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lunes, 4 de marzo de 2024
SEMANA DE POCA LECTURA
Distintas complicaciones llevaron a que, después de una semana sin postear en el blog, hoy tenga para reseñar sólo dos libros. Algo leí por fuera (revistas, textos teóricos... encima en francés) pero en general, vengo con poco tiempo.
Empezamos con una obra publicada originalmente en Japón en 2014, La Doncella de la Nieve de la Brisa Primaveral, una novela gráfica de casi 240 páginas, escrita y dibujada por el siempre asombroso Hiroaki Samura. Esto es raro ya desde el título, que parece una joda tipo "la bella y graciosa moza marchose a lavar la ropa", de Les Luthiers. Y la consigna también te descoloca: Samura ambienta la historia en Rusia, pocos años después de la revolución que terminó con los zares e inauguró el período de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas. Una revolución a la que el autor de La Espada del Inmortal parece no tenerle mucho cariño, en buena medida a partir de los desbordes fascistas que tuvieron como emblema a Iósif Stalin. Para cuando se inicia este manga, el Partido Comunista todavía sigue buscando a aristócratas y miembros de la nobleza vinculados a los zares para encarcelarlos o directamente matarlos, y esa es la atmósfera de opresión y peligro que va a teñir a toda la obra. Los protagonistas son una chica a la que le faltan las piernas y un muchacho al que le falta un ojo, unidos por una conexión muy especial. Juntos lograrán "hospedarse" en una dacha, y más tarde descubriremos que en realidad están ahí porque alguien los mandó a buscar algo.
En rigor de verdad, los dos primeros tercios de La Doncella de la Nieve de la Brisa Primaveral son un bajón. Hay poca acción, hay muchas cosas que no se explican y otras que se nos recuerdan demasiadas veces, personajes que se nos presentan como importantes y podrían tranquilamente no estar, peripecias innecesarias plagadas de crueldad, muchas decisiones narrativas que toma Samura con las que yo no comulgo... No me llegué a aburrir, porque hay momentos fuertes, escabrosos, de esos que te hacen decir "¡pará, loco!". Hay asesinatos a sangre fría, un personaje secundario aficionado al cross-dressing y hasta un personaje que gradualmente se convertirá en protagonista que es adulto, pero viola sistemática y salvajemente a la chica a la que le faltan las piernas. ¿Qué es esto? ¿Es un thriller, es una de terror? Finalmente, el último tercio levanta muchísimo la puntería, a partir de que Samura nos revela finalmente quiénes son el chico y la chica, qué buscaban y por qué están juntos. Ahí tiene sentido todo, hasta la elección de la época y el lugar donde transcurre la historia. Y el tramo final es realmente cautivante, siempre con ese péndulo (presente en todo el libro) entre escenas mudas y escenas con muchísimo diálogo, pero muy interesante, porque ves que el desarrollo de los personajes finalmente fue hacia un lugar lógico y coherente.
El dibujo de Samura, como siempre, está más allá de toda exégesis. Puede tener algún traspié en el fluir del relato, páginas que permiten suponer cambios de último momento en la planificación, porque por ahí faltaba una viñeta para que se entendiera lo que el autor quería contar... pero son boludeces comparado con el nivel del dibujo. Creo que lo que más destaco es el manejo de los grises, pero visualmente todo es una maravilla. La Doncella de la Nieve de la Brisa Primaveral es una obra rara, inquietante, incómoda por momentos, con una fuerte impronta autoral, como si Samura saliera dispuesto a marcar la cancha (una vez más) y decir "esto es lo que quiero contar y quiero hacerlo así, sin concesiones". Si leíste otras obras de este monstruo, sabés que se puede confiar en él cuando se manda al frente, y que esa impronta autoral no es humo, sino un talento que no abunda en el comic de ningún género y de ningún país.
