el blog de reseñas de Andrés Accorsi
Mostrando entradas con la etiqueta Enrique Sánchez Abulí. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Enrique Sánchez Abulí. Mostrar todas las entradas

martes, 18 de octubre de 2022

LECTURAS EN CONTINUADO

Hoy tengo para reseñar la nada despreciable suma de cinco libritos, pero son todas entregas de series de las que ya leí algún tomo anterior. Por eso la idea es dedicarle a cada uno una reseña más breve que las habituales, como para no reiterar conceptos que ya expuse cuando hablé de esos tomos anteriores. El 04/06/18 y el 30/09/22 reseñé los Vol.1 y 2 de Kafre, esta frenética serie de Enrique Sanchez Abulí y Das Pastoras que salía en El Jueves en los ´90, en historietas de dos páginas con periodicidad semanal. Este Vol.3 me gustó un poco menos que los anteriores, porque la fórmula se repite bastante. Pero me reí con tres o cuatro historietas, así que funciona. El dibujo de Das Pastoras no está al nivel del virtuosismo que exhibe el autor en sus trabajos más recientes, pero aún así es extraordinario. Este es el Das Pastoras más ido al carajo, más visceral, más salvaje, más grotesco. Un monstruo del color, que acá no experimenta con la puesta en página y aprovecha la ambientación (la sabana de África) para no matarse en los fondos y ponerle todo a los personajes, que son tremendamente expresivos. Si te gusta la mala leche en dosis escabrosas, con Kafre la vas a pasar bomba.
Hacía mucho que no leía East of West (reseñé el Vol.4 el 26/07/19) y me costó volver a entrar a este mundo creado por Jonathan Hickman y Nick Dragotta. La sensación es que pasa muy poco en cada episodio, mezclada con la incertidumbre: esto que sucede acá, en los tomos "del medio", ¿será relevante en el contexto global de la obra, tendrá un peso real a la hora de resolver los conflictos, o son Hickman y Dragotta "despilfarrando" páginas para que en vez de cinco o seis TPBs la serie dure diez? Nada, el dibujo y el color son magníficos, y me encanta que Hickman "se calle la boca" durante extensas secuencias en las que el dibujo de Dragotta lleva adelante la narración. Pero leída así, de a un TPB cada tres años, East of West no ceba a nadie. Lo que voy a hacer es tratar de conseguir los cuatro tomos que me faltan, y ahí releer toda la serie de corrido, empezando de nuevo desde el Vol.1. Me parece que es la que va.
Y ahora me voy al mágico mundo de los libritos cuadrados, otro formato medio bizarro que en Argentina está medio de moda. Empiezo con el Vol.3 de La Caja (el 2 lo vimos el 01/05/21), el más breve hasta ahora de los libritos que recopilan los chistes que Esteban Podetti sube a las redes. Este se subtitula "Apestados!" y -como cualquier nabo puede deducir- reúne un montón de chistes vinculados a la pandemia del COVID-19, más algunos textos desopilantes del autor. De nuevo, me reí muchísimo, incluso cuando ya conocía buena parte del material. Recomiendo enfáticamente La Caja Vol.3 a cualquier fan del humor gráfico, porque acá hay cátedras, posta. Sin dibujar lindo, sin reflexiones cuasi-filosóficas, con un dibujo y un rotulado que se nota que están hechos a los pedos, Podetti te desparrama a cachetazos. Y es genial.
El 13/02/21 reseñé el primer librito que recopila los chistes de Alejandra Lunik que aparecen todos los días en la contratapa de La Nación, y hoy voy por el segundo, titulado "Hablo Sola". Visualmente, Lunik es el opuesto perfecto de Podetti: el dibujo es hermoso, prolijo, hay un cuidado milimétrico por los detalles, por el color, por la composición de la viñeta, por las tipografías... Acá hay un nivel gráfico realmente generoso, muy, muy por encima del promedio de lo que se ve normalmente en los chistes de una sola viñeta (los gag panels) de los diarios de cualquier país del mundo. El librito también es muy generoso, ofrece casi 150 páginas de chistes, como para que cualquiera que no conoce el trabajo de Alejandra se familiarice, le pesque los tics, los yeites, todas las características que constituyen su estilo. Y acá también, hubo algunos chistes con los que me reí en voz alta. Así que va a la pila de los recomendados, sin duda.
Y cierro con el tercer librito de la mejor serie que tiene hoy la historieta argentina: Roque & Gervasio, Pioneros del Espacio. El 18/04/22 había leído el Vol.2, y ahora me devoré ¡Han plegado a Roque!, la nueva aventura de los geniales personajes creados por Federico Reggiani y Ángel Mosquito. El concepto de las realidades divergentes que se crean cuando alguien se desplaza en la línea temporal ya se había explorado en la ficción hace décadas, en episodios de distintas series de Star Trek, o incluso en la gloriosa trilogía de Back to the Future. Pero ahora parece que está siendo incorporado de manera más habitual a ficciones más masivas, con lo cual la idea de los multiversos y las realidades paralelas resulta más atractiva que nunca. Esta aventura explora esa vertiente de la ciencia ficción, y lo hace con el humor y el desparpajo al que nos tienen acostumbrados Reggiani y Mosquito, con esos diálogos hiper-argentos y esos giros argumentales brillantes. Acá también, hubo varios momentos en los que la historieta me robó una risa fuerte, y muchos en los que me sorprendieron con las vueltas de tuerca y las decisiones que toman los personajes (los de siempre y un par nuevos, muy bien desarrollados) en los momentos clave de la trama. Si todavía no te enganchaste con Roque & Gervasio, Pioneros del Espacio, metele pata, que Reggiani y Mosquito están produciendo libritos a un ritmo impresionante y, antes de que me toque leer el Vol.4, ya va a estar publicado el Vol.5. Nada más por hoy. Nos vemos la semana que viene, el jueves 27, en la Feria del Libro de General Roca, provincia de Río Negro, o si no, nos leemos muy pronto acá en el blog.

