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domingo, 30 de junio de 2024
GEMAS DE FIN DE MES
Sigo a full con el nº9 de Comiqueando Digital (disponible muy pronto en comiqueandoshop-blogpsot-com) y con poquísimo tiempo para leer comics, pero no quería que se me fuera Junio sin clavar una entrada más. La verdad es que me tocaron dos maravillas del Noveno Arte.
Retomé la lectura de Innocent, a partir del Vol.6 (el 5 lo comentamos el 04/01/24) y creo que llegué al mejor momento de esta serie escrita y dibujada por Shin´ichi Sakamoto. O por lo menos, este tomo me gustó más que los anteriores, que ya venían muy arriba. Esto es realmente de una calidad muy, muy elevada. Desde obviedades como el aprovechamiento que hace Sakamoto de período histórico que elige para ambientar la obra, hasta sutiles toques en el desarrollo de los personajes, que los hace cada vez más complejos y cautivantes. La trama crece con ellos y ellos impulsan la trama en un esfuerzo mancomunado y armonioso. El autor potencia los dilemas morales lógicos de alguien que se gana la vida decapitando criminales, y le agrega un espesor que viene de las propias personalidades de Charles-Henri y Marie-Josephe. Los hermanos Sanson son personajes tridimensionales, muy distintos entre sí, con distintas reacciones a la profesión que les tocó en suerte, e incluso a las injusticias de las que son testigos en esta París de fuertes contrastes entre un pueblo hambriento y empobrecido y una nobleza opulenta, acostumbrada a satisfacer sus placeres terrenales más extremos y más obscenos con total impunidad. Este festival de inequidades ejercidas con total crueldad por quienes gobiernan llevan a Sakamoto a cuestionar incluso el concepto de "crimen"... y eso hace tambalear toda la estructura de quienes (como los Sanson) se encargan de castigar a quienes lo practican.
En el medio de todo esto, tenemos vínculos cada vez más perversos y retorcidos, que incluyen sexo con menores de edad, entre otras cosas hoy absolutamente inaceptables. Todo suma en esta trama de sangre y muerte donde -una vez más- el talento de Sakamoto hace que las atrocidades que cometen los personajes aparezcan frente a nuestros ojos de manera casi poética. El dibujo (repartido entre el creador de la serie y un equipo de asistentes) hace gala de un preciosismo sin parangón y con el correr de los tomos se ajusta cada vez más a las necesidades del relato. Sí, obvio que cuando ves esas viñetas con ese nivel de detalle y ese nivel de belleza estética, te colgás mirándolas y babeando como un subnormal, y por ahí te olvidás del argumento que venías siguiendo... Pero es una consecuencia lógica de una faceta visual absolutamente demoledora que -además de contarte la historia- te acaricia las retinas con un trazo mágico, que desafía toda explicación.
Recomiendo muchísimo este manga, muy bien editado por Ivrea, que si no es gekiga pega en el palo. Y que si además sos más o menos fan de la historia europea del Siglo XVIII, te parte el cráneo en millones de pedacitos.
Tenía colgada Jupiter´s Legacy desde el 09/03/17 y por fin pude leer el segundo tomo, en el que termina la saga creada por Mark Millar y Frank Quitely (en realidad había otro arco llamado Jupiter´s Requiem, que se anunció pero nunca se publicó). Sinceramente, no me acordaba absolutamente nada de lo que pasaba en el Vol.1, y por suerte no hizo falta. En parte porque el conflicto principal (la pica entre Skyfox y Utopian) está muy presente en el Vol.2 de Jupiter´s Circle, que leí hace muy poquito, y en parte porque este segundo tomo se explica a sí mismo. No es mucho lo que tenés que tener en claro para entenderlo. Hay ocho mil personajes yirando por ahí que podrían tranquilamente no estar, y los tres o cuatro importantes están bien presentados, al igual que el clivaje que va a impulsar la trama.