Voy un libro atrasado con Paco Roca. Sacó el nuevo en Diciembre de 2023 y yo recién ahora terminé Regreso al Edén el que sacó en Diciembre de 2021. Debo admitir, antes que nada, que arranqué mal predispuesto por el choreo abominable que son las primeras 18 páginas del libro, un recurso infame que se repite en las 12 últimas. Para cuando terminó el delito y empezó la narración, yo ya estaba a las puteadas. Pero bueno, es Paco Roca, no me defraudó nunca, y uno sabe que a los grandes de esta magnitud hay que ponerles el hombro y perdonarles alguna que otra veleidad... Aún así, Regreso al Edén, sin ser una cagada, quedó bastante por debajo de las obras maestras del genial autor valenciano.
Básicamente, lo que propone la obra es un viaje por la memoria de una señora ya muy mayor, que nos remonta a la historia de su familia y de la España del hambre y la miseria, justo después de la Guerra Civil. Sí, otra vez. Otra vez los recuerdos de los viejitos como eje de una narración, otra vez las funestas secuelas de la Guerra Civil, solo que esta vez no hay nada ni remotamente parecido a una aventura. Es simplemente la historia de gente que la pasa mal, en distintas etapas de su vida, hasta que se muere. Roca nos cuenta las vidas de gente personas comunes y corrientes, que se vinculan entre sí como en cualquier familia, con los problemas que tenemos todos, agravados en este caso por la extrema pobreza que el régimen de Francisco Franco impuso sobre los españoles tras hacerse con el poder. Los personajes se mueven en una sociedad mucho más atrasada, pauperizada y conservadora que la actual y no hay mucho más que eso para nutrir el "argumento" del libro.
Por suerte, hay muchas soluciones gráficas maravillosas, algún que otro firulete narrativo que tiene que ver con los sueños y fantasías de los personajes, que Roca aprovecha para dibujar algo que vaya más allá de las personas que hablan (o callan). Hay hasta "infografías" que nos explican quién es hijo de quién y quién está casado con quién para que no nos perdamos a medida que el elenco se expande. Y son detalles menores, pero que suman, porque Roca dibuja todo demasiado bien. La puesta en página es impecable, la paleta de colores muy apagada (que a mí en general me parece un bajón) acá es un acierto y tiene todo el sentido, el formato apaisado (otro fetiche de Roca que a mí ya me secó los huevos) no molesta para nada... Me cuesta pensar en Regreso al Edén como una obra fallida, o una obra menor, porque es evidente que el autor le puso alma y talento en cantidades inhumanas. Pero me costó mucho más engancharme. La sentí más distante y menos relevante que las otras maravillas que salieron del lápiz mágico de Roca y no recuerdo haber leído críticas de colegas que la pusieran en el mismo pedestal de Arrugas, Los Surcos del Azar, La Casa o El Invierno del Dibujante. Por supuesto esto no hace mella en mis ganas de conseguir cuanto antes El Abismo del Olvido, el álbum de Roca que me falta, y ponerle todas las fichas. Ojalá suceda pronto.
Nada más, por hoy. Espero poder volver a postear pronto, acá en el blog. Gracias y hasta entonces.
sábado, 7 de septiembre de 2013
07/ 09: EMERALD (AND OTHER STORIES)
No lo puedo evitar: sale un nuevo recopilatorio de historias cortas de Hiroaki Samura y yo me tiro de cabeza como si fuera una pileta llena de Levité de manzana. Esta vez es Dark Horse la que me ofrece un lindo pack de más de 200 páginas de cositas cortas, raras y descolgadas, todas realizadas por el maestro entre 2003 y 2009. Veamos con qué me encontré.
Con sus 64 páginas, Emerald es la historia más larga del tomo y probablemente también la mejor. Ambientada en el far west, logra escaparle a todos los clichés del western y sorprendernos con el planteo argumental, la resolución, la construcción de los personajes y hasta con la forma en la que están mechados los flashbacks. Un trabajo realmente sobresaliente, vibrante e impredecible de principio a fin.
