolver. El autor nos deleita con una batalla a todo o nada entre soldados, samurais, demonios, yokais, ladrones, un monje y varias criaturas fantásticas más, justo en ese momento de la historia de Japón en la que las tradiciones milenarias se ven amenazadas por la llegada de las armas de fuego traídas de Occidente y por la ominosa presencia del ferrocarril. En este contexto, habrá personajes que luchen por honor, otros lo harán por codicia, otros porque están cegados por el odio y la crueldad más atroces y otros para divertirse, a modo de travesura. Intereses y motivaciones muy diversos para un elenco muy bien trabajado por David B. a lo largo de toda la novela. Me divertí mucho con esta historieta, y mientras traducía mentalmente del italiano al castellano, pensaba "¿cómo puede ser que esto no esté publicado en nuestro idioma, la visitadísima concha de sus madres?". Se publica cada bossssta, cada aborto talidómico, cada falta de respeto, que no tener Le Tengû Carré en nuestro idioma me produce indignación. Si me dijeran "todas las editoriales que publicaron obras de David B. se fundieron porque tiene menos fans que la leucemia y menos éxito que un Silver Solarium en Nigeria", y bueno, puede ser. Pero no es. David B. tiene muchas obras publicadas en un montón de editoriales españolas, y casi todas gozan de buena salud. Por ahí ahora que las editoriales argentinas empezaron a descubrir que el comic europeo no es cancerígeno, algún sello local apuesta por esta joyita. No estaría mal, incluso como mojada de oreja a los colegas españoles. Obviamente si sabés leer en francés o en italiano, no esperes milagros y conseguite Le Tengû Carré, o Guerra di Demoni para pasar un muy buen rato a los tiros y los sablazos junto al glorioso David B..
Me voy a Estados Unidos, año 2017, cuando Image recopila en libro el primer arco de The Old Guard, una serie creada por los maestros Greg Rucka y Leandro Fernández que ganó notoriedad hace un par de años, cuando Netflix la adaptó al formato de película. Jamás la vi ni creo que la vea nunca, así que me concentro en la historieta, que me pareció muy potente, muy interesante. Ojo: no es la gloria ni la maravilla máxima. Es una de machaca con mercenarios encubiertos de las que leímos seis millones, con una vuelta de tuerca ingeniosa: estos tipos y minas son inmortales. Combatieron en cientos de guerras desde tiempos inmemoriales y tienen el superpoder de regenerar heridas tremendas en pocos minutos, al estilo Wolverine. Pero como ya vimos en las aventuras de Gilgamesh, vivir para siempre no es tan copado. Ser el único gil que no envejece mientras tus amigos y seres queridos decaen y se deterioran hasta morir no es muy divertido. Y así es como más de uno en la Vieja Guardia tiene como verdadera meta sacarse de encima la maldición de la inmortalidad y visitar -por fin- la Quinta del Ñato. Ese conflicto interno que viven algunos de los personajes es la única capa de profundidad que encuentro en la obra. El resto es muy clásico: misiones, explosiones, millonarios garcas que les quieren robar el secreto de la inmortalidad, un traidor que juega a dos puntas, una integrante nueva que se suma al equipo como para que el lector se entere todo acerca de su funcionamiento a través de los diálogos entre ella y "los de siempre", sangre, viajes por el mundo... todos elementos con los que Rucka ya jugó en series como Queen & Country, Checkmate, Lazarus... Acá está todo muy pulido, muy reluciente, muy ganchero. Y los personajes están bien trabajados, cada uno con una personalidad marcada, y una historia previa (y muy antigua) que Rucka revela en flashbacks que no entorpecen para nada el relato. La trama romántica que involucra a dos de los muchachos del equipo también está muy bien presentada, y queda para el Vol.2 indagar en cómo la llegada de Nile altera la dinámica del equipo. Leandro Fernández deja la vida en el dibujo: retrata varias ciudades de distintos continentes, recrea en los flashbacks batallas de distintos períodos históricos, dota a cada personaje de rasgos muy distintivos y juega con "la cámara" para que no nos aburramos en las secuencias donde sólo tenemos gente hablando. Cuando le toca dibujar machaca, el rosarino tira toda la carne al asador y logra momentos de altísimo impacto, con onomatopeyas zarpadas, estallidos de sangre y unos efectos de iluminación muy logrados, probablemente consensuados con la colorista Daniela Miwa. El claroscuro extremo que ensaya Fernández en estas páginas a mí particularmente me fascina (y me recuerda a lo que hizo en Queen & Country, en su primera colaboración con Rucka), pero me doy cuenta de que, combinado con los rasgos y las expresiones faciales tan marcados, al borde de lo caricaturesco, puede resultar demasiado raro para el consumidor del mainstream clásico de EEUU. Por momentos estamos más cerca del Fernández de Far South que del de Punisher, y eso a mí me copa porque da cuenta de la libertad total con la que Leandro encaró este proyecto. También entiendo al que me diga "se va muy al carajo, el guion daba para algo visualmente más clásico". Sea como fuere, a The Old Guard le fue muy bien, el éxito de la película impulsó la venta de la historieta, y tengo entendido que hay un par de arcos argumentales más ya editados por Image, que trataré de conseguir y leer en un futuro no muy lejano. Rucka y Fernández merecen mi aguante y además este primer tomo, sin detonarme la cabeza, me resultó muy satisfactorio. Nada más, por ahora. Volvemos pronto. con nuevas reseñas acá en el blog y nos encontramos el sábado en la Biblioteca Nacional con quienes vengan a presenciar la tercera entrega de los Premios Cinder.