viernes, 30 de septiembre de 2022

CERRAME LA NUEVE

Pensé que no llegaba a meter un posteo más este mes, pero acá estamos. Entre el 3 y el 12 de Octubre seguramente no habrá reseñas, porque me toca una seguidilla de varios viajes, así que voy a tratar de meter algo este domingo. Y después del 13/10, que ya voy a estar más tranqui acá en Buenos Aires, prometo un poco más de regularidad. Arranco en España, año 1994, cuando se publica el segundo recopilatorio de Kafre, la divertidísima serie de Enrique Sánchez Abulí y Das Pastoras (o Julio Martínez Pérez) que salía todas las semanas en El Jueves. Ya expliqué un poco de que va la serie cuando reseñé el Vol.1 (04/06/18), así que recomiendo releer ese textículo. Este segundo tomo no difiere mucho de lo que me tocó descubrir en el primero: son todas historias de dos páginas, con un humor bastante corrosivo, basado en el sufrimiento físico de los personajes (que reciben todo tipo de golpes, mordeduras de animales, garrotazos, flechazos, etc.) y en la mala leche, la vieja y querida incorrección política del maestro Abulí. Como el protagonista es un sacerdote, también hay muchos chistes que involucran temas relacionados con la religión cristiana, e incluso con las creencias de los africanos cuasi-salvajes con los que debe lidiar el Padre Antón. En algún momento Abulí echa mano al humor absurdo, y alguna vez incluso se le cuela alguna pincelada de ternura. Pero básicamente esto es "cartoon violence" y mala leche no al límite de lo impublicable, pero sí en un punto que no le debe haber causado mucha gracias a los católicos más militantes, de esos que en España abundan bastante. Lo importante es que la serie funciona, la fórmula que desarrolló Abulí no se agota en esta segunda tanda de 30 ó 31 historietas, y la comicidad salvaje de Kafre no pierde su encanto. Si a eso le sumamos unos dibujos alucinantes del prodigioso Das Pastoras, no hay ningún motivo para no entrarle pronto al Vol.3, que conseguí junto con este hace unos meses, en una comiquería de Rosario.
Allá por el 03/09/20 me tocó reseñar el Vol.1 de The Wretch, una libro que recopilaba historietas de ese extrañísimo ¿superhéroe? creado en los ´90 por el gran Phil Hester. Ahora cayó en mis manos el Vol.3 (nunca vi el Vol.2, pero si alguno lo tiene, acepto donaciones), que trae las primeras aventuras del personaje (cuando todavía se llamaba "The Creep") y la aventura final, realizada por Hester especialmente para este libro. Son historias cortitas, casi anécdotas, algunas improvisadas casi sin un argumento previo, otras pergeñadas por Hester simplemente como vehículo de algún truco narrativo o gráfico con el que tenía ganas de experimentar. Hester aprovechaba la posibilidad de publicar esas historietas breves en una antología (casi todo este material pasó por las páginas de Negative Burn) y usaba a The Wretch como laboratorio, y como terapia, porque acá trabajaba sin guionistas ni coordinadores, a lo sumo con algún dibujante amigo que le daba una mano en el entintado que -según él- no es su fuerte. Y de este combo entre libertad y creatividad salen pequeñas gemas, como Who is the Wretch?, Black Angel y la perturbadora Baby Come Back. Ya solo por lo bien que dibuja y narra Hester, cualquiera debería querer leer este material, pero además están esas tres historietas que mencione recién, que tienen guiones realmente preciosos. Una pena que no haya seguido con The Wretch, pero tengo otros trabajos de este monstruo en la pila de los pendientes.
Y la tercera reseña de hoy también tiene que ver con una serie de la que ya hablamos en el blog. El 04/12/19 pasó por acá el Vol.4 de Pancho el Pit Bull, y ahora me baje el Vol.5 de esta hermosa historieta de Neal Wooten y Nicolás Peruzzo. También recomiendo repasar lo que ya comentamos en las reseñas anteriores, porque esta entrega va por los mismos carriles que las anteriores. En este tomo Neil Wooten casi no figura: hay unas cuantas tiras (muy bien castellanizadas por Peruzzo), y después es el uruguayo el que toma las riendas del libro, del que él mismo es editor. Como en los libritos anteriores, tenemos un tutorial en el que Peruzzo (especialista en historietas educativas) nos enseña a hacer fanzines o revistitas de comics. Y para abrir el libro, tenemos una historieta extensa, de 40 páginas, escrita y dibujada por Peruzzo, que rompe el formato de tiras y combina de manera brillante el clásico humor de Pancho el Pit Bull con una especie de "aventura con misterio". Son páginas donde nunca sabés dónde va a aparecer el remate humorístico, y están LLENAS de remates humorísticos, en su mayoría muy efectivos. Además se disfruta mucho el contraste entre estas páginas donde las viñetas se entrelazan de manera más libre y más creativa, y las tiras, que repiten siempre la grilla de tres viñetas de igual tamaño. Como siempre, el dibujo y el color de Peruzzo están muy bien, muy a tono con una historieta pensada para que los chicos flasheen fuerte y los grandes tengamos un ratito de sana diversión. Como ya mencioné, esto lo edita el propio Nico Peruzzo en Uruguay, a través del sello Ninfa, así que dudo que se consiga fuera de ese país. Ahora sí, nada más por este mes. Creo que el domingo nos reencontramos con nuevas reseñas acá en el blog. Y si no, será el lunes, antes del viaje a Tucumán. Síganme en Instagram para estar al tanto de las ciudades por las que me lleva la gira infinita. Gracias y hasta pronto.