The Kusein´s Family Grandest Show es una historia de intrigas y perversiones en el seno de una familia. No es genial, pero logró ponerme muy nervioso. Lo mejor que tiene (además de la forma en que se relacionan los personajes) es cómo Samura no enfatiza las escenas más shockeantes y más perturbadoras. El tipo toma distancia y las narra con clase, con una cierta distancia, sin darles más protagonsimo que el que en realidad merecen.
Brigitte´s Dinner tiene apenas 32 páginas, y en el epílogo el autor aclara que fue pensada como una obra mucho más extensa, que después tuvo que ser condensada. Un poco se nota, principalmente por lo complejo de la trama, por lo sustancioso de la historia. Ahí había material para un largometraje, tranquilamente. Por un momento, el argumento parece convertirse en una especie de remake de Los Carruajes de Bradherley, pero por suerte agarra para otro lado, también heavy y perturbador, aunque no clonado de aquella gloriosa novela gráfica de Samura.
Le sigue la extraña Shizuru Cinema, una historieta narrada en dos niveles de realidad, a la que hay que prestarle demasiada atención para no marearse. Hasta los diálogos son complicados, y me parece que al pedo, porque lo que en el fondo quiere narrar Samura es bastante limitado.
Después hay una historieta muy cortita, una anécdota en la que el autor recuerda una partida de mahjong en la que le salió una jugada muy improbable y muy grossa. Si no entendés cómo corno se juega al mahjong, salteala porque no vas a entender absolutamente nada.
Youth Chang-Chaka-Chang es otro experimento muy breve, seis paginitas, planteadas en tono de romance estudiantil y realizadas para una publicación medio under que le pidió a Samura “una con música y erotismo”. La música está muy presente, pero el erotismo no, por eso aparece esa última página re-descolgada, en la que se ven un par de tetas.
Y mechados entre las historias hay ocho episodios de The Uniforms Stay On, breves comedias de cuatro páginas protagonizadas por chicas de colegio secundario, medio boludas y bastante delirantes (las chicas, no las comedias). Acá Samura no se propone narrar nada, simplemente dejar que las chicas hablen de lo que pinte: música, comida, literatura, moda, chongos... A veces se zarpa y tiene que apretar diálogos muy extensos en páginas repletas de viñetas microscópicas, pero en general se disfrutan mucho, porque están hechas con mucha onda y mucho humor.
Por supuesto, el atractivo principal del libro no son las historias, ni siquiera en aquellos casos en los que nos encontramos con halazgos notables en los argumentos o los guiones. Lo grosso es SIEMPRE el dibujo de Samura, que a esta altura ya no tiene parangón. En todos los géneros, en todos los registros, cuando le sobran páginas, cuando le faltan, cuando labura solo, cuando pone un asistente a hacerle los fondos, SIEMPRE el dibujo de Samura cobra vida, se despega de la página, te hipnotiza, te vuelve loco, te maravilla, te hace decir “hijo de puta, no puede ser que hagas TODO tan bien!”. Posta, acá hay cátedras. De ambientación, de climas, de planteo de escenas de acción, de detalles en primeros planos, fondos, vestimenta y peinados, de uso de texturas (digitales y manuales), líneas cinéticas y tramas mecánicas... No hay un cuadrito donde no se lo vea a Samura dejar la vida.
Si te gusta el dibujo, corré a comprar Emerald, o cualquier otro manga de Hiroaki Samura. Y si lo tuyo son las buenas historias, entrale con confianza, que acá hay varias. Algunas son raras, o retorcidas, pero garpan sobre todo porque les sobra originalidad.
Con sus 64 páginas, Emerald es la historia más larga del tomo y probablemente también la mejor. Ambientada en el far west, logra escaparle a todos los clichés del western y sorprendernos con el planteo argumental, la resolución, la construcción de los personajes y hasta con la forma en la que están mechados los flashbacks. Un trabajo realmente sobresaliente, vibrante e impredecible de principio a fin.