miércoles, 11 de abril de 2018

MIERCOLES CALUROSO

En Buenos Aires es otoño, pero hoy tenemos temperaturas de verano. Y yo estoy en una computadora prestada, lejos de mi querido ventilador…
Tarde pero seguro leí Los Complots Nocturnos, un libro del inmenso David B. que data del 2005, en el que se recopilan 19 historias cortas basadas en los sueños del autor. Los sueños e David están poblados de persecuciones, misterios, gangsters, sicarios, conspiraciones bizarras, climas ominosos, crímenes de lesa humanidad y las infaltables metamorfosis, tan típicas de los mundos oníricos por los que todos viajamos a la hora de apolillar.
¿Se puede contar buenas historias en base a sueños? Y, se complica. Las tramas rara vez avanzan hacia una resolución, muchas veces se cuelgan en detalles irrelevantes, se repiten ciertos elementos mientras que otros desaparecen sin ninguna explicación… La idea de David B. no es tanto seducir desde la solidez de los argumentos, sino cautivarnos desde los climas, hacernos partícipes de esa sensación tan típica de los sueños, la sensación de que puede pasar –literalmente- cualquier cosa. Y la verdad es que rara vez los relatos no me generaron aunque más no sea una cierta intriga.
Por supuesto, no me compré este libro (ni el de Rick Veitch con la misma temática, reseñado el 01/07/16) buscando grandes guiones, si no que el gancho fue principalmente el dibujo. Y acá es donde David B. te pone un garrotazo en la nuca que te manda a dormir y a soñar con lo indecible. El dibujo en esta obra es PERFECTO. Fondos, texturas, rostros, movimientos, esa paleta de colores acotada a blanco, negro, grises y distintas tonalidades de azul, los efectos de iluminación extremos, a tono con la atmósfera oscura y densa de los relatos, la puesta en página clarita, sencilla, a prueba de boludos… y por supuesto el impacto de las imágenes más truculentas. No todos los días ves tipos empalados, caníbales que se morfan minas o gente trozada a hachazos. Y este genio del Noveno Arte te lo muestra sin tapujos, pero al mismo tiempo con elegancia, con clase. Si sos fan de David B. y flasheás con sus dibujos, este libro no puede faltar en tu biblioteca.
Me vengo a la provincia de Río Negro, donde en 2017 se publica el Vol.1 de Viñeta Sur, una antología con historietas de autores de la Patagonia, más algunos invitados, que nunca faltan. Esta primera entrega arranca con una historieta de Mariano Antonelli sumamente atractiva, ambientada en la primera fundación de Buenos Aires… pero en la página 16 te clava un puñal artero y maligno: Continuará. Obviamente al día de hoy no apareció un Vol.2 de Viñeta Sur y la historieta no continuó. Más adelante tenemos una muy linda historieta de Diego Agrimbau y Agustín Graham Nakamura… que ya había aparecido hace unos años en una antología de OVNI. Cosas como estas deslucen mucho a Viñeta Sur, pero por suerte tiene algunos puntos muy a favor.
La historieta de Chelo Candia es inédita, es autoconclusiva, y es buenísima. Fernando Baldó (coordinador del proyecto) mete dos historias muy lindas, una con guión propio (una joyita sin textos ni diálogos) y una con guión de Agrimbau, donde buena parte del atractivo reside en los diálogos. Y lo mejor de la antología, lo que justifica cualquier esfuerzo que tengas que hacer para conseguirla, son las 12 páginas en las que Kwaichang Kráneo retoma a los personajes de la gloriosa El Cuervo Que Sabía (ver reseña del 22/09/11) para una nueva aventura obscenamente bien dibujada y bien narrada. Quiero que se edite cuanto antes otro número de Viñeta Sur, para ver si Kráneo sigue expandiendo esta epopeya, y junta páginas para (eventualmente) armar un segundo libro protagonizado por Mono y sus amigos.
Y tengo leído un librito más, pero lo aguanto para reseñarlo mañana o pasado, junto a alguna otra cosa que lea hoy. Volvemos a leernos muy pronto solo acá, porque hasta que no consiga computadora nueva no voy a poder publicar textos en la página de Comiqueando.