lunes, 6 de mayo de 2019

LINDO LUNES

Prometí más Spirou de André Franquin y hoy cumplo, con la reseña de El Viajero del Mesozoico, una historieta que data de 1960 y que tiene una particularidad muy rara: Spirou podría tranquilamente no estar y la historia se desarrollaría exactamente igual. Fantasio también, está totalmente de adorno, aunque protagoniza (en la primera mitad del álbum) varios de los mejores pasos de comedia. Esta es una aventura del Conde de Champignac y el Marsupilami. Uno genera el kilombo, el otro lo resuelve. De las 47 páginas que dura la historieta, Franquin dedica 27 a mostrarnos cómo fracasan uno tras otro los intentos por contener al dinosaurio que nació en el “presente” y que por su propio tamaño y su inexistente destreza, causa estragos en la apacible localidad de Champignac.
El núcleo de la trama es ese: ¿cómo carajo paramos a este mamotreto que a cada paso rompe o se morfa algo que va a costar muchísimo recuperar o reconstruir?. Ni Spirou, ni Fantasio, ni el Conde, ni las autoridades municipales ni nacionales le encuentran la vuelta… y la situación se estira tanto que la comicidad se diluye. La cuarta vez que el dinosaurio destruye o aplasta casas y autos (y tanques) ya no es gracioso. La batalla la va a ganar el Marsupilami, cuya cruzada quijotesca está hábilmente presentada por Franquin como un gag recurrente. Nunca te imaginás que de ahí va a salir la resolución de la trama… en parte porque nunca te imaginás que ni Spirou ni Fantasio van a estar pintados al óleo hasta el final del álbum.
El dibujo está a un nivel sublime, imposible de superar excepto por el propio Franquin. Las escenas en las que el pueblo se ve subvertido por el caos son brillantes, ahí se ve el mejor Franquin, el especialista en dibujar hermosos desórdenes, bolonkis cacofónicos repletos de detalles alucinantes. La secuencia inicial, donde solo vemos cuerpos moviéndose lentamente en plena Antártida, también está logradísima y muestra lo canchero que estaba el maestro en el manejo del lenguaje corporal de los personajes. La verdad que, si no te molesta ver a Spirou y Fantasio relegados a un rol muy menor en la trama, El Viajero del Mesozoico es un álbum divertido, raro, con un nudo un poco estirado, pero con una introducción y un desenlace alucinantes e impredecibles.   
Salto 57 años para adelante hasta 2017, cuando se publica el primer álbum de Torpedo 1972, la nueva serie protagonizada por un Luca Torelli ya veterano, ahora con el maestro Eduardo Risso al frente de los dibujos. La verdad que me costó un poco entrar en la amalgama entre estos legendarios personajes y el universo gráfico del León de Leones. El tema del color, la puesta en página, obviamente el trazo, el aspecto de Torpedo y Rascal con varias décadas más encima… muchos fueron los elementos que indicaron con mucha fuerza que este no era un álbum más de la gloriosa serie de Enrique Sánchez Abulí y Jordi Bernet.
El guión, en cambio, conserva el ritmo de los álbumes de Torpedo 1936 en los que los autores contaban una sóla historia extensa. Abulí puso al personaje en el freezer casi 20 años, pero en el medio no perdió en absoluto el pulso para los diálogos zarpados, con juegos de palabras constantes y punzantes, ni para las situaciones violentas, escabrosas, al límite de lo publicable. Ojo, los hallazgos los encontré en el guión, no tanto en el argumento, que me pareció bastante precario. Me divertí más viendo cómo cambiaron en estos años Torpedo y Rascal que con el discurrir de la trama. Y me parece que (todavía) Abulí no le empezó a sacar el jugo a la nueva ambientación (principios de los ´70), más allá de algunas referencias bastante obvias a hechos y personajes reales.
En cuanto al dibujo, el propio Risso reconoce haber despachado el trabajo “de taquito”, escatimándole esa pasión autoral que le pone a todos sus trabajos, incluso los que realiza por encargo de grandes editoriales. En general, yo veo un muy buen trabajo de Risso, que retoma esa línea de grotesco y mala leche de obras como Bolita y Chicanos (o ¡Ay, Jalisco!), e intuyo varias decisiones suyas a la hora de armar varias secuencias que no creo que se le hayan ocurrido a Abulí. Donde noto cierta “mezquindad” por parte del dibujante es en los fondos. Creo que en todas las páginas hay una o dos viñetas en las que me hubiese gustado ver fondos, que no están. En su lugar hay grandes masas de negro, o simplemente un color pleno, sin texturas ni degradés de ningún tipo. Pero bueno, cuando tenés el oficio que tiene Eduardo Risso para narrar con el dibujo, podés no dar el 100% y que aún así los lectores la pasemos bárbaro durante la lectura.
Y me imagino que para las secuelas (que encargó una editorial francesa, que seguro paga mejor que Panini) tanto Sánchez Abulí como Risso redoblarán esfuerzos para que este Torpedo viejo y choto vuelva a brillar como en los míticos álbumes de los ´80 y ´90, cuando fue por mérito propio uno de los personajes más taquilleros y más queridos del comic europeo.

Nos reencontramos pronto con nuevas reseñas y si vivís en Montevideo (o cerca) nos vemos este sábado y domingo en Montevideo Comics. Excelsior!

lunes, 4 de junio de 2018

LUNES Y PUESTA AL DIA

Como suele suceder, los fines de semana o leo poco, o me da paja sentarme a escribir reseñas. Pero hoy no tengo excusas, así que ahí vamos.
Mi búsqueda de material raro del maestro Enrique Sánchez Abulí me llevó a comprar el Vol.1 de una serie llamada Kafre, que yo desconocía, pero que se publicó varios años en las páginas de El Jueves. Este primer recopilatorio (de 1993) ofrece más de 30 historietas de dos páginas cada una, todas con una misma consigna: el Padre Antón, un misionero católico apostado en la selva africana, se esfuerza por civilizar a un puñado de nativos (principalmente Kafre y Kongo) a los que la cultura y la religión cristianas no les puede interesar menos. La gracia es que Kafre y Kongo están siempre muy alzados, eternamente dispuestos a empomarse aldeanas, hembras de distintas especies animales, o bien a clavarse infinitas pajas. El contraste entre la promiscuidad de los nativos y la castidad que intenta inculcarles el cura es el núcleo de la obra, la fuente de casi todas las situaciones (obviamente humorísticas) que plantea y desarrolla Abulí en esta serie.
El padre Antón, por su parte, es un personaje complejo, muy bien estructurado. El tipo no se come ni la punta y estalla en ataques de furia bastante violentos contra estos “negros de mierda”, a los que maltrata considerablemente. El sacerdote tampoco peca de ingenuo: se manda sus propias “avivadas” y cuando no la gana, la empata. Abulí logra que en ningún momento podamos encasillar al padre como “víctima” de los aldeanos, ni viceversa, y ahí reside buena parte del atractivo de la serie. El resto de los aldeanos y los animales típicos de la selva africana también aportan buenos disparadores para el clásico humor malalechístico, grosero y políticamente incorrecto del mítico guionista de Torpedo 1936.
Y lo más grosso: todo está dibujado por el genio, el ídolo, el grandioso Julio (o Xulio) Martínez Pérez, más conocido como Das Pastoras. Imaginate una cruza entre Richard Corben y Philippe Vuillemin, y para ese lado rumbea en este trabajo el magistral dibujante oriundo de Galicia. Narrativa muy sobria, personajes muy expresivos, un trabajo de color, iluminación y texturas absolutamente glorioso y un rotulado medio desprolijo, que es lo único que desluce un poquito una faz gráfica impecable. Recomiendo bastante Kafre, tanto a los fans de Abulí como a los de Das Pastoras.
Me vengo a Argentina, a 2017, cuando aparece El Viaje de Nahuel, el Niño-Jaguar, una impactante novela gráfica editada a todo culo, en tamaño grande, en un libro de 168 páginas, que además de unas 130 páginas de historieta ofrece actividades, acertijos y muchísima información. El guionista es Jo Rivadulla, a quien jamás había oído nombrar, y el dibujante es Iván Zigarán (o Ziga), a quien nos habíamos cruzado el 11/12/17.
Hasta pasada la mitad de la novela, El Viaje de Nahuel no se diferencia mucho de Labyrinth, el largometraje del maestro Jim Henson. Un chico recorre un mundo mágico y extraño, donde le hablan las piedras, algunos animales y algunas plantas, sin tener muy claro a dónde va, con la remota esperanza de encontrar a la chica que le gusta. Después se suma un elemento clásico de la aventura: este pibe no es cualquier pibe, sino el elegido por fuerzas místicas que tienen que ver con la Naturaleza. Nahuel obtiene así el poder de transformarse en jaguar y liderará a estas criaturas que se le fueron sumando en una lucha contra… alguien que está dañando a la fauna de este lugar en el que transcurre la historia.
El gran hallazgo del guión es que ese mundo mágico y fantástico no es otro que Argentina y esas montañas, bosques, ríos y animales son típicos de nuestra geografía, nuestra flora y nuestra fauna. Y como se trata de una historieta claramente apuntada a lectores menores de 12-13 años, Jo Rivadulla los atrapa con las peripecias de Nahuel y de keruza les baja un montón de información sobre nuestro medio ambiente. El truco re-garpa. Vistos desde los ojos de un chico, y barnizados con toda esa pátina de epopeya fantástica, lugares como los Andes, las cataratas de Iguazú o la selva cuasi-amazónica del NOA se vuelven sumamente atractivos.
Por supuesto, buena parte del mérito le corresponde a Zigarán, que acá la rompe en un estilo más cercano al que le vimos a Gerardo Baró en las aventuras de Fede y Tomate, pero con muchos más cuadros por página, más información y más texto en cada viñeta, más elaboración en el color, más riesgos en la puesta en página y una atención por los detalles al límite de lo sobrenatural.
La verdad que la idea no era fácil de convertir en un buen guión y el guión era difícil de dibujar. Sin embargo, Rivadulla y Zigarán salieron más que airosos de esta ordalía, que les debe haber llevado décadas, siglos, milenios, eones… Gran broli para regalarle a un hijo, sobrino o mascota bípeda de 9 a 13, y de paso pegarle una leída.
El miércoles a última hora me voy a Córdoba, a participar una vez más del imprescindible Docta Comic, pero espero clavar un posteo más antes de viajar. La seguimos pronto.

