el blog de reseñas de Andrés Accorsi
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domingo, 1 de septiembre de 2019

DOMINGO ESPLENDIDO

Hermoso clima en Buenos Aires en las horas previas al Superclásico y posteriores al regreso del cepo cambiario. Aprovecho para clavar unas reseñitas del material que leí en estos días.
Después de Avaritia, Luxuria y Gula, el recorrido por los pecados capitales nos lleva a Acedia (vendrá a ser “apatía”, o algo así), siempre de la mano de Casanova, la alucinante serie creada por Matt Fraction y los Gemelos Fantásticos, Gabriel Bá y Fábio Moon, que este año vuelven a visitarnos en la Crack Bang Boom. Esta vez el TPB no nos ofrece una historia completa, sino la primera mitad de una historia: cuatro episodios de 22 páginas de la saga de Acedia (que consta de ocho episodios), tres dibujados por Fábio y uno por Gabriel. Y como complemento, breves fetas de una aventura de las Metanauts, una segunda trama que intersecta con el universo de Casanova Quinn, pero escrita por el maestro Michael Chabon y también dibujada por Gabriel.
Visualmente, esto es glorioso. Los dos gemelos dejan la vida en cada página, cada uno con su estilo cada vez más marcado, y con el excelente color de Cris Peter, que ayuda a que todo se vea más homogéneo, y además mejor, más lindo, más impactante. Todo está dibujado a un nivel extraordinario, pero si tengo que destacar algo, me quedo con las primeras páginas de Metanauts dibujadas por Gabriel Bá, que directamente me dejaron sin aliento.
El guión de Fraction está afiladísimo, esta vez con el desafío de ponerle a Casanova Quinn un co-protagonista, que no sea ni un villano ni una minita a la que se transa. El ritmo no decae nunca, las revelaciones shockeantes están a la orden del día, y hay –cómo no- ideas estrambóticas, persecuciones trepidantes, machaca y sexo. Pero (algún pero tiene que haber), al ser una trama básicamente de misterio, en la que dos tipos que perdieron sus recuerdos los tratan de recuperar, sobran un poco las peleas. Se nota bastante que los peligros y los villanos a los que Casanova y Akim vencen por medio de la violencia irrumpen en escena sin mucho más sentido que ese: que haya violencia y el relato no se limite a una investigación donde se piensa, se habla y se lee más de lo que se entra en acción. Fuera de ese detalle, Acedia es un muy buen cambio de registro para las aventuras de Casanova, y por supuesto ni bien vea la segunda parte le entraré como el agua al Titanic.
Me acuerdo que después de leer los tomitos de Jellykid, me quedó la espina de verlo a Franco Viglino trabajando en colaboración con otros guionistas, ya que con sus propios guiones no me terminaba de convencer, más allá de haberme hecho MUY fan de sus dibujos. Por suerte el comic siempre da revancha y este año OVNI editó la adaptación al comic de El Principito (el mega-clásico de Antoine de Saint-Exupéry), con Viglino a cargo del dibujo, esta vez potenciado por el guionista Tomás Wortley y con la posibilidad de trabajar a todo color. Esto último le agrega al dibujo de Viglino una nueva dimensión, perfectamente aprovechada por el autor. A todo color, el dibujo se ve más bonito, más amistoso, y además se nota que Franco lo sabe usar para reforzar los climas del guión, que son importantes al tratarse de una historia de perfil emotivo, más que épico o aventurero.
Me resulta inevitable retrotraerme al lejano 30/09/10, cuando acá en el blog comentábamos la adaptación de El Principito realizada por el maestro Joann Sfar. Aquella vez me sorprendía la decisión del autor de bancar a lo largo de 110 páginas una única grilla, la clásica de seis viñetas iguales. En esta versión, Wortley y Viglino toman el camino contrario: en 88 páginas, prueban de todo en materia de puesta en página, un poco para asegurarse de que el lector no se aburra durante esas extensas secuencias en las que sólo hay diálogos, y en parte porque saben utilizar el armado de la secuencia y la diagramación de las viñetas como elemento expresivo, para manipular el ritmo de la historia y acentuar ciertos momentos por sobre otros. A lo largo de la novela hay secuencias mudas, secuencias muy habladas, viñetas chiquitas, splash pages, secuencias en las que la cámara se queda quieta y los personajes se mueven sobre un fondo que se repite, bastantes viñetas en formato widescreen… un poco de todo. Y por supuesto aplaudo la gran variedad de recursos narrativos que ponen en juego los autores. Wortley elige con buen criterio qué diálogos conservar de la novela original, e incluso qué escenas mostrarnos en un orden distinto al que aparecen en la versión de Saint-Exupéry. Su trabajo está muy en función del lucimiento de Viglino, pero también hace gala de una solvencia muy destacable. Espero leer pronto nuevas obras suyas.