Si el Vol.1 me había hecho acordar todo el tiempo a Kingdom Come, el segundo me trajo una y mil reminiscencias a la maxiserie del Squadron Supreme de Mark Gruenwald. Por momentos, parece una remake de aquella historia publicada en Marvel a mediados de los ´80, mil veces mejor dibujada y con unos diálogos mucho más zarpados. También hay ideas originales, no es simplemente un choreo de Millar. Los poderes de varios de los héroes y villanos son geniales, los vínculos entre ellos están muy bien desarrollados, todo tiene bastante coherencia, hay bajada de línea política a cuatro manos (como en Jupiter´s Circle) y si no te molesta la deconstrucción de la ética, la estética y el lore superheroico clásico, vas a encontrar unos cuantos momentos gloriosos, más allá de la machaca, con niveles de violencia muy idos al carajo.
Una vez más, el trabajo de Quitely deslumbra y brilla por encima de cualquier emoción que puedan transmitirte los diálogos o la trama en sí. El trazo finito y expresivo del ídolo escocés, combinado con la paleta sutil de Sunny Gho, da como resultado un comic muy hermoso a la vista. Quitely combina con destreza viñetas en las que los fondos brillan por su ausencia con otras en las que se mata en las máquinas, las naves, la arquitectura o los paisajes en los que transcurre la acción. Por ahí, en promedio, hay algunos fondos menos que en All-Star Superman y muchos menos que en We3. Pero en ningún momento sentí que el dibujante se estuviera tirando a chanta, decidido a mezquinarnos su talento a los que compramos cualquier garcha que venga dibujada por él.
Jupiter´s Legacy es tan buena que hasta podés entrarle al Vol.2 sin tener mucha idea de lo que pasó en el Vol.1. Acá está todo lo querías que pasara, las escenas estremecedoras, el estallido de violencia que es consecuencia de decisiones morales, políticas y hasta sentimentales por parte de los protagonistas de una trama que (si le sumás la fundamental Jupiter´s Circle) abarca 50 años de épica superheroica, con infinitos guiños al canon de DC, pero con la infaltable vuelta de tuerca novedosa e impredecible que ya es marca de fábrica de Millar cuando incursiona en este género. Si sagas como Kingdom Come o Squadron Supreme te resultaban interesantes pero un poquito pecho frío, un poquito carentes de los huevos que hacían falta para llevar esas ideas al extremo, con Jupiter´s Legacy vas a alucinar fuerte.
Gracias por el aguante, feliz segundo semestre y hasta la próxima.
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Frank Quitely,
Mark Millar,
Shin´ichi Sakamoto
jueves, 9 de marzo de 2017
DOS ANTES DE IRME
Mañana temprano arranca mi gira por todo el país (más algún país limítrofe). Me voy a Tucumán, a participar del 1º Salón Internacional del Comic de esa ciudad, junto a un All-Star Squadron de autores argentinos. Pero antes, dos reseñas.
Los Hermanos Segelín recopila todas las historietas de estos carismáticos personajes realizadas por Roberto Barreiro y Lucas Varela para el fanzine Kapop!, la lujosa publicación que engalanó al under local allá por 1999-2001. En cada número de Kapop! había varias historietas de distinta temática y distinta extensión firmadas por Barreiro y Varela, pero por algún motivo (o por muchos), la más recordada siempre fue esta comedia de enredos, aventuras y misterios bizarros.
De la mano de Alejandro y Ernesto Segelín, los autores nos invitaban a recorrer lugares exóticos, a vivir peripecias caprichosamente atractivas, repletas de homenajes a clásicos del cine y de la historieta de género. Con el correr de las entregas, además, Barreiro y Varela fueron sumando personajes a la serie, que cada vez ocultaba menos su vocación de tributo a Spirou, Tintín, Freddy Lombard y demás series de aventureros nacidos en Francia o Bélgica. Las últimas tres historias abarcan en total 40 páginas y si bien cada una tiene un final, podrían leerse como un álbum franco-belga, fragmentado por una necesidad editorial, pero pensado como una unidad.