martes, 23 de enero de 2018

TRIPLETE DE MARTES

Arranco con un libro editado en 2003, Puntos Cardinales, que recopila cuatro historias cortas realizadas en los ´90 por el maestro Enrique Sánchez Abulí junto a Josep Martín Sauri, autores también de La Mariposa y la Llama, una novela gráfica que durante años fue un clásico de mesa de saldos.
En la primera historia, ambientada en la época de las cavernas, Abulí juega a narrar sin textos un relato sencillo, perfectamente ajustado a las 10 páginas que tiene que cubrir. La segunda es mucho más rara: 14 páginas protagonizadas por rusos y chinos… con los diálogos en ruso y en chino. Son diálogos sin los cuales la historieta no se termina de entender, pero están en idiomas que ningún cristiano en su sano juicio comprende. Muy raro. La tercera es una historia cruel y violenta, que podría haberse narrado en menos páginas. Y la cuarta historia es la que nos da eso que tanto nos gusta a los fans de Abulí: 12 páginas a pura mala leche, con tiros, muertes y lo peor, lo más miserable y abyecto de la raza humana. Obviamente es la historia que más me gustó.
Los dibujos de Sauri varían mucho de historia a historia. La tercera, de ambientación medieval, es la que más se acerca al Sauri que me gustaba a mí en los ´80, ese dibujante de trazo finito, barroco, elegante, cercano al mejor Harold Foster, al mejor Barry Windsor-Smith y al mejor Alcatena. En las dos primeras historias, el dibujante le pone todo a la narrativa, se juega a lucirse a full en ese rubro y escatima su virtuosismo, se disfraza de un típico dibujante de historieta de aventuras que maneja muy bien el blanco y negro (un Gustavo Trigo, ponele). Y en la última vuelve a experimentar, esta vez con un claroscuro extremo, hiper-cargado de masas negras, un intento de agarrar para el lado de Alack Sinner o de Sin City, con resultados no del todo convincentes.
En definitiva, un tomito prescindible, con cosas para rescatar y cosas para criticar, recomendado sólo para los hardcore fans de Sánchez Abulí.
Vamos con Intro, la novela gráfica de Alexander Duré publicada en Argentina en 2017 y… pará: ¿otra vez la historia del pibe común que pasa accidentalmente a otra dimensión donde lo esperan como si fuera El Elegido para que libere a los sojuzgados? Sí, de nuevo. La gracia de Intro no reside en la historia que nos cuenta (que es esa, que ya leímos chotocientas veces, del pibe que se convierte en héroe de un mundo extraño en el que juega de visitante) sino en cómo nos la cuenta: la dimensión a la que cae Gavin es la de un videojuego de principios de los ´90, y Duré va a fondo en la exploración de la ambientación que elige para la obra.
No sólo Gavin tiene que luchar como se luchaba en los videojuegos de los ´90 (que yo desconozco, porque nunca pasé del Atari), sino que además la lógica del argumento avanza como en un videojuego, los personajes con los que interactúa el protagonista son típicos personajes de videojuego, y -por si fuera poco- la estética del libro (y del comic-book que le sirve de prefacio) también está milimétricamente tomada de los videojuegos de aquella época. Esto último es lo más increíble: leí casi 100 páginas dibujadas por Alexander Duré y no tengo la menor idea de cómo dibuja Alexander Duré, porque lo único que veo en Intro es una mímica perfecta, milimétrica, de los gráficos de los videojuegos de hace 25 años.
La narrativa está muy bien planificada, el color es extraordinario, hay algunos diálogos ingeniosos y en general está todo pensado para que el fan de los videojuegos clásicos sea inmensamente feliz y el que tiene cero cultura de videojuegos se entretenga con una aventura muy básica, muy lineal, pero no por eso torpe o precaria. Quiero ver cuanto antes otras obras de Duré, a ver si descubro cómo dibuja.
Allá por el 16/09/15, me tocó reseñar el Vol.1 de Black Science y terminé por definir a esta serie de Rick Remender y Matteo Scalera como “una especie de versión oscura y malalechística de los Fantastic Four, que no se lee como un comic de superhéroes, sino como uno de ciencia-ficción ido al carajo”. Ahora leí el Vol.2 y reafirmo esos conceptos. Además aplaudo a Remender por bancar la decisión de que no sea una de “buenos contra malos”, por los diálogos y los bloques de texto, que están buenísimos, y sobre todo por darnos cinco episodios a un ritmo frenético, difícil de sostener a lo largo de tantas páginas.
Este tomo de Black Science no da respiro, es un comic de palo-y-palo que no se puede soltar hasta llegar al final, y si hay algo para criticarle es que se lee muy rápido y que, si no leíste el Vol.1 (o no te lo acordás) cuesta un huevo entender qué está pasando y por qué. El dibujo de Scalera es demoledor, trasciende ampliamente la notable influencia de Sean Murphy para tirar pases mágicos que me recordaron también a Rafael Albuquerque, Alex Niño y hasta a Alfonso Azpiri. El glorioso Dean White ascendió al Olimpo de los coloristas con su labor en Black Science y es en buena medida responsable de que esto se vea tan bien, y sobre todo tan distinto al resto de los títulos que pululan por el mercado americano. Eventualmente le entraré al Vol.3, porque la serie me terminó de atrapar.
Torniamo presto con nuevas reseñas. Gracias por el aguante.