Y nada más. El martes 3 y miércoles 4 estaremos festejando el Día de la Historieta en la Universidad de Palermo (en la sede de Jean Jaurés 932), y ni bien terminan esas jornadas viajo a Córdoba a participar del quinto Docta Comics, donde voy a estar el 5, 6 y 7 con un stand y conduciendo charlas de los maestros Alejandro Farías y Carlos Gómez, más una trivia en la que los nerds cordobeses competirán por fabulosos premios. Entre una cosa y otra, mis probabilidades de volver a postear en el blog antes del lunes 9 son comparables a las que tiene Cambiemos de revertir el resultado de las PASO. Me despido hasta entonces, y si algun@ viene a los eventos de la UP o de Córdoba, acérquese a saludar.

domingo, 22 de diciembre de 2013

22/ 12: CASANOVA: AVARITIA

O en realidad, Casanova Vol.3, como para retomar coherentemente esta serie a la que hace casi dos años que tenía abandonada.
Con Avaritia, el prolífico Matt Fraction propone un regreso a las fuentes, a la saga llamada Luxuria (que también vimos en 2011), y es un regreso por dos lados distintos. En primer lugar, la vuelta de Gabriel Bá como dibujante, tras un Vol.2 en el que se hizo cargo del dibujo su hermano gemelo, Fábio Moon. Y en segundo lugar, volvió la onda más compleja, más intrincada, más exigente para con el lector. Gula (el Vol.2) no te daba exactamente la papilla masticadita en la boca; por el contrario, tenía varios saltos al vacío realmente arriesgados. Avaritia se va al carajo bastante más seguido y por momentos nos obliga a prestar MUCHA atención para seguir esta historia laberíntica, que va para adelante, para atrás y para los costados.
Si leíste mucha ciencia-ficción (especialmente a Michael Moorcock) quizás esto te resulte una nimiedad. Básicamente, si lo reducimos a su mínima expresión, el argumento de Avaritia sería: Casanova Quinn, mezcla entre James Bond y Nick Fury de un mundo hiper-tecno, recorre infinidad de realidades paralelas y en todas tratará de boletear a Luther Desmond Diamond, antes de que este evolucione hasta convertirse en el peligroso villano Newman Xeno. En el medio pasan un montón de cosas más: muchas de estas realidades son obliteradas en escenas cataclísmicas, hay peripecias, escapes imposibles, runflas espúreas, amor heterosexual y del otro, una batalla en la que un robot gigante hace mierda media New York, canciones, peleas, garches y la inminente despedida del papá de Casanova, que tiene cáncer y se está por morir. Ah, y también muy buenos diálogos de los cuales los mejores se los lleva Luther.
Con todo esto, Fraction arma un cóctel explosivo y encima lo condimenta con muchas referencias a lo que sucedió en los tomos anteriores (no se te ocurra empezar a leer Casanova por acá) y con referencias meta-comiqueras, es decir, comentarios en los que los personajes se hacen cargo de estar viviendo dentro de una historieta. Casanova te propone frenesí, descontrol, violencia, sexo y mala leche, en un contexto de espionaje y ciencia-ficción al límite, con conceptos muy arriesgados y generalmente muy originales. Por eso la banco a full.
Ahora, si nada de eso te resulta atractivo (y en ese caso, es momento de serios replanteos en tu vida), Casanova tiene un ancho de espadas guardado en la manga, que es el dibujo de Gabriel Bá. Gabriel es el más filoso de los gemelos, el que opta por esa anatomía medio "blocky" que nos recuerda por momentos a la de Mike Mignola. También es el que simplifica muchísimo los rasgos faciales hasta llegar a un punto donde los personajes son expresión pura, como en Dupuy y Berberian, Frederick Peeters o Pablo Túnica. A la síntesis de su grafismo, Bá le contrapone una prodigiosa capacidad de meter muchos elementos en cada viñeta, muchas viñetas por página, y bancarse sin tropiezos secuencias muy complejas, donde hay que ser muy capo para que la narrativa fluya sin hacer ruido ni marear al lector. Gabriel es fan del claroscuro extremo, pero no se nota: acá está perfectamente complementado por la colorista Cris Peter, que entiende y potencia a niveles cósmicos el trazo atípico del gemelo brazuca.
Si ya estás adicto a Casanova, seguro que te compraste Avaritia ni bien salió. Si todavía no entraste al vicio, arrancá cuanto antes con el Vol.1 y aprovechá para ponerte al día, porque todavía no se sabe cuándo empieza la cuarta saga de esta increíble creación de Matt Fraction y Gabriel Bá, que tanta pasión genera en sus hinchas.