The Kusein´s Family Grandest Show es una historia de intrigas y perversiones en el seno de una familia. No es genial, pero logró ponerme muy nervioso. Lo mejor que tiene (además de la forma en que se relacionan los personajes) es cómo Samura no enfatiza las escenas más shockeantes y más perturbadoras. El tipo toma distancia y las narra con clase, con una cierta distancia, sin darles más protagonsimo que el que en realidad merecen.
Brigitte´s Dinner tiene apenas 32 páginas, y en el epílogo el autor aclara que fue pensada como una obra mucho más extensa, que después tuvo que ser condensada. Un poco se nota, principalmente por lo complejo de la trama, por lo sustancioso de la historia. Ahí había material para un largometraje, tranquilamente. Por un momento, el argumento parece convertirse en una especie de remake de Los Carruajes de Bradherley, pero por suerte agarra para otro lado, también heavy y perturbador, aunque no clonado de aquella gloriosa novela gráfica de Samura.
Le sigue la extraña Shizuru Cinema, una historieta narrada en dos niveles de realidad, a la que hay que prestarle demasiada atención para no marearse. Hasta los diálogos son complicados, y me parece que al pedo, porque lo que en el fondo quiere narrar Samura es bastante limitado.
Después hay una historieta muy cortita, una anécdota en la que el autor recuerda una partida de mahjong en la que le salió una jugada muy improbable y muy grossa. Si no entendés cómo corno se juega al mahjong, salteala porque no vas a entender absolutamente nada.
Youth Chang-Chaka-Chang es otro experimento muy breve, seis paginitas, planteadas en tono de romance estudiantil y realizadas para una publicación medio under que le pidió a Samura “una con música y erotismo”. La música está muy presente, pero el erotismo no, por eso aparece esa última página re-descolgada, en la que se ven un par de tetas.
Y mechados entre las historias hay ocho episodios de The Uniforms Stay On, breves comedias de cuatro páginas protagonizadas por chicas de colegio secundario, medio boludas y bastante delirantes (las chicas, no las comedias). Acá Samura no se propone narrar nada, simplemente dejar que las chicas hablen de lo que pinte: música, comida, literatura, moda, chongos... A veces se zarpa y tiene que apretar diálogos muy extensos en páginas repletas de viñetas microscópicas, pero en general se disfrutan mucho, porque están hechas con mucha onda y mucho humor.
Por supuesto, el atractivo principal del libro no son las historias, ni siquiera en aquellos casos en los que nos encontramos con halazgos notables en los argumentos o los guiones. Lo grosso es SIEMPRE el dibujo de Samura, que a esta altura ya no tiene parangón. En todos los géneros, en todos los registros, cuando le sobran páginas, cuando le faltan, cuando labura solo, cuando pone un asistente a hacerle los fondos, SIEMPRE el dibujo de Samura cobra vida, se despega de la página, te hipnotiza, te vuelve loco, te maravilla, te hace decir “hijo de puta, no puede ser que hagas TODO tan bien!”. Posta, acá hay cátedras. De ambientación, de climas, de planteo de escenas de acción, de detalles en primeros planos, fondos, vestimenta y peinados, de uso de texturas (digitales y manuales), líneas cinéticas y tramas mecánicas... No hay un cuadrito donde no se lo vea a Samura dejar la vida.
Si te gusta el dibujo, corré a comprar Emerald, o cualquier otro manga de Hiroaki Samura. Y si lo tuyo son las buenas historias, entrale con confianza, que acá hay varias. Algunas son raras, o retorcidas, pero garpan sobre todo porque les sobra originalidad.
domingo, 25 de marzo de 2012
25/ 03: OHIKKOSHI
Entre el ´99 y el 2000, el maestro Hiroaki Samura se mandó un experimento muy limado: inventó una identidad ficticia, de un mangaka que no existe, llamado Teashi Takei. Con ese nombre hizo tres historietas que se parecen poco a su hitazo (La Espada del Inmortal, obvio) porque: a) son comedias románticas (o algo así) ambientadas en el presente y con chicos jóvenes como protagonistas y b) hay fondos realizados por un equipo de asistentes, cosa que Samura no permite jamás en las obras que llevan su firma. Este librito reúne las tres historietas de “Teashi Takei”, aunque sólo un ciego no reconocería -con ver apenas una viñeta- que se trata del inimitable Hiroaki Samura oculto bajo un nombre falso.