sábado, 10 de mayo de 2014

10/ 05: HIRAM LOWATT & PLACIDO Vol.2

Segunda y última aventura de esta peculiar dupla, creada por otra dupla que no se queda atrás: David B. es el guionista y Christophe Blain es el dibujante de estas 56 páginas que –una vez más- nos proponen llevarnos a una región medio agreste y bastante salvaje de los EEUU de fines del Siglo XIX.
Esta vez, David B. acierta al bajarle el nivel al delirio. En el tomo anterior, el verosímil se hacía añicos rápidamente, cuando Hiram Lowatt y Placido debían vérselas con una revuelta liderada por... objetos que cobraban vida y raciocinio, algo a priori bastante insostenible. Para esta segunda aventura, el guionista vuelve a optar por un clima espeso, enrarecido, pero esta vez el peligro es mucho más real y más creíble. La aventura gana en tensión, todo el tiempo está la sensación de que los protagonistas la van a pasar muy mal, y de hecho viven peripecias realmente al límite. Les Ogres (que así se titula la historia) supera a su antecesora en intensidad y se anima a darle un rol más activo al atildado Lowatt y su compañero, que ya no parecen meros testigos, sino que se ven profundamente involucrados en una trama vibrante, densa, por momentos muy shockeante por el nivel de las atrocidades que David B. le hace cometer a los malos.
Este guión habría sido sublime, una verdadera joya del terror fino, con vuelo poético, si Blain lo hubiese dibujado en el estilo del Vol.1, es decir, pensado para color directo y trabajado con esas técnicas pictóricas alucinantes que vimos en la primera saga. En este segundo álbum, sin embargo, Blain se inclina por un trabajo más tradicional, en el que entrega los lápices entintados para que los coloree Walter (el siempre eficaz colorista de los primeros álbumes de La Mazmorra, entre otros hitazos). El resultado es excelente, porque Blain es un capo en todos los estilos y todas las estéticas. Acá lo vemos más cerca de sus trabajos más conocidos, como Isaac le Pirate o Gus, o incluso sus tomos de La Mazmorra. Es ese claroscuro fuerte, con amplias masas de negro y una infinidad de trazos finitos de plumín que aportan texturas, detalles y efectos de iluminacióny que queda perfecto con un color plano, sin volúmenes.
Para tratarse de un comic francés, Les Ogres tiene una narrativa muy yanki: cero páginas de 10 u 11 cuadros, muchas páginas de 9 cuadros con la grilla de Watchmen, muchos primeros planos y planos americanos, escenas a contraluz resueltas con siluetas, poco texto en cada viñeta... Todas decisiones que tienen que ver con darle un ritmo trepidante a una aventura repleta de acción, violencia y gore a niveles poco frecuentes en el comic europeo.
El primer libro de Hiram Lowatt y Placido me había gustado mucho, pero este me resultó mucho mejor. Si te copás con una historieta de género fuerte y atípica, esta aventura que proponen David B. y Christophe Blain te va a hacer pasar un excelente momento.