El clima de descontrol, bizarreada, frescura y exotismo está plasmado a la perfección por el dibujo de un Varela que mejora muchísimo entre las primeras páginas y las últimas. En muchas ocasiones le juega en contra tener que dibujar tantas viñetas pr página, pero ya en sus primeros trabajos, el autor de Paolo Pinocchio demostraba tener cintura de sobra para este tipo de desafíos narrativos. Si alguna vez llegó a tus oídos la leyenda de aquel mítico fanzine llamado Kapop!, en el que todos (hasta Carlos Trillo) querían publicar una historieta, capturá el librito de Los Hermanos Segelín y vas a empezar a entender por qué esa publicación goza hoy de un status mitológico.
Me vengo al 2013, cuando Mark Millar y Frank Quitely empiezan a publicar muy lentamente Jupiter´s Legacy, la enésima saga deconstructivista firmada por el guionista escocés. Este primer tomo tiene unas cuantas resonancias con Kingdom Come, en tanto se produce un clivaje generacional entre superhéroes viejos, y sus vástagos, que están buscando otro camino, otra forma de hacer las cosas. Más allá de las similitudes, Jupiter´s Legacy ofrece un upgrade muy grosso al clásico planteo de “héroes veteranos vs. nueva generación”. Acá, además, hay borrachos, merqueros, rosca política al mango, embarazos no deseados, golpes de estado… Cualquier comic que hable de política ya suma un montón. Pero si además traza un curso de acción política, nos invita a pensar en el colapso económico, en la crisis de representatividad, en el rol generalmente pasivo de los superhéroes frente a los verdaderos flagelos que afectan al planeta… ahí ya estamos en otro nivel.
En un punto, el conflicto entre Sheldon y Walter es el conflicto entre Superman y The Authority, o Miracleman. Héroes limpios, políticamente ascépticos, que sólo reaccionan frente a la provocación de los villanos, y personas con superpoderes (ya no necesariamente héroes) que creen que tienen la responsabilidad de hacer algo más con sus inmensas facultades. Todo esto muy bien planteado en una trama a la que no le falta acción, ni impacto, ni giros sorprendentes, ni diálogos memorables.
Muchos años pasaron desde aquella saga de The Authority en la que Millar y Quitely trabajaran juntos por primera vez, y la evolución en el dibujante es asombrosa. Acá tenemos a un Quitely más maduro, con más poder de síntesis, capaz de dotar a los personajes de una amplísima gama de expresiones con su trazo finito y puntilloso. Hay mucha viñeta “widescreen”, es cierto, pero Quitely rompe con esa lógica cada vez que el relato se lo sugiere y hace gala de un montón de recursos más (no sólo el widescreen) a la hora de golpear fuerte al lector. La paleta de Peter Doherty, además, aporta elegancia y power en dosis muy acertadas.
Todavía no tengo el Vol.2 de Jupiter´s Legacy, así que no sé cuándo lo reseñaré. Pero tengo la precuela, Jupiter´s Circle, y esa sí, prometo leerla y comentarla a la brevedad en este espacio.
Nos vemos el finde con los amigos tucumanos, y con el resto nos leemos por acá la semana que viene. Gracias y hasta entonces.
Los Hermanos Segelín recopila todas las historietas de estos carismáticos personajes realizadas por Roberto Barreiro y Lucas Varela para el fanzine Kapop!, la lujosa publicación que engalanó al under local allá por 1999-2001. En cada número de Kapop! había varias historietas de distinta temática y distinta extensión firmadas por Barreiro y Varela, pero por algún motivo (o por muchos), la más recordada siempre fue esta comedia de enredos, aventuras y misterios bizarros.
De la mano de Alejandro y Ernesto Segelín, los autores nos invitaban a recorrer lugares exóticos, a vivir peripecias caprichosamente atractivas, repletas de homenajes a clásicos del cine y de la historieta de género. Con el correr de las entregas, además, Barreiro y Varela fueron sumando personajes a la serie, que cada vez ocultaba menos su vocación de tributo a Spirou, Tintín, Freddy Lombard y demás series de aventureros nacidos en Francia o Bélgica. Las últimas tres historias abarcan en total 40 páginas y si bien cada una tiene un final, podrían leerse como un álbum franco-belga, fragmentado por una necesidad editorial, pero pensado como una unidad.