jueves, 29 de diciembre de 2011

29/ 12: CASANOVA: GULA


Hora de reencontrarme con esta adictiva serie de Matt Fraction, repleta de conceptos limados, acción al palo, referencias rockeras y meta-comiqueras, runflas malignas y garches de todos contra todos.
La principal particularidad de este tomo es que el protagonista, Casanova Quinn, casi no aparece. Está, pero no lo vemos. Y todo el foco de la saga está puesto en su hermana melliza, Zephyr Quinn, la perra lasciva y traidora que no tiene reparos en seducir, engañar, torturar o boletear a quien se interponga en sus siempre retorcidos planes. El tono del relato es claramente festivo. Si bien hay momentos dramáticos y heavies, la balanza se inclina irremediablemente hacia la joda, hacia la cosa bizarra, vertiginosa, frenética, en la que todo puede pasar (y de hecho, pasa).
En un comic en el que las lealtades (y hasta las identidades) son tan volátiles, meter muchos personajes puede significar un riesgo importante que –en una de esas- termine por marear o confundir al lector. Fraction asume ese riesgo a lo guapo, con una docena de personajes importantes, entre ellos buenos y malos de distintas organizaciones secretas, gente de otras dimensiones, del futuro, clones, muertos que resucitan, personajes ya presentados en la saga anterior, personajes nuevos... Pero aún así la magnitud del elenco no alcanza a confundir al lector, ya que la entrada y salida de escena de cada uno de estos tipos, minas y bichos está perfectamente justificada y –si hiciera falta- explicada.
Muchos de estos personajes se conocen de antes, y Fraction se luce muchísimo con los flashbacks, que interrumpen la narración “del presente” con muchísimo criterio y sin extenderse más de lo realmente imprescindible. Las relaciones entre estos personajes (viejos rencores, nuevos romances, etc.) están tan bien exploradas que por momentos le disputan el protagonismo a la trama de espionaje, acción y aventuras al límite. A veces fruto de esos romances y a veces meras trampas para engañar boludos, la trama de Gula está salpicada por unas cuantas escenas de sexo bastante zarpadas, muchas más que en cualquier otro comic editado por Marvel (recordemos que la serialización en comic-books corrió por cuenta de Image). Con minas como Zephyr Quinn o Suki Boutique, que le dan a lo que se les ponga adelante sin importar su genitalia, su edad o su alineación “ética”, el descontrol está garantizado y Fraction logra ese equilibro justo, en el que la historia no se basa en los garches, ni estos parecen forzados o traídos de los pelos. No es un comic porno ni erótico, pero si le sacás los garches, no es lo mismo.
El otro elemento muy notable son los conceptos limados que nombraba al principio: Fraction se tira de cabeza desde un piso 14 a una pelopincho con viajes temporales, espaciales y dimensionales, armas, agencias, mutaciones, chiches tecnológicos y hasta neologismos que podrían resultar totalmente descabellados si a) no estuviera todo en función de una historia atractiva y coherente por donde se la mira, y b) no se nos recordara permanentemente que esto es un comic con ínfima pretensión de realismo. Así como está planteado, todo cierra, todo suma, todo ceba más de lo que te descoloca.
La otra particularidad importante de Gula es que en vez de Gabriel Bá el dibujante es Fábio Moon, su hermano gemelo. Fábio es el más sutil de la dupla, el que mira más a Will Eisner que a Mike Mignola y eso se nota, aunque Fábio se esfuerce por no despegarse demasiado de la estética creada por su hermano en la saga anterior. Pobre Fábio, se rompió el culo para que la historieta se viera alucinante, pero se tuvo que fumar a un colorista, Cris Peter, que en el primer tomo dejó todo y en este tiene tiradas a chanta muy, muy evidentes. Lo mejor es dejarse llevar por la excelente narrativa de Fábio y olvidarse –en lo posible- del color, que tira un poquito para atrás. Lo más grosso a nivel visual es la historieta corta de Suki Boutique con la que cierra el tomo. Ahí yo sospecho que metió mano Gabriel Bá (probablemente en el entintado) y el color se parece un poco más al del primer tomo, que estaba mucho mejor.
Detalles mínimos al margen, Gula es una gran historia dentro de esta serie que se va haciendo adicción. Actualmente el sello Icon de Marvel está serializando una nueva saga (Avaritia) y ya cuesta un huevo esperar a que salga el TPB para leerla. Mérito irrefutable del pulpo Fraction y los Gemelos Fantásticos.