jueves, 1 de mayo de 2014

01/ 05: HIRAM LOWATT & PLACIDO Vol.1

Como en Abril laburé sólo medio mes con la distribución, no me parece que las cifras de venta sea significativas como para publicarlas. Va a tener más sentido hacer los primeros días de Junio un ranking de Abril + Mayo. Y de paso, tenemos una reseña más de comics, que de eso se trata este blog.
Hiram Lowatt & Placido es una serie de los ´90, de la que sólo se realizaron dos álbumes. Una pena, porque tenía un equipo creativo descomunal: guiones de David B. y dibujos de Christophe Blain, dos nombres de recontra-lujo. Y por suerte se trataba de episodios autoconclusivos, o sea que cuando la serie se cortó, no quedaron historias colgadas con cabos sueltos, como pasó con el team-up entre David B. y Joann Sfar que vimos hace poco. Las aventuras de Hiram Lowatt y Placido están ambientadas en el Lejano Oeste en 1880, poco después del triunfo de las fuerzas del Norte por sobre las del Sur, en una región bastante inhóspita, en la que los pueblitos de los cowboys se ven frecuentemente asolados por los ataques de los comanches. Hiram Lowatt es un intelectual, un prestigioso periodista e investigador de Providence, al que acompaña su guardaespaldas/ confidente Placido, un aborigen piel roja que no habla pero actúa cada vez que hay que salvar las papas.
Dentro de ese contexto, los guiones de David B. se juegan a introducir elementos fantásticos muy idos al carajo, de los que rara vez vimos integrarse a los clásicos relatos del Oeste. Esta vez, además de la amenaza de los indios, los habitantes de Goliado, Texas, tendrán que vérselas con la insurrección de... los objetos inanimados! Tenedores, sogas, sillas, durmientes de las vías del tren, postes y herramientas cobrarán vida, habla y raciocinio y se organizarán para combatir a sus propietarios, sin importrarles que sean blancos o pieles rojas. Vos me dirás “Ah, es una historieta cómica...”. No. Esto está contado en serio, presentado por David B. con un tono dramático, grave, con consecuencias jodidas y cero clima de delirio o bizarreada. Hiram Lowatt, caracterizado como un tipo excesivamente racional, enfrentará a la sublevación de los objetos desde la lógica, partiendo de la comprensión de cómo y por qué estos adquirieron la facultad de moverse y pensar por sí mismos. Frente a la extraña amenaza, el resto de los blancos quedarán como tipos muy precarios, muy limitados, tan oscurantistas como los indios, aunque decididamente más violentos.
A lo largo de las 56 páginas del tomo, la historia nos lleva de modo gradual y a la vez muy coherente hacia el combate a tres puntas, un todos contra todos entre blancos, comanches y objetos, donde no hay cabida para las treguas ni para las alianzas. Lowatt y Placido serán los únicos partícipes de estos sucesos con la mente fría como para evaluar lo que está pasando y buscar la forma de ponerle fin a la masacre, que arranca unas 11 ó 12 páginas antes del final y termina un par de páginas antes del mismo.
Todo este clima trágico, misterioso, contaminado por un misticismo oscuro y ominoso, está plasmado a la perfección por el arte de Blain, que acá sorprende con un trabajo realmente consagratorio. No sólo está todo obscenamente bien dibujado, no sólo está cuidadísima la narrativa, no sólo el grafismo de Blain evoca con elegancia y personalidad la sordidez y la mugre en la que vivían estos hombres y mujeres. También está el color y es un color aplicado con técnicas pictóricas, un color que realza la belleza del dibujo, que le da volumen, texturas, fuerza. Blain es un monstruo en blanco y negro y siempre se entendió bien con los coloristas con los que le tocó trabajar. Pero acá ensaya algo totalmente distinto, por ahí más para el lado de Lorenzo Mattotti, y logra darle a esta historia violenta, por momentos casi grotesca, un vuelo poético y una calidad plástica que la ponen entre las obras más perfectas (por lo menos en cuanto al dibujo) de este genio del comic francés.
Si querés descubrir una aventura totalmente atípica, salpicada con algunos de los clásicos clichés del western, con un guión raro pero no críptico y unos dibujos que te van a obligar a cambiarte varias veces la ropa interior, salí a cabalgar por Texas con Hiram Lowatt y Placido. Te aseguro que va a ser una experiencia definitiva. Ah, antes de que alguno pregunte: esto está editado en castellano por Norma, así que –previa entrega de una cuantiosa fortuna, equivalente al presupuesto anual de varias provincias y algún club de futbol- se debe poder adquirir sin mayores inconvenientes. Prometo para este mes la reseña del segundo y último tomo de esta extraña gema en las coronas de los inmensos Christophe Blain y David B.