El clima de descontrol, bizarreada, frescura y exotismo está plasmado a la perfección por el dibujo de un Varela que mejora muchísimo entre las primeras páginas y las últimas. En muchas ocasiones le juega en contra tener que dibujar tantas viñetas pr página, pero ya en sus primeros trabajos, el autor de Paolo Pinocchio demostraba tener cintura de sobra para este tipo de desafíos narrativos. Si alguna vez llegó a tus oídos la leyenda de aquel mítico fanzine llamado Kapop!, en el que todos (hasta Carlos Trillo) querían publicar una historieta, capturá el librito de Los Hermanos Segelín y vas a empezar a entender por qué esa publicación goza hoy de un status mitológico.
Me vengo al 2013, cuando Mark Millar y Frank Quitely empiezan a publicar muy lentamente Jupiter´s Legacy, la enésima saga deconstructivista firmada por el guionista escocés. Este primer tomo tiene unas cuantas resonancias con Kingdom Come, en tanto se produce un clivaje generacional entre superhéroes viejos, y sus vástagos, que están buscando otro camino, otra forma de hacer las cosas. Más allá de las similitudes, Jupiter´s Legacy ofrece un upgrade muy grosso al clásico planteo de “héroes veteranos vs. nueva generación”. Acá, además, hay borrachos, merqueros, rosca política al mango, embarazos no deseados, golpes de estado… Cualquier comic que hable de política ya suma un montón. Pero si además traza un curso de acción política, nos invita a pensar en el colapso económico, en la crisis de representatividad, en el rol generalmente pasivo de los superhéroes frente a los verdaderos flagelos que afectan al planeta… ahí ya estamos en otro nivel.
En un punto, el conflicto entre Sheldon y Walter es el conflicto entre Superman y The Authority, o Miracleman. Héroes limpios, políticamente ascépticos, que sólo reaccionan frente a la provocación de los villanos, y personas con superpoderes (ya no necesariamente héroes) que creen que tienen la responsabilidad de hacer algo más con sus inmensas facultades. Todo esto muy bien planteado en una trama a la que no le falta acción, ni impacto, ni giros sorprendentes, ni diálogos memorables.
Muchos años pasaron desde aquella saga de The Authority en la que Millar y Quitely trabajaran juntos por primera vez, y la evolución en el dibujante es asombrosa. Acá tenemos a un Quitely más maduro, con más poder de síntesis, capaz de dotar a los personajes de una amplísima gama de expresiones con su trazo finito y puntilloso. Hay mucha viñeta “widescreen”, es cierto, pero Quitely rompe con esa lógica cada vez que el relato se lo sugiere y hace gala de un montón de recursos más (no sólo el widescreen) a la hora de golpear fuerte al lector. La paleta de Peter Doherty, además, aporta elegancia y power en dosis muy acertadas.
Todavía no tengo el Vol.2 de Jupiter´s Legacy, así que no sé cuándo lo reseñaré. Pero tengo la precuela, Jupiter´s Circle, y esa sí, prometo leerla y comentarla a la brevedad en este espacio.
Nos vemos el finde con los amigos tucumanos, y con el resto nos leemos por acá la semana que viene. Gracias y hasta entonces.
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Lucas Varela,
Mark Millar,
Roberto Barreiro
jueves, 23 de enero de 2014
23/ 01: ALL-STAR SUPERMAN
Hoy me toca algo raro, que es releer una historieta que ya había leído varios años atrás, en otro formato (tuve la edición hardcover en dos tomos, y la hice guita apostando a que saliera todo junto en un sólo softco). Con la perspectiva que dan los años, All-Star Superman me cebó un poco menos que la primera vez que la leí.
Suele decirse que esta obra de Grant Morrison y Frank Quitely es lo mejor que le pasó a Superman en la década pasada. ¿Es posta? Puede ser, pero fijate que la época de Geoff Johns en Action Comics le hace MUCHO el aguante. El combate de Superman contra otros kryptonianos, la saga contra Bizarro, la muerte de Jonathan Kent... esas tres cosas que pasan en ASS pasan también en Action, y Johns las maneja mejor.