La primera historia tiene apenas ocho paginitas. Es un relato autobiográfico, que narra un viaje “de placer” a Kyoto en el que nada sale según lo esperado. Una boludez muy menor y rápidamente olvidable. La consigna para la segunda historia era “manga estúpido dibujado con toda el alma” y el resultado son 58 páginas magistrales: un rollercoaster en el que a la protagonista (una joven y virginal autora de shojo) le pasa absolutamente de todo, en el que el verosímil se rompe cada 10 páginas, en el que Samura se caga de risa cambiando de género de una secuencia a otra, y en el que el dibujo, efectivamente, no deja ninguna duda de que el autor puso el alma en cada viñeta. Esta es una bizarreada perfecta, que sólo puede salir de la mente de alguien que leyó demasiado manga y además tiene demasiado talento.
Y nos queda la historieta principal, la más extensa, que está –esta sí- claramente enmarcada en el género de comedia romántica, con sutiles toques del subgénero “jóvenes a la deriva”. Acá también Samura rompe la cuarta pared, ironiza acerca de las convenciones del manga romántico y hasta baja línea acerca de aspectos jodidos de la sociedad japonesa. De hecho, los protagonistas están todo el tiempo puteando porque no tienen un mango y pensando cuánta guita van a gastar antes de pedirse un trago en un bar, tomarse un taxi, invitar a una chica al telo, etc. Como en los típicos shojo, hay un personaje insoportable, estridente, que se la pasa exclamando pelotudeces, todo el tiempo con los nervios alterados, como un hamster violado por un rottweiler. Acá, lo loco es que es un varón, el violero de una banda que se las da de heavy y darkie, pero es un llorón y un pecho frío.
Lo lindo de Ohikkoshi es que se caga bastante en el shojo, y no sólo porque está bien dibujado. Hay conflictos sentimentales (el típico salame que está enamorado de una minita pero no se anima a decírselo, la minita que espera el regreso de su novio que se fue a otro país y cuando vuelve, vuelve con otra, etc.) pero también hay –metida medio a presión- una historia más jodida, de venganza y rencor, que incluye un par de corchazos. Y muchas escenas más graciosas, de amigos chupando cerveza y hablando gansadas, e incluso poesía, porque Samura nos muestra las letras que compone una de las chicas para la banda en la que canta y que muchas veces reflejan lo que le pasa a ella, a su amiga o al pibe que le gusta.
Esto vale la pena por donde lo mires, sobre todo porque el dibujo de Samura es –en todos los géneros donde moja- demasiado bueno para ser real. Todos los personajes tiene rasgos que los diferencian, te vuelve loco con los detalles en la ropa, el pelo, hasta en los instrumentos musicales, maneja como los dioses los climas, el balance entre blanco, negro y grises, las expresiones faciales... todo está demasiado cuidado. Y por si faltara algo, mete bizarreadas, cosas extrañas que no tienen mayor explicación como la cara del editor de manga de la segunda historia, o esa viñeta rarísima que ocupa media página cerca del final de la historia principal.
Hiroaki Samura vuelve a sorprender y yo vuelvo a recomendarlo enfáticamente tanto a los fans del manga como a los que simplemente quieren disfrutar del trabajo de un tipo tan loco y tan raro que se va un poquito a la mierda, pero no deja ni un segundo de demostrar su genialidad.