lunes, 7 de abril de 2014

07/ 04: URANI

Vamos con otro clásico de este blog: las series de Joann Sfar de las que sólo existe el Vol.1. Esta vez la jugada era demasiado ambiciosa: se trata de una historieta concebida a cuatro manos por Sfar y el maestro David B., pero a diferencia de La Mazmorra (en la que Sfar repartía tareas con Lewis Trondheim) acá los dos escriben y los dos dibujan! Ya desde la portada queda claro que hay dos grafismos bien diferenciados y dentro del álbum vamos a ver todo el tiempo secuencias que dibuja uno mechadas con secuencias que dibuja el otro.
Urani no sólo es el título del álbum, también es el nombre de la ciudad en la que se desarrolla esta trama bien aventurera, con todos los tópicos de los géneros clásicos: espías traicioneros, científicos geniales, freaks, villanos que quieren conquistar el mundo y hasta una superheroína que en realidad no es un ser 100% humano sino una criatura artificial. Todo está pensado para que te enganches desde la primera secuencia y una vez que la historia empieza a rodar, se hace más adictiva que los bizcochitos Don Satur hexagonales con azúcar negra, de los que me puedo bajar varias bolsas al hilo.
El protagonismo está bien repartido entre varios personajes e incluso Urani, la ciudad, está descripta y trabajada con la dedicación que habitualmente le ponen los buenos guionistas a los buenos personajes. Dentro de ese elenco bastante coral, sobresale Odin que (como el papá de Thor) pagó un ojo de la cara por convertirse en el hombre más sabio del planeta. Capaz de lograr auténticos prodigios tecnológicos, y hasta de darle vida a seres artificiales, Odin es buscado por los servicios secretos de varias potencias que lo quieren trabajando para ellos, o muerto. En los planes de estos temibles operarios del recontraespionaje se entrometen el Ermitaño (hasta ahora el principal villano de la historia), Europe (la superheroína creada por Odin, al servicio de la Unión Europea) y el Tigre, un violento mercenario, bizarro, carismático, con un pasado alucinante y con mucho peso en las escenas de acción.
La historia llega a la página 46 con los conflictos bien planteados pero se termina sin siquiera acercarse a la posibilidad de resolverlos. Claramente este álbum (lanzado en 2000) se pensó como el primero de una serie, y la serie jamás continuó. Y ahí quedaron las tramas, los personajes y la ciudad de Urani en un limbo muy choto y muy injusto, tanto para el lector que se enganchó mal con este tomo, como para la propia historia, que pintaba alucinante, con muchísimo potencial.
En cuanto al dibujo, David B. hace más o menos lo mismo de siempre, y se luce con su increíble manejo del claroscuro. Sfar mete muchas más viñetas por página que su compañero y dibuja en su estilo más prolijo, con las líneas más cerradas, las figuras bien definidas, con la freakeada acentuada desde las iluminaciones, las texturas y los cross-hatchings, no desde el vuelo descontrolado de su plumín. Entre los dos le facilitan bastante la tarea a la colorista Brigitte Findakly, que hace gala de una gran versatilidad y un inmejorable criterio para elegir los colores en base a los climas (muy cambiantes) por los que transita la historia.
¿Se puede recomendar Urani? En realidad sí, porque son 46 páginas de historieta MUY zarpadas, en las que dejan la vida dos capos del Noveno Arte difíciles de superar. Pero como me da bronca que la hayan dejado inconclusa hace 14 años, me doy vuelta al mejor estilo UCR y digo todo lo contrario. Que no, que no te recomiendo gastar tu dinero en un álbum que resulta ser sólo un pedacito de una historia que nunca terminó. En todo caso, decidilo vos mismo de acorde a qué tan cebado estés con Joann Sfar y David B.. Yo tuve la suerte de que el libro me cayera de regalo, con lo cual no me da la cara para venderlo ni regalarlo. Lo sumo a mi colección de obras de estos dos maravillosos animalitos que nos dio el comic francés, con la mueca agridulce del “es lo que hay...”