Lo mejor que tiene ASS, lo que la eleva muy por encima de los episodios de Johns y de los esfuerzos de un montón de otros autores, es que se trata de una obra fruto de la TOTAL LIBERTAD. Este es un Morrison sin cadenas, al que le dejaron hacer TODO lo que quiso. Más que en la JLA, mucho más que en Batman, casi como en sus comics para Vertigo. Y vos sabés cómo es esto: si a Morrison le das libertad para limar, el tipo lima como pocos y convierte en un comic de interesante para arriba a cualquier garcha en la que lo dejes meter mano. All-Star Superman cumple por ese lado: está lleno de ideas locas, extremas, muy imaginativas, tiene desarrollos bastante jugados para unos cuantos personajes y –lo más impactante- se da el lujo de gambetear el final feliz. Uno, que leyó muchas historias alternativas de Superman, esperaba el final clásico, con el héroe y Lois en pareja y Luthor en cana. Bueno, Morrison agarró para otro lado y le salió muy, muy bien. Sólo por eso, hay que bancar a esta saga.
Después, se puede estar de acuerdo o no con los gustos del autor. Morrison se copa con la Fortaleza de la Soledad, los robots de Superman, el Clark Kent torpe y pusilánime, el Jimmy Olsen aventurero y figuretti, la Lois obsesionada con el secreto de Superman, el Luthor que no es empresario ni político sino villano full-time, el Superman científico, los inagotables sobrevivientes de Krypton, las 140 variaciones de la kryptonita... A mí, como fan del Superman rebooteado en el ´86 por John Byrne, todas esas cosas me parecen pelotudeces típicas de la Silver Age, me irritan, me parece que no se hacen reivindicables ni tolerables por más que las reversione Morrison, Alan Moore (que ya lo hizo en Supreme) o Naoki Urasawa. Igual se le escapan un par de tiros para el lado de la justicia: aparece Cat Grant, hay una referencia a Doomsday y Superman hace uso de su campo bioeléctrico.
Dentro de este contexto de “vale todo” que se puebla gradualmente de elementos medio chotos, o que a mí no me cierran, también hay momentos muy zarpados, muy emotivos, realmente icónicos. El plan de Luthor es malignamente genial, Lois está muy bien escrita, está muy bien aprovechado el truquito de subirle los poderes a Superman a niveles ridículos... Si le sacamos la presión de ser la joya definitiva en las carreras de Superman o de Morrison, ASS se la recontra-banca.
Buena parte del mérito le corresponde, obviamente, al copadísimo Frank Quitely, que laburó dos años para que esto se vea así de lindo, así de potente, así de monumental. El guión de Morrison es tan ambicioso, abarca tanto, vuela tanto, que le permite a su compañero imaginar planetas, culturas, tecnologías, armas, y por supuesto diseñar y resideñar a villanos y personajes clásicos. Y Quitely, por supuesto, no desaprovecha la oportunidad de lucirse y de entrar cómodo, caminando lo más pancho, al panteón de los mejores dibujantes de Superman de todos los tiempos. Con su línea finita y expresiva, con su detallismo sobrehumano en los fondos (las pocas veces que los dibuja) y con una narrativa cristalina, que deja que el texto asuma todos los riesgos que haya que asumir, Quitely dejó su huella en la mitología del Hombre de Acero, y además nos legó su obra más extensa, por lo menos para el mercado estadounidense.
La relectura de All-Star Superman cinco o seis años después, me detonó el bocho mucho menos que la primera vez, pero aún así la disfruté mucho. Si te gustan los superhéroes clásicos reinterpretados en clave moderna, con ciertos guiños posmodernos y ciertas veleidades vanguardistas, el Superman de Morrison y Quitely te va a emocionar a niveles cósmicos. Y si no, también vale pegarle una leída por los conceptos fumancheros que tira el guionista (como siempre, con dos boludeces de las que Morrison apenas esboza sacás jugo para un año de cualquier serie regular) y el trabajo descomunal del dibujante.
Suele decirse que esta obra de Grant Morrison y Frank Quitely es lo mejor que le pasó a Superman en la década pasada. ¿Es posta? Puede ser, pero fijate que la época de Geoff Johns en Action Comics le hace MUCHO el aguante. El combate de Superman contra otros kryptonianos, la saga contra Bizarro, la muerte de Jonathan Kent... esas tres cosas que pasan en ASS pasan también en Action, y Johns las maneja mejor.