domingo, 9 de agosto de 2015

09/ 08: LA NIEVE Y EL BARRO

No lo puedo afirmar categóricamente, pero creo que esta novela gráfica de 2013 marcó la última colaboración entre Enrique Sánchez Abulí y Oswal. De ser así, su último trabajo conjunto pasará a la historia, además, por ser el más ambicioso: 137 páginas de historieta a todo color es algo que nunca había surgido de la intensa colaboración de estos dos maestros.
Abulí ensaya en este trabajo algo muy difícil de hacer, pero que para un guionista de su jerarquía resulta casi una boludez: narrar varias tramas que avanzan en paralelo y lograr hilvanarlas sobre el final sin que parezca forzado ni artificial. Todo sucede en la campiña francesa en plena Edad Media (fines del Siglo XIV), durante el período conocido como la Guerra de los 100 Años. Allí, el guionista moverá los piolines de varias marionetas para componer un tapiz potente, definitivo y a la vez diverso de lo que fue esa época. Un cura, un herrero, un conde, un caballero, una doncella, soldados, bandidos, una nena cuasi-salvaje que vive en el bosque… para todos habrá escenas de lucimiento y de sufrimiento.
Como es costumbre en las obras de este catalán nacido en Francia, la violencia será terrible, despiadada, tan atroz que habrá que matizarla con un poco de humor negro para que la sonrisa aliviane el estupor. Así, entre remates irónicos, veremos una larga sucesión de muertes, mutilaciones, violaciones y golpes de todo tipo. Otro clásico de Abulí es la fuerte presencia de elementos vinculados con el sexo: acá aparecen unos cuantos, pero sin tanto protagonismo, y siempre cubiertos de un velo de humor picaresco para –de nuevo- morigerar la sordidez o la lascivia involucradas en esas escenas.
Los principales hallazgos están en la construcción de los personajes y en la forma en que estos se empiezan a cruzar entre sí, a interactuar en este frondoso bosque del que nadie parece poder salir del todo. Cuando faltan 14 páginas para el final, Abulí ya logró reunir a todos los personajes importantes (al menos los que quedaron vivos) en una misma locación. ¿Todos? No. Las 14 páginas finales se centran en un único personaje, el caballero inglés que quiere morir, cuya historia se roza con la de otros personajes de la obra, pero no termina de encajar con ese final que Abulí le da a casi todos los demás. El resultado es una secuencia de acción maravillosa, muy impactante, pero en la que se impone la lógica de los unitarios, no la de la novela gráfica. Ese final desentona un poquito con el resto de la obra por eso, porque no encaja con la consigna de terminar el libro con todos los personajes juntos. Pero no es un tropiezo, es simplemente una decisión autoral pensada para no complacer a los que pretendíamos que TODOS los personajes participaran de la secuencia final.
El dibujo de Oswal no se puede creer. El prócer quilmeño desata la magia de su pincel para brindarnos imágenes realmente gloriosas. La reconstrucción de época, los paisajes y sobre todo el lenguaje gestual y corporal de este vasto elenco son los puntos más fuertes de este gran trabajo de Oswal. Y claro, cuando la cantidad de viñetas por página se lo permite, el maestro arriesga con secuencias más raras, o con viñetas más grandes, en las que la composición te detona los ojos y la mente. Cuando se trata de artistas tan dotados para el claroscuro, con un trazo tan suelto, tan dinámico, yo soy talibán del blanco y negro, no me cabe ni ahí que se le incorpore el color. Esta vez, sin embargo, el trabajo de colorear estas páginas (a cargo del propio Oswal y un tal Luengo) me cerró bastante. O por lo menos no me resultó un obstáculo para disfrutar de los dibujos del maestro. Lo que sí empantana bastante la faz gráfica es la tipografía elegida para los diálogos. A veces estos son abundantes y los globos ocupan un porcentaje importante de las viñetas. En esos casos, esos masacotes de texto, con una tipografía tan chata, tan del montón, deslucen un poco las páginas de Oswal.
Y bueno, uno de los integrantes de la dupla no está más, así que acá se terminan las creaciones conjuntas de Abulí y Oswal. Es una despedida muy notable, muy contundente, una historia muy atractiva, compleja, dinámica, por momentos graciosa, por momentos escabrosa, que logró meternos de lleno en una época y una geografía que –por lo menos yo- desconocía bastante. No es una hiper-gloria insuperable, pero sí una excelente historieta, testimonio de lo afianzada que estaba en esta última etapa esa dupla de inmensos maestros.

miércoles, 10 de septiembre de 2014

10/09: LA TIERRA DE LA QUIMERA

¡Uh! Me re-cebé con algo que estoy haciendo para Comicópolis (y que, como todo, es urgente) y me olvidé que tenía un libro leído para reseñar.
Bueno, vamos muy rápido. Básicamente, este álbum se parece bastante al anterior, porque cuenta la vida de un europeo (en este caso una dama española llamada Isabel) entre los aborígenes del Nuevo Mundo. Se nota mucho la chapa que el maestro Enrique Sánchez Abulí tenía allá por 1991: lo dejan escribir un guión donde casi no hay espacio para la data histórica, un guión mucho más aventurero y menos didáctico que casi todos los otros de esta colección.
Lo único que no lo dejan hacer es algo que el devenir de la trama recontra-justificaba, que era mostrar a Isabel garchada por uno o varios indiios del territorio que hoy conocemos como Chile. Hay un tinte erótico muy light, muy sugerido, pero estoy seguro de que si Abulí se hubiera salido con la suya, habríamos tenido varias escenas de sexo memorables. En lo demás, el ídolo impuso su sello. Donde otros ponían toneladas de texto explicativo, mapas y grabados de la época, Abulí puso comedia, persecuciones, humor negro, cheap thrills y bocha de escenas mudas. La Tierra de la Quimera, entonces, es una historieta livana en comparación a las otras de esta colección, de lectura muy ágil, a la que por suerte no le falta intensidad.
El dibujo está a cargo de otro monstruo sacrosanto del comic español de los ´80 y ´90: Alfonso Font, acá a un nivel impresionante. Perfecto en el armado de las secuencias, en la expresividad de rostros y cuerpos,en los climas y las iluminaciones, en ese sutil equilibrio entre aventura, comedia y un tenue amague de erotismo. Pero si tengo que destacar un sólo rubro, el que quizás convierta a La Tierra de la Quimera en el mejor álbum de la extensa trayectoria de Font, creo que me inclino por el manejo del color, que es sencillamente sublime.
Si compraste este libro cuando salió, pegale una releída y volvelo a disfrutar. Si, como yo, te resistías a comprar cualquier título de esta colección y elegiste unos poquitos haciéndote el estrecho, dale una posibilidad. No es el Lope de Aguirre de Albiac y el Viejo Breccia, ni el de Mattotti, ni el de Nine y capaz que tampoco le hace el aguante al de Robin Wood y Lito Fernández. Pero está muy bueno, busca un rumbo bastante distinto a los otros y además es una infrecuente colaboración entre dos próceres como Alfonso Font y Enrique Sánchez Abulí, lo cual te garantiza un piso de calidad más allá de que te enganche o no la historia (bastante cruenta, por cierto) de Isabel y los aborígenes. No sé si me compraré más tomos de esta colección. Quizás se me haya escapado alguno grosso, quizás me compre alguno más por cariño a los dibujantes (hay uno de José Ortiz, por ejemplo, que no tengo). Por ahora, hasta acá llego.