sábado, 30 de abril de 2011

30/ 04: CASANOVA: LUXURIA


Cuando un guionista produce tanta obra como la que lleva publicada Matt Fraction en los últimos cinco o seis años, es casi inevitable desconfiar: una buena parte de esa producción tiene que ser necesariamente berreta. De hecho, me acuerdo de haber leído su Punisher War Journal (porque lo dibujaba Olivetti) y tenía un número bueno cada cuatro nefastos. O sea que siempre lo tuve en la lista de los sospechosos, de los tipos a los que se puede visitar muy de vez en cuando y en proyectos muy puntuales.
Ahora, el hecho de ser pulpo de Marvel y escribir chotocientas mil series por mes, tiene su lado positivo: si estas series venden bien, no te van a echar flit el día que propongas algo más raro, más jugado. Así es como el sello Icon se convirtió en el hogar de la más personal de las creaciones de Fraction: Casanova, junto a Gabriel Bá, uno de los gemelos fantásticos brazucas. Bajo el paraguas protector de las ventas de Iron Man o X-Men, Marvel se tiró al precipicio con un comic 100% de autor, muy raro, y además muy, pero muy bueno.
Esto es una especie de What If… Acá Nick Fury se llama Cornelius Quinn y tiene un hijo de veintipico, con rasgos parecidos a los de Mick Jagger, entrenado desde chico para ser el perfecto agente secreto. Pero además del espionaje, a Casanova Quinn le gustan la joda, las drogas, las minas y el descontrol. Esta dinámica tipo Isidoro-Coronel Cañones alcanzaría para bancar decorosamente una saguita más que interesante. Pero hay mucho más: las misiones que cumple Casanova no sólo están repletas de sexo, droga y rockanroll. También tienen clones, androides, entradas y salidas del la línea temporal, dimensiones paralelas, tecnología del futuro, civilizaciones prehistóricas, alienígenas y robots gigantes japoneses. O sea que es una especie de Nick Fury de segunda generación pero totalmente tuneado, recubierto por varias capas de crack.
Las aventuras de Casanova son frenéticas. Hay pausas, porque claro, cada genio criminal o capo de agencia de espías necesita unos minutos para tratar de deducir quién lo está “operando”, por dónde se filtra la data y cuáles pueden ser las movidas de sus adversarios, pero el ritmo que predomina en esta extensa saga es aceleradísimo, caótico, una montaña rusa fuera de control en la que todo puede pasar. Hasta que el protagonista (y su hermana melliza) cambie de bando más de una vez. Acá todos traiconan a todos, todos se encaman con todos y nadie tiene piedad de nadie. Como en los buenos comics de Howard Chaykin, pero en un clima mucho más de joda, con casi ninguna pretensión de verosimilitud. De hecho, los autores hacen muchas menciones a que esto es una historieta, no la realidad.
La saga tiene un título genérico, Luxuria, pero Fraction y Bá se esfuerzan porque cada uno de los siete episodios narre una historia más o menos autoconclusiva. Por supuesto, no se entendería nada si se las leyera en otra secuencia, pero varias se pueden leer y disfrutar por sí solas. La sensación fundamental que transmite Casanova es la de libertad: acá vale todo, en tanto y en cuanto todo suma para la diversión desaforada, la aventura llevada al extremo, el festival desenfrenado de tiros, explosiones, garches, sangre y runflas espúreas entre gente muy de mierda. Y encima, los personajes están muy bien trabajados. Sin duda, Fraction puso acá todo lo que tiene y hasta un poco más.
El trabajo de Gabriel Bá es impresionante. Casi todas las páginas están divididas en cuatro tiras, o sea que no son pocas las que tienen más de ocho viñetas. El dibujo se ve chiquito, compacto, apretadito, agazapado para estallar cuando Bá cambia la grilla. El estilo de Bá nos recuerda enseguida al del Paul Grist más sintético, mezclado con el Mike Mignola más suelto, el de los breves unitarios en joda que el ídolo se mandaba cada tanto, ya sea solo o con sus delirantes amigos Steve Purcell o Bill Wray. Pero todo se ve intencionalmente raro, como si estuviera el desafío de demostrar en cada página que esto no lo imaginó el típico dibujante yanki, sino un loco, o un alienígena, alguien que claramente no comulga con los preceptos del mainstream superheroico. De nuevo, la sensación de libertad, de vale todo, además potenciada por una paleta de colores intencionalmente limitada y por un rotulado… manual! En pleno Siglo XXI! Una verdadera bizarreada.
Bueno, cada tanto se puede confiar también en el hiper-prolífico Matt Fraction. Acá se juntó con un monstruo imparable y juntos pelaron un comic delirante, atrapante, adictivo, sensual, violento, original y muy, muy gracioso. Si hay secuelas, cuenten conmigo.