martes, 18 de febrero de 2014

18/ 02: THE ARMED GARDEN (and other stories)

En algún momento de 2011, cuando vi este libro anunciado en el Previews, lamenté mucho no poder comprármelo, porque no era barato y salía en un mes superpoblado de lanzamientos grossos. Pero un volantazo del destino hizo que varios meses después apareciera en oferta en uno de los sitios a los que habitualmente le compro libros, y ahí sí, no me pude resistir. Aquel sufrimiento de tener que tacharlo de la listita se convirtió en felicidad el día que, por si faltara algo, el propio autor me lo firmó en Comicópolis. Y ahora que lo leo, no puedo creer cómo esto no fue un hitazo, cómo terminó en el pilón de las ofertas y no entre los títulos rápidamente agotados que claman urgente por una reedición. En realidad sí, hay una explicación lógica para eso... pero no deja de ser injusta.
La verdad es que en estos tres relatos el francés David B. pone todo y un poco más. Son tres historias muy extremas, a todo o nada, en las que el prócer combina altas dosis de violencia con un vuelo poético muy atractivo, que le permite trascender los confines de la epopeya para probar otra cosa, más cercana a la fábula o la leyenda.
La primera historia, The Veiled Prophet, me pareció la más lograda. Son 30 páginas desaforadas, en las que pasa de todo y en las que David B. combina metafísica, intriga palaciega, batallas tremendas, sexo, misterio y delirio. A su descomunal manejo del claroscuro le agrega varias tonalidades de un naranja opaco, casi marrón, que potencia muchísimo la fuerza expresiva de los dibujos y le agrega una dimensión más a esas composiciones recontra-impactantes que propone el autor, incluso cuando se ciñe a una grilla clásica de seis viñetas. The Veiled Prophet es magia y belleza en estado puro y esas 30 páginas valen lo que pagues por todo el libro (sobre todo si lo conseguís en oferta).
The Armed Garden, la historia que da título al libro, es un toque más extensa (36 páginas) y también transmite esa sensación de desmesura, de relato más grande que la vida misma. Acá también David B. combina los combates entre poderosos ejércitos con elementos metafísicos (la búsqueda del Paraíso que supieron habitar Adán y Eva) y si bien la historieta se disfruta (en parte por sus escenas shockeantes, con masacres, garches, vómitos, canibalismo y gente quemada viva) al guión le falta una vueltita más, sobre todo al final. The Veiled Prophet, al estar ambientada en la época y las tierras de los califas y sultanes, tenía una impronta gráfica que “dialogaba” con la típica ilustración musulmana del medioevo. The Armed Garden, en cambio, está ambientada en la Europa del este, alrededor del año 1420, y la estética que elige David B. tiene que ver con los grabados religiosos de la baja Edad Media, por supuesto sin renunciar a su estilo propio, moderno, intenso, con momentos de gran lirismo.
Finalmente, The Drum Who Fell in Love retoma a uno de los protagonistas de The Armed Garden para otras 36 páginas, que podrían haber sido 20, o a lo sumo 24. La idea tiene muchísimo vuelo: un caudillo militar cae en combate, un villano manda a hacer un tambor con su piel y el tambor se convierte en receptáculo del espíritu inquebrantable del caudillo, capaz de inspirar a los soldados en combate e incluso de enamorarse de una minita que, en vez de golpearlo, lo acaricia. La trama decae un poquito en las 14 páginas finales, cuando aparece Jesucristo y se propone guiar a la chica y al tambor hacia el Paraíso. Son secuencias a las que no les falta poesía, ni imaginación (de hecho, por momentos parecen escritas por Lewis Carroll), pero sí un toquecito de dirección. De todos modos, es una muy linda historia, obscenamente bien dibujada por este genio del Noveno Arte.
No sé si esto está editado en castellano, fuera de una historieta que encontré hace un tiempo en una Nosotros Somos los Muertos (ver reseña del 04/12/13). Por las dudas, recomiendo la edición yanki de Fantagraphics (traducida como los dioses por el ireemplazable Kim Thompson), que es una maravilla. Habrá más material del glorioso David B. en el blog, en los próximos meses.