martes, 19 de noviembre de 2013

19/ 11: DEMASIADO HUMANO

Prometí volver a visitar pronto al maestro Enrique Sánchez Abulí y acá estoy, dispuesto a cumplir con la promesa. Lamentablemente me toca reseñar uno de sus trabajos menores, una historieta breve (44 páginas) que –si bien tiene algunos hallazgos- no entra ni por casualidad en el podio de los mejores trabajos de este prócer español nacido en Francia.
Como la seminal The Long Tomorrow, Demasiado Humano nos sumerge en un clima de novela hard boiled, potenciado por una ambientación futurista en la que los autos vuelan y los humanos tienen robots inteligentes a su servicio. El principal hallazgo de Abulí es ese: cómo utiliza etos elementos de ciencia-ficción para maquillar a una historia ya vieja, muy trillada, como es la del sosías y la sustitución de identidades. El accionar imprevisible del robot 3015 (apodado “Zombi” por su amo) es la rendijita por la que se filtra la sorpresa, y por ende la tensión, en una trama muy obvia, que transita lugares comunes que ya vimos mil veces. Si nos ponemos en ortivas, Zombi podría no estar y la historia se resolvería de un modo muy parecido. Sin embargo, al ser el robot el que narra todos los sucesos en primera persona, Abulí logra que nosotros, los lectores de carne y hueso, nos identifiquemos con 3015 y hasta lo veamos como el protagonista del relato.
Fuera de esa magia tan poderosa que logra darle infinita onda a un cacho de metal y cables, no hay mucho más para rescatar en cuanto al guión. No hay grandes personajes secundarios, no aparecen esos juegos de palabras gloriosos tan típicos de Abulí y para agregarle ironía al desenlace, el guionista recurre a una casualidad demasiado inverosímil. Ya de por sí, el truco de “dos tipos que no se conocen pero que son virtualmente idénticos y obviamente van a quedar frente a frente” me llena las bolas. No me cerró cuando lo usó Hugo Pratt en La Casa Dorada de Samarkanda, no me cierra ahora y no me va a cerrar nunca. En el cine o en la tele, ponele que suma, porque le permite a un mismo actor representar dos papeles muy distintos en una misma obra. Pero en historieta... dejame de joder. A cualquier guionista serio se le tiene que ocurrir algo mejor para vincular a dos personajes y hacer que uno viva la vida del otro.
La papa fina acá está en el dibujo, a cargo del impresionante Toni Garcés, un dibujante que no tiene mucha producción y que la rompió allá por fines de los ´80 y principios de los ´90 en las revistas de la editorial Norma. Garcés es como un hermano menos dark de Christophe Chabouté. Tiene ese mismo grado de expresionismo, le gusta jugar en esa misma línea entre el realismo y el grotesco, pero en vez de hacerse adicto a los climas depresivos u opresivos y derramar hectolitros de tinta negra sobre cada página, Garcés mantiene una especie de “línea clara” y la complementa con un trabajo colosal en la aplicación de los grises con tramas mecánicas. Muchas de las cosas que inventó Garcés hace casi 30 años hoy se ven en dibujantes “raros” como Brandon Graham, James Stokoe o Kwaichang Kráneo, por eso siempre está bueno revisitarlo, ya sea en este trabajo o en los que él mismo escribe los guiones (Museum y U, la Grieta Móvil, esta última a todo color).
Demasiado Humano está bueno si sos completista de la obra de Sánchez Abulí, si comprás por nostalgia cualquier cosa con ese olor ochentoso a Cimoc o Cairo, o si todavía no descubriste a Toni Garcés y no te hiciste fan de este alucinante historietista catalán, hoy bastante olvidado por los viñetófilos y muy volcado al diseño y la ilustración. Entretenido sí, fundamental ni en pedo.

domingo, 3 de noviembre de 2013

03/ 11: LA NATURALEZA DE LA BESTIA (AB IRATO)

Hoy arrancamos una recorrida por algunos clásicos semi-ocultos de la historieta europea, con énfasis en España, Italia y Francia. Por supuesto, vamos a mechar reseñas de comic norte y sudamericano y en una de esas, más cerca de fin de mes, se cuela algún manga.
La primera parada es en España, pero paradójicamente la idea es reseñar la que tal vez sea la única obra de Enrique Sánchez Abulí y Jordi Bernet pensada desde el vamos para el mercado francés. En 1989, la dupla hitazo de Torpedo 1936 creó esta novela gráfica de 55 páginas llamada Parlez-moi de Mort, más tarde publicada en España con el nombre que ya conocemos. La verdad es que, en el trabajo del guionista, no se nota para nada que no estaba trabajando para una antología de Toutain o de Norma. Sánchez Abulí urde una de sus clásicas tramas de lujuria, traiciones y mala leche, de esas en las que se complica deducir quién es “el bueno”. Por ahí no descolla tanto con sus siempre logrados juegos de palabras, pero la rompe en el armado de los personajes, en el planteo y la resolución de la trama y sobre todo en cómo logra estructurar toda la historia en torno a ideas muy, muy visuales, en las que la acción (y no el diálogo) es la que lleva adelante la narración, de un modo sumamente efectivo, con muchas escenas de alto impacto, pensadas para que se luzca la magia gráfica de Bernet.
Básicamente la historia plantea un juego sumamente perverso entre una chica joven y tremendamente atractiva, casada con un viejo choto y millonario, un rústico ex-boxeador convertido en leñador, un chico con un serio retraso mental, y el ya mencionado septuagenario, a quien obviamente su curvilínea mujer le meterá los cuernos con el boxeador. Hasta la página 36, Abulí toma el camino obvio: la bella Abigail manipulará al tosco Tom para que este asesine a su marido y así convertirse en una viuda libre y acaudalada, como sucede en miles de relatos sobre todo en el género noir. El plan de Abigail es a prueba de boludos, pero involucra a Toby, que no es boludo, sino retrasado mental. Y a partir de ahí, la historia se torna impredecible, gana en espesor, en suspenso y termina por volverse tensa, asfixiante, jodida de verdad. El final es estremecedor y pone a este libro entre lo más destacado de la producción (que en los ´80 fue tan abundante como brilante) de este as del comic español nacido en Francia en 1945.
Al maestro Bernet se le nota un poquito más que no está laburando para las publicaciones de su país, en las que habitualmente metía series y unitarios tanto con Abulí como con Antonio Segura o Carlos Trillo. Por un lado, el catalán acomoda su grafismo para el color, porque piensa desde el vamos a esta historieta como una obra que se publicará a color. Eso explica la menor proliferación de masas negras, por ejemplo. Sin renunciar a su manejo del pincel ni a la creación de climas ominosos co el mismo, Bernet trabaja con una línea muy marcada y con menos “lagunas” de tinta negra, para que el colorista pueda meter más tonalidades y texturas en la viñeta. Y también dibuja páginas de MUCHAS viñetas, algo que en sus trabajos para España no habíamos visto nunca. Acá tenemos unas cuantas páginas de 9 cuadros y hasta algunas de 10 y 11 cuadros, a veces dispuestos de modos... raros, en planificaciones en las que se ve el esfuerzo del autor, la dedicación extra a un aspecto del relato gráfico que en sus obras anteriores (esas en las que primaban las páginas de 6 viñetas) dominaba de taquito. Hechas estas salvedades, el dibujo de Bernet está tan afilado y tan expresivo como siempre y en esas secuencias mudas, o basadas en la acción, en las que Abulí le habilita un mayor lucimiento, el ídolo lo aprovecha al 110%.
La Naturaleza de la Bestia por ahí no tuvo la trascendencia de Torpedo, o de algunos de los trabajos de Bernet con otros guionistas grossos, pero si sos fan de esta dupla zarpada e imbatible, no dejes de darle una oportunidad. Te esperan crímenes aberrantes, corrupción policial, torturas escalofriantes, garches de todo tipo, discriminación racial, maltratos y castigos a un pobre pibe subnormal y sobre todo una trama sórdida y contundente, que le permite a los maestros deleitarnos con su habitual mezcla entre drama y comedia, al condimentar todas estas atrocidades con su característico (y magnífico) humor negro.