Lo mejor que tiene ASS, lo que la eleva muy por encima de los episodios de Johns y de los esfuerzos de un montón de otros autores, es que se trata de una obra fruto de la TOTAL LIBERTAD. Este es un Morrison sin cadenas, al que le dejaron hacer TODO lo que quiso. Más que en la JLA, mucho más que en Batman, casi como en sus comics para Vertigo. Y vos sabés cómo es esto: si a Morrison le das libertad para limar, el tipo lima como pocos y convierte en un comic de interesante para arriba a cualquier garcha en la que lo dejes meter mano. All-Star Superman cumple por ese lado: está lleno de ideas locas, extremas, muy imaginativas, tiene desarrollos bastante jugados para unos cuantos personajes y –lo más impactante- se da el lujo de gambetear el final feliz. Uno, que leyó muchas historias alternativas de Superman, esperaba el final clásico, con el héroe y Lois en pareja y Luthor en cana. Bueno, Morrison agarró para otro lado y le salió muy, muy bien. Sólo por eso, hay que bancar a esta saga.
Después, se puede estar de acuerdo o no con los gustos del autor. Morrison se copa con la Fortaleza de la Soledad, los robots de Superman, el Clark Kent torpe y pusilánime, el Jimmy Olsen aventurero y figuretti, la Lois obsesionada con el secreto de Superman, el Luthor que no es empresario ni político sino villano full-time, el Superman científico, los inagotables sobrevivientes de Krypton, las 140 variaciones de la kryptonita... A mí, como fan del Superman rebooteado en el ´86 por John Byrne, todas esas cosas me parecen pelotudeces típicas de la Silver Age, me irritan, me parece que no se hacen reivindicables ni tolerables por más que las reversione Morrison, Alan Moore (que ya lo hizo en Supreme) o Naoki Urasawa. Igual se le escapan un par de tiros para el lado de la justicia: aparece Cat Grant, hay una referencia a Doomsday y Superman hace uso de su campo bioeléctrico.
Dentro de este contexto de “vale todo” que se puebla gradualmente de elementos medio chotos, o que a mí no me cierran, también hay momentos muy zarpados, muy emotivos, realmente icónicos. El plan de Luthor es malignamente genial, Lois está muy bien escrita, está muy bien aprovechado el truquito de subirle los poderes a Superman a niveles ridículos... Si le sacamos la presión de ser la joya definitiva en las carreras de Superman o de Morrison, ASS se la recontra-banca.
Buena parte del mérito le corresponde, obviamente, al copadísimo Frank Quitely, que laburó dos años para que esto se vea así de lindo, así de potente, así de monumental. El guión de Morrison es tan ambicioso, abarca tanto, vuela tanto, que le permite a su compañero imaginar planetas, culturas, tecnologías, armas, y por supuesto diseñar y resideñar a villanos y personajes clásicos. Y Quitely, por supuesto, no desaprovecha la oportunidad de lucirse y de entrar cómodo, caminando lo más pancho, al panteón de los mejores dibujantes de Superman de todos los tiempos. Con su línea finita y expresiva, con su detallismo sobrehumano en los fondos (las pocas veces que los dibuja) y con una narrativa cristalina, que deja que el texto asuma todos los riesgos que haya que asumir, Quitely dejó su huella en la mitología del Hombre de Acero, y además nos legó su obra más extensa, por lo menos para el mercado estadounidense.
La relectura de All-Star Superman cinco o seis años después, me detonó el bocho mucho menos que la primera vez, pero aún así la disfruté mucho. Si te gustan los superhéroes clásicos reinterpretados en clave moderna, con ciertos guiños posmodernos y ciertas veleidades vanguardistas, el Superman de Morrison y Quitely te va a emocionar a niveles cósmicos. Y si no, también vale pegarle una leída por los conceptos fumancheros que tira el guionista (como siempre, con dos boludeces de las que Morrison apenas esboza sacás jugo para un año de cualquier serie regular) y el trabajo descomunal del dibujante.
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