lunes, 14 de enero de 2013

14/ 01: LA LECTURA DE LAS RUINAS

Hora de reencontrarme con el maestro Pierre-François Beauchard, mucho más conocido como David B., para una nueva aventura repleta de belleza y de ideas delirantes, dignas de la Doom Patrol de Grant Morrison.
La bomba de sueños, el alambre viviente, los hombres de fécula y el lenguaje de las ruinas, una escritura que se devora a sí misma y que no construye palabras sino cadáveres, son algunos de los conceptos maravillosamente limados que David B. introduce para darle vuelo poético y tintes oníricos a una típica historia de espionaje ambientada en el fragor del combate de la Primera Guerra Mundial. No quiero contar mucho acerca de esta novela. Esto es demasiado bueno, hay que verlo para creerlo.
El protagonista, Jan Van Meer, es un poquito plano, le falta un toquecito de onda. Todo lo demás es una avalancha de onda. David B. pela un puñado de personajes increíbles, bien trabajados, enigmáticos, profundos, con la habilidad de tirar frases alucinantes sin que suenen forzadas. Los hace crecer de modo impredecible al calor de las batallas y los bombardeos, trepar como enredaderas por ese bosque siniestro que crece en las afueras de Londres, por esos campos de Francia minados y tajeados por las trincheras, y a donde quiera que aparecen los persigue el misterio del genial ingeniero Hellequin y la violencia de una guerra que no da tregua. Por momentos también el amor, la corrupción y el sacrificio.
La Lectura de las Ruinas es una novela gráfica bastante extensa para los standards franceses (76 páginas), lo que le permite al autor dosficar muy bien la información y sobre todo mechar muy buenas escenas tranqui entre las escenas de acción, que son unas cuantas, porque a lo largo de la historia pasan muchas cosas y casi todas se resuelven de modo físico, a veces bastante truculento. También gracias a la extensión de la obra, David B., además de fumarse páginas de 9 cuadros, se puede dar el lujo de mechar páginas de 4 cuadros, para descomprimir un poco.
De todos modos, esta bestia no espera a la página de pocas viñetas, o a la viñeta extra-large rodeada de viñetas chiquitas para zarparse con el dibujo. El dibujo es impresionante de punta a punta, no hay una sóla viñeta en la que David B. ponga menos que lo mejor que puede dar. Con su claroscuro extremo, sumamente expresionista, y su estilización de absolutamente todo el universo gráfico que recorre la novela, el autor conjura imágenes potentes, dinámicas, de gran belleza plástica y por momentos muchísimo vuelo. Los colores son planos y siempre ajustados tanto a los climas que plantea el guión como a los trucos de iluminación que sugiere el dibujo. Una labor realmente extraordinaria.
Y la reseña va a quedar corta, porque no quiero contar nada más del argumento ni de la dinámica entre los personajes. Ojalá este texto te genere el 1% de la intriga que me generó a mí la lectura de este libro. Y ojalá lo leas y lo disfrutes tanto como yo. David B. tomó los mejores relatos bélicos de Hugo Pratt y Jacques Tardi, los mezcló con un poquito de Grant Morrison, más algún menjunje secreto que sólo él conoce, y batió. De ahí salió una joya fundamental para cualquier fan del comic. La lectura de La Lectura de las Ruinas es un placer del que no te podés privar.