La primera historia tiene apenas ocho paginitas. Es un relato autobiográfico, que narra un viaje “de placer” a Kyoto en el que nada sale según lo esperado. Una boludez muy menor y rápidamente olvidable. La consigna para la segunda historia era “manga estúpido dibujado con toda el alma” y el resultado son 58 páginas magistrales: un rollercoaster en el que a la protagonista (una joven y virginal autora de shojo) le pasa absolutamente de todo, en el que el verosímil se rompe cada 10 páginas, en el que Samura se caga de risa cambiando de género de una secuencia a otra, y en el que el dibujo, efectivamente, no deja ninguna duda de que el autor puso el alma en cada viñeta. Esta es una bizarreada perfecta, que sólo puede salir de la mente de alguien que leyó demasiado manga y además tiene demasiado talento.
Y nos queda la historieta principal, la más extensa, que está –esta sí- claramente enmarcada en el género de comedia romántica, con sutiles toques del subgénero “jóvenes a la deriva”. Acá también Samura rompe la cuarta pared, ironiza acerca de las convenciones del manga romántico y hasta baja línea acerca de aspectos jodidos de la sociedad japonesa. De hecho, los protagonistas están todo el tiempo puteando porque no tienen un mango y pensando cuánta guita van a gastar antes de pedirse un trago en un bar, tomarse un taxi, invitar a una chica al telo, etc. Como en los típicos shojo, hay un personaje insoportable, estridente, que se la pasa exclamando pelotudeces, todo el tiempo con los nervios alterados, como un hamster violado por un rottweiler. Acá, lo loco es que es un varón, el violero de una banda que se las da de heavy y darkie, pero es un llorón y un pecho frío.
Lo lindo de Ohikkoshi es que se caga bastante en el shojo, y no sólo porque está bien dibujado. Hay conflictos sentimentales (el típico salame que está enamorado de una minita pero no se anima a decírselo, la minita que espera el regreso de su novio que se fue a otro país y cuando vuelve, vuelve con otra, etc.) pero también hay –metida medio a presión- una historia más jodida, de venganza y rencor, que incluye un par de corchazos. Y muchas escenas más graciosas, de amigos chupando cerveza y hablando gansadas, e incluso poesía, porque Samura nos muestra las letras que compone una de las chicas para la banda en la que canta y que muchas veces reflejan lo que le pasa a ella, a su amiga o al pibe que le gusta.
Esto vale la pena por donde lo mires, sobre todo porque el dibujo de Samura es –en todos los géneros donde moja- demasiado bueno para ser real. Todos los personajes tiene rasgos que los diferencian, te vuelve loco con los detalles en la ropa, el pelo, hasta en los instrumentos musicales, maneja como los dioses los climas, el balance entre blanco, negro y grises, las expresiones faciales... todo está demasiado cuidado. Y por si faltara algo, mete bizarreadas, cosas extrañas que no tienen mayor explicación como la cara del editor de manga de la segunda historia, o esa viñeta rarísima que ocupa media página cerca del final de la historia principal.
Hiroaki Samura vuelve a sorprender y yo vuelvo a recomendarlo enfáticamente tanto a los fans del manga como a los que simplemente quieren disfrutar del trabajo de un tipo tan loco y tan raro que se va un poquito a la mierda, pero no deja ni un segundo de demostrar su genialidad.
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miércoles, 20 de julio de 2011
20/ 07: LOS CARRUAJES DE BRADHERLEY

No se puede creer. Estoy atónito, estupefacto, deslumbrado, más pelotudo que de costumbre. Esto que acabo de leer es tanto, pero tanto mejor de lo que yo imaginaba cuando me lo compré, que me cuesta hilvanar las palabras para explicarlo. Yo entré por curiosidad: me llamó la atención que Dolmen publicara un tomo unitario de Hiroaki Samura, esa bestia fuera de control que le prendía fuego al lápiz en La Espada del Inmortal, y bueno, sin tener la más puta idea del argumento y sin que nadie me lo recomendara, cuando pude me lo compré.