lunes, 22 de julio de 2013

22/ 07: CAPITAN PATAPALO Vol.2

Me enteré de que existía un Vol.2 de Capitán Patapalo el día que vi este libro en la batea de una comiquería. Para mí, la serie lanzada por el español Enrique Sánchez Abulí y el francés Christian Rossi en 2000 había sido un fracaso (injusto, pero fracaso al fin) y ni me imaginaba que en 2007 se había editado un segundo tomo. Como me acordaba que el primero me había divertido bastante, me compré este sin dudarlo.
La fórmula básica es la misma: historias cortas, de 7 u 8 páginas, autoconclusivas, y que pueden leerse en cualquier orden. La ambientación nos lleva a las aguas del mar Caribe, donde los clásicos piratas hacen de las suyas y tienen en jaque a los galeones que se llevan el oro a España, a los barcos ingleses que se dirigen a los territorios del norte, o a los navíos portugueses que vienen a América a vender esclavos arrancados de Africa. El maestro Sánchez Abulí reduce el elenco protagónico a cuatro o cinco piratas que son los que aparecen en casi todas las historias y le otorga la voz cantante al más joven, al rubio grumete apodado Blondín. El Capitán Patapalo rara vez es la estrella. Las historias o bien están protagonizadas por toda la tripulación del barco, o bien se centran en el propio Blondín, que además de narrar las historias, las protagoniza con frecuencia. Pero claro, seguro es más atractivo que la portada diga “Capitán Patapalo” y no “Grumete Blondín”.
En general las historias son livianitas, con bastante humor negro, eso sí, pero sin mayor ambición. Abulí nos muestra las tropelías de estos piratas abominables, en clave de comedia, de modo que nos resulte gracioso ver cómo roban, matan y violan a gente que –generalmente- no les hizo nada. Por momentos, el guionista desliza algún dilema moral que los piratas deben resolver y, para sorpresa de ellos mismos, por ahí se cuela un rayito de esperanza, algún código, algún gesto honorable que no los redime de sus crímenes, pero los hace un poquito menos hijos de puta. Igual, la maldad de Patapalo y los suyos está planteada en son de joda, como hacía Alan Grant con Lobo, ponele. Y como Lobo en los buenos comics de la Bruja, los piratas de Abulí varias veces pierden y a veces se tienen que esforzar para arañar un empate.
La historia de este tomo que más me gustó es la que se centra en Carabín, un loser consumado de quien nadie sabe demasiado, hasta que una noche Blondín lo encara, y Carabín cuenta su estremecedor “secret origin”. Esta es una historia triste, por momentos escabrosa (Carabín mata a la mujer a la que amó toda la vida y luego tiene sexo con su cadáver), con alguna secuencia más distendida, o más cómica, pero impregnada de un clima muy heavy, muy desolador. Una timba brava, que sin dudas garpó.
El dibujo de Christian Rossi muestra la sana intención de despegarse del estilo de Jean Giraud, que es el que se ve todo el tiempo en casi todos sus trabajos, especialmente en los álbumes de Jim Cutlass en los que dibuja guiones del maestro. El primer tomo de Capitán Patapalo tenía dibujos perfectamente clonados de los de Giraud y ahora se lo ve felizmente afianzado en un estilo más personal. O en realidad, más amplio: ya no me recuerda TODO EL TIEMPO a Giraud, sino que también hay dibujos, enfoques y detalles que me recuerdan a Enrico Marini, François Boucq o Regis Loisel. Y muchos momentos muy originales, también, que no me recordaron a ningún otro dibujante, ni europeo, ni de ninguna otra nacionalidad. Rossi pilotea con éxito los desafíos narrativos, se banca como un duque todas esas páginas de 9 y 10 viñetas, se luce cuando dibuja fondos, le pone mucho huevo a las expresiones faciales y se complementa muy bien con el color, que no sé si lo pone él mismo, o si trabaja con un colorista que no aparece acreditado en la edición española de Norma.
Para hacerla corta, Capitán Patapalo es un comic de entretenimiento más que correcto, con una faz gráfica cuidada, linda, dinámica, y varios guiones muy filosos, repletos de esa alquimia entre humor, mala leche y aventuras que el glorioso Sánchez Abulí llevara a los extremos más geniales cuando escribía Torpedo 1936. No es un comic que te vaya a cambiar la vida ni mucho menos, principalmente porque no se lo propone. Y está muy bien.