domingo, 29 de abril de 2012

29/ 04: EL CAPITAN ESCARLATA

Sí, yo pensé lo mismo que vos: una historieta basada en la clásica serie de marionetas de Gerry y Sylvia Anderson. Bueno, no. Lo único que tienen en común ambos Capitanes Escarlata es el nombre. Y en una de esas, hasta es casualidad, porque el comic es de autores franceses y andá a saber con qué nombre se conoció en Francia aquella serie que nosotros veíamos en aquellas mañanas setentosas en blanco y negro.
Mirá este team-up: escribe David B., el autor de L'Ascension du Haut-Mal, y dibuja Emmanuel Guibert, el autor de La Guerra de Alain. Dos tipos más que consagrados, dueños de una obra muy personal, acostumbrados a trabajar como autores integrales, forman equipo durante 60 páginas y se ensamblan tan bien que hay que esforzarse para digerir la noción de que esto tiene dos autores y no uno sólo. Sé que soy minoría, pero a mí me aburrió bastante L'Ascension du Haut-Mal (de hecho, no la pude terminar) y con La Guerra de Alain no me fue mucho mejor. Tengo en la mira otras obras de David B. que me parecen muy atractivas, pero justo su clásico indiscutido, el que lo puso en el Olimpo de los grossos, a mí no me enganchó para nada. Con El Capitán Escarlata, este referente se reivindica. Acá sí, me encontré con un guión que me atrapó de principio a fin.
A ver: un barco pirata que navega por los cielos de París, hombres de la burguesía que desaparecen para aparecer con la cabeza cambiada –literalmente- a bordo del barco pirata, filibusteros que siguen en pie una vez que han sido decapitados, la contraofensiva policial a bordo de un zeppelin, tormentas mágicas... Evidentemente acá hay una aventura de gran intensidad y de un vuelo creativo poco frecuente. El protagonista está basado en el escritor Marcel Schwob, autor de un cuento (que se reproduce en el libro) cuyo argumento tiene bastante que ver con el de El Capitán Escarlata. Marcel es el típico intelectual, la típica rata de biblioteca, súbitamente fascinado por la audacia de estos piratas del viento. Su vida y la de Monelle, su novia, una chica con extrañas percepciones y un coraje inmenso, cambiarán para siempre a lo largo de estas páginas. El propio Capitán Escarlata, pese a su condición sobrenatural, también es un personaje muy bien trabajado, al igual que el comisario que intentará ponerle fin a sus felonías.
Lo más interesante del libro, sin dudas, es que nunca sabés qué puede llegar a pasar, cómo se pueden llegar a resolver los misterios y los conflictos que plantea el guión. David B. te envuelve con astucia en una trama donde reconocés fácilmente un montón de elementos (tributarios de las clásicas novelas de Jules Verne, Emilio Salgari y demás) mientras te sorprendés con un montón de otros elementos que nunca antes te habías encontrado.
Emmanuel Guibert está a cargo del dibujo, la tinta y el color. Acá opta por un dibujo realista, con bastante referencia fotográfica pero a la vez mucha síntesis, con un trazo grueso, muy expresivo, al que complementa con sutiles esfumados, texturas y ese efecto tan lindo de la línea entrecortada, que en un punto amaga con desaparecer. El color está a tono con la intensidad y la extrañeza que propone el guión, puesto de un modo que por momentos recuerda a Hergé y por momentos al Viejo Breccia, aunque me parece que son demasiadas las páginas en las que Guibert opta por limitar su paleta a un sólo color. La narrativa no parece francesa: ninguna página tiene más de nueve cuadros, en esas páginas de 9 cuadros se impone la grilla de Watchmen, hay muchos primeros planos y hasta planos detalle de las manos, los cañones o la máscara del Capitán Escarlata. El balance de la faz gráfica es sumamente positivo.
Y el del tomo en general también, claro. Tenemos una aventura con fantasía, misterios, romance, violencia y un clima nebuloso, de un misticismo cautivante que te invita a subirte a un bondi que nunca sabés dónde te puede dejar. Ahora más que nunca, quiero conseguir las otras obras de temática más aventurera firmadas por David B.