Y lo bien que hice. Los Carruajes de Bradherley está compuesto de ocho relatos, hilvanados por una trama en común, que es la siguiente: en el año 1899, se produce un violento motín en una cárcel de un país europeo que bien podría ser Inglaterra. Como respuesta, un poderoso miembro de la cámara de los lords, ingenia un plan que es aprobado sin mayor oposición: mediante un elaborado engaña-pichanga, se llevan chicas jovencitas de los orfanatos y las meten en los penales durante varios días, para sosegar a los presos condenados a prisión perpetua, que tienen con qué divertirse. Nadie reclama a las chicas (porque no tienen familia y las compañeras del orfanato creen que van a vivir una vida de lujos y cuidados, e incluso que van a triunfar en el mundo de la ópera), los presos no van a contar lo que pasa porque, al estar condenados a perpetua, van a morir en las penitenciarías, y los carceleros tienen prohibido abrir la boca. Por supuesto, luego de cinco o seis días de ser sometidas a todo tipo de abusos sexuales por decenas de reclusos, las chicas mueren y se las entierra en el mayor de los secretos.
La primera historia nos muestra cómo los esbirros de Bradherley (que ese es el “noble” que “adopta” a estas chicas) se llevan a una jovencita de un orfanato y se la ofrecen a los reclusos de un penal como cordero en “la fiesta de Pascua”, que es como le dicen a esta siniestra operación. Es una historia tremenda, infinitamente heavy. La segunda es peor, más cruel. Nos muestra a una chica que intenta sobrevivir cada día un día más, mientras los presos la dejan cada día más deteriorada. Posta, esto es para leer con un nudo en la garganta.
La tercera historia es la de una chica que casi cumple el sueño de debutar en una gran ópera, pero un accidente la deja fuera del elenco, y si no puede actuar… Bradherley tiene un Plan B para mantenerla ocupada. La cuarta es devastadora: un preso, a quien su familia creía muerto, se encuentra con que la jovencita a la que van a vejar todos sus compañeros en esta “la fiesta de Pascua”, no es otra que su propia hija, que fue criada en un orfanato. La quinta muestra hasta qué punto están dispuestas a llegar las huérfanas para ser adoptadas por Lord Bradherley. Por ahí es la más floja del tomo. En la sexta, un carcelero se apiada de una chica e intenta ayudarla a escapar. Esta es espectacular, con un final magnífico y perturbador. En la séptima, una chica que triunfó en la ópera comete el error de preguntarse qué pasó con las otras chicas que nunca llegaron a pisar el escenario.
Y en la última, ya con la Primera Guerra Mundial como telón de fondo, reaparece una chica de la primera historia, y en una historia de tragedia y redención, el macabro operativo sale a la luz, justo cuando un bombardeo destruye la mansión de Lord Bradherley.
Todo esto, dibujado como la hiper-concha de Dios por un Samura sencillamente genial, inspiradísimo en los detalles, con ese trazo que parece lápiz sin entintar, con un trabajo de tramas mecánicas insuperable, una narrativa ajustada y cristalina y muchísimos recursos para des-enfatizar el morbo, el gore y el indescriptible escozor que producen las secuencias en las que un turba de presidiarios le hacen un gang-bang atroz a una chiquita de 13 ó 14 años. Samura transita sin el menor esfuerzo de esos climas de abisal sordidez, a los majestuosos palacios y teatros de principios del Siglo XX, donde todo es lujo y sofisticación. Y de ahí a los orfanatos, donde todo es ingenuidad pastoril, ilusión y sueños que veremos destrozados en mil pedazos.
Esto, amigo viñetófilo, es Historieta Perfecta. Se editó en Japón en 2007 y en España en 2008, mientras acá Ivrea publicaba el enésimo manga de colegialas con polleras cortas y chabones con superpoderes. Los Carruajes de Bradherley me causó un impacto absoluto, definitivo, difícil de superar. Como dijo el Más Grande, no me unió el amor, sino el espanto. Será por eso que me gustó tanto…
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