jueves, 15 de septiembre de 2011

15/ 09: HISTORIAS TREMENDAS


La consigna para este mes era no reseñar comic europeo, para ponerme al día con el material argentino. Y bueno, se coló este libro, que tiene guionista español y dos dibujantes: uno croata y uno argentino. Así que casi vale.
El guionista es un lujo de aquellos: el maestro Enrique Sánchez Abulí, maestro de la historieta, magnífico traductor y uno de los mejores ajedrecistas que dio España. Me niego a nombrar las obras que, desde los ´80, convirtieron a Abulí en uno de los guionistas fundamentales del habla hispana. Si nunca leíste ninguna, te llevaste Comic Europeo a Marzo. De los dos dibujantes, al croata no lo conocía. Se llama Darko Perovic y tiene un estilo bien europeo, cercano al de Giancarlo Alessandrini y al de un montón de autores menores que tratan con distintos niveles de éxito de seguir la línea de Jean Giraud. A Darko le sale muy bien el estilo Giraud, a tal punto que hasta reproduce milimétricamente la tipografía, el rotulado de los comics de Giraud. De todos modos, las mejores historietas de Darko son aquellas en las que mecha también cositas de Jordi Bernet y Hugo Pratt. La narrativa de Darko es muy cambiante, no se ajusta ni a la típica puesta de Giraud, ni a la de Bernet, ni a ninguna otra. Va probando nuevas soluciones frente a cada desafío que le proponen los guiones de Abulí. De los 11 relatos que le toca dibujar, hay dos perfectas: En Pos del Coño Desbocado (con varios yeites clásicos de Bernet) y Lazos de Sangre, donde Darko mejor combina todo su abanico de influencias.
Los 13 relatos restantes son los que dibuja Oswal, el prócer quilmeño, y ahí no tiene sentido hablar de influencias, porque es al revés: Oswal inventa todos los días cosas nuevas, y en vez de mirar a sus colegas, los influencia, les sirve de faro. Es muy, muy difícil señalar una o dos mejor dibujados que el resto, porque el nivel es altísimo y muy, pero muy parejo. Si me tengo que quedar con una, creo que elijo El Flirt del Guerrero, por esa extensa secuencia muda, dificilísima de plasmar en imágenes, y que el glorioso creador de Sónoman resuelve con un virtuosismo que te hiela la sangre. Si el libro tuviera sólo las páginas de Oswal, también habría que comprarlo sin chistar.
Ahora, ¿qué onda los guiones? La verdad, bastante desparejos. Hay algunos realmente brillantes, como el de En Pos del Coño Desbocado, Lazos de Sangre, o La Muerte en Decúbito Supino. Pero también hay varios muy boludos, apenas chistes largos, o muy raros, que arrancan para un lado y terminan para otro. También varios que se quedan en la mala leche, en mostrar una atrocidad, regodearse en los pantanos de la miseria humana y hasta ahí llega. Pocos muestran la crueldad humana como Abulí, y no voy a ser yo quien censure a un autor por zarparse con la mala leche y las atrocidades. Pero en otros trabajos, Abulí se las ingeniaba para integrar su sello de desesperanza, sordidez y escepticismo frente al patetismo humano en el contexto de historias más redonditas.
O sea que faltan un par de historias mejor rematadas, pero hay un par increíblemente grossas y los dos dibujantes dejan la vida, así que esto hay que tenerlo.

sábado, 4 de diciembre de 2010

04/ 12: ALEX MAGNUM


Arranca el DeLorean, nomás, para un nuevo retro-trip a mediados de los ´80, cuando en España había muchas y muy buenas antologías de historietas para adultos y una industria que funcionaba en torno a ellas. A la industria había que alimentarla y para eso había que tener a cuatro o cinco guionistas laburando a pleno y además, promover constantemente a nuevos dibujantes, surgidos del under, o de donde pintaran.
Uno de los que menos duró en el spotlight fue Alfredo Genies, hijo del legendario Manfred Sommer, que después de publicar muy poquito en fanzines, apareció con Alex Magnum en las páginas de Metropol, pasó de ahí a Zona 84 y un par de años más tarde le perdimos el rastro, porque le pareció más copado dedicarse a la ilustración. Al principio el dibujo de Genies era un poquito crudo, pero ya mostraba las dos principales cualidades de su padre: un gran manejo del blanco y negro y un talento nato para la narrativa. A la influencia de Sommer, se le suman dos más, muy fuertes: la de Hugo Pratt y la de Horacio Altuna. O sea que los primeros trabajos de Genies son una mezcla entre Sommer, Pratt y Altuna (más sutiles toques de José Ortiz y Cacho Mandrafina) a la que le falta un toquecito de cocción, pero que está muy por encima de lo que se podía esperar de un novato. Con el correr de los episodios, Genies mejora y –sin renunciar a un cierto salvajismo underground- se empieza a perfilar como un gran dibujante de estilo realista, no a la altura de los maestros a los que estudiaba, pero muy notable. Una lástima que después de Alex Magnum no haya vuelto a dibujar historietas.
Y si bien fue Genies quien concibió al personaje, este no tuvo nombre, ni profesión, ni demasiada onda hasta que el consagradísimo Enrique Sánchez Abulí aceptó formar equipo con el dibujante para convertir esos diseños en una serie. Abulí fue a la fácil: Alex Magnum es como Torpedo, pero del lado de la ley. Corrupto, cínico, violento, inescrupuloso y canallesco, pero con licencia y arma otorgadas por el gobierno. Y para maquillar un poco el auto-afano y potenciar esa estética cyber-punk y mugrienta de Genies, en vez de en la década de 1930, Alex Magnum opera en la de 2030: un futuro cercano (más para nosotros que para los lectores de 1985), con niveles de decadencia y sordidez urbana similares a los de la época de los gangsters, pero con la posibilidad de incorporar elementos de ciencia-ficción (autos voladores, androides, drogas de diseño, etc.) a los que Abulí y sobre todo Genies, le sacan muy buen provecho.
Como Torpedo, Magnum vive breves historias autoconclusivas manchadas de un humor negro y malalechístico como pocos, pero a diferencia del inigualable Luca Torelli, no cuenta con un elenco de personajes secundarios recurrentes. Los compañeros, rivales, enemigos y transas no se repiten de un episodio a otro y si bien no es algo que se perciba como falencia (por lo menos en estos nueve capítulos que incluye el álbum), le pone un techo un poquito bajo a la serie. Que igual funciona muy bien, dentro de parámetros muy ochentosos, pero que no han envejecido demasiado.
A la hora de buscar en la web la portada del libro, me encuentro con que en 2009 salió un tomo integral de Alex Magnum, de casi 200 páginas. Eso significa (me acabo de enterar) que además de estos nueve episodios hay unos cuantos más (seguramente 10 ó 12) que no tengo y que en una de esas leí en Zona 84, pero no me los acuerdo. La edición de Toutain, que es la que tengo, es difícil de encontrar, así que si te resulta interesante el planteo de la serie, tirate de una a la edición más reciente (creo que es de Glénat), que debe ser más fácil de encontrar y además trae la obra completa. Si lo ves barato, chiflá y me lo compro yo también…